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Full text of "Luis Alberto De Herrera 1930 La Mision Ponsonby. Vol. 2"

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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


LA MISION PONSONBY 

( Documentación ) 

II 


J930 



PONSONBY EN RÍO JANEIRO 




LUIS ALBERTO DE HERRERA 


La Misión Ponsonby 

( Documentación ) 


II 


J930 




Este segundo volumen contiene la correspondencia cam- 
biada con motivo de las diversas negociaciones llevadas a 
cabo, bajo los auspicios de la mediación británica, para 
alcanzar la paz entre las Provincias Unidas y el Imperio. 

El comentario que llena el primer tomo, está construido, 
en parte muy principal, sobre la indicada documentación ; 
apelando, a cada paso, a su testimonio. 

Hay en esa larga serie de notas mucho material, que 
complacidos entregamos al estudio de los investigadores 
del tiempo pasado. 

Como nuestras referencias a esas notas son obligada- 
mente fragmentarias, conviene que se pueda apreciar su 
exactitud y significado teniendo a la vista, entero, el 
texto a que pertenecen. 

Hemos tratado de reunir el mayor número de antece- 
dentes diplomáticos sobre el asunto. Algunos, ya son 
conocidos ; otros, no. 

También faltan página s del copioso expediente; pero 
las que ahora recogemos, muchas e intensas, permiten leer 
en la entraña de sucesos de trascendental importancia 
histórica y contribuirán a rectificar más de una versión 
corriente. 




LA MISIÓN PONSONBY 


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ALVEAR A CANNING (1) 

Londres, Julio 24 de 1824. — (Enviado por el general 
Alvear, de Bedford Street no. 3, a S. E. George Canning) . 
* — Las provincias del Río de la Plata se van a reunir en 
congreso — si es que ya no lo han hecho, — por medio de 
sus representantes, en el curso del año corriente. 

El pueblo de cada una de las diferentes provincias 
elegirá directamente sus representantes. 

El congreso, en primer término, se ocupará de todo lo 
referente a la usurpación de la provincia Oriental por 
las tropas del Brasil. Y, a continuación, respecto a las 
relaciones exteriores, cuya dirección ha sido confiada, 
principalmente, al gobierno de Buenos Aires. 

Se tratará de dar .al país una organización estable y 
permanente, y de nombrar un poder ejecutivo para la 
nación en general, con las modificaciones que parezcan 
convenientes. 

Las provincias que envían . diputados a este congreso 
son las siguientes : Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Tu- 
cumán, Salta, Santa Pe, Corrientes, La Rioja, Catamarca, 
Santiago del Estero, Entre Ríos y Misiones. 

La de la Banda Oriental no puede ser representada, 
por estar subyugada por un poder extranjero ; ni la del 
Paraguay, por el aislamiento en que, hasta este momento, 
ha resuelto continuar. 

i 

Es de importancia observar que todas las provincias 
que van a reunirse en congreso han gozado, sin interrup- 
ción, durante los últimos catorce años, de completa inde- 
pendencia, es decir, siempre, a partir del 25 de Mayo 
de 1810. 


(1) Habíamos pensado poner un breve comentario al pie de 
las notas que siguen, siendo ellas, en su mayoría, tan jugosas, 
pero ha crecido tanto — contra nuestra primera intención — e) 
volumen de esta modesta obra, que desistimos de aquel propó- 
sito crítico. Y quizás sea mejor así, a fin de que nada perturbe 
el juicio sereno del hector. 

Por lo demlás, hemos (querido que ella aparezca en el cente- 
nario de nuestra constitución. 

Incorporamos, por su interés preliiminar, los informes del ge- 
neral Alvear y del cónsul Hullet. En cambio, y a pesar de 
nuestro buen deseo y empeño, no será difícil que falten algunas 
piezas de importancia. 

Queda a otros la tarea de perfeccionar este esfuerzo. 



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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


La plaza de Montevideo, único punto que retenían los 
españoles en toda la extensión del estado, fué obligada, 
en 1814, ,a 'rendirse .al ejercito libertador de las Provincias 
Unidas idel Río. de la Plata, que la sátiaba/n. 

La independencia de estas provincias no solamente ha 
estado libre de toda agresión, por parte de sus enemigos, 
sino que aquéllas también han empleado su poder y fuerza 
en hacer la guerra en el territorio de sus hermanos es- 
clavizados y en libertarlos del yugo español; y las pro- 
vincias independientes han tenido la gloria de alcanzar 
éxito en ese propósito en Chile, después de arrollar al 
enemigo, en la forma más completa, en las batallas de 
C'hacabuco y Maipú, len 1816 y 1818. Este mismo ejército 
de las provi acias — que por sus victorias tomó la deno- 
minación de “ejército de los Andes” — unido, en 1820, 
a otro, formado en la república de Chile, a fin de liber- 
tar al Perú, obligó a los españoles a abandonar la ciudad 
de Lima y, extendiéndose sobre una inmensa región, al 
fin consiguió establecer una comunicación con la repú- 
blica de Colombia y contribuir a la liberación del reino de 
Quito. 

Quizás no sea ocioso agregar que, si el gobierno de Bue- 
nos Aires no ha acreditado, hasta ahora, ningún agente 
ante el gobierno de iS. ¡M. B., ésto se debe a que está con- 
vencido de que el deseo del gabinete británico será fa- 
vorecer, espontáneamente, a los nacientes estados de Amé- 
rica en todo lo que sea sugerido y permitido por los gran- 
des intereses que representa y protege ; y que, en conse- 
cuencia, el objeto más importante del gobierno de Buenos 
Aires será concentrar toda su atención y recursos para 
dar al país administrado por él tal mejoramiento moral 
y tal cultura que permitan elevarlo a la prosperidad que 
promete su territorio y la independencia que, con tanta 
gloria para sí ¡mismo, ha conquistado y cuyos beneficios 
empieza a cosechar. El gobierno de Buenos Aires y las 
provincias del Río de la Plata están, por lo tanto, ansio- 
sos de cultivar la amistad del gobierno de S. M. B., con 
preferencia a todos los otros gobiernos del continente, 
están enterados de que la nación y el gobierno inglés son 
él pueblo más moral y el gabinete más ilustrado de Eu- 
ropa, y que, en consecuencia, su ejemplo debe ser el más 
ventajoso para los nuevos estados americanos, estando 
más de acuerdo con los principios sociales y orden nece- 
sarios a dichos 'estados, por los elementos físicos y morales 
que los componen. 



LA MISIÓN PONSONBY 


9 


Las provincias del Río de la Plata, después de haber 
empleado todos los medios que la prudencia y el deseo 
de paz pueden sugerir a un pueblo anheloso de obtenerla, 
aunque sin desmedro de su dignidad, con el propósito de 
vivir en amistad con la corte del Brasil, después de pe- 
dirle que retirara sus tropas de la Banda Oriental, que re- 
tiene con violación de todos los derechos, y habiéndole 
sido imposible obtener un resultado favorable, se encuen- 
tra bajo la penosa pero urgente necesidad de lanzarse a 
la guerra, la más justa, a fin, no sólo de recobrar esa 
hermosa provincia, sino también de rechazar, en tiempo, 
aquellas pretensiones, tan ilegales como impolíticas, que 
ese gobierno ha juzgado propio sustentar y que acaricia 
desde su emancipación. 

Las provincias del Río de la Plata, satisfechas de po- 
der gozar de la felicidad que su nuevo estado político 
les permite, sin aspirar a ningún otro objeto que el de 
organizarse bajo un buen gobierno, reflejo de su situa- 
ción, qué exclusivamente se ocupe de la prosperidad del 
país, ha considerado como la mayor calamidad — y lo 
deplora muy sinceramente — que el gabinete brasileño 
siga una línea de conducta tan opuesta a la corrección 
y tan en desacuerdo con sus propios intereses. 

Ellas estimarían una dicha muy señalada que un go- 
bierno tan justo y tan fuerte como el de la Gran Bre- 
taña se dignase establecer como principio — si en la 
sabiduría de sus consejos lo juzgase razonable — que 
todos los nuevos estados americanos se mantuvieran den- 
tro de sus antiguos límites y respetaran los de sus veci- 
nos; y que no .consintiera, bajo ningún concepto, que nin- 
guno de ellos ocupe, por la fuerza, porción alguna del 
territorio poblado por cualquier nación vecina. 


HULLET A CANNING 

Leadenhall Street, 102. — Londres, Julio 31 de 1824. (El 
señor Johin Hulleit fué nombrada cónsul general de Buenos 
Aires en la Gran Bretaña, en 1824.) 

(Privada), — El señor Hullet saluda all señor Canning 
y, de acuerdo lean la promesa hecha durante la conver- 
sación privada con que fué honrado por el señor Can- 
ning, el 9 del corriente, se permite incluir un bosquejo 
relativo al estado presente de Buenos Aires, y reiterar 



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LyiS ALBERTO DE HERRERA 


las seguridades de que, en todo tiempo, tendrá placer en 
facilitar cualquier información que se desee y que esté 
en su poder dar. 

Londres, 31 de Julio de 1824. (Privada). — La parte 
de la América del Sur que, bajo el gobierno español, cons- 
tituía el virreinato de Buenos Aires, estaba limitada, al 
noreste, por el Brasil, al norte y noroeste, por el virrei- 
nato de Lima, al oeste, por el reino o presidencia de Chile, 
y, al sur, por las tierras incultivadas habitadas por in- 
dios errantes, pero sobre las cuales el virrey de Buenos 
Aires invocaba la soberanía del rey de España hasta el 
cabo de Hornos. Todo ese inmenso país está escasamente 
poblado, pero averiguar el número de habitantes, con 
alguna certeza, es casi imposible en el estado actual de 
información. Los censos tomados, de tiempo 1 en tiempo, 
por órdenes de Madrid, están lejos de ser correctos, desde 
que, además de otras causas, las clases bajas han deseado 
y han conseguido ocultar su número. De acuerdo con al- 
gunos datos estadísticos, la población, excluyendo los in- 
dios aborígenes, suma 1.580.000, mientras otros, inclu- 
yendo los indios, llevan el total a 2.400.000 y la opinión 
corriente en el país la estima en más de tres millones. 

Con respecto a las castas, puede observarse que los 
blancos de pura extracción española son muy numerosos 
y principalmente habitan los pueblos. El número de ne- 
gros, al contrario, es, en la actualidad, extremadamente 
pequeño, no habiendo sido considerable nunca y habién- 
dose reducido, desde la revolución, por la prohibición del 
comercio de esclavos y por la libertad otorgada a éstos, 
a condición de servir en los ejércitos, que han sido re- 
petidamente reclutados en esta forma, indemnizando el 
estado a los propietarios. 

Los mestizos, forman la gran masa de la clase baja y 
trabajadora, en las villas y campiñas ; Jos indios son muy 
numerosos en las provincias del Alto Perú, donde viven 
en aldeas, profesan el cristianismo y dan señales de una 
civilización incipiente. El breve bosquejo (adjunto y 
mareado A), del comienzo y progreso de la revolución, 
desde la expulsión del último virrey, en 1810, es de la 
pluma de un nativo, respetable de Buenos Aires, que era 
miembro de la sala de representantes hasta que renun- 
ció, a fines de 1823, cuando sus asuntos mercantiles hi- 
cieron necesario su viaje a Europa. 


LA MISIÓN PONSONBY 


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Además del contenido de ese bosquejo, se puede decir 
que, desde la guerra civil, que en 1820 rompió la unión 
de las provincias, Buenos Aires, sin embargo, ba sido re- 
conocido por todas como núcleo central, en posesión de 
la parte mayor de las rentas públicas y a cargo de las re- 
laciones con 'los otros estados de América y con Europa. 
Ha existido, sin embargo, un entendimiento común de que 
ninguna de las provincias sería obligada, por la violen- 
cia, a incorporarse a la unión y se les permitió, por h> 
tanto, aprender, por propia experiencia, que aún cuando 
ellas podrían, de acuerdo con su propia elección, tener 
administración local, no podrían gozar de una existencia 
respetable y sin peligro, sin un gobierno común a todos. 
Unos pocos años parecen haber producido ese efecto y 
el gobierno de Buenos Aires, en consecuencia, ha enviado 
una invitación para la celebración de un congreso general 
de representantes de todas las provincias; algunos de 
ellos, según las últimas noticias, ya habían llegado a la 
capital y otros estaban en camino ; de mamera que se es- 
pera una pronta reunión del congreso. 

Las provincias, actualmente fuera de la Unión, son: 

1. ° Paraguay, que, por su temperamento muy singular 
y original política, resistió a las tropas enviadas por Bue- 
nos Aíres para emanciparlos de España; pero que, in- 
mediatamente después, destituyó al gobernador español 
y se sometió a ser despóticamente gobernado por un abo- 
gado paraguayo, llamado Francia, quien prohibió toda 
comunicación exterior, de cualquier especie, dejando así 
al Paraguay más inaccesible que China o Japón. 

Aquí procedería observar que los famosos estableci- 
mientos de los jesuítas no estaban en el Paraguay, como 
se cree comunmente, sino en la región situada entre sus 
límites y los del Brasil, que constituía la provincia de 
Misiones, incorporada a las Provincias del Río de la 
Plata. 

i 

2. ° La provincia de Montevideo, o Banda Oriental, ocu- 
pada por las fuerzas brasileñas, contra la voluntad de 
sus habitantes y el sentimiento nacional de toda la Unión. 

3. ° Las provincias del Alto Perú, desde Potosí hasta 
La Paz, dominadas por las tropas bajo el mando de je- 
fes que actúan a nombre y en defensa del rey de España. 
Su destino, probablemente, será decidido por las ope- 
raciones militares en el virreinato de Lima, aún cuando 
las Provincias Unidas están ahora reuniendo una fuerza 




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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


de cuatro a seis mil hombres, para cooperar en el Alto 
Perú con el ejército combinado del general Bolívar. 

Durante la activa guerra de las Provincias Unidas 
contra España, una considerable deuda pública se acu- 
muló. En 1821, Buenos Aires tomó a su cargo la liqui- 
dación, no solamente de esa deuda, sino también de otra 
dejada por la administración española. Se creó un fondo, 
cuyos intereses invariablemente han sido pagados con 
puntualidad, y la amortización se efectúa con un recurso 
fijado. Las rentas públicas han aumentado y dejan su- 
perávit, aún cuando muchos de los impuestos más resis- 
tidos han sido derogados y los derechos de aduana con- 
siderablemente reducidos. Se ha establecido, con éxito, 
un banco como también una caja de ahorro; y el año 
pasado la sala de representantes concedió autorización 
al ejecutivo para levantar un préstamo de cinco millo- 
nes de pesos en Europa, que ha sido negociado en Lon- 
dres, con el propósito de hacer mejoras internas, tales 
como la construcción de villas y fuertes sobre la fron- 
tera del sur y la población de las tierras no cultivadas. 
El estado financiero, para el año 1823, tal como fué pre- 
sentado a la sala de representantes y publicado con au- 
torización, figura adjunto, bajo la letra B. 

La falta de gente marina y la aversión de las clases 
inferiores a la vida del mar, impide a las Provincias 
Unidas aspirar a poseer una fuerza naval. Al principio 
de la revolución, los barcos mercantes eran armados para 
la rendición de Montevideo; pero tan pronto como este 
objeto fué conseguido, por la destrucción de la escuadra 
española, se dispuso de los barcos y quedan solamente 
unos pocos, pequeños, para la vigilancia aduanera y como 
paquetes de río. 

La fuerza militar consiste, principalmente, en una mi- 
licia numerosa, que ya había sido organizada bajo el go- 
bierno español; aún cuando no disciplinada de acuerdo 
con las ideas europeas, es muy eficiente, por estar habi- 
tuada a la naturaleza del país y a servir tanto a pie como 
a caballo. Se calcula que, desde 1810 a 1820, Buenos Ai- 
res ha tenido habitualmente de 10.000 a 15.000 hombres 
bajo las armas, divididos en varios cuerpos, empleados 
en el Alto Perú, contra Montevideo y en la liberación de 
Chile y Perú. 

El ejército permanente, de regulares, desde entonces 
ha sido reducido a un número muy pequeño, neeesitán- 



LA MISIÓN PONSONBY 


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dose solamente para el servicio interno y para guardar 
las fronteras del sur contra el pillaje de los indios ; pero 
el espíritu marcial de la población hace fácil crear y dis- 
ciplinar nuevos reclutas para el ejército republicano. Es 
satisfactorio observar que la sabia administración seguida 
por el gobierno de Buenos Aires en los últimos tres^años, 
ha producido el plausible suceso de que los miembros 
del poder ejecutivo dejen el poder en conformidad con 
las leyes constitucionales y dando posesión a los suce- 
sores, debidamente electos. 

El mensaje del ejecutivo saliente, elevado a la sala de 
representantes el 3 de 'Mayo pasado, no puede ser leído 
sin interés. Una copia, imprimida con autorización, va 
adjunta, bajo la letra C. 


CANNING A PONSONBY 

Londres, Febrero 28 de 1826. — Excmo. lord John Pon- 
sonbv. Excmo. señor: Como complemento de las instruc- 
ciones generales que >S. M. me autorizó a trasmitir a Y. 
E. en mi nota número 1, hay un punto sobre el cual creo 
necesario suministrar a Y. E. algunas especiales: las 
diferencias pendientes entre el gobierno de Buenos Aires 
y el Brasil, sobre la reclamación de cualquiera de esos 
países a la posesión de la Banda Oriental y de Monte- 
video. 'Con el fin de proporcionar a V. E. una informa- 
ción completa sobre el origen y desarrollo de esa lucha, 
agrego copia de seis despachos dirigidos a sir Charles 
Stuart y de cuatro de *S. E. sobre el particular. 

También incluyo copia de dos notas de M. de Sarra- 
tea expresando el deseo de su gobierno de iniciar, bajo 
los auspicios de la Giran Bretaña, una negociación con 
el Brasil, a fin de evitar la guerra. 

Si alguna confianza puede depositarse en las expre- 
siones contenidas en esas notas del señor Sarratea, como 
exponente de los sentimientos reales del gobierno de 
Buenos Aires, por una parte, y, por la otra, en las de- 
claraciones de los ministros brasileros a sir Charles 
Stuart, como está detallado en los despachos de S. E. (nú- 
meros 59 y 91), el gobierno de S. M. puede razonable- 
mente esperar salir victorioso en sus empeños de atraer 
a Buenos Aires y al Brasil a un amistoso arreglo de las 
diferencias actualmente existentes entre ambos. 


34 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 



del asunto. 

Primera: Que la cesión de Montevideo, por el Brasil, 
fuera negociada sobre las bases de un arreglo similar al 
que fué adoptado entre España y- Portugal, cuando es- 
talló la revolución militar en Cádiz ; esto es, que sea abor- 
dada una compensación pecuniaria por Buenos Aires al 
Brasil, por los gastos ocasionados a esa potencia por la 
ocupación de Montevideo, o: 

Segunda: Que la ciudad y territorio de Montevideo se 
hicieran y permanecieran independientes de cualquier 
otro país, en una situación semejante a la de las ciudades 
hanseáticas en Europa. 

He aprovechado una oportunidad para sugerir esas 
ideas al barón de Itabayana, quien me ha asegurado, de 
la manera más formal, el deseo de la corte de Río de Ja- 
neiro de contribuir, en lo posible, a la restauración de 
la paz con Buenos Aires y ha escrito a su gobierno pi- 
diendo instrucciones con el fin de autorizar al gobierno 
británico a mediar entre ambas partes contendientes. A 
su llegada a Buenos Aires, V. E. debe aprovechar la pri- 
mera oportunidad que se le presente para entrar de lleno 
en el asunto, en forma confidencial, con los ministros del 
gobierno de Buenos Aires, explicándoles las ideas de su 
gobierno sobre el particular y sugiriéndoles, a la vez, 
la conveniencia de enviar cuanto antes, aquí, al minis- 
tro que ellos han designado, o a M. de Sarratea, instruc- 
ciones y plenos poderes que le habiliten a intervenir en 
la negociación. Ño sé como expresar a V. E., en la me- 
dida que quisiera, la ansiedad del gobierno de S. M. por 
restaurar y conservar la paz entre los nuevos estados de 
América y el profundo interés que, en la opinión de 
este gobierno, esos estados deben poner en evitar dar 
motivo, por sus querellas, a la intervención de los ex- 
traños en isus asuntos políticos. 

Soy de V. E.', etc., etc., etc. — (firmado) George Can - 
ning. 


CANNING A PONSONBY 

Londres, Marzo 18 de 1826. — A S. E. lord John Pon- 
sonby. — Excmo. señor: Adjunto a V. E., para su conocí- 



LA MISIÓN PONSONBY 


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miento, una selección y compendio que he mandado ha- 
cer de todos los documentos más importantes existentes 
en esta oficina, con relación a ¡Montevideo y ,a la cansa 
de las diferencias entre el Brasil y Buenos Aires. 

V. E. considerará este documento como formando parte 
de los archivos de la misión de S. M. en Buenos Aires. 

Tengo el honor, etc., etc. — (firmado) George Canning. 

CANNING A PONSONBY 

Londres, Marzo ¡18 de 1826. — A S. E. lord John Pon- 
sonby. — Excmo. señor: Adjunto a Y. E. una carta (cuya 
copia se incluye para su información) que Y. E. debe 
entregar, inmediatamente de su llegada a Río de Janeiro, 
al ministro de relaciones exteriores brasileño. 

Y. E. requerirá una audiencia del emperador del Bra- 
sil y, cuando sea admitido a su presencia, Y. E. le ex- 
presará a S. M. I., en nombre del rey, nuestro señor, el 
vivo interés de S. M. por la felicidad de S. M. I. y la 
de su familia, por el bienestar del imperio del Brasil y 
el voto formal de S. M. por la conservación de la paz 
en el nuevo mundo y, en consecuencia, su deseo de que 
se llegue al ajuste de las diferencias entre el Brasil y 
Buenos Aires, por las cuales esa paz está actualmente 
interrumpida y comprometida. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) George 
Canning. 


CANNING A INHAMBUPE 

Londres, Marzo 18 de 1826. — A S. E. el señor ministro 
de relaciones exteriores del Brasil. ¡ — • Señor ministro : 
El rey, mi señor, ha tenido el agrado de disponer que 
lord Ponsonby, enviado extraordinario y ministro ple- 
nipotenciario ante el gobierno de las Provincias Unidas 
del Río de la Plata, visite Río de Janeiro, en su viaje 
a Buenos Aires, con el propósito de comunicarse con los 
ministros de S. M. el emperador de Brasil sobre el estado 
de cosas que, desgraciadamente, existe entre el imperio 
del Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata. 

Las repetidas manifestaciones del deseo del gobierno 
brasileño de que >S. M. intervenga en esta infortunada 
querella, permiten a S. M. esperar que la visita de lord 



16 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Ponsonby a Río de Janeiro será recibida como una prueba 
de su buena voluntad hacia el Brasil. 

El gobierno de Buenos Aires ha solicitado, de igual 
manera, la intervención de S. M. y ha sugerido una base 
sobre la cual podría abrirse una negociación de paz en- 
tre los dos poderes beligerantes. 

Lord Ponsonby está encargado de esta obertura. 

Si aceptada, ella puede conducir a la paz, que es el 
principal anhelo de S. M. 

Si declinada, es de esperar que el gobierno de S. M. 
estará preparado para sugerir alguna otra base de ne- 
gociación, en términos tales que lord 'Ponsonby pueda 
presentarla al gobierno de Buenos Aires. 

Se provee a lord Ponsonby de esta carta de introduc- 
ción ante V. E., a fin de que pueda ser informado de la 
misión que lleva y pueda dar crédito a todo lo que él 
diga a V. E. sobre el asunto que la motiva. 

Lord Ponsonby tendría especial deseo de presentar sus 
respetos a S. ¡M. el emperador del Brasil y, al ser admi- 
tido a la presencia de S. M. I., le expresará, en el nom- 
bre del rey nuestro señor, su vivo interés por la felicidad 
de S. M. I. y la de su familia y por el bienestar del im- 
perio del Brasil. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) George 

Camning. 


CANNING A PONSONBY 


Londres, Marzo 18 de 1826. — A S. E. lord John Pon- 
sonby. — Excmo. señor: La noticia de la renovación de 
las hostilidades entre el impierio del Brasil y el estado de 
Buenos Aires, llegada después que mi despacho n, 2 fué 
escrito, me indujo a 'diferir lia partida de V. E., a la es- 
pera de que M. de Serratea recibiese alguna comunicación 
de su gobierno, que pudiera habilitarme a impartir a 
V. E. instrucciones más precisas, con respecto a la des- 
graciada e inoportuna disensión entre Buenos Aires y el 
imperio del Brasil, que las contenidas en aquel despa- 
cho. Mis esperanzas no han sido defraudadas. He recibido 
de M. de Sarratea, recientemente, un memorándum con 
una nota explicativa (cuyas copias adjunto) repitiendo, 
en cumplimiento de nuevas instrucciones recibidas de su 
gobierno, lo que ya me había expresado, en forma menos 




LA MISIÓN PONSONBY 


, 17 


oficial: el ansioso deseo del gobierno de Buenos Aires 
de que S. M. interponga su valiosa influencia ante el 
gabinete de Río Janeiro. 

Las bases sobre las qué el gobierno de Buenos Aires 
está dispuesto a fundar un arreglo, son, como M. de Sa- 
rratea me lo ha expresado ahora claramente, las estable- 
cidas, por decisión de los poderes aliados, para el arre- 
glo de idéntica disputa entre España y Portugal y men- 
cionadas, más de una vez, en los despachos a sir 'Charles 
Stuart y al señor Parish, de los cuales está V. E. ente- 
rado. Esto es : que Buenos Aires pague al Brasil una su- 
ma de dinero, como reembolso de los gastos efectuados, 
primero, por el rey de Portugal y, luego, por el empera- 
dor del Brasil, con motivo de la ocupación de Montevi- 
deo y de la Banda Oriental y como compensación por la 
cesión de esa ciudad y territorio a Buenos Aires. 

Cualquiera que sea la probabilidad de éxito de esta 
proposición, sería muy conveniente someterla al empera- 
dor del Brasil. No podrá proporcionarse una oportunidad 
más favorable, a este fin, que la que ofrece la partida de 
V. E. para América. Por lo tanto, le significo el deseo 
del rey de que, en viaje .al Río de la Plata, Y. E. desem- 
barque en Rio de Janeiro, donde solicitará una audien- 
cia de los ministros brasileros, para enterarles de la pro- 
posición del gobierno de Buenos Aires y saber en qué 
disposición se hallan para entrar en negociaciones con 
éste, sobre las bases propuestas, ofreciéndose, asimismo, 
Y. E. como mediador, ya acepten ellos esa proposición o 
ya quieran formular otras al gobierno de Buenos Aires. 

El deseo del gobierno brasilero del apoyo y consejo 
de S. M. para el arreglo de su diferencia con Buenos 
Aires, ha sido tan vehementemente expresado en la co- 
rrespondencia que V. E. ya conoce — cuyo extracto está 
incluido en mi despacho anterior — que S. M. se consi- 
dera autorizado a esperar que la iniciativa tomada será 
debidamente apreciada por S. M. I. 

S. M. confía que el gobierno brasilero aprovechará, en 
la más amplia extensión, la facilidad que la visita de 
V. E. a Río de Janeiro le proporciona para poner térmi- 
no a las hostilidades, tan perjudiciales para todos los 
nuevos estados de América y tan especialmente peligro- 
sas para la estabilidad de la actual forma de gobierno 
existente en el Brasil. 


2 II 




18 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Pero, aunque en estos conceptos, sólo puedo anticipar 
una favorable acogida a la obertura confiada a Y. E. en 
Río de Janeiro, de ninguna manera desconozco que si, 
a su llegada, la suerte hubiera sido favorable a las ar- 
mas brasileras, talvez Y. E. no eneonitnaría inclinación a 
aceptar esa obertura para entrar en negociaciones, poro 
paz, de una manera sincera y formal 

En cuanto puedo ver, los posibles motivos en que el 
gabinete brasilero pudiera fundarse para declinar la 
negociación sobre las bases propuestas, son, principal- 
mente, dos : primero, el poder que le daría a Buenos Ai- 
res la posesión de ambas márgenes del Río de la Plata, 
por el control de la navegación de ese río; y, segundo, 
el rechazo de las pretensiones de Buenos Aires a la he- 
rencia de los derechos de España sobre la ciudad y te- 
rritorio de Montevideo, en cuyo reclamo de herencia, sólo,, 
debe confesarse, se funda la proposición de abrir o, más 
bien, de reiniciar la negociación, sobre las bases ante- 
riormente establecidas entre España y Portugal. 

Tratándose de la última de estas dos objeciones, Y. E. 
observará a los ministros brasileros que, a menos que 
por un acuerdo general y tácito, los estados del nuevo 
mundo se comprometan a mantenerse, los unos respecto 
de los otros, en cuanto a sus derechos geográficos y de lí- 
mites, exactamente lo mismo que cuando eran colonias, 
infaliblemente surgirán grandes complicaciones, provo- 
cadas por sus pretensiones y rivalidades; y, entonces, 
todo el continente americano, ya se trate de tierras que 
hayan sido españolas o portuguesas, ofrecerá, finalmente, 
campo propicio a las empresas de atrevidos ■ aventureros, 
que talvez intentarán fundar, para sí, nuevos dominios. 

Si Buenos Aires no tiene título sobre Montevideo, co- 
mo antigua posesión de España, ¿puede el Brasil recla- 
marlo, invocando la comparativamente reciente ocupación 
de esa provincia por Portugal, ocupación que, por mu- 
chos años después que se produjo, fué considerada, no 
sólo por España, sino por todos los aliados de España 
y Portugal, como un acto forzado y de defensa propia, 
de parte de Portugal, y únicamente temporario y provi- 
sorio ? 

Si Se niega que a’l asumir una existencia política in- 
dependiente, Buenos Aires se colocó en el lugar de Es- 
paña, con respecto a los poderes extranjeros, ¿puede ale- 
garse que el emperador ded Brasil (hereda de Portugal 




LA MISIÓN PONSONBY 


19 


otro derecho, sobre Montevideo, que el que pudo darle 
la ocupación del mismo por Portugal ? 

Y bien, Portugal retuvo a Montevideo, dispuesto a 
restituirlo a España, bajo el cumplimiento, por España, 
de ciertas condiciones especificadas. 

¿Pretende el emperador del Brasil que él mantiene 
la posesión de Montevideo, en igual condición, y que res- 
tituiría esa ciudad y territorio, pero sólo a España, 
cuando ésta estuviera en situación de reclamarlos? Si 
así fuera, S. M. I. puede, por cierto, sin contradicción, 
rehusarse a ceder a Buenos Aires, colonia rebelde, lo 
que él reserva para restituir a su primitivo dueño. 

Pero, ¿es posible que el emperador del Brasil no mi- 
da las consecuencias de declarar, dé esta suerte, a toda 
la América española, que él reconoce en una parte de 
ese continente 'los derechos, inextinguidos, de España? 
¿No advierte los recelos que semejante declaración pro- 
vocaría en todas las otras provincias que, como Buenos 
Aires, han roto la tutela de la madre patria? 

Por otra parte, si no reconoce el derecho de España a 
la devolución de Montevideo, ¿negaría a Buenos Aires 
la existencia de ese derecho, con el propósito de con- 
servar para sí esa ciudad? ¿Qué sería, . esto, sino con- 
vertir en conquista absoluta una ocupación defensiva, 
ofreciendo así a los estados del nuevo mundo un ejem- 
plo que puede conducir a interminables violaciones, dispu- 
tas y trastornos? 

En cualquier caso, ya pretenda retener Montevideo para 
España, o negar los derechos de España y Buenos Ai- 
res y declare su determinación de conservarlo para sí, 
dará motivo a los nuevos estados de la América espa- 
ñola para unirse, tarde o temprano, en una acción co- 
mún contra el Brasil; en primer término, por ver en él 
un poder que sostiene, en principio, la repudiada su- 
premacía de su metrópoli ; y, en segundo término, con- 
tra un poder invasor y conquistador, indiferente a los 
derechos de sus vecinos y ansioso de hallar pretexto para 
encender guerras de ambición y 'dominio. 

Con esos argumentos, confío que Y. E. no encontrará 
difícil disuadir a los ministros brasileros de cualquier 
intento de convertir el litigio pendiente entre Brasil y 
Buenos Aires en una cuestión de derecho abstracto y 
de legitimidad, que afectaría, a la vez que a Buenos Ai- 




20 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


res, a todos los nuevos estados de América, que se han 
independizado de España. 

Importante como la cuestión de 'Montevideo puede ser 
para el gobierno brasilero, no es menos que la discusión 
de ese asunto no sea llevada apoyándose en tales prin- 
cipios o sostenida, por el lado de ellos, con argumentos 
capaces de indisponer con la monarquía del Brasil los 
sentimientos e intereses comunes de todos los estados 
republicanos de la América española. 

Anteriormente, he tenido ocasión de advertir al minis- 
tro brasilero de las instigaciones hechas al general Bo- 
lívar, desde Europa, para tramar una guerra contra el 
Brasil, bajo cualquier pretexto, con el único motivo . de 
derrocar una monarquía que se levanta, sola, en todo el 
vasto continente de América y que es considerada, por 
los apasionados de las formas democráticas de gobierno, 
como esencialmente incompatible con la segura existen- 
cia de las repúblicas americanas. 

El general Bolívar i — todo inclina a creerlo — hasta 
ahora se ha mostrado sordo a esas instigaciones. Su con- 
ducta, en el asunto de Chiquitos, da una prueba, tolerable- 
mente satisfactoria, de que no está deseoso de encon- 
trar un pretexto para atacar al Brasil; pero, talvez se- 
ría probarlo demasiado, si el Brasil le arrojara, otra 
vez, una directa provocación de guerra con actitudes 
que presentarían al imperio del Brasil, ante la general 
sospecha y enemistad de la América española, como cam- 
peón de los derechos de la madre patria, o como agresor 
de los derechos de uno de los nuevos estados. 

En cuanto a la otra objeción, más práctica, que pre- i 
sumo de parte del gobierno de Río de Janeiro, sobre la \ 
entrega de Montevideo a Buenos Aires, no se le puede | 
negar considerable fuerza. En realidad, la dificultad de |\ 
toda la cuestión reside en esto : en que el valor de Mon- j 
tevideo, para cada parte, consiste menos, talvez, en el / 
positivo beneficio que pueden esperar se derive de su 
posesión que en el perjuicio que ellos temen de su po- I 
sesión por el contrario. 

No puede negarse, por consiguiente, que, suponiendo 
le fuera transferido a Buenos Aires, mediante una com- 
pensación pecunaria convenida con el Brasil, sería, ade- 
más, razonable que se tomaran todas las precauciones 
justas, según estipulaciones precisas, en el tratado de 
arreglo, a fin de asegurar al Brasil un ininterrumpido 
goce de la navegación del Río de la Plata. 




LA MISIÓN PONSONBY 


21 


S. M. no rehusaría prestar su garantía para la estricta 
observancia de tales estipulaciones, si le fuera reque- 
rida. 

El gobierno inglés, por cierto, preferiría, en el deseo 
de evitar, en lo posible, compromisos de esa naturaleik 
que él tratado fuera ajustado a ¡satisfacción de amba¿ 
partes, sin necesidad de esa garantía. Pero, si ésta fue- 
ra solicitada por ambas partes, S. M. consentiría en darla, 
antes de que el tratado no se realizara. Si la proposición 
del gobierno de Buenos Aires no es aceptable para el 
de Río de Janeiro, toca a los ministros brasileros, a me- 
nos de que ellos estén dispuestos a arriesgarlo todo — 
aún la suerte misma de los azares de la guerra — suge- 
rir alguna modificación de esta propuesta, u otras bases, 
sobre las cuales la negociación para el arreglo de los 
puntos en litigio pueda ser establecida. 

No corresponde al gobierno británico sugerir determi- 
nada contra-proposición; pero Y. E. trasmitirá al go- 
bierno de Buenos Aires cualquier proyecto del gobierno 
brasilero, capaz, según el criterio de V. E., de conducir, 
en algún grado, a la feliz terminación de las hostilida- 
des. Queda librada a su discreción la apreciación de 
este asunto, inclinándose a recibir la comunicación para 
Buenos Aires, de cualquier proposición que no sea ab- 
solutamente de carácter ofensivo. 

Se ha sugerido, como V. E. está ya enterado, que Mon- 
tevideo, o toda la Banda Oriental, con Montevideo por 
capital, podría ser erigida en un estado separado e in- 
dependiente. Nosotros, no estamos, aquí, en condiciones 
de juzgar hasta dónde semejante arreglo sería practica- 
ble y hasta qué punto el territorio y población de ese 
nuevo estado estarían capacitados para adquirir y acer- 
tadamente desenvolver una existencia política indepen- 
diente. Oon respecto a este arreglo, Y. E. no debe ofrecer 
la garantía de S. M., ni alentar ninguna demanda en 
ese sentido. 

Nada puede ser de más importancia para el Brasil que 
conseguir que sus desavenencias con Buenos Aires estén 
en vías de arreglo antes de que el congreso general de 
estados, en Panamá, sea requerido (como podría ocurrir, 
a pedido de Buenos Aires) para intervenir en el asunto. 
En una asamblea así compuesta, no puede dudarse de 
que la decisión sería desfavorable al imperio del Brasil. 



22 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Si la discusión del asunto, no obstante, fuera trans- 
ferida a Panamá, el .comisionado de S. M. en el congreso 
recibirá instrucciones para ejercitar sus buenos oficios, 
a favor de una solución amistosa y satisfactoria. Me 
cuesta creer que se produzca el caso de una repulsa ab- 
soluta por parte de los ministros brasileros, ya sea a es- 
cuchar la proposición que V. E. está encargado de tras- 
mitir, por parte de Buenos Aires, o a articular alguna 
propuesta propia. 

Pero si, infortunadamente, ese caso ocurriera, sólo pue- 
do decirle a Y. E. que deberá despedirse de los minis- 
tros brasileros, expresándoles un profundo y sincero sen- 
timiento por las dificultades, y aún peligros, a que el 
emperador y el imperio del Brasil quedarán expuestos, 
por culpa de violentos e irrazonables consejos; y exi- 
miendo de toda responsabilidad, al gobierno británico, 
en las consecuencias de una actitud que él habría tratado, 
en vano, de evitar. 

V. E. reiterará las seguridades ya dadas, por mí, al 
barón de Itabayana de que la Oran Bretaña observará 
una escrupulosa neutralidad durante esta infortunada 
guerra, confiando, sin embargo, que los derechos de gue- 
rra establecidos no serán atacados, por ninguno de los 
beligerantes, más allá de los límites proscriptos por la 
ley de las naciones. 

V. E. no debe ocultar, al mismo tiempo, que, aunque 
observando una conducta escrupulosamente neutral, el 
gobierno británico se inclinará en favor de aquel belige- 
rante que demuestre mejor disposición para poner amis- 
toso término a la lucha, y agregará que, cuando el ga- 
binete de Río de Janeiro asuma una actitud más pací- 
fica, Y. E. tiene orden de renovar (si el gobierno bra- 
silero lo deseara) la negociación, ahora infructuosamente 
iniciada, y de. ser el voluntario y celoso agente de cual- 
quier obertura que el emperador del Brasil creyera con- 
veniente hacer, por intermedio de V. E., al gobierno de 
Buenos Aires. 

Y. E. aprovechará cualquier oportunidad que se le 
presente para trasmitir a Mr. D&wikins, comisionado de 
S. M. en Panamá, un informe del resultado de su misión 
en Río de Janeiro. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc. — (firmado )■ 
George Canning. 



LA MISIÓN PONSONBY 


23 


PONSONBY A CANNING 

Ría de Janeiro, Mayo 26 de 1826. — Bxcmo. señor : Tuve, 
en el día de hoy, una entrevista eon el ministro de relacio- 
nes exteriores, vizconde de Inhambupe, paira informarle 
que, por mandato del rey, mi señor, era portador de pro- 
posiciones sobre cuya base podrían abrirse negociaciones 
de paz entre el Brasil y las Provincias Unidas de La 
Plata. 

Agregué que S. M. había sido inducido a confiarme 
esta misión cordial, por el vivo deseo que el gobierno 
de Buenos Aires había expresado al de S. M. de que 
ejerciera sus buenos oficios ante el gabinete de Río de 
Janeiro ; y que el pedido del gobierno brasileño del con- 
curso de S. M., para alcanzar el término de la querella 
con Buenos Aires, había sido expresado tan firmemente 
en su correspondencia, que S. M. tiene derecho para con- 
fiar que el paso dado será debidamente apreciado por 
el gobierno de S. M. I., esperando que ambas partes 
aprovecharán, en toda su extensión, la oportunidad que 
se les ofrece de poner fin a las hostilidades en pie, tan 
inconvenientes para todos los nuevos estados de Amé- 
rica 'y muy especialmente azarosas para la estabilidad 
de la actual forma de gobierno del Brasil. ; 

Expuse la proposición hecha por el gobierno de Bue- 
nos Aires : La insinuación de hacer de la Banda Oriental 
un estado independiente, teniendo a Montevideo por ca- 
pital, y la esperanza de mi gobierno de que el gobierno 
brasilero haría alguna proposición propia, a fin de ini- 
ciar las negociaciones de paz, si es que la proposición 
y la insinuación enunciadas no les fueran satisfactorias. 

Sabía que el ministro estaba en perfecto conocimiento 
de todo lo que yo estaba encargado de proponerle. 

El vizconde comenzó manifestando la elevada opinión 
que el gobierno de S. M. I. tenía de la disposición amis- 
tosa de S. M. el rey, mi señor, hacia el emperador del 
Brasil, y que consideraba su intervención como una prue- 
ba más de la amistad de S. M. a S. M. I. y del interés 
de S. M. por el bienestar del imperio del Brasil. 

Dijo que aprovecharía la primera oportunidad para 
trasmitir a S. M. I. la proposición formulada y que me 
haría conocer, rápidamente, su determinación ál respecto. 

Luego, el ministro habió, con bastante amplitud, so- 



24 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


bre la historia de las relaciones entre el Brasil y los ha- 
bitantes de Montevideo y la Banda Oriental. Sin embargo, 
hizo, poco o ningún hincapié en los derechos del Brasil 
a la posesión de aquella ciudad y territorio, excepto al 
proveniente 'del acto libre de la ciudad y provincia ante- 
dichas, cuando solemnemente 'declararon ser súbditos del 
emperador y se incorporaron a su imperio, eligiendo y en- 
viando diputados a tomar asiento en la legislatura del 
Brasil. 

Me abstuve de combatir sus argumentos, aunque fácil- 
mente pude haberlo hecho, creyendo más oportuno tra- 
tar, antes de recurrir a esa medida, de inducirlo a con- 
siderar la actual política del Brasil y a examinar el he- 
cho de si era, o no, ventajoso para el emperador mantener 
su posesión de la Banda Oriental. 

Traté todos los tópicos relacionados con ese punto, que 
están contenidos en mis instrucciones, y me aventuré a 
agregar algunas cosas que me parecieron útiles al de- 
signio que tenía en vista. 

El vizconde, fácilmente aceptó mi forma de tratar el 
asunto y no intentó negar que grandes dificultades y 
peligros podrían quizá amenazar al imperio; pero tam- 
bién manifestó “que muchas dificultades y peligros po- 
drían surgir y amenazar al Brasil, si se decidía la re- 
nuncia de Montevideo y la Banda Oriental, a favor de 
Buenos Aires”. Se extendió sobre “el perjuicio de una 
frontera desamparada, que deja al imperio sin defensa, 
por ese lado, y sobre la necesidad de asegurar la libre 
navegación del Plata al comercio brasileño; y, especial- 
mente, sobre el riesgo para el honor del emperador, ahora 
tan profundamente comprometido en la prosecución de 
la guerra”. 

En cuanto a lo primero, repliqué “que había fortale- 
zas en la frontera, que podrían ser puestas en estado ade- 
cuado de defensa, o erigirse nuevas, a un costo nunca 
comparable al costo de la guerra, y que, después que se 
hiciera la cesión del territorio en litigio, ni Buenos Aires, 
ni ningún otro poder, tendría motivo para una agresión 
con la menor apariencia de justicia; que, cualquier ata- 
que, franco o encubierto, al imperio, expondría a los 
agresores a todo y, sobre todo, al reproche de ambición 
e insaciable inquietud de conquista, subversivo de la paz 
y bienestar de América, que los enemigos del Brasil im- 
putaban al gobierno brasileño ; y que Inglaterra, Europa 


LA MISIÓN PONSONBY 


jr. el mundo entero reprobarían, entonces, to <YS>J ti que 
sé kcfíriese al Brasil y atribuirían a impulsos íi^tómos 
cualquier hostilidad meditada o emprendida conftn a* frr 
imperio ’ \ 

A lo segundo, dije, en respuesta, que el honor del em- 
perador radicaba sobre base más sólida que la cuestión 
de mantener, o no mantener, una adquisición determi- 
nada. Que sS. M. I. no tenía compromiso de proteger de 
enemigos a la Banda Oriental, pues, en los hechos, la 
inmensa mayoría del pueblo de aquella provincia estaba 
actualmente en armas contra su autoridad y, además, 
que una renuncia a esa provincia, ahora, cuando no puede 
alegarse que S. M. 1. lo hacía obligado por los sucesos, 
demostraría que S. M. I. adoptaba esa medida teniendo 
en vista los intereses del imperio y de acuerdo con los 
consejos y deseos persistentes de su más viejo y más fiel 
aliado, el rey de la Gran Bretaña, a quien el honor del 
emperador le es tan digno de celo como el propio, y no 
bajo la presión de un poder extraño. 

Observé que la continuidad de la guerra produce ne- 
cesariamente muchos grandes males a un estado joven, 
que empobrece las finanzas y, al mismo tiempo, hiere 
su poder productivo. 

El vizconde parecía estar, en realidad, enterado de las 
desventajas y de los peligros a que el Brasil se expondrá 
con la prolongación de la guerra, y dijo poco o nada 
más en apoyo de esto; pero pareció deseoso de hacerme 
sentir que la compensación pecunaria propuesta era de 
poca importancia y que no se aproximaría, ni remota- 
mente, al gasto que la ocupación había ocasionado a Por- 
tugal y al Brasil. 

Evidentemente parecía creer que el emperador no asen- 
tiría a las proposiciones en cuestión, pero habló como si 
estuviese convencido de que su gobierno estaba dispuesto 
a proponer alguna otra base de arreglo entre las partes 
litigantes. 

Notando que esta era su opinión* traté más abierta- 
mente, aunque todavía con precaución, de orientar su 
atención hacia la necesidad geográfica que impediría a 
los estados de La Plata y a todos sus vecinos (incluyendo 
el nuevo estado de Bolivia) a continuar indefinidamente 
defendiendo, por la fuerza, la libertad de La Plata del 
contralor del imperio del Brasil, y le destaqué la posición 
de Bolívar mismo, cuya fuerza militar él conocía, así co- 




26 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


mo sobre su número y equipo y, sobre todo, la calidad 
de las tropas, su disciplina, experiencia, valor reconocido 
y entusiasta adhesión a su jefe, como también su con- j 
fianza en su pericia y, finalmente, esa misma pericia, en 
sí, que ya ha triunfado sobre las más grandes 'dificultades* I 

Señalé, tan delicadamente como pude, la probabilidad, | 
más que posible, de que Bolívar, u otros, si fueran lle- 
vados al extremo, tratarían de difundir entre el pueblo ¡ 
brasilero los principios republicanos, a los cuales, en ver- * 
dad, una gran parte de la población de las provincias 
está notoriamente inclinada; y le presioné, enérgica- J 
mente, a poner fin a una guerra de donde tales peligros 
se apuntan en todas partes y de la icual era imposible | 
esperar ningún beneficio, en proporción a los riesgos que 
origina. 

Le previne contra demora, observándole que Buenos 
Aires, muy posiblemente, sometería la consideración del 
asunto al congreso de Panamá, y le pregunté si podría 
esperar jueces favorables en esa asamblea o dudar de 
que esa intervención produciría al Brasil dificultades 
mayores, creándole, quizás, nuevos enemigos. 

Tengo el honor de saludar a Y. E. : , etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A <S. E. George Canning, etc,, etc., etc. 


PONSONBY Á CANNING 

Río de Janeiro, Mayo 26 de 1826. — Excmo. señor: 
Tuve el honor de ser recibido en audiencia por S. M. I. 

Informé a S. M. I. de que la noticia oficial del de- 
ceso de iS. P. M. I. y R. el rey de Portugal, no había 
sido recibida en Inglaterra y que, por lo tanto, no po- 
día S. M. el rey, mi señor, ofrecer directamente a S. M. I. 
la expresión de su condolencia por ese calamitoso su- 
ceso; pero que yo estaba autorizado a testimoniarle todo 
el pesar que mi soberano siente por la pérdida de tan 
amable monarca y tan cercano y respetable aliado, y a 
asegurarle el vivo deseo del rey, nuestro señor, de cul- 
tivar con el hijo las relaciones amistosas que tanto tiempo 
han existido entre S. M. y el augusto padre del emperador. 

Dije que tenía orden de expresarle a S. M. I., en nom- 
bré del rey, mi señor, el vivo interés que S. M. siente 
por la felicidad de S. M. I. ly la de su familia y por el 



LA. MISIÓN PONSONBY 


27 


bienestar del imperio del Brasil ; y su caluroso anhelo del 
afianzamiento de 'la paz en el nuevo mundo y, por tanto, 
del cese del conflicto entre el Brasil y Buenos Aires, por 
el cual esa paz está parcialmente interrumpida y en vía 
de mayores riesgos. 

S. M. I. replicó que agradecía profundamente los sen- 
timientos de S. M. el rey, mi señor, y que apreciaba, 
en el más alto grado, la amistad que nuestro soberano le 
manifestaba, así como a su familia y al imperio del Bra- 
sil. S. M. I. agregó que impartiría órdenes a sus minis- 
tros con respecto a la proposición de la cual sabía yo 
era portador. 

Tengo el honor de ser, con gran verdad y miramiento, 
señor, su más obediente y humilde servidor. — (firmado) 
John Ponsoriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

Río de Janeiro, Mayo 27 de 1826. — Exorno, señor: 
Tarde, anoche, recibí el despacho n.° 14 de V. E. y los 
cinco adjuntos. 

Siempre he entendido que era principal propósito de 
Y. E. obtener el afianzamiento de la autoridad en Por- 
tugal, sobre la base de la separación de las coronas del 
Brasil y Portugal. 

Encontré, a mi llegada aquí (como Y. E. y, a lo sabe), 
el asunto arreglado en una forma aproximada, confío que 
en mucho, a la opinión de Y. E. sobre 'la política más con- 
veniente para los dos países. 

Es cierto que pueden encontrarse en ese arreglo co- 
sas capaces de quitarle perfección inmediata y defini- 
tiva; pero creo que me expondría a crear nuevas demo- 
ras si, ahora, le insinuase al emperador algunas nuevas 
vistas sobre el asunto; y, aún más, dudas sobre los sen- 
timientos de mi gobierno al respecto, y que, también me 
arriesgaría a actuar en contradicción con lo que puede 
parecerle a V. E. adecuado en la nueva situación del 
asunto. Por lo tanto, he juzgado prudente guardar un 
silencio absoluto sobre la materia. 

Tengo el. honor de saludar a Y. E., etc., etc. — (firmado) 
John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 




28 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


PONSONBY A INHAMBUPE 

('Confidencial). — Río de Janeiro, Junio 4 de 1826. — 
A S. E. el vizconde de Inhambupe, ministro de relacio- 
nes exteriores del Brasil. • — Excmo. señor: V. E. me 
ha hecho la justicia de estar íntimamente persuadido 
de la pureza de los motivos que me han impulsado en 
todas las conversaciones que he tenido el honor de 
mantener con V. E. Sería, ciertamente, imposible para 
una persona de buen juicio, experiencia y capacidad, 
no 'haber advertido en ellas ese acento de sinceridad 
que ningún hombre puede, con éxito, imitar o asu- 
mir. Siento, por lo tanto, poco o ningún reparo en cum- 
plir la tarea que he tomado a mi cargo de sintetizar mu- 
cho de lo que he tenido el honor de exponer verbalmente 
a V. E. y agregar aquellas sugestiones o argumentos, en 
apoyo de mis opiniones, que crea útiles a una aclaración 
mayor ; y hacerlo así en términos de la más perfecta fran- 
queza y con cuidado escrupuloso de que, por una mal 
entendida delicadeza, no aparezca debilitada la plena 
y libre expresión de mis sentimientos, o alterada la ver- 
dad y su fuerza, en lo más mínimo. 

V. E. no sólo me ha concedido esta libertad, sino que 
ha tenido la bondad de desearla, y. ciertamente yo me 
consideraría indigno de esa muestra de confianza si no 
hablara libremente, aún en los términos más vigorosos, 
sobre asuntos en los cuales van envueltos el bienestar 
de este país, su futuro destino, el carácter de las insti- 
tuciones políticas de Sud América y, posiblemente, aún 
la paz de Europa. 

Me dirijo a V. E., en gran parte, como a un particular, 
e invoco ese concepto para que todo lo que yo diga quede 
completamente confidencial entre nosotros; y quito de 
mis cualidades públicas tanto cuanto pueda ser necesa- 
rio para mantenerme libre de aparecer mezclándome en 
asuntos que no me conciernen. 

En una palabra, le hablo a V. E. como lord Ponsonby, 
y (lo hago con interés y el conocimiento que poseo del 
caso, como representante de mi soberano ; y como esta 
carta no ha sido escrita para S. M. I., no me será nece- 
sario vestir mis ideas con el lenguaje ceremonioso que 
su dignidad augusta me impondría, de otra manera, usar. 
Entro, pues, a mi recapitulación. 




LA MISIÓN PONSONBY 


29 


En nuestra primera conversación, me tomé la libertad 
de recalcar a V. E. mi deseo de evitar una discusión so- 
bre los derechos de S. M. I. al territorio de la Banda 
Oriental y la ciudad de Montevideo ; creí mejor, consi- 
derar, simplemente, la cuestión política o la del interés 
real de S. M. I. y su país en la contienda en que están 
ahora comprometidos. Insistí, en esto, porque me pare- 
cía que aquel punto debería ser discutido más bien por 
los beligerantes y porque consideré la cuestión del derecho 
muy poco apropiada en el presente caso para tener in- 
fluencia en la decisión final de un conflicto en que tan- 
tos y poderosos intereses, tanto personales como políti- 
cos, han creado, y aumentarán, un intenso sentimiento de 
pasión en el corazón de la mayoría de los combatientes. 

Penetrado deíl acierto de este punto de vista, abordé 
el examen (sin ninguna referencia a derechos) del va- 
lor que tenía para Brasil el dominio en disputa, como 
un bien, si fuera retenido, y, como perjuicio, si fuese 
abandonado. Sobre el primero de estos aspectos, yo no 
puedo pretender tal exacto conocimiento de los hechos 
como para dar una opinión muy autorizada; pero, lo 
que sé del asunto, es suficiente para permitirme decir, 
y aun creer, que el valor de la Banda Oriental y ciudad 
de Montevideo es para el emperador de poco volumen 
e importancia. 

La segunda cuestión es, en mi entender, más discutible. 
Bien se comprende que la posesión de la Banda Orien- 
tal, de Montevideo y del Plata, por otro estado, podría 
ser perjudicial para el Brasil; pero, bajo este aspecto, 
me parece que es necesario fijar mucho más la atención 
sobre el precio que le costará al Brasil y sobre los sacri- 
ficios que tendrá que hacer para evitar tal perjuicio que 
sobre la existencia, aisladamente considerada, de la di- 
ficultad en sí. 

Nadie, yo creo, puede sostener que la posesión de la 
Banda Oriental es necesaria para la seguridad del im- 
perio del Brasil, ni para su prosperidad comercial ; puede 
ser que fuera ventajosa para ambos, pero no les es ne- 
cesaria. Una ventaja, para los hombres razonables, no 
debe ser adquirida al mismo precio atribuible a lo que 
es esencial para la existencia de un estado. Pero, ¿cual 
es el precio que el Brasil tendrá que pagar por la Banda 
Oriental ? 



30 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Para contestar a esta pregunta, debo examinar qué 
interés cree tener el enemigo en impedir al Brasil pose- 
sionarse de ella y qué interés, directo, tiene en estar se- 
guro de que ningún poder, cualquiera sea, tenga medios 
de contralorear la política de esa provincia. Arroje, cual- 
quier hombre, el más rápido vistazo sobre el mapa y verá 
que el comercio de todo el antiguo virreinato de Buenos 
Aires y de todas las tierras vecinás, hasta las cordilleras, 
depende, completamente, para su salida al mar, de la 
libre navegación del Plata y que, cualquier poder adue- 
ñado de la Banda Oriental y de Montevideo, puede, 
cuando así lo quiera, cerrar o abrir a los otros el Río de 
la Plata. ¿Quién no está enterado de los activos estímu- 
los que ahora incitan a las empresas comerciales a través 
de todos los Estados Unidos de La Plata y las provincias 
del Alto Perú, etc. etc? Se ha abierto a esas poblaciones 
un nuevo mundo de aspiraciones, gustos y necesidades, 
cuya satisfacción depende del comercio del Plata. ¿Acaso 
hombres nacidos recién al goce de una nueva y mejor 
existencia, consentirán perderla, o sólo disfrutarla según 
el capricho de un rival? ¿Y cómo puede suponerse que 
exista en un estado republicano una autoridad oficial 
bastante fuerte como para obligar al pueblo a despren- 
derse de todos sus halagos individuales y a consentir, tam- 
bién, que se tronche y se paralice, para siempre, su as- 
piración a la riqueza y al poder y, en consecuencia, ma- 
lograrse para siempre? 

V. E. sabe, por lo menos tan bien como yo, que el go- 
bierno de Buenos Aires se ha mostrado ya sin fuerza 
para dominar la voluntad y las acciones de su pueblo, 
en asuntos mucho menos caros a su sentimiento que los 
intereses que ahora menciono; y seguramente Y. E. no 
confía en un contralor eficaz, aunque se intentara, en 
el oaso en cuestión; ni puede, V. E., yo creo, suponer 
posible qué pueda encontrarse algún gobierno en este 
país que ensaye, ni intente ensayar, el mantenimiento de 
la paz en semejante condición. 

Estoy convencido de que la guerra entre el Brasil y 
Buenos Aires será tan eterna como los deseos de riqueza, 
de poder, de fama, o de seguridad de esas vastas masas 
de hombres, desparramadas desde el océano hasta los 
Andes. Pienso que aunque la bandera imperial estu- 
viera flotando, triunfalmente, sobre la ciudad de Buenos 



LA MISIÓN PONSONBY 


31 


Aires, aún entonces, l>a guerra no habría adelantado mu- 
cho sobre lo ya hecho. 

Pero miremos un poco quienes están probablemente 
llamados a ser partes en esta guerra contra S. M. I. y 
con qué poder pueden actuar contra él. El pueblo de 
Buenos Aires está ya comprometido y él, indiscutible- 
mente, es secundado por la inmensa mayoría de los habi- 
tantes de la Banda Oriental, de donde son rechazadas, en 
este momento, por su propio esfuerzo, las tropas de S. 
M. I. ; y, en Montevideo, es sabido que los partidarios del 
Brasil constituyen una minoría. 

Los esfuerzos de Buenos Aires, tanto por tierra como 
por mar, recién han comenzado ; pero se afirma, particu- 
larmente, que pueden dar un gran impulso a esa fuerza; 
y recuérdese que es la característica de un gobierno re- 
publicano volverse más y más vigoroso, en proporción 
al peligro que presiona, a medida que el pueblo más se 
apasiona por la causa. Pero, para no referir más a Bue- 
nos Aires, permítaseme que solicite de Y. E. que torne 
la vista a Bolivia y a Bolívar mismo. ¿Puede V. E. du- 
dar sobre lo que le interesa a él hacer en este momento? 
Y. E. sabe que, en Enero último, más o menos, el go- 
bierno de Buenos Aires le envió una diputación, para pe- 
dirle su ayuda en la contienda y, ¿puede Y. E. dudar 
de que él accederá a tal pedido? El ya ha limpiado to- 
das las provincias de arriba de tropas españolas. Tiene 
un ejército victorioso para emplear. Es la verdadera ca- 
beza y, en cierto sentido, el alma de las repúblicas de 
América. Ya ha dado su opinión sobre el derecho de los 
beligerantes, y esa opinión es resueltamente hostil a los 
títulos invocados por el emperador. ¿Qué hay para re- 
frenarlo personalmente? No dudo de la excelencia de las 
tropas brasileras; tampoco de su fidelidad a su empera- 
dor ; tampoco del acierto civil y pericia militar de S. M. I., 
pero no puedo ignorar el número, el valor y la experien- 
cia de esas tropas que Bolívar puede lanzar contra él, ni 
las capacidades que este jefe ha demostrado tantas ve- 
ces y que, hasta ahora, le han permitido triunfar en toda 
contienda y sobre toda dificultad. Ni puedo dejar de ver 
que, en este caso particular, Bolívar cuenta con una in- 
mensa ventaja : tiene a su favor el celo y la cooperación 
de todos los espíritus turbulentos, que procuran su pro- 
pio beneficio mediante la caída de los gobiernos exis- 
tentes, para elevarse ellos ; y también tiene a todos aque- 



32 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


líos que, más honestamente, pero más ciegamente, buscan I 
la satisfacción de sus aspiraciones, por el establecimiento f 
de la forma republicana de gobierno. ¿No hay nadie así 1 
dentro de los límites del Brasil? ¿Bolívar .apelará a su 
ayuda, en vano? ¿Es, acaso, imposible que una, o más, 
de las provincias de S. M. 1. muestren síntomas de tales 
opiniones políticas y que fuercen el envío de tropas para 
mantener el orden allí? ¿Y aún el .afortunado cumpli- 
miento de ese deber, no expondría a S. JVí. I. al riesgo 
de debilitar su poder militar en el isitio y a la hora en 
que más lo necesita? Y. E. está al tanto de los actuales 
gastos exigidos por el ejército y la mairiiaia y sabe cuánto 
esa erogación afecta las entradas del emperador; debo, 
pues, repetir mi pregunta : ¿ a cuánto montará ese gasto, 
en el caso de una larga guerra? La marina de S. M. I. 
está bien equipada, pero demanda constantes repuestos 
y grandes erogaciones. ¿Puede esperarse que las fuentes 
de las cuales provienen los ingresos actuales no serán 
afectadas por la guerra y continuarán tan productivas 
como hasta ahora? Creo que tal esperanza no sería ra- 
zonable y, juzgando el futuro por el pasado, tengo mo- 
tivos para creer que una fuerte presión fácilmente po- 
dría ejercer el enemigo sobre los recursos pecunarios de 
S. M. I., cuya flota ha demostrado, en los hechos, que no 
obstante su eficiencia y su númiero, sólo es suficiente para 
mantener el bloqueo del Plata, pero incapaz de impedir 
la salida de los barcos; y, suponiendo que algún oficial 
intrépido se escapara del Río de la Plata e hiciera cru- 
cero frente a los puertos del imperio, interceptando su 
comercio, como fué el caso, hace algún tiempo, en Río 
de Janeiro, ¿qué daño no originaría ese solo barco ene- 
migo, antes de que fuera posible a S. M. I. enviar sobre 
él una fuerza más poderosa, pana proteger la extensión 
enorme de costas que configura el frente marítimo de 
su inmenso imperio? 

¿Puede el gobierno brasileño buscar en Europa los re- 
cursos para satisfacer sus necesidades pecunarias, me- 
diante un empréstito? Todos saben que el estado de co- 
sas en Francia, así como en Inglaterra, hace imposible 
imaginar tal socorro. ¿Puede el emperador lanzar sus 
ejércitos sobre países donde puedan mantenerse, o puede 
esperar un solo aliado con cuya activa ayuda le sea dado 
contar? ¿Quién es ese aliado? 



LA MISIÓN PONSONBY 


33 


He repetido mucho de lo que dije a Y. E. y más de 
]o suficiente para fatigar su paciencia; pero debo, tam- 
bién, reiterar algunas de las razones sobre las cuales 
fundé mi opinión de que este era el momento más pro- 
picio para que S. M. I. celebrara la paz, y que la demora 
sólo acrecerá la probabilidad de dificultades mayores, 
primero, dándole tiempo a Bolívar para madurar sus pla- 
nes, luego, dándole tiempo a Buenos Aires para deman- 
dar la ingerencia del congreso de Panamá, donde el asun- 
to sería discutido, sin anuencia de ,S. M. I. y a despe- 
cho de sus protestas; y, si se discutiera, sería lo más 
probable — creo — que fallaran jueces todos contra- 
rios a la causa de S. M. I., cuya decisión, si desfavora- 
ble, traerá, como consecuencia, un recrudecimiento de 
la opinión pública contra el Brasil y, posiblemente, la 
formación de una liga, contra S. M. I., de todos los es- 
tados de Sud América representados en ese congreso. 
Por que hay que observar que este asunto puede muy 
fácilmente transformarse en una querella, no sólo entre 
el Brasil y la Plata, sino entre las Américas española 
y portuguesa. Es fácil darle el. aspecto de un conflicto, 
que incluya la única base sobre la cualquiera de los 
nuevos estados funda sus derechos territoriales, porque 
esos derecos deben, todos , ser fijados considerando los 
posesorios gozados por la madre patria ; y, en el caso, hay, 
además de los viejos límites geográficos de los estados, 
una diferencia derivada del lenguaje, que debe pesar 
mucho, aún en el pensamiento de quienes no se cuentan 
entre los más irreflexivos políticos de la América del Sur. 
Digo, por tanto, que demorar la paz es, en realidad, per- 
der y no ganar una ventaja. 

De nuevo a lo que reñere al honor de S. M. I. Se dice 
que el honor de S. M. I. lo obliga a la prosecución del 
fin que se ha propuesto alcanzar; es decir, el someti- 
miento de los rebeldes a su autoridad legítima. Segura- 
mente S. M. I. está demasiado elevado, por su propio va- 
ler y por lo que ha hecho en las más nobles empresas hu- 
manas, para ser afectado en su honor por el trivial con- 
cepto de mantener, o ño mantener, determinado acto 
político, al que está comprometido por obligaciones mo- 
rales. La reputación de sabiduría de S. M. I. sufriría, 
sin embargo, desmedro, si tal insistencia en mantener 
un acto político mostrara haber sido imprudente y pro- 
bara ser perjudicial a sus intereses y a los intereses de 

s-n 



34 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


su imperio; o si una larga guerra, onerosa y peligrosa, 
consecuencia de ese acto político, desviara (como suce- 
dería) la atención del emperador del perfeccionamiento 
de las instituciones políticas que ha creado y que engen- 
drarían, rápidamente, el poder y la prosperidad de sus 
dominios, si se las dejara madurar, sin perturbarías. Fru- 
tos que darían a S. M. I. un renombre muy superior a 
la gloria de los más grandes conquistadores. Pero, des- 
cendiendo de este elevado plano — en el cual S. M. I. 
puede estar bien, por las grandes cosas que ya ha he- 
cho, — y encarando la cuestión de honor como si consis- 
tiera sólo en perseverar en la guerra en la Banda Orien- 
tal, permítaseme preguntar ¿en qué condición quedaría 
ese honor, si las armas de S. M. I. sufrieran reveses, lo 
que debe reconocerse que es posible? ¿En caso de nece- 
sidad, se rehusaría S. M. I. a ceder de sus puntos de 
vista, a fin de preservar a sus súbditos y a su imperio 
de cualquier mal mayor que pudiera originarse? Cierta- 
mente, no. De lo que se desprende que, si el honor con- 
siste en eso, S. M. I. se colocará en una situación en que 
piiede verse obligado a sacrificar ese honor, tan querido 
para él. Pero es difícil comprender cómo puede soste- 
nerse que el honor se perdería por el abandono de Mon- 
tevideo en el momento actual. S. M. I. tiene, ahora, ase- 
gurado el dominio de aquella fortaleza, y ninguna fuerza 
la ataca, ni obliga a abandonarla por exigencia de una ne- 
cesidad militar; si S. M. I. determinara, ahora, dejarla, 
el mundo consideraría su decisión como tomada después 
de una madura consideración de los intereses políticos 
de su imperio y de acuerdo con los deseos encarecida- 
mente expresados por el más viejo y más fiel aliado de 
S. M. I., en homenaje a la paz general de América y a 
su venidera prosperidad. 

Demore, en cambio, su decisión y, ¿quién puede ase- 
gurar que un gran conjunto de fuerzas no amenace, por 
lo menos, los dominios de S. M. I? ¿Podrá, entonces, es- 
cuchar proposiciones de paz, tan libre de sentimientos 
desagradables como puede hacerlo en el momento actual? 

¿ Quién supondrá que, cuando sus enemigos hayan per- 
feccionado sus medios de agresión, cuando hayan, a costa 
de un gasto enorme, traído a su vecindad la masa de sus 
fuerzas, consentirán en tratar con él en condiciones que 
no sean infinitamente menos buenas y honorables que las 
que tan fácilmente pueden ahora obtenerse? 



LA MISIÓN PONSONBY 


35 


V. E., como dije anteriormente, hace justicia a la pu- 
reza de mis intenciones, las cuales suscitan en mí un 
deseo tan vivo de ver terminadas las hostilidades. V. E. 
sabe que mi gobierno no alienta otro interés que el que 
descansa sobre la prosperidad del Brasil y América, en 
general, de mantener la paz entre sus varias naciones y 
asegurar su rápido ascenso hacia su bienestar. 

Los sentimientos de mi gobierno son muy decididos 
por la ventura de la casa de Braganza, aliada de Ingla- 
terra en épocas pasadas ; pero él honor, en su verdadero 
sentido, la justicia y la discreción, imponen al rey, mi se- 
ñor, mantener, en cualquier circunstancia, la más estricta 
neutralidad, si la guerra, desgraciadamente, continuase. 

Ningún hecho, sin embargo, por desastroso que pueda 
resultar en el curso de las hostilidades, a uno de los beli- 
gerantes. inducirá a S. M. a prestar la menor ayuda a 
cualquiera de ellos. 

Es incierto, como tuve el honor ya de asegurarlo a 
V. E., que Inglaterra procure la adquisición de terri- 
torio. Rehusaría, perentoria e instantáneamente, tal ofer- 
ta, si le fuera hecha por alguna de las partes. 

Ella no consentirá en tomar la más pequeña partici- 
pación en cualquier proyecto, presente o futuro, que ten- 
ga tal objeto como fin. El rey, mi señor, al consentir 
que su gobierno sirviese de intermediario para trasmitir 
una proposición de negociaciones de paz al gobierno del 
Brasil, ha demostrado el interés amistoso que toma en 
el bien de este país, y cualquier hombre de sano juicio 
debe ver y comprender que la intervención de tal mo- 
narca es asunto de muy seria importancia. Mi gobierno 
ha sometido al gobierno del Brasil las proposiciones he- 
chas por el gobierno de las Provincias Unidas de la Plata, 
porque lo juzga apropiado para producir un resultado 
feliz para ambas partes. Mi gobierno ha sugerido otra 
base, posible, sobre la cual podrían fundarse negocia- 
ciones, y ha expresado, ademJás, la esperanza de que el 
gobierno brasileño hará alguna propuesta para iniciar 
oberturas de paz, si la ofrecida, en nombre de las Pro- 
vincias Unidas de La Plata, y las sugeridas por mi go- 
bierno, no fueran ¡satisfactorias al gobierno de S. M. I., 
y S. M. el rey, mi señor, me ha ordenado ser el portador 
de tales proposiciones del Brasil al gobierno de las Pro- 
vincias Unidas de la Plata ; pero es innecesario decir que 
las bases que lleve de aquí a Buenos Aires un ministro 



36 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


de S. M. el rey de la Gran Bretaña, en su nombre y por 
su orden, deben ser tales que tengan probabilidad de pro- 
ducir algún resultado pacífico ; no deben, pues, ser me- 
ras palabras o un obvio recurso para eludir los mani- 
fiestos deseos de un aliado tan allegado y de un monarca 
tan poderoso. 

Mencioné a V. E., en nuestra conversación, con la 
franqueza a que es acreedor, los temores que yo tenía, de 
que la base que Y. E. me enunció como la que el gobierno 
brasileño deseaba que yo llevase a Buenos Aires y sobre 
la cual quería comenzar negociaciones de paz, era de tal 
naturaleza que no podía pensarse, de ninguna manera, 
que tuviera la menor probabilidad de éxito, y que yo mis- 
mo dudaba si me sería posible, dentro de mis instruc- 
ciones, consentir en ser su portador. Que no solamente 
la creía ineficaz, sino, tan evidentemente ineficaz, que 
era más a propósito para aumentar, en Buenos Aires, la 
irritación que para conducir a la restauración de senti- 
mientos amistosos. Se propone, como base de pacificación, 
“que el Brasil quedará en posesión de todo lo que 
disputa y, en cambio, reconocerá al gobierno de La 
Plata”, cuando es perfectamente bien sabido, por todo 
el mundo tanto como por La Plata, que el Brasil ha re- 
conocido ya al susodicho gobierno de La Plata. 

¿ Puede negar Y. E. que tal proposición tiene la apa- 
riencia de una insignificancia? Estoy cierto de que su 
gobierno no creerá que S. M. el rey de la Gran Bretaña 
se halla dispuesto a ser intermediario de una propuesta 
que no sea la más seria, bien ¡pesada y decorosa, digna 
de ser trasmitida a un estado soberano, amigo y aliado de 
S. M. Exteriorizo a V. E., sobre este punto, sólo mis sen- 
timientos actuales, en toda la confidencia de la corres- 
pondencia privada, reservando, para una exposición ofi- 
cial y definitiva, mi opinión y decisión sobre este asunto, 
hasta después de haber recibido de Y. E., de acuerdo con 
su promesa, el texto, preciso y oficial, de las proposicio- 
nes que el gobierno de S. M. I. considere apropiadas para 
ser presentadas por un ministro de .S. M. I. al gobierno de- 
La Plata, de parte de S. M. I. el emperador del Brasil. 

Tendría muchas excusas que presentar a V. E. por la 
extensión de esta carta, si ella no hubiere sido escrita 
por el propio pedido de V. E. y en cumplimiento de mi 
deber, tanto como a impulso de los sentimientos que me 
animan de no dejar nada sin hacer, dentro del alcance 



LA MISIÓN PONSONBY 


37 


de mis débiles facultades, por la realización de los bené- 
ficos anhelos de mi augusto rey y señor por la perpetua 
prosperidad de la casa de Braganza y del imperio del 
Brasil. 

Tengo el honor de ser, con gran verdad y con la más 
alta consideración, de V. E. el más humilde y obediente 
servidor. — (firmado') John Ponsoriby. 


PONSONBY A CANNING 

Río de Janeiro, Junio 5 de 1826. — Excmo. señor: 
El l.° de Junio tuve una conferencia con el vizconde de 
Inhambupe, a su pedido, en la que me informó que 
S. M. I., habiendo tomado en consideración la proposi- 
ción del gobierno de Buenos Aires, de la cual era yo por- 
tador, y la sugestión formulada de erigir a la Banda 
Oriental, con Montevideo por capital, en estado inde- 
pendiente, — había decidido rechazar la primera y no 
adoptar la segunda; pero que, en conformidad con los 
anhelos de S. M. B. el gobierno de S. M. I. había pre- 
parado una proposición propia, que deseaba que yo 
trasmitiera al gobierno de Buenos Aires, como base para 
fundar negociaciones de paz. 

La propuesta fué hecha en los siguientes términos (los 
tomé por escrito de boca del ministro y luego se los leí, 
a fin de asegurarme de su perfecta exactitud; la redac- 
ción francesa es del vizconde) : “Sa majesté imperiale 
reconnait la Banda Oriéntale comme partie intégrante 
de son empire, et S. M. I. reconnaitra da Confedération 
des Etats Unis de la Plata”. 

Expresé, en los términos más suaves, mi sorpresa por 
la anterior propuesta y le señalé a S. E. la imposibilidad 
de que ella llevara a un arreglo amistoso; y le insinué, 
ligeramente, mi duda de que yo pudiera ser su portador. 
Entonces, dirigí el comentario a una renovación de nues- 
tra última discusión sobre los intereses políticos del em- 
perador y del imperio, afectados, como están, por la gue- 
rra y amenazados por los peligros que pueden derivarse, 
si ella continuara. 

Reforcé mis anteriores argumentos, y el vizconde, por 
su parte, insistió sobre el derecho, reivindicado por el 
emperador, a da Banda Oriental y a Montevideo, en vir- 
tud de la voluntaria sumisión de los habitantes a su au- 



38 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


toriidad. El vizconde también habló, con palabras vigoro- 
sas, de la lesión a su honor que implicaría para el em- 
perador la entrega del territorio ahora ocupado por sus 
ejércitos. La conversación, en resumen, fué casi la misma 
que aquella cuyo extracto envié en mi despacho n.° 2, 
hasta que el ministro insinuó, más bien que dijo, que po- 
día ser posible que se sospechara que Inglaterra deseaba 
obtener posiciones territoriales en Sud América. 

Sabiendo que este tópico había sido motivo de conver- 
sación (así como otro a que inmediatamente me referiré) 
en los círculos de la corte, me felicité de encontrar la 
oportunidad de contestar a esto, lo que hice casi en los 
términos que serán encontrados en el despacho adjunto, 
n.° 1. El otro punto, que también había sido y es to- 
davía tema favorito entre las personas allegadas a la corte, 
y que el vizconde insinuó, es la probabilidad de que In- 
glaterra ayudaría al emperador, si sus asuntos seriamente 
exigieran auxilio contra ataques, etc. Mi respuesta a esta 
presunción, también está contenida en la carta mencio- 
nada (anexo n.° 1), a la que me permito referir. 

Es necesario que dé las razones que tuve para escri- 
bir esa carta, a que he aludido. En primer lugar, el viz- 
conde Inhambupe deseaba que yo resumiera la esencia 
de lo que le había dicho en mis varias conversaciones con 
él, y, como yo suponía que así lo deseaba, a fin de mos- 
trarla al emperador, sin riesgo de incurrir en el resen- 
timiento de su señor, y como yo sabía que el emperador 
mismo dirigía todos los asuntos, me alegré de que el co- 
nociera lo que podía decirse sobre el estado de cosas, en 
oposición a las opiniones acariciadas por él. 

El estilo de mi carta lo adopté considerando algunas 
peculiaridades de la idiosincracia de S. M. I. y su gran 
extensión resultó del deseo de ser claro. 

Tengo el honor de saludar ,a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning. etc., etc., etc. 


INHAMBUPE A PONSONBY 

Río de Janeiro, Junio 10 de 1826. — A S. E. lord 
John Ponsonby. — Excmo. señor: He leído, con la más 
seria atención, la carta que Y. E. me dirigió el cuatro de 
este mes, después de nuestra primera y segunda confe- 



LA MISIÓN PONSONBY 


39 


rendía, en La cual V. E., confidencialmente, me expone 
los motivos que debían inducirnos a, abandonar la pro- 
vincia Cisplatina, con el propósito de poner fin al estadio 
de guerra en que infortunadamente estamos con el go- 
bierno» de Buenos Aires. 

Si esta proposición no fuera hecha por lord Ponsonby 
y no emanara del gabinete de la Gran Bretaña, cierta- 
mente yo, en cumplimiento de las órdenes de S. M. el 
emperador, mi señor, me limitaría a contestar simple y 
negativamente, in limine, a 'la pretensión de Buenos Ai- 
res; pero, tratándose de lord Ponsonby, quien, por su 
talento, cualidades y el carácter que inviste, merece mis 
respetos y consideración, y siendo Y. E. el represen- 
tante de la nación británica, es requisito que yo cumpla 
un deber que la gratitud y amistad me imponen, por los 
buenos oficios puestos de manifiesto en favor de la pros- 
peridad del Brasil. 

Y. E., fundando sus argumentos en razones de mera 
utilidad, demuestra que nosotros deberíamos abandonar 
la Banda Oriental del Río de la Plata, recibiendo una 
indemnización proporcionada a nuestras pérdidas, de- 
jando de lado, por consecuencia, los principios indiscuti- 
bles de derecho que hacen nuestra posesión legítima ; este 
asunto, se resolvería como un simple caso de hecho, que 
no podría existir si no tuviera á la justicia como base. 

Reconozco el sentimiento de imparcialidad por el cual 
Y. E. se regula en conformidad con el espíritu de su mi- 
sión, como ministro mediador, especialmente deseoso de 
obtener -la paz y armonía que necesitan el pueblo del 
Brasil y el de las Provincias Unidas del Río de la Plata ; 
tampoco tengo la menor duda respecto a los buenos de- 
seos y disposiciones favorables que mueven a S. M. B. a 
tratar de terminar el conflicto de Montevideo, no teniendo 
otro interés sino el de ver restablecida la buena inteli- 
gencia entre los dos gobiernos y preocupado, solamente, 
de fomentar su estabilidad y bienestar. 

Cuando S. M. I., apremiado por las circunstancias, se 
vió forzado, violentamente, a oponerse a la perfidia con 
que Buenos Aires, bajo apariencia amistosa, trató de le- 
vantar en la Banda Oriental el estandarte de la rebelión, 
sostenido por aventureros pagos, ordenó que se hicieran 
solemnemente públicas, en un manifiesto, 'las razones en 
que fundaba sus procederes guerreros, a fin de alejar 
toda idea de que él sacrificaba la sangre de sus súbditos a 



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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


un mero capricho y de establecer que estaba haciendo una 
guerra defensiva, únicamente, para repeler la traición y 
maquinaciones urdidas contra el Brasil. Yo podría enviar 
a V, B. una copia de ese documento oficial, si Y. E. no 
me hubiera asegurado que tenía conocimiento de su con- 
tenido. 

Dejando de lado, por lo tanto, como Y. E. lo desea, 
la cuestión de derecho, incuestionablemente favorable al 
imperio, porque ella es más propia para que la discutan 
los beligerantes y no los mediadores, dejo, por un mo- 
mento, esta arma tan poderosa, para encarar, franca- 
mente, el aspecto del interés, que V. E. señala, en cada 
uno de los dos casos de retención o de abandono de la 
provincia Cisplatina, de modo que Y. E., mejor ente- 
rado de nuestros motivos, pueda intervenir, con com- 
pleto conocimiento del caso, en el debate de los que 
sostienen la disputa, cuyo arreglo amistoso ha sido dig- 
namente confiado a Y. E. 

Es, también, con el mapa general de Sud América en j 
la mano, que yo preguntaría, no sólo a un mediador bien 
intencionado, sino a todos los poderes imparciales del 
globo : ¿ A quién es más necesaria la posesión de la pro- 
vincia 'Cisplatina, al Brasil, llamado a ella por su confi- 
guración geográfica y por los límites naturales del Pa- 
raguay y del Río de la Plata, o a las provincias que la 
naturaleza ha ubicado más allá de esos ríos? 

¿ Es posible, yo preguntaría, que al Brasil, contra quien 
la democracia del Río de la Plata ha declarado injusta- 
mente una interminable guerra de principios, pueda vi- 
vir en paz y en la seguridad de su sistema monárquico, 
teniendo tan cerca de sí, sin ninguna separación, a los 
incendiarios de la federación, sin que fuera suficiente 
el más extenso y costoso cordón sanitario para evitar la 
infección que sus malas costumbres sembrarían en el pue- 
blo brasileño? 

¿Qué poder sobre la tierra tomaría para sí la abru- 
madora tarea (empenho) de preservarnos de los morta- 
les golpes que recibiríamos, todos los días, de las oscuras 
y tenebrosas maquinaciones de los desorganizadores de 
las Provincias Unidas, en combinación con las facciones 
y con los descontentos de Brasil ? 

¿Quién respondería, con buena fe, por los robos, dia- 
rios, por las depredaciones de toda clase, que tan fácil- 
mente practicarían esos pueblos, dados y acostumbrados 




LA MISIÓN FONSONBY 


41 


a la rapiña por una larga serio de crímenes, cometidos 
con impunidad durante el libertinaje revolucionario, 
cuando les es imposible curarse de este feo vicio, que se 
ha identificado con su existencia y con la desenfrenada 
ambición de su invencible haraganería? 

¿Cómo cubrir la frontera de Río Grande de San Pe- 
dro del Sur, expuesta, por todas partes, al robo de ga- 
nado, su principal riqueza, al fomento del contrabando, 
a una repentina invasión o a una guerra subrepticia, 
como la que Buenos Aires empezó y está haciendo contra 
el Brasil? Agréguese a todas estas consideraciones la 
reconocida impotencia ]<Jel gobierno de Buenos Aires 
(que es el general de las provincias) para .enfrentar y 
mantener disciplinados, por el temor a la ley y a la 
justicia, a sus inquietos gobernados, y dígase, entonces, 
si nos está permitido, sin renunciar al sentido común, 
o sin un completo abandono de nuestros intereses, con- 
sentir que tales hombres, tales gobiernos y tales princi- 
pios tengan poder, posean dominio y presidan los des- 
tinos de Montevideo. 

Buenos Aires y sus asociados no están, ciertamente, en 
el mismo caso. Ellos saben que el Brasil es un imperio 
constituido, reconocido por los gobiernos civilizados, cuya 
conducta tiene por base la justicia, la moralidad y el 
exacto cumplimiento de las leyes. 

Esta inicua pretensión, este insaciable deseo de apro- 
piarse del trabajo de otros hombres (suor alheio), des- 
pués de haber aniquilado, por la devastación, por el des- 
orden y por el despilfarro, el más rico patrimonio, des- 
pués de haber declarado la más vergonzosa bancarrota; 
ese ardiente deseo de mejorar su infortunada condición 
a expensas de sus vecinos, empleando con este fin la trai- 
ción, siempre odiosa, la inhábil seducción y la más baja 
y atroz sedición y anarquía — aún más que la alegada 
necesidad de puerto y el furtivo temor de ser privados, en 
el futuro, de la libre navegación del Río de la Plata, — 
es lo que lanza a Buenos Aires y a sus aliados a la im- 
pía y ruinosa guerra que sostienen contra este imperio. 

¿No sería más obvio sugerir la idea de establecer al- 
guna garantía que acallara sus temores imaginarios ? Tal 
debiera haber sido, ciertamente, su conducta, si ellos hu- 
bieran procedido con la buena fe que tanto les falta. 

No son las razones alegadas por las provincias argen- 
tinas menos especiosas, en cuanto a sus presunciones de 



42 


LUIS ALBERTO. DE HERRERA 


que el comercio del Perú y de 'Chile pueda sufrir por la 
incorporación de la provincia Cisplatina al imperio, desde 
que todos estos supuestos inconvenientes desaparecen por 
la libertad de los puertos de la Banda Oriental, que el 
gobierno de S. M. I. ha ofrecido ; desde que todo el mun- 
do sabe que por ninguna parte de la provincia de Mon- 
tevideo pasa, o puede probablemente pasar, ninguna ope- 
ración comercial de Buenos Aires o de las provincias in- 
teriores; desde que es indudable que los diversos intere- 
ses conectados, de Perú y Chile, prefieren la mayor faci- 
lidad que la navegación por el cabo de Hornos ofrece a 
su comercio, haciéndoles elegir esa ruta mercantil ; desde 
que, finalmente, se sabe, por larga experiencia y la exis- 
tencia política del antiguo virreinato bajo el sistema colo- 
nial, que la provincia de Montevideo, absolutamente in- 
dependiente de sus supuestas hermanas, por la exce 1 encía 
dé sus puertos, la fertilidad de su suelo y la riqueza de 
sus producciones, es solamente deseada por Buenos Ai- 
res para someterla, otra vez, al sistema de expoliación 
que la antigua metrópoli constantemente ejerció sobre esa 
infortunada provincia. 

Veo, con dolor del corazón, que la titulada federación 
del Río de la Plata ha conseguido contagiar a V. E. los 
temores que se revelan a través del cordial interés que 
Y. E. muestra por la suerte futura de Brasil. Desgra- 
ciadamente para Buenos Aires y sus aliados del Río de 
la Plata, el gobierno imperial no les ha concedido a esos 
amagos la importancia que, quizás, se les ha atribuido 
en otras partes. 

Sinceramente reconozco que, de todos los males que tal 
probabilidad puede traernos, una guerra de cábala y per- 
fidia es el único digno de atención ; pero el gobierno im- 
perial, que conoce el secreto de su intriga y que sabe man- 
tener la dignidad de su propia conducta, dará, siempre 
que sea provocado en tal sentido, a sus enemigos externos 
e internos, una lección para siempre aplastante. 

Pero, aunque los peligros fueran tan reales e inevi- 
tables como V. E. prevé, el emperador, mi señor, en la 
prosecución de la guerra con Buenos Aires, antes de per- 
mitir que se desmembrara del Brasil una provincia le- 
gálmente incorporada, o de infringir la constitución ju- 
rada, que la reconoce como parte integrante del territo- 
rio brasileño, sacrificaría, con su propia vida, la del úl- 
timo de sus soldados, prefiriendo salvar el honor nació- 



LA MISIÓN PONSONBY 


43 


nal antes que aceptar un pacto que, ni aun aparentemente, 
lo lesionara. 

En tal concepto y, dada la absoluta necesidad en que 
nos encontramos de retener in perpetuum la provincia de 
Montevideo, y de no cederla, ni aún en la más pequeña 
parte, repito a V. E. las mismas ofertas que han sido he- 
chas ya para obtener la deseada pacificación, con las am- 
pliaciones contenidas en la propuesta que someto a la 
meditación de Y. E. y que es la siguiente: “Que no 
siendo admisible la base ofrecida por Buenos Aires, so- 
bre cesión, por nuestra parte, de la Banda Oriental del 
Río de la Plata, en nuestro poder, con una indemnización 
agregada, por pérdidas, S. M. el emperador, deseoso de 
poner término a esta contienda, en beneficio común, y 
apreciando, sobre manera, 'la mediación de la Bran Bre- 
taña en asunto de tanta trascendencia, me autoriza a de- 
cir a Y. E. que la base de paz es que Buenos Aires re- 
conozca, simple e ilimitadamente, la incorporación del es- 
tado Cisplatino al Brasil, como parte de este imperio ; y, 
en compensación, Montevideo será declarado puerto li- 
bre para todas las naciones. Además de esto, su puerto 
será un abrigo para los buques de Buenos Aires, sin pa- 
gar ningún derecho y, sobre esta base, se hará un tratado 
de paz, comercio y navegación, conteniendo las estipula- 
ciones y acuerdos que sean útiles a ambos estados”. Me 
consideraría muy afortunado si esta correspondencia pro- 
dujera el deseado efecto y si Y . E., en bien de la humani- 
dad y de estas nuevas naciones, obtuviera, por su me- 
diación, un resultado feliz, que pusiera fin a la guerra y 
restableciera la deseada paz, con gran gloria para Y. E. 
mismo y para la generosa nación británica. 

Tengo el honor de reiterarme, con la mayor estima y la 
más alta consideración, atento y fiel servidor de Y. E. — 
— (Firmado) Vizconde de Inhambupe. 


PONSONBY A INHAMBUPE 

(Confidencial). — Río de Janeiro, junio 12 de 1826. — 
Excmo. señor: Tengo el honor de acusar recibo de la 
carta de V. E., de 10 del corriente, en contestación a la 
que tuve el honor de dirigirle el 4 de este mes. 

Me permito expresar a V. E. mi alto aprecio por los 
favorables sentimientos, hacia mí, que me hace el honor 



44 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


de manifestar, aprovechando la oportunidad para repe- 
tir, con entera verdad, que estoy y he estado calurosa- 
mente animado por el deseo de ver la paz restablecida, a 
fin de que la prosperidad y la felicidad del emperador y 
del imperio del Brasil sean su consecuencia. 

Quizá fuera impropio que yo reiterara las razones con 
que he tratado ya, sin éxito, de persuadir a Y. E. del 
acierto de los pasos conducentes a obtener (antes de que 
sobrevengan mayores perjuicios) el cese de las hostilida- 
des, tan deploradas por mi gobierno, como las que ahora 
desgraciadamente existen ; pero debo tomarme 'la libertad 
de confesar el profundo dolor que siento al no encontrar 
en la proposición de la que S. M. I. me hace el honor de 
hacerme portador ante los Estados Unidos de la Plata, 
nada que pueda, probablemente, llevar a una sólida paci- 
ficación. 

Y. E. puede, sin embargo, quedar completamente se- 
guro de que no ahorraré ningún esfuerzo para promo- 
ver cualquier proyecto que tenga por objeto la restaura- 
ción de la paz, en condiciones justas, beneficiosas y hono- 
rables. Tengo órdenes de S. M. el rey, mi señor, de 
hacerlo así, y mis propios anhelos, como hombre pri- 
vado, coinciden, enteramente, con mi deber como súb- 
dito y servidor del gran rey a quien sirvo. 

Pido a Y. E. que me trasmita la proposición que S. M. I. 
ha determinado confiarme, en forma que yo pueda ha- 
cerla conocer auténticamente en Buenos Aires, separada 
de la carta privada y confidencial de cuyo contenido sólo 
yo estoy en posesión. 

Estoy informado de que S. M. I. el emperador ha sa- 
lido de la ciudad. Por lo tanto, diferiré mi partida hasta 
la vuelta de S. M. I., en la esperanza de que S. M. I. se 
sirva permitirme tener el honor de aproximarme a su 
imperial persona para despedirme. 

He evitado molestar a Y. E. . con una comunicación ofi- 
cial, en el deseo de ahorrar su tiempo, tan valioso para 
el servicio de su país, y feliz también de acreditar, aún 
en un detalle, mi anhelo de hacer todo lo posible para ser 
personalmente agradable a V. E. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc. — (fir- 
mado) John Ponsonby. 

A S. E. el vizconde de Inhambupe, etc., etc., etc. 



LA MISIÓN PONSONBY 


45 


PONSONBY A CANNING 

Río de Janeiro, Junio 13 de 1826. — Excmo. señor : 
Tengo el honor de incluir la contestación del vizconde de 
Inhambupe a mi carta del4 del corriente. 

En ella está contenida la proposición que el gobierno 
brasileño ha resuelto enviar al gobierno de La Plata. 
Creo que es suficientemente distinta de lo que fué — en 
estilo y por las adiciones hechas — como para autorizar- 
me a ser su portador y que puede ser ventajoso para la 
paz hacer, por lo menos, alguna obertura. 

No ha habido ninguna idea de acercamiento que pueda 
llevar a un arreglo, ni siquiera me ha sido insinuada por 
ninguna autoridad; pero entiendo que todo el consejo 
aprobó virtualmente el principio de la paz, cuando fué 
tomada en consideración mi carta del 4, y que sólo el 
emperador lo rechazó, declarando, con gran violencia, 
que está resuelto a no renunciar, nunca, a nada, etc. 

He creído oportuno demorar mi partida, a fin de des- 
pedirme de S. M. I., a su vuelta de su palacio de campo ; 
y, previamente a mi partida, manifestaré por escrito al 
ministro brasileño que la Gran Bretaña observará, du- 
rante esta desgraciada guerra, una escrupulosa neutrali- 
dad, confiando que los reconocidos derechos de guerra 
no serán llevados, por ninguno de 'los beligerantes, más 
allá de los límites prescritos por la ley de las naciones. 

Espero no incurrir en error si, bajo mi responsabilidad, 
reservo, por el momento, el contenido del siguiente pá- 
rrafo de mis instrucciones n.° 3, donde se me ordena de- 
clarar: “Que, aunque escrupulosamente neutral en su 
conducta, la simpatía del gobierno británico no puede de- 
jar de pronunciarse en favor de aquel beligerante que 
haya mostrado da más pronta disposición para traer la 
querella a una solución amistosa”. 

E ! 1 gobierno brasileño, al formular una proposición, de 
la cual puedo consentir ser el portador (aunque, en sí 
misma, casi fútil), ha llenado, tal vez, aquella condición, 
cuyo no cumplimiento habría exigido la declaración arri- 
ba mencionada, y mi actual concepto de las cosas, aquí, 
me inclina a pensar que es mejor, en todo sentido, de- 
jarlas marchar, por el momento, estando siempre en tiem- 
po de articular aquella declaración. 




46 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Más adelante, expresaré que estaré pronto para ser, si 
el gobierno brasileño lo deseare, solícito y celoso emisa- 
rio de cualquier propuesta, de carácter pacífico, que el 
emperador pueda creer del caso trasmitir, por mi inter- 
medio, al gobierno de Buenos Aires. 

Aprovecharé la primera oportunidad para ponerme en 
comunicación con el señor Dawkins, en Panamá. Ninguna 
se me ha ofrecido aún. 

Envío mis despachos por H. M. S. “Briton”, y tendré 
el honor de escribir nuevamente a V. E. por el paquete 
brasilero, que saldrá el domingo, 19 del corriente. 

Tengo él honor de ser, con gran verdad y consideración, 
señor, su más obediente y humilde servidor. — (firmado) 
John Ponsonby. 

A S. El. George Canning, etc., etc., etc. 


LA PROPOSICION 

Los Estados Unidos de la Plata reconocerán, simple e 
ilimitadamente, la incorporación del estado CispLatino 
al Brasil, como provincia del imperio, y, en compensa- 
ción, Montevideo será declarado puerto libre para todas 
las naciones, y, además de ésto, de abrigo para los bu- 
ques de Buenos Aires, sin que paguen ningún derecho. 

Sobre esta base, se concertará un tratado de paz, co- 
mercio y navegación, con ¿as estipulaciones y acuerdos 
que convengan ambas partes. 

INHAMBUPE A PONSONBY 

Palacio de Río de Janeiro, Junio 15 de 1826. — Excmo. 
señor: Pie puesto en conocimiento de S. M. el empera- 
dor, mi señor, la proposición que V. E. ha hecho, como 
mediador entre el imperio del Brasil y el gobierno de 
Buenos Aires, a fin de alcanzar la deseada paz entre los 
dos estados; es decir, que la provincia Cisplatina sería 
separada del imperio, para ser incorporada a las Pro- 
vincias Unidas del Río de la Plata, y que el gobierno 
de Buenos Aires daría una indemnización pecuniaria al 
gobierno brasileño. 

S. M. I., aunque reconoce en este acto una prueba más 
del interés que S. M. B. pone en la prosperidad del im- 
perio, no-cree, en conjunto, aceptables dichas proposicio- 
nes. 



LA MISIÓN PONSONBY 


47 


El mismo augusto señor, deseoso sin embargo de pro- 
bar, por su parte, cuanto anhela poner término a las ca- 
lamidades de una guerra, de la cual sólo pueden resultar 
los más graves daños a los dos países, provocada muy 
en contra de sus generosos sentimientos ,de moderación 
y relación amistosa con todos sus vecinos, me ha orde- 
nado ofrecer a Y. E. otra proposición de paz: “Que 
Buenos Aires reconozca, simple e ilimitadamente, la 
incorporación del estado Cisplatino al Brasil, como pro- 
vincia del imperio, y, en compensación, Montevideo 
será declarado puerto libre para todas las naciones, y, 
además, de abrigo para los buques de Buenos Aires, sin 
que paguen ningún derecho; y, sobre esta base, será con- 
certado*un tratado de paz, comercio y navegación que 
contenga las estipulaciones y acuerdos que convengan 
ambas partes”. 

Al cumplir las órdenes del emperador, mi señor, me 
considero feliz de tener esta oportunidad de ofrecer 
a Y. E. las protestas de mi verdadera estima y muy alta 
consideración. Dios guarde a V. E. — (firmado) Viz- 
conde de Inhambupe. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 


PONSONBY A CANNING 

Río de Janeiro, Junio 18 de 1826. — Excmo. señor: 
Aún no he podido obtener del gobierno brasileño el texto 
de la proposición que acepté llevar a Buenos Aires, des- 
ligadla de otro asunto y redactada en términos apropiados, 
por separado. 

Tengo el honor de incluir un impreso, recién publi- 
cado aquí, que, se dice, es de origen oficial. Por lo tanto, 
se puede considerar como la versión que divulgan para 
que aparezca su opinión sobre los asuntos con La Plata, 
etc., etc. 

Yo no comprendo bastante el portugués para preten- 
der juzgarlo; pero creo que son meras zonceras y zon- 
ceras viejas, también. 

Tengo el honor de saludar a Y. E.„ etc., etc. — (fir- 
mado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

( El anexo a que se refiere, coms : ste en ocho páginas im- 
presas, en portugués, tituladas : ‘ ‘ Recordarán dos dáreitos 
do Imperio do Brasil á Provincia Cisplatina ”. ) 



48 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


PONSONBY A INHAMBUPE 

Río de Janeiro, Junio 25 de 1826. — Ecxmo. señor: En 
la conversación que días atrás tuve el honor de mante- 
ner con Y. E., traté de expresar, con renovada energía, 
el sincero anhelo con que mi gobierno desea ver alguna 
exteriorización de aspiraciones pacíficas en los consejos 
del gobierno brasileño, y señalé, con la amplitud que el 
claro entendimiento de V. E. y buena fe en los negocios 
me autorizan a usar, cuan desprovista está de tal espí- 
ritu la respuesta que d gobierno de S. M. I. ha dado a 
la proposición del gobierno de La Plata. 

Yo referí entonces, y refiero, ahora, no a los Comen- 
tarios o razonamientos que figuran en la réplica misma. 

Pido, ahora, permiso para tomarme la libertad de re- 
cordar a V. E. (pero en la forma más confidencial posi- 
ble) aquella conversación y para decir cuan ferviente- 
mente espero que V. E. la juzgue juiciosa y encuentre 
el modo hábil de persuadir al gobierno brasileño sobre la 
conveniencia de adoptar alguna medida que pueda espe- 
rarse conduzca a un comienzo de negociación para el res- 
tablecimiento de la paz ; y que yo no me sienta obligado, 
antes de mi próxima partida de este país, a expresar, en 
el lenguaje de mis instrucciones, los sentimientos con que 
mi gobierno recibirá la noticia de la forma en que la me- 
dilación de S. M. >ha sido tratada por el gobierno brasi- 
leño, tan poco de acuerdo, en los hechos, con lo que 
los repetidos pedidos y consejos de S. M. para la solu- 
ción de la querella con Buenos Aires habían dado al go- 
bierno británico el lógico derecho de esperar. 

Esta nota, dirigida al conocimiento de Y. E., sólo tiene 
por objeto llamar su atención, seriamente, sobre el asunto 
a que refiere, con la esperanza de que la sabiduría e in- 
fluencia de Y. E. prevean y eviten el error. 

V. E. sabe con cuanta sinceridad procede el gobierno 
de la Gran Bretaña, que desea ver seguro el trono del Bra- 
sil, que presume los peligros que lo amenazan y que ha 
informado de esos peligros a los ministros del emperador. 

Confío recibir de V. E., cuando lo estime conveniente, 
alguna respuesta a esta nota, confidencial y secreta, a fin 
de dar los pasos que las circunstancias puedan demandar. 




LA MISIÓN PONSONBY 


40 


Tengo gran placer en aprovechar de esta oportunidad 
para asegurar a Y. E. la alta consideración con que soy, 
etc., etc. — (firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. el vizconde de Ihhambupe, etc., etc., etc. 


INHAMBUPE A PONSONBY 

Río de Janeiro, Julio 29 de 1826. — Excmo. señor: 
He tenido el honor de recibir la carta confidencial de 
V. E. del 25 del corriente mes, y, después de leerla con 
la debida atención, veo que Y. E. desea, con motivo de 
su próxima partida, ser portador de algunas bases que 
puedan llevar a la paz inmediata entre el emperador del 
Brasil y las Provincias del Río de la Plata. 

No creo necesario repetir a Y. E. que el gobierno bra- 
sileño desea, sinceramente, entrar en alguna negociación 
que pueda conducir a la paz con el gobierno de Buenos 
Aires; pero, al mismo tiempo, debo manifestar a Y. E., 
con la franqueza que corresponde a imi carácter, que S. M. 
el emperador del Brasil no aceptará ninguna proposición 
que tenga como fin 'la cesión de la provincia Cisplatina 
a dicho gobierno, porque S. M. I., entonces, faltaría a 
la protección que debe a un pueblo que lo aclamó en for- 
ma espontánea y que forma parte, hoy, del imperio de 
Brasil, habiendo prestado juramento a la constitución de 
la monarquía brasileña. 

Sin embargo, si Y. E. juzga que hay, a su juicio, algu- 
na manera de poner término a la guerra, por medio de 
negociaciones, espero que Y. E. me enviará, por escrito, 
la base que considere preferible para alcanzar un fin tan 
ventajoso y yo me apresuraré a llevarla al conocimiento 
imperial, para trasmitir, luego, a V. E. su determinación. 

Tengo el honor de saludar a V. E. con verdadera es- 
tima y alta consideración. — (firmado) Vizconde de In- 
hambupe. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 


INHAMBUPE A PONSONBY 

Río de Janeiro, Julio 29 de 1826. • — Excmo. señor: 
Tengo el honor de acusar recibo del oficio que V. E. me 
dirigió, con fecha del 13 del corriente, y, absteniéndome 


4 -II 



50 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ele contestar, como me sería muy fácil, algunas de las 
aserciones en él contenidas, nue limitaré a manifestarle que 
si, por un lado, el gobierno de S. M. I. el emperador ve 
con la mayor pena que V. E. no considere suficiente la 
base que el gobierno propuso a V. E., en calidad de me- 
diador, para iniciar las negociaciones de paz entre el em- 
perador del Brasil y Buenos Aires, por otro lado, dicho 
gobierno se ha sentido muy halagado por la declaración 
que V. E. formula de que su gobierno mantendrá, du- 
rante la guerra infortunadamente existente entre los dos 
países, la más escrupulosa neutralidad. V. E. puede abri- 
gar la certeza de que el gobierno imperial cumplirá 
estrictamente las leyes que el derecho de las naciones 
prescribe en tales casos. 

No cerraré esta respuesta sin manifestar a V. E. cuan 
grato me ha sido que la honorable (Comisión que V. E. 
trajo a esta corte me haya dado ocasión de apreciar ínti- 
mamente los talentos, luces y distinguidas cualidades que 
adornan a Y. ¡E. y que lo hacen acreedor a la estima de 
todos aquellos que tienen la buena fortuna de cultivar 
su trato. 

Pido a Y. E. que acepte las protestas de la leal amistad 
y altq consideración con que tengo el honor de suscribir- 
me muy atento y seguro servidor. — (firmado) Vizconde 
de Inhambupe. 

A S. E. lord Joihm Ponsonby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A INHAMBUPE 

Río de Janeiro, Julio 30 de 1826. — Excmo. señor: 
El abajo firmado tiene el honor de acusar recibo de la 
nota de V. E., de fecha Julio 29, y se permite expresar 
la gran satisfacción con que ve la declaración de las dis- 
posiciones pacíficas del gobierno brasileño y ratificar sus 
fervientes anhelos de que ella pueda conducir a un ajuste 
amistoso de la diferencia existente entre el Brasil y La 
Plata. 

El abajo firmado está animado por el sincero deseo, 
así como por el deber, de hacer todo lo que esté a su al- 
cance, para complacer al gobierno brasileño y tienda a la 
restauración de la paz ; pero el abajo firmado se considera 
impedido, por su posición, de tomar sobre sí el sugerir 
al gobierno brasileño alguna proposición que sirva de base 
para fundar esas negociaciones de paz. 



LA MISIÓN PONSONBY 


51 


El criterio y conocimiento del gobierno imperial son 
las mejores fuentes de las cuales puede brotar tal propo- 
sición y es de ahí que el gobierno británico cree que debe 
brotar. 

El gobierno británico ha sido solicitado, por formal pe- 
tición del gobierno del Brasil, como mediador, y tiene, 
por lo tanto, el derecho de esperar que el gobierno bra- 
sileño hará algo que, en realidad, abra el camino a una 
posible cesación de hostilidades. 

El abajo firmado tiene la desagradable necesidad de 
manifestar que no ve en la contra-proposición presentada 
por el gobierno brasileño el menor síntoma de tal posibi- 
lidad ; y, penetrado de que S. M. B. debe esperar que los 
pasos que ha dado serán debidamente apreciados por 
S. M. I. y que el gobierno brasileño, efectivamente, apro- 
vechará la oportunidad obtenida por S. M. (a pedido del 
gobierno brasileño) para intentar medidas que pongan 
término a las hostilidades, tan perjudiciales para los nue- 
vos estados de América y tan particularmente peligrosas 
para la estabilidad de la presente forma de gobierno en 
el Brasil, el abajo firmado vivamente desea que el go- 
bierno brasileño crea oportuno tomar en consideración las 
representaciones amigables que ahora tiene el honor de 
dirigirle. 

El abajo firmado aprovecha esta oportunidad para rei- 
terar a V. E. su gran miramiento y alta consideración, 
etc., etc., etc. — (firmado) John Ponsonby. 

A S. E, el vizconde de Inhambupe, etc., etc., etc. 


INHAMBUPJ3 A PONSONBY 

Río de Janeiro, 7 de Agosto de 1826. — Excmo, señor: 
Tengo el honor de acusar recibo de la nota que V. E. me 
dirigió el 30 del mes último, donde, en respuesta a la 
mía del 25 del mismo mes, declina proponer las bases 
que yo esperaba que V. E. nos sugeriría como las más 
indicadas para entrar en alguna negociación eficaz para 
poner fin a las hostilidades existentes, por desgracia, en- 
tre el Imperio y el gobierno de Buenos Aires. 

Tanto por las conferencias que ha celebrado conmigo, 
como por las notas que le he dirigido, Y. E. no dudo 
que hará justicia a la pureza de intenciones y propó- 
sitos del gobierno de S. M. I. de acabar con las cala- 


52 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


midades de la guerra. Por esa razón, el mismo gobierno, 
estimando en su justo valor la mediación cuyo desem- 
peño ha sido conferido a V. E., se apresura a comuni- 
carle, de manera formal y precisa, las bases que consi- 
dera más adecuadas para hacer la paz y más conformes 
con el honor y derechos de S. <M. I. 

En consecuencia, nada más puede agregarse a este res- 
pecto, . excepto que el gobierno imperial, siempre dis- 
puesto a vivir en paz con sus vecinos, desea ver termina- 
dos los males de la guerra, que sólo pueden proporcionar 
perjuicios sin cuento a dos estados de reciente formación. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) Vizconde de Inhambupe. 

A S. E. lord John Ponsomby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A INHAMBUPE 

Río de Janeiro, Agosto 11 de 1826. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de acusar recibo de la nota de V. E., fe- 
chada el 7 del actual. 

Había abrigado la esperanza de que la sabiduría del 
gobierno brasileño hubiera fácilmente encontrado algu- 
nas bases hábiles para poner término a las hostilidades, 
tan peligrosas para los beligerantes como perjudiciales 
para el bienestar de toda Sud América. Y es con pro- 
funda pena que me entero de que la proposición formu- 
lada por los ministros de S. M. I. no contiene nada calcu- 
lado para lograr ese indispensable fin, sino que, por el 
contrario, está forjada como para hacer imposible el éxito 
de la mediación y frustar los anhelos de los verdaderos 
amigos de la paz y de América. 

Es necesario, a los fines de la mediación, que cada uno 
de los beligerantes se halle dispuesto a hacer alguna con- 
cesión, porque si cualquiera de ellos sostuviera que todas 
sus pretensiones debieran de ser atendidas y preten- 
diera del poder mediador que hiciera de tal demanda 
la base del arreglo, se habría llamado al mediador, no 
para conciliar, sino para tomar parte directa en la dispu- 
ta. Si las proposiciones presentadas, una por el gobierno 
del Brasil y la otra por el gobierno de La Plata, fueran 
minuciosamente examinadas, se encontraría que la de este 
último gobierno contiene en sí los elementos necesarios 
para la existencia de la mediación, es decir, el principio 



LA MISIÓN PONSONBY 


53 


de transacción: ofrece dar algo en retribución de lo que 
desea recibir. 

La proposición del Brasil, por el contrario, exige todo 
y no ofrece nada en cambio, y, por consiguiente, al ex- 
cluir la idea de concesión, hace imposible la mediación. 
El Brasil reclama la mediación de S. M. B. tan vehe- 
mentemente como La Plata, así como su apoyo y con- 
sejo para el arreglo de la diferencia entre ambos países. 
No se puede dudar cual de los vecinos ha demostrado 
el mayor deseo porque el beneficio de la paz sea pronto 
disfrutado y sobre cual recae la pesada responsabilidad 
de estar menos dispuesto a la terminación de la guerra. 

El gobierno británico, alegando razones que nunca fue- 
ron contestadas y que yo esperaba pudieran haber gravi- 
tado favorablemente en el ánimo de los componentes del 
gabinete de Río de Janeiro, colocaba ante los ojos de ese 
gobierno, con viva luz, el riesgo seguro y el probable pe- 
ligro a que el emperador y el imperio del Brasil mismo 
se exponen, insistiendo en una polítieá que fomenta vie- 
jas animosidades y las crea nuevas, por las que muy poco 
puede ganarse y, en cambio, se puede perder todo, y que, 
sin necesidad, amenaza levantar en armas a los republi- 
canos contra el principio monárquico en Sud América. 

La Gran Bretaña se ha empeñado inútilmente y, ahora, 
es fútil la esperanza de que una amistosa intervención 
pueda alcanzar resultado, porque decididamente el Bra- 
sil es contrario a toda transacción. En este estado de co- 
sas, declaro que, habiendo el gobierno británico prevenido 
a los ministros de S. M. I. de los peligros a que ellos vo- 
luntariamente se exponían, pone a salvo toda responsa- 
bilidad por las consecuencias de un procedimiento que se 
ha esforzado, en vano, en modificar. Declaro, así mismo, 
que el gobierno británico observará, durante esta infausta 
guerra, una escrupulosa neutralidad, esperando, sin em- 
bargo, que los derechos de guerra vigentes no serán ejer- 
cidos por ninguno de los beligerantes más allá de los lí- 
mites prescriptos por la ley de las naciones. 

Me ha sido ordenado no ocultar que los deseos del go- 
bierno británico, escrupulosamente neutral en su conduc- 
ta, no podrán dejar de inclinarse en favor de aquel beli- 
gerante que demuestre la mejor disposición para ponerle 
amistoso término al conflicto y que, toda vez que el cri- 
terio, en Río de Janeiro, asumiera un carácter -más pací- 
fico, tengo instrucciones de estar pronto para renovar. 



54 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


si el gobierno del Brasil así lo deseara, la gestión ahora 
tan infructuosamente iniciada y de ser intermediario, 
voluntario y solícito, de cualquier obertura que el em- 
perador del Brasil encontrara conveniente entablar ante 
el gobierno de Buenos Aires. 

A través del cambio de opiniones que he tenido el ho- 
nor de efectuar con Y. E., sobre la razón de esta guerra, 
he evitado, intencionalmente, todo comentario sobre la 
reclamación de derechos a la posesión de la Banda Orien- 
tal, formulada por el gobierno brasilero y siempre me 
he limitado, estrictamente, a la cuestión política, de paz 
o guerra, que afecta directamente dos intereses del Brasil 
y La Plata y a toda Sud América en general. 

Sin embargo, puede ser conveniente declarar que, no* 
sólo me he abstenido de dar mi opinión sobre el reclamo 
de derecho, sino que mi silencio no debe ser tenido como 
asentimiento a la justicia del reclamo o como negación de 
su validez. 

Es con infinita pena que abandono finalmente toda es- 
peranza de una feliz terminación de la empresa acome- 
tida, confiada a mi cuidado por S. M. el rey, mi soberano,, 
y desearía que fuera posible que algún acontecimiento, 
favorable a los intereses del Brasil, pueda, en momento* 
más afortunado, propiciar lo que tan ardientemente he 
deseado: una paz sólida y duradera. 

Al poner término a esta importante gestión, ruego a. 
V. E. me permita expresarle la satisfacción personal que 
he experimentado por la franqueza y confianza que siem- 
pre me ha dispensado, aprovechando la oportunidad para, 
ofrecerle las expresiones de mi más alta consideración.. 

De Y. E. respetuoso y atento servidor. — (firmado) 
John Ponsoriby. 

A S. E. el vizconde de Inhambupe, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

Río de Janeiro, Agosto 11 de 1826. — Excmo. señor r 
Visité, hace pocos días, al secretario de relaciones exte- 
riores, para rogarle modificara la respuesta de su go- 
bierno a la proposición del de Buenos Aires, y he apro- 
vechado la oportunidad para hablarle, en sentido general, 
de la cuestión pendiente entre estos dos países — Brasil 
y La Plata . — entrando de lleno, nuevamente, al examen 



LA MISIÓN TONSONBY 


55 


de las dificultades y perjuicios que la guerra acarreará. 

Apercibiéndome de que nuestras opiniones apenas di- 
ferían y de que él también ansiaba vivamente la paz, le 
pregunté si juzgaba que nada podía intentarse con el 
fin de poner término a. las hostilidades y si creía imposi- 
ble que la idea que había sido sugerida en la iniciación 
del asunto, y a la que su gobierno, aparentemente, había 
prestado tan poca atención, podría ahora ser considerada 
como conducente al resultado apetecido, esto es : que Mon- 
tevideo y la Banda Oriental fueran declarados un es- 
tado independiente. 

Observé que tal arreglo haría desaparecer una dificul- 
tad sobre la cual el emperador había insistido grande- 
mente — el punto de honor — y enumeré las diversas 
ventajas que de él se derivarían para el Brasil, aún con 
prescindencia de la mayor de todas: la conclusión de la 
guerra. 

Solicitándome aclaraciones sobre mi pensamiento, en lo 
referente a la independencia de la Banda Oriental, me 
preguntó: — ¿Quién será la garantía del arreglo? Le 
contesté que no veía la necesidad de ella, pero insistió: 
¿Inglaterra no ofrecería esa garantía?. Le repliqué que 
seguramente no. Me dijo que su pregunta se refería, es- 
pecialmente, a la garantía de la libre navegación del Río 
de la Plata. Le manifesté que tal vez Inglaterra consin- 
tiera en tomar algunas medidas para asegurar el libre 
comercio en ese río, si se lo solicitaran todas las partes 
interesadas. 

Me preguntó — ‘ ‘ ¿ Dónde se encontrarían personas ca- 
paces de constituir el gobierno de la provincia?”. 

Le contesté lo siguiente : — “ Los mismos que pueden 
hacer la guerra, podrán, probablemente, mantener la paz 
y en Montevideo, que ustedes retienen ahora por la fuer- 
za, por lo menos, las tres cuartas partes de los habitan- 
tes están decididamente contra ustedes, como nadie lo ig- 
nora; y una ciudad tan favorablemente colocada como 
esa puede producir personas capaces de gobernar. Pero 
observé que sería más propio considerar ese punto más 
adelante, si la independencia fuera tomada como base pa- 
ra la negociáción. 

El hizo una insinuación respecto a los sentimientos per- 
sonales del emperador y a su determinación de continuar 
la guerra, la que evité contestar directamente ; pero con- 
tinué abogando en favor de la paz, señalando los peli- 




56 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


gros a que la guerra exponía al trono y la insensatez de 
confiar en un éxito, ahora que la experiencia había de- 
mostrado que la inmensa superioridad numérica de la es- 
cuadra del emperador y su comparativa abrumadora 
fuerza nada podían hacer en el Plata contra la insigni- 
ficante defensa del enemigo, favorecido por la situación, 
etc., etc. ; que era evidente que toda la ventaja que el 
Brasil podía esperar, en adelante, era la de interrumpir 
el comercio del río, mediante el bloqueo; que, aunque 
Buenos Aires podía sufrir y sufría por esta hostilidad, 
no era este un perjuicio capaz de hacer ceder a un pueblo 
empeñado en la contienda por múltiples sentimientos, co- 
mo lo estaba el pueblo comprometido en esta lucha ; que, 
después de todo, las consecuencias del bloqueo las expe- 
rimentaban, en primer término, los aliados y amigos del 
Brasil; y que, su renovado rigor, había ya originado 
grandes trastornos y disputas y que (como él bien sabía) 
algunas cuestiones, más serias aún, se habían producido, 
como su consecuencia, y otras eran inminentes. 

Que todas las naciones lesionadas en sus intereses co- 
merciales, estaban grandemente excitadas y demostraban 
sus sentimientos de disgusto y desaprobación contra los 
beligerantes y, especialmente, contra la parte que parecía 
menos dispuesta a escuchar propuestas de paz. 

Que esos sentimientos podían muy pronto gravitar so- 
bre los gobiernos de esas naciones y ser la causa de la 
adopción de medidas para impedir a sus respectivos súb- 
ditos servir en la guerra en las filas de cualquiera de los 
beligerantes; y que esa medida traería, como resultado, 
la total inhabilitación del Brasil para continuar la gue- 
rra por mar, pues, como él bien lo sabía, las tripulaciones 
de los barcos brasileros estaban compuestas, en su totali- 
dad, por elementos extranjeros. Y agregué : que la forma 
en que súbditos del mismo rey, hombres de la misma san- 
gre, estaban ahora peleando, unos contra otros, por una 
causa completamente ajena y sin interés para ellos, era, 
en sí misma, chocante; que eso era motivo de gran 
escándalo y de enérgica censura contra los gobiernos 
que lo permitían y que, probablemente, ya hubieran 
sido todos ellos informados de ese estado de cosas, por 
sus respectivos agentes en estos países. 

Que, por mi parte, yo había considerado de mi deber 
trasmitir circunstanciadamente esos informes a mi go- 
bierno y exponerle, con toda veracidad, las opiniones co- 
rrientes. 



LA MISIÓN FONSONBY 


57 


•Continué: “Suponga, pues, que los gobiernos de Eu- 
ropa y de Estados Unidos obligaran a sus súbditos a ob- 
servar estricta neutralidad a causa de esa advértencia: 
¿cuál sería la consecuencia de esa decisión para ustedes?” 
— A lo que replicó que yo sabía, que, entonces, la escua- 
dra no podría moverse; pero agregó: — “Esa medida, 
si fuera adoptada, afectaría, por igual, a Buenos Aires”. 

Le contesté que lo afectaría, pero en un grado menor, 
pues Buenos Aires sólo cuenta con unos pocos barcos y 
esos le son de escasa utilidad para la defensa, mientras 
que el Brasil necesitaba toda una escuadra para poner 
en práctica sus planes y Buenos Aires nunca podría equi- 
par una marina de combate; que, para defender su ca- 
pital contra todos los barcos brasileros, le bastaban unas 
pocas cañoneras, que sólo le demandaban pequeñas ero- 
gaciones, mientras la escuadra y la guerra en la Banda 
Oriental le insumían al emperador más de la mitad de las 
rentas que producía su imperio. 

Le rogué que tuviera presente que el crédito estaba 
agotado y no había probabilidad de más empréstitos ; que 
él conocía el estado de la propia banca y la disposición 
de la cámara de diputados ; que se hallaban ahora al bor- 
de de grandes y serias dificultades y que unos pocos pa- 
sos más podrían significar lo irremediable. 

Que la intervención de mi gobierno había sido pedida 
para esta cuestión en particular; que la Oran Bretaña 
había sido siempre la amiga más fiel de la casa de Bra- 
ganza y, por consiguiente, había deseado y apoyado, en 
todo momento, la seguridad del trono y el honor del em- 
perador; que, si algún otro motivo hubiera influenciado 
al rey, no habría tenido reparo en declararlo, porque era 
un monarca demasiado poderoso para necesitar otras ar- 
mas que las emanadas de su propio poder y tan sabio co- 
mo grande para descender a vanas argucias diplomáticas. 
Que el consejo dado por el gobierno británico, $staba fun- 
dado sobre hechos que el gobierno brasilero no podía ne- 
gar e inspirado en el deseo de afirmar el trono del em- 
perador y para preservar de guerras y desastres a toda 
América. 

Que, como amigo y como soberano solicitado por el go- 
bierno brasilero para mediar, los consejos del rey de In- 
glaterra debían ser considerados con gran atención ; que, 
en realidad, poco caso se había hecho de ellos, porque la 
respuesta a la proposición de Buenos Aires, no sólo era 



58 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


fútil, sino que podía ser considerada ofensiva por el go- 
bierjio de La Plata, antes que indicativa de la menor bue- 
na disposición para llegar a la paz por parte del gobierno 
del Brasil. 

Que la vehemencia con que el emperador del Brasil 
había expresado a S. M. B. su deseo de consejo y apoyo 
para poner fin a su disputa con Buenos Aires, había des- 
pertado una justa confianza en la sinceridad y rectitud 
de sus intenciones; pero que yo no había hallado la evi- 
dencia de ese deseo y creía que el gobierno británico se- 
ría de la misma opinión, cuando fuera informado de los 
procedimientos seguidos aquí. 

Que el gobierno británico había prevenido claramente 
al gobierno del Brasil de las consecuencias que podría 
acarrearle la prosecución de una insistente política beli- 
cosa y que, por consiguiente, no podía ser responsable de 
lo que a causa de ella pudiera sobrevenir. 

Al finalizar nuestra entrevista, el secretario me rogó 
le escribiera y manifesté que lo haría sólo para llamar su 
atención sobre el tema de nuestra conversación. 

En todas las conferencias que he celebrado con el viz- 
conde de Inhambup?, he usado argumentos de la misma 
naturaleza de los que a?abo de mencionar y, los suyo?, se 
han limitado, generalmente, a lo siguiente : 

“Que los orientales son rebeldes y que deben ser so- 
metidos, por la fuerza, para prevenir que el mal ejem- 
plo pueda contagiarse a otras provincias del imperio. 

“Que los bonaerenses son unos villanos, a quienes hay 
que enseñarles a respetar al emperador; que ellos, en 
realidad, empezaron la guerra excitando una rebelión en 
la provincia Cisplatina y ayudando a los insurgentes. 

“Que el Río de la Plata es el límite natural del Bra- 
sil, por ese lado, como el río Amazonas lo es por el otro. 

“Que el emperador está en posesión de Montevideo y 
que nadie podrá arrancárselo. 

‘ ‘ Que A emperador tiene los medios de obligar a Bue- 
nos Aires a .hacer la paz y que los pondrá en práctica 
y que el trono mismo debe arriesgarse, cuando el honor 
del emperador está en juego. 

“Que Bolívar está demasiado ocupado en el Perú para 
pensar en estos asuntos y que, si él estuviera dispuesto, 
Colombia no lo ayudaría a atacar al Brasil”. 

Habiendo llegado a mi conocimiento que parte de mi 
conversación ha sido repetida a M. I. y deseando 20- 



LA MISIÓN PONSONBY 


59 


nocer sus intenciones, antes de escribir al vizconde de 
Inhambupe, diferí mi carta hasta el 25 de Julio, fecha 
en que le envié la nota privada (cuya copia adjunto, 
n.° 1), de la que recibí respuesta el 29 (n.° 3) y, el 30, 
le envié la nota cuya copia incluyo (n.° 4) ; su contes- 
tación '(n.° .6), me Begó el 8 de Agosto. 

Mi primera nota tenía por objeto incitarle a adoptar 
alguna determinación, como consecuencia de nuestra an- 
terior conversación. En su respuesta, me pedía le su- 
ministrara algunas bases, a lo que me negué en mi nota 
inmediata, lamentando no complacer sus deseos, por con- 
siderar que aquéllas debían surgir del gobierno de S. M. I. 
En su última nota, me devolvió la proposición original 
de su gobierno, cuyo extracto va a continuación: “Que 
Buenos Aires reconoce espontánea y voluntariamente la 
incorporación del estado Cisplatino al Brasil, como pro- 
vincia del Imperio, y, en compensación, Montevideo será 
declarado puerto libre para todas las naciones y, además, 
será de refugio para los barcos de Buenos Aires, sin que 
ellos deban pagar derechos; y que, sobre esas bases, será 
celebrado un tratado de paz, comercio y navegación, con- 
teniendo las estipulaciones y acuerdos que puedan ser 
convenientes para ambas partes”. 

-Contesté el 10 del corriente. (Copia n.° 7.) 

Me he esforzado en demostrar, valiéndome de hechos 
irrecusables, que el gobierno británico no ha sido tratado 
con la atención debida, pero que yo he considerado co- 
rrecto no hacer manifestaciones sobre el particular. Lle- 
varé conmigo la proposición del Brasil, pero me esfor- 
zaré por evitar cualquier ofensa que se le pueda inferir 
al gobierno de Buenos Aires. 

Estoy satisfecho de que la conducta y la situación del 
gobierno del Brasil merezcan y necesiten la repetición 
de esos pasajes de mis instrucciones, que establecen, tan 
firmemente, los sentimientos del gobierno de S. M. B. 

Lamentaría tener que expresar mis opiniones sobre 
el peligro en que el gobierno se verá colocado, por causas 
internas, producidas, o próximas a producirse, a conse- 
cuencia de la guerra, que el emperador está decidido a 
proseguir ; pero la contienda puede tomar, de un mo- 
mento a otro, un nuevo aspecto, si las tropas sitiadoras 
privaran estrictamente a Montevideo de provisiones, por 
tierra, (lo que pueden hacer) porque no sólo la ciudad 



60 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


está ahora escasa de los artículos de primera necesidad, 
sino que la misma flota brasilera depende de los víveres 
de Montevideo para abastecerse, pues tiene escasez para 
mantener sus hombres. 

Mi larga permanencia en ésta habrá, por lo menos, 
probado al gobierno brasilero que S. M. B. desea for- 
malmente poner fin a las hostilidades, y esto es una seña- 
lada prueba del valor que S. M. I. asigna ahora a los 
consejos y deseos del gobierno de S. M. B. 

Me dirigiré inmediatamente a Buenos Aires, pues, du- 
rante mi permanencia en ésta, no he recibido una sola 
línea procedente de allá. 

No he podido encontrar el medio de enviar algún des- 
pacho al señor Dawkins; el señor Chamberlain, quien 
conoce muy bien este país, me aconsejó aguardar hasta 
mi arribo a Buenos Aires. 

iSaludo a V. 'E. con mi más alta consideración, etc., 
etc., etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


PONSONBY A CANNING 


Río de Janeiro, Agosto 19 de 1826. — Exorno. señor : 
Tengo el honor de adjuntar la respuesta del vizconde de 
Inhambupe a mi última nota, de la cual va una copia 
(n.° 7) con el despacho n.° 10. 

Desde que tuve el honor de escribir la última vez, he 
examinado detenidamente la constitución de este imperio 
y he consultado la opinión de personas caracterizadas, 
para ilustrarme sobre este punto, habiendo llegado a la 
conclusión de que el emperador no podrá celebrar un 
tratado sin el concurso de la legislatura, si en ese tratado 
hubiere alguna cláusula sobre pago de dinero o sobre la 
cesión de alguna porción de territorio. 

Como S. M. I. ha declarado, públicamente, que la 
Banda Oriental es una parte integrante del imperio, yo 
opino que la solución de este asunto está dentro de las 
atribuciones de la legislatura y que, en consecuencia, 
no habrá autoridad existente, antes del próximo Mayo, 
capaz de hacer la paz sobre las únicas bases posibles. 

No se puede negar que existen disturbios en la parte 
septentrional del imperio. Sé ha tratado de la guerra en 
la cámara y se han hecho censuras, pero entiendo que 



LA MISIÓN PONSONBY 


61 


los mayores enemigos del actual orden de cosas esperan 
de él demasiados provechos para ir contra su estabilidad. 
El emperador está equipando cinco cruceros (uno, una 
presa inglesa) para defenderse, según creo, de los barcos 
de Buenos Aires, que se cree operan aguas afuera de 
este puerto, atacando el comercio. 

El total de los gastos de guerra es costeado por emi- 
siones del banco, cuyo billetes tienen ahora, comparados 
con la moneda de plata, 40 % de pérdida. Gomo lo co- 
muniqué antes a. V. E., las provincias, en vez de enviar 
dinero, están retirándolo de aquí. 

Considero- que todos piensan que hay motivos suficien- 
tes para alarmarse por el estado del imperio y opino 
que tal creencia, por sí sola, ya constituye un peligro. 

Ciertamente veo que hay causas justificadas para tales 
aprensiones, pero creo que un gobierno establecido tiene 
tanto poder, si lo ejercita, que cuenta siempre con la me- 
jor probabilidad de éxito en caso de crisis. Confío que 
aquí ocurrirá lo mismo en la emergencia. 

Según he oído, los bonaerenses han levantado ganados 
de Río G-rande, por valor de 120.000 libras. Si ellos se 
establecen como dueños de esta región, aumentarán infi- 
nitamente las dificultades, que ya van siendo grandes, 
en que la ñota brasilera se halla, por escasez de provi- 
siones. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

CANNING A PONSONBY 

Londres, Agosto 21 de 1826. — A S. E. lord John Pon- 
sonby. — Excmo. señor: Los despachos que Y. E. ha 
enviado, desde Río de Janeiro, hastá el n.° 6, inclusive, 
han sido recibidos y pasados al rey. 

Tengo gran placer en significar a Y. E. la entera apro- 
bación, por parte de S. M., de la conducta observada, en 
cumplimiento de las instrucciones que le fueron impar- 
tidas, para tratar de convencer al gobierno brasilero de 
la necesidad de terminar la guerra existente, por des- 
dicha, entre el Brasil y Buenos Aires. 

Es deplorable, para América y, principalmente, para 
el Brasil mismo, que los consejeros de S. M. I. sean tan 
inabordables sobre este asunto. 



62 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


A la vez, es satisfactorio que las razones que, según 
todos los principios grandes y justos de política, debie- 
ran pesar en el ánimo de esos consejeros, hayan sido 
sugeridas al gabinete de Río de Janeiro, tan eficaz y 
sagazmente, por nuestro país. Y. E. ha procedido acer- 
tadamente al declinar la misión que se le quería enco- 
mendar, de ser portador de la primera proposición for- 
mulada por los ministros brasileros. Hubiera resultado, 
no sólo ineficaz, sino tam¡bién ofensivo para el estado 
ante el cual está V. E. acreditado, que la trasmisión de 
esa propuesta la efectuara V. E. en su primer viaje a 
esa capital y hubiera sido, igualmente, un mal principio 
para el afianzamiento, no sólo de la amistad, sino tam- 
bién de la autoridad que yo confío Y. E. alcanzará en 
Buenos Aires, dentro de corto tiempo. Y. E. ha proce- 
dido correctamente al aceptar la segunda proposición. 

Esta no es muy promisora, pero, por lo menos, man- 
tiene abierta la negociación y puede esperarse que, si 
el éxito naval de Buenos Aires continúa tan marcado 
como el último despacho de Mr. Parish lo describe, pueda 
ser persuadido el emperador de que debe introducir 
enmiendas en la propuesta, antes de empezar a sufrir 
las consecuencias que una guerra de resultados adversos 
debe, necesariamente, acarrear sobre el Brasil. Por lo 
tanto, Y. E. debe extremar sus esfuerzos para convencer 
al .gobierno de Buenos Aires, no digo de que acepte — por- 
que creo que esto difícilmente puede esperarse — , pero 
que modifique, antes de rechazarla, la proposición de la 
cual V. E. es portador. 

Los despachos del 13 de Junio, del barón de Mares- 
chal a su corte, que me han sido comunicados por el 
príncipe de Esterhazy, fortifican la esperanza de que 
los propósitos del emperador, aunque bastante violentos 
y tenaces, no sean, en conjunto, inflexibles, si los azares 
de la guerra y los esfuerzos de Y. E. se aúnan para llevar 
a efecto una negociación. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) George 
Canning. 


PONSONBY A CANNING 


Río de Janeiro, Agosto 26 de 1826. — lExcmo. señor: 
El emperador tuvo a bien concederme ayer una audien- 


LA MISIÓN PONSONBY 


63 


cia y tuve el honor de despedirme, en consecuencia, 
de S. M. I. 

Me embarco mañana en el “Doris”, con rumbo a La 
Plata. Encontré a los ministros de S. M. I. en gran es- 
pectativa del rápido éxito de las operaciones contra Bue- 
nos Aires; pero no sé que hayan recibido ninguna comu- 
nicación del teatro de la guerra sobre la que esa espec- 
tativa pueda fundarse, siendo para mí evidente que las 
dificultades del gobierno brasilero, referentes al sosteni- 
miento de la guerra, son muy grandes, con probabilidad, 
de que aumenten cada día más. 

Sé que el emperador está dispuesto a mantener la 
posesión de la Banda Oriental y a rehusar toda pro- 
puesta, excepto un incondicional sometimiento a su exi- 
gencia. Una presión extranjera, o disturbios internos, 
podrían, únicamente, cambiar este propósito. No he po- 
dido formar opinión sobre la primera contingencia ; pero, 
la segunda, estoy cierto, lo amenaza. 

He continuado manteniendo al margen de toda discu- 
sión el derecho que el emperador se arroga sobre la pro- 
vincia, sabiendo que esto solo habría producido inútiles 
chicanerías diplomáticas; pero he aprovechado más de 
una oportunidad para manifestarle, privadamente, al 
secretario de relaciones exteriores, mi opinión de que, 
en cualquier tiempo que este título fuera discutido, se 
evidenciaría que, en realidad, está fundado sobre la con- 
quista, disfrazada con el nombre de elección libre por 
el pueblo. 

Las medidas que oficialmente he tomado y otras de 
carácter más privado, han tenido por objeto cumplir 
los deseos del gobierno de S. M. B., esto es : procurar 
la paz, por medio de la amistosa intervención de S. M. 
el rey y, fracasando ésta, prevenir al gobierno brasilero 
de los peligros a que voluntariamente se expone; absol- 
ver de toda responsabilidad a mi gobierno, que queda 
en completa libertad de tomar las medidas que crea 
necesarias, según el desarrollo de los acontecimientos y 
declarar su simpatía a aquel de ambos beligerantes que 
muestre más disposiciones pacíficas y que propicie, al 
mismo tiempo, cualquier obertura de paz. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Ganning, etc., etc., etc. 




PONSONBY EN BUENOS AIRES 


n 




LA MISIÓN PONSONBY 


67 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Setiembre 24 de 1826. — Excmo. señor : 
Tengo el honor de poner en su conocimiento mi arribo 
a estas playas, efectuado el 16 del corriente. 

El 17, escribí al secretario de relaciones exteriores, 
rogándole me comunicara la fecha en que el presidente 
me recibiría. Este, me señaló el día 19, expresándome 
su deseo de Ique la recepción fuera pública y yo pro- 
nunciara algunas palabras cuando hiciera entrega de 
la carta de S. M. 

El 19, el coche del presidente, arrastrado por seis 
caballos y acompañado por otros carruajes, vino a mi 
casa a buscarme y me condujo al Fuerte, donde el pre- 
sidente está obligado a residir. El general, jefe de la 
artillería, y el sub-secretario de relaciones exteriores, 
asi como el señor Parish, estaban en el mismo coche. En 
el Fuerte, fui recibido por una guardia de honor y salu- 
dado por los cañonazos de práctica. 

Una comisión me recibió a la entrada principal y 
me condujo a un salón en el piso superior, donde en- 
contré al ministro de relaciones exteriores, quién me 
presentó al presidente, al que hice entrega de mi carta- 
credencial y dije: 

“Que había recibido orden de entregar a S. E. una 
carta de S. M. el rey de la .'Gran Bretaña, acreditán- 
dome, ante el gobierno de las Provincias Unidas del 
Río de la Plata, como su enviado extraordinario y mi- 
nistro plenipotenciario. 

“Que estaba orgulloso del honor que me había dis- 
pensado el rey, mi soberano, al elegirme para atesti- 
guar una nueva prueba de los sentimientos de amistad 
y estima que S. M. profesa al gobierno y nación de 
las Provincias Unidas. Que rogaba a S. E. que tuviera 
la certeza de que cumpliría el importante cometido con 
que se me había honrado de modo de merecer la com- 
pleta aprobación del gobierno de las Provincias Unidas 
de la Plata y de mantener y fomentar las amistosas 
relaciones que felizmente existen entre el rey, mi sobe- 
rano, y esta república”. 

El presidente, con cierta extensión y en términos muy 
firmes, expresó el valor que asignaba a la amistad de 



LUIS ALBERTO DE HERRERA 


(58 


su país cón el rey de la Gran Bretaña, e insistió, espe- 
cialmente, en el reconocimiento que S. M. hace de la 
república, mientras otras potencias europeas han man- 
tenido una impenetrable reserva sobre ese punto; que 
esa era una deferencia que había llenado del más calu- 
roso agradecimiento hacia S. M. el corazón de sus con- 
ciudadanos. 

Tengo el honor de repetirme, con gran consideración 
y respeto, su muy atento y humilde servidor. — (firmado) 
John Ponsoriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A GARCÍA 

(Confidencial). — Buenos Aires, Setiembre 25 de 
1826. — Excmo. señor: Como consecuencia de algunas 
conversaciones que he tenido el honor de celebrar con 
S. E. el presidente, en las que me manifestó sus deseos 
de ver a esta república gozando del inapreciable bene- 
ficio de la paz, si éste pudiera obtenerse por medios 
justos y convenientes para la dignidad e intereses del 
estado, y habiendo sido honrado yo por el rey, mi so- 
berano, ,S. M. B., con la orden de someter a S. M. I. 
el emperador del Brasil las bases sobre las que el go- 
bierno de las Provincias Unidas de la Plata consentiría 
en iniciar unía negociación con el gobierno brasilero, 
para el restablecimiento de la paz, y habiendo sido por- 
tador, igualmente, de una proposición del gobierno del 
Brasil, acerca de la misma cuestión, jpara el de las 
Provincias Unidas de la Plata, y expresado S. E. el 
presidente el deseo de saber si yo podía sugerir algu- 
nas bases para lograr el fin que las dos proposiciones 
arriba mencionadas no han alcanzado, consideré del 
caso dedicar toda mi atención al asunto y tengo el ho- 
nor de enviar, ahora, a Y. E., junto con esta carta, 
un proyecto que ruego a Y. E. tenga la bondad de tras- 
mitir al presidente, en su oportunidad, enterándole, al 
mismo tiempo, de su verdadero carácter, esto es, que 
su naturaleza es estrictamiente privada. 

Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 



LA MISIÓN PONSONBY 


69 


PROYECTO DE BASES DEL MEDIADOR 

Memorándum de las bases generales para una conven- 
ción de paz entre Su Majestad Imperial y las Pro-, 

vincias Unidas del Plata. 

1/ La provincia Oriental será declarada estado libre 
e independiente. 

2. a Las partes signatarias de esta convención se com- 
prometen a abstenerse de toda intervención, directa o 
indirecta, y a impedir, por todos los medios a su al- 
cance, la intromisión de cualquier otro poder, europeo 
o americano, en la formación de la ‘ constitución polí- 
tica y gobierno que los habitantes de ese estado juz- 
garan conveniente establecer. Será regido por su propia 
constitución, no pudiendo ser incorporado a ningún 
otro poder europeo o americano, por subyugación; no 
será levantada ninguna fortaleza, ni ninguna fuerza 
militar extranjera será, en ningún tiempo, recibida ni 
podrá permanecer en ninguna parte de su territorio, sin 
el consentimiento, previamente obtenido, de los antedi- 
chos poderes contratantes. 

3. a Las partes contratantes se garantirán mutua y 
respectivamente este arreglo, por el término de veinte 
años, a contar desde la fecha de la firma de esta con- 
vención. 

4. a Las fortificaciones de Montevideo y Colonia, se- 
rán de inmediato demolidas (desmanteladas). 

5. a Los gastos que ocasione la ejecución de lo esta- 
blecido en el artículo precedente, serán costeados por 
el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la 
Plata, a quien, en consecuencia, le será permitido con- 
tratar personas competentes para dirigir y poner en 
práctica ese cometido. 

6. a Las autoridades brasileras se comprometerán a 
no entorpecer los trabajos de demolición de los ante- 
dichos fuertes y prestarán toda la ayuda que les sea 
posible en ese sentido. 

7. a El gobierno de las Provincias Unidas estará' en li- 
bertad de empezar esta operación dentro de seis semanas, 
o antes, si fuere pos'ble, después de la ratificación de esta 
convención. 



70 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


8. a La guarnición brasilera permanecerá en las for- 
tificaciones hasta que los trabajos de demolición hayan 
sido terminados! 

9. a Si alguna diferencia se suscitara entre las partes 
'Contratantes, antes de la demolición completa de las 
fortificaciones,- Serla requerida la potencia mediadora 
para designar un comisionado, o comisionados, para exa- 
minar {la causa de la diferencia sometida a él, o a ellos, 
y su decisión, o la de ellos, será acatada. 

10. a Luego que la demolición de las expresadas forti- 
ficaciones quede completamente terminada, a satisfacción 
de ambas partes contratantes, éstas, inmediatamente, re- 
tirarán sus respectivas fuerzas existentes en las fortalezas, 
o en otras partes de la provincia de Ja Banda Oriental, 
dentro de sus propias fronteras. 

11. a Todos los prisioneros tomados por ambas par- 
tes, por mar o por tierra, desde la ruptura de las hosti- 
lidades entre las partes signatarias de esta convención, 
serán inmediatamente restituidos a sus respectivos paí- 
ses, y todos los oriundos de la Banda Oriental, dete- 
nidos por motivos políticos, por cualquiera de las dos 
partes, serán inmediatamente puestos en completa li- 
bertad. 

12. a Las . hostilidades, por mar o por tierra, cesarán 
desde la fecha en que esta convención sea ratificada y, 
una vez así felizmente restablecida la paz, las partes 
contratantes nombrarán, de inmediato, sus respectivos 
plenipotenciarios . para negociar y concluir entre ellos 
uíi tratado definitivo de límites y comercio. 

PONSONBY A RTVADÁVIA 

(Privada) Lunes a la noche, Setiembre 25 de 1826. — 
He considerado cuidadosamente el punto a que V. E. ha 
dado tanta importancia y he recorrido todos los documen- 
tos- en que podía esperar hallar algo que me permitiera 
asentir a lo que creo V. E. desea seriamente; pero sólo hé 
encontrado muchas y fuertes razones para corroborar la 
determinación del gobierno británico de no garantir arre- 
glo alguno territorial, de cualquier 'clase o bajo cualesr- 
quiera circunstancias; yó creo que faltaría a mi deber, si 
accediese, aún en el menor grado, a la solicitación de tal 
medida; y así ocurriría, sin duda, si yo trasmitiese al 




LA MISIÓN PONSONBY 7.1 


Janeiro el proyecto con la condición, puesta por V. E,, de 
que yo acceda a que el gobierno británico sea colocado, en 
aquella situación. Por lo tanto, después de una madura 
reflexión, yo debo negar toda conexión con cualquier me- 
dida que tenga por objeto, directo o indirecto, proponer 
a la Gran Bretaña que dé su garantía a cualquier arreglo 
territorial. 

Y. E. puede atribuir al vivoi deseo que tengo de hacer 
todo lo que parezca a V. E. ser ventajoso al gran fin de 
todas nuestras aspiraciones — la paz — cualquiera, irreso- 
lución qqe pueda haberse advertido en mi conversación 
de esta tarde icón Y. E., y espero que se persuadirá de 
que siento un verdadero pesar de verme obligado a adop- 
tar una línea de conducta que puede $er contraria a sus 
inclinaciones. 

Y, a he manifestado verbalmente a Y. E., con mucha 
extensión, la entera convicción en que yo particularmente 
me hallo de que la garantía que se desea no producirá a 
Buenos Aires ventaja alguna que no fuese obtenible por 
otros medios, que son asequibles ; pero V. E. es el propio, 
eomo, ciertamente, el mejor juez de sus intereses, y yo 
solamente debo lamentar que nó esté en mi poder contri- 
buir a una obra necesaria a la prosperidad, seguridad y 
quizás a la existencia de esta república, y a la pacificación 
de Sud América. 

Tengo el honor, etc., etc. — John Ponsonby. 

A S. E. el presidente. 

PONSONBY A RIVADAVIA 

('Confidencial) . Buenos Aires, Setiembre 27 de 1826. — 
Excmo. señor: He sentido infinito saber, por el señor 
García, que V. E. persiste en dar tanta importancia a la 
garantía, por S. M. B., de cualquier arreglo que pueda 
efectuarse en la cuestión territorial pendiente entre el 
gobierno de Y. E. y el del Brasil. Lo siento, porque sé 
que tal garantía es absolutamente contraria a la política 
adoptada por el gobierno de S. M. y que él nunca consen- 
tirá en prestarla. 

Respecto de la otra garantía, que también fué objeto 
de discusión entre V. E. y yo: a saber, la garantía por 
S. M. de la libre navegación del Río de la Plata para las 




72 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


partes interesadas, no me creo obligado a hablar en los 
mismos términos estrictos, y no ocultaré a V. E. mi par- 
ticular opinión de que, si los beligerantes juzgasen que 
tal medida fuese necesaria y esencial para conseguir una 
pacificación, mi gobierno no se rehusaría a escuchar la 
propuesta, con una fuerte disposición a hacer todo lo que 
pareciera necesario (y que esté dentro de los límites de 
su política) para alcanzar aquel objeto, que es el más 
benéfico y urgente. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 
soriby. 

AS. E. el presidente. 

<9 

PONSONBY A GARCIA 

(Extracto de una carta privada.) Buenos Aires, Se- 
tiembre 29 de 1826. — Acabo de enterarme, por el señor 
Parish, que no se ha progresado en el asunto que nos ha 
ocupado últimamente. 

Supongo que la dilación es provocada por la actitud 
de S. E. el presidente, al perseverar en su demanda de 
la garantía inglesa para el tratado. Si ese fuera en 
verdad el caso, no hay probabilidades de que el asunto 
adelante lo más mínimo. 

Sé que mi gobierno no atenderá semejante demanda 
y yo no consentiré, tampoco, formularla. Sin embargo, 
pudiera ser que el presidente creyera razonable que el 
pedido de garantía para el libre comercio del Río de la 
Plata, por las partes interesadas, debiera partir de mí 
(como su origen) en mi carácter oficial. 

No considero oportuno distraerlo, enumerándole las 
muchas y diversas razones que hacen personalmente 
ventajoso para el presidente ser, él mismo, el propo- 
nente de esta medida y creo suficiente para mi propó- 
sito decir a usted, francamente, que yo no puedo con- 
sentir en iniciar esas gestiones. El señor Parish me 
manifestó que creía que el presidente deseaba verme 
mañana. Siempre consideré un grato deber visitar a 
S. E. cuando así lo ha deseado; pero, si él ahora desea 
verme con el propósito de discutir, otra vez, los tópicos 
que acabo de mencionar, puedo asegurar a usted que 
malgastará su tiempo. Nada puede hacer cambiar mi 



LA MISIÓN PONSONBY 


73 


determinación sobre estos puntos, que son cuestión de 
deber, de mi parte, hacia mi gobierno. 

Sentiré grandemente que se produzca algún entorpe- 
cimiento, pues sería lamentable la pérdida del actual 
momento, cuando las cosas están todavía en un estado 
que puede admitir la iniciación de una negociación; 
situación propicia, que mucho temo no volverá a pro- 
ducirse, para conducir el asunto a una feliz termina- 
ción, dentro de un plazo relativamente breve. 

El domingo despacharé el “Ranger”, con comuni- 
caciones para mi gobierno. — (firmado) John Ponsonby . 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Octubre 2 de 1826. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de informar a Y. E. que visité a S. E. 
el presidente, el 20 del pasado y le comuniqué la pro- 
posición de Río de Janeiro, de que yo era portador, ya 
trasmitida a Y. E. en mi despacho n.° 10. 

La leyó atentamente y manifestó que no era digna 
de que se la discutiera. Le informé de la parte de mi 
gestión en Río, que juzgué suficiente para abonar la 
vehemencia con que el gobierno británico ha urgido al 
gobierno brasilero para que tome algunas medidas, efec- 
tivas, tendientes a la restauración de la paz, y S. E., 
en términos firmes, expresó que él y la república sen- 
tían viva simpatía y gratitud hacia S. M. por su amis- 
tosa mediación. 

Con anterioridad a mi entrevista con el presidente, 
yo había examinado, con gran cuidado, y discutido lar- 
gamente con el señor Parish, las opiniones que yo tenía 
acerca de la conducta que convenía seguir, en las cir- 
cunstancias en que actualmente se encuentra este país, 
para cumplir mis instrucciones respecto a la paz. 

He celebrado también, acompañado por el señor Pa- 
rish, una larga conversación con el señor García, a 
quien — nombrado, por este gobierno, enviado extra- 
ordinario ante el de S. M., — juzgué con título sufi- 
ciente para merecer mi confianza y obtener de él infor- 
maciones muy útiles, por tratarse de una persona de 
larga experiencia en los asuntos políticos de este país. 

Cuando le hube expuesto mis opiniones, pude com- 
probar, con gran satisfacción, que éstas concordaban. 



. 7 . 4 . JbJJIS ALBEBTO DE HERRERA 


en absoluto, con las suyas. Me manifestó, también, que 
él creía que un notable cambio se había producido en 
litó opiniones del presidente, bastante como para dar 
lugar a una esperanza de que ahora estaría mejor dis- 
puesto para acoger la propuesta de arreglo que yo pen- 
saba presentarle, con el fin de alcanzar la terminación • 
de la guerra. Finalmente, el proyecto de erigir a la ( 
Banda Oriental en un estado independiente y, también, 
insinuar que podía no ser imposible obtener del gobierno 
de S. M. B., a petición de los beligerantes, la garantía, 
a las dos partes, de la libre navegación del Río de la 
Plata. 

Estoy perfectamente enterado de que el gobierno de 
S. M. preferiría evitar antes que apoyar esa gestión; 
pero, al mismo tiempo, estoy tan convencido de que, 
sin ella, no sólo la fórmula en trámite sería rechazada 
por este gobierno sino que, aunque fuera considerada, 
no produciría los benéficos resultados que, en mi opi- 
nión, se derivarían de la ejecución de todo el proyecto, 
incluyendo la garantía que, en consecuencia, el fin pri- 
mordial que persigue el gobierno de S. M., — una paz 
sólida y duradera — se perdería, a causa de una con- 
sideración de menor importancia. 

El presidente habló largamente en favor de la paz, 
refiriendo, muy enérgicamente, a las dificultades de la 
guerra y a los peligros a que se exponían las institu- 
ciones de la república, si ésta continuaba, por el pro- 
bable advenimiento al poder de los aventureros mili- 
tares, de cuyo predominio había sido librado recien- 
temente Buenos Aires y en razón de los cuales el país 
ha sufrido larga e intensamente. 

Le manifesté la opinión que tenía sobre la indepen- , 
deneia de la Banda Oriental, la única base posible so-'l 
ber la cual, en los actuales momentos, cabe fundar u 
una negociación de paz con el emperador del Brasil, *j 
exponiendo las razones en que apoyaba esa opinión y |j 
los resultados que yo suponía se derivarían de esa me- _*• 
dida para los intereses de Buenos Aires. 

Escuchó mis palabras tan favorablemente como era 
de desear y, en su respuesta, recalcó, principalmente, 
sobre la necesidad de una garantía para afirmar la 
duración de tal arreglo y sobre su ineficacia para la 
conservación de la libre navegación del Río de la Plata, 
de la cual depende la seguridad y, tal vez, la existencia 



LA MISIÓN PONSONBY 75 


de Buenos Aires. Le repliqué, entonces, que la garantía 
respecto a!, río, si pudiera ser obtenida, haría desapa- 
recer ese peligro e insinué la posibilidad de que fuera 
lograda. Me formuló diversas preguntas sobre" el parti- 
cular y le contesté que, hablando como yo lo hacía,, ente- 
ramente sin atribuciones, él debía tomar mis palabras 
como mi opinión individual ; pero que. yo creía que, si 
los beligerantes acudían al gobierno de S. M., éste qui- 
zás accediera a la demanda, cargando con la respon- 
sabilidad de garantir a las partes beligerantes la libre 
navegación del Río de la Plata, si considerara nece- 
saria esa decisión para la obtención y estabilidad de 
la paz. 

Me expuso que apreciaba esa medida en su justo va- 
lor, pero que no la consideraba suficiente seguridad, 
pues, como no podía confiar, ni una hora, en la buena 
fé del gobierno brasilero, juzgaba absolutamente nece- 
sario que cualquier tratado que se concertara, sobre 
las bases mencionadas por mí, debía ser garantido, en 
todas sus partes, por la Gran Bretaña. 

Le dije que la Gran Bretaña no accedería nunca a 
prestar tal garantía y que, al declarárselo así, lo hacía 
con perfecto conocimiento de causa, por lo cual no ele- 
varía esa proposición a mi gobierno. 

Comuniqué al señor García el resultado de esa entre- 
vista y me contestó que creía casi seguro que el pre- 
sidente, al fin, adoptaría la actitud sugerida por mí 
y calurosamente me aconsejó que perseverará. 

Poco después, volví ,a ver al señor García, quien había 
celebrado una entrevista con el presidente y discutido 
con él, ampliamente, la cuestión. Me pidió que le ¡ha- 
blara por segunda vez, pues confiaba que el presidente 
abandonaría la idea de solicitar esa inasequible garan- 
tía. En esta visita, se acordó que yo maduraría la idea, 
hasta ese. momento tratada sólo verbalmente, y que la 
expondría por escrito. 

Así lo hice y remití los artículos (véase copia n.° 1), 
al señor García, quien se comprometió a hablar de 
ellos al presidente; y, habiéndolo hecho así, me trasmi- 
tió sus impresiones favorables sobre el* posible éxito de 
la gestión, por lo que entrevisté nuevamente al primer 
magistrado, llevando , el proyecto conmigo. Lo encontré 
muy lejos de repunciar a sus demandas. 

Le hice todas las objecciones que consideré eficaces 



76 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


para persuadirlo de que, aunque pudiera obtener la 
garantía territorial, ésta no sería mayor ventaja para 
su país que la derivada de la garantía marítima. Agre- 
gué que los acontecimientos que se desarrollaban actual- 
mente en la Banda Oriental probaban que los brasi- 
leros no podían someter la campaña y que sólo se sos- 
tenían en las plazas fortificadas. Que si el tratado pro- 
puesto fuera concertado y, por consiguiente, demolidas 
las fortificaciones, sería insensato suponer que los bra- 
sileros intentaran posesionarse de un territorio que ya 
la experiencia les ha probado no podrían dominar sin 
la ayuda de esos fuertes desmantelados; aparte de que 
es difícil imaginar qué finalidad podrían perseguir, 
porque la demolición de las murallas de Montevideo 
y de otros puntos dificultarían sus operaciones nava- 
les y, la garantía del río, por Inglaterra, las haría total- 
mente imposibles. 

Que, por consiguiente, para reconocer algún sólido 
fundamento a la inseguridad que él (el presidente) 
presentía, era necesario dar por concedido que los bra- 
sileros serían, no sólo desleales, sino también tan tontos 
como para violar un solemne tratado, sin la probabi- 
lidad de recoger alguna ventaja de su perfidia. 

No puedo recordar qué respuesta dió el presidente 
a mis argumentos; pero creo que, simplemente, repitió 
su aserto anterior de que los brasileros no eran de con- 
fiar; y volvió a insistir en que, sin la garantía soli- 
citada, no progresaría, por su parte, el asunto. A lo 
que repliqué que era inútil, entonces, seguir discutién- 
dolo y que sólo me restaba echar al fuego el documento 
(lo tenía en la mano), y comunicar a mi gobierno el 
fracaso absoluto de mis gestiones para producir algún 
movimiento en pro de la paz. El presidente me rogó, 
entonces, con alguna vehemencia, que no pusiera fin 
de esa manera a mi intervención y que le enviara el 
proyecto, por la vía usual, es decir, por intermedio del 
ministro de relaciones exteriores. Le repliqué que siem- 
pre tendría agrado en complacerle y corresponder a su 
pedido. 

Estaba seguro de que él obedecía a algún propósito 
al hacer esa demanda y sospeché pudiera ser llevarme, 
en forma solapada, a dar un carácter oficial y público 
a una comunicación que era completamente confi- 
dencial. 




LA MISIÓN PONSONBY 


77 


Sin embargo, estaba cierto que no lograría su fin, 
si tal era su intención, y, a mi regreso a casa, envié el 
proyecto al ministro de relaciones exteriores, acompa- 
ñado de la carta cuya copia (n.° 2) adjunto. Al si- 
guiente día, el señor Parish me informó que el señor 
García le había comunicado que el presidente adhería 
a su solicitud de la garantía territorial y que, en con- 
secuencia, deseaba verme nuevamente. Al enterarme de 
ésto, escribí al señor García una carta, de la que incluyo 
un extracto (n.° 3) , manifestándole que, si el presi- 
dente persistía en su demanda de garantía, malgastaba 
su tiempo, porque nada podría inducirme a alterar mi 
conducta. 

En la mañana de ayer, el ministro de relaciones exte- 
riores me visitó y me dijo que había sido comisionado 
por el presidente para comunicarme que él no podía 
tomar sobre sí la responsibalidad de rehusar o aceptar 
el proyecto que yo le había sometido, sin consultar al 
congreso, y que podrían hacerlo, si yo lo presentaba 
al gobierno por nota oficial. Rehusé hacerlo así, di- 
ciendo que yo sólo había actuado como un amistoso 
consejero y que correspondía a su gobierno adoptar sus 
propias medidas oficiales; pero que estaba dispuesto a 
apoyar y sostener, calurosamente, cualquier iniciativa 
pacífica que fuera necesario trasmitir al Brasil. 

Me guié, en este caso, como anteriormente y en casó 
análogo en Río de Janeiro, por el siguiente párrafo de 
mis instrucciones: “No corresponde al gobierno britá- 
nico sugerir ninguna especificada contraproposición, 
etc”, y por la sospecha de que pudiera existir el intento, 
al estimularme a dar origen oficiad a la proposición 
sometida al congreso, de despertar en esa asamblea la 
creencia de que Inglaterra contempla, principalmente, 
su propio y especial interés y que, por consiguiente, 
más tarde o más temprano, ayudará a la república; 
idea que yo sabía había sido ya alentada por diversas 
personas y que, si arraigaba en el congreso, predis- 
pondría a sus miembros a adoptar la política de los par- 
tidarios de la guerra y a apoyar la demanda del pre- 
sidente sobre garantía territorial, medida que espero 
(aunque yo indudablemente no estoy en condiciones 
de emitir una opinión acabada sobre el asunto) que el 
congreso no tomará. Más bien, creo en la adopción de 
otra, en oposición a ciertos hombres, quienes, rehusán- 



78 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


cióse a ajustar su conducta a las necesidades actuales, 
pretenden seguir adelante, con una terquedad, igno- 
rancia o ceguedad extraordinarias, en prosecución de 
un objeto que es. más que probable no lograrán nunca 
y que, aunque lo obtuvieran, no lo podrían retener : 
son los mismos hombres que comenzaron esta guerra, 
sin contar con los medios bélicos necesarios para eos- 
tenerla, y que descuidaron, durante el período que me- 
dió entre su declaración y el cierre de su puerto al 
enemigo, proveerse de lo indispensable para la lucha. 
Hombres que ahora cuentan, con insensata seguridad, 
con recursos pecuniarios consistentes, totalmente, en 
papel moneda, estimado como legal, que sufre una 
depreciación de 115 por ciento; hombres que conocen 
su escasa influencia sobre las provincias y sospechan 
a Bolívar más bien inclinado a ser su enemigo que 
su amigo. 

En mi apreciación de las ventajas probables que se 
derivarían del proyecto que he insinuado, ineluyo sus 
efectos como una medida de guerra (si fallara para 
deparar la paz), porque es una verdad, indiscutible, 
que a los orientales les disgusta estar sometidos a Bue- 
nos Aires casi tanto como al Brasil y que la indepen- 
dencia es su más ardiente anhelo. Por consiguiente, si 
Buenos Aires, en un solemne acto, se declarara resuelto 
*a establecer la independencia de la provincia Oriental, 
sería secundado, en su guerra contra el Brasil, con todo 
el entusiasmo y ardor con que los hombres luchan por 
su propia causa, en vez de ser (como ahora ocurre) tan 
a menudo engañado y resistido como apoyado. 

Hace dos días, tuve oportunidad de leer una carta, 
recién recibida de Lavalleja, en la que dice que Alvear, 
el general en jefe, cruzó mediante una estratagema un 
río, cuyo vado estaba defendido por los orientales, 
quienes se cuentan en el número de sus propias tro- 
pas. El general Rodríguez, que en otro tiempo ocupó 
la presidencia de la república y el comando en jefe del 
ejército, conferido ahora a Alvear, recientemente, de 
regreso de las provincias, fué atacado por las tropas 
que él creía bajo su mando, despojado hasta de la ca- 
misa y, según se dice, escapó, apenas, de ser muerte. 

Lo que acabo de exponer, le .permitirá apreciar al- 
gunos de los antecedentes en que se funda mi opinión 
sobre la política más adecuada que conviene a este 



la misión ponsonby 


79 


país, con relación a sn propia situación y tal es, creo, 
la versión más favorable que puede darse de sus re- 
cursos marciales. 

Aún no he mencionado a todo un regimiento aban- 
donando a sus oficíales, ni a un coronel abandonando 
a su regimiento, porque, según dijo: “no pelearía con- 
tra los orientales, sus compatriotas”. 

En este estado de cosas; tengo motivos para suponer 
que mañana recibiré del gobierno un completo rechazo 
del proyecto de paz que el señor García, el hombre más 
ilustrado de la nación, les ha instado, con todo empeño, 
a adoptar y que estoy convencido será aceptado por el 
país, en general, cuando sea conocido. 

La situación de los comerciantes británicos, aquí, es 
de lo más calamitosa; el comercio está completamente 
arruinado y, como el estado- actual del cambio de este 
país se lo demostrará a Y. E., sus capitales han que- 
dado reducidos a menos aún de la mitad. Tengo algu- 
nas esperanzas, tal vez demasiádo optimistas, de que 
el proyecto que he presentado, aquí, pueda ser favo- 
rablemente recibido en Río y conduzca a una negocia- 
ción, si fuera aceptada aquí y convenientemente di- 
rigida. 

Creo que el emperador ha empezado a sentir las difi- 
cultades de la guerra y a sospechar que está expuesto 
a considerables peligros, aún dentro de sus propios 
dominios. Creo, también, que él está mucho más de- 
seoso de evitar que la Banda Oriental vaya a las ma- 
nos de Buenos Aires, que de cualquier otra cosa: que 
Ja pasión, no la política, es su mayor impulso. Y, en 
realidad, el Brasil tiene poco o ningún interés, directo 
o indirecto, en la posesión del Río dé la Plata, a menos 
que el Brasil se haga la ilusión de conservar para siem- 
pre la Banda Oriental, esperanza que, dentro de todo 
lo que puedo presumir, es algo que juzgo debe conside- 
rarse quimérico. 

El proyecto en cuestión, arrancando la provincia al 
dominio de Buenos Aires, satisfaría, en cierto sentido, 
el odio del emperador contra Buenos Aires. Le evita, 
también, a su orgullo la mortificación de tener que ce- 
der algo directamente a esa nación, y como el tratado, 
si alguno hubiera, sería negociado bajo la mediación de 
Inglaterra, podría, hasta cierto punto, pensar o decir 
que era a un aliado y amigo que aconsejaba, no a un 



80 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


enemigo que exigía, a quien él consentía en transferir 
un territorio del cual se denomina soberano. 

Mi nota ha resultado demasiado larga, pero yo no 
poseo habilidad para hacerla más breve, sin dejar de 
expresar muchas cosas que creo de mi deber decir a 
V. E. ; y, a pesar de su extensión, sólo- he dado un informe 
corto e imperfecto de mis conversaciones con el presi- 
dente, aunque he dicho bastante para enterar a Y. E., 
con corrección, de lo sustancial de su conducta. Si me 
es permitido emitir una opinión, diré que, según mi 
modo de ver las cosas, la actitud del presidente res- 
ponde, en mucho, a móviles puramente personales. Él 
cree que los partidarios de la guerra son numerosísi- 
mos en el país; pero, no obstante, está convencido de 
que la paz es absolutamente necesaria y de que tal vez 
sea mejor que, bajo cualquier circunstancia, la Banda 
Oriental sea separada de Buenos Aires, en vez de que- 
dar unida a ella. En sus conversaciones conmigo, ha 
admitido que así sea. No puedo creer que no esté con- 
vencido de que la garantía del ríe produciría toda la 
seguridad deseable para los intereses positivos de este 
estado. 

Confío en su indulgencia y reclamo su perdón si, en 
alguna manera, he contravenido la letra o el espíritu 
de mis instrucciones. Nio alcanzo a ver nada que lo haga 
presumir, a no ser haber insinuado la posibilidad de 
que el gobierno de S. M. B. pudiera otorgar la garan- 
tía marítima; pero, al proceder así, puse especial cui- 
dado en no mencionar a mi gobierno; lo hice en mi 
nombre, exclusivamente, y en ese punto, como en todos 
los otros, el nombre del gobierna de S. M. no ha sido 
comprometido. 

Me aventuraré, sin embargo, a declarar que estoy 
convencido de que, de esa medida, se derivarían los más 
grandes beneficios para toda Sud América, pues haría 
desaparecer la causa de muchas disputas, manteniendo 
siempre una libre entrada para el comercio en sus in- 
mensos países, cuyos ríos son en su mayoría navega- 
bles, y, tal vez, facilitando un intercambio comercial 
con el Paraguay, si se considerase conveniente. 

Me hago un honor en repetirme de Y. E. con gran 
sinceridad y respeto su más atento y humilde servidor, 
(firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. G-eorge Canning, etc., etc., etc. 



LA MISIÓN PONSONBY 


81 


DE LA CRUZ A PONSONBY 

(Confidencial). Buenos Aires, Octubre 3 de 1826. — 
Excmo. señor: Habiéndose enterado S. E. el presidente 
del contenido de la carta que Y. E. se dignó dirigirme 
el 25 del ppdo., así como del proyecto acompañado, me 
ha autorizado para hacer a Y. E. la siguiente expo- 
sición : 

Que, si la propuesta del gobierno del Brasil al go- 
bierno de esta república, para el restablecimiento de la 
paz entre los dos estados — de la cual V. E. mani- 
fiesta ser portador — es la que aparece indicada en el 
documento que Y. E. tuvo la bondad de mostrar al 
presidente, esa propuesta fué considerada, de común 
acuerdo, por S. E. el presidente y por Y. E., como im- 
posible de ser aceptada bajo ningún concepto, ni como 
contraproyecto, ni como base para una negociación 
pro-paz. puesto que en ella el gobierno del Brasil exige 
mucho más de lo poseído, o de lo que poseía antes de 
la guerra. Y V. E. me permitirá observar que el carác- 
ter de la antedicha proposición queda plenamente con- 
firmado por la noble actitud adoptada por V. E., al 
no ponerla en conocimiento de este ministerio. 

S. E. el presidente, considera su deber rectificar en 
esta ocasión la idea que Y. E. parece tener de que él 
le manifestó deseos de saber si algunas otras bases po- 
drían ser ofrecidas, a fin de obtener la paz, que había 
fracasado en las prestigiadas por el gobierno de S. M. B., 
aceptadas por el gobierno de las Provincias Unidas del 
Río de la Plata. 

Lo que S. E. recuerda, como ocurrido en el caso, es 
que, al manifestarle a Y. E. el deseo de que él y todas 
las autoridades de esta república están animadas, de 
poner término a la guerra, tan pronto como sea posi- 
ble, y de su favorable disposición para realizar por el 
logro de ese fin todos los sacrificios que los intereses 
esenciales de la nación puedan consentir, — Y. E. ex- 
puso la idea sobre la que el proyecto que ha tenido la 
bondad de enviar está basado y que adjunto a la carta 
que ahora contesto. 

S. E. el presidente manifestó inmediatamente a Y. E. 
que una base de esa imporbanlcia, que era p/robable 

6 —II 



82 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


fuera fatal y que, desde luego, resultaba tan perju- 
dicial para la existencia de esta república, era, no sólo 
contraria a sus principios, sino que, entrar a apreciarla, 
sobrepasaba los límites de su autoridad. Que, no obs- 
tante eso, si tal proposición fuera presentada oficial y 
directamente por el poder mediador (al que tanto el 
presidente como las autoridades están resueltos a tratar 
con todas las consideraciones a que es tan acreedor), 
entonces, él se consideraría obligado a darle el trámite 
que corresponde, de acuerdo con las instituciones del 
X>aís. Pero S. E. aprovechó la oportunidad para decla- 
rar, también, que él siempre juzgaría de su deber soli- 
citar de la representación nacional el rechazo de la pro 
posición, a menos que, como parte esencial de la misma, 
la garantía del poder mediador y proponente pudiera ser 
lograda. 

Por consiguiente, no es sino una consecuencia de lo 
que dejo expuesto el requerimiento formulado por V. E., 
en su carta, de que el proyecto que la acompañaba sea 
considerado como una sugestión pura y estrictamente 
privada. x 

'No está dentro de las atribuciones de S. E. el presi- 
dente dar otra respuesta sobre el particular que la que 
tuvo el honor de enviar, hace dos meses, el señor Parish. 

A'l mismo tiempo, tengo la satisfacción de expresar 
a V. E. que he recibido órdenes especiales de S. E. el 
presidente de renovar las seguridades de su más deci- 
dida y completa disposición, así como la de todas las 
autoridades de la república, de hacer, sin reserva, los 
mayores esfuerzos para lograr la conclusión de la gue- 
rra, por medio de una justa paz; y que la misma dis- 
posición existe, en grado aún mayor, de parte de S. E. 
y de las antedichas autoridades, de ser guiados por los 
consejos del gobierno al que V. E. representa tan dig- 
namente y de rendir la mayor consideración y respeto 
a S. M. B., a quien consideran el mejor y más grande 
amigo de la república. 

Tengo el honor de saludar a V. E. con todo respeto 
y consideración. — (firmado) Francisco de la Cruz. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 




LA MISIÓN PONSONBY 


83 


PONSONBY A DE LA CRUZ 

Buenos Aires, Octubre 9 de 1826. — Excmo. señor; 
El infrascrito, ministro plenipotenciario y enviado 
extraordinario de S. M. B., tiene el honor de acusar 
recibo de la nota que ei señor general de la Cruz, mi- 
nistro de relaciones exteriores, le dirigió el 3 del actual. 

El infrascrito lamenta profundamente comprobar que 
existe una diferencia de opinión sobre el significado de 
lo que fué dicho en la conversación que tuvo el honor 
de celebrar con S. E. el presidente. El señor general 
dice que S. E. el presidente juzga de su deber rectifi- 
car la idea, que me supone, de que le manifesté el de- 
seo de saber si algunas bases pudieran ser ofrecidas, 
por medio de las cuales pudiera obtenerse la paz, 
fracasada en las propuestas por el gobierno de S. M. B., 
las que, sin embargo, habían sido aceptadas -por el de las 
Provincias Unidas del Río de la Plata. 

El infrascrito no asegura que S. E. el presidente 
le formulara ninguna pregunta directa sobre el punto 
mencionado en la carta del señor ministro y hasta ad- 
mite que se dé por concedido que ninguna demanda 
formal fué hecha por ql presidente. El infracripto con- 
sidera '.perfectamente indiferente, para la apreciación 
de la cuestión, si los hechos fueron o no de esa natura- 
leza; pero juzga oportuno afirmar, y asá lo hace, que, la 
presentación de las bases al presidente fué la inmediata 
consecuencia de las manifestaciones del presidente y 
del vivo anhelo que expresó por el restablecimiento de 
la paz y de su lamentación por la prolongación de la 
guerra. El infrascripto se permite llamar la atención 
del señor ministro sobre el párrafo de su propia carta, 
que sigue inmediatamente al que ya ha citado, donde 
el general encontrará el hecho establecido por el in- 
frascripto, confirmado, de la manera más evidente y 
más resuelta, por la palabra del presidente mismo : 
“Que, mientras exponía S. E. el deseo de que él y todas 
las autoridades de esta república están animadas de 
poner término a la guerra, tan pronto como sea posi- 
ble, y de su favorable disposición para realizar, por el 
logro de ese fin, todos los sacrificios que los intereses 
esenciales de la nación puedan consentir, Y. E., enton- 
ces me indicó la idea sobre la que el proyecto está fun- 
dado”. 



84 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


En el mismo párrafo, V. E. continúa en los siguien- 
tes términos: “S. E. el presidente manifestó inmedia- 
tamente a V. E. que una base de esa importancia y 
naturaleza, que era probable fuera fatal y que, desde 
luego, resultaba tan perjudicial para la existencia de 
esta república, era, no sólo contraria a sus principios, 
sino que, entrar a apreciarla, sobrepasaba los límites 
de su autoridad. Que, no obstante eso, si tal proposi- 
ción fuera presentada oficial y directamente por el 
poder mediador (al que tanto el presidente como las 
autoridades están resueltos a tratar con todas las con- 
sideraciones a que es tan acreedor), entonces, él se 
consideraría obligado a darle el trámite que corres- 
ponde, de acuerdo con las instituciones del país. Pero 
S. E. aprovechó la oportunidad para declarar, tam- 
bién, que él siempre juzgaría de su deber solicitar de 
la representación nacional el rechazo de la proposi- 
ción, a menos que, como parte esencial de la misma, 
la garantía del poder mediador y proponente pudiera 
ser lograda”. 

El infrascrito declara que sus recuerdos de esa con- 
versación no concuerdan, de ninguna manera, con las 
reminiscencias de S. E. el presidente, pues no tiene 
memoria, en absoluto, de que el presidente le hiciera 
tal manifestación de desaprobación de las bases suge- 
ridas, sino que, por el contrario, aprobó la idea general 
(teniendo en cuenta el estado actual del país y el que 
puede crearse en el futuro) y que la objeción esencial 
formulada por S. E., para darle el curso que le corres- 
pondía, era solo esa carencia de seguridad que la mala 
fe que él atribuye al gobierno del Brasil imprime a 
cualquier tratado fundado sobre ella y para cuya falta 
de seguridad el presidente sólo veía un posible reme- 
dio: la garantía de la Gran Bretaña para cualquier 
compromiso que fuera concertado entre el gobierno de 
la república y el del Brasil. 

El infrascrito recuerda que S. E. el presidente se 
mostró plenamente compenetrado de la importancia de 
la medida sugerida y, aunque expresó que podía ser 
desaprobada por muchos, el infrascrito se dió perfecta 
cuenta de que el presidente estaba deseoso de darle 
curso regular, esto es, proponerla al congreso, con tal 
que la garantía británica fuera concedida, y no de 
otro modo ; pero el infrascrito nunca entendió que de- 



LA MISIÓN PONSONBY 


85 


bía ser oficialmente promovida por él, como ministro 
inglés. 

Habiendo el infrascrito establecido el alcance y 
naturaleza de sus reminiscencias y de su apreciación so- 
bre lo pasado, no considera necesario entrar en inves- 
tigaciones sobre la evidencia contenida en la historia 
de las gestiones, juzgadas en su verdadero carácter, 
desde sus comienzos hasta su terminación ; ni llamar 
en su apoyo evidencias colaterales, a las que podría 
recurrir. 

En más de un párrafo de la carta del general de la 
Cruz, la Gran Bretaña está designada como el poder 
proponente de bases. Primero, cuando menciona la paz 
fracasada sobre las bases propuestas por el gobierno 
de S. M. B. y, nuevamente, cuando el presidente dice 
que él siempre consideraría de su deber exigir de la 
representación nacional que no asintiera a tal propo- 
sición, a menos que, como parte esencial de ella, fuera 
obtenida la garantía de la potencia mediadora y pro- 
ponente. 

El infrascrito cree necesario llamar la atención del 
ministro de relaciones exteriores sobre este error, recla- 
mando su enmienda en lo relativo a la primera refe- 
rencia. El ministro encontrará, en los documentos ofi- 
ciales, que fué su propio gobierno quien propuso esas 
bases y que el gobierno británico las trasmitió a S. M. I. 
el emperador del Brasil, en nombre de las Provincias 
Unidas del Río de la Plata. 

En cuanto al segundo punto citado, el infrascrito 
debe dar una categórica negativa. Inglaterra no ha 
propuesto nada. 

S. M. el rey de la Gran Bretaña, habiendo consen- 
tido en ser mediador entre esta república y el imperio 
del Brasil, debe tomar en consideración la situación 
política de este país y el estado de su gobierno, sean 
cuales fueran las opiniones que puedan resultar de ese 
examen, y dar consejos, si lo juzgare conveniente; pero 
trasmitir una opinión, o formular un consejo al gobierno 
de una potencia amiga, no tiene gran semejanza, en la 
forma, o en esencia, con el hecho de ser el proponente, 
directo y oficial, de una fórmula al gobierno de un 
estado. No es probable que Inglaterra tome sobre sí 
tal misión, y ella respeta demasiado la independencia 
de la república para dar pretexto a la acusación de 



86 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


que intenta establecer otra influencia en su política 
que no sea la emanada de su desinteresada amistada Es 
un error de primera magnitud suponer que Inglaterra 
pueda tener algún interés predominante en el arreglo 
de los asuntos de este país como para inducir al go- 
bierno británico a alejarse de su reconocida política, 
al extremo de dar lugar a la suposición de que consen- 
tiría en garantir cualquier arreglo territorial en Sud 
América, suposición que debe haber nacido de la idea 
de S. E. el presidente de demandar una garantía es- 
pecial. 

Inglaterra es amiga de la república del Río de la 
Plata y del imperio del Brasil y desea la restauración 
de la paz entre ellos, para su común beneficio. 

Inglaterra finca todo su interés, acertadamente, en 
la común prosperidad de esos países. Sin embargo, para 
asegurar la paz y felicidad de esos estados, sería pro 
bable que el gobierno británico consintiera en tomar 
sobre sí, como ya el infrascrito lo declaró al presidente, 
aún alguna obligación onerosa, no estando en flagrante 
contradicción con su conocida política, — y fué en la 
inteligencia de que tales pudieran ser las generosas dis- 
posiciones del gobierno de S. M., que el infrascrito 
declaró su opinión privada de que S. M. B. podría ser 
inducido a prestar su garantía, para la libre nave- 
gación del Río de la Plata, a las partes interesadas, 
siempre que ambas partes así de él lo solicitaran. 

El infrascrito ve, con profunda pena, el fracaso de 
las esperanzas que abrigaba de que tuvieran iniciación, 
por lo menos, los trabajos pro-paz y teme, fundada- 
mente, que sólo tendrá que limitarse a contemplar la 
rápida y acelerada declinación de la prosperidad de 
estos estados, que debieran disfrutar de mejor suerte 
y a los que, posiblemente, tanto la victoria como la 
derrota les resultaría igualmente desastrosa. 

Es con íntimo pesar que cumplirá el deber de comu- 
nicar a su gobierno que, en ambos países, ha encontrado 
la misma determinación de continuar la guerra y que 
la mediación que S. M. B. les ha ofrecido, accediendo 
al deseo de los beligerantes, ha resultado estéril. 

El infrascrito aprovecha esta oportunidad para reno- 
var al señor ministro de relaciones exteriores las segu- 
ridades de su alta consideración y estima, etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 



LA MISIÓN PONSONBY 


87 


A S. E. el general de la Cruz, ministro de relaciones 
exteriores. (El general de la Cruz contestó manifes- 
tando que había puesto esta nota en conocimiento del 
presidente. ) 


DE LA CRUZ A PONSONBY 

(Confidencial) Buenos Aires, Octubre. 10 de 1826. — 
El infrascripto, ministro de relaciones exteriores, ha re- 
cibido y pasado al conocimiento del exorno, señor presi- 
dente de la república, la nota confidencial que se ha 
servido dirigirle ,S. E. lord Ponsonby, enviado extraor- 
dinario y ministro plenipotenciario de S. M. B., con fecha 
de ayer, en contestación ,a la del infrascripto del 3 del 
corriente. 

•Ed infrascripto, etc., etc., etc. — (firmado) J Francisco 
de la Cruz. 

A S. E. lord Ponsonby, etc., etc., etc. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Octubre 20 de 1826. — Excmo. señor: 
El señor Parish ya ha enterado a V. El del descontento 
y estado de los asuntos, en la provincia de Córdoba, 
anteriores a mi arribo a ésta. 

La junta de esa provincia complementó, luego, aque- 
llos actos con una publicación del decreto, del que 
tengo el honor de adjuntar una copia, declarando su 
determinación de separarse del congreso y de mante- 
ner, no sólo su propia libertad (como ellos la llaman), 
sino de tomar sobre sí la protección de las otras pro- 
vincias oprimidas, a consecuencia de lo cual le fue orde- 
nado al gobierno entrar en relaciones con Bolívar, o 
con el gobierno de Bolivia, e iniciar los convenios que 
se consideraran necesarios. 

El decreto luego establece que Córdoba está dispuesta 
a cooperar en la guerra contra el Brasil y en la de- 
fensa de la seguridad, integridad e independencia de 
la nación y a hacer cualquier sacrificio que las nece- 
sidades del país y el bienestar del estado puedan de- 
mandar. 

El documento n.° 3, que incluyo, enterará a V. E. 
de los acontecimientos revolucionarios que reciente- 



88 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


mente han determinado la separación del departamento 
de Tarija, en la provincia de Salta, de las Provincias 
Unidas y su incorporación, por el momento, a Bolivia. 

Mientras la guerra con el Brasil continúe y exija 
todas las fuerzas disponibles del gobierno, éste no ten- 
drá otros medios que la astucia y las intrigas para 
contener estos sucesos y restaurar su autoridad nominal 
en los distritos convulsionados. 

Entiendo que el gobernador de Tucumán está en 
armas con sus fuerzas y existen probabilidades de 
que ataque al gobierno cordobés, en nombre de la auto- 
ridad nacional; pero esas medidas violentas sólo logra- 
rán ensanchar la brecha ya abierta en la Unión y, si 
la milicia de Tucumán fuera derrotada, como es pro- 
bable, no será indudablemente obligada, por Bustos, a 
seguir la política de Córdoba, que parece perseguir la 
formación de una nueva Unión, constituida por todas 
las provincias más septentrionales contra Buenos Aires. 

V. E. observará que, en ambos casos, el nombre de 
Bolívar es mencionado y sindicado como el futuro sos- 
tén de los revolucionarios. Cuesta creer que él esté dis- 
puesto a prestar abierta protección a los insurrectos de • 
Córdoba, aunque, por lo que hasta mí ha llegado, 
de ninguna manera parece improbable que el gobierno 
de Bolivia, como lo ha hecho antes, insista en sus pre- 
tensiones sobre Tarija y sea, así, la causa de una pen- 
dencia con las Provincias de La Plata, contra las que 
ya cree tener sobrados motivos para una guerra, por 
la suspensión del definitivo reconocimiento de su in- 
dependencia, por Buenos Aires. 

El partido del señor Rivadavia no ha titubeado, sin 
embargo, en declarar que estos sucesos han sido inten- 
cionalmente promovidas por emisarios de Bolívar, con 
el fin de suministrarle un pretexto para penetrar con 
sus tropas colombianas en las provincias de la Plata 
y tratar de establecer aquí, como lo ha hecho en otras 
partes, su propia y suprema autoridad. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Ton- 
sonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 


Buenos Aires, Octubre 20 de 1826. — Excmo. señor: 
Ya he enterado a V. E. de la manera en que S. E. el 



LA MISIÓN PONSONBY 


89 


presidente recibió la proposición del gobierno del 
Brasil, y que me abstuve de darle ningún carácter 
oficial. 

El presidente consideró mi conducta como un acto 
de cortesía hacia él y de respeto a su gobierno; y, tal 
vez, no sólo evité irritar a S. E., sino que lo privé de 
los medios de irritar a otros, lo que, a juzgar por su 
posterior conducta, habría estado dispuesto a hacer. 

La proposición aún puede servir como una base, 
aunque no veo ninguna probabilidad de que adquiera 
realidad, a menos que este país fuera reducido a un 
sometimiento incondicional por el emperador. 

Me considero obligado a declarar la muy mala opi- 
nión que míe he formado respecto a la situación de 
los asuntos aquí; porque no se me oculta que esta repú- 
blica está en un estado próximo a la extrema debilidad 
y en gran peligro de verse manifiestamente imposibi- 
litada de continuar la guerra con alguna esperanza de 
éxito. Las rentas de la república ascienden, más o me- 
nos, a 1.200.000 pesos aproximadamente al año; los 
gastos, a unos 600.000 pesos al mes. El exceso de los 
gastos sobre las rentas, se cubre por medio de prés- 
tamos del Banco, tomados en billetes que ahora, en 
Buenos Aires, están al cambio de 120 por ciento de 
pérdida contra bulliones (oro en barras). Las provin- 
cias no contribuyen en nada a costear los gastos que 
origina la guerra, los que gravitan, exclusivamente, 
sobre Buenos Aires. El ejército, de ocho a diez mil 
hombres, destacados en la Banda Oriental, está bien 
equipado y, según se dice, bien disciplinado; pero el 
reclutamiento se hace en extremo dificultoso y sólo se 
consigue bajo el más severo apremio. 

Parece que las tropas de línea, milicia y otras fuer- 
zas, ascienden a más de veinte mil hombres, número 
que bien puede resultar oneroso para una población 
no mayor de 600.000 almas. 

La flota está compuesta por un barco, tres bergan- 
tines de guerra, una goleta bergantín, tres bergantines, 
once cañoneras y la vieja corbeta del almirante Brown, 
ya inútil para operaciones de mar. De los tres barcos 
comprados a Chile, y que doblaron el cabo de Hornos, 
uno, sufrió tales avenas que fué necesario volverlo al 
Pacífico, donde está ahora desmantelado. 

Otro, la fragata, fué visto en un temporal, hace dos 




90 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


meses, eerca del cabo de Hornos y, desde entonces, no 
se ha tenido más noticias acerca de su paradero. Esta 
fragata era vieja y débil y se teme que haya naufra- 
gado. El tercer barco, el más pequeño y en malas con- 
diciones de navegación, está en un puerto del Sur. 

No veo ninguna probabilidad de mejorar el estado 
de las finanzas, mientras el bloqueo continúe y des- 
truya el comercio ; aún creo que hay gran peligro de 
que empeore mucho más. El gobierno ha tenido una 
desavenencia con el banco, que vaciló en hacerle nue- 
vos adelantos en la escala por él demandada. iSe ha 
efectuado una reunión de los directores del mismo, de 
cuyo resultado aún no he tenido noticias; sospecho 
que la discusión de este asunto arrojará demasiada 
luz sobre la poco sólida situación de las finanzas y el 
estado del maltrecho crédito. 

El ejército está completamente desprovisto de medios 
para sitiar a Montevideo de manera más eficaz que 
por el bloqueo terrestre, método que la experiencia ha 
demostrado ser innocuo, mientras exista el predominio 
de los brasileros en el mar. 

El plan actual de Campaña consiste en lanzar el 
ejército a la provincia de Río Grande, a fin de levan- j 
tar al pueblo contra el emperador y libertar a los 
negros. No se supone que el ejército pueda penetrar 1 
más allá de Río Grande, pero es sobre el efecto de esta 
operación que el gobierno funda todas sus esperanzas ¡ 
de impresionar seriamente al emperador y obligarle a I 
hacer la paz. Ciertamente, no veo ninguna razón para | 
creer que un éxito de sus armas imprima empuje a los 
intereses o causa de Buenos Aires. Esta guerra es, en , 
su esencia, una guerra naval y la posesión de la Banda I 
Oriental y, tal vez, aún la de Montevideo, no signifi- 1 
caria ninguna ventaja para Buenos Aires, en tanto el 
bloqueo del río pueda ser mantenido por ed enemigo. 

He dado un resumen de la flota republicana y V. E., 
que conoce el poder de la escuadra brasilera en el río, 
juzgará de las probabilidades que aquélla tiene de 
forzar el bloqueo. Los imperiales no han demostrado 
mucha astucia ni coraje, mientras que, del lado de 
Buenos Aires, el almirante Brown ha acreditado gran 
energía y la más temeraria decisión. El me ha dicho 
que, si pudiera tomar una de las fragatas brasileras. 




LA MISIÓN PONSONBY 


91 


estaría en condiciones de desalojar del río a la escuadra 
bloquea dora. 

Los brasileros no intentaron un ataque contra la 
ciudad de Buenos Aires, ni podrían , creo yo, realizarlo 
fácilmente. No hay razón para presumir que la guerra 
termine por la eficiencia militar o naval de cualquiera 
de los beligerantes; pero, probablemente, el Brasil tras- 
tornará intensamente sus ‘finanzas y Buenos Aires 
arruinará completamente las suyas. 

Parece ser que el único remedio para los males pre- 
sentes, és colocar una barrera entre las partes conten- 
dientes y la idea sugerida ten mis instrucciones, esto 
es, la independencia de la Banda Oriental, parece ser 
la más oportuna: yo creo que la única de posible anda- 
miento ; pero, para hacer efectiva esa fórmula, será 
necesario que Inglaterra garanta a los beligerantes la 
libre navegación del Río de la Plata y, también al ter- 
cero: el nuevo estado a crear. 

Sin esta salvaguardia, cualquier paz que pudiera ser 
suscrita, no sería más que una tregua ; y, con ella, yo 
imagino ambas seguras y permanentes, porque esos 
intereses y temores que, üe otro modo, llevarían a las 
partes a la renovación de las hostilidades, en la primera 
oportunidad, perderán completamente su fuerza, cuando 
el Brasil no tenga medios de herir a Buenos Aires en 
sus grandes intereses, ni tampoco de dañarle, mayor- 
mente, y Buenos Aires no abrigue temores de que su 
existencia o su prosperidad pueden correr riesgo por el 
bloqueo de su único canal de comunicación con Europa. 

Alcanzando esta garantía, la posesión de la Banda 
Oriental es de poca utilidad para Buenos Aires y yo 
creo que, sin la garantía, la entera y completa posesión 
de esa provincia no libraría a ese estado de Sus actua- 
les dificultades y peligros, porque ellos se derivan, por 
entero, del bloqueo del Río de la Plata y, siendo el Bra- 
sil superior por mar, puede mantener el bloqueo tanto 
tiempo como le plazca. Considero que su superioridad 
persistirá tanto cuanto ambós estados dependan de 
extranjeros para mantener sus fuerzas navales ; y 
porque el más rico de los estados que pelean, valiéndose 
de extranjeros mercenarios, puede,, si así 16 desea, poseer 
siempre la mayor fuerza y, probablemente, también los 
mejores oficiales. 

La generosa política del gobierno británico no nece- 



92 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


sita otro estímulo para prestar su ayuda efectiva a la 
preservación de este país y servir al bienestar general 
de toda esta parte de Sud América, que la certeza del 
mucho bien que puede realizar; y creo no perjudicar 
ese punto de vista llamando particularmente la aten- 
ción de V. E. sobre los intereses británicos, que en tan 
alto grado pueden ser acrecentados, o tal vez creados 
por la seguridad de la libertad de comercio en el Río 
de la Plata. 

Salta, una de las provincias de la república Argen- 
tina, y Paraguay, suministran los mismos productos (en 
algunos casos de superior calidad) que los enviados por 
el Brasil a Inglaterra. Por el Plata y los grandes ríos 
que desembocan en él, alimentados por corrientes más 
pequeñas, que cruzan el territorio, todos esos produc- 
tos podrían ser obtenidos por Inglaterra, a precio mucho 
más reducido que en el Brasil. Las márgenes de los 
grandes ríos abundan en maderas apropiadas para la 
construcción de barcos, lanchas y balsas, cuyos solos 
materiales serían vendidos a muy considerable precio 
en los países de abajo. — (Sigue una exposición de las 
ventajas mencionadas.) 


Sabemos en qué graií número los ingleses han acu- 
dido a los territorios de La Plata, como comerciantes, 
mecánicos y agricultores, y las grandes extensiones de 
tierra adquiridas en propiedad por ellos. Conocemos, 
también, el deseo del gobierno y pueblo de esta repú- 
blica de alentar a los colonos y, más particularmente, 
a. los colones ingleses y ofrecerles facilidades para su 
rápido establecimiento, favorecido por la ausencia de 
bosques y otros obstáculos que, en otras partes, impi- 
den el inmediato cultivo. 

El colono encuentra aquí abundancia de caballos y 
ganados, un suelo rico y una fácil y constante comu- 
nicación con Inglaterra. La religión, no sólo es tole- 
rada, sino respetada, y las personas y propiedades 
extranjeras están tan bien garantidas como las de los 
mismos nativos. Y, como perspectiva casi cierta, la pro- 
babilidad de que, por la industria y la inteligencia, 
puede acumularse, rápidamente, una considerable for- 
tuna. Bajo tales circunstancias, si la corriente inmigra- 
toria no hubiera sido sofocada por la fuerza, como lo 
está siendo ahora por el bloqueo, es de suponer que 



LA MISIÓN PONSONBY 


93 


habría ido en aumento cada vez mayor, hasta formar 
en este país, en corto tiempo, una población suficiente 
para ocupar las tierras vacías, que son tan abundantes 
como asequibles. Los ingleses traen consigo hábitos y 
gustos que sólo pueden ser satisfechos por los productos 
ingleses, e Inglaterra debe ser, por años, el depósito de 
donde una numerosa y cada hora más creciente pobla- 
ción proveerá sus necesidades y muchos de sus lujos. 
Pero todas las ventajas existentes ahora, o que puedan 
ser deseadas en el futuro, dependen de la seguridad 
de la 'libre navegación del Plata; porque todo aquí 
se basa en el comercio y su interrupción produce (como 
los hechos actuales lo prueban ampliamente) un rápido 
decaimiento y parece amenazar las instituciones polí- 
ticas del estado y sus leyes e integridad. 

Me causa algo más que disgusto la ceguedad del pre- 
sidente, frente a los verdaderos intereses de su país. 
Él ha sido, en algunos casos, un competente adminis- 
trador de los asuntos de la república y ha contribuido 
mucho a dar una conveniente dirección a sus nuevas 
energías, así como ha sido el autor de muchas impor- 
tantes y benéficas leyes y reglamentos internos; pero, 
como político, parece carecer de las cualidades reque- 
ridas. Él alentó y apoyó el desenfrenado y necio es- 
tallido de la multitud, del que proviene el verdadero 
origen de esta desastrosa guerra. Él descuidó (metido 
en la guerra) prepararse debidamente para llevarla 
adelante con probabilidades de éxito; esto es, cuando 
aún el río estaba libre. Desde entonces, ha dirigido los 
mayores esfuerzos del gobierno a las operaciones por 
tierra, sin ver que era por los medios navales, única- 
mente, que podía evitar el golpe mortal dirigido al 
estado, el único golpe de muerte que el Brasil puede 
infligirle. Él ha sostenido la guerra recurriendo a un 
sistema de papel moneda de la peor naturaleza (que 
ya amenaza romperse en sus manos), habiendo reti- 
rado previamente de Londres (por un acto insensato) 
los asuntos financieros de este país, que estaban en 
manos de Alexander Baring, para entregarlos a Mress. 
Hullet y Cía., de quienes él no puede esperar ayuda 
en 6us apremiantes necesidades. Y, ahora, mantiene, 
en la forma más obstinada, una política belicosa, de 
la que no puede esperar ningún resultado seguro, obe- 



94 


LUIS ALBEBTO DE HERRERA 


diciendo, creo, a las instigaciones del orgullo, aún con- 
trariando sus propios opiniones. 

De todo lo que puedo deducir de este estado de , 
cosas, concluyo que los orientales están tan poco dis- 
puestos a permitir que Buenos Aires tenga predominio 
so*bre ellos cómo a someterse a la soberanía de S. Mi. I. 
el emperador. Ellos luchan contra los brasileros, pero i ¡ 
es para rescatar a su país y librarse ellos mismos de , 
una asfixiante esclavitud, na para colocarse bajo la ; 
autoridad de Buenos Aires; y, si el emperador fuera 
alguna vez desalojado de la Banda Oriental, los orien- 
tales estarían igualmente prontos a luchar contra 
Buenos Aires por su independencia, como lo hacen 
ahora contra el Brasil. 

La firme convicción que aliento acerca de estos he- 
chos es la que me infunde tanta confianza en la fór- 
mula sugerida, que no sólo promete positivos benefi- 
cios a la república, librándola de una guerra de 
carácter civil, consecuencia, a mi juicio, de la anexión 
de la Banda Oriental a Buenos Aires, pero que tendría 
la positiva ventaja, si se utilizara, de aliviar al estado 
de todas sus dificultades presentes y asegurarle una 
nueva era de prosperidad. 

La Banda Oriental es casi tan grande como Ingla- 
terra; tiene el mejor puerto del Plata dentro de sus 
límites; el suelo es particularmente fértil y el clima el 
mejor, con mucho, de estas regiones* está bien regado 
y, en partes, provisto de buenos montes. Muchos de sus ( 
habitantes tienen grandes posesiones; sjon tan cultos 
como cualquier persona de Buenos Aires y muy capa- 
ces de constituir un gobierno independiente, probable- 
mente tan bien administrado y conducido como cual- 
quiera de los gobiernos de Sud América. El pueblo es 
impetuoso y salvaje, pero ño más que el de aquí y 
(yo creo) como el de todo el continente. 

Lo que Córdoba ha hecho (véase mi despacho n.° 24), 
puede ser un ejemplo de la probable conducta de la 
Banda Oriental, si fuera anexada a Buenos Aires. 

He hecho todo lo que está en mi poder para indu- 
cir al gobierno a tomar algunas inmediatas medidas 
pacíficas. Apercíbome de lo angustiosamente que el 
tiempo* cerca a la república de toda suerte de peligros 
y pienso que las tentativas de paz debieran hacerse;, 
ahora, antes de que algún imaginario o real éxito de 





, LA MISIÓN PONSONBY 


95 


parte de cualquiera de los contendientes, levante vanas 
esperanzas y aumente la obstinación de las hostilidades. 

Sin embargo, no tengo motivos para creer que el 
presidente adopte ninguna medida conducente al logro 
de este fin, ' hasta que la adversidad lo obligue ; y yo 
temo, debo confesarlo, que la notoriedad de la mala 
situación de este país se haga tan evidente que el empe- 
rador se sienta tentado a exigir uñ incondicional some- 
timiento a todas sus demandas y que, finalmente, este 
país se vea obligado a ceder a ellas. 

Puedo, presumo, arriesgar una opinión y es, que si 
tal caso llegara, podría ser ventajoso para Inglaterra 
ofrecer la garantía, tan a menudo mencionada, del 
libre comercio del Río de la Plata, porque esa medida 
salvaría de la ruina a las Provincias Unidas del Plata 
y a los cuantiosos intereses británicos, que correrían 
la misma suerte. 

Espero que V. E. me excusará por haber hablado 
sobre un punto que no está literalmente dentro de los 
términos de mis instrucciones, pero que yo considero 
lo suficiente en armonía con su espíritu como para 
suponer que seré disculpado por haberlo abordado. 

Aunque el presidente y sus consejeros están tan 
poco inclinados a la paz, creo que el pueblo calurosa- 
mente la desea y que pocas personas serias se encon- 
trarían capaces de objetarla, tal vez aunque fuera des- 
favorable. Por consiguiente, confío miucho en que el 
malestar del pueblo obligará al gobierno a cambiar su 
política y confío que el emperador se mostrará mode- 
rado, cuando eso ocurra. 

No tengo informes como para poder formar una opi- 
nión sobre las intenciones de Bolívar, pero imagino que 
el presidente y el gobierno están muy preocupados de 
que pueda Bolívar dirigir sus miras hacia este lado y 
no osan aceptarlo como amigo, por temor de que él 
intente convertirse en amo. 

Oigo decir a todo el mundo, y lo creo, que la paz 
devolvería, casi de inmediato, su gran prosperidad a 
este país, si pudiera ser lograda, ahora, o muy en breve. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 



96 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


PONSONBY A DE LA CRUZ 

Buenos Aires, Octubre 24 de 1826. — El infrascrito 
tiene el honor de poner en conocimiento de S. E. el 
general de la Cruz que ha recibido orden especial de 
su gobierno de poner de manifiesto ante el gobierno 
de las Provincias Unidas del Río de la Plata la con- 
veniencia de realizar todos los esfuerzos a su alcance 
para continuar la negociación para la restauración de 
ha paz entre las Provincias Unidas y S. M. I. el empe- 
rador del Brasil y que puedan considerarse hábiles 
para producir ese tan deseable y benéfico resultado. 

El infrascrito, por lo tanto, tiene el honor de tras- 
mitir a S. E. el general de la Cruz los deseos de su go- 
bierno y ruega a S. E. que exponga a S. E. el presi- 
diente, en temprana oportunidad, el contenido de esta 
nota. — (firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. el general de la Cruz, etc., etc., etc. 

DE LA CRUZ A PONSONBY 

Ministerio de relaciones exteriores. — Buenos Aires, 
Octubre 26 de 1826. — El infrascrito, ministro de 
relaciones exteriores, al acusar recibo de la nota, fe- 
chada el 25 del actual, que S. E. lord Ponsonby, en- 
viado extraordinario y ministro plenipotenciario de 
S. M. B., tuvo la bondad de dirigirle, poniendo de ma- 
nifiesto el vivo deseo que anima a S. M. B. de que avan- 
cen las negociaciones pro-paz, ya iniciadas por su me- 
diación, tiene el honor de dirigirse a S. E. con el fin 
de asegurarle que S. E. el presidente, inspirado en el 
noble deseo de poner término a la guerra existente, 
por desgracia, entre la república de las Provincias Uni- 
das y el imperio del Brasil y con el propósito de dar 
a todo el mundo, y especialmente a S. M. B., una 
prueba evidente de la sinceridad de este anhelo, ha 
ordenado al que suscribe que repita a S. E. lord Pon- 
sonby la siguiente declaración, que S. E. hace, en la 
forma más solemne : * ‘ Que el gobierno de las Provin- 
cias Unidas del Río de la Plata está convencido de la 
ventaja y, más aún, de la mutua necesidad de afian- 




LA MISrÓN PONSONBY 


97 


zar una paz, honorable para ambas partes beligerantes, 
en términos tales que no sea posible una renovación de 
la guerra; y que, a tal efecto y en este sentido, ten- 
derán sus esfuerzos, hasta donde lo permitan los inte- 
reses esenciales de la nación”. 

El infrascrito, al trasmitir esta declaración, está 
igualmente autorizado para solicitar del lord Ponsonby 
que tenga la bondad de comunicarla así al ministro de 
S. M. en la corte de Río Janeiro, con el fin de que 
haga de ella el uso que considere más conveniente con 
respecto al gobierno de S. M. I. y más conducente al 
objeto de la amistosa mediación de S. M. B. ante los 
gobiernos beligerantes. 

El infrascrito se hace un honor en renovar a S. E. 
lord Ponsonby las seguridades de su más alta consi- 
deración. — (firmado) Francisco de la Cruz. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

GARCÍA A PONSONBY 

(Privada y confidencial). — Buenos Aires, Octubre 
30 de 1826. — Excmo. señor: En cumplimiento de la 
promesa que ayer formulé a Y. E., comuniqué al pre- 
sidente su deseo de tener alguna seguridad, oficial y 
escrita, de que S. E. admitirá como base de las nego- 
ciaciones el proyecto ya sometido a su consideración, 
que tengo el honor de adjuntar a ésta, después de haber 
merecido amplia aprobación de S. E. el presidente. 

S. E. categóricamente rehúsa dar ninguna declara- 
ción oficial, pues, según su criterio, equivaldría a una 
nueva propuesta de bases, contraria a la determinación 
tomada por el gobierno de no hacer ni considerar otras 
proposiciones, hasta no estar cierto de la aceptación 
de éstas por S. M. I. Si esto fuera logrado, el presi- 
dente cumplirá lealmente su palabra de aceptar esa 
propuesta como base de la negociación y de darle el 
curso que corresponda, de acuerdo con las leyes de la 
república. Esto, además de las razones, que V. E. co- 
noce, sobre las cuales el presidente funda su juicio 
sobre el proyecto sugerido y respecto a la organización 
y existencia futura del país. Él le ruega a Y. E. que, 
para su propia satisfacción, considere dos puntos: 

l.° Que este gobierno no puede rehusar su aproba- 


7 — II 



LUIS ALBERTO DE HERRERA 


‘J8 


ción al proyecto, una vez aceptado por el Brasil, por- 
que, si lo hiciera así, le daría al Brasil una extraor- 
dinaria influencia moral sobre la opinión pública en 
la Banda Oriental. 

2.° Que el proyecto, una vez presentado a la legis- 
latura de las Provincias Unidas, con la certeza de que 
la paz sólo depende de su decisión, haría gravitar tanto 
la fuerza de la opinión pública en favor del gobierno 
que, fuese lo que fuere, el partido de la oposición no 
podría resistirlo. 

Y, por último, el presidente ruega a Y. E. se sirva 
considerar, con esa precisión de juicio que le caracte- 
riza, la posición de S. E. y la conveniencia de no arries- 
gar, antes de tiempo, ningún paso que pudiera compro- 
meter su autoridad y dar preponderancia a otras ideas. 

Tal es, excelencia, el punto de vista bajo el cual el 
presidente aprecia esta cuestión. 

Yo habría deseado hacer imposibles para llevar ade- 
lante, sin el más leve obstáculo, la obra de la paz; 
pero, ya que no he podido realizar esa aspiración, me 
consuela, por lo menos, la esperanza de que todos nos 
uniremos y ayudaremos, con noble cordialidad, para 
alcanzar la finalidad en vista. 

Entretanto, me hago un honor en presentar a Y. E. 
las expresiones de mi mayor consideración. — (firmado) 
Manuel J. García. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

BASES DE LAS PROVINCIAS UNIDAS 

Memorándum para la base principal de una convención 
entre el gobierno de las Provincias Unidas del Río 
de la Plata y 8. M. el emperador del Brasil. 

1. ° La provincia Oriental se erigirá 1 2 en un estado libre, 
independiente y separado. 

2. ° Las partes contratantes se obligan a abstenerse, por 
sí, de toda ingerencia directa o indirecta, y a estorbar, de 
común acuerdo, con todos sus medios, la ingerencia de 
cualquiera otra potencia, europea o americana, en la for- 
mación de la constitución política y gobierno que los ha- 
bitantes del dicho estado juzguen conveniente establecer. 



LA MISIÓN PONSONBY 


99 


Él será regido por la autoridad del propio país, ejercida 
por sus naturales. Será asimismo declarado incapaz de 
ser incorporado por sumisión, o por federación, o de cual- 
quiera otra forma, a ningún otro estado europeo o ame- 
ricano. No podrá tampoco admitir la incorporación del 
pueblo, provincia o territorio de cualquier otro estado, 
por ninguna causa o motivo. 

3. ® Las partes contratantes se garantirán mutuamente 
este convenio por el término de quince años, contado desde 
la data de su celebración. 

4. ° Las fortificaciones de Montevideo y la Colonia se- 
rán arrasadas. 

5. ° Los gastos que ocasione la ejecución del anterior 
artículo, serán satisfechos por el gobierno de las Provin- 
cias Unidas del Río de la Plata, al cual se permitirá, en 
consecuencia, nombrar las personas que sean necesarias 
para la ejecución e inspección de los trabajos de demo- 
lición . 

6. ° Las autoridades brasileñas se comprometerán a no 
oponer dificultades con respecto a la demolición de las 
fortalezas expresadas; antes bien, prestarán todo auxilio 
razonable para su más pronta y debida ejecución,. 

7. ° El gobierno de las Provincias Unidas estará en 
libertad de empezar la dicha operación en el término de 
cuarenta días, o antes, si fuese posible, después de la 
ratificación de esta convención. 

8. ° La guarnición brasileña continuará en las fortale- 
zas hasta que se complete la demolición de las obras. 

9. ® En el caso de sobrevenir algunas disputas entre 
las partes contratantes, sobre la ejecución de la demoli- 
ción de las expresadas fortificaciones, se pedirá a la po- 
tencia mediadora que nombre uno o más comisionados 
para determinar sobre los puntos de la disputa, y su de- 
cisión será obligatoria a las expresadas partes contra- 
tantes . 

10. " Luego que la demolición de las referidas fortalezas 
sea ejecutada a satisfacción de las partes contratantes, 
retirarán inmediatamente a sus fronteras todas las fuer- 
zas respectivas existentes en las fortalezas y provincia da 
la Banda Oriental. 

11. ® Todos los prisioneros tomados por una y otra 
parte, en mar y tierra, desde el principio de las hostili- 




100 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


dades, entre las partes contratantes, serán inmediata- 
mente devueltos a sus respectivos gobiernos, y todos los 
nativos de la Banda Oriental, detenidos por una y otra 
parte, en virtud de sus opiniones políticas, serán inme- 
diatamente puestos en plena libertad. 

12. ” Cesarán las hostilidades, por mar y por tierra, 
desde la data de la ratificación de esta convención; y, 
restableciéndose de este modo la paz, las partes contra- 
tantes nombrarán respectivamente plenipotenciarios para 
negociar y concluir un tratado definitivo de límites y 
comercio entre ellas. 

13. ° Para asegurar al nuevo estado que debe erigirse 
en cumplimiento de esta convención, y a las partes con- 
tratantes de la misma, todos los beneficios resultantes de 
la restauración de la paz, las dichas partes contratantes 
se comprometen a pedir, juntas o separadamente, a S. M. 
el rey de la Gran Bretaña, soberano mediador, el que 
preste a dicho nuevo estado y a las partes contratantes, 
a todas y a cada una respectivamente, aquella garantía 
que S. M. juzgue ser suficiente al dicho objeto. — Buenos 
Aires, Octubre 9 de 1826. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Octubre 31 de 1826. — Excmo. señor: 
No me fué posible obtener del presidente, hasta una 
hora o dos antes de la salida del paquete, su determi- 
nación definitiva sobre el asunto que ahora someto a 
la consideración de V. E. y, por lo tanto, no podré ser 
tan explícito, como debiera, por lo que presento mis 
excusas. 

Desde que el despacho de V. E. (n.° 20) obra en mi 
poder, he hecho diversas tentativas para poner en prác- 
tica sus instrucciones y he celebrado frecuentes entre- 
vistas con el señor García, cuya completa coincidencia 
con todas mis opiniones sobre la política que debe 
seguir este país, lo indicaba como particularmente apro- 
piado para ser utilizado. Su influencia y habilidad, lo 
hacen la fuerza propulsora más poderosa de la causa en 
'Cuyo éxito está empeñado, y yo debo a él, en gran parte, 
el resultado que he logrado! 

En cumplimiento de las órdenes de Y. E., de man- 



LA MISIÓN PONSONBY 


301 


tener abiertas las negociaciones, dirigí al ministro de 
relaciones exteriores, el 24 del corriente, la nota n.° 1 
que adjunto. En su respuesta, fechada el 26 y también 
adjunta, establece que el presidente declara, de la ma- 
nera más solemne: “Que el gobierno de las Provincias 
Unidas del Río de la Plata está convencido de la ven- 
taja y, más aún, de la mutua necesidad de afianzar 
una paz, honorable para ambas partes beligerantes, en 
términos tales que no sea posible una renovación de 
la guerra y que, a tal efecto y en ese sentido, ten- 
derán sus esfuerzos, hasta donde lo permitan los inte- 
reses esenciales de la nación”. Más adelante, mani- 
fiesta que está autorizado a rogarme que comunique 
esto “al ministro de S. M. en la corte de Río de 
Janeiro, con el fin de que haga de esas manifestacio- 
nes el uso que crea más conveniente con respecto al 
gobierno de S. M. I. y más conducente al objeto de 
la amistosa mediación de S. M.’\ 

Por lo tanto, confío que hayan sido satisfechos los 
deseos de Y. E., pues la negociación queda abierta. 
Pero el principal objeto consistía en inducir al pre- 
sidente a aceptar alguna proposición dirigida a conse- 
guir esa paz, tan deseada y necesaria. 

El presidente ha consentido en aceptar el proyecto 
que ya he tenido el honor de adelantar a Y. E. en mi 
despacho n.° 19, introduciendo sólo una pequeña modi- 
ficación en el artículo 20, que V. E. encontrará mar- 
cada en la copia que adjunto. Han sido vanos todos 
mis esfuerzos para lograr que el presidente me diera 
más amplias facultades, para el uso de ese proyecto, 
que las que Y. E. encontrará fijadas en la carta del 
señor García, privada y confidencial, de esta fecha. 

Lo considero suficiente para justificar el envío que 
he hecho de él al señor Gordon, dejando a su mejor 
criterio proceder copio lo crea conveniente; explicán- 
dole, al mismo tiempo, cuál es nuestro objeto, aquí, y 
los límites estrictos dentro de los cuales entiende este 
gobierno que debe encuadrarse su gestión. 

El presidente ha consentido que el señor Gordon 
quede en libertad de presentar el proyecto al gobierno 
del Brasil, insinuando que tiene razones para estar 
seguro de que el gobierno de La Plata lo aceptará, con 
tal que el señor Gordon, antes de formular la propo- 
sición al gobierno del Brasil, o insinuarle que tiene 



102 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


cierto conocimiento sobre la disposición del gobierno 
de La Plata sobre ese particular, adquiera pruebas, a 
su satisfacción y con razonable fundamento, de que el 
gobierno del Brasil estará realmente dispuesto a acep- 
tar el proyecto sometido a su consideración. Esta pru- 
dente norma de conducta es adoptada, con insistencia, 
por el presidente, juzgándola necesaria para evitar 
cualquier desmedro de la dignidad de su gobierno, o 
la posibilidad de proponer nuevas bases, que, si 
fueran rechazadas, menoscabaría la autoridad de bu 
administración. 

Lo que yo solicitaba del presidente, era una autori- 
zación confidencial, por escrito, de su parte, para 
hacer efectiva la cláusula, es decir, el proyecto, en 
caso que éste fuera aceptado por el Brasil. Me lo ha 
rehusado, tenazmente, alegando las razones que ya he 
expuesto; razones que no considero muy procedentes. 

Creo conveniente interiorizar a V. E. acerca de lo 
hecho aquí, relacionado con la petición de garantía del 
Río de la Plata por S. M. Ya he manifestado que, 
estando completamente convencido de su importancia 
y de la necesidad de apoyar toda medida que tienda 
a afianzar una paz permanente, he animado a este 
gobierno, en vez de disuadirlo, a elevar esa petición al 
gobierno de S. M. 

El presidente, según sospecho, sintiéndose embara- 
zado por su propia conducta, sobre ese asunto de la 
garantía, ha insistido, hasta último momento, en pedir 
a S. M., en general la garantía que juzgara conve- 
niente conceder y no consistió en solicitar ninguna, en 
especial, para el Río de la Plata. He rehusado mi apro- 
bación, a la demanda hecha en sentido general, porque 
puede ser interpretada como una solicitud de garantía 
territorial, que tan categóricamente se me ha orde- 
nado que no debo alentar; y porque, por bien que se 
entienda, aquí, que el pedido de garantía sólo alcan- 
zará al Río de la Plata, la misma interpretación puede 
no dársele en Río Janeiro y por otros gobiernos, tal 
vez, cuando sea conocida por ellos, suscitándose difi- 
cultades y recelos. 

El presidente, convencido de que no puede conse- 
guir lo que desea, ha considerado oportuno callar, en 
absoluto, sobre el asunto ; en conjunto, la fórmula 
queda mutilada y privada, me temo, de utilidad como 



LA MISIÓN PONSONBY 


103 


» 


solución permanente, por no contenerla. Esta es la 
piedra central del arco. Enteraré al señor Gordon de 
mis impresiones sobre este asunto y él procederá, como 
lo juzgue más conveniente, pues juzgo que está en más 
completa posesión de los propósitos del gobierno de 
S. M. que lo que yo pueda estar sobre la cuestión política 
en estos países. 

(Sigue copia del despacho al señor Gordon.) 


Debo agregar que mi opinión sobre la política que 
debiera adoptar este país, está fortificada, principal- 
mente, por una conversación que sostuve el 28 de este 
mes con el primer ministro, señor Agüero, quien ad- 
mitió, en toda su extensión, mis apreciaciones sobre la 
debilidad de los recursos del país y la destrucción de 
los mismos por el bloqueo y quien pone la única espe- 
ranza de una favorable terminación del conflicto en 
el destronamiento del emperador del Brasil, por alguna 
conmoción interna en sus dominios. Sobre este punto, 
tendré ocasión de escribir más largamente a V. E. por 
el próximo paquete. 

Tengo el honor de saludar a Y. EL, etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 


Buenos Aires, Noviembre 6 de 1826. — Exemo señor : 
El señor García me llamó ayer, por deseo de S. E. 
el presidente, para reiterarme, en su nombre, las segu- 
ridades de su fidelidad a la palabra empeñada, de 
favorecer, en la medida die sus fuerzas, el proyecto 
de independencia de la Banda Oriental, así como para 
informarme que S. E. estaba, ahora, se (¡uro de poder 
triunfar fácilmente de cualquier oposición que se le- 
vantara aquí contra aquella propuesta y que nada 
impediría su estricto cumplimiento, si el gobierno del 
Brasil la aceptara también. El señor García agregó que 
el presidente está ahora seguro del apoyo y coopera- 
ción a este plan por parte del general Alvear, coman- 
dante en jefe del ejército, y que había apariencias de 
cambio en las opiniones del señor Agüero. Hasta ahora 
el gran sostén de la política de guerra. 



104 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Estoy convencido de la sinceridad del presidente y 
no he renovado mi pedido de un documento firmado 
por él, que ratifique su promesa. 

Tenemos la declaración escrita del señor García, de 
que ha procedido por orden del presidente; y se halla 
en nuestro poder' también, escrita de su puño y letra, 
la copia del proyecto en sí, corregida por mandato del 
presidente. He enviado recién al primer ministro, 
señor Agüero, por deseo del presidente, una copia del 
proyecto de referencia. No puedo comprender las ra- 
zones del presidente para oponerse a escribirme, secreta 
y confidencialmente, en el mismo sentido de sus men- 
sajes; pero creo que hay amplia base para confiar en 
que es sincero. 

(Sigue copia del despacho enviado al señor Gordon.) 


Este asunto no ha sido conducido en la forma que 
yo considero mejor para su éxito, pero éste se logrará, 
lo mismo, si el señor Gordon encuentra disposiciones 
favorables a la paz en el gobierno del Brasil. Me he 
esforzado tenazmente en conseguir que este gobierno 
haga la propuesta del proyecto, directa y abiertamente, 
creyendo que eso le haría difícil al emperador su re- 
chazo, y que el temperamento adoptado le da gran 
facilidad para eludirlo, en caso que esté resuelto a con- 
tinuar la guerra; pero no he podido lograr el resul- 
tado apetecido, bi el emperador no es partidario de 
la paz, probablemente alegará, como uno de los argu- 
mentos para la prolongación de la contienda, los peli- 
gros a que sus propias provincias están expuestas de 
parte de los merodeadores de la Banda Oriental. Lo 
cierto es que los brasileros mismos han sido los gran- 
des salteadores, por la simple razón de que la Banda 
Oriental es un territorio muy rico, abundante en ga- 
nados, y las provincias brasileras que confinan con 
ella muy pobres de pasturas y, por lo tanto, no muy 
aptas para la cría ganadera. No hay, pues, mucha ten- 
tación para que los orientales merodeen y le es muy 
fácil al emperador defender su país contra los depre- 
dadores, si quiere hacerlo. 

Y. E. observará que no hay nada más respecto a la 
garantía. No tengo nada que agregar sobre el punto, 
aunque lo considere necesario para la estabilidad de 
cualquier paz que se haga. 


LA MISIÓN PONSONBY 


1Ó5 


Debo presumir que el gobierno de S. M. I. no se 
creerá autorizado a renovar ninguna reclamación sobre 
remuneración pecuniaria, habiendo rechazado, de plano, 
las proposiciones que le fueron formuladas sobre ese 
punto. Estoy seguro de que este gobierno no consen- 
tirá que ninguna mención de esa índole sea agregada 
a las concesiones ya aprobadas por la república. 

He insinuado al presidente qué designe algún sitio 
para las reuniones con motivo de la negociación, como 
V. E. verá por la nota que adjunto y que he consi- 
derado oportuno dirigir al general de la Cruz, en con- 
testación a la comunicación oficial que me dirigió el 
30 de Octubre. 

Acompaño a ésta una copia de mi carta, de esta 
fecha, al señor Gordon, en la que he incluido mis des- 
pachos a Y. E. u. 03 18, 19, 23, 26 y 27. 

Tengo el honor de repetirme con toda consideración 
y respeto, señor, su más obediente servidor. — (firmado) 
John Ponsonhy. 

Nota : Adjunto una copia de la respuesta al ge- 
neral de la Cruz, para que Y. E. se entere de su con- 
tenido. Este gobierno ha elegido a Montevideo como el 
sitio donde la negociación se iniciaría, en caso de que 
S. M. I. convenga en aceptar la base propuesta. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A DE LA CRUZ 

El abajo firmado tiene el honor de poner en cono- 
cimiento de S. E. el general de la Cruz, ministro de 
relaciones exteriores, que el lunes, por la mañana, 
remitirá al enviado extraordinario de S. M. B. y mi- 
nistro plenipotenciario en Río Janeiro, señor Gordon, 
la carta, de fecha Octubre 30, que el infrascrito tuvo 
el honor de recibir de S. E., en la que manifiesta los 
fervientes deseos del gobierno de las Provincias Uni- 
das del Río de la Plata de alcanzar la pacífica termi- 
nación de la guerra, sobre bases justas y honorables para 
ambas partes beligerantes. 

El infrascrito tiene el honor de sugerir a S. E. el 
presidente de la república la conveniencia de fijar el 
lugar donde S. (E. consentiría enviar un plenipoten- 
ciario, autorizado para tratar de la paz, si, por for- 



106 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


tuna, pudieran iniciarse tratativas. La opinión del 
infrascrito es que Río de Janeiro sería el sitio más 
apropiado para la rapidez y beneficio de la causa de 
la paz, aunque no pretende erigirse en juez en esa 
cuestión. En caso que no fuera considerada conve- 
niente la elección de Río Janeiro, el infrascrito ha pen- 
sado que Montevideo podría ser elegido como sitio de 
reunión de los plenipotenciarios de ambos poderes. 

El infrascrito saluda a Y. E. con su más alta con- 
sideración. — (firmado) John Ponsonby. 

A S. E. el general de la Cruz, ministro de rela- 
ciones exteriores. 

PONSONBY A GORDON 

Buenos Aires, Noviembre 6 de 1826. — Excmo. señor: 
Envío a Y. E. un voluminoso paquete de periódicos ; 
poco agregaré. 

S. E. el presidente, como V. E. verá por la carta 
que el general de la Cruz me ha dirigido, con fecha 
30 de Octubre de 1826, ha autorizado al gabinete bra- 
silero la mutua declaración expresada en la antedicha 
carta. Esa resolución ha sido adoptada a instancias 
mías (como Y. E. verá por la carta del general de la 
Cruz) y es la medida más pacífica a que he podido in- 
ducir a este gobierno a tomar de inmediato. 

Pero el proyecto que envío, acompañado de una carta 
de la misma fecha, del señor García, marcada “pri- 
vada y confidencial”, me hace abrigar la esperanza 
de que pueda ofrecer terreno más propicio para ci- 
mentar la paz. El presidente, sin embargo, al prestar 
su aprobación al proyecto, ha insistido sobre la estricta 
observancia de ciertas condiciones ; especialmente, que 
yo lo comunicaré al enviado de S. M. en Río. bajo el 
solemne compromiso de su parte de que no lo presen- 
tará al gobierno del Brasil, ni aún insinuará su exis- 
tencia, hasta adquirir convencimiento, justificado, de 
que el gobierno brasilero sinceramente lo aceptará 
como base. Una vez que haya sido comunicado al go- 
bierno brasilero y reciba acogida favorable, asegurar 
que el gobierno de La Plata está pronto, por su parte, 
a tratar. 

He accedido a desempeñar esta comisión y no titubeo 



LA MISIÓN PONSONBY 


107 


en decir a V. E. que creo que el presidente cumplirá 
su promesa, como el señor García me lo dice en su 
carta; pero, como no he podido conseguir la ratifi- 
cación oficial del presidente, ni aún en forma estric- 
tamente confidencial, como lo solicité, no puedo dar 
una seguridad oficial de que obrará como se me ha 
manifestado. 

Lamento, sobremanera, que una errónea apreciación 
del asunto haya inducido al presidente a negarme tal 
autoridad, pues preveo que esto acarreará alguna 
demora en el advenimiento de la paz (aunque, final- 
mente, se alcance éxito), lo que estaría en gran des- 
acuerdo con los deseos del gobierno de S. M. y será 
seriamente perjudicial para los intereses de los beli- 
gerantes. 

Como ya he enviado a Y. E. mis despachos diri- 
gidos al ministro Canning, Y. E. podrá apreciar mis 
puntos de vista sobre los grandes intereses (puramente 
británicos) envueltos, actual y eventualmente, en esta 
brega por la paz. Su elevado juicio y la más reciente 
oportunidad de conocer las opiniones del gobierno de 
S. M. sobre la cuestión, serán sus guías más seguras 
y no tomaré sobre mí la responsabilidad de decir nada 
más allá de lo manifestado en esos periódicos, para 
probar la necesidad de adoptar prontas y enérgicas 
medidas, a fin de salvar de la ruina a este país, de 
serios peligros al Brasil y, a toda Sud América, de 
continuos y crecientes trastornos e inseguridades. 

El presidente me ha instado, repetidamente, que le pida 
a V. E. se sirva comunicar aquí, tan rápidamente como le 
sea posible, noticia de lo que haya hecho o piense hacer. 
Considero esta cuestión de suficiente magnitud como para 
solicitar el concurso de uno de los buques de guerra de 
S. M., si otro medio, seguro y expeditivo, no se encuentra. 

Saludo a Y. E. con toda consideración, etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. Robert Gordon, etc., etc., etc. 


DE LA CRUZ A PONSONBY 

Buenos Aires, Noviembre 6 de 1826. — El infras- 
crito, habiendo recibido y entregado al presidente de 



]08 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


la república la nota que, con fecha de ayer, lord Pon- 
soniby, enviado extraordinario y ministro plenipoten- 
ciario de S. M. B., le dirigió, ha recibido orden de 
comunicarle la siguiente respuesta: Que S. E. el pre- 
sidente, siempre animado por los deseos, que en toda 
ocasión ha manifestado, de acelerar la terminación de 
las dificultades existentes, desgraciadamente, entre 
8. M. el emperador del Brasil y el gobierno d,e la re- 
pública de las Provincias Unidas, y admitiendo, a la vez, 
la conveniencia que puede existir para las partes beli- 
gerantes de elegir un sitio donde sus respectivos repre- 
sentantes puedan reunirse, en caso de haber probabi- 
lidades de un acuerdo, — 8. E. el presidente, consi- 
derando tanto la conveniencia como la seguridad de 
ambos beligerantes, juzga que la ciudad de Montevideo 
es el lugar más apropiado para la referida conferencia. 

El infrascrito saluda a V. E. con su mayor consi- 
deración- — (tirmado) Francisco de la Cruz. 

A 8. E. John Ponsonby, etc., etc., etc. 

k 

PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Noviembre 6 de 1826. — Excrao. señor: 
lie celebrado la esperada entrevista con el señor 
Agüero. El admitió la imposibilidad en que se halla 
el país de continuar la guerra por tiempo indefinido 
y declaró el sincero deseo del gobierno de realizar 
la paz. 

Convino en la oportunidad de las medidos tomadas 
para obtener la paz en Río, pero no quiso discutir las 
ventajas o desventajas derivadas de la guerra o de 
otra solución. 

Me expresó, claramente, que su única esperanza de 
remedio, ante la posible desgracia de una manifiesta 
imposibilidad de parte de su gobierno de continuar la 
guerra y ante la consiguiente exigencia de parto del 
emperador del Brasil, en peores términos que los ac- 
tuales, se funda en una confederación de los estados de 
América, contra el Brasil, lanzados a una guerra de prin- 
cipios. 

. Dijo que sabe que esa confederación es deseada por 
lqs estados de América; que Bolívar mandaría el ejér- 
cito que penetraría en el Brasil, aunque no confía 




LA MISIÓN PONSONBY 


309 


tanto en la conquista del Brasil como en los efectos 
que la confederación produciría entre los descontentos, 
contrarios a la política del emperador. Agregó, que 
juzga la ayuda de Bolívar y de la clase militar de Amé- 
rica con el mayor sobresalto y que, sobre todas las 
cosas, desearía evitar su concurso, aunque podría ha- 
cerse imprescindible su ayuda, ya ofrecida- a su go- 
bierno y obtenible en cualquier momento. Me preguntó 
si yo abrigaba esperanzas de que el emperador acep- 
taría la proposición (si hecha). Le manifesté míe 
aquéllas se fundaban en los gastos que la guerra de- 
manda al imperio, en las dificultades que Je crea y 
por librarse, por el proyecto, de lo que él considera 
un puntillo de honor: la retención de la Banda Orien- 
tal contra Buenos Aires. También en que su pique y 
animosidad personal contra Buenos Aires se aplaca- 
rían por esa medida, que le arranca el territorio en 
disputa al mismo tiempo que sale de su propio domi- 
nio; que el emperador ya ha rehusado una leal y justa 
oferta de parte de la república — por ejemplo, la in- 
demnización pecuniaria — y que, si 'ahora rechaza un 
arreglo tan moderado como el planteado, mostraría 
claramente, a los ojos del mundo, su codicia de con- 
quista y hará gravitar contra él toda la fuerza moral 
de la opinión. 

Tengo el honor de saludar a V. E. con mi más alta 
consideración. — (firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


CANNING) A PONSONBY 

Londres, Noviembre 27 de 1826. — A S. E. lord 
John Ponsonby. ■ — Excmo. señor: Los despachos de 
V. E., hasta el n.° 15 inclusive, han sido recibidos y 
entregados al rey. 

JVTi ñltimo despacho dirigido a V. E. fué escrito el 
21 de Agosto. Contenía la aprobación general del cum- 
plimiento por V. E. de las instrucciones, según las 
cuales, debía iniciar negociaciones entre el emperador 
del Brasil y Buenos Aires. El fracaso de esta tenta- 
tiva, aunque muy lamentable, no puede ser atribuido a 
careneia de celo o habilidad de parte de Y. E., sino a 
la insensatez y obstinación del emperador del Brasil, 



no 


L(J1S ALBERTO DE HERR E RA 


cuyas consecuencias tal vez tenga que palpar, algún 
día, S. M. I. 

No es posible confiar, mayormente, en el éxito, en 
Buenos Aires, de ninguna proposición como la que 
V. E. está sólo autorizado a hacer en favor del Brasil. 

Es un gran desencanto, al mismo tiempo, que el go- 
bierno de’ Buenos Aires se haya pronunciado tan deci- 
didamente, como creemos lo ha hecho, contra la medida 
conciliatoria que Y. E. le propuso, de acuerdo con las 
instrucciones recibidas, de elevar a Montevideo y su 
territorio a la categoría de un estado libre e indepen- 
diente. 

Por lo tanto, siendo tales las respectivas determina- 
ciones de los dos gobiernos con los cuales V. E. ha 
tenido que tratar, no veo que se pueda hacer otra cosa, 
por el momento, de parte de S. M., para producir un 
acercamiento entre ellos. 

En cuanto a tomar parte a favor de cualquiera de 
los contendientes, V. E. nunca desvanecerá demasiado 
perentoriamente cualquier expectativa de esa naturaleza. 

Ni quizá pueda Y. E. echar el cimiento de una in- 
tervención más eficiente en nombre de S. M., más ade- 
lante, cuando las calamidades y exigencias de la guerra 
hayan deprimido y extenuado a ambas partes, que de- 
clarando haber cumplido todas sus instrucciones, como 
intermediario, y que al gobierno de V. E. sólo le resta 
deplorar profundamente que su mediación haya sido 
estéril. 

Tienen mucho del carácter ibérico los habitantes de 
las fundaciones coloniales de España y nada hay en 
él más llamativo que su fastidio ante el consejo ajeno 
y su sospecha ante los servicios desinteresados. Ya fué 
previsto, en mis iniciales instrucciones, que la insinua- 
ción respecto a Montevideo era probable suscitara el 
recelo de que se trataba de algún designio favorable a 
los intereses británicos. • 

Tales sospechas han sido abiertamente avivadas por 
la prensa de Estados Unidos de Norte América y, no 
dudo, sugeridas, secretamente, por sus agentes diplo- 
máticos. 

Opino, por lo tanto, que lo más acertado es que V. E. 
abandone, por completo, ese asunto; hable de su me- 
diación como de algo pretérito y de la continuación 



LA MISIÓN PONSONBY 


1 11 


do la guerra como de algo, en resumen, inevitable, 
aunque para nosotros sin ninguna importancia, por más 
que perjudica a los residentes británicos en Buenos 
Aires, interrumpe nuestro intercambio comercial con 
ese estado y retarda el . avance próspero de un país 
con el cual esas vinculaciones pueden adquirir tan 
amplio y benéfico desarrollo. La mejor probabilidad 
de una nueva apelación a nosotros, en tales términos, 
que fuera presumiblemente útil, sería demostrando 
V. E. aparente indiferencia sobre el asunto y, talvez, 
ligero resentimiento ante las torcidas interpretaciones 
que se han vertido respecto a nuestras intenciones en 
lo que a la sugestión sobre Montevideo se refiere. 

(Nota: Así está en la copia. Palta el párrafo final 
y la firma, que no puede ser otra que la de George 
Canning.) 


PONSONBY A CANNING 


Buenos Aires, Diciembre 4 de 1826. — Excmo. señor: 
El señor García, en nombre del presidente, me ase- 
gura que el señor Agüero, el principal ministro, y el 
0eñor Gómez, la personalidad más importante del con- 
greso, han expresado su aprobación a la medida últi- 
mamente tomada, tendiente a restablecer una base de 
paz, no sólo como un medio de solucionar las dificul- 
tades del gobierno, sino, también, porque, aún indepen- 
dientemente de la guerra, encierra ella grandes ven- 
tajas para la república. 

Estoy satisfecho de su aprobación y más lamento que 
la manera como ellos y el presidente me obligaron a 
plantear el proyecto, lo haya privado de sus mayores 
probabilidades de éxito. Considerando el siguiente ar- 
tículo de la constitución. 

(Sigue con la anarquía de las provincias.) 


Se dice, que este gobierno tiene en Londres, actual- 
mente, £ 200.000 y que se propone aplicarlas a fines 
navales. Una muy pequeña fuerza, derrotaría aquí a 
los brasileros y esto podría cambiar completamente la 
faz de la contienda. Hay esperanzas de que Baring y 
Cía. obtenga un empréstito para la república. Una suma 
modesta haría mucho para arrancar a las finanzas de su 




132 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


miserable estado; por más que, en tanto se prolongue 
el bloqueo, el gobierno no podrá contar con recursos 
permanentes. 

Oigo decir que los ministros tienen confiada espe- 
ranza en el efecto de los éxitos que el ejército debe 
obtener en Río Grande. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby » 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


GORDON A PONSONBY 

Río de Janeiro., Diciembre 4 de 1826. — Excmo. señor : 
Llegó el “Ranger” el 2 del corriente, trayéndome su nota 
del 6 de Noviembre, junto con diversos papeles. 

S. E. verá, desde luego, que lasi restricciones imperati- 
vas, bajo las cuales el presidente ha creído oportuno auto- 
rizarme a presentar sus proposiciones al gobierno brasi- 
lero, me impiden completamente proceder en el asunto, 
desde que ya he comprobado que este gobierno categóri- 
camente se rehúsa a negociar sobre la base de la inde- 
pendencia de la Banda Oriental. 

'Como tal vez la relación de mi gestión, sobre este asunto, 
con el gobierno brasilero, enviada el 23 ppdo., no ha lle- 
gado a poder de Y. E., incluyo una copia. 

Se apercibirá de que con la premura del l.° de Noviem- 
bre, sugerí la idea de negociar bajo una base similar a la 
propuesta por Y. E. a la república de Buenos Aires, y, 
a pesar de darle otra forma, a fin de hacerla más acep- 
table al emperador del Brasil, fué completamente recha- 
zada por nota del gabinete de 21 del mes pasado. No 
necesito decir a Y. E. que la ausencia de S. M. I. de la 
capital, aun en otras circunstancias, hubiera hecho nula 
mi intervención. 

Sus ministros sólo actúan bajo sus inmediatas órdenes 
y se necesitarían seis a ocho semanas para recibir con- 
testación a las comunicaciones. Mientras tanto, el aspecto 
de los asuntos en el Sur puede cambiar de manera que, 
me temo, sería muy desastroso para los intereses de Bue- 
nos Aires. 

La presencia del emperador en Río Grande va a disi- 
par, sin duda alguna, él espíritu de desapego que se le- 



LA MISIÓN PONSONBY 


113 


yantaba en esa provincia, fomentado, como se supone, por 
agentes del enemigo, y el tono promisor y conciliador que 
usará hacia los orientales, probablemente inclinará en su 
favor a la opinión en esta ribera del Río de la Plata. 

Las esperanzas de remedio, en cuanto a la república, 
que, como V. El lo afirma, están fundadas en las convul- 
siones internas del Brasil y la ayuda militar de Bolívar, 
me temo que pronto habrá que abandonarlas. El pueblo 
en Río Grande será llamado a filas, y las actitudes de 
Bolívar, en el Oeste, hacen suponer un completo cambio 
en sus anteriores pensamientos. Éstos, en vez de dirigirse 
contra el Brasil, producen más bien la aprensión de que 
se dirigen a la partición de toda Sud América entre él y 
el emperador don Pedro. 

No me corresponde encarecer a V. E. que urja mayores 
concesiones de parte del presidente. Su mejor criterio le 
hará apreciar si- él, persiguiendo un bien imaginario, no 
está causando un perjuicio substancial a su país, en un 
momento en que debiera -alejarse de ambos extremos y 
asegurarse su objeto principal, aceptando otros términos. 

En su despacho- n.° 23, al señor secretario Canning, V. E. 
hace suya la opinión de que, existiendo la garantía contra 
cualquier peligro de bloqueo y obstrucción al comercio del 
Río de la Plata, la posesión de la Banda Oriental sería 
de pequeña utilidad para Buenos Aires. ¿ Por qué, enton- 
ces, no aprovechar la presente disposición del emperador 
del Brasil e inclinarlo a un arreglo en que la seguridad 
que se desea sería garantida por el abandono, por Buenos 
Aires, de un disputado hueso, cuya posesión es seguro 
que será causa de desavenencia entre ambas partes? 

Ruego a V. E. crea que estas observaciones no influirán 
en lo más mínimo en mis comunicaciones con este go- 
bierno. Continuaré en mis esfuerzos para obligarlos a 
aceptar las miras de V. E. sobre reconocimiento de la 
independencia de la disputada provincia; aunque puedo 
aventurarme a asegurar a V. E. que ella no será concedida 
sino bajo el peso de la derrota y en situación mucho peor, 
de los asuntos públicos en el Brasil, de la que ahora puede 
preverse. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) B, Gordon. 

8. E. lord Ponsonby, etc., etc., etc. 


8- II 



LUIS ALBERTO DE HERRERA 


I M 


CANNING A PONSONBY 

Diciembre 23 de 1826. — A S. E. lord John Pon* 
sonby. — Excmo. señor: Los despachos de V. E., hasta 
el n.° 20 inclusive, han sido recibidos y entregados al 
rey. 

El gobierno de S. M. hace plena justicia a los es- 
fuerzos de V. E., desde su llegada a Buenos Aires, 
para crear allí un ambiente favorable a la negociación 
con el Brasil. Aunque apenados, no estamos desani- 
mados por el fracaso de las gestiones, pues, a decir 
verdad, no esperamos más halagüeños resultados mien- 
tras el señor Rivadavia ocupe la presidencia. El juicio 
que Y. E. da de esa persona, parece perfectamente 
exacto. En estas circunstancias, sólo me resta mani- 
festarle a V. E. que, por si en virtud de algún acci- 
dente, el paquete que zarpó el mes pasado no ha lle- 
gado a esa antes del arribo de éste, le incluyo un 
duplicado de mi despacho n.° 21, en el cual indico la 
conveniencia de abstenerse de remover el asunto df> la 
mediación, hasta que el desarrollo de los aconteci- 
mientos ofrezca alguna oportunidad más favorable para 
suscitarlo con ventaja, o hasta que el gobierno de 
Buenos Aires haga alguna insinuación directa e inequí- 
voca a Y. E. 

Saludo a y. EL, etc., etc., etc. — (firmado) George 
Canning. 


PONSONBY A GARCIA 

(Privada). — Buenos Aires, Diciembre 23 do 1826. 
— Señor Manuel José García. — Muy señor mío: Soy 
de opinión que el actual momento sería favorable para 
tomar algunas medidas conducentes a la restauración 
de la paz. El emperador está ahora donde, quizás, 
pueda apreciar con sus propios ojos las dificultades 
reales que existen para obtener, por conquista, la po- 
sesión definitiva de la provincia en litigio y, talvez, 
considere que no vale la pena continuar una guerra 
que tan enormes sacrificios le demanda y que no le 
proporcionará otra satisfacción (si tal es para él) que 



LA MISIÓN PONSONBY 


115 


la de acarrear inmensas penalidades y perturbaciones 
a Buenos Aires. 

Su gobierno ha probado ya suficientemente las cala- 
midades de la guerra y no creo que ni el más con- 
fiado de sus miembros abrigue la esperanza de que 
pueda llegarse a la paz como consecuencia del triunfe 
de sus armas, aún cuando su ejército obtuviera todos 
los éxitos que se propone alcanzar. 

Ambas partes, el emperador y la república, deben 
estar advertidas de los perjuicios que, para cualquiera 
de ellas, se originarían de un revés, y, ciertamente, la 
república está más expuesta a gran daño, en tal supuesto. 
Si su ejército se desorganizara seriamente, todá esperanza 
en el éxito de las hostilidades desaparecería •; pero queda- 
rían en pie las mismas necesidades, por gastos y esfuerzos, 
como al presente. 

Si el emperador fallara en sus planes militares, 
todavía le restaría intacto su recurso más real y efi- 
ciente: una escuadra superior. 

Estamos, ahora, en un momento de espectativa: nadie 
puede saber para cuál de las partes reserva la for- 
tuna los primeros éxitos o los primeros desastres. ¿Por 
qué, pues, no aprovechar esta oportunidad para inten- 
tar un arreglo? Si el presidente persistiera aún en las 
ideas que él y sus ministros expresaron últimamente, 

sobre el mérito intrínseco de las proposiciones sometidas 
al señor Gordon, ¿por qué no intentarlo, al presente, con 
probabilidades de mejor resultado y directamente, sin 
subterfugios o intención de ocultar, bajo forma de pro- 
cedimientos, lo. que, en realidad, se anhela cumplir? 

Yo creo, firmemente, como a menudo se lo he mani- 
festado a usted, que la manera en que las últimas pro- 
posiciones fueron trasmitidas al señor Gordon privó 
a la iniciativa de toda probabilidad de éxito, en la 
acepción que en nuestro léxico se concede a esa palabra. 

La ausencia del emperador de su capital, debe haber 
impedido la tentativa que, no dudo, el señor Gordon 
hubiera realizado para llenar el cometido confiado a 
su prudencia v celo, por el bien de estos países, y 
yo no veo inconveniente en hacerle, ahora, al empe- 
rador, las proposiciones que el señor Gordon estaba 
condicionalmente autorizado a formular. 

Pero esto debe hacerse, si se hace, de una manera 



116 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


clara y simple; ninguna habilidad debe ser usada, ni 
nada que pueda ser interpretado como una extrava- 
gancia o un desconocimiento de la verdadera dignidad. 
La república avanza, ahora, contra el emperador, per- 
fectamente armada y llena de valor y de esperanza. 
Ella exhibe un ejército que puede salir victorioso y 
que debe ser formidable. 

Nada más dignificante que ofrecer, en tales circuns- 
tancias, condiciones de paz razonables. 

El gobierno debe recordar que la victoria puede 
atraer sobre el país la dominación de su clase militar 
y que la derrota destruiría, probablemente, su propia 
existencia, encumbrando, finalmente, en estas naciones 
el poder militar y a aventureros rapaces de los otros 
estados sudamericanos, encendiendo la guerra entre la 
sangre española y la portuguesa y, tal vez, de una 
forma de gobierno contra otra. ¿Y quién puede prever 
cuándo terminaría una contienda de esa naturaleza? 

Por eso, me he permitido molestarle con la expresión 
de mis sentimientos íntimos sobre los sucesos actuales, 
conociendo su celo por el bienestar de su país y la 
libertad que usted me ha concedido de exponerle los 
puntos de vista y opiniones que juzgue dignos de con- 
sideración. 

Me es grato repetirme de usted atento, etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

GARCIA A PONSONBY 


Buenos Aires, Diciembre 30 de 1826. — A S. E. 
lord John Ponsonby. — Señor: El 27 comuniqué a 
S. E. el presidente de la república, el resultado de 
nuestra conferencia del 26. El consejo de gobierno se 
reunió los días 28 y 29 y el ministro de relaciones 
exteriores acaba de comunicarme que se ha resuelto 
autorizar a V. E. ¡para hacer conocer, directamente, al 
ministerio de S. M. el emperador del Brasil, las sin- 
ceras pacíficas intenciones del gobierno de las Pro- 
vincias Unidas y su disposición de tratar las bases del 
proyecto últimamente sugerido y entregado al señor 
Gordon, ministro de S» M. en el Brasil. 

• El ministro de relaciones exteriores me ha ordenado, 
al mismo tiempo, que asegure a V. E. que la política 



JLiA MISIÓN PONSONBY 


117 


del gobierno, a ese respecto, es tan decidida que, sea 
cual fuere la suerte de sus armas, no la modificará. 

Es una gran satisfacción para mí, señor, trasmitir 
a V. E. esta resolución y reiterarle, con tal motivo, los 
sentimientos de respeto con que tengo el honor de sus- 
cribirme, etc., etc., etc. — (firmado) Manuel J. García. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Diciembre 30 de 1826. — Excmo. señor : 
Después de haberme enterado del arribo de S. M. el 
emperador a la frontera de su imperio, juzgué pru- 
dente diferir las medidas que, en el primer momento, 
me parecieron oportunas a favor de la paz, hasta apre- 
ciar, con criterio propio, cuáles eran las intenciones de 
S. M. I. y el objeto de su viaje. Oí y creía que el 
motivo principal era poner término, personalmente, a 
ias desavenencias y dificultades surgidas entre las auto- 
ridades civiles y militares en Río Grande e imprimir 
energía y unidad de dirección a su esfuerzo. Por lo 
tanto, pensé que S. M. I. debía de estar en un estado 
de ánimo menos dispuesto a un arrogante rechazo de 
razonables y ventajosas propuestas que lo que había 
estado, cuando creyó su poder mási que suficiente para 
subyugar a cualquiera que se opusiera a sus deseos; y 
estaba seguro que, cuanto más tiempo permaneciera en 
un lugar desde donde pudiera ver las dos caras de las 
cosas, más apreciaría la magnitud de los obstáculos 
interpuestos entre él y el éxito, tanto a causa de la 
naturaleza misma, como por la situación política y moral 
del pueblo y de los países de Sud América. 

Temí, sin embargo, que algún accidente pudiera pro- 
ducirse y alterar la aparente posición de los poderes 
contendientes y levantar, hiriendo la vanidad, formi- 
dable obstáculo, en cualquiera de los dos lados, a las 
gestiones pacificadoras, si una u otra obtuviera un éxito, 
aun insignificante. 

Por lo tanto, sólo demoré el tiempo que consideré 
estrictamente necesario, y después escribí al señor 
García la carta, cuyo copia adjunto, y personalmente 
expliqué, detenidamente, la decidida opinión que tenía 
sobre las ventajas de la actual oportunidad para hacer 
un esfuerzo en pro de la paz. Dentro de un lapso de 


1]8 


LITIS ALBERTO DE HERRERA 


tiempo razonable, recibí del señor García la respuesta 
(n.° 2), que espero Y. E. considerará satisfactoria. 

Juzgo que este gobierno ha hecho, al fin, todo lo 
que de él podía desearse y que lo ha hecho de una 
manera elegante. Sin embargo, fatalmente estoy en lá 
ignorancia de sus opiniones acerca de la determinada 
política que he recomendado. Era necesario obrar y 
sólo he tratado de que mis actos correspondan, exac- 
tamente, a la norma de conducta que Y. E. me ha tra- 
zado. Imagino que la paz, a cualquier precio, cimen- 
tada sobre bases duraderas y firmes, es su anhelo: la 
paz, porque, aun una mala paz, talvez despertara sen- 
timientos pacíficos, de los cuales pudiera derivarse 
una paz perdurable. El gobierno de esta república se 
ha desenvuelto, en esta emergencia, de una manera 
especial, que casi me atrevería a calificar de sabia. 

El ejército de la Banda Oriental ya ha emprendido 
la marcha y se dice que está en perfecto orden y que 
cuenta con ocho mil hombres. 

Los disturbios en las provincias, aunque no supri- 
midos, presentan, ciertamente, mejor aspecto y la pre- 
sencia del emperador ha dado a este gobierno una 
oportunidad (al menos por el momento) de zafarse de 
las dificultades que tontamente se había creado, por la 
adopción de varias medidas inconsultas, habiendo acor- 
dado el congreso postergar la consideración de todo 
asunto, exceptuando, solo, lo relacionado con la guerra. 

El gobierno tenía, en tales circunstancias, fáciles y 
plausibles excusas para diferir la cuestión, pero la ha 
encarado virilmente. Personalmente, nada más podía 
pedir: a todo lo que yo deseaba que se hiciera, se lia 
accedido. Si mi gestión ha sido acertada y resultase 
armónica con las vistas de Y. E., yo quedaría ple- 
namente satisfecho. Es cierto que mi apreciación de 
toda la cuestión es todavía incompleta, porque consi- 
dero que la garantía, tan a menudo mencionada ante- 
riormente a Y. E., es necesaria para el permanente 
bienestar y prosperidad de todos estos países y para 
seguridad de la influencia inglesa, sólo benéfica para 
el pueblo de Sud América. Tocante a este punto, no 
he considerado oportuno decir una palabra, desde que 
fué dejado de lado por el presidente, pero creo que, 
en el curso de la negociación (en caso de producirse 



LA MISIÓN PONSONBY 


119 


alguna), muchas y muchas oportunidades se ofrecerán 
al gobierno de S. M. para traer a colación esa medida 
y darle andamiento, por el peso del propio interés de 
las partes, si así lo estimara del caso. 

Me atrevo a esperar que seré perdonado por haber 
expresado tan ampliamente mi opinión sobre su polí- 
tica y orientación y que V. E. creerá que lo he hecho 
obedeciendo al impulso del deber y no por presunción. 

Veo casi generales perturbaciones, sino conflictos, 
prontos a llenar todo este hemisferio. Si Inglaterra 
pudiera conservar invulnerables a la violencia los de- 
rechos e intereses de un comercio mantenido durante 
ese tiempo, como ella tendría los medios de hacerlo, 
erigiéndose en poder tutelar ep el río, creo que pro- 
porcionaría la más eficaz atenuación a los males de 
la guerra y que establecería la base más expeditiva 
y más segura para su terminación. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc, 

PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Diciembre 30 de 1826. — Excmo. señor. 
Ei 15 del actual, se tuvo noticia en Buenos Aires de 
que el emperador del Brasil había partido para Río 
Grande y de su proclama, lanzada antes de su partida 
de Río Janeiro. 

Al día siguiente, el presidente dió la proclama ad- 
junta (n.° 1) y convocó al congreso a una reunión 
extraordinaria, para considerar y acordar los mejores 
medios para la defensa del estado y de la capital, en 
particular, en caso de una posible invasión. El con- 
greso, después de muchas discusiones, en el curso de 
las cuales el ejecutivo íué acerbamente atacado por 
la oposición, imputándole incapacidad y carencia de 
previsión, designó una comisión, elegida entre sus 
mismos miembros, para secundar los planes de defensa 
del gobierno, sometiendo al congreso, de tiempo en 
tiempo, aquellas resoluciones que exigieran su sanción. 

También resolvió no tratar, en las presentes cir- 
cunstancias, ningún asunto ajeno al de vital importan- 



120 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


cia que lo absorbe y dedicar su atención solamente a 
lo referente ¡a la guerra. 

El 21, el congreso dirigió una proclama a las pro- 
vincias (n.° -2) y el gobierno les envió una circular 
a todas, no exceptuando las que recientemente han 
resistido a su autoridad, señalando ios nuevos peligros 
que amenazan a la república y solicitando vivamente 
su cooperación para la defensa. Una comisión, inte- 
grada por experimentados jefes, fué nombrada para 
aconsejar al gobierno en sus medidas militares; se re- 
solvió formar un nuevo regimiento, expresamente para 
la defensa de la capital ; completar todos los regi- 
mientos de línea de la milicia; convocar a la milicia 
local y enrolar a todos los esclavos aptos para las 
armas. Fueron iniciadas suscripciones privadas y los 
miembros del congreso, solos, suscribieron una suma 
aproximada de 18.000 pesos, destinada a la creación 
del nuevo regimiento. Individualmente, renunciaron a 
sus dietas, en favor del gobierno, durante la prolon- 
gación de la guerra. 

El espíritu nacional parece agigantado y la defensa 
vigorosa del país es el sentimiento general. 

El 26, el ejército, comandado por el general Alvear, 
se puso en marcha. >Se dice que su total es de siete 
a ocho mil hombres, bien disciplinados, ansiosos de 
atacar al enemigo y firmemente confiados en la victoria. 

Probablemente llegarán a la frontera dentro de unos 
veinte días. Adjunto a ésta la proclama que el general 
Alvéar les dirigió antes de iniciar la marcha. 

Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George 'Canning, etc., etc., etc. 




TRATATIVAS EN 1827 




LA MISIÓN PONSONBY 


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PONSONBY A GORDON 

Buenos Aires, Enero 4 de 1827. — A S. E. don 
Roberto Gordon. — Excmo. señor: Recibí, el 31 último, 
las cartas de V. E., de Río de Janeiro, fechada® el 4 y 23 
de Noviembre, por manos del señor Walker, y el mismo 
día las duplicadas y sus otras comunicaciones, fechadas 
en Diciembre 4 de 1826, por la fragata “Macedón i a Amé- 
rica ’ \ 

Antes de contestar a esos despachos, creo que será muy 
conveniente informar a V. E. del estado de los asuntos 
aquí, relacionados con nuestros trabajos de mediación. 

Fui enterado, a su tiempo, del arribo de S. M. I. 
a Santa Catalina y, luego a Río Grande y después de 
aguardar unos días, hasta averiguar la causa probable 
del viaje del emperador a esos lugares y del estado 
de los 'asuntos allí, trasmití al gobierno de La Plata 
mi firme opinión de que esa era una favorable opor- 
tunidad para intentar un nuevo esfuerzo con el fin 
de alcanzar la paz, declarando, al mismo tiempo, que 
sería absolutamente necesario desterrar toda argucia y 
formular las proposiciones que se consideraran conve- 
nientes, en forma directa y sencilla. Considerando el 
gobierno, como yo, que la ocasión era buena, me auto- 
rizó a proponer a S. M. I. el proyecto que ya he tenido 
el honor de hacer conocer a V. E. y a asegurarle que 
el gobierno del Río de la Plata aceptaría ese proyecto, 
si S. M. T. lo admitía como base para negociar un tra- 
tado definitivo de paz. 

Ale disponía a desempeñar ese cometido, cuando lle- 
garon los despachos de V. E. y fuimos también infor- 
mados de que S. M. I. había abandonado Río Grande, 
emprendiendo viaje de retorno a su capital. 

Juzgué necesario reanudar comunicaciones con el 
gobierno, dado el cambio de las circunstancias y, prin- 
cipalmente, para informar al presidente de la explo- 
ración que V. E. había hecho de la opinión del gobierno 
del Brasil sobre el punto primordial del proyecto — la 
independencia de la Banda Oriental — y del decidido 
rechazo del gobierno de S. M. I. de esa proposición. 

También consideré correcto enterar al gobierno de 



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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


los rumores circulantes en Río de Janeiro, que pare- 
cían tener visos de verdad, respecto a las intenciones 
del gobierno de Norte América de autorizar a la es- 
cuadra americana .a forzar el bloqueo del Plata, en 
cuanto afecta a buques de guerra. 

La primera mención de estos dos hechos habrá, natu- 
ralmente destruido la esperanza de cualquier resultado 
beneficioso para la prosecución de los medios propuestos ; 
y, la segunda, podría despertar esperanzas de una posible 
ventaja, derivada de las diferencias existentes entre los 
dos gobiernos, um> de los cuales demandaba, por la fuerza, 
un alegado derecho, que el otro se había rehusado a reco- 
nocerle. 

Recalqué esos dos puntos, de manera especial, y me 
siento muy feliz de haber encontrado al gobierno de 
esta república firme en la decisión que había adoptado 
últimamente y consintiendo, solícito, en autorizarme a 
tomar cualquier medida que considerara conveniente 
para comunicar al gobierno del Brasil el antedicho pro- 
yecto. El presidente y sus ministros adhieren leal v 
honestamente a mí, para sostener el proyecto, si S. M. I. 
consiente en adoptarlo como base para discutir la paz. 

Por lo tanto, pido formalmente a V. E. someta al 
gobierno del Brasil el mencionado proyecto, asegurán- 
dole que yo puedo garantir que será fielmente cum- 
plido por el gobierno del Río de la Plata, bajo cuales- 
quiera circunstancias, tanto en el caso de una victoria 
como en el de una derrota. 

El gobierno ha aquilatado la verdadera situación de 
este país y de toda Sud América y la determinación 
que ha tomado es fruto de una esclarecida y honrada 
política. Tampoco intenta disimular las dificultades 
que la guerra le Iba creado, ni los grandes sacrificios, 
de presente y. de futuro, qqe le ocasiona ; .pero sabe que 
puede continuar la guerra y que debe hacerlo, antes de 
doblegarse a aceptar la paz en términos, no sólo incom- 
patibles con la seguridad de esta república sino que, 
necesariamente, conducirían al quebrantamiento de cual- 
quier paz fundada sobre ellos, apenas se ofreciera una 
pportunidad de hacerlo así con posibilidades de éxito. 

El gobierno ha pesado, cuidadosamente, sus propios 
recursos y conoce, con exactitud mucho mayor de la 
que el gobierno de S. M. I. puede sospechar, el estado 



LA MISIÓN PONSONBY 


125 


real del imperio, los medios militares y navales de que 
dispone, el número y calidad de tropas, buques y tri- 
pulaciones, el temple y aptitud de su oficialidad, el 
celo de los marinos por la causa que sirven, o el grado 
de su descontento, el sentir general sobre el gobierno im- 
perial y la persona del emperador y el estado del espíritu 
público en Bahía, Pernambueo., San Pablo, Minas, etc., etc. 
Ahora, daré algunas pruebas del fundamento de esta in- 
formación ; así V. E. fácilmente verá que es, si acaso, muy 
exacto. Al mismo tiempo detallaré los medios con que 
cuenta este país para llevar adelante la guerra y para 
dar golpes más severos, si no fatales, al poder imperial. 
Pero, antes, consideraré un punto muy importante, uno 
que pide la más seria atención de cualquier hombre de 
estado preocupado con la suerte de los mejores principios 
de gobierno ahora existentes en Sud América: los de una 
monarquía constitucional. 

Este gobierno teme el derrocamiento del emperador y 
la destrucción de su poder en el Brasil, porque conoce los 
extremos peligros a los que él mismo estaría expuesto por 
los desórdenes que de tal suceso se originarían, por la 
desorganización de principios que provocaría tan cerca 
de su tierra, y por la prematura división del imperio, le- 
vantando en su lugar turbulentas y ambiciosas democra- 
cias, con seguridad, en eterna guerra y probablemente 
dirigidas por el consejo de hombres inescrupulosos e ig- 
norantes, sólo atraídos por sus intereses particulares. Este 
gobierno ve en una revolución en el Brasil, no sólo la 
destrucción del orden que desea consagrar como un prin- 
cipio y las funestas consecuencias de ahí derivadas para 
el Plata, sino también la ruptura de todo control por 
hordas de negros bárbaros con largas venganzas que co- 
brar, por su esclavitud, a sus patrones. La elevación, a 
extremos temibles, de los indios aborígenes, en razón de 
la desunión, riñas y disminuido poder de los criollos; 
abriendo, todo esto, vasto campo a cualquier soldado de 
fortuna, que pueda erigirse héroe y labrarse mando con 
su espada, aprovechando el esfuerzo y el trabajo del 
pueblo, para ganar riquezas, poderío y fama militar. 

Temiendo tales peligros, que este gobierno sabiamente 
presiente, y creyéndolos posibles, si no probables, con ra- 
zón se preocupa. 



12G 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


El gobierno de Buenos Aires considera la estabilidad 
del trono del emperador como algo de primordial 
interés para este estado y está deseoso de contribuir a 
su sostenimiento. Está — está anheloso — de sellar 
una alianza estricta con él y de proporcionarle toda 
la asistencia que esté en su poder ofrecerle, sin violar 
la constitución de su país ni obstaculizar los procedi- 
mientos de otros gobiernos, animados por similares 
intereses y deseos. Aspira a pactar un tratado de alianza 
comercial con el emperador. 

Una paz que dejara a la Banda Oriental en manos 
del imperio, es, en sí, imposible. Ningún documento 
bastaría para someterla un año, seis meses? tal vez, ni 
uno solo. Los orientales jamás lo consentirían y al em- 
perador se le engaña, intencionalmente, o por ignorancia 
de quienes le aseguran que los orientales se someterán. 

S. M. I. tendrá que conservar la Banda Oriental, siem- 
pre al precio, por lo menos, que ahora le cuesta. — ¿Y qué 
lo compensará? 

El emperador cree su honor comprometido en esta 
contienda. S. M. I. es un hombre demasiado capaz y un 
estadista demasiado sagaz para creer seriamente que el 
honor puede ganarse o preservarse por un acto de locura ; 
y ¿quién puede decir que no es un acto de suprema lo- 
cura arriesgar una corona a la suerte de un dado, por 
una pequeña y remota provincia? El honor es una bri- 
llante alhaja en la diadema imperial; pero el honor de 
un rey radica más en su sabiduría y sus afectos sobre su 
pueblo, que en el valor personal, en el cual puede estar 
cierto de ser rivalizado, si no excedido, por el más mo- 
desto soldado de sus ejércitos, que tiene diarias oportu- 
nidades de probar la posesión de esa cualidad común, 
que en el soberano debe generalmente reservarse y no 
ser sometida a prueba por el riesgo personal y, por lo 
tanto, sólo a él debe otorgársele sobre su crédito. 

Sin embargo, si en este caso vale la pena mezclar el 
honor, debe ser evidente a V. E. que, por el reconoci- 
miento de la Banda Oriental como estado independiente, 
el emperador no rinde nada de su honor militar ante su 
adversario. 

La guerra fué entablada por querer la república la 
posesión de la Banda Oriental. Hacerla independiente e 




LA MISION PONSONBY 


127 


impedir que forme parte de esa república, es burlar y 
frustrar los deseos y propósitos de las Provincias Unidas. 

Se ha alegado a S. E., como antes a mí, que la seguri- 
dad de las provincias del Brasil, linderas a la Banda 
Oriental, requería que el emperador tuviera dominio sobre 
ese país. 

Pero, primero, ¿cuál es el hecho? ¿L>o domina? No. 
¿ Puede dominarlo ? Yo digo que no. No necesito probar 
esta opinión examinando el caso, porque el hecho de su 
impotencia al efecto, habiendo existido siempre y exis- 
tiendo, ahora, es lo bastante convincente en apoyo de mi 
dicho. ¿ Qué puede, entonces, retener el emperador en la 
Banda Oriental ? ¿ Las ciudades fortificadas ? Pero, ¿ có- 
mo puede Montevideo, etc., asegurar a las enemigas pro- 
vincias fronterizas contra la irrupción de bandas saquea- 
doras y salvajes ? Esas provincias sólo pueden ser defen- 
didas por la fuerza militar, o por una paz que esté en el 
interés de todos observar y respetar. 

El emperador conserva Montevideo, pero lo conserva 
sitiado por los orientales, por tierra, aunque cubierto y 
protegido, por mar, por la flota imperial. Supongamos 
que -esa flota, por accidente o por la habilidad o la audacia 
del enemigo, fuera destruida, ¿ qué le sucedería a Monte- 
video? ¿Es imposible destruir esa flota? ¿Y. E. no ha 
oído nunca hablar de Brown? ¿No está enterado Y. E. de 
lo que se puede hacer fácilmente con cinco buques en un 
río como el de -la Plata, lleno de bancos y fuertes corrien- 
tes, que pueden provocar la destrucción de cualquier bu- 
que, ¡huyendo en desorden a la proximidad de un buque de 
guerra, al mismo tiempo que el río da rapidez y añade 
probabilidades de éxito a los asaltantes? 

Si entonces, por accidente o por la audacia, los enemi- 
gos de S. M. I. le arrancan lo que ahora retiene, la pro- 
vincia será nominalmente suya y, en realidad, perdida 
para él, y sus propias provincias del Brasil quedan ex- 
puestas a ser objeto de las incursiones del adversario. 
¿Dónde estará, entonces, su honor? ¿Podrán sus armas 
reconquistar a Montevideo? ¿Por qué ellas no pueden, 
ahora, levantar el sitio de la ciudad? 

La sólida, segura y duradera protección de las provin-, 
cias de S. M. I., debe encontrarse en el proyecto sometido- 
ai gobierno brasilero : en la independencia de la Banda 



128 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Oriental y en la destrucción de los fuertes, que pudieran 
amparar perturbadores y delincuentes, y en la coopera- 
ción del gobierno de La Plata con el emperador, a fin de 
suprimir, para su mutua seguridad e interés, toda lesión 
al derecho de los neutrales y a las leyes internacionales. 

Tengo, todavía, que enterar a Y. E. de una parte, al 
menos, de los recursos poseídos por La Plata para conti- 
nuar da guerra, y mostrar, a la vez, lo bien informado 
que está este gobierno de los puntos débiles de la situación 
del emperador, a fin de dar a V. E. una prueba de que, 
al ofrecer la paz en condiciones tan iguales y al confe- 
sárseme los deseos que animan al ipresidente y a sus mi- 
nistros, de cultivar la amistad del emperador y de contri- 
buir a su seguridad y a cuidar su trono, el gobierno está 
procediendo de acuerdo a una sabia política y no por de- 
bilidad, que lo incapacite para la guerra, a pesar de que 
grandes males y desastres se derivan de ella, y mayares 
males aún se esperan. 

En primer término, el gobierno no carece de recur- 
sos pecuniarios. Actualmente tiene fondos en Londres 
y puede obtener (tengo mis razones para creerlo) un 
adicional y considerable refuerzo. Un pequeño fondo, 
en efectivo, en Inglaterra, aliviaría el cambio. No se 
requiere una suma muy grande para comprar barcos y 
contratar buenos oficiales y tripulación inglesa. La 
causa de la república es popular en Inglaterra y la 
república ha tratado bien a los marinos ingleses. El 
gobierno podrá comprar bastantes barcos para com- 
batir a la escuadra brasilera v enviar cruceros, si- 

♦ 

guiendo la huella de Brown, a Río Janeiro, Bahía, etc. 
La gente dará hasta la camisa, antes de dejar la Banda 
Oriental en poder extranjero (y ellos tienen razón). 
Esto le 'da inmensa fuerza al gobierno y una fuente 
segura de recursos considerables. Cuenta, también, con 
la fuerza de la opinión pública en su favor. Nadie que 
conozca la historia de los dos países y esté enterado 
de los términos efectivos de arreglo, propuestos por el 
gobierno de La Plata, titubeará en asegurar que todo 
el peso de la responsabilidad de la prolongación de 
las calamidades y crímenes de la guerra, gravita, exclu- 
sivamente, sobre el gobierno del Brasil. La república 
renuncia a todo y sóloj reclama garantías. Erente a 
cualquier título que el emperador alegue para justi- 




LA MJStóN PONSONBY 


129 


f icar sus derechos sobre la provincia, la república 
puede oponer el mismo título legítimo; por lo menos, 
tan bien fundado en hechos y por actos. 

La república renuncia a todos sus derechos y reconocerá 
a los nativos como los únicos y absolutos soberanos del 
país. 

La república desea la paz con el emperador y busca su 
amistad. La república sólo se rehúsa a dejar en poder de 
una mano poderosa y extranjera el arma con que ya ha 
sido herida profundamente y que pueda, en cualquier 
tiempo, amenazar de nuevo su existencia. 

Los recursos de las república consisten en tener tesoro 
bastante para atender cualquier necesidad interna y para 
prevenirse contra las hostilidades del enemigo ; en la una- 
nimidad y celo de su pueblo por una causa que se muestra 
libre de miras ambiciosas y deseos de poder ; en la general 
aprobación de la moderación de su actual política y en 
la simpatía del mundo por aquellos a quienes se quiere 
conquistar y oprimir sin un motivo justo. 

El gobierno de la república tiene conocimiento de 
que el gabinete de Estados Unidos de Norte América 
se propone, si ya no lo ha ordenado, la interrupción, 
por la fuerza, del bloqueo brasilero y sabe que esto 
constituiría un insulto para el Brasil, al que deberá 
someterse, con humillación y desmedro de su honor, o, si 
resistiera, sobrevendrá su segura derrota. 

El gobierno sabe que el emperador se esfuerza por traer 
con él, de su capital, aplastantes fuerzas, para así poner 
término a la guerra; y sabe que reunió unos seis o sete- 
cientos hombres!! El gobierno sabe que las fuerzas im- 
periales en Río Grande y todas las tropas válidas para 
atacar o defender, llegan a 7.000 hombres. El gobierno 
conoce la desunión que ha existido y que todavía subsiste 
entre las diferentes clases de soldados en Río Grande y 
la calidad de las tropas de allí, tan poco eficaces para 
emprender una acción ofensiva en un país como la Banda 
Oriental, en una vasta extensión deshabitado y sólo ocu- 
pado, en estos momentos, por una experimentada, probada 
y sufrida caballería, contra la cual pequeños núcleos de 
infantería, sin apoyo, serán completamente insuficientes. 

El gobierno sabe el mal estado de la poca caballería 


8-11 



130 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


con que cuenta el ejército imperial. Sabe qué pronto se 
agotarán los caballos en una provincia donde los animales 
nunca prosperan y viven precariamente. Sabe que la 
pérdida de éstos no puede ser reemplazada y que, en 
consecuencia, toda la campaña en la Banda Oriental con- 
tinuará, ahora y siempre, en poder de los republicanos, 
aun sin esfuerzo de su parte para mantenerlo. 

Este gobierno conoce las dificultades con que el empe- 
rador tropieza para reclutar su ejército, dificultades que 
considera insalvables. Sabe cuán pesado es este servicio 
militar que ahora obliga a las fuerzas físicas del pueblo 
brasilero a soportarlo ; que la policía del país está con- 
fiada a las milicias; que los fuertes y guarniciones del 
Imperio están sin defensores o sólo con los hombres esca- 
samente necesarios para abrir y cerrar los portones -o ha- 
cer una salva ; sabe que las fuerzas extranjeras, contrata- 
das por el emperador, deben ser y son vistas por los nativos 
con celos, si no con odio ; que él sólo depende de sí mismo 
y, si surgen dificultades, será abandonado, si no atacado, 
por los soldados de su propio ejército y tratado como ene- 
migo por el pueblo entero del Brasil, si alguna vez la 
6uerte de las armas le es adversa. Este gobierno sabe 
hasta qué extremo las finanzas de S. M. I. dependen de 
las entradas de la aduana de Río de Janeiro y tiene re- 
ciente prueba de la magnitud de los efectos que en esas 
entradas puede producir la más pequeña hostilidad. 
Brown, con dos o tres miserables barcos, últimamente ha 
demostrado lo que una fuerza moderada y bajo su co- 
mando puede hacer, obrando en gran escala. 

Sabe qué puede habilitar buques bastantes para colocar 
a Brown con una fuerza importante como centinela frente 
a' los puertos principales del Brasil : frente a la misma 
capital de S. M. I. 

Este gobierno sabe el estado de las finanzas imperiales. 
Conoce el monto de la vieja deuda y conoce, aún mejor 
que la misma legislatura del Brasil, la suma total de la 
nueva deuda. Sabe, como todo el mundo, el estado de los 
cambios. Sabe el precio de su moneda metálica en oposi- 
ción con su papel y siente que, por desordenadas que estén 
las finanzas de la república, ella, sin embargo, tiene fon- 
dos para atender sus pequeños y propios gastos, tan ade- 
cuados como las más caudalosas rentas y menos desorde- 



LA MISIÓN FONSONBY 


131 


nadas finanzas de S. M. I. para atender los mayores y 
muy extendidos gastos necesarios al Imperio. Sabe este 
gobierno mucho sobre el malestar de la mayor parte del 
pueblo en los dominios de S. M. I.; pero no lo aprove- 
chará como un elemento utilizable, porque sinceramente 
quiere prevenir antes que usufructuar I06 desórdenes in- 
ternos del Imperio. Este gobierno aún siente que su ejér- 
cito, avanzando contra las fuerzas brasileras, es muy su- 
perior a éstas, más en experiencia militar que en número 
o en calidad, dado que la caballería está especialmente 
adaptada al campo en que actúa. Este gobierno está per- 
suadido que, si su ejército saliera victorioso en los prime- 
ros encuentros, las provincias brasileras quedarían abier- 
tas a la invasión, totalmente desamparadas, y, aunque el 
ejército de la república fuese vencido y rechazado, todavía 
el gobierno podría mantener la guerra en la Banda Orien- 
tal, durante años indefinidos. 

Estas son las opiniones del gobierno de la república. 
Pero él ofrece, él desea la -paz y una alianza. 

¿Quién puede suponer que sólo obra así bajo impulso 
de temor y únicamente por sentir conciencia de su debi- 
lidad en sus relaciones con el Brasil ? Yo, ni nadie, puede 
decir cuáles serán los resultados de la guerra; pero con- 
fieso que, después de madura reflexión sobre el estado 
de beligerancia de los dos países, creo que los poderes de 
defensa que tiene la república son mucho mayores que los 
de S. M. I. 

Creo, por tanto, que la guerra (si las hostilidades si- 
guen) pueden continuar por años; pero estoy convencido 
de que, si dura mucho, su final será adverso a los intere- 
ses del emperador. Hasta dónde adverso y a qué costo 
resulte a él y a su familia, no quiero apreciarlo ni ima- 
ginarlo. 

V. E. talvez pensará que he entrado demasiado a fondo 
en este asunto y que pongo un calor en él, superior al 
grado de la temperatura neutral; pero yo me siento ar- 
dorosamente, me siento profundamente interesado en el 
éxito de I06 benéficos designios y esfuerzos de nuestro go- 
bierno para devolver la paz a estos países. Aliento el de- 
cidido deseo de ver el trono del emperador seguro ; de ver 
a la casa de Braganza, a los antiguos aliados de nuestros 




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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


reyes, florecer en prosperidad y honor, y ver a los prin- 
cipios monárquicos echar raíces y penetrar hondo en el 
suelo de América. 

Tengo el honor de saludar a V. E. con mi más alta 
consideración, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 

sonby. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Enero 5 de 1827. — Exorno, señor: Ha- 
bía escrito mi despacho n.° 39, cuando recibí comunicación 
del señor Gordon, fechada el 4 último, en respuesta a uno 
mío del 6 de Noviembre, sobre el cual tuve el honor de 
referirme a V. E. en mi despacho n.° 27, de esa fecha. 

Al mismo tiempo, supe la vuelta del emperador a Río 
de Janeiro. 

Incluyo copias de los despachos del señor Gordon a mí 
y de mis contestaciones, por considerarlo el mejor medio 
de enterar a V. E. de lo que he hecho en virtud de esas 
comunicaciones, siguiendo mi propia inspiración. He 
creído de mi deber plantear la cuestión bajo una luz que 
creo sea ventajosa, aunque no dudo que el señor Gordon 
está mucho más habilitado que yo para dar fuerza eficaz 
a las razones de política, de apremio, de seguridad y, tai- 
vez de necesidad, que llaman a la paz. Mi despacho a él 
es, en parte, una contestación a sus observaciones. Creo 
que no he sido presuntuoso al señalarle otros argumentos 
utilizables al discutir la cuestión con el ministro brasilero. 
Le hubiera escrito de otro modo, si me hubiera dirigido 
al gobierno, pero como todo lo que he dicho es para ser 
cambiado o repetido, según su discreción y buen sentido, 
no siento ansiedad por la libertad con que me he expre- 
sado. 

Confío que V. El. quedará complacido con la conducta 
actual de este gobierno, y que aprobará las miras políticas 
manifestadas por él. 

El mensaje de Bolívar a S. M. I., por intermedio de su 
cónsul, y al cual se refiere el señor Gordon, no me sor- 
prende ahora, que he oído tanta cosa sobre ese personaje, 
inclinándome a formar una mala opinión de su sinceridad 
y honestidad, como hombre y como político. Y digo que 




IiA MISIÓN PONSONBY 


]33 


me inclino a formarme esa opinión, porque todavía no 
puedo hacer de él un juicio cabal. Observaré con celosa 
atención sus actos en lo referente a este país y tendré 
cuidado de instruir a Y. E., tan pronto como pueda, so- 
bre cualquier cosa que merezca su atención. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonhy. * 

P. D. — Junto con el despacho oficial del señor Gordon, 
acompaño un extracto de una carta privada que le dirijo 
hoy sobre el asunto de la mediación. 

A S. E. George Ganning, etc., etc., etc. 


PONSONBY A GORDON 


( Extracto de una carta privada de lord Ponsonby al 
señor Gordon, fechada en Buenos Aires el 6 de Enero 
de 1827. ) 

Es más que probable que, si el gabinete brasilero trata 
de mantener la propuesta ahora hecha, intentará obtener 
el pago de los gastos hechos en Montevideo, etc., por los 
portugueses y brasileros. 

Creo que esto debe resistirse in limine, porque no creo 
que este país pueda pagar, ni que se esfuerce por hacerlo. 
Los brasileros se han llevado, en ganado de la Banda 
Oriental, por valor de varios millones de esterlinas, con 
los que han enriquecido a las provincias adyacentes y a 
varios de sus súbditos. Estando, también, Buenos Aires 
honestamente resuelto a abandonar la Banda Oriental, no 
puede ser llamado a pagar los gastos que en otra hora 
estaba dispuesta a abonar, cuando propuso la indemniza' 
ción: entonces, pensaba quedar en posesión de la pro- 
vincia. 

Hay un punto en el proyecto sobre el cual debo decir 
algunas palabras: el término de años a que se limita el 
arreglo. Probablemente el Brasil opondrá objeciones; y 
creo que, si es necesario, debe suprimirse, aunque el pre- 
sidente, aquí, le atribuye importancia. Las necesidades 
del caso deben primar sobre pequeñas cuestiones. — ( fir- 
mado) John Ponsonby. 



134 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


CANNING A PONSONBY 

Enero, 20 de 1827. — A S. E. lord John Ponsonby. 
— Excmo. señor: Después de dirigirle mi despacho 
n.* 23, he recibido los de V. E., desde el n.° 21 al 26, los 
que han sido debidamente presentados al rey. 

Aunque la impresión que S. E. da sobre el estado 
de cosas en las provincias de Buenos Aires, es muy 
poco satisfactoria y la conducta del gobierno hace 
abrigar pocas esperanzas de inmediato y firme cambio, 
tanto en las condiciones internas como en su política 
externa, tengo gran placer en expresarle a Y. E. mi 
completa aprobación de los esfuerzos realizados, para 
atraer a razón al presidente, por lo menos en lo refe- 
rente al último asunto. 

La copia del despacho que le adjunto y que dirigí 
al señor Gordon, por el último paquete, pondrá a 
V. E. en conocimiento de las opiniones de su gobierno 
sobre la proposición que V. E. ha sido autorizado, al 
fin, a someter a la consideración del emperador del 
Brasil. Este paquete, tocando Río de Janeiro en su iti- 
nerario, llevará a V. E. los informes del señor Gordon 
sobre el estado de espíritu del emperador del Brasil con 
respecto a un arreglo con Buenos Aires. Mucho temo 
que las calamidades de la guerra deban intensificarse 
más aún, antes que cualquiera de las partes se incline a 
esa solución. 

Soy de V. E. atento, etc., etc., etc. — (firmado) George 
Canning. 


GORDON A QUELUZ 


Río de Janeiro, Febrero 4 de 3827. — El abajo firmado, 
enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de 
S. M. B., tiene gran satisfacción en poder comunicar a 
S. E. el marqués de Queluz, consejero, ministro y secre- 
tario de estado de relaciones exteriores, que ha recibido 
informes del representante de S. M. B. en Buenos Aires, 
que le permiten acariciar la agradable esperanza de poner 
fin a la guerra existente entre este país y las Provincias 




LA MISIÓN PONSONBY 


135 


Unidas del Plata, en términos igualmente honorables para 
ambas partes. 

Al encargar a un ministro del rey de la Gran Bretaña 
que sea portador de su propuesta al gobierno brasilero, 
el presidente de la república ha probado que está prepa- 
rado para obrar con lealtad y que la paz es su ■verdadero 
objetivo. 

Es en esta inteligencia y en cumplimiento del más grato 
deber que puede -imponérsele, como representante de un 
poder mediador y amigo, que el abajo firmado tiene el 
honor de transmitir a S. E. el ministro de relaciones exte- 
riores de S. M. I., de parte de las Provincias Unidas del 
Plata, el proyecto que incluye. 

Sería superfluo que el abajo firmado destacara todas 
las desventajas de la guerra y sus inseparables pérdidas, 
sin provecho alguno para cualquiera de los beligerantes; 
pero no puede menos' de expresar la expectativa que 
alienta de que, en esta ocasión, la paz sea restablecida, 
esperanza fundada en el notorio celo de S. M. el empe- 
rador del Brasil por el bien de sus súbditos. 

El que suscribe, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el marqués de Quéluz, etc., etc., etc. 


GORDON A PONSONBY 

Río de Janeiro, Febrero 5 de 1827. — A S. E. Lord 
John Ponsonby. — Excmo. señor: Me es grato comuni- 
car a V. E. que el emperador no se muestra reacio a 
escuchar una propuesta que erija a la Banda Oriental 
en estado independiente y este hecho me excusa de en- 
trar en los varios tópicos del despacho que V. E. tuvo a 
bien dirigirme el 6 del pasado que, aparentemente, fué 
escrito bajo la impresión de que el emperador del Brasil 
no abandonaría sus pretensiones al dominio de la dispu- 
tada provincia. 

El despacho de V. E. me llegó el 2 del corriente y, el 
4, envié el proyecto de convención al marqués de Queluz, 
como lo verá por la copia, inclusa, de -mi nota a ese mi- 
nistro. No me atrevo a retardar la partida del paquete 
con el fin de trasmitir a V. E. la respuesta de este go- 
bierno, desde que transcurrirán muchos días antes que 



136 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


se adopte una decisión, si esto no se propone hasta la 
reunión de las cámaras. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) B. Gordon. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Febrero 6 de 1827. — Excmo. señor: 
El 23 de Enero tuve el honor de recibir, por el paquete 
de S. M. “Dove”, sus despachos nos. 21 y 22. Me per- 
mito expresar mi profundo reconocimiento por la am- 
plia aprobación — expresada en el despacho no. 21 — que 
mi conducta en Río de Janeiro ha merecido de V. E., 
por mi intervención, como mediador entre el Brasil y 
Buenos Aires, en nombre de S. M. el rey. 

Mis últimas notas, enviadas desde aquí, habrán ente- 
rado a V. E. de la completa modificación en el estado 
del asunto. Es decir, que el gobierno de la república ha 
aceptado la fórmula conciliadora propuesta — la inde- 
pendencia de la Banda Oriental — y que yo he proce- 
dido en consecuencia y, como me atrevo a esperar, de 
conformidad con los deseos e instrucciones de V. E. 
Presumo que las últimas instrucciones de V. E., conte- 
nidas en el despacho no. 21, de declarar terminada la 
mediación, no son aplicables al estado actual de la cues- 
tión, estando fundadas en la creencia de que este go- 
bierno no accedería a la solución transaccional sugerida ; 
y, también, porque el cese de la mediación, ahora, pro- 
bablemente destruiría todas las probabilidades de paz 
que no parecen, en manera alguna, inconsistentes. Por 
lo tanto, he considerado conveniente comunicar verbal 
y confidencialmente a S. E. el presidente, la naturaleza 
de esas instrucciones y, al mismo tiempo, informarle de 
que, dado el nuevo aspecto de la cuestión, no cumpliré 
esas órdenes por ahora. Creo que el conocimiento de las 
intenciones del gobierno de S. M., producirá aquí un 
benéfico efecto, bajo muchos conceptos. Tengo serias 
razones para confiar en la sinceridad de este gobierno, 
en cuanto a su anhelo de paz, en las condiciones que ha 
propuesto, porque estoy seguro de que el presidente sabe 
y siente que su realización conviene tanto a su interes 
personal como a los del país. 

Adjunto una proclama, lanzada por don Carlos de 




I*A MISIÓN PONSONBY 


13? 


Alvear, general en jefe del ejército. Los términos en que 
está concebida me parecen calculados como para desper- 
tar sospechas sobre la sinceridad del presidente y su go- 
bierno, respecto a las opiniones que, con su autorización, 
trasmití al señor Gordon, como opiniones de este gobier- 
no. Por lo tanto, deseaba tener del presidente una con- 
firmación privada de los sentimientos ya manifestados, 
la que diligentemente me envió. Asentí, pues, a su pe- 
dido de no 'tomar en consideración el contenido de la 
proclama. Así lo he hecho porque creí que él no podía 
hacer una pública desaprobación de leus doctrinas del 
general Alvear, sin exponer a su gobierno a serios tras- 
tornos . 

(Siguen informes sobre el estado general de las pro- 
vincias.) (1) 

No he tenido oportunidad, ni sé cuándo será que tenga 
medios de comunicar la presente, u otra cualquiera, al se- 
ñor Gordon. Espero que la bomba del general Alvear 
traiga en sí ’la cura para el mal que haga. 

Oigo, de la mejor fuente, que el presidente teme diri- 
girse al general para que evite una batalla, a pesar de 
que está convencido de que nada debe arriesgarse mien- 
tras continúe siendo posible la paz. 

Este punto, muy importante, ha sido y es, por tanto, 
librado, en gran parte, a la suerte; pero espero que el 
resultado sea favorable, pues parece que la política bra- 
silera es mantener la guerra completamente a la defen- 
siva. 

Las últimas noticias del ejército son hasta el 22 último 
e informan que los brasileros se habían retirado de Santa 
Ana y que el general Alvear había avanzado 19 leguas. 

Nada puede ser menos seguro que las noticias del ejér- 
cito. El mismo gobierno poco sabe y la ciudad está inun- 
dada de cuentos, a los cuales no se debe dar crédito. Creo, 
sin embargo, que puedo decir, sin error, que la situación 
del ejército no es satisfactoria, moralmente considerada. 
El jefe y los dos primeros generales están, notoriamente, 


(1) Así se decía en las primeras cofpias. En notas posteriores, 
también se interrumpía el texto con puntos suspensivos. A fin 
de desvanecer cualquier duda, solicité las partes que faltaban. 
Como en el caso presente, me fueron enviadas con toda defe- 
rencia, habiendo sido omitidas, antes, por considerarlas ajenas 
a mi propósito. Sin embargo, las incorporo pues, aunque indi- 
rectamente, concurren a dar la sensación del momento histórico. 


138 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


en malas relaciones, y la unión entre los otros oficiales i 
no es muy cierta. Lavalleja, que manda independiente- I 
mente de Alvear un contingente de tropas, es pública-/ 
mente hostil a la autoridad de Buenos Aires en la Banda/ 
Oriental, y está dispuesto a pelear contra su establecij 
miento allí, cuando sea necesario, como ahora pelea contra 
los brasileros. 

El material de guerra parece que ha sufrido mucho. 
El ejército encontró, primero, un calor extraordinario, 
aumentado por el fuego extendido por muchas leguas, 
por lo que muchos hombres, caballos y materiales fueron 
destruidos. Tuvieron que soportar las más violentas tem- 
pestades y lluvias tan abundantes que hicieron desbordar 
todos los ríos e inundaron el país, y el mismo general Al- 
vear casi se ahoga. 

Las noticias del ejército imperial que corren aquí, son 
que está en malas condiciones, lo que no me cuesta creer, 
pero no puedo decir lo que hay de verdad en ello. 

La situación de las Provincias Unidas del Plata rápi- 
damente se precipita, como tuve el honor de comuni- 
cárselo a Y. E., hace tiempo. El gobierno ha fracasado 
por todas partes y parece un hecho, admitido por todos 
los bandos, que la constitución va a ser rechazada por casi 
todas las provincias. Uno de los comisionados mandados 
por el congreso a Córdoba (de cuya misión ya he enterado 
a Y. E.) ha vuelto, pero regresa con la categórica negativa 
de aquella provincia de tener nada que ver con la consti- 
tución de la república. 

Es conocida la rebelión en las otras provincias y el 
número de las disidentes se supone que sea de doce, sobre 
el total de las catorce que constituyen toda la confedera- 
ción, real o nominal. 

El gobierno todavía se abraza a la esperanza de soste- 
nerse y de forzar a la sumisión a la más refractaria de 
las provincias. 

Confieso que no veo motivos razonables para alentar 
tal esperanza; pero es difícil presagiar acontecimientos 
en un país como éste. Sin embargo, tengo la firme opinión 
que ninguna solución estable puede hacerse, si quedan en 
manos del gobierno de Buenos Aires esos poderes que el 
presidente y sus ministros tratan de obtener para contro- 
lar los asuntos internos de las provincias. Dentro de pocos 
días, sabremos la suerte de la constitución y se la comu- 



LA MISIÓN PONSONBY 


139 


nicaré por el próximo paquete. No tengo yo duda de que 
será rechazada. 

Se me ha dicho, repetidas veces, que varios dirigentes 
de algunas provincias tienen idea de llamar a un nuevo 
congreso y votar la ilegalidad del presente gobierno y 
dirigirme, así -como a otros ministros extranjeros, una pro- 
testa contra la validez de cualquier acto de este gobierno 
como pretendido gobierno nacional. He comunicado este 
rumor al presidente y, al mismo tiempo, aprovecho la 
oportunidad para llamar la atención sobre una dificultad 
que podría producirse, si tal ocurriera. 

Le pregunté si, establecido ese congreso por la mayoría 
de las provincias de la unión, ¿ dónde radicaría la autori- 
dad del estado? 

El estado, como parece que se admite, es la unión de 
las provincias; y Buenos Aires es sólo una provincia de 
esa unión. 

Es admitido que la proyectada constitución será válida, 
sólo si fuera aceptada por las provincias. Si la constitu- 
ción fuera rechazada, ninguna autoridad puede derivarse 
de ella. El congreso, creado sólo para hacer una constitu- 
ción, debe extinguirse, y los funcionarios que creó, y el 
presidente mismo, difícilmente pueden invocar su amparo, 
ni aun autoridad local en Buenos Aires; pues, suponiendo 
que el congreso haya tenido poder legal para nombrar 
presidente (lo que vehementemente se discute), esta de- 
signación sólo sería temporaria, dependiendo su continui- 
dad de los actos del nuevo congreso, que sería la legisla- 
tura, bajo la nueva constitución. 

Fallando la constitución, no puede haber legislatura. 
¿No están las provincias habilitadas, por mayoría, para 
crear un nuevo congreso con las atribuciones que les plaz- 
can ? ¿ Qué derecho tiene el actual gobierno a invocar 
autoridad sobre las provincias? 

A esto, nada ha contestado el presidente. Espera los 
acontecimientos y espera que los accidentes sean favo- 
rables. 

No creo acertado dar, al presente, otro paso más deci- 
dido en este asunto, y me he limitado a hacerle saber 
privadamente al presidente cuáles eran mis ideas. Tuve 
por objeto, primero, prepararlo para cualquier actitud 
que yo pueda verme en el caso de tomar, más tarde, si 
circunstancias imperiosas me obligan a actuar; y, se- 



140 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


gundo, inducirlo a encarar posibles dificultades, si no 
peligros, que le pueden sobrevenir, creyendo, como creo, 
que él está demasiado enceguecido ipor la pasión para 
ver las cosas con claridad y que se ha rodeado de perso- 
ñas que no le dirán ninguna verdad que le sea desagra- 
dable. 

La cuestión aquí imperfecta y brevemente bosquejada, 
es muy difícil y, a su respecto, espero que no tendré 
la mala suerte de verme obligado a adoptar una decisión 
práctica. Sin embargo, la examinaré con todo el buen 
juicio que pueda; y, si forzado a actuar, en la imposibi- 
lidad de contemporizar, haré lo que crea correcto, con- 
fiando en la indulgencia de V. E. por las dificultades 
que pueda encontrar y creyendo que la mayor prueba 
que puedo dar de mi deseo de cumplir mi deber, será 
aventurar algún paso no especialmente determinado en 
mis instrucciones, a pesar de saber que es imposible que 
ellas puedan prever los acontecimientos en un país como 
éste. 

Por lo que alcanzo, creo que estoy acreditado por S. M. 
ante el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la 
Plata ; el gobierno de S. M. no sabía que existía, en el 
país, como ejecutivo, el presente gobierno, cuando yo fui 
acreditado. 

Se creía, entonces, que existía un gobierno local de la 
provincia de Buenos Aires, a cuyo gobierno provincial 
las provincias habían, unánimemente, concedido autori- 
dad para gestionar los asuntos de la confederación con 
los países extranjeros. 

Cuando el congreso constituyente se reunió, se votó 
una resolución, que' recibió formal aprobación de las pro- 
vincias, invistiendo al gobierno provincial (al de Buenos 
Aires) con la facultad de actuar, por toda la unión, en el 
manejo de los asuntos exteriores. 

Este gobierno provincial continuó algún tiempo en esas 
funciones, pero expresó al congreso su deseo de no ser 
por más tiempo el encargado de la administración de los 
negocios extranjeros de la unión; atendiendo este deseo, 
el congreso nombró un ejecutivo para desempeñar estos 
deberes. El señor Rivadavia fué nombrado presidente y 
su primer acto fué disolver la junta provincial, contrario 
— como ahora se alega — a la ley fundamental, según la 
cual, las provincias deben continuar gobernadas por sus 



LA MISIÓN PONSONBY 


141 


autoridades actuales, hasta la promulgación de la cons- 
titución. 

El señor Rivadavia y su gobierno han obrado como el 
órgano legítimo de la unión en sus relaciones con los 
poderes extranjeros, pero la legalidad de sus actos es 
discutida, ahora, por las provincias y nunca ha sido 
sancionada por ellas; en cuya situación su poder tiene, 
ciertamente, muy diferente base de la que tenía el go- 
bierno provincial de Buenos Aires, cuando estaba inves- 
tido de igual poder. 

Si con la disolución del congreso, por el rechazo de la 
constitución por las provincias, el presidente mismo debe 
darse oficialmente por caducado, y si el gobierno de Bue- 
nos Aires reasume sus funciones como gobierno de la 
provincia, la cuestión a resolver será: ¿tiene el gobierno 
de Buenos Aires, restablecido, la autoridad para gestio- 
nar los asuntos exteriores, en nombre de las Provincias 
Unidas, que un día poseyera, o debe recibir de nuevo esos 
poderes de las provincias? Es indudable que estos po- 
deres serán inmediatamente delegados en el gobierno de 
Buenos Aires por las provincias ; pero, entretanto, si esos 
poderes han cesado, ¿ qué debo yo hacer ? 

Es cierto que el gobierno de Buenos Aires siempre co- 
municaba sus actos — en cuanto a los asuntos exteriores — 
a las provincias y les daba un detallado relato de los 
mismos. 

Un escrito del señor García, incluido el 12 de Agosto 
de 1824 en el despacho del señor Parish, n.° 49, explicará 
mejor que yo esta materia. 

En Etnero de 1825, el congreso constituyente dictó una 
ley, llamada la “ley fundamental”, en la cual la separada 
y perfecta jurisdicción de todos los gobiernos provinciales 
es reconocida y confirmada, hasta el establecimiento de 
una constitución. Es necesario hacer notar que la ley 
fundamental no previene el caso que parece presentarse 
ahora; es decir, el rechazo de la constitución por las pro- 
vincias. 

El tercer artículo parece establecer que no existió, bajo 
ningún concepto, la intención de extender el poder del 
congreso más allá de la promulgación de la constitución ; 
y, habiendo sido rechazada ésta, no puede ser promulgada. 
¿Puede el congreso nombrar un nuevo ejecutivo sin el 
consentimiento de las provincias ? ¿ Qué legalidad tiene el 



342 


LUIS ALBRRTO DE HERRERA 


congreso? Entiendo que la opinión casi general es que 
todo lo conectado con la constitución cae en tierra, junto 
con ella. 

Tengo buenas razones para creer que mucha gente 
piensa que la renuncia del presidente es la sola cosa que 
puede poner fin a las dificultades ; pero estoy autorizado 
a suponer que el presidente está determinado, a todo 
riesgo, a mantenerse en su puesto. Se cree que, proba- 
blemente, si así lo hace, tendremos la visita de lo que se 
llama los montoneros, o sea, en términos simples, las 
fuerzas de las provincias vecinas, en armas, para derri- 
bar al gobierno. 

Sucesos pasados, el presente estado de cosas y mi re- 
ciente información, me hacen suponer que esto es más 
probable que improbable. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 

sonby. 

P. D. — En adición a mi despacho, tengo el honor de 
acompañar la lista de las provincias, señalando las que 
se sabe que se han pronunciado contra la constitución, las 
dudosas y las favorables. Las ocho provincias contra la 
constitución — -algunas de ellas ya en armas contra el 
actual gobierno — son: Córdoba, Rioja, Catamarca, San- 
tiago del Estero, Santa Pe, Entre Ríos, Corrientes, San 
Juan. Las cuatro siguientes, también se cree estarán en 
contra: Mendoza, San Luis, Banda Oriental, Buenos Ai- 
res. Las dos siguientes, están a favor de la constitución: 
Salta y Tucumán. 

Es necesario que haya una mayoría de dos tercios en 
favor de la constitución, para que ella sea aprobada. 

El gobierno quiere evitar convocar a la junta de Bue- 
nos Aires para votar en pro o en contra de la constitu- 
ción. Creo que siente que el momento en que se reúna la 
junta, será el último de la existencia política del presi- 
dente, etc. Creo que la crisis se producirá cuando lleguen 
todos los comisionados del congreso a las provincias y 
enteren al congreso del rechazo de la constitución. En- 
tonces veremos lo que piensa ese cuerpo de su propio 
poder y si sostendrá, o no, al señor Rivadavia, si él intenta 
mantenerse en el poder. 

Mi opinión actual, que adelanto con gran duda, es que 



LA MISIÓN PONSONBY 


J13 


el congreso tendrá miedo de arriesgarse a dar tan arbi- 
trario paso ; pero que, si lo hace, habrá una revolución. — P. 


QUELUZ A GORDON 

El infrascripto, consejero, ministro y secretario de es- 
tado de negocios estranjeros, acusa recibo de la nota 
que le dirigió, con fecha 7 del corriente, el muy honora- 
ble Roberto Gordon, enviado estraordinario y ministro 
plenipotenciario de S. M. B., en la que manifiesta su 
satisfacción de ser el órgano encargado de trasmitir las 
bases que el presidente de Buenos Aires entregó al en- 
viado británico cerca de aquella república, para que fue- 
sen oficiadas al gobierno de S. M. iel emperador como un 
medio de poner término a la guerra que infelizmente 
subsiste entre el imperio del Brasil y aquel país. 

Al leer la nota del señor Gordon, el infrascripto cambió 
la lisonjera esperanza de ver terminada una guerra a la 
que S. M. el emperador, su augusto amo, fué tan noto- 
riamente provocado, conociendo perfectamente el sincero 
deseo que tiene el mismo augusto señor de mantener la 
paz con sus vecinos. Hablando, sin embargo, con la fran- 
queza de su carácter, bien conocido, esa esperanza que 
concibió el infrascripto se desvaneció rápidamente al leer 
los artículos propuestos por el gobierno de Buenos Aires 
para servir de base á una negociación, los que nada prue- 
ban menos que esa inculcada voluntad, de parte de aquel 
gobierno, de acabar con la guerra actual. 

El infrascripto no ve con menos asombro que la pro- 
posición para la deseada negociación empieza proponiendo 
que S. M. I. abandone la provincia Cisplatina, sin consi- 
deración alguna al indisputable derecho que le asiste, por 
más de un título, para mantener su dominio de ella, y 
como si S. M. el emperador fuese un usurpador que, mejor 
aconsejado, debiese desistir de su usurpación. 

El infrascripto no ve con menos asombro la proposición 
de abandonar a sí mismo el pueblo cisplatino, para que 
forme un gobierno, esto es, abandonarlo a la ambición y 
tiranía del primer ocupante, como siempre lo estuvo, 
hasta que, para bien de la conservación propia, el go- 
bierno del Brasil venció y expulsó all aventurero y revo- 
lucionario Artigas, que lo subyugaba, cuya usurpación 




144 


LUIS ALBERTO 1>E HERRERA 


el gobierno 'de Buenos Aires, por motivos que le son pecu- 
liares, reconoció acto legítimo. 

En cuanto a la proposición de la demolición de las 
fortificaciones die Montevideo y la Colonia, es de tal natu- 
raleza que constituiría una eterna deshonra para el go- 
bierno de ,S. M. I., si le diese respuesta. En vista de esto, 
el infrascripto tuvo órdenes del mismo augusto señor para 
comunicar al señor Gordon, que, haciendo justicia al es- 
píritu conciliador que anima a los ministros de S. M. B. 
para conseguir la paz entre los dos países, tiene el dis- 
gusto de no poder asentid a tales proposiciones y sólo 
resta, por lo mismo, que el gobierno de Buenos Aires, 
reflexionando mejor sobre sus intereses, desista de tan 
extravagantes pretensiones. 

El infrascripto, etc., etc., etc. — (firmado) Marqués 
de Queluz. 

Palacio, Río Janeiro, a 19 de Febrero de 1827. 

CANNING A PONSONBY 

Londres, Febrero 21 de 1827. — A S. E. lord John 
Ponsonby. — Excmo. señor: Los despachos de V. E., 
hasta el n.° 30, del año ppdo., han sido recibidos y pues- 
tos en conocimiento del rey. 

V. E. ya habrá sido enterado, por el señor Gordon, 
del poco éxito alcanzado por sus gestiones para reabrir 
las negociaciones de paz en la corte de Río de Janeiro ^y 
la interrupción que esos trabajos deben necesariamente 
haber sufrido con la partida del emperador para las pro- 
vincias del Sur de sus dominios. 

En este estado de eosas, a la vez que trasmito a V. E. 
la aprobación de este gobierno por su correcta y firme 
actuación ante el gobierno de Buenos Aires, no tengo 
instrucciones que agregar a las ya en su poder; y, pro- 
bablemente, hasta el regreso del emperador a Río, nada 
nuevo tendré que comunicarle sobre el asunto que nos 
ocupa. 

El señor Gordon destacará, ante el emperador y sus 
ministros, las muchas razones que hacen esencial la paz 
para los intereses y seguridad del Brasil, presionando, 
en cuanto le sea posible, en ese sentido, sin llegar a la 
insistencia, ya que, después de las reiteradas repulsas de 




LA MISIÓN PONSONBY 145 


ese gobierno, ella sería derogatoria de la dignidad de la 
Gran Bretaña. 

Saludo a V. E., etc., etc., etc. — (firmado) George 
Canning. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Febrero 21 de 1827. — Excmo. señor: 
He celebrado una entrevista con el ministro de relacio- 
nes exteriores, general de la Cruz, en la cual le trasmití 
el extracto del despacho que el señor Gordon me dirigió 
desde Río, con fecha 5 del actual, y también la copia de 
la nota oficial, del señor Gordon al marqués de Queluz, 
de fecha 4 del corriente, enviada a S. E. con las bases 
del proyecto remitido por mí a Río de Janeiro, de parte 
del gobierno de la república de La Plata. 

Habiendo enterado al ministro de la causa por la cual 
no puede esperarse, todavía, la respuesta del gobierno 
del Brasil, le expresé que el señor Gordon abriga espe- 
ranzas sobre el éxito de los esfuerzos realizados para 
llegar a un amistoso arreglo de las diferencias existentes, 
y que cree, asimismo, que S. M. I. realmente desea la 
paz; y agregué que, aún antes de la trasmisión del pro- 
yecto al gobierno imperial, el señor Gordon estaba en 
antecedentes de que S. M. I. vería con agrado en Río de 
Janeiro a un representante de la república, autorizado 
para tratar la paz, teniendo cuidado de precisar que el 
emperador no había formulado esa demanda. Informé al 
general de la Cruz de que, si su gobierno tenía que tras- 
mitir alguna comunicación a Río de 'Janeiro, yo orde- 
naría que el paquete de S. M. tocara allí, a su regreso. 
El general de la Cruz me habló elogiosamente sobre los 
buenos oficios de S. M. en el asunto 1 de la mediación. 

Saludo a V. E., etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
soriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


GORDON A QUELUZ 

El que suscribe, enviado extraordinario y ministro ple- 
nipotenciario de S. M. B., tiene el honor de comunicar a 


10-11 



146 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


S. E. el marqués de Queluz que no perderá tiempo de 
comunicar, por intermedio del enviado de S. M. B. en 
Buenos Aires, la respuesta que S. E. ha creído conve- 
niente dar a las proposiciones trasmitidas de allá, con el 
objeto de entrar a una negociación de paz entre aquel 
país y el Brasil. 

Es con hondo pesar que el infrascrito tiene también 
que comunicar a su gobierno el fracaso de su esfuerzo 
para promover un objetivo de interés tan general, para 
el logro del cual él consideraba que habría perspectivas 
abiertas por la obertura de Buenos Aires. 

El infrascrito se ve impedido, por el tenor de la nota 
del marqués de Queluz, de entrar en ninguna explicación 
respecto a los términos de aquella propuesta. Otra cosa 
hubiera sido si S. E. hubiera declarado bajo qué bases 
está dispuesto el Brasil a tratar la paz y si ella habría 
sido la independencia de la Banda Oriental. 

S. E. duda de la existencia del deseo, en el gobierno 
de Buenos Aires, de terminar la guerra, según examen 
del proyecto trasmitido por el infrascrito; pero jueces 
impareiales no dejarán de reconocer mucha menos dispo- 
sición pacífica en la actitud asumida por el ministro bra- 
silero para cerrar la puerta a una negociación amigable. 

El que suscribe, etc., etc., etc. — Río de Janeiro, 21 de 
Febrero de 1827. — (firmado) Roberto Gordon. 

A S. E. el marqués de Queluz, etc., etc., etc. 

CORDON A CANNING 

Río Janeiro, Febrero 21 de 1827. — Excmo. señor : Poco 
después de haber trasmitido a este gobierno las proposi- 
ciones de paz que lord Ponsonby me había autorizado a 
hacer por parte del gobierno de Buenos Aires, el marqués 
de Queluz me hizo la extraordinaria demanda de que yo 
pusiese mi firma en las expresadas proposiciones. 

Aunque yo ignoraba los verdaderos motivos de la de- 
manda del ministro, sin embargo, como él me dijo, en 
conversación, que no podía usarse de aquel documento sin 
algo que respondiese de su autenticidad (pues S. E. de- 
seaba hacer uso de él sin mi nota, á que iba adjunto), creí 
conveniente quitar á este gobierno aún los pretextos para 
diferir la negociación y, en su virtud, autoricé la autenti- 



LA MISIÓN I'ONSONBY 


147 


cidad del artículo del modo que V. E. verá por la inclusa 
copia de mi nota al marqués de Queluz. 

Apenas había recibido S. E. mi respuesta, cuando me 
transmitió la inmoderada réplica al memorándum de Bue- 
nos Aires, de que tengo el honor de incluir copia. 

Aunque según la opinión que formé cuando acompañé 
al emperador á Santa Catalina, no estaba preparado á 
esperar que las proposiciones serian aceptadas, sin em- 
bargo, me ha sorprendido el ver que no se ha reconocido 
en esta ocasión, por el gobierno brasilero, el principio de 
tratar de la paz sobre la base de la independencia de la 
Banda Oriental. 

Eh estos últimos días, he recibido ulteriores seguridades 
de que el emperador consentiría en proclamar la inde- 
pendencia de aquella provincia, si, para efectuarla, se eli- 
gieran formas que no implicaran una renuncia de su ac- 
tual derecho á gobernarla. Él está ofendido con la forma 
y tenor de los artículos del memorándum de Buenos Aires 
y ha replicado á ellos de un modo ofensivo. Pero, sin em- 
bargo, creo que está dispuesto á adíñitir que la indepen- 
dencia de la provincia disputada forme la base de una 
negociación para poner fin á la guerra. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, • Marzo 9 de 1827. — Etxcmo'. señor: 
Abrigaba cierta ansiedad sobre cuáles serían los senti- 
mientos del presidente y de su gobierno, después del 
cambio de circunstancias creado por la victoria obtenida 
en Río Grande. Hice averiguaciones, con el fin de 
orientarme en ese sentido, pero sin dejar traslucir que 
yo admitiera como posible que el presidente se desviara 
del proyecto que me había autorizado a proponer a la 
corte brasilera. El señor García me visitó hoy, por man- 
dato del presidente, y, en su nombre, me confirmó su 
firme intención de llevar a efecto, con toda estrictez, 
todo lo que él se había comprometido a cumplir. Me dijo 
que, si encontraba oposición en el congreso, o en cual- 
quier otra parte, que le fuera imposible vencer, en tal 
caso, renunciaría su cargo. 

Renovó, luego, las declaraciones del presidente, sin- 



148 LUIS ALBERTO BE HERRERA 


ceras y bien conocidas, respecto a su anhelo de estrechar 
las relaciones de su país con el Brasil, tan íntimamente 
como sea posible, y de apoyar, en vez de atacar, la forma 
de gobierno allí existente y a S. M. I. Dijo que él de- 
seaba que S. M. I. apreciara los verdaderos intereses del 
gobierno de La Plata en su exacto concepto; que, en- 
tonces, se convencería de que los sentimientos expresa- 
dos por él (el presidente) estaban fundados exclusiva- 
mente sobre esos intereses. 

El señor García, en respuesta a mis interrogaciones, 
me manifestó que debe fijarse un tiempo razonable como 
límite para el mantenimiento de las buenas intenciones 
del presidente, en cuanto concierne al emperador ; pero 
que, si S. M. I. persiste en la guerra, para aniquilar a 
este país, y se obstina en rechazar las proposiciones equi- 
tativas y justas que se le ofrecen, para realizar la paz, 
no sería menos justo y necesario que la república seria- 
mente pensara en la represalia y echara mano de sus 
recursos supremos para destruir un gobierno que pro- 
baría ser irreconciliable con la amistad ofrecida. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

'* PONSONBY A CANNING 


Buenos Aires, Marzo 9 de 1827. — Excmo. señor: Las 
provincias se han pronunciado resueltamente contra la 
constitución y, por lo tanto, contra todo lo relacionado 
con ella. 

Yo creo que el propósito común será ganar tiempo y 
encontrar pretexto para diferir la adopción de medidas 
decisivas. El gobierno, aparentemente, está interesado en 
ello, porque espera ganar fuerza e influencia haciendo la 
paz, lo que tiene grandes esperanzas de conseguir, y por 
que, evidentemente, en el momento actual, cualquier de- 
cisión en favor del gobierno, que pareciera con probabi- 
lidades estables, uniría a todas las fracciones que por 
diversos motivos ahora le son hostiles, en un esfuerzo 
•común para derribarlo. 

Esta demora es, también, deseada por otros partidos, 
por varias razones, y muchos coinciden en el deseo de 



L A MISIÓN PONSONBY 


149 


que los actuales hombres continúen en sus puestos el 
tiempo necesario para hacer la paz, que generalmente se 
considera sería menos probable si se efectuara cualquier 
cambio en el gobierno, principalmente si éste fuera fruto 
de la violencia. 

( Sigue una exposición de las consecuencias que pue 
den temerse. ) 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

LAVALLEJA A TRÁPANI 

Puntas de los Corrales, Abril l.° de 1827. — Comprendo 
que la Banda Oriental podría mantenerse, por sí sola, 
como un estado libre; pero, mi amigo, no puedo concebir 
por qué la república se esfuerza por separar de su liga 
una provincia que puede considerarse la más importante 
de todas. Sea como fuere, si la paz es obtenida por ese 
medio y los tratados no son perjudiciales a esta provincia 
sino que, por el contrario, le asignan un digno lugar, soy 
de opinión que la independencia será una ventaja para 
nosotros. 

Lo que deseo es que el emperador del Brasil nos dé 
una garantía de que no nos declarará la guerra, por cual- 
quier fútil pretexto, obligándonos a luchar solos. Si esto 
ocurriera, aunque lo considero muy improbable, los orien- 
tales morirían, antes de someterse ; pero opino que esto 
no sería lo que convendría. 

En breve sabremos lo que sucederá y, entretanto, ha- 
remos el máximo esfuerzo para llevar adelante la guerra, 
tratando de enmendar, con nuestra cordura, los errores 
del general en jefe. — (firmado) Lavalleja. 

( Extracto de una carta privada de Lavalleja al señor 
Trápani, incluido en la carta privada de lord Ponsonby 
a S. E. George Canning. ) 

PARISH A GORRON 

Buenos Aires, Abril 4 de 1827. — A S. E. Robert Gor- 
don. — Excmo. señor: Viéndose obligado lord Ponsonby 




150 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


a guardar cama, debido a una indisposición, me ha ro- 
gado dirija a *V. E. el siguiente despacho. 

Lord Ponsonby ha comunicado, confidencialmente, a 
este gobierno, sin pérdida de tiempo, las notas cambiadas 
entre el ministro brasilero y Y. E., sobre la proposición 
enviada desde aquí como base de paz. S. E. hizo conocer, 
a la vez, al general de la Cruz, ministro de relaciones 
exteriores, para conocimiento del presidente, vuestras 
opiniones sobre la probabilidad de que la base qué con- 
cede independencia a la Banda Oriental sea finalmente 
aceptada, así como también los puntos indicados por 
V. E. en la postdata de su carta privada; es decir, que 
V. E. sabía, por el emperador, que S. ÜVT. I. vería con 
complacencia que se enviara de aquí un negociador a 
Río Janeiro y, además, que los ministros de S. M. I. le 
habían dejado entrever que estaban dispuestos a tratar 
con ese negociador sobre la base de la independencia de 
la Banda Oriental. 

Lord Ponsonby ha celebrado varias entrevistas con el 
general de la Cruz, respecto a estas comunicaciones, ex- 
tractadas en el memorándum n.° 1, que acompaño. 

Por él, V. E. se enterará de la determinación tomada 
por este gobierno de dar al señor García plenos poderes 
para abrir una negociación de paz, por intermedio de 
V. E., a su llegada a Río Janeiro por el paquete de 
S. M. “Eclipse”, asegurándole, esto, un satisfactorio re- 
cibimiento y un pasaporte, en forma, que le permita 
desembarcar e iniciar las gestiones que se le han enco- 
mendado. 

El hecho de que el señor García ya haya sido designado 
enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de 
este gobierno en la corte de Londres, le proporciona, sin 
comprometer la dignidad de su país, un airoso y natural 
pretexto para pasar por Río de Janeiro y realizar así el 
deseo de S. M. I. — comunicado por V. E. a lord Pon- 
sonby — de recibir, ahí, a un negociador de aquí. 

Considerando los términos de la nota que el marqués 
de Queluz dirigió a V. E., con fecha 19 de Febrero, con- 
teniendo la respuesta de S. AL I. a las proposiciones 
enyiadas desde aquí, S. E., al fin, logró persuadir al 
general de la Cruz de que era mejor pa^ar inadverti- 
das las ofensivas expresiones contenidas en la misma. 



LA MISIÓN PONSONBY 


151 


Así se lo comunico, para que su aparente silencio, res- 
pecto a los términos en que está concebida la nota del 
ministro brasilero, no se interprete en su perjuicio y, sí, 
atribuyéndolo a su verdadera causa, que no es otra que 
el deseo de corresponder al amistoso pedido y consejo del 
ministro mediador. 

Lord Fonsonby tiene confianza en el éxito - de esta 
nueva gestión, realizada de acuerdo con los deseos expre- 
sados a V. E. por S. M. I., y, si el señor García tiene 
alguna oportunidad de tratar personalmente con el go- 
bierno de S. M. I., talvez pueda convencerle de la sin- 
ceridad con que la república está procediendo, en su 
anhelo de suprimir toda posible causa de discordia con 
su poderoso vecino, S. M. I. el emperador del Brasil. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) Woodbine Parish. 

PRIMERA CONFERENCIA PONSONBY - DE DA CRUZ 

(Memorándum de las conferencias tenidas entre el excmo. 
señor ministro de negocios extranjeros y S. E. lord 
Fonsonby, enviado extraordinario de S. M. B., en los~ 
días 10, 12 y 14 de Abril del presente año de 1827. ) 

Habiendo S. E. lord Ponsonby, enviado extraordinario 
y ministro plenipotenciario de S. M. B., presentado con- 
fidencialmente al ministro de relaciones exteriores de la 
república Argentina, copia de las notas pasadas entre el 
señor Gordon, ministro de S. M. B. en el Janeiro, y el 
ministro del Brasil, sobre las proposiciones hechas de una 
base de paz entre la república Argentina y el imperio del 
Brasil, el exemo. señor ministro de negocios extrangeros 
invitó a S. E. lord Ponsonby a una conferencia, y, ha- 
biendo concurrido a ella el día 10 de Abril del presente 
año de 1827, el señor ministro expuso : 

Que instruido S. E. el señor presidente de la república 
de los documentos preindicados, como también de lo ex- 
puesto por S. E. lord Ponsonby, - con respecto á lo que el 
señor Górdon le aseguraba confidencialmente, de que 
S. M. el emperador del Brasil admitiría la base en ge- 
neral de la independencia de la Banda Oriental, S. E. 




152 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


había autorizado al ministro para hacer al señor enviado 
extraordinario de S. M. B. la siguiente manifestación : 

1. ° Que habiendo el gobierno de la república Argen- 
tina acreditado constantemente los sentimientos que le 
animaban por la paz, á cuyo efecto había hecho cuantos 
sacrificios le permitían el honor y los intereses de la 
nación que presidía, era ciertamente doloroso advertir 
que tales sentimientos no fuesen correspondidos por parte 
del emperador del Brasil, según lo comprueba la comu- 
nicación oficial pasada al señor Gordon, por aquel mi- 
nisterio, con fecha 19 de Marzo último. 

2. ° Que, sin embargo, el gobierno de la república, con- 
secuente á lo que había manifestado en distintas ocasiones 
á S. E. lord Ponsonby, creía conveniente declarar, y 
declaraba nuevamente en esta ocasión, que su política y 
los sentimientos que le habían animado y le animaban por 
la paz, eran independientes de todo acontecimiento ulte- 
rior, sean cuales fuesen los sucesos de la guerra. 

3. ° Que con respecto á las seguridades y opiniones del 
señor Górdon, que arriba quedan expresadas, el gobierno 
de la república, animado siempre del mismo espíritu que 
rige su política, no distaría de enviar un ministro á la 
corte del Brasil para tratar de la paz, sobre la base de 
la independencia de la república Oriental, siempre que 
oyese de parte del señor enviado indiciones suficientes 
que pudiesen servir al gobierno para asegurarle de que 
el ministro sería dignamente recibido por S. M. el empe- 
rador del Brasil para tratar sobre la base preindicada. 

S. E. lord Ponsonby pidió, entonces, que se difiriese este 
punto á otra conferencia y que, entretanto, examinaría 
escrupulosamente la correspondencia del señor Górdon. — 
Buenos Aires, 10 de Abril de 1827. — (firmados) Cruz. = 
Ponsonby. 


SEGUNDA CONFERENCIA Í'ONSONBY - DE LA CRUZ 

El 12 de Abril de 1827, habiendo concurrido S. E. lord 
Ponsonby á la casa del señor ministro de relaciones exte- 
riores, para continuar la conferencia pendiente, S. E. ex 
presó que, después de un detenido examen de la corres- 
pondencia del señor Górdon, podía nuevamente asegurar 



LA MISIÓN PONSONBY 


153 


al señor ministro los dos hechos indicados anteriormente : 
á saber, primero, que el señor Górdon supo, de S.'M. I., 
mismo, que vería con satisfacción en la corte de Río de 
Janeiro un ministro de parte de las Provincias Unidas 
del Río de la Plata para tratar de la paz entre ambas 
naciones ; y, segundo, que los ministros de S. M. I. le ha- 
bían hecho entender que el gobierno brasilero trataría de 
la paz con el expresado ministro, sobre la base de la in- 
dependencia del estado Oriental. S. E. lord Ponsonby 
añadió que, proponiendo al gobierno argentino, fundado 
en estos hechos, el envío de un ministro negociador á la 
corte del Janeiro, daba una prueba de la fuerte persua- 
sión en que se halla de la conveniencia de la misión y de 
su entera consonancia con la dignidad é interés del go- 
bierno y pueblo argentino. 

S. E. el señor ministro contestó que instruiría de lo 
expuesto al excmo. señor presidente y que comunicaría á 
S. E. lord Ponsonby la resolución final del gobierno. — 
(firmados) Cruz. - Ponsonby. 

TERCERA CONFERENCIA PONSONBY - DE LA CRUZ 

Sus excelencias lord Ponsonby y el señor ministro de 
relaciones exteriores, habiéndose reunido en el ministerio 
el día 14 del presente mes de Abril de 1827, S. E. el señor 
ministro expresó: Que se hallaba autorizado por S. E. el 
señor presidente de la república para informar al señor 
enviado estraordinario que, conducido siempre el gobierno 
de la república del sincero deseo que le anima para ter- 
minar la guerra que desgraciadamente existe entre la re- 
pública Argentina y el imperio del Brasil, y, habiendo 
sido impuesto de los dos hechos que expresó S. E. lord 
Ponsonby, en la presente conferencia ha acordado que el 
enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de 
esta república cerca de la corte de la Gran Bretaña, que 
6e halla próximo á partir para su destino, á bordo de un 
buque de guerra de S. M. B., vaya suficientemente auto- 
rizado para que, en el caso de que, á su tránsito por el 
puerto del Janeiro, reciba, por conducto del señor Górdon, 
seguridades de ser dignamente recibido por S. M. I. para 
tratar de la paz. y obtenido que sea el pasaporte compe- 



154 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


tente, proceda á su desembarco y á dar los demás pasos 
que correspondan para llenar los objetos de su misión. 
Que el gobierno de la república Argentina se lisonjeaba 
que tal resolución sería justamente apreciada por el go- 
bierno de S. M. I. y que ella serviría para convencer al 
mundo entero de los sinceros deseos que animan á la re- 
pública por la paz. 

S. E. lord Ponsonby manifestó en seguida la gran sa- 
tisfacción con que había oído la exposición de S. E. el 
señor ministro, exposición que le confirmaba en su con- 
vencimiento de las verdaderas y sinceras disposiciones 
que animan á la república en favor de la paz. Y concluyó 
ofreciendo sus buenos servicios, en cuanto pudieran con- 
tribuir al buen éxito' de la negociación. 

Buenos Aires, 14 de Abril de 1827. — (firmados) 
Cruz. - Ponsonby. 

DE LA CRUZ A GARCIA 

Ministerio de relaciones exteriores. — Buenos Aires. 
Abril 19 de 1827. — El infrascripto ministro de nego- 
cios extranjeros, se halla autorizado para comunicar al 
señor García, que habiendo sido instruido el gobierno, 
por intermedio de S. E. el Hon. Ponsonby, de que S. M. 
el emperador del Brasil vería con satisfacción en la corte 
del Imperio un ministro de esta república, para tratar de 
la paz, como igualmente de que el ministerio de S. M. I. 
aseguró al señor Górdon que el gobierno brasilero estaba 
dispuesto á tratar con dicho ministro de la paz, sobre la 
base de la independencia de la Banda Oriental, el go- 
bierno de la república, de acuerdo con los sentimientos 
que lo animan de poner término á la guerra, y deseando 
aprovechar toda oportunidad que pueda ser favorable á 
la consecución de un objeto que es de tanta importancia 
á los intereses del país, ha acordado autorizar al señor 
García para que, dirigiéndose al Río Janeiro, en el pró- 
ximo paquete que debe dar á la vela á dicho puerto, pro- 
ceda á negociar, ajustar y concluir cuanto contribuya a 
la cesación de la guerra y al establecimiento de la paz 
entre ambas naciones. En consecuencia, se acompañan al 
señor García las instrucciones respectivas y el competente 




LA MISIÓN PONSONBY 


155 


pleno-poder y credencial que deberá presentar al ministro 
del Brasil. El infrascripto, etc. — (firmado) Francisco 
de Ja Cruz. 


.CORDON A CANNING 

Río de Janeiro, Abril 24 de 1827. — Excmo. señor: El 
despacha de V. E. bajo sello, para lord Ponsonby, de 21 
de Febrero, le ha sido ya remitido. Mis recientes comu- 
nicaciones respecto a la pacificación con Buenos Aires, 
habrán demostrado que, al insistir en ella ante el gobierno 
brasilero, he llegado a un grado de inoportunidad del que 
excederse sería derogatorio de la dignidad de mi cargo, 
al menos en cuanto a las proposiciones que he sido auto- 
rizado a hacer de parte del gobierno de Buenos Aires. 

De haber estado autorizado simplemente a estipular la 
independencia de la Banda Oriental, aislada de condicio - 
nes que aquí se han creído inadmisibles, el caso pudo 
haber sido otro; pero, hasta ahora, he creído proceder 
bien limitándome a la estricta ejecución de la comisión 
que me fué dada por el presidente de la república, te- 
niendo cuidado de enterar a lord Ponsonby do las altera- 
ciones que me parecía requerir. 

He urgido a S. E. que incline al presidente a hacer 
ciertas concesiones que. por lo menos, nos den una pro- 
babilidad de aleanzar el término de la guerra, sin perder 
de vista el objeto principal del gobierno de Buenos Aires, 
que he considerado debe ser asegurar la independencia 
de la Banda Oriental. 

Más aún: he creído de mi deber apurar a S. E. para 
inducir a ese gobierno a mandar su representante a Río 
de Janeiro, para concluir un tratado de paz, convencido 
de que el efecto moral de su arribo aquí haría difícil al 
emperador rehusarse a escuchar justas y honradas pro- 
puestas, desde que universalmente se clama por la paz en 
el Brasil, no sólo por el pueblo, sino por todos los miem- 
bros de la administración. 

Es fácil al emperador hacer oídos sordos a proposicio- 
nes hechas, como quien dice, por tercera mano. Él puede 
aún dudar de la sinceridad del gobierno de Buenos Aires, 
que, desde un principio, ha evitado, con marcada inten- 




156 


’ LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ción, hacer una franca propuesta pro paz. En efecto, 
cualesquiera sean las vistas de S. M. I. sobre la pacifi- 
cación, puedo aventurar mi predicción de que no se con- 
seguirá sin recurrir a una negociación más directa. 

Las esperanzas, que parecen ser tan grandes en Bueno» 
Aires, de obligar a ceder al emperador por medio de vic- 
torias navales y terrestres, no tienen fundamento exacto. 
Las mismas pérdidas — por no decir el deshonor — su- 
fridas por el ejército brasilero, vuelven a S. M. I. más 
desafecto a pactar antes de que ellas sean compensadas. 
No existe aprensión alguna en el ánimo de S. M. I., ni en 
el de ninguno de sus ministros, respecto a la pérdida, 
anunciada, de Montevideo o de la escuadra bloqueadora ; 
y tengo razones para creer que no es el deseo del empe- 
rador, y probablemente ni aún de su gobierno, el hacer 
la paz hasta tanto la armada brasilera no haya dado 
pruebas de su eficiencia y superioridad. 

Para dar a V. E. una impresión más acabada de mi 
juicio, en Río Janeiro, sobre la guerra, me tomo la liber- 
tad de incluir un extracto de mi última carta a lord Pon- 
sonby sobre el particular. Tengo, etc., etc. — (firmado) 
li. Gordon. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


GORDON A PONSONBY 


(Extracto enviado por Gordon a Canning de su men- 
cionada nota a Ponsonby.) Abril 24 de 1827. — Mis úl- 
timas comunicaciones habrán demostrado a V. E. que el 
emperador rehúsa, categóricamente, tratar sobre las pri- 
mitivas bases; de modo' 'que si V. E. simplemente me 
autorizaba en su despacho a renovarlas, ningún daño se 
derivaría de mi carencia de esa autoridad oficial. 

lís difícil explicarse esta zoncera imperial, si son ciertas 
las noticias '■que nos llegan de la completa derrota del 
ejército brasilero. La única conjetura que puedo hacer 
al respecto, es que el emperador ha resuelto no tomar 
decisión alguna hasta la apertura de la asamblea, sobre 
la cual echara todo el asunto, dando sus razones por no 
haber escuchado todavía las proposiciones de la república; 
que ahora pondrá toda la responsabilidad de la paz, o de 




LA MISIÓN PONSONBY 


157 


la guerra, en las cámaras, dejándolas resolver lo que sea 
más ventajoso para el Brasil. 

Todo esto es mera presunción y de ningún modo puedo 
asegurar a usted que el emperador adoptará tan plausible 
proceder. 

He tenido poca comunicación con los ministros desde 
el recibo de su última carta, el 5, habiéndome visto obli- 
gado a salir a la playa, a causa de mi salud, aún no res- 
tablecida; pero estoy bien informado de que los últimos 
desastres sufridos por las armas imperiales no han cam- 
biado la obstinación de S. M. en cuanto al asunto referido. 
Más de una vez, he indicado el modo cómo se le podría 
traer a consentir la independencia de la Banda Oriental. 
A usted toca resolver si cree que valga la pena conseguirlo 
en esas condiciones. Confieso que yo sí lo creo. No hace 
al fondo de la cuestión,- si el general Alvear vence al ge- 
neral Barbacena ; si Brown despeja o no el Río de la Plata. 
Tales sucesos sólo pueden traer alivio pasajero ; los recur- 
sos de este imperio son inmensos y creyendo, como creo, 
que Brown, grande como es, no puede con su goleta ani- 
quilar a la flota brasilera, tendrá usted el bloqueo restau- 
rado con creciente vigor. Con los mismos buques y medios 
que hoy posee el emperador, dirigidos por un sistema bien 
organizado, estaría en sil mano hundir a Brown y su pe- 
queña embarcación y hundir al fondo del río hasta al 
mismo pueblo de Buenos Aires. 


CANMXG A PONSONBY 

Londres, Mayo 9 de 1827. — A S. E. lord John Pon- 
sonby. — Excmo. señor: Al acusar recibo de los despa- 
chos hasta el n.° 38, del año pasado, y los n.° 8 1 al 6, del 
actual, en los cuales V. E. expone la naturaleza y resul- 
tado de las diversas gestiones realizadas ante el gobierno 
de Buenos Aires, con el fin.de poner término a la con- 
tienda entre ese país y el Brasil, tengo el gran placer de 
trasmitir a V. E. la aprobación del gobierno de S. M. a 
los trabajos realizados en tal sentido. 

No tengo nada que agregar a las instrucciones ya en 
poder de V. E. y sólo encarecerle que prosiga en sus es- 



158 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


fuerzos, en colaboración con el señor Gordon, para alcan- 
zar el restablecimiento de la paz entre los dos países. 
Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) George Can- 
ning . 

A S. B. John Ponsonby, etc., etc., etc. 


GORDON A CANNING 

Río de Janeiro, Mayo 10 de 1827. — Excmo. señor: 
Tengo gran satisfacción en comunicar a V. B. la llegada 
aquí de don Manuel J. García, de Buenos Aires. 


Habiendo llegado el señor García en momentos de 
abrirse la asamblea general, temo que. una inevitable de- 
mora se producirá en su negociación. Tampoco puedo 
ocultar a V. E. que su probabilidad de buen éxito ha sido 
disminuida por los recientes sucesos del Río de la Plata 
y de las provincias del Sur. Es cierto que, más de una 
vez, he dado opinión de que la independencia de la Banda 
Oriental podría posiblemente admitirse aquí, como base 
de un tratado de pacificación y, en consecuencia, me re- 
gocijo ante la llegada de don Manuel García, que tiende 
a robustecer mi esperanza en esa concesión ; no obstante, 
temo que sea más difícil de conseguirla del emperador en 
derrota que victorioso. 

La pérdida de las cañoneras en el Uruguay ; el completo 
fracaso de la expedición al Río Negro, con la pérdida de 
cuatro buques de guerra brasileros, agregados al poco 
éxito alcanzado por sus armas en tierra, todo ello con- 
curre a excitar la animosidad de este gobierno, que, con- 
fiado en la actual superioridad de sus fuerzas y medios, 
declinaría con gusto tratar la paz hasta ganar laureles 
para su causa. 


Tengo, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

GORDON A CANNING 

Río de Janeiro, Mayo 19 de 1827. — Exemo. señor: El 
señor García no ha adelantado lo suficiente en sus nego- 
ciaciones para permitirme dar, en esta oportunidad, nin- 
guna opinión decidida en cuanto al resultado. 



LA MISIÓN PONSONBY 


159 


Su recepción ha sido favorable y las conversaciones 
mantenidas con el ministro brasilero de relaciones exte- 
riores han sido satisfactorias; pero lamento decir que la 
primera comunicación oficial presentada por el marqués 
de Queluz de las bases sobre las cuales el emperador desea 
negociar la .paz, es de diferente carácter. Confío que esto 
ha sido tan sólo lanzado al principio, como medio de de- 
terminar al gobierno argentino, pues es totalmente inad- 
misible. No satisfecho con exigir un reconocimiento for- 
mal de los derechos del emperador a poseer la Banda 
Oriental, sin establecer ninguna estipulación sobre su fu- 
tura independencia, se reclama, además, una compensa- 
ción pecuniaria por los gastos de la guerra. 

Se exige el licénciamiento del ejército y de la flota de 
Buenos Aires, la entrega al Brasil de la isla de Martín 
García y que el tráfico del Paraná sea exclusivamente 
para uso de los súbditos de las partes contratantes. 

El señor García no ha contestado aún a las proposicio- 
nes mencionadas ; pero creo que su réplica será moderada 
y que, Analmente, un plan de pacificación se podrá so- 
meter al emperador, fundado sobre esas condiciones, a las 
que está obligado por sus propias manifestaciones. 

En el caso del fracaso de la misión del señor García, 
y sólo así, antes de su partida para Buenos Aires me 
propongo dirigir una apelación directa al emperador, en 
nombre del rey, mi señor, respecto a la continuación de 
la guerra ; si la guerra prosigue, después que se le haya 
permitido al Brasil, alcanzar los derechos por los cuales 
se inició, me consideraré en el caso de levantar mi voz 
contra los continuos estorbos al comercio inglés, a la de- 
jadez e indiferencia de los intereses británicos, que, sin 
mencionar, por ahora, otra prueba, se demuestra, muy 
especialmente, en la idea adelantada por el Brasil de 
excluir a la bandera británica de la navegación de los ríos. 

Tengo, etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


GORDON A PONSONBY 


(Privada) Río Janeiro, Junio l.° de 1827. — Estimado 
lord Ponsonby: Habiendo resuelto el señor García su re- 




160 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


greso a Buenos Aires, no necesito dar a usted cuenta de su 
negociación, que será mucho mejor explicada por él mis- 
mo. Estoy seguro de que usted se alegrará de saber que 
los preliminares de paz han sido firmados y estoy igual- 
mente seguro de que interpondrá todos sus esfuerzos y 
su poderosa influencia ante el gobierno de Buenos Aires, 
para inducirlo a ratificar la convención que el señor Gar- 
cía le hará conocer a usted. Ha sido imposible, en el mo- 
mento presente, conseguir un reconocimiento formal del 
emperador de la independencia de la provincia de Mon- 
tevideo; sin embargo, se compromete a conceder, en se- 
guida, lo que será equivalente a la misma, y, al negociar 
el tratado definitivo, se podrá obtener un ajuste final que 
satisfaga a todas las partes. En todos los demás puntos, 
Buenos Aires tiene motivo para estar satisfecho; entra, 
de inmediatQ, en un estado de paz y regeneración, sin 
sacrificio alguno, pues se ve libre de una carga peligrosa, 
por la renuncia de la Banda Oriental, y no se le puede 
arrancar ni un chelín, en virtud del artículo 5.° de la 
convención. Al Brasil se le deja que luche con la disen- 
sión y con la revuelta, que continuará dominando en la 
Provincia Cisplatina; aquí, todos los males de la guerra 
posiblemente continuarán, mientras que Buenos Aires, en 
paz y tranquilidad, curará sus heridas y dedicará todos 
sus medios a promover su propio restablecimiento. 

El emperador pronto se convencerá del desacierto de 
no proclamar, franca e inmediatamente, la independencia 
de la provincia; y, cuando haya gozado del gusto de co- 
municar su tratado de paz a la nación brasilera, suscri- 
birá, complacido, medidas que lo habiliten a disfrutar de 
su beneficio. No deben olvidarse las condiciones del prín- 
cipe y del gobierno con los cuales tenemos que discutir, 
ni debemos dejar de ver el hecho tal cual es. Si existiese 
alguna probabilidad, por remota que fuera, de que, me- 
diante la continuación de la guerra, se consiguiera algún 
resultado ventajoso para Buenos Aires, yo comprendería 
que se insistiera en exigir otros términos de paz. De su 
lado, ciertamente, están los laureles, si es que, durante 
esta, guerra fatal, han brotado los suficientes para tejer 
una corona. Pero, si la república ha de guiarse, no por 
vanagloria, sino por sus propios intereses y un sentido 
práctico de los negocios, la convención del señor García 
se ratificará seguramente y sin hesitación. No entraré a 



LA MISIÓN PONSONBY 


] 61 


discutir los medios que le quedan a Buenos Aires para 
proseguir la contienda; el empleo de estos medios, sólo 
pondrá en peligro su destino, lo que puede evitarse por 
la acertada aplicación de los mismos, a fines pacíficos. 
Ni renovados esfuerzos, ni repetidos éxitos de parte de 
Buenos Aires, inducirán al emperador a hacer la paz en 
otros términos, y ruego a usted quiera. creer que él tam- 
bién conserva medios suficientes para continuar la gue- 
rra; el señor García debe estar convencido de ello. El 
emperador ha oído y visto, a través de la cámara de di- 
putados, todo lo que puede esperarse de la nación brasi- 
lera. Nada tiene que temer de conmociones intestinas. 
La guerra para recuperar la Provincia Cisplatina no es, 
de ninguna manera, impopular; sólo el modo de condu- 
cirla es lo que ha sido amargamente censurado. Esto 
puede mejorarse, y si se instituyen de inmediato reformas 
apropiadas en los distintos departamentos del gobierno, 
particularmente en aquellos indicados por el ministro de 
Hacienda, la guerra podrá continuarse sin mayor agra- 
vante y miseria para el pueblo. El valor del almirante 
Brown causa admiración, pero sus efectos no son de ma- 
nera alguna temidos aquí; creo, sinceramente, que este 
gobierno se satisfaría de seguir las hostilidades con el 
solo objeto de probar e imponer su flota sobre él. La 
guerra de corsarios es la de mayor efecto y más temida; 
puede exterminar el comercio costero ; pero, ¿ qué es esto, 
si comparado a todo lo que Buenos Aires ha sufrido y 
debe continuar sufriendo, en proporción creciente, a 
causa de la guerra? No molestaré a usted con más re- 
flexiones de esta naturaleza, porque no supongo que el 
señor García haya sobrepasado los límites de sus instruc- 
ciones y que usted pueda fracasar en cuanto a conseguir 
que la convención sea ratificada. 

No puedo expresar a usted suficientemente (para ele- 
gir un tópico más agradable) la elevada opinión que 
siento por el buen juicio del señor García, su gran habi- 
lidad y noble carácter. Apercibiéndome, por su carta, de 
que su misión se fundaba, en mucho, sobre mis informes 
sobre la disposición que había aquí para recibirle, estaba 
naturalmente preparado a insistir para qué, a este res- 
pecto al menos, no se viera defraudado ; y tuve lá satis- 
facción de sabér que su llegada le producía al emperador 
el placer que yo había anunciado. Después de mi primera 
n— n 



162 


LUIS ALBERTO DE HEBRERA 


entrevista eon el señor García, me convencí de que su 
gestión tendría éxito, e insistí en que no pensara de otra 
manera, ni aun en el momento de recibir las primeras 
proposiciones altaneras del señor Queluz, de las que mos- 
trará a usted' copia. 

El hechio es que el señor García venía preparado a 
aceptar términos a los que le era absolutamente imposible 
al emperador rehusarse; pero, además, él, muy hábil- 
mente, consiguió apasionar al emperador por la paz. Se- 
guro como estaba yo, desde el principio, del éxito del se- 
ñor García, no vi razón para intervenir en las conferen- 
cias, como aquél me lo propuso. Este gobierno no expresó 
ningún deseo al respecto, y creí ser más útil, para prestar 
ayuda, detrás del telón. 

“ Nec Deus intersit nisi dignus vindice nodus No 
necesito proseguir elogiando al señor García a quien, 
como usted, conoce sus méritos; sólo agregaré que, si el 
tratado definitivo se suscribe aquí, debe ser él, de todos 
modos, el negociador de la república. Ha obtenido éxito 
general y ganado cincuenta puntos, en el Brasil, donde a 
cualquier otro castellano le costaría sólo alcanzar uno. 

Incluyo para usted una traducción de la convención 
preliminar. El artículo 2.° está mal redactado, pero con- 
fío que esto se dejará pasar ante la persuasión de que 
puede enmendarse mucho en el tratado definitivo. Se 
está preparando una proclama para publicar después el 
canje de la ratificación, la que espero aclarará muchas 
dudas y tranquilizará a la provincia, asi como a Buenos 
Aires. Habría deseado mandar una copia con el señor 
García, pero no he podido conseguirla. El artículo 4. a 
será comprendido por usted 1 con la referencia a las pri- 
meras pretensiones expresadas por el Brasil. El 5.° y 6.° 
son para la gente de platea y de las galerías de esta ca- 
pital. Sus consecuencias son nulas. El art. 8.°, como está 
ahora, es un cumplido hecho a Gran Bretaña: resta a mi 
gobierno el contestarlo como lo créa oportuno. 

En resumen, lo que sólo claramente resulta de esta 
convención preliminar es el cese de las hostilidades. ‘ ‘ Esto 
es lo que má.<¡ necesitamos ; estemos satisfechos. ¡ Dios lo 
manda ! ’ ’ Esta puede ser la exclamación del congreso de 
las Provincias Unidas. Respecto a su recomendación a 
favor del hermano del general Lavalleja, debo expresarle 
mi sentimiento por no haber obtenido su libertad, a fin 



LA MISIÓN PONSONBY 


163 


de enviarlo en el “Heron”. En una pcasión, se me pro- 
metió formalmente, pero, desde entonces, la estrella mala 
del emperador ha ascendido. No obstante, puede usted 
tener la certeza de que el rigor de su prisión se reducirá 
y de que, en breve, será puesto en libertad. 

El “ Heron’ ’ esperará para traer la contestación de 
usted al mismo señor García, si su gobierno así lo re- 
suelve. 

Saludo a usited, etc., etc., etc. — (firmado) B. Gordon. 

P. D. Después de cerrar mi carta para usted, resolví 
hacer otro esfuerzo para tratar de conseguir la libertad 
de Lavalleja, y habiendo formulado mi pedido por escrito, 
obtuve que se lo presentaran al emperador, mientras pre- 
sidía un consejo de ministros. Me felicito de poderle decir 
que el resultado ha sido favorable. 

Incluyo los informes que me fueron dados ayer y hoy 
sobre el asunto. Verá usted, por el último, que se me 
hace responsable de que no tomará las armas contra el em- 
perador, en caso que continúe la guerra. Ruego a usted 
me secunde en esto. Si él no fuera en el “Heron”, será 
señal de que no ha dado su palabra de honor de no servir 
contra quienes le han devuelto la libertad. 

N. B. Habiendo prestado juramento M. Lavalleja, si- 
gue a Buenos Aires en el “Heron”. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 


Buenos Aires, Junio 4 de 1827. — Excmo. señor: 

Das provincias están animadas de la mayor hostilidad 
contra el presidente y esa actitud se dirige contra él. 
Yo creo que ellas están deseosas de permanecer unidas 
con Buenos Aires y de autorizar al gobierno local de 
esa ciudad a encargarse de las relaciones exteriores de la 
república, si el gobierno pasa a otras manos. Mi opinión 
es que, tanto la realización de la paz como el definitivo 
rechazo de las tentativas de hacerla, traerá consigo una 
crisis inmediata y que el señor Rivadavia será probable- 
mente obligado, por medios pacíficos o violentos, a aban- 
donar su cargo. 

Todos los partidos están contestes en suspender su 



164 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


acción hasta que ese momento llegue; conviene al interés 
particular de cada uno de ellos hacerlo así y, afortuna- 
damente, el interés público es, con evidencia, el mismo. 

La excesiva impopularidad del presidente en las pro- 
vincias, puede, naturalmente, ser consecuencia de la po- 
lítica que él se ha empeñado en seguir, la que, si triun- 
fante, habría privado a las personas más importantes de 
cada una de ellas de poder e influencia; pero él es, si 
posible, más repudiado aquí, y esto yo lo atribuyo tanto 
a su vanidad y malas maneras como al fracaso que ha 
sufrido en todo lo que ha intentado realizar. 

He puesto tanto empeño como mi situación me lo ha 
permitido, en prevenir violencias, y creo haber contri- 
buido a convencer a los enemigos más apasionados del 
presidente de que, por sus propios intereses, deben aguar- 
dar, con paciencia, el resultado de las gestiones en curso 
para alcanzar la paz. Y yo confío haber arraigado la 
impresión de que la caída del gobierno, provocada por 
medios violentos, traería consigo mucho más descrédito 
y grandes males para la nación. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

(Privada) Junio 6 de 1827. — Exemo. señor: La en- 
fermedad que me aquejaba, cuando zarpó el último pa- 
quete, me privó de remitir a V. E. algunos extractos 
de cartas del general Lavalleja a su más íntimo amigo 
aquí. Ahora los envío. Según oigo, Lavalleja es un hom- 
bre honesto y, siendo así, V. E. podrá abrir juicio res- 
pecto al general Alvear. 

Lavalleja está llamado, de cualquier modo, a ser la 
persona que desempeñe el rol más importante en la Banda 
Oriental y, por lo tanto, su opinión sobre la actualidad 
puede ser aceptada por V. E. como síntoma de su pro- 
bable futura conducta. 

También tenía que comunicarle a V. E. que este g o- 
* bierno ha descubierto un complot que se tramaba para 
asesinar al almirante Brown. El principal inst gador es 
don Jacinto, el comodoro brasilero que comandaba > la 



LA MISIÓN PONSONBY 


165 


flotilla del emperador en el Uruguay, y fue allí tomado 
prisionero, con la mayoría de sus buques, por Brown, 
siendo extremadamente bien tratado, especialmente por 
Brown. 

Si la paz fuese concertada sobre la base de la indepen- 
dencia de la Banda Oriental, necesariamente se suscitará 
la cuestión de la naturaleza y forma de gobierno a insti- 
tuirse allí. 

El emperador, no lo dudo, se interesará vivamente en 
ello y probablemente ofrecerá una constitución de su 
propia creación. Supongo que V. E. tendrá instrucciones 
que trasmitirme sobre ese punto, y considero de mi deber 
exponerle que estoy seguro que será imposible establecer, 
en ningún sentido, un gobierno monárquico, a consecuen- 
cia de los violentos prejuicios del pueblo y de la extrema 
pobreza del país, que ha sido devastado por la guerra. 

Tengo idea de que un gobierno aristocrático pudiera 
ser establecido allí, lo que no aparecería demasiado con- 
trario con los principios de la democracia, tan a la moda 
en estas regiones, pero que, sin embargo, uniría el poder 
político a la propiedad. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

GORDON A CANNING 


Río de Janeiro, Junio 8 de 1827. — Excmo. señor: 
Me felicito de poder adelantar a usted, por el buque de 
S. M. B. “Warspite”, una copia de los preliminares de 
paz que fueron firmados por los plenipotenciarios el 24 
último. 

El señor García, forzosamente convencido de la necesi- 
dad que existe de no continuar la guerra, ha sido inducido 
a aceptar términos distintos, en cierto sentido, de sus ins- 
trucciones y, en consecuencia, para salvar cualquier difi- 
cultad, zarpó el 2 del corriente para Buenos Aires. 

Considerando la importancia del objeto para los inte- 
reses británicos, le he facilitado su regreso- a bordo de la 
goleta de S. M. B. “Heron”. 

Me asegura el señor García, que tenía instrucciones de 
firmar una convención sólo sobre la base de la indepen- 




166 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ciencia de la provincia de Montevideo; pero, como él se 
hallaba convencido de que a este estado de independencia 
no podía llegarse por cierto tiempo, y que en realidad era 
de poca importancia para Buenos Aires el destino de la 
provincia, siempre que se le devolviera la tranquilidad, 
no ¡hesitó en llegar a términos que, en otro sentido, estaban 
perfectamente de acuerdo con sus instrucciones. 

Ninguna oposición se ha hecho aquí, en la asamblea 
general, según se esperaba, a la continuación de la gue- 
rra ; y el emperador don Pedro se ha mantenido firme en 
su resolución de recobrar, en la primera ocasión, la pro- 
vincia Cisplatina, cualquiera pueda ser, finalmente, su 
decisión en cuanto a proclamar su independencia. 

El señor García no sólo ha quedado convencido de esto, 
sino que ha tenido oportunidad plena de juzgar hasta 
dónde los medios de este país son adecuados al propósito 
arriba mencionado; y, después de compararlos con el. de- 
sesperado estado de su país, en mi opinión ha obrado 
sensatamente al aceptar una convención por la cual todo 
es ganancia para Buenos Aires, en virtud de la restaura- 
ción de la paz, y nada se pierde, sino un punto de honor, 
al no hacerla según sus propios términos. El sacrificio 
pecuniario a que se alude en el artículo 5.° no significa 
nada, desde que será imposible reunir suficiente prueba 
de los repetidos actos de piratería cometidos, a los efectos 
de otorgar las indemnizaciones reclamadas. Ningún sa- 
crificio se ha hecho con la pérdida de la Banda Oriental, 
desde que el señor García ha declarado, más de una vez, 
que los ministros de la república habían llegado a con- 
vencerse que no era ni político, ni práctico, intervenir en 
el gobierno de aquella provincia y que preferían renun- 
ciar todo derecho sobre ella. Su único objetivo, ahora, 
era verla tranquila, y sólo tenía instrucciones de estipular 
su independencia, a fin de no aparecer abandonando por 
completo una causa que por tanto tiempo han protegido, 
con peligro de su propia existencia. 

Sin embargo, el señor García no ha admitido que una 
consideración de esta naturaleza le impidiera firmar una 
convención por la cual se obtenía el primer y más impor- 
tante objetivo; la paz, a precio tan barato. 

Buenos Aires puede ahora poner toda su atención en 
la reconciliación con las provincias de la confederación 



LA MISIÓN PONSONBY 


167 


y dedicar todos sus recursos al restablecimiento de su 
comercio, única base verdadera de su prosperidad. 

Anteriormente he tenido el honor de expresar mis ra- 
zones para declinar el tomar parte en las conferencias de 
los plenipotenciarios. He comprendido qüe cualquier par- 
ticipación activa de mi parte, como mediador, podría co- 
locar al gobierno de S. M. en situación embarazosa en la 
cuestión de garantía, respecto a la cual expresé a ambas 
partes, cuando quisieron insertar un artículo, pidiendo a 
la Gran Bretaña que garantiera su tratado, que eso ca- 
tegóricamente sería rehusado. En consecuencia, el artículo 
está redactado sencillamente, como una solicitud a S. M. 
para garantizar la libre navegación del Río de la Plata. 

He tenido cuidado de ni aún dar una opinión sobre la 
proposición como se halla ahora, y quédale a usted, señor, 
resolver sobre la conveniencia de recomendar a S. M. que 
así lo acepte. 

El señor García considera que el cese de las hostilidades 
entre el Brasil y Buenos Aires de ningún modo asegurará 
ni a uno, ni a otro, todos los beneficios de la paz, salvo 
que se llegue a algún arreglo que satisfaga a los habi- 
tantes de la provincia de Montevideo. El Brasil, espe- 
cialmente, quedará en estado de guerra, si esto se efectúa, 
y, en este terreno, el señor García me ha pedido que in- 
duzca al emperador a conceder, por resolución propia, lo 
que se negó a hacer por convención mutua. He empleado 
mis supremos esfuerzos para adelantar este importante 
asunto, agregando a mi pedido personal el memorándum 
que incluyo, redactado en términos que he creído proba- 
ble influyan en S. M. I., a quien ha sido presentado. 

Suponiendo que el gobierno de Buenos Aires suscriba 
la convención que ha sido firmada por su plenipotencia- 
rio, es de preverse que los jefes de la insurrección en la 
provincia de Montevideo se unirán para defender su li- 
bertad, aun después de que el general Alvear se les haya 
separado ; muchas de sus tropas se unirán, probablemente, 
a los insurrectos, bajo el mando del general Lavalleja. 

El primer objeto, pues, del emperador debiera ser apa- 
ciguar a este formidable adversario ; en vista de lo cual he 
pedido ardientemente a S. M. I. la libertad de su her- 
mano, que ha estado aquí en una fortaleza, como prisio- 
nero de guerra, por casi dos años; y tengo el honor de 
decir que, aunque esto fué rehusado en el primer momento. 



168 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


el emperador, por fin, consintió en liberarlo, para que 
pudiera marcharse en el “Heron”, a condición de que, 
si la guerra continúa, no volvería a tomar armas contra 
S. MJ. He cuidado comunicar a lord Ponsonby de que, a 
este respecto, me he responsabilizado, en cierto modo, por 
el señor Lavalleja. 

Al enterar a V. E. de los términos en que se espera 
llegar a una solución con Buenos Aires y del modo como 
han sido sostenidos por mis modestos esfuerzos, no se le 
escapará que ellos, de ninguna manera, corresponden con 
los que, en virtud de sus instrucciones, he mantenido hasta 
la llegada a Río de Janeiro del señor García. Siendo la 
paz el primer objetivo en vista, no parecía existir razón 
para impugnar las pretensiones del Brasil e insistir en 
que ella se fundara sobre la base de la independencia 
absoluta de la disputada provincia. 

Desde el momento que esta demanda era abandonada 
por Buenos Aires, no había motivo para que la Gran 
Bretaña la hiciera. 

El señor García me ha asegurado, categóricamente, que 
ya no existían celos de parte del gobierno de Buenos 
Aires, en cuanto a la completa posesión de Montevideo 
por los brasileros, y que su independencia se pedía, sola- 
mente, porque era esperada por sus habitantes, cuya sa- 
tisfacción y orden eran necesarios a la paz y tranquilidad 
de sus vecinos. 

Si, por consiguiente, las promesas del emperador de 
conceder una forma de gobierno que satisfaga a los ha- 
hitantes de la provincia, se lleva a cabo, el deseo de todas 
las partes se habrá conseguido, y me atrevo a esperar 
que los empeños que he hecho en tal sentido, no se con' 
siderarán mal dirigidos. 

Si el señor García obtuviera la aprobación del congreso 
de Buenos Aires a su convención preliminar, probable- 
mente volverá acá para proseguir la negociación de un 
tratado definitivo. En este caso, será necesario que loa 
plenipotenciarios estén enterados de las intenciones de 
S. M., en cuanto a la garantía pedida. Por lo tanto, ruego 
a V. E. que tenga la bondad de enviarme rápidas ins- 
trucciones al respecto, como asimismo favorecerme con su 
opinión sobre mi asistencia a las conferencias, como me- 



LA MISIÓN PONSONBY 


169 


diador, si es que esta intervención se me solicita. Tengo, 
etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

Á S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

P. D. Acaban de llegar noticias aquí del sometimiento 
de Maldonado a una pequeña fuerza brasilera que había 
sido destacada de Montevideo para tomar posesión de ese 
pueblo. — R. G. i 

DE LA CRUZ A PONSONBY, 


Ministerio de relaciones exteriores. — El infrascripto 
tiene el honor de informar a S. E. lord Ponsonby que, 
instruido S. E. el señor presidente de la república del 
resultado de la conferencia de hoy, y sin embargo de la 
resolución en que se halla de rechazar la convención pre- 
liminar celebrada por el señor García con el gobierno del 
Brasil, ha acordado oir previamente las observaciones que 
lord Ponsonby desea hacer, antes de tomar una resolución 
definitiva sobre aquel negocio. En consecuencia, el infras- 
cripto espera que S. E. lord Ponsonby se dignará concu- 
rrir á la casa de gobierno á las dos de la tarde del día de 
mañana. El infrascripto, etc. — (firmado) Francisco de 
la Cruz. 


PONSONBY A DE LA CRUZ 


Buenos Aires, Junio 23 de 1827. — El infrascrito, 
ministro de S. Mu B., tiene el honor de acusar recibo 
de la nota que, con fecha de hoy, le ¡ha dirigido S. E. 
el general de la Cruz y, en respuesta, cúmplele mani- 
festar que el único punto que deseaba someter a la 
consideración de S. E. el presidente, antes de la de- 
cisión final del gobierno sobre la base firmada por el 
señor García, era el siguiente: Que, en la opinión del 
infrascrito, la mediación de S. M. B. cesaría inmediata- 
mente de producido el rechazo de esa base por el go- 
bierno, a menos que existieran razonables, o se encontra- 
ran, muy plausibles motivos para creer que se podría 
llegar a un acuerdo, abierta esa negociación. Así el in- 
frascrito tiene el honor de comunicar al señor ministro, 



170 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


para conocimiento de S. E. el presidente, todo lo que 
deseaba manifestarle. 

El infrascripto estaba pronto, de acuerdo con el ex- 
presado deseo del gobierno, a formar juicio fundado 
sobre los recursos con que puede aún contar el país 
para continuar la guerra; pero, en la imposibilidad de 
conseguir datos del ministro, que no ha juzgado con- 
veniente proporcionárselos, ni de obtenerlos en otras 
fuentes, debido al poco tiempo de que dispone, se ve, 
por tanto, obligado a limitarse a la brevé expresión de 
su opinión, o sea: que la base firmada por el señor 
García es eminente e inesperadamente ventajosa para 
la república; que, en el hecho, da todo lo que su gobier- 
no puede desear y, al emperador, sólo palabras, deján- 
dole enormes dificultades que vencer. 

El infrascrito ruega a S. E. el señor ministro que 
tenga la bondad de considerar que esta nota ha sido 
escrita en la inteligencia de que |S. E. el presidente sólo 
deseaba ofrecerle una oportunidad de emitir un juicio 
concreto, que el infrascrito había manifestado deseo de 
expresar; y, también, que la nota de S. E. el señor mi- 
nistro no constituye una invitación para conferenciar 
con el señor presidente, a objeto de considerar otros 
puntos relacionados con la cuestión en debate. 

Sin embargo, el infrascrito pide permiso para agre- 
gar que, si S. E. el presidente desea hablarle personal- 
mente, se hará un honor en acudir, solícito, a la audien- 
cia que. se sirva concederle. 

El infrascrito tiene el honor de saludar a V. E. con 
toda consideración. — (firmado) John Ponsonby. 

DE LA CRUZ A PONSONBY 


Ministerio de relaciones exteriores. — Buenos Aires, 
Junio 24 de 1827. — Habiendo S. E. lord Ponsonby ex- 
presado en su nota de fecha de ayer (que el infrascripto 
■acaba de recibir en este momento) lo que deseaba mani- 
festar á S. E. el señor presidente de la república, antes 
que resolviese definitivamente sobre la convención preli- 
minar que ha celebrado el señor García con el gobierno 
del Brasil, juzga el infrascripto ser ya innecesaria la 



LA MISIÓN PONSONBY 


171 


conferencia a que S. E. lord Ponsonby fué invitado por 
el infrascripto. 

En consecuencia, va á pasar, sin pérdida de tiempo, al 
conocimiento de S. E. el señor presidente de la república, 
la preindicada nota de S. E. lord Ponsonby. El infras- 
cripto, etc. — (firmado) Francisco de la Cruz. 

PONSONBY A GORDON 

Buenos Aires, Julio 10 de 1827. — A S. E. R’obert 
Gordon, Río de Janeiro. — Exorno, señor: El 21 de 
Junio arribó a este puerto el buque de S. M. “Heron”, 
trayendo a su bordo al señor García, portador de la 
convención preliminar que él firmó, en Río de Janeiro, 
conjuntamente con los plenipotenciarios de S. M. 1., el 
24 de Mayo. 

En esa misma oportunidad, recibí la copia de la con- 
vención que V. E. tuvo a bien adjuntar a su carta pri- 
vada del l.° de Junio. 

Inmediatamente que desembarcó, el señor García vi- 
sitó al presidente y pronto trascendió que S. E. era 
completamente hostil a la convención. 

Se dijo, públicamente, que le reprochó al señor Gar- 
cía su gran responsabilidad por haber transgredido la 
letra y el espíritu de sus precisas instrucciones, sacri- 
ficando él honor y los intereses de la nación, etc., etc. 

El 25, el presidente elevó la convención al congreso, 
acompañada de la resolución tomada por el gobierno, 
que Y. E. encontrará en el diario que le adjunto. (“El 
Mensajero”, no. 231). 

El 28, el congreso se dirigió al presidente, aprobando 
la conducta del gobierno al rechazar la convención; esa 
comunicación también la hallará Y. E. adjunta. 

El mismo día, el presidente renunció a su cargo y el 
30 le fué aceptada su dimisión por el congreso, por cua- 
renta y ocho votos sobre cincuenta. Recién el 5 del co- 
rriente el congreso eligió, como sucesor, al doctor Ló- 
pez, en calidad de presidente provisorio de la república, 
bajo la ley sancionada por el congreso el 3 del actual, 
de que le adjunto una copia, para que se informe. (“La 
Gaceta Mercantil”, de 5 de Julio). El nuevo presi- 
dente no ha formado aún su ministerio. 



172 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Estos sucesos explican la causa de la demora en re- 
cibir una notificación oficial sobre las intenciones defi- 
nitivas del gobierno de la república, acerca de la con- 
vención. 

Habiendo aguardado hasta ayer esa notificación, juz- 
gué de mi deber dirigirme al gobierno en ese sentido e 
informarle, a la vez, de la necesidad que tenía de des- 
pachar al “Herón”, a la mayor brevedad. 

Conjuntamente con una copia de mi nota, va la res- 
puesta que recibí está mañana. Confío que esta res- 
puesta sea sintomática, de parte del actual presidente, 
de una disposición más moderada que la presumible por 
los actos del anterior. 

No me atrevo, por el momento, a dar opinión sobre 
lo que es probable que se hará aquí; pero desearía que 
la política de S. M. I. evitara, ahora, cualquier resolu- 
ción muy decisiva. 

Es mi intención detener el paquete unos pocos días 
más y espero poder, entonces, trasmitirle noticias más 
completas sobre el estado de los asuntos en ésta. En el 
número incluido de “El Mensajero”, V. E. encontrará 
las instrucciones dadas al señor García, a que refiere 
la nota que, con fecha de hoy, me dirigió el gobierno. 

Tengo el honor de saludar a V. E.. etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

OLIVERA A PONSONBY 

Buenos Aires, Julio 10 de 1827. — Excmo. señor: 
El infrascrito, encargado interinamente del ministerio 
de relaciones exteriores, ha tenido el honor de recibir 
y comunicar a S. E. el presidente de la república la 
nota oficial de S. E. Lord Ponsonby, enviado extraordi- 
nario y ministro plenipotenciario de S. M. B., fechada 
el 9 del corriente, en la que expresa la necesidad que 
existe de que el gobierno haga conocer su resolución 
definitiva sobre la convención preliminar, firmada por 
los plenipotenciarios de la república y el Brasil, ya que 
el plazo estipulado por ella, para el canje de las ratifi- 
caciones, expira el 13 del actual. 

El infrascrito, en consecuencia, ha recibido orden de 
contestar a S. E. lord Ponsonby que, en el corto tiempo 



LA MISIÓN PONSONBY 


173 


que ha transcurrido desde el nombramiento de S. E., el 
presidente, no ha podido interiorizarse del asunto a que 
la nota de S. E. refiere y adquirir los informes que su 
naturaleza exige y, además, y muy especialmente, por- 
que le ha sido ✓urgentemente necesario dedicar toda su 
atención a la formación del nuevo ministerio. 

Por estas razones, el infrascrito ha recibido orden de 
trasmitir a S. E. lo siguiente: Que del documento exis- 
tente en este ministerio se desprende que la convención 
preliminar, firmada en la corte de Río de Janeiro el 
24 de Mayo de este año, por el plenipotenciario de la 
república don Manuel José García y el plenipotenciario 
de S. M. el emperador del Brasil, ha sido rechazada por 
el gobierno, con el consentimiento del cuerpo legislativo 
de la nación, a consecuencia de varias consideraciones 
y, entre ellas, la de que ese documento ha sido suscrito 
contrariamente a la letra y al espíritu de las precisas 
instrucciones dadas al señor Ga*rcía. 

No obstante, S. E. el presidente ha autorizado al fir- 
mante para asegurar a lord JPonsonby, con esta opor- 
tunidad, que él siempre estará animado de los senti- 
mientos de paz y principios de moderación y justicia 
que la república ha manifestado en todas las ocasiones 
y, muy especialmente, al representante de la noble po- 
tencia mediadora. Que el más vehemente deseo de S. E. 
será , siempre, concluir y ajustar las diferencias que 
existen entre la república y el imperio, por medios pa- 
cíficos, en términos que contemplen, a la vez, el honor 
y los intereses de ambas partes. Que a esta elevada fi- 
nalidad tenderán todos sus esfuerzos y que, para al- 
canzar tan importante y noble propósito, confía ser 
ayudado por los buenos oficios de la alta potencia 
mediadora. 

El infrascripto saluda a, V. E., etc., etc., etc. — (fir- 
mado) Domingo Olivera. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 


Buenos Aires, Julio 15 de 1827. — Exorno, señor: 
Aunque no dudo que el señor Gordon habrá enviado a 
V. E. copia de la convención preliminar firmada en Río 



174 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


de Janeiro por el señor García, no obstante, juzgo opor- 
tuno adjuntar otra copia de la misma. 

Lamento tener que informar a Y. E. que estas ges- 
tiones han fracasado por completo y, como V. E. está 
en conocimiento de mis opiniones, antes expresadas, no 
extrañará que no me tome de sorpresa este contratiem- 
po ; tal vez, si yo hubiera tenido conocimiento de lo que 
estaba pasando en Río y se nos hubiera dado tiempo 
para trabajar previamente aquí, para presentar la con- 
vención a este gobierno como un aeto completo , habría 
sido posible obtener un resultado más favorable. (1) 


Unos pocos días antes del arribo del señor García, las 
provincias de San Juan, Mendoza y San Luis dirigieron 
un manifiesto al congreso, que fué publicado por la 
prensa, simultáneamente con una nota del gobierno dt 
la provincia de Córdoba, dirigida a mí y a los otros 
plenipotenciarios extranjeros en esta ciudad. La copia 
de esos documentos, junto con mi respuesta al general 
Bustos, va adjunta (numerada del 2 al 4). 

Esas manifestaciones, quitaron al presidente casi to- 
das las probabilidades y esperanzas de mantenerse en 
el poder; pero yo pienso que él creyó ver en la conven- 
ción firmada por el señor García el medio de recon- 
quistar su perdida popularidad y, tal vez, de hacer 
frente a sus adversarios. Este plan parece que no es- 
taba mal concebido y pudo obtener éxito, si él no hu- 
biera sido personalmente odiado. 

Estaba dirigido a provocar un violento grito de gue- 
rra, al asegurar que había sido afectado el honor na- 
cional; a demandar de la nación renovados esfuerzos; 
a señalar los grandes peligros que amenazaban al estado 
y la necesidad de encararlos; a atribuir a estos acu- 
mulados peligros la razón y justificación de su propó- 
sito de abandonar su anterior política y a adoptar el 
sistema federal, aceptando todas las medidas deseadas 
por las provincias y presumiblemente capaces de recon- 
ciliarlas, a fin de aunar todas las energías de toda la 
república en la prosecución de la guerra. 


(1) Aquí, como en otras partes, el copista — - seg*ún me lo 
comunica — ha suprimido pasajes que ha considerado ajenos 
al tema central de la oibra. 



LA MISIÓN PONSONBY 


375 


Fracasó, porque era odiado; pero ha provocado un 
recrudecimiento pro guerra, cuando la paz es necesaria. 

E;1 señor García llegó el 20 de Junio. Inmediatamente 
fué recibido por el presidente, enterándole del texto de 
la convención; y pronto se supo que el presidente se 
mostraba furiosamente contrario a ella. 

Dos dias más tarde, fui invitado a celebrar una en- 
trevista con el ministro de relaciones exteriores. Me 
manifestó que, cumpliendo un pedido del presidente, 
me rogaba lo enterase acerca de lo que el señor Gordon 
me había comunicado respecto al asunto de los prelimi- 
nares firmados por el señor García, habiendo sabido, 
por el señor García, que aquél me había escrito exten- 
samente sobre el particular. Le contesté (con toda ver- 
dad) que yo no había recibido comunicación oficial del 
señor Gordon, sino una cartá privada en la cual me 
expresaba, muy calurosamente, su aprobación de la 
conducta del señor García en Río, haciendo resaltar, 
decididamente, que creía imposible obtener de S. M. L. 
su asentimiento a mejores condiciones para la república, 
añadiendo que, en su opinión, él anhelo preponderante 
era el restablecimiento de la paz y que, conseguido ese 
objetivo, el asunto quedaría ventajosa y felizmente 
terminado. 

El ministro me pidió, entonces, mi opinión sobre esa 
transacción. Le pregunté qué uso deseaba hacer el go- 
bierno de ella: si la quería para su propia información 
o para publicarla. Me replicó que la deseaba exclusi- 
vamente para el gobierno. Le declaré que contestaría 
sin reservas, pero que deseaba formularle previamente 
una pregunta que, replicada afirmativamente, hacía 
inútil todo esfuerzo ulterior: — ¿'Creía él, sinceramente, 
que la república tenía los medios de continuar la guerra 
sin exponerse, en el más alto grado, a serios perjuicios 
y aún a la ruina? ” 

Dije que, si la república estaba en un estado que la 
imposibilitaba para la continuación de la guerra, la acep- 
tación de los preliminares de paz era, evidentemente, un 
caso de necesidad política que requería poco tiempo para 
decidir. Si la república no estaba en esas condiciones 
de incapacidad, entonces la cuestión dependía de las 
probabilidades que los recursos de la nación pudieran 



176 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


crear, obteniendo términos más ventajosos por la prolon- 
gación de las hostilidades; que si la opinión que se me 
solicitaba era sobre el asunto en general, como el ministro 
manifestaba, creía indispensable que se me informara 
debidamente sobre el verdadero estado del país y los ele- 
mentos con que contaba para proseguir la guerra con el 
Brasil. 

No recibiendo respuesta a estas preguntas y observa- 
ciones, le manifesté que acababa de ver al ¡señor García, 
sólo por media hora, siéndome necesario enterarme por 
él de todo lo referente a la negociación en Río, así tam- 
bién como sobre el verdadero significado de la conven- 
ción, y oir, además, cuál era su (opinión sobre las inten- 
ciones reales del emperador; agregando que, por respeto 
al gobierno de la república y por propio deber, tenía la 
obligación de examinar esta importante cuestión con el 
mayor cuidado posible ; que así lo haría, poniendo en su 
conocimiento, dentro de pocas horas, la opinión requerida. 

Me manifestó, entonces, que su gobierno había ya estu- 
diado y resuelto el asunto, y que sólo esperaba oir mi 
opinión para comunicar su decisión al congreso; que no 
podía diferir esta comunicación y que urgía que le diera 
un juicio en ese momento. Le hice notar que no había 
razón para esa extrema prisa, que yo sólo requería tiempo 
para cumplir un deber serio, con la debida deliberación 
y estudio, y que no podía hablar sobre asunto tan deli- 
cado ¡sin estar preparado, como me hallaba. El ministro 
me expresó ¡que, por sí solo, no podía concederme el plazo 
solicitado, pero que trasmitiría al presidente mi pedido 
y me comunicaría la resolución de S. E. 

Le observé, entonces, que, si el presidente jio conside- 
rara oportuno concederme el tiempo requerido para for- 
mar y dar la opinión de mí recabada, de cualquier ma- 
nera yo insistía en que se ¡me diera conocimiento de la 
intención del presidente al enviar la decisión de su go- 
bierno (siempre que ésta fuera rechazar la convención) 
con la anticipación necesaria para permitirme formular 
las observaciones que, en tal caso, sería de mi deber pre- 
sentarle, como ministro mediador. El ministro me pro- 
metió que así se haría y nos despedimos. 

Dos o tres horas más tarde, recibí del ministro una 
nota oficial (de la que adjunto una copia) comunicán- 
dome que el gobierno había resuelto rechazar los preli- 



LA MISIÓN PON SON BY 


J77 


minares y enviar su resolución al congreso, pero' que el 
presidente me concedería una audiencia al día siguiente. 

Le escribí, de inmediato, la carta adjunta, diciéndole 
que lo que 70 tenía que trasmitir al presidente podía 
escribirse, 7 si (como imaginaba era el caso) S. E. no 
deseaba oir de mí sino ese juicio particular que 70 me 
juzgaba autorizado a formular, en mi calidad de ministro 
mediador, consideraba mejor evitarle la molestia de una 
entrevista 7 limitarme, simplemente, a informarle, por 
escrito, de que el rechazo de la convención preliminar 
pondría término a la mediación británica, a menos que 
un motivo razonable, o muy plausible, fuere hallado para 
su continuación. Que, habiendo sido impedido, por la 
precipitada decisión del gobierno, de emitir una opinión, 
fundada en razones, acerca del asunto de la convención, 
me veía obligado a exponer meramente mi opinión en sí : 
“ Que consideraba las bases firmadas por el señor García 
eminente e inesperadamente ventajosas para la república, 
pues le dan, en el hecho, todo lo que el gobierno podía 
desear 7, al emperador, sólo palabras, dejándole acreci- 
das dificultades que encarar ”. Y terminaba diciendo 
que, si 70 había interpretado mal el sentido de la carta 
de S. E. a nfi y que si el presidente deseaba hablarme 
personalmente, me consideraría honrado de visitarle. Al 
día siguiente, recibí la carta que adjunto* informándome 
que el presidente no deseaba hablarme sino recibir la 
comunicación particular que 70 había manifestado deseo 
de hacerle. 

El 25 de Junio la resolución del gobierno, rechazando 
el proyecto y presentada en los términos del documento 
n.° 1, que incluyo, fué trasmitida al congreso, acompa- 
ñada por la correspondencia a ella relacionada e inclu- 
yendo la nota a que hago referencia más arriba. La co- 
municación del gobierno estaba apoyada por el doctor 
Gómez, quien hizo una violenta declamación contra el 
señor García 7 los preliminares, reclamando del congreso 
una inmediata aprobación de la conducta del gobierno. 
Los partidarios de éste, que hablaron, lo hicieron, todos, 
en el mismo tono. 

Algunos miembros opinaron que, antes de adoptar una 
resolución definitiva, era necesario conocer la situación 
del país 7 solicitaron del ministro que diera esos infor- 
mes; pero nada se obtuvo de él. 




178 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


La resolución del gobierno fué sometida a la conside- 
ración de una comisión de cinco miembros, quienes, al 
día siguiente, se expidieron, manifestando que, antes de 
pronunciarse, el congreso debía de informarse del estado 
actual del país y de los recursos con que cuenta para 
continuar la guerra. Ese informe fué recibido, según 
me han informado (pues 1a. sesión fué secreta), de la 
manera más groseramente incivil; sus firmantes fueron 
injuriados y el congreso resolvió que la comisión se limi- 
tara a proponer, en frases apropiadas, la aceptación de 
la decisión dél gobierno. Se me dice, que dos de los miem- 
bros de la comisión, los doctores Moreno y Frías, se rehu- 
saron a hacerlo así y abandonaron el recinto. 

Luego, el presidente del congreso dirigió una comuni- 
cación al ejecutivo aprobando, ampliamente, la decisión 
del gobierno, cuya copia adjunto con el n.° 8 (mensaje 
del congreso al ejecutivo, de fecha Junio 28 de 1827). 

De esta manera, sin previo y concienzudo examen, por 
el congreso, de las condiciones en que se halla el país, 
de cuyo resultado dependía el mérito o demérito de la 
convención, fué tomada esa importante resolución; pero 
todos los partidos tenían razones de interés privado para 
adherir al grito de guerra lanzado por el presidente. 

Al mismo tiempo que éste enviaba al congreso la nota 
a que acabo de referir, presentaba, también, su dimisión 
del cargo. Parece que él abrigaba alguna esperanza de 
que el congreso decidiera que continuara rigiendo los 
destinos del país, hasta que desaparecieran las turbulen- 
cias que lo agitan. Sus amigos trataron de interponer su 
influencia para alcanzar el logro de ese fin, pero sin re- 
sultado. 

La renuncia fué aceptada el 30. Cincuenta miembros 
estaban presentes; cuarenta y ocho votaron aceptando su 
dimisión y sólo dos votaron en contra (mensaje de fecha 
Junio 30 de 1827, aceptando la renuncia de Rivadavia). 

El 3 del actual, . el congreso decretó la formación de 
un nuevo gobierno provisorio, determinando — como 
V. E. observará por la copia que incluyo de ese decreto — 
las atribuciones y objeto del mismo (ley de fecha Julio 
3 de 1827). 

El 6 del corriente, fué elegido el doctor López para el 
cargo de presidente provisional de la república. 

Este declinó, en el primer momento, pero, luego, fué 



LA MISIÓN PONSONBY 


179 


inducido por el congreso a aceptar. Adjunto una copia 
del mensaje al congreso lanzado con este motivo. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Julio 15 de 1827. — Exorno, señor: El 
9 del corriente envié al ministro interino de relaciones 
exteriores la nota cuya copia incluyo, estableciendo la 
necesidad en que estaba de trasmitir a la corte de Río 
de Janeiro, por intermedio del enviado extraordinario de 
S. M. en el Brasil, una relación de lo ocurrido aquí, res- 
pecto a la convención preliminar, firmada en Río, y ex- 
presando el deseo de que se me enviara — siempre que 
no fuera molesto para*el gobierno — una notificación ofi- 
cial de su rechazo. 

El 10, recibí una nota (de la que adjunto copia) en la 
cual evidentemente el gobierno ha tratado de proceder, 
en cuanto ha podido, de conformidad con los sentimientos 
que deben animarlo en todos los asuntos en los cuales 
interviene el gobierno de S. M. Me place comprobar por 
ella que imperan ideas más moderadas, respecto a la gue- 
rra, de las que han estado de moda en época reciente. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — • 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Julio 15 de 1827. — Excmo. señor : En 
mi despacho n.° 16, puse en conocimiento de V. E. mis 
presunciones de que, tal vez en fecha próxima, fuera pru- 
dente, si no necesaria, la presencia aquí de alguna de las 
unidades navales de S. M. ; qué había escrito al contral- 
mirante sir Robert Otway, informándole de mi opinión 
y que éste, en consecuencia, había dado órdenes al capi- 
tán Coghilan, del buque de S. M. “ Forte ”, para que 
procediera como las circunstancias lo impusiesen. Siem- 
pre temí que se produciría una peligrosa crisis en el 



180 


LUÍS ALBERTO DE HERRERA 


momento de decidirse la paz o la guerra y supe, a la 
llegada del señor García, cuando esa cuestión debía ser 
resuelta, que fuerzas considerables habían sido moviliza- 
das en las provincias y estaban prontas a marchar sobre 
la ciudad, con el fin de derrocar al presidente, señor 
Rivadavia. Era imposible aseverar que el presidente no 
trataría de resistir, o vaticinar cuáles serían las conse- 
cuencias de un conflicto armado de los partidos. 

En tal ocasión, el presidente excitó las pasiones po- 
pulares a un alto grado, por sus artes, practicadas en 
público y en privado, dirigiendo las cóleras de la extra- 
viada multitud contra el señor García, quien, con razón, 
temía ser víctima de algún acto violento, y aún por su 
vida. Envío a V. E. algunos de los ejemplares de los 
carteles que fueron fijados en los muros y casas de la 
ciudad, los que, según informes dignos de crédito, fue- 
ron colocados por agentes del gobierno e imprimidos en 
la imprenta oficial. 

Ya anteriormente he descripto la contextura moral 
de los elementos que integran las fuerzas militares, aquí, 
y la poca confianza que se podrá depositar en ellas, en 
caso de surgir dificultades. Los diarios propagados por 
el señor Rivadavia, difamaban constantemente a la le- 
gación de S. M., insinuando contra ella las peores sos- 
pechas y describiendo sus actos como dirigidos a aca- 
rrear deshonor y agravio a la república. 

En fin, era evidente que el supremo magistrado, que 
debía ser guardián de la paz y de las leyes, estaba esti- 
mulando al populacho ignorante al desorden y a la 
violencia. Yo presentía que, de un momento a otro, po- 
drían ser atacados los súbditos ingleses y sus propie- 
dades, y aún insultada la legación de S. M., y que el 
señor García pudiera ser encarcelado por el presidente, 
para ser sacrificado a sus actuales propósitos. 

En este estado de cosas, consideré que era llegada la 
hora de buscar protección, sin hacer ruido; y entonces, 
escribí al capitán Coghlañ, del buque de S. M. “Forte”, 
quien, con su característico celo y energía, inmediata- 
mente penetró con la fragata en el río, habiendo soli- 
citado permiso del almirante brasilero, para cruzar la 
línea de bloqueo, en virtud de tener que trasmitirme, 
personalmente, asuntos de importancia. 



LA MISIÓN PON SONBY 


381 


Cuando llegó el “Forte”, ya se había producido la 
derrota del señor Rivadavia, desapareciendo, por con- 
siguiente, el peligro de una visita de las tropas o vaga- 
bundos armados de las provincias. Sin embargo, opino 
que la llegada del barco fué sumamente provechosa, 
pues mostró, a quienes pudieran pensar en cometer 
atropellos, que sus actos no quedarían en la impunidad. 

El señor García también pareció haber recobrado 
ánimo y manifestó su intención de defenderse, lo que 
no había querido hacer antes, siendo esta actitud el 
primer contraste sufrido por el estúpido y violento cla- 
mor de guerra. El “Forte” partió de aquí el 7 del 
actual. 

Me permito expresar mi reconocimiento al capitán 
CogMand por su celo y actividad, a los cuales somos 
deudores de segura garantía contra atentados o injurias. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Julio 20 de 1827. — Excmo. señor: 
En m,i despacho n.° 34, tuve el honor de enterar a V. E., 
tan brevemente como me fué posible, de los aconteci- 
mientos que se habían desarrollado aquí desde el arribo 
del señor García hasta la constitución del nuevo ' go- 
bierno . 


Estudiando la convención, juzgué que ofrecía muy 
grandes ventajas inmediatas y que aliviaba a este país 
de la presión que sufre, libertándolo de un estado de 
cosas que amenaza su desarrollo y prosperidad; que, al 
mismo tiempo, protegía la propiedad británica, aprisio- 
nada aquí y tal vez expuesta a desaparecer. Además, 
aprecié los vehementes deseos del gobierno de S. M., 
manifestados siempre en favor de la restauración de 
la paz. 

Con esta opinión sobre el asunto, tomé todas las me- 
didas que consideré del caso adoptar, como amistoso y 
neutral mediador, para apoyar la convención y, llamado 
por el gobierno para expresar mi opinión sobre la mis- 




J82 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ma, habiéndoseme denegado por el presidente la peque- 
ña demora que solicité para presentar mi respuesta y 
las razones en que la fundaba, manifesté, en forma ro- 
tunda, mi decidida aprobación ; esforzándome, al mismo 
tiempo, por obtener un más detenido examen de tan im- 
portante asunto, mediante la insinuación al gobierno de 
que,' el rechazo de la convención, podría afectar la me- 
diación de S. M. Temo que mi actuación en el caso 
pueda hacer suponer a V. E. que me he desviado de las 
opiniones que constantemente he formulado sobre el 
poder de este país para continuar la guerra. Sin em- 
bargo, le ruego observe la diferencia que hago entre el 
poder, absolutamente hablando, de sostener la guerra y 
las ventajas de hacer cualquier sacrificio para termi- 
narla, cuando el país está en un terrible estado de debi- 
litamiento y confusión. 

Estoy bastante seguro de que la república puede pro- 
longar la contienda, tal vez indefinidamente, contra loa 
brasileros, si éstos siguen mostrándose tan incapaces de 
practicar las energías guerreras, tanto por tierra como 
por mar ; pero yo sé que se prolongaría al precio de 
grandes males, particularmente, el representado por el 
golpe, casi mortal, que recibiría el avance de la civili- 
zación, etc. Es evidente para mí que la civilización,, 
prosperidad y cultura de esta república depende, casi 
exclusivamente, de su libre comunicación con Europa; 
y el Plata es la única vía para establecer contacto con 
esa fuente de bienes para ella. 

El bloqueo, por consiguiente, precipitará a este pue- 
blo hacia la barbarie: afectará, en todo sentido, al in- 
menso territorio que se extiende hasta los Andes. For- 
zará, también, a este país a adoptar publicamente otro 
sistema de guerra, muy lamentable: la guerra del pi- 
llaje y la devastación, arrojando a unas poblaciones 
contra otras, sin respetar derechos ni principios, por 
elementales que sean. Sería esto muy dañoso para este 
país, pero tal cosa no hará avanzar una pulgada los 
propósitos del emperador. 

A los brasileros no se les ocurrirá nunca atacar por 
mar esta ciudad y, aproximarse a ella por tierra, parece 
imposible ; si lo hicieran, su derrota sería segura. 

La república puede renunciar a forzar la entrada del 



LA MISIÓN PONSONBY 


183 


río y, por lo tanto, a todo gasto con este fin; pero los 
brasileros deben continuar manteniendo una poderosa 
escuadra, que les demanda grandes erogaciones, para 
bloquearlo; de lo contrario, resignarse a perder la única 
arma con que pueden perjudicar a su enemigo. Los re- 
publicanos también pueden disminuir, casi a nada, los 
gastos de su ejército; en el hecho, reducirlo o supri- 
mirlo, porque sería suficiente azuzar a la gente desor- 
denada de las zonas colindantes y lanzarla, por los pun- 
tos vulnerables, sobre las provincias del emperador, bajo 
el estímulo del pillaje, para sostener la guerra, con tanta 
eficacia como hasta ahora con sus tropas regulares. 

Pero el emperador estará obligado a mantener un ejér- 
cito para proteger a su pueblo que, parece, no puede o 
no quiere defenderse por sus propios medios y, por lo 
tanto, no podrá disminuir los gastos que le ocasiona la 
campaña por tierra. Por consiguiente, será una guerra 
de finanzas: la república gastando poco, relativamente, 
y el imperio mucho más, creo, de lo que puede producir. 
Y es de hacer notar que ni el bloqueo, ni todo el des- 
pliegue de las fuerzas navales, impedirán a los corsarios 
cebarse en el comercio de S. M. I., en toda la costa de su 
inmenso territorio.. 

Así juzgadas las cosas, yo creo que los que estiman al 
objeto en disputa digno de pelear por él, a riesgo de 
pérdidas tales como las que caerán sobre Buenos Aires, 
no van descaminados en sus planes y, por mi parte, más 
creo en la posible adversidad del emperador que en su 
victoria. 

Como un apoyo a lo que dejo expuesto, mencionaré lo 
siguiente: los planes secretos del general Lavalleja, 
quien ha partido a tomar el mando en jefe en la Banda 
Oriental. He recogido su noticia en fuente segura. Creo 
que el gobierno no los conoce. Aquel, espera poder de- 
mostrar a los habitantes de Río Grande que tiene sufi- 
ciente poder como para protegerlos y, entonces, por la 
persuasión, inducirles a declarar a su provincia inde- 
pendiente del . imperio y a unirla a la Banda Oriental. 
Me es imposible calcular las fuerzas que tiene a sus ór- 
denes, pero él es el jefe favorito de los orientales, oriental 
él mismo y con enorme popularidad en las provincias 
linderas. Es, por tanto, casi seguro que tendrá con él a 




184 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


todos los hombres que en esas regiones puedan proveerse 
de un caballo y un sable, o que él se los proporcionará. 
Es público, aquí, que, a su llegada al cuartel general, 
todos los oficiales porteños abandonarán el ejército vo- 
luntariamente o serán obligados a hacerlo así. No pre- 
tendo vaticinar el resultado que los planes de Lavalleja 
puedan obtener : pero, el hecho de él alentarlos, demues- 
tra dos cosas: el escaso, si se me permite decirlo así, 
interés propio que Buenos Aires debe tomar en la guerra 
y, luego, los peligros a que el emperador se expone en 
la prosecución de la misma. Es una verdad que yo a 
menudo he mencionado: los orientales odian a amias 
partes. 


Me permitiré, ahora, decir algunas palabras sobre ese 
asunto (la mediación). Estoy penetrado de su deseo de 
que estas gentes sean tratadas con dulzura, toda la ra- 
zonable tolerancia y tanta atención como pueden mere- 
cer del gobierno de S. M. Es innegable que el gobierno 
del señor Rivadavia (aunque tal vez tardíamente y por 
motivos indebidos) accedió a todas las proposiciones o, 
por lo menos, a las partes esenciales, que yo había tenido 
el honor - de ser autorizado a proponerle. Es también 
innegable que es en Río de Janeiro donde vemos la más 
acérrima persistencia y completa adhesión a todo lo que 
anteriormente había demandado ese gobierno, que es lo 
que un gobierno completamente victorioso podría exigir : 
la concesión de todo lo que se disputa por las armas. 

Conservo en la memoria las palabras de su despacho 
n.° 3, de 1826: “Las simpatías del gobierno británico 
estarán a favor de aquel beligerante que demuestre mejor 
disposición para poner a la contienda una amistosa ter- 
minación, etc.,” y yo estoy cierto de que si el gobierno 
de S. M. estuviera descontento con el giro que los acon- 
tecimientos han tomado, no dirigiría principalmente su 
disconformidad contra este país, aparentemente la parte 
más débil, y también, por cierto, la menos agresiva de 
las dos. De consiguiente, cuidadosamente he evitado po- 
ner fin a la mediación. Por lo contrario, he estimulado 
al presidente a mantenerla abierta, aventurándome a 
sugerirle el modo por el cual, sin comprometerse él ni 



LA MISIÓN PONSONBY 


185 


su pueblo, pueda dejar en pie las negociaciones de paz, 
bajo los auspicios poderosos de nuestro rey y señor. 


He considerado de mi deber hacer resaltar este punto 
en mis conversaciones con el nuevo presidente, animado 
del deseo de .rectificar, si es necesario, las absurdas ver- 
siones que malignamente se lian hecho circular, atribu- 
yendo a la Gran Bretaña intenciones determinadas y 
egoístas al intervenir, en la forma que lo ha hecho, en 
la diferencia pendiente entre los beligerantes. Tenía pre- 
sente la parte final del despacho n.° 21, dirigido a mí, 
de 27 de Mayo de 1826, donde V. E. aludía a los celos 
y a las interpretaciones torcidas dadas a la intervención 
del gobierno británico. 

Manifesté a S. E. que había observado que prevalecía 
el hábito de atribuir al gobierno británico miras intere- 
sadas con respecto a este país; que estas versiones eran 
propaladas por personas que debían estar mejor ente- 
radas que nadie de la verdad y altamente colocadas en 
el país; y que yo creía conveniente, para el bien común, 
demostrar a S. E. que la malicia o la ignorancia eran la 
causa de esos díceres. Le expresé, cortesmente, al res- 
pecto que mi intención era hablar, entendiendo que el 
mejor modo de evidenciar la falsedad de esos cargos 
consistía en probar que ellos no podían ser ciertos. 

Por lo tanto, con su autorización, examinaría los in 
tereses que podían influenciar la conducta del gobierno 
británico con respecto a este país. Le precisé a S. E. el 
monto de nuestro comercio y del valor de la propiedad, 
en tierras y casas, perteneciente a ingleses radicados aquí 
y, una vez puestos de acuerdo, mediante preguntas y res- 
puestas, sobre el valor que podía asignársele, le interro- 
gué si él creía que el gobierno del q5aís más rico del 
universo podía ser perturbado en sus decisiones por tan 
insignificantes motivos pecuniarios, inferiores en monto 
aún al caudal que muchos comerciantes de Inglaterra 
mueven diariamente con desinterés y hasta con indife- 
rencia. 

Le rogué que volviera los ojos a todos los asuntos po- 
líticos de actualidad y que me señalara, si le era posible, 
cuál podía imaginarse que afectara a la Gran Bretaña 
en el más remoto grado. Siendo tal el caso, me producía 




186 


LUIS ALBERTO I>E HERRERA 


asombro que hubiera un hombre de sentido común que 
diera crédito a tan absurdas versiones. 

Agregué que la Gran Bretaña había demostrado a la 
república una muy marcada simpatía, porque constituía 
un país nuevo, al que esa buena voluntad le era conve- 
niente y porque la inteligente política de los ministros 
de S. M. les hacía ver en la mayor prosperidad, aún de 
los países más repnotos, el acrecentamiento del honor del 
propio y del bienestar general. El presidente oyó defe- 
rentemente toda mi exposición y creo dejé en su ánimo 
una impresión favorable, que será útil para destruir las 
absurdas falsedades que se han propalado al exterior. 
Confío que esta aparente prevención contra ' Inglaterra 
(intencionalmente la denomino aparente), cesará cuando 
la influencia y el ejemplo del señor Rivadavia sean com- 
pletamente extinguidos. Él, ya casi lo está, ,y las reve - 
laciones que posiblemente se harán, consumarán proba- 
blemente su público fracaso. 

Como enemigo nuestro que es, trató de introducir ideas 
francesas y de despertar preferencias por esa nación, 
pero juzgo que sin éxito. He reservado para el final de 
ésta algunos comentarios sobre el señor García; pero 
considero mejor idejar la defensa de su conducta a su 
propia pluma. V. E. la encontrará en la exposición cuya 
copia adjunto. Ese documento ya ha producido un no- 
table cambio en los sentimientos de este pueblo hacia su 
autor y, tal vez, una alteración en sus ideas respecto a 
la paz. 

Debo mencionar, al pasar, un hecho curioso, y es que, 
aún hoy, la convención no es entendida ni aún por la 
clase elevada aquí y, hombres que ocupan altos puestos 
públicos, todavía se equivocan totalmente sobre el signi- 
ficado de algunas de sus cláusulas. 

El señor García cree que la paz será reclamada, más 
o menos dentro de tres meses, pues dentro de ese lapso 
de tiempo las penurias del país se habrán hecho sentir. 
Considera que el emperador seguirá dispuesto a hacer la 
paz sobre las mismas bases que recientemente ha pro- 
puesto. Lo contrario, sería extraño, porque no puede 
desearlas mejores. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 



IíA MISIÓN PONSONBY 


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PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Julio 20 de 1827. — Excmo. señor: En 
mi despacho n.° 38, he hablado, con alguna extensión, 
sobre los medios de que disponen las partes beligerantes. 
S. M. I. el emperador del Brasil y la república de las 
Provincias Unidas del Río de la Plata, respectivamente, 
para continuar la contienda en que están empeñados. 

Creo de mi deber someter, ahora, a la consideración 
de V. E. ciertas ideas que, tal vez corregidas y modela- 
das por el gobierno .de S. ML, puedan servir de base a 
un proyecto para el cese de las hostilidades entre las 
partes arriba mencionadas. 

Espero que V. E. me hará la -justicia de creer que, al 
someterle mis sugestiones, imperfectas, he creído sola- 
mente cumplir con mi deber y, de ninguna manera, im- 
pulsado por la pretensión de aconsejar a personas mucho 
más calificadas que yo para apreciar y comprender el 
asunto, bajo todos sus aspectos y condiciones. 

Doy por establecido que S. M. T. no tiene poder bas- 
tante para someter .a su autoridad la Banda Oriental, 
con excepción de ciertas fortalezas actualmente ocupadas 
por sus tropas. También doy por establecido que la re- 
pública no tiene medios de arrancar esas fortalezas del 
poder de S. M. I. A las anteriores conclusiones, agrego | 
otras, que no pueden ser discutidas. 

Afirmo que los gastos y pérdidas, de toda índole, que 
los beligerantes soportan, a causa de la guerra, exceden, 
infinitamente, al valor que se le puede asignar al objeto 
que se empeñan por obtener. 

Yo creo que, actualmente, el motivo primordial que 
prolonga la contienda, es: el orgullo. 

Si mi proposición fuera exacta y bien fundada (como 
creo que cualquier hombre instruido e imparcial, am- 
pliamente informado del estado de estos asuntos, la con- 
sideraría), juzgo que sería prudente dirigir los esfuerzos 
de los que pugnan por la pacificación al descubrimiento 
de medios para suavizar y adormecer esa violenta pa- 
sión. ¿No sería posible lograr ese fin abriendo una ne-* 
gociación en la que ni una sola palabra se dijera del 
título o reclamo, de una u otra parte, sobre la disputada 
provincia, pero en la cual se comprometieran, simple- 



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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


mente, ambos beligerantes, a pautar la paz y a la adop- 
ción de una amistosa política y de relaciones comerciales 
cordiales? Por este procedimiento se ahorraría. a S. M. I. 
el dolor de hacer una concesión cualquiera a la república. 

Sería dejado en completa libertad de entregar a los 
orientales, si él lo considerara conveniente más adelante, 
como una gracia otorgada voluntariamente y bajo las 
condiciones que decidiera dictar, esa soberanía que ahora 
pretende ejercer a título del irresistible y ardiente anhelo 
de los habitantes de la provincia. 

Sin duda, la república no haría objeción, entonces, a 
la renuncia de toda reclamación que pueda tener sobre 
la Banda Oriental, sea cual fuere el título ; y fácilmente 
se acordaría la prohibición de cualquier futura incorpo- 
ración o conexión política estrecha, capaz de dar lugar 
a celos y temores de poder alguno. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 

CANNING A PONSONBY 

Londres, Julio 20 de 1827. — A S. E. lord John Pon- 
sonby. — Exemo. señor: Los despachos de V. E., hasta 
el n.° 24 inclusive, y uno del señor Parish, n.° 25, han 
sido recibidos y presentados al rey. 

El gobierno de S. M. se ha enterado, con gran satis- 
facción, de la acertada decisión tomada por el gobierno 
de Buenos Aires, de enviar un plenipotenciario al Bra- 
sil, cuyo arribo y cordial recepción en Río de Janeiro 
nos ha sido comunicado', en su último despacho, por el 
señor Gordon. 

Saluda a V. E. con toda consideración. — (firmado). 
George Canning. 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Julio 22 de 1827. — Exemo. señor: 


Abrigaba la esperanza de tener noticia de alguna re- 
solución del gobierno, con el fin de mantener abiertas las 



LA MISIÓN PONSONBY 


]89 


negociaciones de paz, pero el presidente me manifestó 
ayer que su gobierno consideraba suficiente la última 
comunicación trasmitida por mí al señor Gordon. 


He tenido con el presidente varias conversaciones pri- 
vadas ; está en muy buenas relaciones conmigo, y supongo 
que también agradecido, por el interés que he dem»ostrado 
en allanar todas las dificultades. Le he expuesto mi opi- 
nión, lisa y llana, sobre la situación del país, en lo refe- 
rente a sus asuntos internos y externos, esforzándome en 
convencerlo de la imperiosa necesidad de obtener la paz,, 
a menos que él prefiera exponer a la destrucción y a la 
ruina la prosperidad de la nación. Parece coincidir con 
mi modo de pensar; pero, naturalmente, se mostró muy 
parco en sus respuestas. No desespero de obtener su 
aceptación de algo muy semejante a las bases de paz qúe 
he mencionado en mi despacho n.° ... 


El presidente me manifestó, con entera franqueza, que 
había cedido a las instancias de su ministro Anchorena, 
viéndose obligado a ello porque no encontraba a nadie 
que aceptara el cargo, estando, por tanto, en poder de 
su actual ministerio. Me dijo que tenían cuatro mil hom-, 
bres en la Banda Oriental; pero que no podía afirmar 
que estuvieran equipados o pagos. Su gran preocupación 
parece consistir en reconciliar a las provincias y, en ésto, 
no dudo que obtendrá éxito. La caída del gobierno de 
Rivadavia, fué celebrada en Córdoba con toda clase de 
festejos y he oído decir que se ha iniciado allí un proceso 
criminal contra él, acusándolo de traición. He esperado, 
hasta último momento, con el fin de trasmitir a V. E. 
las noticias más recientes, rogándole perdone la minu- 
ciosidad con que le informo hasta de los menores detalles. 

He podido convencerme de que el presidente no sabe 
qué medidas adoptar en los actuales momentos y aguarda 
el desarrollo de los acontecimientos, para tomar resolu- 
ciones que satisfagan a la opinión pública. 

Saludo a V. E., etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 



190 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


GORDON A DUDLEY 

Río de Janeiro, Agosto 10 de 1827. — Excmo. señor: 
El emperador don Pedro y sus ministros están evidente- 
mente muy contrariados por la no ratificación en Buenos 
Aires de la convención preliminar del señor García. Las 
seguridades dadas por aquel plenipotenciario, en Río de 
Janeiro, no les dejaban duda del buen éxito de su misión 
V los preparativos para continuar la guerra se habían 
relajado mucho, cuando la inesperada noticia del fracaso 
del señor García llegó a esta capital. 

Resuelto el emperador a no ceder su soberanía sobre 
la provincia Cisplatina, en lo que parece apoyado por la 
opinión pública, no se tienen más esperanzas de paz y se 
emplean nuevas energías en continuar las hostilidades. 
El ministro de relaciones exteriores ha enviado un men- 
saje a las cámaras, pidiendo se le suministren nuevos 
recursos en dinero, pues los que hoy tiene son deficientes 
hasta el extremo ; además, la escuadra que estaba pronta 
a partir para Leghorn con el propósito de traer a la pro- 
metida del emperador, se halla ahora detenida para uti- 
lizarla en el Río de la Plata. 

Tengo el honor de acompañar una traducción del dis- 
curso del marqués de Queluz, pronunciado en la cámara 
de diputados, en el cual, muy imprudentemente, estalla 
en censuras contra el gobierno republicano. Es verdad 
que toda esperanza de renovar las negociaciones se ha 
desvanecido y que el tono intemperante de los diarios de 
Buenos Aires ha exasperado mucho al emperador; pero 
parece insensato de parte del gobierno brasilero alejar 
así, caprichosamente y más aún, el principal objeto, ó 
sea la paz, vivamente deseada y que es, en efecto, nece- 
saria para su propia conservación. 

El marqués de Barbacena ha llegado recién del campo 
de la guerra y, no obstante el deshonor que puede decirse 
cupo al ejército a sus órdenes, durante la última cam- 
paña, a pesar de las poderosas intrigas que, sin cesar, se 
han usado contra él durante su ausencia, ha sido perfec- 
tamente recibido por el emperador. Tengo, etc., etc., etc. — 
(firmado) B. Gordon. 

A S. E. el conde Dudlev, etc., etc., etc. 




LA MISIÓN PONSONBY 


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GORDON A DUDLiEY 


Río de Janeiro, Agosto 18 de 1827. — Exemo. señor: 
A pesar del pésimo aspecto de los asuntos entre este país 
y Buenos Aires, desde la desaprobación al señor García 
por su gobierno, no he creído deber abandonar las ten- 
tativas para alcanzar un objetivo de tan general utilidad 
cual es el cese de las hostilidades, en tanto no sean recha- 
zadas, en absoluto, por él emperador don Pedro. 

Sabiendo las dificultades a que está hoy expuesto este 
país por la guerra, y el sincero anhelo del emperador de 
verse libres de ellas, en circunstancias en que sus próxi- 
mas nupcias embargan todos sus pensamientos, he pro- 
puesto a S. M. I. acceder a términos de paz según lo. 1 
cuales ambas partes se reservarían sus derechos y preten- 
siones, tales como existían antes de la guerra, abando- 
nando el asunto de la provincia Cisplatina, sobreenten- 
diéndose que inmediatamente se iniciará una negociación 
para definir sus respectivos derechos y determinar el 
destino de esa provincia. 

Es motivo de honda satisfacción para mí poder infor- 
mar a V. El. que el emperador, accediendo a mi pro- 
posición, me ha autorizado a comunicar al gobierno de 
Buenos Aires que está pronto a hacer la paz sobre los 
términos arriba mencionados. 

S. M. I., sin embargo, considera esto más bien un ar- 
misticio, cuya duración anhela asegurar al menos por dos 
años y para lo cual gustoso aceptaría la garantía de la 
Gran Bretaña. 

Naturalmente que esto lo he rehusado ; pero me he 
aventurado a manifestarle que Inglaterra, con la mejor 
voluntad, extendería su mediación a la negociación que 
se inicie respecto a la disputada provincia; y he demos- 
trado que la intervención de un negociador británico vir- 
tualmente impediría una ruda o caprichosa renovación 
de las hostilidades. 

No veo cómo la república de Buenos Aires puede rehu- 
sarse a la proposición, como la ha sancionado el empe- 
rador. Me propongo adelantarla a lord Ponsonby y sólo 
siento no tener otros medios de comunicársela antes del 
arribo del próximo paquete de Buenos Aires, hallándose 



192 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ausente el almirante Otway, que ha dejado esta estación 
con todos los buques bajo su mando. Tengo, etc., etc., etc. 
— (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde de Dudley, etc., etc., etc. 

CANNING A PONSONBY 

Agosto, 28 de 1827. — A S. E. lord John Ponsonby. — 
Excmo. señor : Por el despacho al señor Gordon, cuya 
copia adjunto, V. E. se enterará de la opinión del go- 
bierno de S. M. sobre los preliminares de un tratado entre 
el Brasil y Buenos Aires, firmados por el señor García. 

El encargado de negocios de Buenos Aires, con quien 
he cambiado ideas sobre el particular, me expresó gran- 
des dudas sobre la aprobación de la convención, por su 
gobierno. Los términos en que está concebida, no son 
ciertamente tales como para estimular a V. E. a apremiar 
por su aceptación, como podía haberlo hecho si aquéllos 
fueran más equitativos. Considerando, sin embargo, lo 
mucho que Buenos Aires ha sufrido por la prolongación 
de la contienda y que la terminación de las hostilidades 
es de mayor importancia que las condiciones exigidas 
para el restablecimiento de la paz, V. E. aplicará acer- 
tadamente su influencia allanando las dificultades que el 
orgullo nacional pudiera levantar contra los artículos 
propuestos. 

Si, como parece probable, la Banda Oriental, motivo 
originario de la contienda, aunque colocada por el tra- 
tado bajo el dominio nominal del emperador del Brasil, 
consigue obtened una especie de independencia, lo que 
fué, a primera vista, el gran obstáculo para el arreglo, 
quedaría de hecho removido. Por lo demás, la república 
debe considerar si la prolongación de la lucha podrá 
acarrearle más favorable resultado y si las probabilidades 
de mejor éxito son suficientes para compensar los posi- 
tivos males provenientes de la continuación de la guerra. 

Me abstengo, intencionalmente, de extenderme sobre 
estos tópicos, desde que es muy probable que, antes de 
que este despacho llegue a poder de V. E., el gobierno 
de Buenos Aires habrá tomado alguna decisión y ya es- 
tará bien ratificada la convención, o renovada la guerra 
cola redoblada hostilidad por ambas partes. 

.Saludo a V. E. etc., etc., etc. — (firmado) George 
Canning. 



LA MISIÓN PONSONBY 


193 


PONSONBY A CANNING 

Buenos Aires, Setiembre 9 de 1827. — Excmo. señor: 
(Sobre finanzas) 


No obstante ese estado de cosas, soy de opinión que, 
en los actuales momentos, se encontrarán grandes difi- 
cultades para restablecer la paz y que ninguna proposi- 
ción a su favor será escuchada, a menos que se funde en 
la libertad absoluta de la Banda Oriental respecto del 
imperio del Brasil. 

Han circulado versiones que atribuyen diversas propo- 
siciones pacíficas como próximas a ser hechas por el go- 
bierno brasilero, por intermedio del señor Gordon, minis- 
tro de S. M. en Río Janeiro. 

Muchas personas aseguran que Inglaterra tendrá el 
dominio de la provincia de la Banda Oriental, dejándole 
la denominación y la bandera de un estado libre. Me ha 
sorprendido comprobar la poca o ninguna desaprobación 
de esas versiones, por parte de muchos que han sido, 
hasta hace poco, los más vehementes contra Inglaterra. 

Antes que ésta llegue a sus manos, V. E. se habrá en- 
terado de las proposiciones (si existen) hechas desde Río; 
por eso me abstengo de hacer comentarios al respecto; 
pero, como estoy convencido que la paz sólo puede con- 
certarse sobre la base del total renunciamiento de S. M. I. 
a la posesión de la Banda Oriental, y como abrigo temo- 
res de que ni aún esa proposición pueda prosperar al 
presente, por razones que más adelante expresaré, me ha 
parecido oportuno insinuarle al señor Gordon que, si 
S. M. I. estuviera dispuesto a hacer la paz sobre esa con- 
dición, le sería fácil obtenerla por medio de los orientales 
mismos. 

El general Lavalleja secundaría, solícitamente, al em- 
perador en esta empresa y la república debe, voluntaria- 
mente o no, hacer la paz, si los orientales la desean. Yo 
temo que S. M. I. no encontrará esta solución la más ven- 
tajosa para él. 

Las razones que tengo para sospechar que puedan surgir 


13-11 



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LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ahora obstáculos que impidan la realización de la paz, 
aún sobre la base de la independencia mencionada, se 
fundan en una conversación que he mantenido con el 
primer ministro, en la cual se negó a darme una contes- 
tación definitiva a la pregunta de si él creía que su go- 
bierno haría la paz sobre la base de la completa indepen- 
dencia de la Banda Oriental. 

Fracasé en las diversas tentativas que hice en ese sen- 
tido y todo lo que pude obtener fué la manifestación de 
que su gobierno deseaba reconciliar a las provincias y que 
ninguna resolución sería tomada prescindiendo de ellas. 

Abrigo serias dudas sobre la creencia de los jefes y 
juntas de las provincias de que la paz sea hecha contem- 
plando su conveniencia. Sé que el gobernador de esta 
provincia (Buenos Aires) es partidario de la guerra, si 
es posible llevarla adelante. 

Ésta, actualmente, no herirá mucho a los intereses lo- 
cales, pues los imperiales son demasiado inertes para man- 
tener el bloqueo. Para quienes estamos aquí, resulta al- 
tamente ridículo suponer que ellos harán nada que re- 
quiera actividad, astucia o coraje. Por lo tanto, mantengo 
mi opinión de que la guerra puede prolongarse conside- 
rablemente y que S. M. I. será quien, finalmente, expe- 
rimentará más sensiblemente sus consecuencias. 

Creo que el primer ministro desea la paz, aunque di- 
sertó, sobre planes de naturaleza muy belicosa, en forma 
tal como para demostrar que estaban a estudio de su 
gobierno. 

Sin embargo, sus deseos personales, aunque talvez sos- 
tenido por un considerable partido, aquí no prevalecerán, 
creo, sobre las inclinaciones del gobernador, apoyado por 
las provincias y el bando de los propietarios, que fomen- 
tarán todo deseo bélico. 

Estas son algunas razones en que me baso para desear 
que el emperador se valga de los orientales para imponer 
la paz, porque considero que S. M. I. sólo alcanzará des- 
honra para sus armas y grave daño para sus finanzas, 
insistiendo en mantener un título y una autoridad ne- 
gada y rechazada por los mismos a quienes él no puede 
compeler a la sumisión. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. George Canning, etc., etc.', etc. 




LA MISIÓN PONSONBY 


195 




GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Setiembre 21 de 1827. — Excmo. señor : 
Con referencia a mi despacho n.° 12, enviado por el úl- 
timo paquete, anunciando nuevas perspectivas de pacifi- 
cación entre este país y Buenos Aires, tengo ahora el hto- 
nor de adelantar a V. E. copia de mi correspondencia 
con el marqués de Queluz y del despacho que he dirigido 
a lord Ponsonby sobre el particular. 

El convenio que ahora se intenta entre los beligerantes 
puede parecer poco satisfactorio, por cuanto no tiende a 
remover la causa originaria de la guerra; pero debe no- 
tarse que, en el hecho, no está en el poder de las partes 
contratantes, aun coincidiendo en sus vistas, determinar 
el destino de la Provincia Oisplatina, estando sus habi- 
tantes resueltos a batirse por su propia causa y obtener 
su independencia. Confío, pues, en que el gobierno de 
S. M. valorará una tregua que, si felizmente se alcanzara, 
lograría, por lo menos, revivir el comercio en este hemis- 
ferio, levantando el bloqueo del Río de la Plata y lim- 
piando la costa del Brasil de piratas y corsarios. 

Como la forma adoptada por el marqués de Queluz, al 
articular los términos que sometí a la sanción del empe- 
rador, no parecían los más adecuados para obtener la 
aprobación del gobierno de Buenos Aires y, además, lla- 
maban a una intervención más decidida de parte del go- 
bierno de S. M. de la que yo podía ofrecer, he aconsejado 
se modifique, como aparece en la correspondencia que 
incluyo y de manera que espero con entera confianza se- 
rán aprobados por el gobierno de Buenos Aires. Tengo, 
etc., etc., etc. — (firmado) B. Gordon. 

A S. E. el conde de Dudley, etc., etc., etc. 


GORDON A DUDIiEY 

Río de Janeiro, Octubre l.° de 1827. — Excmo. señor: 
Las cartas que he recibido de lord Ponsonby, por el pa- 
quete que sigue, para Inglaterra con el presente despacho, 
dan cuenta tan poco satisfactoria de la disposición del 
gobierno de Buenos Aires para hacer la paz, que temo 



196 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


que las proposiciones que tuve el honor de adelantar a 
V. E., en mi despacho n.° 21, sean rechazadas. 

Este temor es el que me impulsa a molestar a V. Ei. con 
algunas observaciones sobre el extraordinario aspecto de 
esta guerra, que, si continúa a pesar de las bases última- 
mente propuestas, parece, en mi humilde opinión, doman- 
dar una intervención directa de la Gran Bretaña. No 
sólo porque tal continuación no puede justificarse, con 
razón ni pretexto; no porque la guerra sea muy perni- 
ciosa para los intereses de la Gran Bretaña, haciendo 
peligrar su tráfico sudamericano, sino porque se hace 
desafiando la ley de las naciones, con pérdida de vidas 
británicas y a costa del honor británico. 

Las principales y, en realidad, las únicas operaciones 
de guerra, se hacen por mar. No entre brasileros y espa- 
ñoles sino por extranjeros, en su mayoría ingleses; y no 
es alejarse de la verdad decir que la guerra entre Brasil 
y Buenos Aires se mantiene aetualmnte entre ingleses, en 
directa contravención de las leyes de Inglaterra, con ca- 
pital británico, y, todavía, manifiestamente en contra de 
los intereses británicos. 

No hay menos de 1.200 marineros ingleses en la flota 
brasilera, y lamento tener que anunciar a Y. E. que va- 
rios centenares de ellos son desertores de la armada de la 
Gran Bretaña. 

No entra a la bahía de Río de Janeiro un solo buque 
británico que no pierda muchos de sus mejores tripulan- 
tes ; lo que no puede impedirse, pues son atraídos por sus 
propios compatriotas, secuestradores consentidos dentro 
de la ley, empleados por este gobierno para ofrecerles 
tentadoras primas que, luego, impiden a las infortunadas 
víctimas acogerse a la protección de la bandera de la que 
tan ligeramente han desertado. 

El jefe de la escuadra bloqueadora en el Río de la Plata, 
es un inglés, y el jefe de la flota de Buenos Aires, lo mis- 
mo ; sus dotaciones inglesas, cuando caen prisioneras, sin 
vacilación se unen a sus compatriotas alistados del lado 
opuesto y, a veces, vuelven a cambiar, a causa de malos 
tratamientos o por inclinación al saqueo. 

Las últimas noticias de Montevideo dicen que una her- 
mosa goleta brasilera, con 14 cañones y con dotación 
completa de marinos ingleses, se pasó .al enemigo. 



LA MISIÓN PONSONBY 


197 


No me detendré más en esta lamentable característica 
de la guerra. 


La república de las Provincias Unidas de la Plata ha 
dejado de existir ya: el desmembramiento del Brasil es 
el objeto declarado de los bonaerenses. Se han hallado 
proclamas a bordo de sus corsarios dirigidas a los pueblos 
de Bahía y Pemambuco, incitándolos a sacudir el yugo 
imperial y erigirse en estados independientes; al mismo 
tiempo, se les asegura que la guerra se hace contra los 
portugueses y un soberano de la casa de Braganza, pero 
no contra los bahianos o brasileros. 

Estos y otros incidentes alarmantes de esta guerra sin 
sentido, parecen afectar demasiado los intereses de la Gran 
Bretaña para no demandar su rápida intervención. 

Espero sinceramente que V. E. estará de acuerdo con- 
migo en que el mismo empeño laudable que ha unido los 
esfuerzos de tres grandes potencias, en Eturopa, para 
terminar con la lucha sangrienta entre las provincias 
griegas y la Puerta Otomana, puede emplearse, con igual 
justicia, para poner fin a los perjuicios de esta guerra 
en Sud América, que también la necesita, por equidad, 
por sus intereses y por humanidad. 


Rogaría a V. E. que tuviera presente que, después de 
la equitativa transacción aceptada por el emperador del 
Brasil, explicada en mi despacho del 21 último, es decir, 
dejar que el destino de la Banda Oriental se resuelva por 
negociación amistosa, la guerra sólo puede continuarse, 
por parte de Buenos Aires, con violación de uno de los 
más sólidos principios de la ley internacional. No puede 
fundarse ni en justicia ni en necesidad, y la sostendrá 
un partido que tiene poco más quq perder j absoluta- 
mente nada que ganar con ello, contra la misma existen- 
cia del imperio de Brasil y contra los más importantes 
intereses comerciales de Europa. Tengo, etc., etc., etc. — 
(firmado) — R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 



198 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


PONSONBY A CANNING 

(Secreta) Buenos Aires, Octubre 15 de 1827. — Ex- 
celentísimo señor : 

Lavalleja dice que los resultados de la guerra han 
probado a los habitantes de la provincia de Río Grande, 
etc., que S. M. I. es incapaz de protegerlos, en sus vidas 
e intereses, contra las expediciones de despojo y ataque 
de los orientales y otros. Asegura que son muy débiles 
los vínculos que los .unen al emperador y que, en general, 
si no universalmente, el portugués nacido en América 
odia al portugués europeo infinitamente más que al es- 
pañol americano; que todos los nacidos en América, sea 
cual fuere su idioma, se consideran como ligados por in- 
tereses comunes contra su madre patria europea; y que, 
en particular, los portugueses americanos acusan al em- 
perador de parcialidad hacia sus súbditos nacidos en 
Europa, hacia cuya parte del mundo ellos se imaginan 
que S. M. I. mira con esperanza y afección. 

El general Lavalleja cree que, si él consigue probar a 
esas gentes su poder para protegerlos de la venganza 
inmediata de su soberano, estarán inclinados, por interés 
y pasión, a unírsele para ir en contra del emperador y 
cooperar en el esfuerzo para obligarle a restaurar la paz 
y, con ella, hacerle renunciar a todo derecho, no sólo a 
la Banda Oriental, sino también a la vasta y rica comarca 
en disputa. 

V. E. es el mejor juez para medir el alcance de tal 
estado de opinión y sentimiento, si, en realidad, existe 
en el pueblo, y creo V. E. posee información en su poder 
para inclinarle a pensar que tal puede ser el caso. 

Estoy plenamente convencido de que un armisticio, 
fundado sobre las bases propuestas por el ministro me- 
diador y rechazadas por este gobierno, hubiera sido muy 
del agrado de Lavalleja y de perfecto acuerdo con sus 
planes. Pienso que no sería, sin embargo, conforme con 
su política actual tomar una actitud en abierta contra- 
dicción con el gobierno de Buenos Aires, de cuya ayuda 
él depende, en gran parte, por los recursos altamente úti- 
les, sino necesarios para sus désignios, que puede ofre- 
ceide; ni sería conveniente, yo creo, que, en los actuales 
momentos, en beneficio de la paz misma, Lavalleja mos- 
trara al mundo, con sus actos, la existencia de una pro- 



LA MISIÓN PONSONBY 


199 


funda divergencia entre él y el gobierno de Buenos Aires. 

No obstante, considero que Lavalleja podría, privada- 
mente, exponer su opinión sobre la conveniencia del ar- 
misticio y que ésta influiría enormemente sobre el gober- 
nador Dorrego. En consecuencia, y de una manera que 
V. E. puede estar seguro no ofrece peligro, ni aún de 
compromiso personal para mí, hice sugerir estas ideas a 
Lavalleja, por medio de un amigo y confidente suyo, 
procurando hacerle notar las ventajas del armisticio y 
tratando de inducirle a influir privadamente con Dorrego 
a favor del mismo. 

Estoy casi seguro que, si se deja solos a S. M. I. y a 
la república, o, mejor dicho, a Buenos Aires, nunca arri- 
barán a un acuerdo definitivo, y que únicamente la pre- 
sión, ejercida de un modo u otro sobre ambos, puede 
realizar el deseo del gobierno de S. M. : la paz. 

He sido informado, por los comerciantes radicados aquí, 
que la propiedad británica, paralizada por el bloqueo, se 
perderá, en gran parte, si no se consigue embarcar, en la 
época apropiada, los cueros; esto es, en plazo de siete 
meses. 

Este país está sufriendo actualmente, y se extremarán 
sus padecimientos, si la paz es diferida. Las familias de 
las clases pudientes han sido grandemente afectadas en 
sus intereses por el cambio del valor de la moneda, y es 
imposible calcular a qué extremos llegará el daño, si el 
papel decae completamente, como muchas personas inte- 
ligentes consideran que es probable ocurra dentro de 
corto tiempo. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. George Canning, etc., etc., etc. 


GORDON A DUDLEY 

Río de Janeiro, Octubre 22 de 1827. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de adelantar, por deseo de lord Ponsonby, 
una copia de su nota, a mí dirigida el 18 de Setiembre, 
con sus agregados números 1 y 2, recibidos cifrados aquí. 

No necesito decir que no hay probabilidad alguna de 
que las .insinuaciones que contienen sean escuchadas por 
el emperador don Pedro. No.se convencerá a .S. M. I. de 
que ceda Montevideo; en verdad, no es de suponerse. 



200 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Estaba en su poder al comenzar la guerra y, siendo suya, 
ahora, cuando el enemigo se halla reducido a su último 
extremo, habiéndose operado, en realidad, la disolución 
de la república, S. M. I., cuyos recursos no están exhaus- 
tos, sostenido por la opinión unánime del Brasil, al menos, 
en cuanto a la ocupación de Montevideo refiere, segura- 
mente no aceptará la paz sobre la base de una inexpli- 
cable cesión de esa fortaleza. 

En cuanto a tratar con el geneial Lavalleja, este go- 
bierno ha tiempo está en conocimiento del distancia- 
miento de ese jefe y sus compatriotas de Buenos Aires, 
y es bien sabido aquí que el destino de la Banda Oriental 
se resolverá solamente por una inteligencia con los orien- 
tales. Por eso, el señor García, nativo de la provincia, 
ha sido nombrado presidente de Montevideo y el generál 
Lecor ha sido reincorporado al mando del ejército del 
Sur: grandes esperanzas se fundan en la buena acepta- 
ción de estos nombramientos y, sobre todo, en la expe- 
riencia del general Lecor en las relaciones con los nativos, 
esperándose que, finalmente, se llegue a un arreglo que 
deje a Montevideo ocupado, como al presente, para mayor 
seguridad de todos. 

Con excepción de la evacuación de Montevideo, los 
puntos de vista del coronel Dorrego, respecto al cese de 
las hostilidades, armonizan con las propuestas que ade- 
lanté a lord Ponsonby, hace seis semanas, comunicadas 
a V. E. por mi despacho n.° 20. 

Si estas proposiciones se rechazan por el gobierno de 
Buenos Aires, toda esperanza de una pronta terminación 
de la guerra debe abandonarse. Tengo, etc., etc., etc. — 
(firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

CANN1NG A PONSONBY 


Londres, Octubre 26 de 1827. — A S. E. lord John 
Ponsonby. — Exorno, señor: 

Me place comunicar a Y. E. que su proceder, respecto 
a los preliminares firmados por M. García, pero no rati- 
ficados en Buenos Aires, están completamente de acuerdo 
con los puntos de vista del gobierno de S. M. .Los tér- 
minos en que esos preliminares están concebidos no son 



LA MISIÓN PONSONBY 


201 


ciertamente los que un equitativo mediador hubiera pro- 
puesto. Sin embargo, considerando el estado de agota- 
miento de Buenas Aires y considerando también las con- 
secuencias, tanto morales como políticas, que la continua- 
ción de la guerra probablemente ocasionaría a esa repú- 
blica, tomado ei conjunto, habríamos deseado la acepta- 
ción de esa solución. 

Nuestra opinión sería ciertamente distinta, si la sobe- 
ranía de la Banda Oriental pudiera aportar al empera- 
dor don Pedro un formidable acrecentamiento de poder 
en la inmediata vecindad del estado rival. Pero parece 
indudable que, sean cuales fueren las manos a que la le- 
tra del tratado pueda consignar ese territorio, éste no 
representará fuerza real y que, lo que tan calurosamente 
se disputan ambas parte, será, por tiempo por lo menos 
considerable, una ventaja más nominal que real. 

Sin embargo, al aconsejar la aceptación de proposicio- 
nes que indican el sacrificio del principal origen de la 
contienda, nuestro lenguaje, por espíritu de justicia y 
de lógica, debe ser distinto del que hubiéramos empleado 
si ellas fueran más semejantes a las que nosotros había- 
mos sugerido. 

Podemos aconsejarles prudentemente, haciéndoles no- 
tar las dificultades de su propia situación y, para evitar 
mayores males, transar con estas mortificantes ‘condicio- 
nes; pero no podemos juzgar su rechazo de ellas como 
un desprecio a nuestra mediación, ni amenazarles, como 
una consecuencia, con la pérdida de sus ventajas. 

Por el contrario, continuaremos empleando nuestros 
buenos oficios cerca del emperador don Pedro, con el fin 
de inducirle a introducir algunas modificaciones más en 
armonía con los términos originariamente sugeridos por 
el gobierno de S. M. 

El resultado, sin embargo, de cualquier mediación, 
aún de la más poderosa, más amistosa y más imparcial, 
está sujeto a grandes incertidumbres entre contrincantes 
como estos. 

La guerra, aunque muy perjudicial para ambas par- 
tes, probablemente no llegaría a aniquilar a ninguna. 
Para el país más débil e infortunado, la potencia media- 
dora será siempre solicitada con respeto, pues las propo- 
siciones sugeridas por ella siempre serían mejores que las 
que pudiera obtener por sí, en un momento de adver- 



202 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


sidad. En cambio, el más fuerte declinará, o eludirá, 
esas (propuestas, en la esperanza de lograr un triunfo 
más completo del que puede proporcionarle la aceptación 
de ellas. 

Es sólo cuando el tiempo y la laxitud han calmado la 
violencia de los odios recíprocos, que las concepciones 
más ambiciosas son reemplazadas por la apreciación 
prudente de las ventajas o desventajas de una prolon- 
gada contienda. 

El plan de pacificación que Y. E. sugiere, está sujeto, 
por lo tanto, a esa objeción: demanda un grado de pa- 
ciencia y discreción que ninguna de las partes en cues- 
tión ahora alcanza. Alguna estipulación, sobre los mo- 
tivos originales del litigio, será considerada por ellos 
como indispensable en el tratado de paz. 

Pasar por sobre ellas, sub silentio, sin referir a las 
grándes dificultades prácticas a que probablemente lle- 
varía, es lo que, en principio, aceptarán ambas partes. 

Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., etc. — 
( firmado) G-eorge Canning. 

GORDON A DUDIiEY 


Río de' Janeiro, Noviembre 10 de 1827. — Exemo. se- 
ñor: Sin duda lord Ponsonby habrá enterado a Y. E. de 
la acogida que se ha dado en Buenos Aires a las propo- 
siciones de aquí para llegar a un inmediato oese de hos- 
tilidades entre los dos países. 

Sólo, pues, míe falta comunicar a Y. E. que el empe- 
rador, por su parte, se ha rehusado, te nn i na n teme nte , a 
escuchar las contraproposiciones que acaban de llegar de 
Buenos Aires, requiriendo la inmediata evacuación de 
Montevideo por. las fuerzas brasileras. 

Que se hubiera esperado alcanzar esta solución, junto 
con la independencia de la Banda Oriental, como conse- 
cuencia de una negociación amistosa y por el apoyo de 
la Gran Bretaña, habría sido razonable de parte de Bue- 
nos Aires ; pero exigir que todos los intereses de los neu- 
trales, así como 1 la propiedad real de los habitantes nati- 
vos de Montevideo, se abandonen, de golpe, a merced de 
los gauchos, al retirar de inmediato la guarnición, única 
protección para la gente de a'quel pueblo, parece afirmar 



la misión ponsonby 


20ó 


la presunción de que el actual gobierno de Buenos Aires 
más busca una escapada a su bancarrota en la anarquía 
y miseria de sus vecinos, amigos o enemigos, que en un 

franco arreglo de la cuestión. 

Queda al gobierno de S. M. decidir que otra actitud 
debe adoptarse para obtener la terminación de una guerra 
que, cual ninguna, es injusta y desastrosa para todas las 
partes en ella comprendidas. Tengo, etc., etc., etc. 
(firmado) R- Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Noviembre 30 de. 1827. — Excmo. se- 
ñor: La asamblea legislativa se clausuró el 16 del que 
corre, por el emperador en persona, quien pronunció en 
esa ocasión el discurso del cual tengo el honor de incluir 
una copia y traducción. 

Parte de ese discurso es notable, en cuanto ofrece a la 
nación perspectivas de una próxima paz con Buenos Ai- 
res, en forma que podría implicar una cesión de territorio 
de parte del Brasil. Que S. M. I. se exprese así ante las 
cámaras, apenas dos días después de haber ordenado a 
su ministro que rechazara totalmente las oberturas del 
gobierno de Buenos Aires, porque en ellas se requería 
esa misma entrega, sin duda parecerá extraordinario a 
V. E. No tengo razón alguna para creer que cambio al - 
guno ha existido en las vistas de S. M. I., sino que su 
discurso a las cámaras ha sido escrito simplemente para 
tranquilizar al partido que más se agita contra la guerra 
y, al mismo tiempo, para facilitar las operaciones finan- 
cieras que se están negociando para continuarla vigoro- 
samente. 

Por lo demás, ante la perspectiva de una pronta reu- 
nión de los diputados, condición exigida por la constitu- 
ción, en caso de ceder territorio, muchos del Norte, cuyo 
descontento con el gobierno y la guerra se demostró en 
1a última sesión, se quedaron, a consecuencia del discurso 
del emperador, y así, el disgusto de las provincias del 
Norte, que ya ha creado alguna alarma, no se aumentará 
con su presencia e incitación. 


Tengo, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 
A S. E 1 . el vizconde Dudley, etc., etc., etc. 



204 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


PONSONBY A DUDLEY . 

Buenos Aires, Diciembre 4 de 1827. — . Excmo. señor: 
El “Rinaldo” no arribó hasta el 30. Como V. E. ya 
lo sabrá por el señor Gordon, me trajo un rotundo re- 
chazo de las proposiciones y la declaración del propósito 
del emperador de continuar la guerra. Comuniqué esas 
noticias al gobierno, con las palabras del señor Gordon, 
recibiendo la respuesta que adjunto. 

No hice tentativa alguna para inducir a este gobierno 
a iniciar nuevas negociaciones pacifistas. Juzgo que se- 
ría imprudente tal medida en circunstancias en que el 
ministerio se halla perturbado por la discordia interna, 
máxime tratándose de una cuestión que pudiera producir 
controversia. Pero, aparte de esa consideración, opino 
que este gobierno no debe hacer, por el momento, nin- 
guna propuesta de paz. 

Estoy persuadido de que el emperador la interpretaría 
como señal de debilidad y se sentiría estimulado a per- 
sistir en sus demandas. Además, no habría tiempo para 
una amistosa intervención antes que el ejército republi 
cano comience sus hostilidades, pues, indudablemente, 
dentro de unos pocos días se moverá de su actual posi- 
ción para atacar al enemigo. Mucho temo que grandes 
males sufrirán ambas partes, antes que seriamente pro- 
curen la paz ; creo necesario que el emperador sea el más 
probado por esos males, a fin de hacer probable una paz 
permanente. 

Estoy convencido de que los partidarios de la inde- 
pendencia, en la Banda Oriental, no consentirán nun r a 
ser súbditos del emperador y creo que ningún gobierno 
puede existir, en Buenos Aires, lo suficiente poderoso 
para impedir a esa provincia renovar la guerra ; aunque, 
tal vez, en caso de muy grandes dificultades, les sería 
posible hacer la paz. 

En anteriores despachos, he expuesto a V. E. mi opi- 
nión sobre la situación política de este país y sus condi- 
ciones para continuar la guerra, cuando aparentemente 
está privado de todos los recursos necesarios para la 
formación y mantenimiento de ejércitos. Ni los repetidos 
cambios del gobierno, ni aún la bancarrota nacional, ago- 



IjA misión ponsonby 


205 


tarán los medios y deseos de la comunidad de atacar al 
emperador en la Banda Oriental. 

Temo, por consiguiente, que su éxito solo significaría 
la prolongación, no el término, de las calamidades de la 
guerra. Si, por el contrario, los republicanos pudieran 
obligar al emperador a evacuar la provincia, imagino 
que una paz duradera sería posible, tal vez probable. 
Este gobierno, me refiero al de Buenos Aires, creo que 
no se opondría a la independenciá de los orientales, pero 
si quisiera hacerlo así, creo que carece de medios para 
cumplirlo. Sé, por Lavalleja, que él piensa, si alguna 
vez Montevideo y Colonia caen en su poder, destruir sus 
fortificaciones, tan rápidamente como le sea posible. La 
experiencia de esta guerra demuestra, claramente, que 
los brasileros no pueden conservar bajo su dominio nin- 
guna parte del país, excepto sus plazas fuertes; su des- 
trucción, por consiguiente, privará al emperador de toda 
probabilidad de éxito. Si, en este estado de cosas, el em- 
perador y la república tomaran como base la indepen- 
dencia de la Banda Oriental, y convinieran mútuamente 
en garantirla, yo opino que podría concertarse una paz 
firme y estable, que contuviera las estipulaciones nece- 
sarias para aquietar completamente los temores y recelos 
de todos los bandos. 

Yo considero que ninguna dificultad se opondría al 
establecimiento de un . gobierno en la Banda Oriental , 
que sería, por lo menos , tan bueno como los de las pro- 
vincias y el de Buenos Aires mismo. 

Previendo, desde hace largo tiempo, la continuación 
de la guerra y sospechando, no sin buenas razones, que 
podría asumir el carácter de una lucha del republicanis- 
mo contra la monarquía, he tratado, en lo posible, de 
evitar ese mal. Tengo la satisfacción de poner en cono- 
cimiento de Y. E. que el doctor Moreno me ha asegurado 
que su gobierno está persuadido de la inconveniencia de 
dar a la guerra ese carácter, y que no se lo dará. 

Estoy más satisfecho, aún, de haber conseguido, del 
mismo general Lavalleja, la seguridad de que no tolerará 
ningún acto que pueda dar a la contienda otra signifi- 
cación que la de una lucha por la libertad de su patria 
de la dominación extranjera. El me ha enviado, ade- 
más, la promesa de que no formará alianza con ninguno 
de los súbditos de S. M. I. que pretenda rebelarse contra 



206 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


su soberano, lo que entorpecería la conclusión de la paz, 
en caso de que la Banda Oriental fuera rescatada del 
emperador. Ayudará, en todo lo posible, a los enemigos 
del emperador, pero sin hacer causa común con ellos. 

Confío que V. E. aprobará mis esfuerzos, tendientes a 
evitar .todo lo que pueda contribuir a darle a esta guerra 
un carácter político. 

El señor Gordon, con mejor acopio de datos, habrá 
enterado a V. E. del estado y número de las fuerzas bra- 
sileras. Yo, sólo Je manifestaré que creo que es deplo- 
rable, en cuanto a la falta de caballos, cuya abundancia 
es absolutamente necesaria, pues ese elemento es esencial 
para el éxito de la campaña. 

He leído cartas recientes de Lavalleja en las que afir- 
ma que la deserción de alemanes de las tropas de S. M. 
es muy numerosa y que él trata, en lo posible, de favo- 
recer esa deserción, creyendo que la mayor parte de esas 
tropas se le unirá. 

Me he enterado, en otras fuentes, que los soldados ale- 
manes han sido privados por sus jefes de sus armas y 
municiones y confinados en los cuarteles el mayor tiempo 
posible. El ejército de Lavalleja debe contar alrededor 
de siete mil hombres efectivos y pueden sumársele tres 
mil más. Tiene abundancia de caballos, pues los estan- 
cieros se los han cedido voluntariamente, bajo promesa 
de pagárselos cuando pueda. Su plan actual consiste en 
eludir toda acción general y hostilizar al enemigo, pri- 
vándolo de todo auxilio; se propone, especialmente, pro- 
teger a los pobladores, tanto como la naturaleza de la 
guerra lo permita, y realizar la campaña con tropas 
orientales, principalmente, pues éstas obedecen a sus 
oficiales y puede inducirlas a abstenerse de cometer des- 
manes más fácilmente que a otras. 

Además, los orientales son, por mucho, sus mejores 
soldados y son considerados, bajo todos conceptos, la 
gente mejor de estas regiones. 

Sería un atrevimiento de mi parte emitir opiniones 
sobre asuntos militares, pero, apreciados los hechos ocu- 
rridos en la última cam'paña y el estado de cosas actual, 
se pueden anticipar algunos resultados. 'Comparando los 
dos períodos y considerando atentamente todo punto 
digno de estudio, llego a la conclusión de que el empe- 
rador tiene muchas menos probabilidades de éxito que 



LA MISIÓN PON SONBY 


207 


las que tenía el año pasado, y, entonces, su ejército estaba 
completamente derrotado y disperso. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

• A S. E. el vizconde de Dudley, etc., etc., etc. 


CARTA DE RIO GRANDE 

(Extracto de carta, fechada Río Grande, Diciembre 12 
de 1827). Un muy vigoroso enlistamiento ha sido decre- 
tado en esta provincia, con el fin de poner al ejército en 
pie más eficiente para la próxima campaña; pero, tan 
contrarios son los habitantes al servicio, que muchas per- 
sonas aptas para servir han buscado amparo en la fuga. 

Parece, por la mejor información, que las fuerzas bra- 
sileras exceden de 2.000 hombres de caballería y 3.000 de 
infantería, estacionados en tres divisiones, en Santa Tecla, 
Santa Ana y San Francisco de Paula, y se les supone poco 
dispuestos a la lucha. 

El gobierno contrató todas las embarcaciones que ha 
podido conseguir, y las mandó río arriba, con el fin, se 
cree, de pasar el ejército a través de la laguna de los 
Patos, si sufriera una derrota en el primer encuentro. 

El general Lecor, acompañado por Bentos Manuel, llegó 
hace un mes de Santa Catalina, y permaneció en San Pe- 
dro ihasta el 9 del corriente ; se embarcó, repentinamente, 
para San Francisco de Paula. 

Los habitantes de este lugar se quejan amargamente 
del gobierno, por no haberles prestado mayor protección 
contra los corsarios bonaerenses, que han tomado y des- 
truido todos sus buques costeros con muchas cargas de 
valor, en cueros y carnes, que salían de aquí para el Norte 
del Brasil. 


PONSONBY A BALCARCE 


Buenos Aires, Diciembre 26 de 1827. — Excmo. se- 
ñor: El suscripto, etc., etc., tiene el honor de hacer pre- 
sente a S. E. el ministro de relaciones exteriores, que se 
dispone a 'escribir al ministro de S. M. B. én Río de 
Janeiro para recomendarle que aproveche las circunstan- 



208 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


cias" que pareeen ahora favorables para entablar negocia- 
ciones y que proponga al gobierno del Brasil que trate 
la paz sobre la base de la independencia de la Banda 
Oriental, de conformidad con los principios establecidos 
por el gobierno de la república y, a su pedido, trasmitidos 
por el que suscribe al señor Gordon. 

Es altamente ventajoso para la causa de la paz, por la 
cual el gobierno de S. E. está tan justamente deseoso, que 
se sepa claramente cuáles son, al presente, las intenciones 
del gobierno imperial relativas a la base, al parecer única, 
sobre la cual la paz se puede hacer y a la cual el gobierno 
de la república tiene e] mérito de haber dado su diligente 
asentimiento. 

El que suscribe saluda al señor ministro, etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores. 


BALCARCE A PONSONBY 

El ministro que suscribe ha recibido la nota de fecha 
26 del corriente que S. E 1 . el enviado extraordinario y 
plenipotenciario de S. iM. B. tuvo a bien dirigirle, por 
la que se informa que ha escrito al ministro de S. M. B. 
en el Brasil, recomendándole que aproveche las circuns- 
tancias que parecen ahora favorables para iniciar una 
negociación. 

S. E. el señor ministro debe estar persuadido que el 
gobierno encargado de la dirección de las relaciones exte- 
riores y guerra, estará siempre dispuesto a oir proposi- 
ciones para un arreglo honorable. 

Aquéllas, confidenciales, que fueron dirigidas a S. E. 
por este ministerio, fechadas el 15 de Octubre, ofrecen 
un ancho campo, suponiendo siempre que el emperador 
del Brasil está dispuesto a escuchar la voz de la justicia 
y aun de su propia conveniencia. El que suscrib Q . etc., 
etc., etc. — (firmado) J. R. Balear ce. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 


PONSONBY A DUDLEY 


• ('Copia de una nota del ministro de Colombia en Río 
Janeiro', al doctor Moreno.) Privada y secreta. 




I, A MISIÓN PON SON B Y 


209 


Buenos Aires, Diciembre 27 de 1827. — Excmo. señor : 
Habiéndome sido entregada la carta adjunta, con el com- 
promiso de iguardarla en secreto, la envío a V. E., en 
forma privada; y para evitar a V. E. cualquier molestia, 
haré aquí algunas observaciones, que podrían ser inser- 
tadas en un despacho público, pero que tal vez, en resu- 
men, pueden, comunicarse igualmente en privado. 

En la nueva actitud adoptada por S. M. I., V. E. verá 
la explicación del misterio del cual habla el señor Go'rdon 
en su carta privada, de fecha Diciembre 3, en la cual 
escribe lo que sigue: “El emperador no tuvo escrúpulos 
de decirme, a la cara, que Inglaterra era la causante de 
la continuación de la guerra; que él no me molestaría 
más para que ejerciera la gestión de mediador, pero que 
trataría, por sus propios medios, de obtener la paz. Cuá 
les son ellos, dejo que V. E. los adivine, pues yo no los 
conozco”. 

Me tomo la libertad de destacar los siguientes pasajes 
de la carta del señor Palacios que, después de haber ha- 
blado de los deseos del emperador de terminar la guerra, 
por la intervención del ministro de Colombia (él mismo), 
agrega: “Porque S. M. cree, y con razón , que un asunto 
americano debiera arreglarse entre las naciones de Amé- 
rica”. (“Y con razón”, es la observación personal del 
mismo Palacios). 

El emperador espera que el gobierno de Buenos Aires 
haga sus proposiciones y en términos que reduzcan la 
suya a dejar a cubierto el honor y los intereses del Brasil. 
Sobre ventajas comerciales y navegación del Río de la 
Plata, se explicó S. M. en términos muy liberales o, más 
bien, sin limitación alguna”. 

Concibo el verdadero significado de las expresiones del 
emperador como dependiendo de la exacta construcción 
de las palabras “a dejar a cubierto”, lo que significa, 
precisamente, “dejar en seguridad ” el honor y los in- 
tereses del Brasil. 

Sabemos que el emperador ha declarado siempre que 
su propio honor y los intereses del Brasil están compren- 
deos en el mantenimiento de su soberanía sobre la Ban- 
da Oriental, y cuando él exige que el honor e intereses 
del Brasil sean las bases de la propuesta, etc., en el he- 
cho, él no dice más de lo que siempre ha dicho hasta 


14 — 11 



210 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ahora, y no da lugar a creer que está preparado a ceder 
más de lo que siempre ha estado dispuesto a conceder. 

V. E. notará, también, la parte final del mismo pasaje: 
“Sobre ventajas comerciales y navegación del Río de la 
Plata, se explicó S. M. en términos muy liberales o, más 
bien, sin limitación alguna”, lo cual demuestra que 
S. M. I. piensa, todavía, conservar su dominio sobre 
Montevideo, porque es por este solo dominio que él 
puede conferir ventajas a otros u obrar liberalmente en 
bisuntos comerciales y en la navegación del Plata. 

Y. E. también recordará que S. M. I. ha demostrado 
su intención, en casi todas, si no en todas sus proposi- 
ciones, de hacer de Montevideo un puerto libre y más : 
ceder a los barcos de Buenos Aires, como equivalencia 
por el abandono de toda reclamación, sobre la Banda 
Oriental, una exención en ese puerto de ciertos derechos 
que serían todavía cobrados a otras naciones. 

Sobre esto, soy de opinión que el emperador ahora 
sólo ha buscado, por la intervención del señor Palacios, 
obtener lo que él no ha podido conseguir por medio de 
nuestra mediación; y parece como si el señor Palacios 
quisiera negociar una paz bajo la condición de un tras- 
paso absoluto de la Banda Oriental, etc., a S. M. I., arre- 
glo que, si tuviera probabilidad de ser permanente y no 
se hiciera necesario por el agotamiento de los adversarios 
del emperador, deduzco de las primeras y de las últimas 
instrucciones recibidas por V. E., que no estará en con- 
sonancia con la política y deseos del gobierno de S. M., 
ni será justo, ni capaz de producir una paz en el verda- 
dero sentido de la paz. 

El ejército tiene municiones y ropas bastantes para la 
estación. No han podido obtener dinero del gobierno, 
porque el papel moneda no es aceptado fuera de la in- 
mediata vecindad de Buenos Aires; Lavalleja, por lo 
tanto, es realmente independiente de nuestro gobernador 
Dorrego, por el momento. El, repite sus promesas de 
gran prudencia y de evitar, cuidadosamente, toda de- 
claración política sobre formas de gobierno; y así, de 
consiguiente, si él puede, alguna .vez, entrar en posesión 
de Montevideo y desmantelar las fortificaciones, el poder 
del emperador, de renovar la guerra, quedará destruido 
y la paz descansará sobre una base mil veces más firme 



LA MISIÓN PON SONBY 


211 


que la que se pudiera encontrar en cualquier garantía 
imaginable de la nación y gobierno de Colombia. 

También debo mencionar la afirmación de Dorrego, de 
que este gobierno no tiene derecho de consentir la sepa- 
ración de cualquiera de las provincias de la Unión. Esta 
doctrina hace la paz imposible, excepto por la conquista, 
por Buenos Aires, de la Banda Oriental, primero del 
emperador y, después, de los orientales mismos, quienes 
están tan determinados a no pertenecer a Buenos Aires 
cómo a no someterse al emperador. 

La convención ha sido postergada. No sé bien por qué, 
pero creo que debido a las distancias que los miembros 
tienen que recorrer y a las dilatorias, habituales aquí 
para todo. Pienso que se reunirá, porque todos los par- 
tidos parecen tener algún interés en hacerlo. 

V. E. deberá tener siempre en cuenta que Lavalleja 
es gobernador y capitán general de su propia provincia 
y comandante en jefe del ejército de la república y es 
un funcionario público de quien, al presente, nuestros 
mayores intereses dependen : es, para m¿, necesario saber, 
exactamente, sus decisiones con respecto a la paz y, por 
lo tanto, yo he mantenido una comunicación indirecta y 
privada con él, la cual, si es irregular, espero que no será 
desaprobada por Y. E., porque ha sido esencial para ha- 
bilitarme a cumplir las instrucciones del gobierno de S. M. 
y evitar el peligro de que la guerra llegue a ser una guerra 
del principios. Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., 
etc., etc. — (firmado) John Ponsonby. 

A S. E. el vizconde de Dudley, etc., etc., ietc. 


PONSONBY A BALCARCE 

Buenos Aires, Diciembre 30 de 1827. — Exento. se- 
ñor: El que suscribe, etc., etc., tiene el honor de acusar 
recibo de la nota de S. E., fechada el 29, en contestación 
a la nota que el que suscribe tuvo el honor de escribir a 
S. E. el 26 del corriente. 

En aquella nota, el que suscribe no intentó decir que 
él designaba o deseaba proponer al señor Gordon, en la 
carta que iba a escribir, que tratara de reanudar la nego- 
ciación en su totalidad, según fué propuesta por el mi- 



212 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


nisterio de la república, sino sobre la base de la indepen- 
dencia de la Banda Oriental. 

El que suscribe atribuye poca importancia, en el mo- 
mento actual, a cualquier proposición que no sea la de 
la independencia de la Banda Oriental, cuyo reconoci- 
miento, siendo tan ampliamente asentido por el gobierno 
de la república, no puede dejar de ser (según lo espera 
y cree el que suscribe) finalmente adoptado por el go- 
bierno del Brasil. 

El que suscribe ruega a S. E. observe que él no formula 
ninguna proposición al gobierno de la república, siendo 
su objeto enterar a S. E. de que él aconseja y recomienda 
al señor Gordon que trate de promover una negociación 
sobre las bases mencionadas en esta nota. El que sus- 
cribe, etc., etc., etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E'. el general don Juan Ramón Balcarce, etc., 
etc., etc. 



TRATATIVAS EN 1828 
Y LA PAZ 




LA MISIÓN PONSONBY 


21 ñ 


PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Enero l.° de 1828. — Exorno, señor: 
Enterado, de buena fuente, así como por lo que se dice 
en general, de que el señor gobernador ha declarado, por 
repetidas veces, su resolución de no hacer la paz sobre la 
base de la independencia de la Banda Oriental, me pa- 
reció eficaz tratar de traer al gobierno a una. declaración 
explícita de su sentir y, con tal objeto, elevé la nota cuya 
copia tengo el honor de incluir. 

También adjunto la contestación del general Balcarce 
y mi réplica a S. E. Mi propósito es conseguir medios 
de impugnar al coronel Dorrego, si llega a la temeridad 
de insistir sobre la continuación de la guerra, después 
de tener a su alcance los medios justos y razonables para 
hacer la paz. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
soriby. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 


PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Enero 2 de 1828. — Excmo.. señor: Una 
diputación de comerciantes británicos me visitó ayer y 
me entregó las resoluciones de las cuales envío a V. E. 
una copia, acompañada de algunas explicaciones hechas 
por el presidente, señor Duquid. 

A las preguntas contenidas en el artículo 4.°, si, en el 
caso de persistir los daños por parte del gobierno brasi- 
lero, se debiera hacer una consulta a Inglaterra, antes de 
que se corrijan, yo declaré mi imposibilidad de contestar 
y pedí se me enviara la memoria mencionada en la misma 
resolución. 

Aseguré a la diputación, que haría todo lo' que depen- 
diera de mí para evitar dichos perjuicios, y que el señor 
Gordon, en Río, procedería del mismo modo. 

Dejo que estos caballeros hablen por sí mismos, y no 
molesto más a V. E. con mis observaciones al respecto; 
pero me parece oportuno acompañar una copia del acta, 
en la cual las razones asignadas para el decreto muestran 
la ineficacia del bloqueo. 



216 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


He escrito al señor Gordon, informándolo sobre la ur- 
gencia de este asunto, y le envío los mismos documentos 
que a V. E. 

También he escrito al señor cónsul Hood, en Montevi- 
deo, recomendándole protestar contra cualquier atentado 
contra los intereses del comercio británico, y tratar de 
impedir que la propiedad británica caiga en manos bra- 
sileras, de las cuales, parece, hay pocas probabilidades 
de recuperarla. 

S. E. habrá sido informado por el señor Hood (sí lo que 
se repite aquí es cierto) que los agentes americanos y el 
comandante naval (comodoro Biddle) en Montevideo, han 
insistido sobre la excepción, a los barcos americanos, en la 
aplicación de los decretos del gobierno brasilero, ya men- 
cionados. 

El decreto adjunta prueba la relación que tiene con el 
bloqueo, y presumo que la ley británica es aplicable a ellos, 
debiendo insistir para que Inglaterra obtenga el mismo 
tratamiento que cualquier otro neutral que no pueda in- 
vocar un trato especial, acordado. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 
soriby. 

A S. E. el conde de Dudley, etc., etc., etc. 

P. D. — El documento que los comerciantes debieron 
mandarme, ha sido suspendido por el momento. — P. 


PONSONBY A HOOD 

Buenos Aires, Enero 2 de 1828. — Señor: He enviado 
por este correo, al señor Gordon, resoluciones y memorias 
de los comerciantes británicos, referentes a las acciones, 
o amenazas, de las autoridades de Montevideo en perjuicio 
del comercio británico. Los hechos son estos: las merca- 
derías, ahora en las aduanas de Montevideo, para las cua- 
les un prolongado privilegio de venta fué prometido por 
el emperador, y la exacción de vales de los barcos que 
salen de Montevideo, como condición de que no irán a 
Buenos Aires. 

Le suplico que formule la más enérgica protesta contra 
cualquier acto irregular en estas decisiones y que trate de 
impedir cualquier venta, por las autoridades, u otras me- 
didas que priven a los súbditos británicos de su propiedad 




LA MISIÓN POÑSONBY 


217 


y los expongan a la muy remota probabilidad de recupe- 
rarla de los brasileros. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 
sonby. 

A S. S. F. S. Hood, Montevideo. 

PONSONBY A DUDIiEY 


Buenos Aires, Enero 2 de 1828. — Exorno, señor : Tengo 
el honor de incluir un extracto de una carta recién reci- 
bida de Río Grande y fechada el 12 de Diciembre. 

Doy crédito a sus afirmaciones, que coinciden con mis 
datos' excepto en que dan por menos numerosa la infan- 
tería brasilera. 

Las apariencias, sin duda, están muy en favor de los 
orientales, si Lavalleja procede con prudencia, como creo 
lo hará. Su mayor peligro parece estar en las intrigas del 
gobernador Dorrego contra él. 

He oído, de buena fuente, que el ministro de hacienda, 
que ahora ocupa el puesto al cual renunció el doctor Mo- 
reno, dijo ayer que él sabía que Dorrego apoyaba a Fruc- 
tuoso Rivera, aunque lo ocultaba. 

Rivera ha ido hacia la Banda Oriental, y no carece de 
dinero, y espera juntar algunos cientos de hombres. Yo 
creo que esté pago por el gobierno brasilero. 

El mismo ministro dijo que Dorrego está furioso por la 
independencia de la Banda Oriental, agregando que su 
política era mala e insoportable; que si 'la de Lavalleja 
era eficaz contra el enemigo, él sería bastante fuerte para 
desafiar a Dorrego; que, si era batido él (Lavalleja), 
como consecuencia de la conducta de Dorrego, se uniría 
al emperador para arruinar a este país. No puedo decir 
que esto sea imposible; pero no creo sucederá, porque 
me parece que Dorrego será desposeído de su puesto y 
poder, muy pronto. Sus amigos personales empiezan a 
abandonarlo. El partido opuesto a él, parece sólo esperar 
noticias de Córdoba para proceder contra él; la mitad 
de la junta se retira en Febrero, o en la primera semana 
de Marzo; la oposición confía en obtener completa ma- 
yoría en la próxima junta y procederá, en consecuencia, 
a su derrocamiento. 


218 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Parece ahora dudoso si la convención se reunirá en 
Santa Fe, o no se reunirá. 

Bustos, gobernador de Córdoba, y Dorrego, los dos as- 
piran a la presidencia de la república. Talvez cada uno 
trate de promover,, o impedir que se reúna, de acuerdo 
con sus intereses particulares. El partido opuesto aquí a. 
Dorrego, apoyará a Bustos, quien, si es elegido presidente,, 
vendría a residir a Buenos Aires y sería, posiblemente, 
elegido gobernador de esta provincia. Pero esito último- 
lo considero muy dudoso, conociendo, como conozco, los 
planes existente®. 

”E1 señor Parish ha enviado al ministerio de relaciones- 
exteriores una memoria de los comerciantes. Desearía que 
V. E. la hojeara, pues contiene prueba poderosa de la 
verdad de mi opinión sobre muchos asuntos de aquí, como 
ya he tenido el honor de explicarlo a V. E. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon ~ 
sonby. # 

A S. E. el conde de Dudley, etc., etc., etc. 


CORDON A DUDLEY 

Río de Janeiro, Enero 7 de 1828. — Excmo. señor:. A 
la vez que debidamente grato a los conceptos halagadores 
con -que V. E. se digna, en sus despachos del 10 y 24 de 
Noviembre, aludir a mis modestos esfuerzos para alcanzar 
el cese de hostilidades con Buenos Aires, es motivo de 
verdadera pena para mí comprobar que éstos han sido 
tan ineficaces; y me temo que así continúe en tanto un 
armisticio sobre el principio del uti possidetis sea recha- 
zado por Buenos Aires. 

Si se toman en consideración todas las 1 circunstancias 
relativas a la ocupación de Montevideo por los brasileros, 
parece, en efecto, poco razonable esperar que el empera- 
dor consienta en abandonar, en seguida, esa plaza como 
condición llana de un armisticio. 

Creo firmemente que S. M. I. entraría gustoso en una 
negociación definitiva de paz, sobre la base de la inde- 
pendencia de la Banda Oriental; pero él, justamente, 
exige que esto se asegure sobre fundamentos cuya solidez 
garantiera la tranquilidad pública. Es claro que la eva- 
cuación inmediata de Montevideo importaría entregarla 



LA MISIÓN PONSONBY 


219 


al general Lavalleja, que nominalmente actúa como ge- 
neral de la república. Sería entregar las vidas y propie- 
dades de millares de personas a sus enemigos. No sería, 
en efecto, un acuerdo, sino una inexplicable cesión del 
verdadero y único motivo de la guerra. 

Si el señor García, en el mes de Junio, hubiera cum- 
plido las instrucciones de su gobierno (y, con más energía, 
posiblemente lo hubiera hecho), la independencia de la 
Banda Oriental se habría obtenido en una convención 
preliminar, pero no se hubiera consumado sino después 
de la conclusión del tratado definitivo. 

La demanda del gobierno de Buenos Aires, al presente, 
va más lejos, y mientras insistan en la evacuación previa 
de Montevideo, la guerra continuará. En verdad, si su 
persistencia en esta demanda no inclinara a suponer que 
la paz no es el objetivo del gobierno de Buenos Aires, 
se podría preguntar de parte del Brasil: ¿a quién se en- 
trega Montevideo? Si un armisticio, sobre la base del 
statu quo, se pidiera por Buenos Aires, no desesperaría 
del consentimiento de este gobierno ; pero hasta ahora las 
oberturas han partido de este lado, el más fuerte. 

Algunos de mis últimos despachos habrán mostrado 
cuántas dificultades . presenta ahora el tratar la cuestión 
de la pacificación con S. M. I. ; no obstante, tendré el 
honor de comunicar por el próximo paquete el resultado 
de un nuevo esfuerzo, que, con muy leve esperanza de 
buen éxito, he hecho después de recibir los últimos des- 
pachos de V. E., y es: comprometer al emperador a man- 
tener las. proposiciones ya enviadas a Buenos Aires, o sea 
su compromiso de entrar en negociaciones para una paz 
definitiva, sobre la base de la independencia de la pro- 
vincia Oriental. 

La promesa de negociar sobre estos términos llevaría a 
un inmediato cese de hostilidades; fallando esto, trataré 
de obtener del emperador su consentimiento para un ar- 
misticio sobre el principio del statuo quo de los belige- 
rantes, por el cual la mayor parte de la disputada pro- 
vincia quedará ocupada por el ejército republicano. Ten- 
go, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 




220 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Etnero 9 de 1828. — Excmo. señor: 
Lamento tener que manifestar, según cartas que acabo 
de recibir de Buenos Aires, que es probable que los inte- 
reses privados resulten un verdadero obstáculo a la pa- 
cificación con aquel gobierno, sobre cualesquiera términos, 
la que ahora sólo se obtendrá llegando, primero, a un 
avenimiento con el general Lavalleja. V. E. puede fi- 
gurarse cuán grande es el dilema en que se ve el gobierno 
del Brasil, en común con los poderes neutrales que deseen 
colaborar en la obra de la pacificación. 

Un simple acuerdo con las tropas enemigas en la Banda 
Oriental, no puede remover los dos grandes perjuicios de 
la guerra: la piratería y el bloqueo. Estos, que son las 
dos cosas principales que nuestras negociaciones tienden 
a eliminar, son enteramente independientes de la causa e 
intereses del general Lavalleja. La guerra desarrollada 
en la provincia es, relativamente, de poca importancia y, 
probablemente, continuará, con desafío de todos los tra- 
tados. 

Aun suponiendo que se consiguiera la influencia del 
general Lavalleja para conseguir la paz con el gobierno 
de Buenos Aires, aun así, se está formando otro partido 
en la Banda Oriental que, en ese caso, se sostendría en 
contra suya, favoreciendo las vistas del coronel Dorrego 
y otros partidarios de la continuación de la guerra. 

Aludo a Fructuoso Rivera, hombre de gran influencia, 
soldado y pronto a ponerse a la cabeza de ese bando en 
Canelones, en oposición al general Lavalleja. 

Luego, pues, la única posibilidad de paz para el Brasil, 
es llegar, primeramente, a un arreglo con la Banda Orien- 
tal, donde la guerra civil está por estallar, y actuar, con- 
juntamente con los que están divididos entre sí, contra el 
gobierno de Buenos Aires. 

De nuevo tengo motivos para saber que hay grandes 
obstáculos en el camino de un arreglo entre este gobierno 
y el general Lavalleja, a menos que se afirme al último, 
por la intervención de la Gran Bretaña. Tengo, etc., etc., 
etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 




LA MISIÓN PONSONBY 


221 


BALCARCE A PONSONBY 

(Confidencial) (Traducción) Ministerio de relaciones 
exteriores. — Buenos Aires, Enero 12 de 1828. — El que 
suscribe recibió, pero por enfermedad no le había sido 
posible hasta ahora contestarla, la nota confidencial que 
S. E. el señor ministro de S. M. B. tuvo la atención de 
dirigirle el 30 último, en la oual S. E. dice que no es su 
deseo reanudar las negociaciones sobre la totalidad de las 
proposiciones presentadas por el gobierno de la república, 
sino sobre la base de la independencia de la Banda Orien- 
tal, pues, respecto a este importante punto, S. E. el mi- 
nistro supone que los poderes beligerantes estarán com- 
pletamente de acuerdo y que el gobierno de la república 
rio puede sustraerse a él. 

El que suscribe pide a S. E. el señor ministro que ponga 
especial atención en el sentido literal del artículo 4.°, de 
los que le fueron confidencialmente enviados por este m‘- 
nisterio el 15 de Octubre, cómo que habiendo sido rescindi- 
das las bases de la negociación del señor García, sería me- 
jor, en opinión del gobierno, que S. E. considerara la idea 
de un armisticio, que se estipularía (en condiciones equi- 
tativas y recíprocas) , a cuya sanción este gobierno está 
pronto a concurrir ; lo mismo cree de S. M. I. el empera- 
dor del Brasil, desde que el marqués de Queluz hizo igual 
sugestión al señor Gordon, sobre el mismo punto que S. E. 
tuvo la deferencia de someter al gobierno, en Setiembre. 

Finalmente, el que suscribe tiene órdenes especiales de 
su gobierno de hacer saber a S. E. el señor ministro, que 
la‘ república está dispuesta a atender las proposiciones 
relativas al cese de la guerra y que se felicitaría de ter- 
minarla, siempre que dichas proposiciones fueran compa- 
tibles con su honor e intereses. 

A este respecto, el que suscribe no duda que S. E. el 
señor ministro hará todo lo posible para conseguir tan 
importante objeto. 

El que suscribe tiene el honor, etc., etc., etc. — (fir- 
mado) J. R. Ralearte. 

A S. E. lord John Ponscnby, etc., etc., etc. 



222 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Enero 17 de 1828. — Excmo. señor: 
De acuerdo con mi propósito, anunciado a V. E. en mi 
despacho n.° 3, de hacer otro esfuerzo para traer a este' 
gobierno a concertar los términos de un armisticio con 
Buenos Aires, que obtendría, sin duda, el asentimiento 
de este gobierno, comuniqué confidencialmente al minis- 
tro de relaciones exteriores, el 11 del presente, el proyecto 
incluso que, si aprobado por el emperador, me compro- 
metía a que recibiera todo el posible impulso de Inglate- 
rra ante los círculos contrarios. 


Parece que S. M. I. se resiste mucho a h/acer públicas 
sus intenciones de erigir a la Banda Oriental en estado 
independiente, y es posible que la causa de la demora se 
deba a los ardientes esfuerzos de sus ministros para con- 
vencerlo. No obstante, la opinión corriente aquí de que el 
general Lecor logrará seducir al general Lavalleja y su 
ejército, y someterlos, me hace temer que yo no tenga 
ninguna contestación concluyente a mis proposiciones 
hasta que el resultado de la campaña que se inicia al Sur 
sea conocido por S. M. I. Tengo, etc., etc., etc. — (fir- 
mado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 


PONSONBY A BALCARCE 

Buenos Aires, Enero 17 de 1828. — El que suscribe 
tiene el honor de acusar recibo de la nota de S. E. el ge- 
neral Balearce, fechada el 12 del corriente, de la cual se 
deduce que las notas del 26 y 30 último no han sido com- 
prendidas por S. E., en el sentido en que el que suscribe 
las escribió. 

El que suscribe, dejando de lado los puntos menores, 
llamará da atención de S. E. sólo sobre aquellos de im- 
portancia. 

S. E., al citar la nota del que suscribe, lo hace expre- 
sarse así: “que no es su deseo reanudar las negociaciones 
en la totalidad de las proposiciones presentadas por el 



LA MISIÓN PON SON B Y 


223 


gobierno de la república, sino sobre la base de la inde- 
pendencia de la Banda Oriental, pues respecto a este 
importante punto el ministro supone que los poderes be- 
ligerantes estarán completamente de acuerdo, y que el 
gobierno de la república no puede sustraerse a él ’ 

S. E. el general Balcarce encontrará en la nota del 26 
de Diciembre, del que suscribe a S. E., que allí dice : “Els 
altamente ventajoso para la causa de la paz, por la cual 
el gobierno de S. E. está tan justamente deseoso, que se 
sepa claramente cuáles son, al presente, las intenciones 
del gobierno imperial, relativas a la base, al parecer única, 
sobre la cual la paz se puede hacer, y a la cual el gobierno 
de la república tiene el mérito de haber dado su diligente 
asentimiento ’ \ 

S. E. debe ver en lo que antecede una directa contra 
dicción con la idea sostenida por S. E., de que el suscripto 
creía a los poderes beligerantes completamente de acuerdo 
sobre el punto de la independencia de la Banda Oriental. 

Lo contrario se expresa muy claramente allí, y la ne- 
cesidad de asegurarse, ahora , de las intenciones definidas 
del gobierno imperial, respecto a esa base, ha sido de- 
mostrada. 

El que suscribe, en su nota fecha 30 de Diciembre, dice 
que la independencia, siendo (como lo cree y espera) 
aceptada por este gobierno, no dejará de ser adoptada 
por el gobierno del Brasil. 

El que suscribe no encuentra en sus notas nada que 
justifique las aserciones que se le atribuyen, en cuanto a 
que el gobierno republicano no puede rescindir, la política 
adoptada respecto a la independencia de la Banda Orien- 
tal; él, sin duda, creyó que no estaría en los planes del 
gobierno de ,S. E. renunciar a una política que el gobierno 
de la república había formalmente comunicado al que 
suscribe, como ministro mediador, la cual fué necesaria- 
mente trasmitida al gobierno británico, como la política 
declarada de este país; pero el que suscribe no tiene ni 
la pretensión ni el deseo jde intervenir en la conducta de 
este gobierno. 

Ha sido su deber, como ministro de S. M. el rey de la 
Gran Bretaña, quien ha 'consentido en mediar entre la 
república y el Brasil, por solicitación de ambas partes, 
ofrecer a este gobierno su parecer relativo a los medios 
para terminar la guerra, como lo creyó útil, a fin de lie-' 


224 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


gar a un resultado común, y a ese propósito se ha limi- 
tado el que suscribe ; él no ha pretendido ni desea hacer 
nada más. 

S. E. el señor ministro se refiere al 4.° de esos artículos 
(que le fueron confidencialmente enviados por S. E. el 15 
de Octubre último), y él agrega lo que sigue: “porque 
las bases de la negociación del señor García, habiendo 
sido rescindidas, sería mejor, en opinión del gobierno, 
que S. E. considerara la idea de un armisticio que se es- 
tipularía (en condiciones equitativas y recíprocas) , a cuya 
sanción este gobierno está pronto a concurrir; lo mismo 
que cree de S. M. I. el emperador del Brasil, desde que 
el marqués de Queluz hizo igual sugestión al señor Gor- 
don, sobre el mismo punto que S. E. tuvo la deferencia 
de someter al gobierno, en Setiembre”. 

Sobre ese punto de la carta de S. E., el que suscribe 
debe observar, primero, que habiendo sido rescindidas las 
bases de la negociación del señor García., le parece que 
esto implica que, en la opinión de S. E., la base de la 
independencia de la Banda Oriental no se juzga ser ya 
la política declarada de este gobierno; segundo, que las 
proposiciones contenidas en el artículo 4.°, parecían ser, 
entonces, para el que suscribe, de naturaleza que no las 
hacía trasmisibles, oficialmente, al gobierno británico, por 
pretender la "concesión del objeto por el cual la guerra 
continuaba y ser, por ello, manifiestamente estériles para 
el progreso de las negociaciones de paz. 

El que suscribe envió los artículos, en privado, al señor 
Gordon, quien, seguramente, no ha sacado beneficio de 
ellos. 

El que suscribe informó al gobierno de la república 
de su opinión relativa a este artículo y de 'la línea de 
conducta por él adoptada, y él ahora repite a S. E. su 
impresión ; pero, al mismo tiempo, declara que está pronto 
a ser el instrumento para hacer cualesquiera proposiciones 
al Brasil, que este gobierno crea necesarias, siempre que 
no sean de índole tal, que no puedan ser tomadas en cuenta 
por un beligerante que no haya sido antes vencido por su 
adversario. 



LA. MISIÓN PONSONBY 


225 


Itas negociaciones son inútiles, si ambas partes están 
resueltas a pedir todo y a no conceder nada ; la mediación, 
en este caso, es estéril. 

El gobierno británico ha mucho que espera ver exis- 
tente un estado de espíritu razonable sobre este punto; 
y el gobernador de Buenos Aires, al reconocer el principio 
de la independencia de la Banda Oriental, ha dado prueba 
de que el gobierno republicano entró con fines sincera- 
mente pacíficos en la reanudación de las gestiones con- 
ducentes para obtener la paz; o sea, la aceptación de un 
principio de compromiso, no una exigencia irrazonable. 
El gobierno brasilero, hasta ahora, parece adherir a una 
política menos sabia o, talvéz, que sólo tendría éxito (si lo 
tiene) mediante la absoluta conquista. El que suscribe, 
advierte, con gran ansiedad, que ahora se duda si el go- 
bierno republicano mantiene aquel principio sostenido por 
él y se ve, por tanto, obligado a requerir una respuesta 
explícita a la pregunta: “¿consentirá el gobierno de la 
república que la independenica de la Banda Oriental sea 
considerada como base sobre la cual se funden negocia- 
ciones preliminares de paz?”. 

El que suscribe está muy deseoso de hacer todo lo 
que esté en su poder para llegar a la paz, en términos, 
honorables y justos y que sean hábiles para fundar una 
paz duradera y beneficiosa para este país. S. E. el señor 
ministro, que tiene a la vista la documentación de las 
tratativas, debe saber con cuánta asiduidad, el que sus- 
cribe, se ha afanado para llevar adelante este benéfico 
propósito. El que suscribe procederá hasta el fin dentro 
de estos sentimientos de interés en los destinos de este 
país, de acuerdo con su deber ; y él renunciará, si la hora 
llega de que la obstinación irreductible de ambos belige- 
rantes en sostener puntos de vista extremos hace inútil 
su mediación, poniendo término a los esfuerzos que el 
gobierno británico ha realizado para dar fin amistoso 
a la .guerra destructora mantenida entre la república y 
el imperio del Brasil; guerra en la cual los intereses de 
tantos estados neutrales son sacrificados. 

El que suscribe espera que S. E. el señor ministro ten- 
drá a bien dar pronta respuesta a la pregunta que él cree 
de su deber dirigir al gobierno republicano. El ique sus- 
cribe no puede dejar a su gobierno en la ignorancia y 


15 - i 



226 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


debe informarlo inmediatamente del estado de la media 
ción. 

El que suscribe, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 
sonby. 

A S. E. el ministro de relaciones exteriores, etc., etc., etc. 

PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, 18 de Enero de 1828. — Excmo. señor: 
En mi despacho separado, del 20 de Diciembre último, 
tuve el honor de someter a V. E. el esbozo de un proyecto 
para formar un sistema de federación entre los estados 
litorales del Plata y del Paraná, para la seguridad de la 
libertad del comercio, desde la boca del estuario hasta el 
Paraguay y la entrada del Bermejo en el Paraná; todo 
a culminarse con la garantía de la Gran Bretaña, como 
la piedra central y el poder conservador del sistema. 

En las instrucciones que me dio el señor Canning se 
nota la resistencia a atribuir la posesión permanente de 
la llanda Oriental al Brasil, y en el muy reciente des- 
pacho de Y. E., igual falta de voluntad se demuestra por 
la manera cómo V. E. califica su aprobación del convenio 
preliminar del señor García. 

Los archivos del Foreign Office ofrecen muy abundan- 
tes razones para explicar esta falta de voluntad, motivada 
por los propósitos confesados y por la política del minis- 
terio del Brasil si (como parece ser realmente el caso), 
los brasileños pueden hacer efectivos sus propósitos y su 
política. 'Creen ellos que, una vez dueños permanentes 
de la costa entera de Sud América, desde el Amazonas 
hasta el Plata, y pudiendo establecer estaciones en la 
costa africana, seriamente podrán perjudicar, si no con- 
tralorear, a voluntad del gobierno imperial, el comercio 
de Inglaterra con la India, la China y toda el Asia Orien- 
tal y el Pacífico. Imaginan que esto podría hacerse aun 
con una marina bastante reducida, por medio de cruceros, 
empleándolos en la captura de todos los traficantes que 
se atrevieran a arriesgar viaje sin convoy y haciendo, por 
tanto, demasiado costoso el comercio para continuarlo con 
provecho. 

La falta de habilidad y de valor entre los imperiales, 
no ofrece motivos de alarma, por lo que ellos solos ten- 




LA. MISIÓN PONSONBV 


227 


tasen contra los derechos o intereses británicos, pero no 
nos faltan rivales, envidiosos y enemigos bastantes, que 
ayudarían, si pudiesen, a disminuir nuestro poder. 

Si a los brasileños se les consintiera incorporar la Banda 
Oriental y el Río de la Plata a su Imperio, además de lo 
que ya poseen, podrían, en cualquier tiempo, dar faci- 
lidades a Francia, de una naturaleza formidable, para 
atacar con ventaja los intereses marítimos de Inglaterra. 
Bien notoria es la prevención del actual emperador del 
Brasil a Inglaterra; su abdicación de la corona portu- 
guesa le ha libertado, según 41, si no en realidad en gran 
parte, talvez de la mayor parte, de la obligación de cul- 
tivar la amistad de la Gran Bretaña, en el interés de su 
seguridad personal y de su familia ; las vinculaciones co- 
merciales parecen bastante débiles, sabiéndose muy bien 
que las ventajas del comercio pueden asegurarse a una 
nación, apesar de estar en guerra con su mejor cliente ; 
y S. M. I. puede creer que Francia podrá, con facilidad, 
compensar todas las pérdidas que resultarían de una 
desavenencia con Inglaterra. 

Si todo esto fuera cierto, sería conveniente despojar a 
una política hostil (si tal haya) de su poder de hacer 
daño a Inglaterra y quitar al Brasil los medios que, em- 
pleados en la forma que he supuesto, podrían con dificul- 
tad ser destruidos aún por el poder marítimo de la Gran 
Bretaña. 

Si el emperador buscara la ayuda de Francia y pudiera 
entregar a ella todos los puertos de Sud América, la 
Francia, sin duda, podría poner en el mayor peligro una 
inmensa parte de nuestro comercio, por medio de una 
guerra marítima de depredaciones en esas regiones. Los 
puertos principales del Brasil, son fáciles de defender. 
El valor y la habilidad francesa los asegurarían y la 
distancia de su base de recursos, en la que la Gran Bre- 
taña tendría que operar, aumentaría mucho las dificul- 
tades. 

■Estando la posesión de la Banda Oriental, a la cual 
eventualmente se liga la posesión permanente del Plata, 
en manos de la república del Plata, esto podría, en parte, 
ser una defensa contra el peligro citado, siempre que no 
se pudiera colocar a ese estado en situación más de acuerdo 
con la justicia y seguridad. Sin embargo, yo no creo que 



228 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


a Buenos Aires se pudiera confiar, con seguridad, el do- 
minio del Río de la Plata. 'Creo que sucedería fácilmente 
que un partido imperante podría tener intereses privados 
en emplear ese dominio para propósitos franceses o norte- 
americanos, y aún podría seguir la política y unirse con 
el Brasil (como se ha sugerido), para satisfacer miras 
estrechas ; y con la posesión de la Banda Oriental, Buenos 
Aires podría hacer prosperar cualquier proyecto hostil 
que en Río se fraguase contra el comercio británico; ni 
faltan pruebas, en la conducta del gobierno del señor Ri- 
vadavia, de su intención de fomentar los intereses fran- 
ceses en este país. (1). 

Llamo la atención de V. E. sobre la política de don Pe- 
dro, manifestada en su conversación con el señor Palacios, 
y su consonancia con la cantilena del día, que “las cues- 
tiones americanas deberían ser consideradas y decididas 
solamente por los americanos”. 

No sería imposible que estos estados se uniesen con el 
fin de cosechar alguna ventaja imaginaria actual, so capa 
de esos falsos principios patrióticos, que se ha de recordar 
han sido cuidadosamente fomentados, si no engendrados, 
por los norteamericanos, nación cuya presteza en hosti- 
lizar y deprimir los intereses de la Gran Bretaña podrá, 
creo, apenas ser negada por cualquier persona que conozca 
el carácter de ese pueblo. 

En vista de estas circunstancias y de lo que podría 
resultar de ellas, en un futuro no distante, parece que 
los intereses y la seguridad del comercio británico serían 
grandemente aumentados por la existencia de un estado 
que, debido a su posición, podría impedir los males po- 
sibles, o remediarlos, si fueran creados, y en el que los 
intereses públicos y particulares de gobernantes y pueblo 
harían que tuviesen, como el primero de los objetivos na- 
cionales e individuales, cultivar una amistad firme con 
Inglaterra, fundada en la comunidad de intereses y en la 
necesidad manifiesta de todos ellos, que palpablemente 
contribuiría a la protección y prosperidad de la misma 
Inglaterra. 

Tal estado creo que sería una Banda Oriental inde- 
pendiente ; él contiene mucho de lo que sena deseable 
para habilitar a Inglaterra a asumir la política defensiva 
que la prudencia pudiese señalarle que adoptara. La 

(1) La traducción de esta nota — ya publicada, era deficiente, 
corroo se prueba cotejándola con el original. 



LA MISIÓN PONSONBY 


229 


Banda Oriental contiene la llave del Plata y de Sud Amé- 
rica superior; su población está animada por un fuerte 
sentimiento nacional; le desagradan los brasileños y los 
de Buenos Aires, por igual, y se inclina más a los ingle- 
ses que a ninguna otra nación, derivando .en la actualidad 
de Inglaterra la mayor parte de sus conforts y placeres, y 
sus terratenientes principales esperan de la inmigración 
inglesa las mayores probabilidades para adelantos futuros 
en energía y riqueza. Es un pueblo viril y capaz de de- 
fenderse en una campaña, aun con su escasa población, 
contra el Brasil o Buenos Aires, manteniendo su poder, 
el primero, sólo por medio de las fortalezas. 

La intención de La valle ja es desmantelar Montevideo, 
pero creo que se le podría persuadir que conservara la 
ciudadela, que domina el puerto y la ciudad y que puede 
defenderse con un puñado de hombres. 

La Gran Bretaña podrá, con facilidad y sin dar motivo 
justo de queja a otra nación cualquiera, contribuir mucho 
al progreso rápido de este estado, en cuyo establecimiento 
firme yo creo se halla la fuente segura de un interés y 
un poder para perpetuar una división geográfica de es- 
tados, que beneficiaría a Inglaterra y al mundo. 

Con estas ideas, yo he deseado anhelosamente cumplir 
con éxito las instrucciones del señor Canning, que me 
indican, si fallásemos en la propuesta originaria para la 
paz, sobre una compensación pecuniaria al Brasil, que 
tratásemos, entonces, de establecerla sobre la base de la 
independencia de la Banda Oriental y Montevideo. 

Creo que eso pudiera lograrse, aún mismo cuando las 
actuales apariencias favorables resultaran ilusorias, siem- 
pre que la Gran Bretaña creyese conveniente perseguir 
este fin. 

Yo no puedo descubrir ningún título que tenga el 
Brasil para adueñarse de la Banda Oriental, que pudiera 
oponerse a la actitud de Inglaterra, y tampoco tienen 
mayores derechos los de Buenos Aires. La provincia es 
un estado distinto y tiene una existencia legítima, preci- 
samente por el mismo derecho que tiene Buenos Aires a 
su propia soberanía. Hasta ahora, Buenos Aires ha re- 
nunciado formalmente a todas sus pretensiones a la pro- 
vincia, y el único título que pudiera alegar es, más o 
menos, el título alegado por el emperador y que Buenos 
Aires declara nulo, es decir, el acto del pueblo que unió 


230 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


su país a la república, en igual forma en que el emperador 
asevera que se había unido previamente al Imperio. 

Al separar la Banda Oriental de la república, no se 
haría ningún mal a Buenos Aires. Por largo tiempo, los 
orientales no tendrán m'arina y no podrían, por tanto, 
aunque quisieran, impedir el comercio libre en el Plata. 
Para la época en que puedan erigirse en poder naval, 
Buenos Aires habrá establecido comunicación con sus 
propios puertos sobre el Atlántico, más abajo de la boca 
del Plata, que son muy superiores a Montevideo. 

Buenos Aires ganará al ser resguardada contra la in- 
terrupción de su comercio, en el futuro, dejando a Mon- 
tevideo en manos de un estado neutral. A este respecto, 
no puede desear más ; si S. M. tuviera a bien conceder a 
estos países el beneficio de la libre navegación del Plata, 
sería de efectos inestimables ; y, si se me permite decir lo 
que pienso,^ creo que haría más para civilizar y mejorar 
a toda Sud América de este lado de los Andes, que todo 
lo que pudieran hacer todas las otras medidas juntas. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 
sonhy. 

A S. E. el vizconde Dudley, etc., etc., etc. 


BALCARCE A PONSONBY 

(Traducción) Buenos Aires, Enero 26 de 1828. — El 
ministro que suscribe ha recibido la comunicación, del 16 
del corriente, en la cual S. E. el representante británico 
ha creído del caso entrar en determinadas explicaciones 
sobre el sentido verdadero de sus notas confidenciales de 
26 y 30 de Diciembre último, y en virtud de las cuales 
desea una contestación concreta, referente a las bases para 
las negociaciones de paz entre la república Argentina y 
el imperio del Brasil. 

El que suscribe cree inútil volver sobre las dichas notas, 
especialmente después de la conferencia verbal celebrada 
oon S. E. el 22. Para disipar cualquier duda, sobre el 
significado de la nota que el que suscribe debe contestar, 
se impone el grato deber de manifestar cuál es la política 
de su gobierno. Sus procederes han sido siempre francos 



LA MISIÓN PONSONBY 


231 


y fundados en la equidad y la justicia, y no hay razón 
para modificarlos, ya que está persuadido de ser del 
mismo carácter de los del gobierno británico, honorable 
mediador en la presente diferencia. 

Las dudas surgidas respecto a las bases de paz, se han 
originado en el sentido indefinido en el cual la indepen- 
dencia de la Banda Oriental ¡ha sido tomada. 

Reconocerla absoluta y perpetua, importaría, para la 
república y el imperio, sancionar un principio de anar- 
quía, inconstitucional y opuesto al voto expreso de la 
república, cuyas fatales consecuencias fácilmente pueden 
comprenderse. * 

Se infiere de lo sucedido, que la independencia del lado 
Este del Río de la Plata debe ser circunscrita y limitada 
a un período fijo — por ejemplo, cinco años — a objeto de 
poner fin a la confusión y ruina, derivadas de la guerra, 
y para que, vueltos sus habitantes a sus hogares y a sus 
ocupaciones ordinarias, ellos puedan, al expirar el tér- 
mino convenido, decidir, pacíficamente y libres de toda 
restricción, de qué manera quieren fijar su propia exis- 
tencia política. 

Establecidos estos principios, S. E. el señor represen- 
tante británico observará que tenemos en vista la idea 
presentada en el artículo 4.° de los preliminares de Oc- 
tubre. 

El gobierno de la república no limita su deseo a tratar 
un armisticio, pues sería más satisfactorio llegar a una 
paz definitiva ; tampoco pretende pedir todo sin conceder 
nada, lo cual ya ha sido puesto en evidencia por la libe- 
ralidad con que antes propuso condiciones recíprocas, por 
las cuales ambas partes se obligarían. S. E. el señor en- 
viado bien conoce las sinceras y pacíficas vistas del go- 
bierno de la república y debe estar persuadido de que él 
adhiere a ellas, lo mismo que a la firme determinación de 
mantener, por las armas, el honor nacional. 

En una palabra, la base admitida por este gobierno 
para las negociaciones de paz, es la independencia tem- 
poraria de la disputada provincia y, en este entendido, 
S. EL el señor ministro mediador, ya que lo considera 
necesario, puede asegurarse de las intenciones del go- 
bierno imperial. 

Entretanto, el que suscribe anticipa un resultado fa- 



232 LUIS ALBERTO DE HERRERA 


vorable a la prudente gestión de S. E. en este asunto y, si 
así ocurriese, como se espera, el gobierno de. la república 
haría proposiciones con el mismo fin, apenas fuera ofi- 
cialmente notificado. El que suscribe, etc., etc., etc. — 
(firmado) Juan Ramón Balcarce. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A BALCARCE 

Buenos Aires, Enero 28 de 1828. — El que suscribe, 
enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de 
S. M. B., tuvo el honor de recibir la nota de S. E. el señor 
general Balcarce, fechada el 26 del corriente. 

El que suscribe entiende que la independencia de la 
Banda Oriental será reconocida, en virtud de las circuns- 
tancias creadas por la época, y por la política, que impo- 
nen su concesión. 

El que suscribe, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonby. 

A S. E. el ministro de relaciones exteriores, etc., etc., etc. 


PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Enero 28 de 1828. — Exemo. señor: 
Tengo el honor de elevar a V. El copia de una nota de 
S. E. el ministro de relaciones exteriores y mi contesta- 
ción, la que, temiendo que el general Balcarce pudiera 
o quisiera no interpretar en su verdadero sentido, pedí 
al señor Parish la entregara personalmente, explicando, 
en la conversación, los párrafos que creyera necesario. 
El general Balcarce fundó el desgano del gobierno para 
acceder a mis deseos en un concepto errado, casi increí- 
ble, de los hechos. Dijo que entendía que, al mencionar 
yo la independencia de la Banda Oriental, mi intención 
era que su gobierno consintiese que el emperador conti- 
nuase en posesión de las fortalezas de Montevideo y Co- 
lonia . 

El señor Parish se refirió a los documentos oficiales, 
en prueba de lo contrario, y el ministro terminó decla- 
rando su propia conformidad con mis deseos y, en una 
subsiguiente entrevista con el señor Parish, sobre otros 



LA MISIÓN PONSONBY 


£33 


asuntos, le manifestó que deseaba me comunicase que el 
gobernador estaría pronto a hacer de la independencia de 
la Banda Oriental la base de la negociación, etc. ; pero 
que deseaba, primero, hablarme de modo a llegar a un 
perfecto acuerdo sobre ciertos puntos. En consecuencia, 
visité a S. E. El gobernador empezó por expresar que 
“estaba encargado de dirigir las relaciones exteriores 
hasta la reunión de la convención” y que “sus poderes,, 
derivados de las varias provincias, diferían de grado”; 
que, particularmente, no podía suscribir ningún arreglo 
definitivo de paz, sin someterlo primeramente al gobierno 
de la Banda Oriental para su asentimiento. 

Dijo que la convención se reuniría pronto y admitió 
que la opinión de Buenos Aires sería probablemente de- 
cisiva en aquel cuerpo, respecto a la paz, pues Buenos 
Aires, en realidad, soportaba el peso de la guerra. Luego 
me preguntó si la independencia de que yo había hablado, 
debería ser ‘ ‘ permanente o sólo temporaria ’ ’. Le repliqué 
que permanente : una independencia absoluta de ambos 
beligerantes y de todo otro poder, según se había acep- 
tado por el anterior gobierno de la república. El gober- 
nador dijo que no podía acceder a ello, pero si la inde- 
pendencia fuera estipulada por un período fijo, al final 
del cual la Banda Oriental se hallara en libertad de se- 
guir su propia inclinación, sería entonces otra cuestión; 
que, si la independencia de la Banda Oriental fuera con- 
sentida tan sólo por un cierto período, ese arreglo no 
privaría a la república de sus derechos al expirar el 
plazo ; que, en un caso, la cuestión estaba finalmente ter- 
minada; no así en el otro. 

Yo repliqué que el arreglo en cuestión era, en esencia, 
permanente respecto a los beligerantes y extinguía todas 
sus pretensiones de derechos sobre la provincia ; que el 
período estipulado en el proyecto tenía por objeto impe- 
dir que la Banda Oriental se uniera a algunos de los po- 
deres, antes del término del período; y que esta estipu- 
lación obedecía al propósito de disipar los recelos del 
emperador, que podría suponer que la Banda Oriental 
se precipitaría en brazos de Buenos Aires en seguida de 
la evacuación, por sus tropas, del país. 

El gobernador manifestó que le sería mucho más fácil 
persuadir a la gente en favor de un arreglo que tuviera 
la apariencia de ser provisorio, que en favor de una re- 



234 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


áuncia incondicional, para siempre, de todos sus derechos 
a la Banda Oriental, como él calificaba la admisión de 
su independencia más allá de un entendimiento por un 
período limitado. 

, Le repliqué que yo entendía que los beligerantes acep- 
tarían tomar como base la independencia y que la Banda 
Oriental podría comprometerse, por un tiempo determi- 
nado, a no incorporarse a ninguno de los limítrofes, etc., 
pero que quedaría libre, al expirar aquel plazo, de tomar 
la actitud que creyera conveniente, quedando en libertad 
de contemplar sus propios intereses, al igual de cualquier 
estado soberano, y pregunté si yo podría esperar del 
gobierno una contestación en favor de tal principio. El 
gobernador contestó que sí. 

Entonces expresé que confiaba que los delegados de 
Buenos Aires a la convención serían instruidos en ese 
sentido, agregando que “estaba seguro que Buenos Aires 
podría asegurar la sanción, por la convención, de la po- 
lítica que el gobierno había adoptado”. El coronel Do- 
rrego dijo que, sin duda, y que su propia opinión era que 
no habría ninguna dificultad en el seno de aquella asam- 
blea ; que siempre había sido su deseo la paz, y que oir 
cualquier propuesta honorable era su firme política ; que 
esperaba que los hechos ahora hicieran menos obstinado 
al emperador, pues S. M. debía hallarse en gran apremio •, 
que, según datos oficiales, de fecha 12 del corriente, en- 
viados por el general Lavalleja, el ejército imperial se 
retiraba en el mayor desorden del Yaguarón y del Ce- 
rrito; que Lavalleja tenía el dominio de la laguna Merim, 
y que tres grandes convoyes de provisiones y municiones 
para las tropas brasileras habían sido tomados; que el 
enemigo había dejado en el Cerrito un valioso aprovisio- 
namiento; que una expedición iba contra las Misiones 
portuguesas; que tendría buen éxito, y que el número de 
corsarios republicanos había aumentado mucho, tendiendo 
a seguir en aumento ; pero, no obstante todo esto, él sabía 
que la paz era necesaria al país, y que la prefería a la 
certidumbre de todas las ventajas a esperar de la conti- 
nuación de la guerra. 

Contesté que había oído mencionar los sucesos que 
mencionaba S. E. y que hacía ya mucho tiempo yo creía 
en el buen éxito del ejército de la república ; que era bajo 




LA MISIÓN PONSONBY 


235 


esa impresión que apremiaba al gobierno de S. E. a de- 
finir su política, en cuanto a la independencia; política 
necesaria para terminar la guerra y que, en mi entender 
coloca a este gobierno en situación muy ventajosa y 
prueba a todos los neutrales (que sufren actualmente los 
efectos de la guerra) que la república abriga el sincero 
y firme deseo de poner término a las hostilidades, al 
adoptar una proposición sobre la cual es evidente que 
podría fundarse una paz justa, honorable y duradera. 

Agregué algunas otras observaciones, innecesarias de 
detallar, y dejé al gobernador bajo el definido entendi- 
miento, entre nosotros, de que este gobierno está pronto 
a aceptar el principio de la absoluta independencia de la 
Banda Oriental, como base para tratar los preliminares 
de paz; que la Banda Oriental sufrirá limitación, por 
cierto plazo, en cuanto a su derecho de unirse con otros 
estados; y que, a la expiración de ese término, quedará 
plena y enteramente libre de aceptar, o rechazar, cual- 
quier arreglo que guste con cualquier otro estado y será 
absolutamente independiente. Y quedó entendido que la 
gestión del gobernador será, en todo esto, sometida a las 
decisiones de la convención. 

El gobernador sabe que se halla en peligro de verse 
forzado a pactar una paz que él ha ereído tener interés 
privado en retardar. Muchos de aquellos que con más 
violencia pugnaban por la guerra, han tomado ahora 
opuesto rumbo, no poco influenciados, según creo, por la 
creencia prevaleciente, ahora, del levantamiento del blo- 
queo, sobre la duración del cual sus especulaciones de- 
pendían por entero y por las cuales solamente estaban 
inducidos a desear un prolongamiento de las hostilidades. 

La memoria que tuve el honor de trasmitir a S. E. (de 
los comerciantes de aquí) y el conocimiento, público y no- 
torio, de la insuficiencia total de las fuerzas bloqueado- 
ras, me ofrecieron la oportunidad de asestar un golpe, 
que creí de efecto, sobre el partido de la guerra. 

Dije a una persona de mi relación que mi opinión per- 
sonal era que el bloqueo debía levantarse ; que los hechos 
que prueban la ineficacia del bloqueo brasilero, eran in- 
disputables; que la comisión de comerciantes (era uno de 
ellos) había proporcionado nueva prueba sobre el caso, 
todo lo que se había trasmitido a Y. E. ; que la regla de 
bloqueo exige que él resulte real y honradamente efi- 



236 


LUIS ALBERTO DE HE RRA RA 


cíente ; que muy probablemente un resumen de los hechos 
debe haber sido enviado al gobierno de los Estados Uni- 
dos de Norte América y que no era probable que un go- 
bierno tan francamente hostil a bloqueos, dejara pasar 
esta oportunidad de romper éste; que, si Norte América 
reclamaba, y se le permitía el derecho de desconocerlo, 
Inglaterra demandaría igual derecho para ella; y, final- 
mente, que el bloqueo parecía destinado a romperse. Mi 
interlocutor en seguida hizo circular esta opinión, mag- 
nificada y alterada de mil maneras ; pero la gente creyó 
que emanaba de mí, y los fondos subieron, el precio del 
oro bajó y los especuladores de la guerra, alarmadísimos, 
vendieron gran porción de sus mercancías, etc. Las exa- 
geraciones y errores de la versión pronto se corrigieron, 
pero creo que el partido pro guerra desistió, desde ese 
momento, de su juego. Me vi obligado a emplear estos 
medios, por otros y muy serios motivos. Nuestros con- 
ciudadanos se hallaban en un estado de extremada de- 
presión, por temor de ruina, a causa de la prolongación 
interminable de la guerra : un comerciante falleció debido 
a trastorno mental, otro, se hallaba insano. 

Los ingleses eran las primeras víctimas del estado de 
cosas y talvez hubieran sufrido considerablemente por un 
repentino cambio de aquéllas. Creí bien hecho confortar 
a algunos y proteger a otros, siempre que pudiera hacerlo 
sin la menor desviación de mis deberes públicos o priva- 
dos y, simplemente, publicando una opinión, fundada en 
hechos públicos y notorios, que tenía tanto derecho de 
alentar y exponer a la par de cualquier particular. 

Menciono esto a V. E. por si le llega cualquier noticia 
inexacta al respecto. 

También ha surgido un partido pro paz, compuesto de 
personas que, anteriormente, eran violentos sostenedores 
de la guerra, pero que ahora temen tener que prestar una 
contribución • directa. Este partido está listo para lan- 
zarse a los mayores extremos: ha pensado cortar los su- 
ministros a la junta, dando pasos para obligar al gober- 
nador a hacer la paz (según creo) en cualquier condición . 

• 

He tratado de contener esta demencia, demostrándoles 
que, exhibiéndole al emperador la supuesta incapacidad 
de su país para continuar la guerra y la disposición de 
mucha gente a someterse a cualquier condición, inducían, 



LA MISIÓN PONSONBY 


237 


necesariamente, a S. M. I. a elevar sus pretensiones ; que, 
posiblemente, no quedaría, al fin, contento ni aún con el 
reconocimiento de su soberanía sobre la Banda Oriental, 
sino que también demandaría de un pueblo, tan aplastado 
y dividido, el pago de una proporción de sus gastos de 
guerra y que, en vez de llevar a la paz, semejantes acti- 
tudes la alejarían. También hice presente, muy vigoro- 
samente, las razones existentes para esperar el buen éxito 
de Lavalleja, en campaña, y el buen resultado de la ope- 
ración de los corsarios sobre el emperador, exponiéndoles, 
tan bien como pude, la sinrazón de proceder violenta- 
mente en este momento, cuando, todo lo que se podía 
conseguir por las medidas propuestas sería disminuirlo 
talvez destruir, el efecto de la victoria posible, agravando 
la derrota, en caso de tener que sufrirla. Y les hice ver 
la perspectiva de una fácil pacificación, en términos jus- 
tos, honorables, con la probabilidad de ser duraderos y 
originarios de toda clase de bienes, sobre la base de la 
independencia de la Banda Oriental. 

Yo espero, a juzgar por los partes de Lavalleja, recién 
recibidos, respecto al desastroso estado del ejército impe- 
rial, que la causa de la paz ha recibido gran impulso y 
confío que, al fin, estamos acercándonos, rápidamente, al 
término de nuestras gestiones y que los deseos pacifica- 
dores del gobierno de S. M. serán cumplidos. 

Si Lavalleja sale victorioso, presumo que S. M. tendrá 
que hacer la paz, en condiciones de que sea duradera. Si 
Lavalleja es derrotado, esta república hará la paz en 
cualesquiera condiciones. 

Y. E. querrá tener la cortesía, y también la bondad, 
de considerar la situación,, de dificultad extrema, en que 
me encuentro. Seis meses se pasan generalmente antes 
de que yo reciba de Y. E. instrucciones sobre cualquier 
punto, y aunque he traslucido y explicado a V. E,. casi 
todas, si no todas las ocurrencias principales que han 
sucedido hasta la fecha, no ha habido tiempo para que 
hasta ahora yo haya recibido del gobierno de S. M. ór- 
denes algunas para orientar mi conducta, previamente al 
momento en que debo actuar. 

Estoy celosamente dedicado a conseguir que Lavalleja 
cumpla su compromiso de no agitar principios políticos 
como grito de guerra, y de no entrar en arreglos con las 
provincias de S. M. I., que pudieran impedir una paz 
general. 



238 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Supongo que ya habrán llegado hasta V. E. noticias 
de los serios desastres que amenazan en sus propios do- 
minios a S. M. I. Yo he hecho todo lo posible, dentro de 
mi deber, para enterar a S. M. I. de los riesgos a que se 
expone por insistir en esta guerra, y de los peligros a que 
expone a la monarquía. Tengo el honor de quedar con 
sinceridad y respeto, de V. E., etc., etc., etc. — (firmado) 
John Ponsonby. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

P. D. S. He recibido la réplica final del gobernador, 
que agrego a este despacho. Y. E'. verá que trata de 
mistificar, reservándose los medios de actuar a su gusto, 
en adelante. 

La contestación, sin embargo, servirá a mis propósitos. 
Los orientales están contentos con ella, por el momento, 
y me parece que esto es bastante para que podamos de- 
tener, por seis u ocho semanas, los proyectados planes, 
respecto a la junta, del partido ultrapacif ista ; en cuyo 
tiempo, probablemente, los sucesos habrán decidido los 
puntos importantes actualmente en pie. 

Estoy casi seguro que el gobernador nunca tendrá po- 
der para rehusar su consentimiento a la independencia. 
He trabajado ese punto con otras vistas, además de las 
que ya he expuesto a Y. E. 

Si el gobierno de S. M. se viera obligado (lo que es 
posible) a interceder más decididamente de lo que hasta 
ahora lo ha hecho en la contienda, convendrá tener a uno 
de los beligerantes comprometido en una política pacífica, 
que justificará el tono de autoridad, si S. M. se viera 
obligado a usarlo. He tenido también en vista el interés 
particular de este gobierno : un rechazo de la base lo 
hubiera expuesto al peligro de un ataque por las armas 
del partido orientalista, que creo que fácilmente destrui- 
ría el poder del gobernador, pero que aparejaría serias 
confusiones, aumentando todas nuestras dificultades. 

Ha sido también esencial, según queda dicho, para de- 
tener al partido ultrapaeifista, cuyos planes, de efectuarse, 
habrían (además de los males ya expuestos y ya señala- 
dos) obligado a Lavalleja, privado de toda esperanza, por 
esta parte, a fomentar sucesos revolucionarios en los do- 
minios del emperador. 

He dado la contestación adjunta al gobierno, en la cual 
doy la cuestión por sentada, sin entrar en comentarios 
sobre la obvia inconsistencia de las expresiones. 



LA MISIÓN PONSONBY 


239 


Escribí al señor Gordon enterándolo de mi casi certi- 
dumbre de la aceptación, aquí, de una proposición fun- 
dada en la base de la independencia. No mando al señor 
Gordon una copia de la nota de este gobierno, pues po- 
dría provocar confusión, al no ser explicada con la rela- 
ción de todas las circunstancias que la rodean. Debo agre- 
gar que creo que la convención de que se habla no se 
reunirá jamás. — Ponsoriby. 


PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Febrero 12 de 1828. — Excmo. señor : 
Bonifacio Andrada, habiendo estado varios meses en 
Buenos Aires, partió, en Diciembre, a bordo de un cor- 
sario, y fue desembarcado en la provincia de San Pablo. 
Mientras estuvo aquí, concibió o maduró la conspiración 
de la cual agrego toda la información que he logrado 
obtener. La conspiración, se dice, se extiende a todas las 
regiones dél Brasil y muchos de sus directores, incluyendo 
senadores y otras personas con autoridad, están envueltos 
en ella. Los descontentos han ganado a las tropas alemanas 
en Pernambuco ; unos mil hombres. Se proponen captu- 
rar barcos fondeados en ese puerto y transportar esa 
fuerza a Río de Janeiro o Río Grande o a cualquier otro 
sitio elegido. Las tropas alemanas en Río de Janeiro 
— unos mil hombres — también han sido conquistadas y 
deben salir de la ciudad y posesionarse de la Isla Grande. 
Lanzarán una proclama declarando que no consentirán 
ser, por más tiempo, instrumentos de opresión del empe- 
rador sobre el país, pero dejarán los asuntos internos a 
la solución del pueblo, al que se le recomienda en la pro- 
clama que se dirija al senado, exponiendo sus agravios. 
También fueron ganados los irlandeses, últimamente lle- 
gados a Río Janeiro, y su agente fué a Buenos Aires 1 , de 
donde z&rpó, con Fournier, de regreso. Los alemanes, e 
irlandeses serán compensados con campos y dinero; se 
supone que el emperador carece de tropas nacionales para 
sostenerle. Se intenta secuestrarlo, pero, solamente en caso 
de resistencia, matarlo. Se abolirá la monarquía y se crea- 
rán cinco repúblicas, a saber : Pernambuco, Bahía, Río de 
Janeiro, San Pablo y Río Grande. Dorrego, gobernador 
de Buenos Aires, se ha comprometido, por un tratado, a 
sostener esta insurrección y a hacer la paz y alianza con 



240 


LUJS ALBERTO DE HERRERA 


toda provincia que rechace la autoridad del emperador. 
Dorrego se compromete, particularmente, a no suscribir 
la paz entre la república y el emperador bajo ninguna 
fórmula. Los brasileros, por otra parte, se comprometen 
a pagar a Buenos Aires una porción de los gastos incu- 
rridos en la guerra que se ha llevado contra el emperador. 
Pournier zarpó eon órdenes de instruir a los corsarios 
republicanos de cómo deben actuar, y para darles un 
juego de señales que se ba establecido a lo largo de la 
costa; y luego de haber desembarcado su pasajero y el 
dinero y munición de a bordo para los insurrectos, seguir 
a Nueva York; de «allí solicitar el apoyo de los Estados 
Unidos contra cualquier poder europeo que pueda entor- 
pecer la creación de las nuevas repúblicas y los proce- 
deres del Brasil y Buenos Aires. No he podido aún ver 
los documentos donde este asunto se detalla, pero lo que 
antecede me viene de persona que los ha leído. Dice que 
el tratado que asegura las recompensas a los alemanes e 
irlandeses, contiene trece artículos y que, así como el 
pactado con Dorrego, está suscrito por muchos de los jefes 
del Brasil. Mi informante ha obtenido estos datos, sobre 
el asunto, por vía pecuniaria, de uno de sus principales 
agentes, quien dependerá de él, en adelante, según sus 
necesidades o avaricia. Este agente tramitó todo el arre- 
glo entre Dorrego y Andrada. No veo qué conveniencia 
pudiera tener mi informante en engañarme y no creo 
tampoco posible que él esté engañado en este asunto, 
aunque pueda equivocarse algo en el detalle. Espero sa- 
ber, cuando llegue el próximo paquete, algo decisivo en 
cuanto a la fecha en que esta conspiración se pondrá en 
ejecución. Actualmente, sólo sé que hay algunos barcos 
de guerra aquí que van a cooperar en aquélla y com- 
prendo que habrá que dar algún tiempo a las operaciones 
de Pournier ; pero es cosa resuelta que, si algún individuo 
enterado del asunto fuera arrestado, ésta sería la señal 
para el inmediato comienzo de la acción en todas partes, 
de acuerdo con el plan de operaciones ya aprobado y en 
circulación. El emperador talvez pudiera aún detener el 
golpe meditado, si concertara, de inmediato, la paz con 
el general Lavalleja, y espero que al general lo haya 
inducido a prestar oído benevolente a términos razona- 
bles. Pienso que el emperador está en inminente peligro 
y temo que tendría malas consecuencias para los intereses 



LA MISIÓN PÓNSONBY 


241 


británico® el éxito de la conspiración. Copias de los do- 
cumentos a ella referentes y de los tratados, han sido lle- 
vadas por Fournier a Norte América. Trataré, por todos 
los medios, de conseguir yo también copias, pero hay sólo 
cuatro personas en el país que conocen este asunto y sólo 
una, además de Dorrego, que pueda proporcionarlas. 
Tengo el honor de ser sinceramente, etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonby, 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

P. D. Incluyo una copia de mi comunicación, sobre 
este asunto, al señor Gordon. 


CORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Febrero 13 de 1828. — Excmo. señor: 
Es con gran satisfacción que trasmito a Y. E. el resultado 
de mis empeños para inducir al emperador don Pedro a 
asentir a bases de las cuales podemos razonablemente es- 
perar ver sellada la paz en este hemisferio. 

Ya informé a V. E. de las proposiciones que trasmití 
con ese fin a S. M. I. El 6 del presente, recibí la nota 
n.° 1, que incluyo, de S. E. el marqués de Aracaty, tras- 
mitiéndome ciertos artículos preliminares que, aun difi- 
riendo de los míos, asentían, de inmediato, a la indepen- 
dencia de la Banda Oriental y al principio de entrar a 
negociar sobre el statu quo de los beligerantes. 

Había, sin embargo, mucho a objetar en las primeras 
proposiciones del emperador, y fué recién el 12 del co- 
rriente qúe me las devolvió, modificadas, el marqués de 
Aracaty; y espero que serán juzgadas por Y. E. sin ob- 
servación, según texto incluso, n.° 2. 

Considerando a la Banda Oriental como un tercero, 
separado e independiente, cuya aprobación es necesaria, 
sea cuales fueren las condiciones bajo las cuales se espera 
terminar la guerra, y recordando lo especial de la posición 
del general Lavalleja, en relación a Buenos Aires, he pen- 
sado sea ventajoso a la causa de la paz enterar directa- 
mente a ese jefe de las proposiciones del emperador, di- 
rigiéndole, a la vez, una carta, cuya copia acompaño. 

No he dado este paso sin obtener, previamente, la apro- 
bación del emperador don Pedro; de acuerdo con ella, 
S. M. I. va a enviar órdenes al general Lecor para que 

i*.- ii 



242 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


concierte, de inmediato, la tregua entre los ejércitos si- 
tuados en las fronteras de Río Grande, si el general La- 
valleja se inclinara a activar la pacificación con la in- 
fluencia de su presencia en Buenos Aires. 

El señor Fraser, agregado a esta misión, será el por- 
tador de mi carta al general Lavalleja, y como nos ha- 
llaremos capacitados, por su viaje, para tener noción 
exacta del verdadero estado de cosas en la Banda Orien- 
tal y de la forma en que se hace la guerra en la frontera 
del Imperio brasilero, confío que V. E. aprobará el que 
yo lo envíe con esa misión. Tengo, etc., etc., etc. — (fir- 
mado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 


GORDON A LAVALLEJA 

Río de Janeiro, Febrero 13 de 1828. — A S. E. el ge- 
neral Lavalleja, etc., etc., etc. — General: Considerando 
que una paz equitativa es el único legítimo término de la 
guerra y convencido de que sus actos en la' Banda Orien- 
tal son principalmente guiados por este principio, no 
necesitaré mayor excusa para trasmitir a V. E. los pre- 
liminares que incluyo, que han sido aceptados por el 
emperador del Brasil. 

Siendo la suerte de la Banda Oriental el objeto decla- 
rado de la guerra entre el Brasil y Buenos Aires, no me 
cabe duda de que Y. E. saludará gozoso la oportunidad 
que hoy se ofrece para sellar’ la paz, de la cual la inde- 
pendencia de su país de origen forma la feliz báse, y que 
sus esfuerzos propenderán a que se acepte por la repú- 
blica. 

Ruego además a V. E. quiera ver en esta carta una 
prueba del interés que la Gran Bretaña se toma por el 
bienestar de la Banda Oriental, así como por la termi- 
nación de la guerra; y puede usted estar seguro que su 
cooperación en pro de un cese inmediato de hostilidades 
contribuirá, del mejor modo, a asegurar los buenos oficios 
de aquélla en las subsiguientes negociaciones. Tengo el 
honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 



LA MISIÓN PONSONBY 


243 


GORDON A PONSONBY 


Río de Janeiro, Febrero 17 de 1828. — Excmo. señor: 
Las proposiciones que incluyo habían sido aceptadas por 
el emperador y estaban listas para ser despachadas a 
V. E. por el paquete de Buenos Aires, a su llegada aquí, 
cuando recibí la carta de V. E. del 27 último, asegurán- 
dome de las bases sobre las cuales el gobierno de Buenos 
Aires desea tratar la paz. 

No perdí momento en enterar a este gobierno de la 
naturaleza de su comunicación y he rogado al emperador 
que se limite, por ahora, a la simple aceptación de lo que 
se destaca en el despacho de Y. E., siendo el modo más 
seguro de evitar retardos y futuros tropiezos. 

Sin embargo, S. M. I., sin oponerse, en principio, a 
esas bases, considera más expeditivo seguir la obra de 
pacificación de acuerdo con la forma ya propuesta y que 
inclusa trasmito. En ésta, la cuestión de la independencia 
de la Banda Oriental se tiene muy en cuenta y el modo de 
llegar a un rápido fin de las hostilidades se especifica con 
igual claridad. 

La importancia de las concesiones así hechas por S. M. I. 
no escapará a V. E. ; primero, al renunciar a su título a 
la provincia Cisplatina y, segundo, al aceptar que se ne- 
gocie sobre el principio del statu quo de los beligerantes, 
en vez del st atutos anti bellum. 

Quiera el cielo conceder que ellas traigan esta desas- 
trosa guerra a una rápida terminación. Tengo el honor, 
etc., etc., etc. — (firmado) R . Gordon. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 


DUDLEY A PONSONBY 

Londres, Febrero 23 de 1828. — Excmo. señor: Acom- 
paño, con esta nota, una copia de la comunicación que 
S. M. ha dirigido al presidente de las Provincias Unidas 
del Río de la Plata, retirando de esos estados a su repre- 
sentante ante los mismos. Y. E. se servirá presentarla, 
en la forma de estilo. 

Por la copia, también adjunta, de una nota enviada al 



244 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


señor Gordon, Y. E. se enterará de que el gobierno de 
S. M. desea que su partida para Río Janeiro coincida, en 
cuanto sea posible, con el término de la misión de aquél. 
No es, sin embargo, la intención del gobierno de S. M. que 
los movimientos de Y. E. dependan, por completo, de los 
del señor Gordon, al extremo de que, si aquél abandona 
Río, salir, de inmediato, de Buenos Aires; pero es de de- 
sear que así no lo baga Y. E. hasta que su predecesor en 
Río parta, salvo que Y. E. crea de utilidad tener con él 
una entrevista personal antes. 

De la opinión del señor Gordon al respecto, Y. E. será 
informado por las copias adjuntas. 

Antes de salir de Buenos Aires, Y. E. presentará al 
señor Parish como encargado de negocios de S. M. y le 
entregará todos los papeles de la misión, junto con la 
clave y la llave para descifrarla. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) DucUey. 


DUDliEY A PONSONBY 

Ministerio de relaciones exteriores, 23 de Febrero de 
1828. — Excmo. señor: iCon referencia a mi despacho 
n.° 1 (Brasil), de esta fecha, indicándole a V. E. que se 
dirija a Río de Janeiro, como enviado extraordinario y 
ministro plenipotenciario de S. M. ante el emperador del 
Brasil, y a la publicación, en “The Gazette” del 28 de 
Diciembre, del nombramiento del señor Gore como secre- 
tario de la legación en Buenos Aires, debo informar a 
V. EL que se piensa suspender la partida del señor Gore 
hasta que se designe sucesor a Y. E., quedando los asun- 
tos de S. M., en tanto, a cargo del cónsul general. 

Saludo a Y. E. — (firmado) Dudley. 

A S. E. John Ponsonby, etc., etc., etc. 

GORDON A PONSONBY 

(Privado) Río de Janeiro, Febrero 24 de 1828. — Mi 
querido Ponsonby: Le envío a Y. E. algunas explicaciones 
sobre mi nota oficial que fué por el “Thetis”. 

Después del rechazo de nuestras oberturas anteriores, 
en Buenos Aires, he tratado constantemente de conseguir 



LA MISIÓN PONSONBY 


245 


del emperador su asentimiento a un armisticio sobre el 
principio del statu quo de los beligerantes; y, más aún, 
que declarara que estaría de acuerdo con la independencia 
de la Banda Oriental, apurándolo a agregar estas conce' 
siones a sus anteriores proposiciones. El resultado de mis 
esfuerzos ha sido el documento que comuniqué a usted 
por el “Thetis”. No diré que es excepcional, en cuanto 
a forma, pero algún descuento hay que hacer a la obsti- 
nación y vanidad que inflama a las cabezas en estos cli- 
mas y, si se llegara alguna vez a una suspensión de hos- 
tilidades, se llegaría a un arreglo satisfactorio al final. 

Después de las insinuaciones, o más bien dicho, segu- 
ridades, que usted me ha dado con respecto a Lavalleja, 
creí que el modo más seguro y expeditivo de traerlo al 
asunto sería escribirle una carta amable, comunicándole 
las bases brasileras, las que, si le parecían aceptables, 
podría apoyar del modo que mejor le pareciera. He he- 
cho esto con la idea de inducirlo a tener fe en las tran- 
sacciones y sinceramente confío que nuestro gobierno 
garantirá conducta leal por ambas partes. 

He mandado mi carta por intermedio de mi agregado, 
el señor Fraser, y el general Lecor tiene órdenes de aquí 
de aceptar cualquier cosa que proponga Lavalleja, en el 
sentido de una tregua, mientras siguen las negociaciones. 
No puedo decir que no esté confiado en cuanto al resul- 
tado de nuestros esfuerzos, sean los que fueren, pues no 
veo suficiente flexibilidad del lado de la república. A 
menos que nos resolvamos y declaremos, a ambas partes, 
que el arreglo que consideramos justo tiene que aceptarse, 
me temo que nunca se entenderán. 

El emperador ve claramente que no puede ya forzar 
más su bloqueo sobre los barcos neutrales y sólo me sor- 
prende la paciencia de nuestras autoridades navales, que 
continúan reconociendo un bloqueo que, de hecho, puede 
decirse sólo se hace efectivo contra la bandera británica. 

En sus cartas, usted no alude a lo que, para mí, es la 
mayor dificultad en la cuestión pacificación: ¿cuándo y 
a quién se entregará Montevideo? ¿Debe ser evacuada 
por los brasileros antes de que este punto se resuelva por 
un tratado? Su despacho del 27 último no es concluyente 
a ese respecto. El hecho es, no obstante, que todo su con- 
tenido es aceptado por el emperador. 



246 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


1. ° Él tratará la paz sobre la base de la independencia 
de la Banda Oriental. 

2. ° Él consiente que el nuevo estado no esté en libertad 
de unirse, por incorporación, a ningún otro. 

3. ° Él está de acuerdo en entregar las plazas fuertes 
a los orientales. 

Seguramente que si el gobierno de Buenos Aires se 
mantiene consecuente con el contenido de su carta, fir- 
marán una convención preliminar sin mayor vacilación. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gor - 
don. (1) 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A BALCARCE 

Buenos Aires, Marzo 9 de 1828. — El que suscribe, 
etc., tiene el honor de hacer saber a S. E. el general 
Balcarce, que ha recibido una comunicación oficial del 
ministro de S. M. B. en Río de Janeiro, haciéndole saber 
que S. M. I. el emperador del Brasil aceptará tratar la 
paz sobre las siguientes bases: 

1. a S. M. I. tratará la paz sobre la base de la inde- 
pendencia de la Banda Oriental. 


(1) Algo más que una sirruple llamada reclamaría la per- 
sonalidad diplomática del ministro Gordon y su eficiente gestión 
en Río Janeiro; pero, a esta altura, ya escribimos y ordenamos 
papeles bajo gran apremio. Nos limitaremos, pues, a recordar 
algunos datos biográficos. 

Nació en 1791, falleciendo de repenite, en Balmoral, en 1847. 
Quinto hijo de lord Haddo y hermano de lord Aberdeen y de 
Alejandro Gordon, caído en Waterloo. Agregado, en 1810-, a la 
legación de Inglaterra, en Persia; secretario en la Haya; pleni- 
potenciario, en 1815, 1817 y 1821, en Viena, donde traduce lia 
política exterior de Wéllington. 

En Julio de 18í26 se le confía la representación en el Brasil, 
siendo sustituido por Ponsonby, en Agosto de 1828. En esa 
fecha, pasa, como embajador extraordinario, a Constantinopla 
con la misión, que obtiene (pleno éxito, de restablecer las rela- 
ciones amistosas entre su país y Turquía, interrumpidas desde 
la batalla de Nacarino. Allí permlaneció hasta 1831. En Octubre 
de 1841, nomlbrósele embajador en Viena, siendo reemplazado, 
en 1846, por el vizconde Ponsonby. 

Como se ve, en 18,28 y en 1846, se cruza el destino de Pon- 
sonby y de Gordon . La sustitución del segundo por el primero, 
en Río Janeiro, no significó, como por error alguna vez se ha 
dicho, una expresión de desagrado de la cancillería inglesa 
respecto ál desempeño de Gordon. Bastaría observar que la 
misión especial ante la Puerta, Importaba una distinción y, por 
tanto, un premio. 

Por otra parte, actuó con toda eficacia en la obra mediadora, 
colaborando con brillo, celo y mucho acierto en la tarea fecunda, 
librada al talento y a la suprema dirección de Ponsonby. 

Parte de su correspondencia se revela en estas páginas. Ella 
lo muestra como un hombre de pensamiento y de firmes orien- 



LA MISIÓN PONSONBY 


247 


2/ El nuevo estado no podrá unirse, por incorpora- 
ción, a ningún otro estado. 

3.‘ S. M. I. consiente en entregar las plazas fuertes a 
los orientales. 

'Como los términos apuntados contienen en sí las bases 
para la negociación a las cuales el gobierno republicano 
ha asentido, y como ellas son manifiestamente muy ven- 
tajosas, preservando igualmente el honor y asegurando 
los intereses de la república, el que suscribe no duda que 
el gobierno de S. ;Ei. dará su inmediato y cordial consen- 
timiento a estas proposiciones. 

El que suscribe, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonhy. 

A S. E. el ministro de relaciones exteriores, etc., etc., etc. 


PONSONBY A GORDON 


Buenos Aires, Marzo 9 de 1828. — Hon. Roberto 
Gordon. — Señor: He recibido hoy, por el “Heron”, su 
carta fecha 24 de Febrero, y, sin esperar a sus despachos, 
enviados en él “Thetis” (que no han llegado), elevé al 
gobierno la nota que incluyo. 

Su comunicación con Lavalleja debe ser conocida aquí, 


taciones. Concilia la energía con la prudencia. Fervorosamente 
sirve la causa de la ipaz, sobreponiéndose al fastidio que bien 
pudo encender en su espíritu, muchas veces, el caviloso ambiente 
político, y social en .que actuara. 

Con el mejor deseo, secunda la ¡gestión del doctor García, sin 
ocultarle su pesiimismd, y, miás adelante, sugiere y propicia el 
viaje de Fraser al campamento de Bavallaja, que tanta alarma 
despertó en Buenos Aires y que, precisamente por eso, precipita 
la anhelada solución. 

Arrojaría luz completa sobre aquellas negociaciones célebres, 
la publicación complementaria de todas las notas de Gordon, 
como ahora lo hacemos, en su casi totalidad, con las de Ponsonby. 

Desde luego, >la dirigida al almirante Otway, hasta el pre- 
sente desconocida, aporta unía información definitiva sobre las 
causas fulminantes del desenlace. * 

Era irrevocable el propósito de la Gran Bretaña de acabar 
con la guerra y con el enorme daño Inferido a sü comercio 
por ella y por las sentencias (abusivas de los' tribunales de 
presas imperiales, como demostrado está. 

Aun después de suscrita la paz, el almirantazgo inglés, de 
acuerdo con la cancillería, imparte instrucciones a Otway, con 
fecha Noviembre 9 de 1828, ordenándole que proceda «‘a la cap- 
tura y envío a los propios puertos, por vía de represalia, de 
tantos barcos mercantes brasileros como a su Juicio sean nece- 
sarios para compensar las pérdidas sufridas por los dueños de 
los buques y cargas injustamente tomados y confiscados por el 
gobierno del Brasil". 

Todo eso, "en el caso de que fracasaran las reclamaciones 
articuladas ante el gobierno imperial" que, por cierto, no fra- 
casaron. 



248 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


sin tardanza, y el estado de los asuntos reclama, a mi 
juicio, la más rápida solución y que a todos los partidos 
se someta, de inmediato, el proyecto de pacificación, tan 
felizmente traído al punto en que se encuentra. 

Mi despacho cifrado le habrá mostrado a usted la razón 
de alguna de mis opiniones y de ello habrá usted dedu- 
cido cuán grato fué para mí saber de su correspondencia 
con Lavalleja. 

Más aún, es necesario que yo proceda, sin un instante 
de demora, y obligue a Dorrego, a despecho de sí mismo, 
a obrar en directa contradicción con sus compromisos 
secretos con los conspiradores y que consienta en hacer la 
paz con el emperador. La mayor diligencia que pueda 
usted emplear es necesaria; no sea que esta república 
democrática, en la cual, por su verdadera esencia, no 
puede existir cosa semejante, al honor , suponga que pueda 
hallar, en las nefastas intrigas de Dorrego, medios de 
servir su avaricia y ambición. Yo debo anticipar el fra- 
caso de la conspiración de Dorrego y obtener un asenti- 
miento a los términos de paz propuestos, sobre los cuales 
nosotros (si nos place) podamos insistir en cualquier cir- 
cunstancia. 

Espero no encontrar en los propios despachos (cuando 
ellos lleguen) nada que pueda alterar el sentido intrínseco 
de los artículos que he transcripto de su carta. Usted 
observará que he hecho en mi nota al ministro una leve 
alteración en el segundo artículo. 

Su segundo artículo dice: “Él (el emperador) con- 
siente que el nuevo estado no tenga libertad de unirse, 
por incorporación, a. ningún otro”. Yo digo: El nuevo 
estado no tendrá libertad para unirse, etc., etc. 

He hecho esto para impedir que el gobierno aproveche 
las palabras que pueden interpretarse como el derecho 
de negativa de parte del emperador a aquella provisión, 
que es seguro será el punto sobre el cual el gobierno tra- 
tará de derrotar la paz. Deseo dejar a Dorrego en la 
necesidad de formular él mismo la objeción y yo podré, 
entonces, creo, impugnarlo. En efecto, es un requisito 
de gran importancia, porque pone un punto final a las 
intrigas de este país en la Banda Oriental, que, de otro 
modo, seguirían produciéndose sin interrupción en pro- 
vecho privado de particulares. Un arreglo definitivo, que 



LA. MISIÓN PONSONBY 


249 


tenga sello, es necesario. Si es posible que así sea, tanto 
mejor. 

He despachado, para entrevistarse con Lavalleja, a una 
persona en la que confío completamente (por ser del 
mayor interés para ella apoyar mis opiniones), para con- 
certar con aquel jefe las gestiones necesarias a seguir 
para el buen éxito de nuestra obra. Comparto calurosa- 
mente su deseo de que “Inglaterra, vea jueg'o limpio”. 
Es a Lavalleja a quien deberemos la paz, en gran parte 
al menos. Creo que nunca la hubiéramos alcanzado por 
medios correctos sin su cooperación, y es en él en quien 
confío para impedir los planes extravagantes y locos de 
los que han sido arrastrados a la desesperación, talvez, por 
la tiranía del emperador y por sus malas actitudes. En 
una palabra, descanso en Lavalleja para el rechazo y 
derrota del propósito de levantar en Sud América el es- 
tandarte del republicanismo contra la monarquía. Lava- 
lleja me ha prometido que no se combinará, de ningún 
modo, con los súbditos rebeldes del emperador. Ha pro- 
metido limitarse a asegurar la independencia de su pro- 
pio país, y detenerse ahí. 

La independencia de la Banda Oriental será la mejor 
garantía futura para la tranquilidad del emperador; y, 
si nuestro país quiere, como es muy evidente ser su in- 
terés, favorecer a la Banda Oriental y proteger a Lava- 
lleja tanto cuanto pueda, confío que el emperador habrá 
ganado incalculables ventajas por la derrota de sus pro- 
pios planes de usurpación, etc. 

Lamento haberme expresado hasta ahora tan ambigua- 
mente que usted no ha penetrado mi opinión: ¿A quién 
deberá entregarse Montevideo? Sin embargo, usted ha 
procedido exactamente en ese asunto según mi punto de 
vista. Yo siempre consideré que solamente debe darse a 
los orientales. 

Existe un gobierno regular establecido en la provincia, 
del cual Lavalleja es la cabeza: él es gobernador y capi- 
tán general de la provincia. 

La unión de la provincia con Buenos Aires no es más 
que la que surge de su consentimiento para ser una de 
las provincias que forman la república del Plata y, por 
tanto, legalmente, está sometida a la autoridad de Buenos 
Aires, como Buenos Aires puede estarlo a la autoridad 
de la Banda Oriental. 

La provincia, en conjunto, con casi todas las demás, 



250 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ha autorizado al ejecutivo de Buenos Aires a conducir 
la guerra y a tratar la paz. El ejecutivo de Buenos Aires 
ha hecho a Lavalleja general en jefe del ejército nacional. 
Hecha la paz, Lavalleja cesará de ser jefe del ejército 
nacional y quedará gobernador y capitán general de la 
provincia y nada más. 

Puede estar usted' seguro de que él cuidará de ocupar 
Montevideo con orientales y no con bonaerenses. Es, en 
absoluto,’ tan hostil al dominio de esta república sobre 
su país, como S. M. pueda serlo. Todos sus intereses, 
así como sus pasiones, lo estimulan a asegurar la inde- 
pendencia de su tierra. Nuestro objetivo debiera ser ayu- 
dado en ese propósito y apartar, para siempre, toda in- 
tervención en su destino del emperador y de los bonae- 
renses. 

A Lavalleja, pues, como gobernador de la provincia de 
la Banda Oriental, me parece que Montevideo, Colonia 
y otros sitios fortificados deben solamente serié entrega- 
dos y agrego que Buenos Aires debe retirar sus tropas 
de la provincia al mismo tiempo que el emperador retire 
su ejército. Los límites de la provincia, a esos efectos, 
pueden ser suficientemente definidos tomando, como tales, 
las fronteras que se tuvieron por límite cuando el go- 
bierno portugués penetró con sus tropas en el territorio. 
En cuanto a la cuestión de límites, podrá surgir, más 
adelante, bastante preocupación; pero creo que estará 
bien inclinarse al emperador en ese punto, por cuanto él 
ha cedido (aunque por fuerza) en la cuestión principal. 

La negativa, o estorbo, que usted ha notado respecto a 
la exportación de allí de mercadería británica, no signi- 
fica nada. Si se concluye la paz, el asunto se arreglará 
de inmediato ; si continúa la guerra y el bloqueo no puede 
mantenerse por el emperador contra las naciones neutra- 
les, como usted ha observado, y como parece ser necesa- 
riamente el caso, la mercadería inglesa deberá, entonces, 
estar libre para ser exportada, porque no puede haber 
pretexto alguno para impedir a los súbditos ingleses que 
saquen de este país sus bienes ni tampoco, traer sus pro- 
pios elementos de vida, no siendo contrabando de guerra. 

Encuentro en la situación del bloqueo, otra razón más 
para obrar urgentemente ante este gobierno. Si supiera 
que se terminaba, de facto, podría utilizar ese conoci- 
miento para sostener sus deseos íntimos de continuar la 
guerra. No obstanté, no he dicho nada del bloqueo. 



LA MISIÓN PONSONBY 


251 


Trataré de hacer llegar a conocimiento de los nego- 
ciantes los arreglos sobre los asuntos comerciales de Mon- 
tevideo. Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John 

Ponsonby. 

A S. B. Roberto Gordon, etc., etc., etc. 

P. S. He tenido una entrevista con el emperador y 
mando a usted una minuta de nuestra conversación; in- 
cluyo, además, la carta oficial del gobierno, aceptando 
las bases (no enviada). 

Siento un creciente deseo de traer este asunto a una 
terminación tan rápida como sea posible y ruego a usted 
que gestione el envío de un ministro brasilero aquí, con 
plenos poderes. 

Dorrego, eomo usted ve, ha declarado, en términos muy 
elevados, que está pronto a mandar un ministro a Río. 
Si usted escoge esa manera de proceder, Dorrego será 
dueño de prolongar, hasta donde le plazca, la duración 
de las negociaciones. Si tienen lugar acá, puedo obligar 
a Dorrego a concluirlas rápidamente. Si el emperador 
quiere ganarse, muchísimo, la buena voluntad de este 
pueblo, podrá decir que no desea que el ministro se mande 
a su corte, sino que enviará uno aquí en abono de su buena 
disposición. Créame que ese será el modo más seguro de 
obrar. Doy por cierto que ahora sea sincero. Lo que yo 
propongo, me dará trabajo y será extremadamente des- 
agradable; pero dará resultado. 

No le engañe la apariencia de tranquilidad. Esté seguro 
de su realidad. — P. 

BALCARCE A PONSONBY 

(Traducción) Buenos Aires, 10 de Marzo de 1828. — 
El que suscribe, ministro de guerra y relaciones exterio- 
res, acusa recibo de la estimada nota de S. E. el enviado 
extraordinario y ministro plenipotenciario de S. M. B., en 
la cual establece, con referencia a una comunicación del 
representante de S. M. B. en la corte del Brasil, que 
S. M. I. el emperador está dispuesto a tratar sobre las 
siguientes bases: 

1. a Que tratará la paz sobre la base de la independen- 
cia de la Banda Oriental. 

2. a Que el nuevo estado no podrá unirse por incorpo- 
ración a ningún otro estado. 




252 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


3. a S. M. I. consiente en entregar las plazas fuertes a 
los orientales. • 

El gobierno, íntimamente impresionado., ha ordenado 
al que suscribe hacer saber a S. E. lord Ponsonby que 
acepta las dichas bases; y, en consecuencia, está pronto 
a enviar un ministro autorizado a Montevideo, para ajus- 
tar la paz con las personas que S. M. tenga a bien desig- 
nar, en el entendido, sin embargo, que el ministro de este 
gobierno se dirigirá a Río de Janeiro para dicho objeto, 
si S. M. I. prefiriera ultimar las negociaciones allí. 

En esta ocasión, el ministro que suscribe tiene el placer 
de asegurar a S. E. lord Ponsonby que ha sido muy sa- 
tisfactorio para el gobierno, que .S. E, haya sido el ins- 
trumento para dar a la república Argentina y al imperio 
del Brasil una paz sólida y recíprocamente honorable, 
como será, sin duda, aquella hecha sobre las bases pro- 
puestas y aceptadas. 

El ministro de guerra y relaciones exteriores tiene el 
agradable deber de saludar y felicitar, en esta ocasión, 
a S. E. lord Ponsonby con las expresiones de su más dis- 
tinguida consideración. — (firmado) J. R. Balcarce. 

A ,S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

PONSONBY A DUD1.EY 


Buenos Aires, Marzo 10 de 1828. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de adjuntar una copia de la carta que 
recibí ayer, por el “Heron”, del señor Gordon, y la nota 
que escribí, el mismo día, al ministro general Balcarce, 
en consecuencia de la cual S. E. el gobernador manifestó 
su deseo de entrevistarse conmigo, lo que se cumplió hoy. 

Tengo el honor de acompañar un resumen de nuestra 
conversación y la carta oficial que ella provocó, en la cual 
el ministro da el consentimiento inequívoco del gobierno 
a las bases asentidas por S. M. I. para fundar negocia- 
ciones de .paz. 

Tengo también el honor de enviar la copia de una carta 
que dirigí esta mañana al señor Gordon, en la cual Y. E. 
verá expresados los motivos por los cuales yo he proce- 
dido; y sólo debo molestar a V. E. con una razón adicio- 
nal, que posteriormente he conocido, e impone mayor vi- 
gilancia de la sinceridad de Dorrego. 




LA MISIÓN PON SON B Y 


253 


S. E. recordará que recibí, ipor la mañana, una invita- 
ción para una conferencia con el gobernador ; la hora era 
las dos y, el fin, dar una -contestación verbal a las propo- 
siciones de paz. 

He sabido, de fuente segura, que a las 12 del día de 
hoy el coronel Dorrego, en presencia del ministro general 
Balearce, dijo a la persona que fué su agente en todo el 
asunto de la conspiración: “Nunca haré la paz con el 
emperador; me río de él, del señor Palacio y de lord 
Ponsonby, cuyas cartas no me afectan. Esperaré el acon- 
tecimiento en Río ’ ’. 

Estas comunicaciones hechas a mí, no han sido adqui 
ridas con dinero, ni tienen nada que pueda -hacer dudar 
sobre su veracidad. La suma que los conspiradores han 
prometido pagar a este país, es de millones de pesos; y 
esta gran suma es una de las mayores tentaciones de 
Dorrego. 

Estoy seguro que puedo vencer sus esfuerzos para im- 
pedir la paz, si las negociaciones se llevan a cabo en esta 
ciudad. He tomado va las medidas necesarias a esos efee- 
tos; pero, si la conspiración estalla y el emperador es 
secuestrado, yo no sé bien cuál será el resultado. 

Estoy ansioso de despachar el “Heron”, y por eso no 
me demoro escribiendo más extensamente a Y. E. 

Tengo el honor de ser, con gran verdad y respeto, etc. — 
(firmado) John Ponsonby. 

A ,S. E. el conde de Dudley, etc., etc., etc. 


GORDON A DUDLEY 

(Separado y confidencial) Río- de Janeiro, Marzo 17 
de 1828. - — Excmo. señor : Me he sentido profundamente 
turbado por el despacho adjunto de lord Ponsonby. 

Como S. E. me anuncia oficialmente que le da gran 
crédito a lo que dice referente a la conspiración contra 
la vida del emperador don Pedro, he creído que, cuales- 
quiera sean mis propios sentimientos, era imposible ocul- 
tar la comunicación a S. M. I., no obstante venir, como 
viene, sin una sola prueba de su veracidad o clave por la 
que pudiera ser denotada. Confieso que tiene tanta apa- 
riencia de una estratagema para precipitar al emperador 
a hacer la paz con el enemigo, según sus propios términos, 


254 


LITIS ALBERTO I>E HERRERA 


que de muy mala gana he cumplido lo que comprendo 
que es mi obligado deber. 


Tengo, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 
A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Marzo 17 de 1828. — Excmo. señor: 
Había dos alteraciones, o más bien, yo deseaba introducir 
un artículo y omitir otro en las últimas proposiciones de 
paz que he sido autorizado por el emperador don Pedro 
para formular al gobierno de Buenos Aires. Una, requi- 
riendo que el emperador estipule expresamente que, des- 
pués de erigir a la Banda Oriental en estado indepen- 
diente, todas las tropas brasileras, así como las autorida- 
des civiles, se retiren de las fortalezas; otra, que el pasaje 
del art. 4.", que establece que ambas partes se reservarán 
su derecho y pretensiones, exactamente como existían an- 
tes de la guerra, se suprimiera, por inútil, y aún propicio 
a provocar desconfianzas, desde que el emperador ha 
asentido a la independencia de la prcvincia Oriental. 

Mi objeto, en ambos casos, era inspirar confianza, a la 
parte opuesta, en los dichos y en las perspectivas ofre- 
cidas por el emperador ; pero en ninguno pude decidir al 
ministro brasilero a adoptar mis alteraciones, como verá 
Y. E. por la nota que incluyo, del 18 último. Tengo, etc., 
etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E 1 . el conde Dudley, etc., etc., etc. 


LAVALLEJA A GORDON 


Cuartel general en el Pueblo de la Laguna, Marzo 30 
de 1828. — Excmo. señor: El que suscribe, general en 
jefe del ejército republicano, ha recibido, con el mayor 
placer, las comunicaciones que S. E. mister Gordon le 
dirigió, con fecha del 17 de Febrero, por mano ded señor 
Fraser, miembro de la legación británica, que fue tam- 
bién el portador de los preliminares de un tratado de 
paz, aprobados por el emperador del Brasil . 




LA, MISIÓN PONSONBY 


255 


El general en jefe está completamente convencido de que 
una paz justa es el único final legítimo de la guerra* y 
al recibir esta noticia del señor Gordon, el que suscribe 
se sintió lleno, de satisfacción al vislumbrar la proximidad 
de la conclusión de la guerra, que ha afligido tanto a la 
humanidad. 

El que suscribe, general en jefe, acoge con placer las 
6ases propuestas; más aún así, habiendo ellas sido ya 
aceptadas por su gobierno. El interés con que la Gran 
Bretaña ha tomado parte tan activa, mediando en esta 
negociación de modo a activar la paz propuesta, será 
motivo de eterna gr'atitud de parte de la república Ar- 
gentina y de ilimitado reconocimiento de la del pueblo 
oriental. 

S. E. míster Gordon puede quedar firmemente persua- 
dido de que éstos serán siempre los sentimientos del pue- 
blo de Buenos Aires, como son los del general en jefe que 
tiene ahora, por primera vez, el honor de dirigirse a mís- 
ter Gordon, etc., etc., etc. — (firmado) Juan Antonio 
Lavalleja. 

A S. E. don Roberto Gordon, ministro plenipotenciario 
y enviado extraordinario de S. M. B. 

LAVALLEJA A GORDON 


Pueblo de La Laguna, Marzo 30 de 1828. — Mi respe- 
table señor: La carta que V. E. me ha dirigido, por mano 
del señor Fraser, me ha llenado de satisfacción. Me en- 
tera de los sentimientos que inducen a V. E. y a la nación 
británica a contribuir a nuestra felicidad ; y tan generoso 
proceder nunca podrá ser olvidado por la república Ar- 
gentina, y mucho menos por el pueblo oriental, cuyos 
benéficos efectos le alcanzan mis de cerca. 

El señor Fraser ha sido tratado con la mayor considera- 
ción, no sólo por el carácter que inviste, sino también en 
razón del modo especial en que se sirvió V. E. recomen- 
dármelo. De inmediato parte para Buenos Aires y tendré 
el honor de recomendarlo al gobierno de la república. 

El cese de hostilidades depende enteramente de mi go- 
bierno ; pero, entretanto, haré todo lo que esté en mi po- 
der para facilitar la pronta terminación de la guerra', 



256 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


obra que Y. E. ha asumido con tan noble empeño, en 
nombre de la nación británica. 

Ruego a Y. E., etc., etc., etc. — (firmado) Juan Anto- 
nio Laválleja. 

A S. E. don Roberto Gordon, etc., etc., etc. 


PONSONBY A GORDON 

Buenos Aires, Marzo 31 de 1828. — Excmo. señor: 
Ya con ésta la réplica del gobierno al proyecto, etc., que 
me fue enviado por el buque de S. M. “Emulous”. 

Este gobierno está pronto a mandar un ministro, eon 
poderes necesarios, a Montevideo, para tratar, si S. M. I. 
determinara mandar un plenipotenciario a esa ciudad. 
También acompaño mi contestación al gobierno por lo 
que a usted concierne. 

Debe usted saber que existe en el proyecto, como se 
detalla, una diferencia muy esencial del simple reconoci- 
miento de la Banda Oriental como un estado indepen- 
diente. 

En el proyecto, S. M. I. promete erigir en un estado 
independiente la provincia Cisplatina, etc. Para cum- 
plirlo, S. M. I. debe estar convencido de su derecho a la 
soberanía sobre esa provincia y francamente lo asume. 

Esta república siempre se ha rehusado a reconocer ese 
derecho en S. M. I. y, si ahora firmara el proyecto, apa- 
recería otorgando tal derecho al emperador. 

No puede dudarse, también, que S. M. I. tiene ulte- 
riormente en vista, según la actitud que ha adoptado, 
modelar la forma de gobierno que se establecerá en la 
provincia y, posiblemente, nombrar las personas que han 
de componerlo. Siempre he hablado a usted de un f raneo 
reconocimiento de la independencia como la condición a 
la cual este gobierno consentiría, en definitiva, y no 
mencioné ninguna otra. No me responsabilizaré, pues, de 
ningún modo con V. E. por el asentimiento de este go- 
bierno a las actuales proposiciones; pero agotaré mi es- 
fuerzo, en el momento oportuno, para conseguirlo, si 
estuviera en su ánimo oponerse. 

Hasta ahora, he evitado cuidadosamente toda conver- 
sación que pudiera llamar la atención sobre las dificul- 
tades que señalo y que, aunque no se han apuntado, dudo 



LA MISIÓN PONSONBY 


257 


mucho escapen a la observación. Desearía que S. M. I. 
hubiera adoptado otra actitud. Estoy seguro que sus 
intereses se hallarían más firmes y seguros (si es su ob- 
jetivo la paz, como estoy obligado a creerlo) por su retiro 
total de toda ingerencia en la provincia, la cual, dejada 
enteramente a sí misma (con cualquiera sea el gobierno 
que allí se establezca, encontrará su mayor conveniencia 
en procurar la protección y benevolencia de S. M. I. ; pero, 
cualquier gobierno que quiera crear allí, pienso que in- 
mediatamente caerá y el emperador será mirado con des- 
confianza en vez de como protector del nuevo estado. 

S. M. I. accede a entregar las plazas fuertes a los 
orientales. La experiencia debe haberle demostrado que, 
sin las fortalezas, no puede detentar la provincia. De- 
biera saber que ningún partido nativo que se erija en 
gobierno de la provincia, puede guardarle esas fortale- 
zas ; debe saber que sus oficiales creyeron necesario desar- 
mar a todos los habitantes de Montevideo, hecho que debe 
servirle para apreciar el estado de ánimo del pueblo. 

Si se suscribe una paz satisfactoria, soy de opinión que 
este país no volverá a entrar en ninguna empresa hostil 
contra S. M. I., por más turbulento que sea el temple y 
hábitos de esta nación. La Banda Oriental será una ba- 
rrera suficientemente fuerte para impedir ataques desde 
allí y está muy intensamente interesada en evitarlos. 

Ni puede la Banda Oriental ser, en modo alguno, mo- 
tivo de peligro para el emperador. Los salteamientos de 
que tanto se ha hablado, son, por lo menos, problemáticos 
y sería de evidente interés para la Banda Oriental some- 
ter a cualquier cabecilla o salteadores que pretendieran 
perturbar a las provincias vecinas, porque los tales serían 
formidables enemigos de aquel gobierno, que desearía la 
ayuda del emperador para destruirlos, en vez de prote- 
gerlos. 

He estado especialmente deseoso de utilizar su resu- 
men para decidir a este gobierno, sin dejarle retirada, a 
adherir a los principios contenidos en los tres artículos, 
a fin de deshacer los planes de los opositores, que sé con- 
sideran a la paz como el mayor enemigo ; la firma de esos 
tres artículos haría seguramente suponer a la gente que 
la paz es probable. El efecto ha sido paralizar ál partido 
pro guerra y el propio gobernador, según creo, está ahora 


17-11 



258 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


obligado a buscar la paz con sinceridad. Tengo, etc., etc., 
etc. — (firmado) John Ponsonby. 

A S. E. R. Gordon, etc., etc., etc. 


PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Marzo 31 de 1828. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de expresar, en respuesta al despacho 
n.° 19 de Y. E., respecto a las patentes de corso, concedidas 
por el general Lavalleja, que yo no creo que haya causa 
para ninguna aprensión sobre el asunto. 

Si la paz se hace, y el general Lavalleja queda como 
jefe definitivo de su país (la única forma en que concibo 
que tenga nada que ver con asuntos marítimos) , él estará 
bajo las obligaciones que la ley internacional impone a les 
gobiernos, etc. 

Considero que no puede suceder que Lavalleja pretenda 
otorgar patentes de corso, excepto en el caso indicado. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (f r rmado) John Pon- 
sonby. 

A S. E. earl Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Abril 2 de 1828. — Excmo. señor: En 
mi despacho n.° 7 del año que corre, mencioné a V. E. 
que había un partido naciente en la Banda Oriental que, 
encabezado por un hombre de gran influencia, era pro- 
bable que se pusiera en oposición con el general Lavalleja. 
La verdad de esto ha sido confirmada por los hechos, pues 
el 29 de Febrero don Fructuoso Rivera llegó al Durazno, 
eon un número considerable de partidarios, y ha mar- 
chado posteriormente hacia el Rincón de las Gallinas, 
que es talvez la posición militar más fuerte que pueda 
tomarse en la provincia Oriental, sobre la confluencia de 
los ríos Uruguay y Negro. 

Se supone generalmente que su objeto es el de libertar 
a la Banda Oriental del dominio de ambos poderes rivales 
y que se manejará solo, pues se le reconoce mucha de la 
energía desplegada anteriormente por Artigas e igual 
popularidad que la de ese jefe. 



LA MISIÓN PONSONBY 


259 


Aquí se tiene la esperanza de que esté de acuerdo con 
el general Lecor, siendo favorable a los intereses brasile- 
ros. Lo cierto es que continuamente se le unen los deser- 
tores del ejercito republicano. Es doloroso pensar quién 
sabe hasta cuándo podemos aún estar expuestos a las ca- 
lamidades de la guerra en este hemisferio, si ella sigue 
hasta que el destino de la Banda Oriental se decida. No 
se ha recibido todavía contestación alguna de Buenos Ai- 
res a nuestras últimas propuestas. Tengo, etc., etc., etc. — 
(ñrmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 


PONSONBY A DUDLEY 


Buenos Aires, Abril 5 de 1828. — Excmo. señor: V. E. 
está enterado de que yo procedí, inmediatamente que re- 
cibí la nota del señor Gordon, del 24 de Febrero, que 
contenía un resumen de las proposiciones aceptadas por 
el gobierno brasilero, sin esperar a la llegada del texto de 
las proposiciones, despachadas seis días antes que la carta, 
pero que habían sufrido demora por la ruta tomada por 
el “ Thetis”, o a causa de los vientos contrarios. 

Tenía varias razones para proceder como lo hice, que 
confío V. E. estimará justificadas. 

Los tres artículos que el señor Gordon fijaba en su 
sumario de las proposiciones, estaban desvinculados de 
toda otra cuestión; y, sometidos así al gobernador, coro- 
nel Dorrego, que era contrario a la paz , lo colocaban en 
el trance, de aceptarlos, o de manifestar su resolución de 
continuar indefinidamente la guerra, por el rechazo de 
una base unánimemente reconocida como honorable y 
ventajosa para el país. 

Si los artículos hubieran estado acompañados de otras 
cláusulas, él habría encontrado motivo para cavilaciones 
y dilaciones ; y, a mi juicio, así habría sucedido, si el texto 
de las proposiciones le hubiera sido, entonces, sometido. 

El gobernador aceptó las bases y, al hacerlo así, dió el 
golpe final al poder del partido que .aquí, por intereses 
egoístas, especulaciones, etc., apoyaba la guerra, sin preo- 
cuparse de sus consecuencias para el país; y, desde en- 
tonces, el gobernador se ha sentido absolutamente inha- 
bilitado para impedir la paz. 



260 


LUIS ALBERTO DB HERRERA 


Mi otra razón, fué la conspiración contra el emperador. 

Yo sabía que el modo más eficiente de hacer fracasar 
eso , era llegar a la paz, siendo evidente que haciendo pú- 
blico, con la mayor prontitud, tan gran paso dado hacia 
ella, cual era el acuerdo sobre sus bases, el efecto sería 
beneficioso. 

Los sucesos han demostrado, según creo, que obré acer- 
tadamente. 

No bien el gobernador aceptó los tres artículos, empezó 
a aconsejar a los agentes de la conspiración que poster- 
gasen sus operaciones, perdiendo, por ello, esos agentes, 
confianza en él. Sin embargo, todavía les promete un 
apoyo eventual, y ellos dicen que la expectativa de paz 
evitará la consumación del plan, salvo que la insurrección 
todavía no 'haya estallado en Río, o que los conjurados se 
vean obligados a perseverar, por temor de no poder ocul- 
tar su culpabilidad personal al gobierno brasilero. 

Llamo la atención de V. E. sobre lo expuesto, en adición 
a las razones, anteriormente dadas, para no haber facili- 
tado datos a las autoridades brasileras, como me lo pidió 
di señor Gordon, a solicitud del ministro de relaciones 
exteriores. La denomino razón adicional; pero V. E. se- 
guramente reconocerá que yo no necesitaba una razón 
que me impusiera cumplir la promesa bajo la cual había 
sido enterado de la conspiración, quedando habilitado 
para prevenir al gobierno imperial de .su existencia. Fué 
bastante, creo, facilitarle, por sus propios medios, la ave- 
riguación de lo que necesitase saber. 

,Yo había prometido enterar al señor Gordon sólo de lo 
que contenía el despacho cifrado que le dirigí. Estaba en 
libertad de comunicar todo a V. E., confiando que el go- 
bierno de S. M. lo reservaría, a no mediar circunstancias 
apremiantes. 

No molesto a V. E. con más datos sobre el asunto, por- 
que es evidente que, o la insurrección ya ha estallado y, 
en consecuencia, V. E. será enterado desde Río, o que no 
se consumará sino en circunstancias contra las cuales 
Y. E. no puede amparar al emperador. 

Sin embargo, en la debida oportunidad, fatigaré a 
V. E. con el detalle de las pruebas que poseo sobre la 
existencia y objetivo de la conspiración, y creo que V. E. 
compartirá mi asombro de que el gobierno imperial las 
haya ignorado. 



Li ¿ríéiÓN PONSONBY 261 

Tengo el honor dé ifcdüir una copia de la contestación 
de los ministros a la loíÉtál propuesta de bases, hecha por 
el gobierno brasileró, qüé espero serán consideradas sa- 
tisfactorias, en todó cóhcepto, para este país. 

Debo insistir en eí recuerdo, ante V. E., de que la misión 
del señor García, kt año anterior, a Río, surgió a conse- 
cuencia de la declaración verbal de S. M. I. — de los mi- 
nistros de S. M. 1. — (se inserta la palabra ministros, a 
pedido de lord Pdltéofiby, como lo expresa en su despacho 
n.° 16), entonces en .Santa 'Catalina, de que él trataría la 
paz sobre la base de la independencia de la Banda Orien- 
tal, declaración que S. M. I. no mantuvo cuando el señor 
García compareció en su corte y de lo que no se ha dado 
otra razón, en todo momento, excepto que S. M. I. había 
cambiado de opinión. Y. E. admitirá que este gobierno 
tiene motivo para alguna duda y para su declarado deseo 
de que se le dé alguna seguridad, satisfactoria, de que las 
bases propuestas se mantendrán. 

No vacilo en manifestar a V. E. que yo creo que el 
coronel Dorrego y su gobierno están obrando, ahora, sin- 
ceramente, en favor de la paz. Bastaría una sola razón 
para justificar esa opinión : que a eso están forzados. 

Están obligados a ser sinceros, por la pública determi- 
nación del pueblo de ir a la paz y por la negativa de la 
junta de facilitarles recursos, salvo para pagos mensuales 
de pequeñas sumas, juzgadas por ella suficientes para 
los gastos de la guerra en las actuales circunstancias 
(aunque, en verdad, muy inadecuadas) ; y están también 
forzados, por la certidumbre de que, si resisten a una paz 
honorable y ventajosa, serán derrocados. 

Como prueba complementaria, incluyo una proclama 
lanzada en ía Banda Oriental, cuya fecha advertirá Y. E. 
y, también, incluyo una copia de una carta de L avalle ja 
al gobierno de Buenos Aires. Considero que esta carta 
le demostrará a Y. E. la corrección con que ha procedido 
el general La valle ja y la buena perspectiva que su firmeza 
y prudencia ofrecen del futuro buen gobierno de ese país. 

V. E. me disculpará si, al pasar, insisto en que no presto 
oído a las referencias que puedan llegarle con respecto a 
la Banda Oriental y a Montevideo. Probablemente, Y. E. 
oirá mucho que no es exacto, muy bien presentado y ar- 
gumentado, ya que al interés y al prejuicio puede con- 
venir desfigurar los hechos. 



262 luis Alberto de herrera 


• E!n las bases del gobierno brasilero, V. E. observará 
que el emperador “promete erigir a.. Ja. provincia Cispla- 
tiña en un estado independiente”', etc. V. E. (me ha obser- 
vado ya, muy justamente, que la guerra ha' sido princi- 
palmente sostenida para impedir que S. M; I. asuma la 
soberanía de esa provincia. Es claro, según la redacción 
de las proposiciones, que el emperador pretende arrogarse, 
no sólo título a la soberanía, sino ejercer derechos en la 
forma más importante que un soberano - pueda hacerlo. 

Se desprende también (no diré que con seguridad sea 
así) del mismo documento, que el emperador intenta mo- 
delar el sistema de gobierno a establecer en la Banda 
Oriental y, quizás, designar las personas que han de go- 
bernarla. 

Si el gobierno republicano suscribiera un tratado fun- 
dado en estas proposiciones, sin introducir enmienda en 
esas partes, daría algo más que un asentimiento implícito 
a las pretensiones de S. M. I. al dominio de la provincia; 
asentimiento que involucraría un interés general, princi- 
palmente los derechos políticos de varias naciones sud- 
americanas a territorio', sostenidos por el gobierno de 
S. M. (y creo que por común acuerdo en Europa), que 
descansan sobre el reconocimiento de los antiguos dere- 
chos de la metrópoli. 

Ni puede ser del todo indiferente que como parte del 
título de S. M. I. a la soberanía, sea reconocido (como 
voluntad autorizada) el derecho de una parte de un pue- 
blo, subyugado, a crear una soberanía legal. 

La inconveniencia de esta doctrina está elocuentemente 
evidenciada por el hecho de que una fracción mayor de 
ese pueblo (en gran parte compuesto de las mismas per- 
sonas) con iguales formalidades y eon más libertad que 
la que tuvieron para votar por el emperador, declaró que 
la república era parte integrante de la república de La 
Plata. 

. Sobre el primero de estos puntos, creo probable que este 
gobierno, cuando entre a negociar, formulará decididas 
objeciones ; y, en cuanto a la forma de gobierno y desig- 
nación de sus principales miembros, si se intentara, creo 
que también surgirían grandes dificultades, que, talvez, 
sólo serían resueltas por las armas. 

El gobierno, como V. E. lo advertirá, no ha opuesto 



LA MISIÓN FONSONBV 


263 


aún observaciones sobre estos aspectos. Estoy inclinado 
a suponer que todavía no se ha percatado de ellos ; pero 
no puedo esperar que escapen a su atención. Prudente- 
mente he evitado el asunto, entendiendo que no me co- 
rresponde dirigir el comentario hacia cualquier punto que 
retarde la paz ; pero, igualmente, me he abstenido de dar 
juicio en favor de las proposiciones, como están redacta- 
das, en el documento hecho en Río. 

Si se plantea el caso, trataré de persuadirlos de ir a 
una solución que les asegure la realización de los propó- 
sitos que todos ellos desean se consumen y dejar, sin abor- 
darla, la cuestión del título, etc. " ' 

De los recientes y más auténticos da' os sobre el estado 
de los ejércitos, creo resu ! ta que las fuerzas imperiales 
están paralizadas en una estrecha zona y con gran falta 
de provisiones ; que el descontento y la depresión preva- 
lecen en el espíritu de las tropas y, se dice, que la disci- 
plina está muy relajada. 

Es cierto que los habitantes de la región son violenta- 
mente contrarios a la guerra y culpan de ella al empe- 
rador. 

Se afirma que el ejército de Lavalleja posee mucho 
ánimo y abundantes abastecimientos ; lo que más le falta, 
son caballos. 

El jefe, Fructuoso Rivera, que ha sido puesto en mo- 
vimiento por intrigas secretas del coronel Dorrego, se 
asegura que abandona rápidamente la provincia. Dorrego 
se ha visto obligado a dejarlo y ha lanzado una proclama 
declarando a sus adherentes culpables de traición, si, no 
se someten dentro de pocas horas. Este asunto, que al 
principio pareció perturbaría más que ninguno la cau:a 
de la paz, confío que ahora se ha desvanecido. 

Reservo para otra oportunidad lo que además tengo 
que exponer a V. E. sobre el estado de cosas aquí; pero, 
desde luego, debo decir que es opinión corriente que Do- 
rrego, inmediatamente que concluya la paz, piensa enviar 
al ejército nacional a atacar al Paraguay. 

Pienso que este plan no podrá ser cumplido, porque 
todos los soldados desertarán, regresando a sus hogares. 

Es también versión corriente que el coronel Dorrego 
será derrocado de su puesto de gobernador, etc., tan 
pronto como la paz se realice. 

Confío que V. E. comprenderá que recién momentos 



264 LUIS ALBERTQ DE HERRERA 


antes de partir el correo ine resuelvo a escribir a V. E. 
desde un país donde todo está expuesto a cambiar a cada 
hora, etc. 

Espero que V. E. aceptará mis excusas, hasta donde 
sean razonables, por el deficiente cumplimiento de esa 
parte de mi deber de escribir despachos. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon* 
soriby. 

P. D. — El señor Forbes, encargado de negocios de 
Estados Unidos, se expresa vivamente contra la paz pro- 
puesta, según es me informa, en la que, dice, ‘ ‘ la república 
sacrifica su honor”, al consentir la independencia de una 
provincia que fue suya. 

Los norteamericanos, aquí, usan, generalmente, el mismo 
lenguaje; talvez a ello los inclinan los provechos que les 
representa ser las únicas, o las principales personas que 
abastecen a esta ciudad bloqueada. 

El señor Forbes experimentó mucha sorpresa por los 
recientes sucesos. Él creía imposible la paz ; previamente 
a su llegada a Montevideo, había manifestado qu-e la paz 
era universalmente deseada allí y que la hostilidad de 
sus habitantes al emperador y a la guerra era muy grande, 
al extremo de inducir a las autoridades imperiales, allí, a 
quitarles las armas. — P. \ 

A S. E. earl Dudley, etc., etc., etc. 

DUDIiEY A GORDON 


Londres, Abril 5 de 1828. — Excmo. señor: No pierdo 
tiempo en enviarle copia, para su conocimiento, de un 
informe, que acabo de recibir del abogado de la cancille- 
ría, relativo al bloqueo del Río de la Plata. 

V. E. procederá, sin demora, a presentar, fundado en 
él, una reclamación al gobierno, brasilero. 


S. M. respetará un bloqueo, uniformemente mantenido 
contra buques de toda clase; pero su almirante recibirá 
órdenes para proteger al comercio británico contra los 
éfeetos de una parcial y, por tanto, injusta exclusión. 

En seguida de recibir esta nota, V. E. se pondrá en 
comunicación con el jefe de la escuadra (Je S. M., ahí 
estacionada, quien, al mismo tiempo, recibirá instruecio 



LA MISIÓN PONSÓÑBY 


265 


nes de regir su conducta por los iáfbrmee de Y. E., por 
la respuesta que Y. E. reciba del gobierno brasilero y 
por su comprobación de la efectividad de sus promesas 
de completar el bloqueo. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) Dudley. 

A S. E. Robert Gordon, etc., etc., etc. 


GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Abril 11 de 1828. — Excmo. señor: El 
buque de \ M. ‘ ‘ Ranger ’ ’, que lleva está nota, me habría 
conducido a mí a Inglaterra, de haber podido colegir de 
las últimas comunicaciones recibidas de feuenos Aires, si 
se hacía la paz o si continuaba la guerra. 

Los detalles de la tan extraordinaria circunstancia de- 
bido a la cual no pude despedirme de ésta corte en el 
momento actual, de acuerdo con las instrucciones de 
Y. E., se hallarán, sin duda, explicadas ejn los despachos 
de lord Ponsonby que van por este miSttío correo. 

El 17 de Febrero, oficialmente envié, por el buque de 
S. M. “Thetis”, las bases brasileras de páz, ya conocidas 
de Y. E., y el 24 del mismo mes escribí una carta parti- 
cular a lord Ponsonby, urgiendo el asentimiento del go- 
bierno de Buenos Aires y tratando de demostrar que, en 
realidad, ambas partes coincidían en lo mismo. 

Desgraciadamente, mi carta privaba alcanzó primero 
a lord Ponsonby y le ha parecido biéá utilizarla oficial- 
mente, de manera que temo que no séíó no obtenga, sino 
que frustre el objeto que ambos tettémos en vista. Tan 
confidencial era mi carta del 24 dé Febrero, y tan lejos 
de mí la idea de que se hiciera de ella un uso tan impor- 
tante que, mientras, en mi justificación, me veo obligado 
a incluir un extracto de la misma, pido disculpas a V. E. 
por hacerlo así. 

Al mismo tiempo, tengo el honor de acompañar R copia 
de una carta que he dirigido a lord Ponsonby, 
francamente mi opinión sobre su actitud. 

V . E. se sorprenderá de saber que el gobierno 
declina tomar en consideración los últimos des* 
lord Ponsonby a mí dirigidos, antes de la llegad 
que traigan una contestación a la overtura f-orr 
enviada por el buque de S. M. “Tíhetis”, el 17 * 



266 


LUIS ÁLBÉRTO DE HERRERA 


Así, pues, la pacificación puede considerarse que está 
como estaba en la fecha de mis últimos despachos. 

Debido al regreso precipitado del ‘ ‘ Herón ’ \ de Buenos 
Aires, que debía haber traído al señor Fraser, de retorno 
de Santa 'Catalina, de donde no había regresado, proce- 
dente del cuartel general, cuando el “Herón” tocó allá, 
no puedo informar sobre la opinión del general Lavalleja 
respecto a la actitud de este gobierno y a la promesa del 
emperador de conceder la independencia de la provincia 
Oriental. Tesgo, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 


FRASER A GORDON 

Buenos Aires, Abril 13 de 1828. — Exemo. señor: 
De acuerdo con las instrucciones contenidas en su carta 
de fecha 18 de Febrero, me dirigí, como mejor me fué 
posible, al cuartel general del ejército brasilero; debido 
a , la gran distancia que media hasta Santa Catalina y, 
luego, a la demora obligada impuesta por la falta de me- 
dios de locomoción en el Brasil, no llegué allí hasta el 
24 de Marzo. 

Inmediatamente de mi llegada, le fué dirigida una 
carta al general Lavalleja, por el vizconde de la Laguna, 
enterándolo de la misma y pidiéndole fijara sitio y fecha 
en que yo pudiera celebrar una entrevista con él. 

~ 'Dos días se pasaron sin obtener contestación alguna 
y, durante este tieinpo, el ejército brasilero, habiendo 
consumido todo el forraje en la región vecina, tuvo que 
cambiar de posición, lo que hizo avanzando seis millas; 
cón este movimiento, sus guardias avanzadas llegaron a 
orillas del Yaguarón. El general Braun, segundo en el 
mando, se puso a la cabeza de un regimiento de caballe- 
ría, cruzó el río en el paso de Sarandí y persiguió a las 
avanzadas del ejército republicano. Tengo motivos para 
creer que esta operáción, que estaba en abierta contra- 
dicción con las órdenes del general Lecor, despertó sos- 
pechas de traición en el ánimo del general Lavalleja, 
exponiéndome al peligro de ser tomado por una partida 
de gauchos, los que, a mi regreso de la entrevista con el 
general Lavalleja, me persiguieron hasta algunos cente- 
nares de yardas del Campo brasilero; y le costó, a un 



LA MISIÓN; PONSONBY 


267 


oficial castellano, que me acompañaba, convencerlo» de 
que me dejaran pasar sin molestias. 

Fui recibido por el general Lavalleja en la orilla 
norte del Yaguarón, en una¡ pequeña población llamada 
por los brasileros Cerrito y por los bonaerenses pueblo 
de la Laguna. Su situación, en la confluencia del Ya- 
guarón con el lago Merim, hará de ella uno de los sitios 
más importantes en la provincia de Río Grande; pero, 
ahora, estaba desierto. Estuvo una vez en poder de los 
patriotas, durante la campaña de este año, y hallándose 
ahora abierta a sus incursiones, ha sido completamente 
abandonada y es casi seguro que fué sólo por la satisfac- 
ción de recibirme al norte del Yaguarón y en un esta- 
blecimiento brasilero, que el general Lavalleja se tomó 
la molestia de viajar sesenta millas desde su cuartel ge- 
neral en 'Cerro Largo, y hacer marchar, desde una con- 
siderable distancia, a su mejor brigada de caballería, que 
encontré montada y formada en la mañana de mi entre- 
vista con él. 

Fué en este lugar, exemo. señor, que entregué sus car- 
tas en manos del general Lavalleja. Las leyó detenida- 
mente y, por repetidas veces, me aseguró que estas pro- 
posiciones debían satisfacer a todos los habitantes' de la 
Banda Oriental, pues que les aseguraban la realización 
de los propósitos por los cuales habían batallado durante 
tres años. Más aún; afirmó que las proposiciones eran 
tales que, si le hubieran sido hechas a él en el año 1825, 
las hubiera aceptado de inmediato y hubiera aceptado 
negociar con el emperador. No opuso objeción alguna en 
cuanto al fondo o expresión de las proposiciones, y con- 
cluyó asegurándome que escribiría de inmediato al go- 
bierno de Buenos Aires, recomendándole enérgicamente 
la inmediata aceptación de las mismas. En caso de que 
surgieran algunas objeciones, me declaró que él mismo 
tomaría sobre sí el removerlas. 

Cuando llamé su atención a esa parte de su carta que 
parece sugerir que su presencia en Buenos Aires podría 
ser de máxima utilidad en el sentido de asegurar el con- 
sentimiento del gobierno a la proposición del emperador, 
me aseguró que no tenía absolutamente ninguna influen- 
cia en Buenos Aires; pero que, mientras él permaneciera 
a la cabeza de su ejército, el gobierno se vería obligado a 
consultar su opinión. En cuanto al cese inmediato de las 
hostilidades, de que le informé el general Lecor tenía 



268 


LUIS ALPERTp pg HERRERA 


órd«“^s de aceptar, en el caso de determinar sn ida a 
Buenos Aires, declinó tomar paso tan importante sin una 
autorización directa de su goíperno ; y, aunque en público 
y particularmente en presencia de oficiales de las tropas 
de Buenos Aires, se demostró muy deseoso de pelear, lle- 
gando aún a decir que atacaría a Le cor en su fuerte po- 
sición actual, no obstante, me aseguró a mí que era su 
intención, si posible fuera, mantener inactivas sus tropas 
hasta el término final de las negociaciones de paz. La 
manera embarazada de explicarse Lavalleja, me hizo com- 
prender que había allí individuos de quienes tenía moti- 
vos de sospecha, y no tardé mucho en saber que una per- 
sona, de nombre Vidal, acababa de llegar de Buenos Aires, 
nominalmente como superintendente de una rama del co- 
misariado, pero, en realidad, para vigilar los movimientos 
del general ; y más tarde supe, en Durazno, que este hom- 
bre era un amigo íntimo del gobernador Dorrego y que 
había sido mandado por él para informarse del objeto de 
mi viaje y también para inducir al general Lavalleja a 
adoptar alguna medida que diera pretexto para retirarlo 
del comando. 

Después de mi primera entrevista con el general La- 
valleja, volví al cuartel general brasilero a prepararme 
para mi viaje a Montevideo, a donde aquél prometió ha- 
cerme acompañar con una escolta. Llegué al cuartel ge- 
neral del ejército republicano, en Cerro Largo, el l.° del 
corriente y tuve, esa misma tarde, una larga conversación 
con el general Lavalleja, durante la cual me renovó todas 
las seguridades favorables que me había dado en la oca- 
sión precedente. Me pidió quedara un día en el pueblo 
de Durazno, donde el gobierno provisorio de la Banda 
Oriental está establecido, y me dijo que buscara a un 
amigo suyo, de nombre Trápani, que está allí y que me 
explicaría los sentimientos del general más claramente 
de lo que él mismo estaba en libertad de hacerlo. 

Salí para Durazno el día 3 y llegué allí el 6 del co- 
rriente. La distancia es de más de ochenta leguas. El 
gobierno de la provincia ha sido removido aquí de Ca- 
nelones ; este último punto está expuesto a incursiones de 
la guarnición brasilera de Montevideo. Allí encontré al 
señor Trápani, quien me mostró la carta original de usted 
al 'general Lavalleja y me renovó, de parte del mismo, 
las más solemnes protestas de que estaba decididamente 
en favor de la paz; hasta me aseguró que, si fuera nece- 



IA MISIÓN PONSONBY 


269 


sario, Lavalleja trataría separadamente con el emperador. 

El señor Trápani es nativo de Montevideo e íntimo 
amigo del general Lavalleja; goza de gran aprecio en 
Buenos Aires y es muy respetado por sus compatriotas. 
El gobernador, temiendo su influencia sobre el general, 
declaró embargadas todas las embarcaciones en el puerto 
de Buenos Aires. Este embargo lo consiguió eludir el 
señor Trápani y se dirigía al ejército, cuando se le de- 
tuvo en el Durazno, por la intervención gratuita del dipu- 
tado gobernador de la Banda Oriental. 

Don Luis Pérez, que actualmente ejerce ese empleo, es 
un hombre de muy escasos alcances y ha sido ganado a 
los intereses del coronel Dorrego ; se ha alarmado ante la 
idea de que el emperador dará una constitución a la 
Banda Oriental, habiendo oído decir que era su intención 
la de tranformar la provincia en una monarquía. Feliz- 
mente, no ejerce la más mínima influencia en el país. 

Hasta dónde se puede confiar en las protestas de La- 
valleja estoy incapacitado de juzgar; pero, la circunstan- 
cia de que, al mismo tiempo que empeñaba su palabra de 
cooperar con todos los medios en su poder al restableci- 
miento de la paz, protestando que estaba ansioso de evitar 
más derramamiento de sangre, 'hasta que el final de la 
negociación se conociera, no sólo estaba planeando, sino 
en vísperas de llevar a efecto otra expedición contra el 
pueblo de Río Grande, no habla muy alto en favor de su 
buena fe. 

No debo omitir que en la víspera de mi partida del 
cuartel general brasilero, conversando con el general Le- 
cor sobre los asuntos de la Banda Oriental, por accidente, 
puso en mis manos una serie de artículos que diferían 
en su texto de las proposiciones de que era yo portador 
para el general Lavalleja; él se apercibió de su error, 
pero no antes de que yo hubiera leído el segundo artículo, 
en el que se establecía “que, en caso de que la república 
de las Provincias Unidas rehusara negociar sobre la base 
de la independencia de la Banda Oriental, el ejército 
brasilero se uniría a las fuerzas de la Banda Oriental, 
para obligar a la república a acceder a esas proposicio- 
nes”, y, más adelante: “que la forma de gobierno en la 
Banda Oriental sería monárquica y que la provincia se 
transformaría en un principado, gran ducado o ducado ’ \ 

Es difícil decir si éstos eran sólo los deseos del empe- 
rador, o si son la expresión de sus verdaderas intenciones ; 



270 


LUIS ALBERTO I>E HERRERA 


pero, si me es permitido, ofrecer mi opinión sobre el par- 
ticular, debo confesar que el lenguaje del vizconde de la 
Laguna parecía implicar que el emperador no consentiría 
el establecimiento, de un gobierno republicano en la pro- 
vincia; y tan general es la pasión por las repúblicas, en 
esta parte del mundo, que tengo pocas dudas que una 
proposición similar, desde su primera insinuación, arries- 
garía el buen éxito, si no frustra totalmente las negocia- 
ciones que están por iniciarse. 

Faltándome los medios de comunicar esto rápidamente 
a V. E., cambié mi intención primera de seguir a Mon- 
tevideo, de modo a comunicar estas noticias al ministro 
de .S. M. en esta república, y espero que este paso que me 
vi inducido a tomar, en el deseo de precisar las vistas del 
gobierno de S. M., encontrará la aprobación de V. E. Lle- 
gué aquí el 11 del corriente. 

Durante mi permanencia en los respectivos cuarteles 
generales, traté de recoger tanta información como me 
fué posible, en cuanto a las fuerzas y condiciones de am- 
bos ejércitos, y me atrevo a someter aV. E. las siguientes, 
como una exposición tolerablemente correcta. 

El ejército brasilero alcanza a unos 9000 hombres; casi 
5000 de éstos son infantería. Hay unos 4000 de caballe- 
ría, entre los cuales 2500 son tropas de línea, o milicia 
regularmente organizada; el resto lo constituyen tropas 
irregulares. La artillería consiste en 12 piezas de cam- 
paña y 2 howitzers. 

La infantería está muy bien trajeada y armada, y en- 
tiendo que hay suficiente ropa de invierno, no sólo para 
la infantería, sino para toda la tropa regular. 

La caballería y artillería, aunque no tan bien abaste- 
cida como la infantería, están todas suficientemente ves- 
tidas para defenderlas de las inclemencias del tiempo ; 
la naturaleza de sus servicios, les tiene casi siempre a la 
intemperie. 

El número de caballos pertenecientes a las dos últimas 
armas, no excede mucho de 8000, o sea 2 caballos para 
cada hombre, lo que se estima muy insuficiente para 
mantener una guerra eficaz. 

La infantería brasilera ha ganado mucho en cuanto a 
disciplina, desde la época bn que el general Braun se 
unió al ejército. El incesante esfuerzo de aquel oficial 
ha sido en gran parte coronado de buen éxito, y el ge- 


LA MISÜÓN PONSONBY 


271 


neral Lavalleja y sus oficiales admiten que en la batalla 
de Ituzaingó las fuerzas de la infantería y la precisión de 
sus movimientos, fué motivo de asombro para ellos, ins- 
pirándoles el mayor respeto por aquel oficial. 

La mejor tropa en el ejército brasilero es un batallón 
de alemanes y dos batallones casi enteramente compuestos 
de viejos soldados portugueses, pertenecientes a la divi- 
sión que el general Lecor trajo a este país en 1817. El 
resto de la infantería, es casi totalmente de las provin- 
cias del norte del Imperio, y, aunque bien disciplinada, 
tanto los oficiales como los soldados se supone sean des- 
afectos e inclinados a prestar oído fácil a las violentas 
proclamas del canónigo Caldas, un sacerdote brasilero, 
anteriormente miembro de la facción de los And^ada, en 
la Asamblea Legislativa. Estuvo prisionero en Río de 
Janeiro y, habiéndose escapado, ofreció sus servicios al 
gobierno de Buenos Aires, por el que fué nombrado ca- 
pellán general del ejército. Paga la protección de la 
república lanzando proclamas en las que incita a las 
tropas de Bahía y las otras provincias del norte a que 
sicudan el yugo del emperador y abracen la causa de la 
libertad. 

La caballería brasilera es casi exclusivamente de la 
provincia de Río Grande. Los habitantes de esta pro- 
vincia son, talvez, una raza mejor y casi ciertamente de 
traza mucho más civilizada que los orientales; están lejos 
de ser deficientes en cuanto a valor personal; pero, por 
el momento, están descorazonados por el número de las 
derrotas recibidas. Están sinceramente unidos al empe- 
rador y sienten un odio innato por sus vecinos de la 
Banda Oriental. Como no están entrenados para una 
gu rra regular y son, sobre todo, casi todos hombres de 
posición, en cuanto se les llama a las armas con carácter 
permanente, empiezan a pensar en volver a sus hogares, 
y, como la política del general Lecor es asegurarse su 
buena voluntad, las licencias casa nunca se rehúsan; mu- 
ellísimos, nunca vuelven a los cuerpos y. muchos otros, se 
conforman con llenar sus puestos mandando al ejército 
los más inútiles y deficientes de sus esclavos. 

La deserción entre los brasileros es muy común, espe- 
cialmente en la infantería, particularmente del batallón 
alemán ; el gobierno republicano ha ofrecido recompensas 
a los desertores. 

Los habitantes de la provincia de Río Grande han dado 



272 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


amplias pruebas de su disposición de secundar los planes 
del gobierno, contribuyendo con grandes sumas de dinero 
a costear los gastos de la guerra, en la época de la visita 
de S. M. I. a esta parte de su dominio ; y, corrientemente, 
se me ha asegurado que, de haberse puesto a la cabeza 
del ejército el emperador don Pedro, se le hubieran unido, 
en la provincia, todos los hombres capaces de cargar ar- 
mas. 

Las sumas de dinero suscritas en 1826 fueron muy 
superiores a las recogidas en la capital, y el hecho de 
que estas sumas .hayan sido malgastadas, y que nada de 
ellas haya sido empleado para su objeto, ha despertado 
gran disgusto e indignación entre los nativos' de todas las 
clases. 

De los propietarios en esta provincia, sólo los vecinos 
inmediatos al Yaguarón han sufrido seriamente por las 
incursiones de los patriotas. Muchos de ellos lian aban- 
donado süs propiedades, refugiándose en el nuevo y flo- 
reciente pueblo de San Francisco de Paula. 

Este sitio es el más importante, si no el más extenso, 
de los pueblos de la provincia; es el principal estableci- 
miento para la preparación de carne seca, o tasajo, primer 
artículo alimenticio' de la clase pobre en el Brasil. 

Tomar posesión de este pueblo era el objetivo confesado 
por el general Lavalleja; pero, hasta ahora, ha sido pro- 
tegido, con éxito, por Lecor. 

La generalidad de la gente de Río Grande está, de 
tiempo atrás, acostumbrada a mirar la guerra con sus 
vecinos de la Banda Oriental como .cosa de poco interés, 
porque las miserias de la guerra nunca han penetrado 
hasta el corazón de su país ; pero tengo muy pocas dudas 
que, si la república de Buenos Aires llevara a efecto el 
plan con que amenaza, de retirar sus tropas regulares y 
empezar una guerra de destrucción con el Brasil, en- 
trando a su territorio por dondequiera que esté abierto 
a la incursión de partidas merodeadoras, las energías 
adormecidas de la gente se despejarían y entonces to- 
marían una parte activísima en esas labores que ahora 
eluden de todos modos. 

El ejército imperial está amplia y regularmente servido 
con provisiones, por tierra, de Río Grande y San Fran- 
cisco. Sus múltiples necesidades han acumulado tal can- 
tidad de bagaje, que dificulta sus movimientos, mientras 
que el cuerpo principal de los republicanos, que consiste 



LA MISIÓN PONSONBY 


273 


enteramente de caballería, está completamente liviano de 
bagaje y se mantiene mucho más fácilmente, sin gasto 
alguno; la carne es su único alimento, y ésta abunda, 
suministrada por las correrías de los gauchos por el 
flanco izquierdo y, a veces, aún a la retaguardia del ejér- 
cito imperial. Una vez, una partida de estos merodeado- 
res cruzó el Piratiní y avanzó hasta quince leguas de Río 
Grande, cuando empezó a llover y se vieron, obligados a 
retirarse para no verse cortados por la creciente de los 
ríos. 

El ejército republicano es muy inferior al brasilero, 
en cuanto a número; no excede de 5000 hombres. De 
éstos, hay unos 1700 de caballería regular de Buenos 
Aires. La infantería no excede de 1500 y, el restó, son 
gauchos, o sea, tropas de la Bánda Oriental. 

Las tropas de Buenos Aires son consideradas las me- 
jores en el ejército; casi todos son veterano® que han 
luchado, bajo San Martín, en las guerras de la indepen- 
dencia en Chile y Perú. 

La infantería es lamentable y casi toda está compuesta 
de negros, gran parte de los cuales son esclavos brasileros, 
escapados. Son de tan poca confianza, que se guardan 
en Cerro Largo, a cuarenta millas a retaguardia del ejér- 
cito. 

La artillería consiste en 16 piezas de campaña; pero 
no puede compararse con la brasilera. 

Los gauchos, o tropa de la Banda Oriental, son una 
plebe indisciplinada, feroces al extremo, de hábitos y 
apariencia parecidos a los gitanos de Europa. Son, des- 
deñados por las tropas más regulares de Buenos Aires, 
que, a su vez, son mirados por los gauchos con celos y 
odio. 

El conjunto de estas tropas está bien armado, y la 
caballería muy bien montada; pero, excepción hecha de 
dos cuerpos, que aún conservan parte de los trajes reci- 
bidos durante la última campaña, están absolutamente en 
tiras. No tienen más ropa que un calzón de hilo y una 
camisa de lana; algunos, tienen poncho, su única protec- 
ción contra el frío. 

Los oficiales de la república, que hace tiempo saben 
que la Banda Oriental no podrá nunca pertenecer a su 
país, no tienen escrúpulo en demostrar un sentimiento 
de humillación por haber peleado tanto tiempo en bene- 


i8 -n 



274 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ficio de “bárbaros”; los orientales, por su lado (sin ex- 
ceptuar al propio general Lavalleja), miran con sospecha 
a sus auxiliares, los que creen que sólo se han compro- 
metido en el conflicto a fin de asegurar, para su país, la 
posesión de los puertos de Montevideo y Colonia; y tan 
hondo es el sentir recíproco de mala voluntad, que, si 
alguna vez se deponen las armas, hay pocas dudas de 
que Buenos Aires encontrará difícil, si no imposible, el 
envío de otro ejército a la Banda Oriental. 

Hay pocos oficiales extranjeros en uno u otro lado. 
El único oficial distinguido al servicio del emperador, es 
el general Braun, que estuvo muchos años al servicio bri- 
tánico. Ha conseguido establecer cierto grado tolerable 
de disciplina en el ejército y, aunque se le acusa de 
excesiva severidad por los oficiales brasileros, es popular 
entre los soldados y creo que sea el único hombre en el 
ejército que se preocupa del confort del soldado. Se pro- 
nuncia molestado con las medidas de Lecor y declara que 
dejará el ejército si éste continúa en el comando. 

En el ejército de la república, hay algunos extranjeros; 
pero entiendo que, en general, están descontentos y con 
gusto lo dejarían, si consiguieran permiso para hacerlo. 

Espero, señor, que esta carta encuentre a usted aún 
en Río de Janeiro y que la ventaja a derivarse de mi 
comunicación con el ministro de S. M. en Buenos Aires, 
será considerada por usted como una razón suficiente 
para prolongar mi ausencia fuera del tiempo especificado 
en su carta a mí dirigida. 

Tengo el honor, etc., etc. — (firmado) J. Fraser. 

A S. E. don Roberto Gordon, etc., etc., etc. 

Incluida en el despacho n." 44 de Gordon al conde de 
Dudley, de Mayo 17. 

PONSONBY A DUDIiEY 


Buenos Aires, Abril 19 de 1823. — Excmo. señor: Ruego 
a V. E. me permita corregir un error que, en el apuro de 
despachar mi última nota n.° 16, del 4 de Abril, se deslizó 
en ella. 

La equivocada dláusula es la siguiente: “Debo insistir 
en el recuerdo, ante V. E., de que la misión del señor 
García el año anterior, a Río, surgió a conseeu°ncia de la 
declaración verbal de S. M. I. al señor Gordon”, etc. 



LA MISIÓN PONSONBY 


275 


V. E. querrá tener a bien insertar la palabra ministros, 
después de S. M. 1., y leer así : “la declaración verbal de 
los ministros de S. M. I. ’ ’, por cuanto era a la declaración 
de éstos que yo refería. 

V. E. encontrará en mi despacho n.° 25 (informando 
sobre mi conferencia con el ministro de relaciones exte- 
riores, el año pasado) una narración detallada, en la cual 
verá que muy cuidadosamente señalo la diferencia exis- 
tente entre lo que el emperador dijo y lo que provenía 
die sus ministros, dejando al gobierno que apreciara el 
valor de la comunicación separada que yo ponía ante sus 
ojos. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonby. 

P. S„ — Para evitar molestia a Y. E., tengo el honor de 
incluir un extracto del contenido de mi nota n.° 25, alu- 
dida más arriba. — P. 

A S. E. earl Dudley, etc., etc., etc. 

PONSONBY A DUDIiEY 

Buenos Aires, Abril 19 de 1828. — Excmo. señor: El 
señor Fraser llegó aquí hace varios días. Creyó que sería 
de interés informarme de lo ocurrido en el cuartel general 
de los ejércitos, y sus comunicaciones me han sido útiles; 
pienso que también será útil al señor Gordon oír de ese 
caballero una crónica sobre el estado de cosas en esta ciu- 
dad, y el señor Fraser imagino que ha perdido poco, o 
ningún tiempo, en retornar a Río Janeiro. 

El señor Fraser presentará su informe al señor Gordon, 
pero yo destacaré que el general Lecor le habló de su 
falta de confianza en las tropas procedentes de las pro- 
vincias del norte del Imperio, como una de las causas de 
su inactividad. 

Tengo la satisfacción de decir que continúo teniendo 
base para creer en la sinceridad de este gobierno en las 
negociaciones. 

Espero, que ellos no opondrán ninguna dificultad en 
puntos que no son esenciales y que no se detendrán ante 
los que son de forma. 

Ellos están plenamente advertidos de la importancia 
de las palabras en la primera de las proposiciones hechas 



276 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


por el emperador y tienen informes, de diversas fuentes, 
estableciendo que es la intención de S. M. I. crear una 
monarquía (proclamándose él rey) y de otros planes, 
calculados para retener en sus manos la provincia Orien- 
tal. 

Creo que este gobierno alienta la esperanza de que la 
influencia británica mantendrá a S. M. I. en la observan- 
cia del espíritu de sus propias proposiciones, y que una 
independencia bona fide será alcanzada por la provincia. 

Le he pedido al gobernador que no se impaciente si, en 
los primeros momentos de la negociación, S. M. I. revela 
pretensiones poco razonables. Tengo motivos para creer 
— 'debiera decir, para saber — que el señor García de Zú- 
ñiga (el gobernador de S. M. I. en Montevideo) ha tra- 
tado últimamente de decidir al emperador a rechazar una 
paz fundada en la independencia, etc., diciendo que la 
república está arruinada y que debe someterse a cualquier 
demanda que S. M. I. quiera hacerle. La suerte política 
del señor García probablemente depende de la continuada 
posesión, por S. M. I., de la provincia, y su testimonio es 
de muy poco valor en todo lo concerniente al asunto en sí. 

No vacilo en decir que, ahora, yo creo que la república 
puede seguir la guerra con tanto poder como hasta el 
presente, por lo menos, durante otra campaña, y que, si 
después, ellos no pueden procurarse los recursos necesa- 
rios para una lucha civilizada, todavía podrán proseguirla 
y, talvez, en una forma más peligrosa para S. M. I. 

En prueba de su actual efiicencia, pongo en conoci- 
miento de V. E. que la junta ha obtenido tres millones 
de pesos, que deben ser pagados mensualmente al ejecu- 
tivo, pero que el gobierno puede fácilmente conseguirlos, 
en total, de inmediato. 

Estoy informado, por algunos comerciantes británicos 
de aquí, que el gobierno podría levantar una suma adi- 
cional de seis a ocho millones de pesos. 

Sobre la capacidad del país para llevar adelante la 
guerra, no es del caso que ahora hable especialmente ; 
pero V. E. puede estar cierto de que de ella no debe du- 
darse. La cuestión, sin embargo, es: ¿seguirán, este go- 
bierno y este país, la guerra? El gobernador me dijo ayer 
que estaba resuelto a proceder con entera sinceridad sobre 
los principios acordados en las bases; evidentemente, de- 
seaba informarme de que no irá más allá. 




LA MISIÓN PONSONBY 


277 


La última entrada de recursos, le ha dado al gobernador 
más poder del que tenía hace poco. Él, está seguro de que 
el general Lavalleja no participará, en verdad no podrá, 
en una paz fundada sobre ninguna otra base que la alu- 
dida, y él sabe que el pueblo de esta ciudad podría resistir 
vivamente excitado, cualquier proposición de paz que pu- 
diera aparecer deshonrosa para la nación, que contaría 
con el apoyo de la mayor parte de los miembros de la 
marina y del ejército y con la ayuda del partido que 
está en favor de la guerra, simplemente por motivos mer- 
cenarios, el que, aunque vencido, tiene todavía alientos y 
podría vigorizarsé. 

Es indudable que una gran mayoría del país está por 
la paz ; pero, en favor de la paz, en términos aquí estima- 
dos dignos, o sea los que el público entiende que actual- 
mente se discuten. 

Es cierto que el pueblo ya no siente un interés personal 
por la Banda Oriental, como el que sintiera' antes, cuando 
esperaban que ese país sería sometido o anexado a esta 
provincia, como si fuera parte de ella; pero todavía no 
faltan muy poderosos motivos para crear un cálido interés 
nacional alrededor de este asunto. 

Este pueblo difícilmente se resignaría a confesarse ba- 
tido por una nación tan intensamente desdeñada por ellos 
como los brasileros. Es general la impresión de que una 
paz, dejando a Montevideo en poder del emperador, no 
duraría y que esa Vecindad provocaría constantes quere- 
llas, tanto comerciales como políticas, entre los dos es- 
tados. 

Despierta también justificados celos el poder que la 
posesión de Montevideo daría al emperador para atacar 
después a esta ciudad, cuando rehiciera sus elementos. 

Debo agregar que el amigo íntimo y confidente del ge- 
neral Lavalleja, me ha dicho que, cualquiera que pueda 
ser la opinión privada de ese jefe, él no aceptaría térmi- 
nos que, en efectividad, no le quitaran al emperador todo 
poder civil, militar y político en la Banda Oriental. 

Me expuso muchas causas para esto, que yo creo son 
perfectamente justas y verdaderas. 

Las expuestas, son algunas de mis razones para juzgar 
que este país seguirá la guerra, en la presunción de que 
el emperador no procede con sinceridad, en cuanto a la 
base de la independencia. 



278 LUIS ALBERTO DE HERRERA 

Por otro lado, es cierto que existe un partido en favor 
de la paz en cualquier forma; que la gente, en general, 
siente los perjuicios de la guerra, ahora más que antes; 
que temen verse expuestos a soportar nuevos impuestos, 
y que, muchos tenderos y comerciantes, también temen la 
nueva fluctuación de los precios, que se producirá si fra- 
casan las negociaciones de paz. 

De las primeras personas mencionadas, que están en 
favor de la paz, de cualquier modo, debo decir que no 
creo sean hombres que sostengan vigorosamente ninguna 
causa y pienso que poco los teme el gobernador ; los últi- 
mos, pueden ser mucho más formidables, pero dudo que 
intervengan, si se produce una crisis en la cual el grito 
¡la patria!, se lance contra ellos. 

Es natural, luego de apreciar la magnitud de los do- 
minios de S. M. I., su riqueza y su población (si compa- 
rados con este pequeño estado), imaginar que le sea im- 
posible al último luchar con éxito, con su gigantesco ad- 
versario, sobre todo, considerando que este país no tiene, 
en verdad, muy buen título al mérito militar: pero, los 
hechos, hablan irresistiblemente sobre su fuerza, cuando 
actuando contra los imperiales. 

S. M. I. era el pacífico dominador de la Banda Orien- 
tal ; su ejército, su marina, sus rentas, estaban todos en 
situación floreciente, y el concepto de su poder sin la 
prueba emanada de la oposición al mismo. 

Treinta o cuarenta hombres, mandados por Lavalleja, 
rompieron la guerra contra él; se sostuvieron, atrajeron 
a la nación de su lado y, en este momento, S. M. I., des- 
pués de haber visto a sus ejércitos y a su escuadra repeti- 
damente derrotados o deshonrados, después de haber gas- 
tado en la contienda, cada año, mucho más de su renta 
anual, se encuentra con la ruina de parte de su comercio, 
trasportado en barcos nacionales, y él obligado a proponer 
el abandono de posesiones por las cuales ha estado bata- 
llando y por las cuate® esta república, hace dos años, 
estaba pronta a pagarle una compensación pecuniaria 
igual, en monto, a un razonable cálculo de los gastos en 
que hubiera incurrido S. M. F. M., el fallecido rey de 
Portugal, y él mismo; por la ocupación de Montevideo, 
etcétera. 

Nada veo, en el presente estado de cosas, que me in- 
duzca a creer que la posición de este país es ahora com- 




LA MISIÓN PONSONBY 


■ 279 


parativamente peor, como beligerante, de lo que ha sido 
en cualquier período anterior de la guerra ; ni que pueda 
esperarse suerte mejor, de parte del emperador, de la 
hasta ahora alcanzada; y yo confieso que más bien creo 
que debe esperarse lo contrario. Yo he tratado, de acuerdo 
con mi deber, de exponer los hechos y mis opiniones al 
gobierno de S. M. Sólo tengo que agregar que este go- 
bierno está pronto a enviar un ministro a Montevideo, así 
que sea informado de que S. M. I. ha enviado uno allí, en 
su representación. 

No he insinuado que el general Lavalleja sea designado 
como uno de los negociadores, porque el gobernador está 
celoso de él ; pero, si la presencia y la autoridad del ge- 
neral se hacen evidentemente útiles, se darán pasos para 
procurarla. 

Fructuoso Rivera, sobre cuya cooperación, debo estable- 
cerlo, el señor García (1) (en su comunicación, al empera- 
dor, aconsejándole que prosiga la guerra), ha insistido 
mucho, ha sido obligado a abandonar la provincia Orien- 
tal y oigo de buena fuente — y lo creo — que el general 
Lavalleja está obrando de completo acuerdo con los go- 
bernadores de las tres provincias próximas a la suya y 
que más fácilmente podrían ayudar a Fructuoso Rivera. 
Esos gobernadores, según parece, están ansiosos de paz, 
como el mismo general Lavalleja. Ellos tienen casi los 
mismos intereses, y sostendrán a Lavalleja, si el gobierno 
de Buenos Aires intentara malograr un arreglo sobre las 
ba$es tan a menudo mencionadas. Debo agregar que no 
presumo que el coronel Dorrego intente hacerlo así. 

Si fuera necesario, informaré a V. E., por el próximo 
paquete, sobre los propósitos de los partidos aquí, que 
tratan de cambiar, etc., el gobierno de la república. 

Tengo el hondr de incluir copia de la respuesta del 
general Lavalleja al señor Gordon, que el amigo del ge- 
neral me trasmitió. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon - 
sonby. 

A S. E. earl Dudley, etc., etc., etc. 


(1) Refiere a García de Zúñiga, gobernador de Montevideo. 



280 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


GORDON A ARACATY 


Río de Janeiro, Abril 21 de 1828. — Señor marqués: 
V. E. tendrá a bien recordar que, a mediados del mes de 
Febrero, tuve el honor de comunicar los términos sobre 
los cuales el gobierno de Buenos Aires estaba dispuesto 
a tratar la paz con el Brasil, es decir : 

1. ° La independencia de la Banda Oriental. 

2. ° La aceptación, mediante tratado, de que no sea 
incorporada a ninguna otra nación. 

3. ° La entrega de las fortalezas a los propios orientales. 

En contestación de cuya comunicación fui informado 

por Y. E. que, habiendo S. M. I., anteriormente, consen- 
tido entrar en negociaciones pro paz sobre la base de la 
independencia de la Banda Oriental, de acuerdo con las 
condiciones que me hallaba autorizado a trasmitir a Bue- 
nos Aires, era innecesario adoptar la nueva forma de 
negociación propuesta en la comunicación recientemente 
llegada de allí; y V. E., además, exponía que ninguna 
estipulación sobre la evacuación de la fortaleza por las 
tropas brasileras se juzgaba necesaria, desde que era evi- 
dente que, después del establecimiento del estado nuevo e 
independiente, no podía ser ocupado por nadie, sino por 
sus propias tropas y autoridades. 

Al trasmitir, pues, a Buenos Aires las proposiciones 
imperiales, como me habían sido comunicadas por Y. E., 
no dudé en acompañar ese acto oficial con la expresión 
de mi opinión privada a lord Ponsonby de que, en rea- 
lidad, estas proposiciones contemplaban las bases esta- 
blecidas por el gobierno republicano, por lo cual creía 
que se llegaría a la tan ansiada pacificación. 

Desgraciadamente, mi carta privada llegó a manos de 
lord Ponsonby antes de mis despachos oficiales y parece 
que S. E., én el vivo deseo de alcanzar tan gran objeto, 
ha anunciado al gobierno de Buenos Aires que S. M. I. 
ha accedido a tratar la paz en los siguientes términos : 

1. ° La base de la independencia de la Banda Oriental. 

2. ° El nuevo estado no podrá unirse, por incorpora- 
ción, a ningún otro. 

3. ° S. M. I. acepta entregar las plazas fuertes a los 
propios orientales. 



LA MISIÓN PONSONBY 


281 


El gobierno republicano en seguida accedió a los tér- 
minos arriba mencionados, ofreciendo mandar un pleni- 
potenciario para negociar una paz fundada en ellos, ya 
sea en Montevideo o en Río de Janeiro. 

Me ha parecido bien dar dicha explicación, en la ocasión 
presente, de manera que V. E. comprenda, en toda su 
extensión, la respuesta (que incluyo) del gobierno de 
Buenos Aires a las proposiciones que yo estaba autori- 
zado a hacer de parte del gobierno de S. M. I. Tengo el 
honor, etc., etc., etc. — (firmado) B. Gordon. 

A S. E. el marqués de Aracaty, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDIíEY 


♦ 

Río de Janeiro, Abril 26 de 1828. — Excmo. señor: Se 
ha recibido contestación de Buenos Aires a las proposi- 
ciones brasileras, concebida en términos que de ningún 
modo tienden a propiciar la paz entre los dos países. 

Como se mencionan en ella bases ya aceptadas, com- 
prendí que mi deber me llamaba a acompañarla con una 
nota explicativa al marqués de Aracaty, de la cual tengo 
el honor de adjuntar una copia de V. E. También incluyo 
una copia de mi despacho a lord Ponsonby, explicando, 
con cierta amplitud, mis vistas sobre el asunto. 

Confieso, con pesar, que si hay impedimentos en el ca- 
mino que lleve a una negociación inmediata, es en parte, 
en este caso, atribuible a nuestra mediación. 

La infortunada expresión de mis opiniones privadas a 
lord Ponsonby, y el aún más desdichado uso que se hizo 
de ellas, pueden, muy naturalmente, haber indispuesto al 
gobierno de Buenos Aires con las condiciones que luego 
llegaron, como oficiales, trasmitidas por el ministro bra- 
silero ; y Y. E. podrá juzgar del efecto producido aquí 
por la réplica del señor Balcaroe, al recorrer la nota in- 
cluida, que acabo de recibir del mairqués de Aracaty. 

En cuanto a las dificultades que se han alegado para 
ir al armisticio, después que el emperador ha cedido en 
la cuestión de la independencia de la provincia, no de- 
bían, ciertamente, entorpecer la negociación. 

No se le debiera permitir al gobierno de Buenos Aires 
persistir, apoyándose en tales nimiedades, en lo que puede 
llamarse una mojiganga de guerra, preñada de males para 
todos más que para ellos mismos. 



282 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


De su parte, todas las operaciones de la guerra se re- 
ducen a los corsarios. De este lado, aunque en realidad 
puede decirse que no hay operaciones, sin embargo, una 
gran fuerza naval está estacionada en el Río de la Plata 
y un ejército, que cuesta enormes gastos, considerando 
su insignificancia, se mantiene en la frontera de Río 
Grande. 

Los principales actos de la guerra se desarrollan, en 
realidad, por ambas partes, con violación de la ley de las 
naciones, y la perspectiva, para los neutrales, es que pro- 
longuen, por más tiempo aún, las grandes calamidades a 
que podrían hallarse expuestos en el caso de la más activa 
y justa guerra sostenida entre países regidos por los go- 
biernos más regulares. ¥ 

Como es posible que V. El. no reciba copias de las notas 
que he recibido de lord Ponsonby, me parece acertado 
remitir aquellas que son necesarias para comprender en 
extenso mi nota a S. E. Tengo, etc., etc., etc. — (firmado) 
R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A ARACATY 


Río de Janeiro, Abril 27 de 1828. — Excmo. señor : 
Aunque al infrascripto, etc., etc., etc., no le sorprende 
advertir, por la nota de S. E¡. el marqués de Aracaty, de 
fecha 25 del corriente, que S. M. I. está descontento por 
la réplica dada por el gobierno de Buenos Aires sobre el 
asunto de la pacificación, no considerándola de ningún 
modo explícita y en armonía con los sentimientos que 
animan a S. M. I., en su deseo de promover la paz en esle 
hemisferio, el que firma no puede menos de expresar su 
pesar a S. E. el marqués de Aracaty, de que ahora se con- 
sidere conveniente que S. M. I. se retracte de esos térmi- 
nos, los que, bajo la mediación de Gran Bretaña, y de 
conformidad con sus arriba mencionados honorables de- 
seos, se han ofrecido al gobierno republicano en nombre 
de S. M. I. 

El infrascrito no puede ver en la réplica del señor 
Balearce un rechazo de las proposiciones brasileras. Está 
más bien inclinado a creer que lo que pueda parecer poco 
satisfactorio en aquella contestación, cabe atribuirlo al 



LA MISIÓN PONSONBY ■283 


imprevisto retardo y circunstancias concomitantes a que 
tuvo que someterse la trasmisión de esas proposiciones. 

El infrascrito ya ha hecho conocer al marqués de Ara' 
caty su convicción de que el gobierno de las Provincias 
Unidas de La Plata está dispuesto a mandar un pleni- 
potenciario a Montevideo, con el fin de negociar una 
convención preliminar sobre la base de dichas proposi- 
ciones, por cuya razón es ahora su deber apelar, por me- 
dio de S. E., a la reconocida justicia y sinceridad de 
S. M. I., rogándole no insista en que la negociación pre- 
liminar sea transferida de allí a su corte, como se declara 
en la nota del marqués del 25 del presente. 

El resultado de esto, mirado bajo el más favorable 
punto de vista, sólo puede ser prolongar las hostilidades 
por algunos meses, y hay demasiadas razones para supo- 
ner que esto frustre, completamente, el objeto declarado 
de S. M. I. y las esperanzas de sus aliados. Tengo el ho- 
nor, etc., etc., etc. — (firmado) K. Gordon. 

A S. E. el marqués de Aracaty, etc., etc., etc. 

GORDON A ARACATY 


Río de Janeiro, Mayo 4 de 1828. — El que suscribe no 
puede menos de expresar su sorpresa y decepción ante la 
respuesta de S. E. el marqués de Aracaty a su nota del 
27 de Abril. 

La información recibida por el que suscribe, por el úl- 
timo paquete de Buenos Aires, lo habilita a anunciar al 
gobierno imperial que las proposiciones para una con- 
vención de paz, que fueron firmadas por el ministro de 
relaciones exteriores y confiadas al infrascripto, han sido 
aprobadas por el gobierno de Buenos Aires, y la llegada 
de los plenipotenciarios brasileros a Montevideo, de 
acuerdo con el sentido de esas proposiciones, se espera 
día a día. 

No sólo sorprende al infrascripto que se tenga por co- 
rrecto de parte del gobierno imperial el desdecirse de un 
solo artículo del original de las proposiciones, en el pre- 
ciso momento en que van a ser aceptadas, sino que ve en 
ello una falta de consideración a la mediación de Gran 
Bretaña, de la que es modesto órgano. 

Le cuesta convencerse de que sea ahora el objeto de 



284 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


S. M. I. entorpecer la pacificación, que, después de tantos 
estériles esfuerzos, había, al fin, con su propio consenso, 
llegado a un estado efectivo, que aseguraba su buen éxito; 
y asimismo es su deber, otra vez, indicar a S. E. el mar- 
qués de Aracaty que, transferir el arreglo de preliminares 
de Montevideo a Río de Janeiro, significa, en las actuales 
circunstancias, no sólo detener sino poner en peligro la 
paz y, en consecuencia, solicita de S. E. que insista con 
S. M. I. para que tenga la complacencia de mantener las 
proposiciones que, por su expresa y graciosa orden, se 
confiaron al infrascripto, con fecha 18 de Febrero. — 
(firmado) R. Gordon. 

A S. E. el marqués de Aracaty, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Mayo 10 de 1828. — Exorno, señor: 
Aunque la nota que el ministro de relaciones exteriores 
de Buenos Aires, señor M. Balear ce, dirigió a lord Pon- 
sonby, el 24 de Marzo, en contestación a las proposiciones 
brasileras de fecha 18 de Febrero, no se hallaba, en modo 
alguno, concebida en términos satisfactorios, no he que- 
rido, sin embargo, admitir que este gobierno ha estado 
justificado al considerarla (dirigida como lo estaba al 
ministro mediador) como un rechazo directo, o que ofre- 
cía buen terreno al emperador para desdecirse de ellas. 

Deploro comprobar que la buena disposición del go- 
bierno republicano para negociar sobre la base ofrecida 
de la independencia y que el deseo de paz que ahora se 
demuestra de ese lado, parecen haber inclinado a este 
gobierno a desear separarse de sus términos originales; 
y la insistencia en que la negociación se transfiera de 
Montevideo ai Río de Janeiro, no excede de un pretexto 
de demora; sólo así puede considerarse. 

En estás circunstancias, he creído que era mi deber 
hacer un último esfuerzo para apurar la conclusión de 
los preliminares, pidiendo al gobierno brasilero que pro- 
ceda en conformidad con las proposiciones originales; en 
consecuencia, dirigí la nota de la que incluyo copia, acom- 
pañándola, confidencialmente, con un bosquejo de nuevo 
proyecto que, por su simplicidad, evitaría toda probabi- 
lidad de ulterior desacuerdo entre las partes. 



LA MISIÓN PON SON B Y 


285 


Lamento tener que comunicar a V. E. que mi propuesta 
ha sido rechazada, exigiéndose aún, como resulta de la 
réplica que incluyo, del marqués de Aracaty, que los pre- 
liminares sean tratados en Río de Janeiro. 

Dada la desconfianza inherente sobre las verdaderas 
vistas del emperador, dominante en Buenos Aires, es du- 
doso si de allí se mandará ahora un plenipotenciario con 
tal cometido; pero, de todos modos, la probabilidad de 
un pronto cese de hostilidades sufre mucho daño con esta 
injusta retractación de las primeras propuestas de S. M. I. 
de firmar los preliminares en Montevideo. 

Es cierto que en cuanto llegó a esa ciudad la noticia 
de la propuesta del emperador de separar la provincia 
del Brasil, se dirigieron memoriales, provocados por las 
partes interesadas, despachados con todo apuro, para 
urgir a S. M. I. que revocara su propósito. Se le ha ase- 
gurado, con trazas de verdad, que la república no puede 
sostener la guerra por más de dos meses; que el deseo 
de los orientales es estar bajo la protección del Brasil; 
y, además, corre ahora el rumor de que la tercera parte 
del ejército de Lavalleja ha sido cortada y obligada a 
rendirse al general Lecor. 

Todo esto ha engreído al gobierno brasilero que, con 
excepción del disgusto por lo que sucede con los neutrales 
— aunque tampoco es muy grande — no está, por lo de- 
más, muy afligido ante la perspectiva de la continuación 
de la guerra. 

Se levantan empréstitos por el monto necesario para 
hacer frente a los gastos del año que corre y en términos 
que tentarán al ministro de hacienda a recurrir a ellos, 
cuando sea necesario. El lenguaje de los mensajes de las 
cámaras, será el eco del discurso del emperador; y, sin 
embargo, no hay terreno sólido para negar la indepen- 
dencia de la Banda Oriental, que es lo sólo que puede 
asegurar la tranquilidad y es la esperanza del progreso 
de los negocios brasileros. 

Temiendo que la repulsa a mi última instancia haya 
sido en parte causada por el artículo referente a nuestra 
mediación, de la cual desgraciadamente desconfía el 
ánimo rastrero de los políticos de este país, propondré 
al marqués de Aracaty suprimirlo totalmente; pero no 
puedo permitir que V. E. crea que esto va a evitar los 



286 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


retardos que parecen ahora buscarse por el gobierno 
brasilero. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 
A S. E. eárl Dudley, etc., etc., etc. 


GORDON A DUDLEY 


Buenos Aires, Mayo 12 de 1828. — Excmo. señor: 
He tenido el honor de recibir el despacho de V. E. ? noti- 
ficándome que el rey graciosamente ha resuelto nom- 
brarme enviado extraordinario y ministro plenipotencia- 
rio de S'. M¡. ante la corte de S. M. I. el emperador del 
Brasil, y pido a V. E. aproveche la primera oportunidad 
favorable para poner a los pies de S. M. mi más humilde 
y agradecido reconocimiento por la grande y continuada 
bondad de S. M. hacia mí. 

Estaré pronto para embarcarme para Río de Janeiro, 
obedeciendo las órdenes de V. E., en cualquier momento 
en que el señor Gordon me lo requiera. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonby. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

PONSONBY A GORDON 

Buenos Aires, Mayo 12 de 1828. — Excmo. señor: Se 
me figura que la forma más adecuada de contestar el 
despacho de V. E. del 17 dte Abril, es incluir copia diel 
memorándum de una conversación mantenida entre el 
gobernador y yo, por lo que V. E. podrá juzgar del modo 
cómo fué trasmitida y comprendida, por este gobierno, la 
comunicación que V. E. me envió. El memorándum fué 
redactado por el señor Parish, que se hallaba presente en 
la conferencia. 

También me refiero a una nota oficial a mí dirigida 
por este gobierno, que prueba su opinión sobre el hecho, 
como se establece en el memorándum. 

La palabra oficial, si incorrectamente aplicada, sólo 
quiso significar que yo había oficialmente recibido de 
usted su propio sumario de aquellas proposiciones, a las 
cuales el gobierno brasilero oficialmente había asentido. 
Nadie entendió, aquí, que el resumen de Y. E. era obra 


LA MISIÓN PONSONBY 


287 


del gobierno del emperador. Todos nosotros, natural- 
mente, creimos que era correctamente la esencia de lo 
contenido en las proposiciones, bajo distinta forma, sin 
responder en ningún grado por el modo o lo® medios de 
llevar a efecto el proyectado arreglo. 

Sentiré machísimo que V. E. haya experimentado la 
menor molestia por este asunto. Tengo la satisfacción de 
decirle que aquí nada de eso se ha sentido' y que yo estoy 
seguro de que grandes ventajas se lian obtenido de ello. 

Tengo ahora que agregar una palabra sobre el presente 
estado de cosas. Creo que este gobierno escuchará las 
proposiciones del emperador, sean las que fueren, pero 
creo seguro que no accederán a ellas, ni son otra cosa 
que la aceptación, bona pide, del proyecto de indepen- 
dencia de la Banda Oriental. 

Y. E. y yo, por lo visto, tenemos opinión muy distinta 
del verdadero poder de las partes en lucha. No tiene im- 
portancia, en, el estado actual de la cuestión, cuál de las 
dos está en lo cierto. Me es suficiente decir a. V. E. lo 
que creo sea el propósito de este gobierno, y agregar que 
creo lo pueda cumplir y estar ia sus consecuencias. 

Creo que este gobierno puede y quiere (si fuera nece- 
sario) continuar la guerra contra el emperador. La in- 
tentona hecha por el partido hostil al gobierno actual, 
ha fallado completamente. La gente más sensata del país 
sostenía al gobierno, porque Dorrego se había compro- 
metido a hacer la paz, si puede ésta obtenerse en términos 
tenidos por equitativos y justos, especialmente, la inde- 
pendencia de la Provincia Oriental, y creo que a Dorrego 
se le apoyará aún más, si la gente se apercibe de que el 
emperador no acepta esos términos. Espero que V. E. no 
tropezará con dificultades irrazonables en torno a cosas 
puramente de forma, pero me equivoco si Y. E. viera 
cualquier concesión hecha respecto a cosas de otra índole. 
No creo que ellos escuchen lo que pueda decir el empe- 
rador sobre la condición futura de la provincia, sobre su 
gobierno o sobre el modo cómo los asuntos se conducirán 
aquí. Un abandono completo de todo lo que a ella con- 
cierne, de ambos lados, me imagino que será lo que con 
insistencia se demandará. Oigo que no se opondrá ob- 
jeción alguna a las más serias estipulaciones para la se- 
guridad de las vidas, propiedades y libertad de los habi- 
tantes, sin preferencia a la conducta política de ningún 



288 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


hombre, y que no habrá inconveniente alguno en garantir 
(mutuamente) la paz e integridad del imperio y de la 
república contra cualquier ataque de la Banda Oriental, 
a cuyo título será fácil tomar precauciones contra la pro- 
tección que pueda prestarse a merodeadores o jefes de 
bandoleros. 

Me parece lo más probable que el gobierno, sea el que 
fuere, que se establezca independiente en ese país, será 
• amigo del emperador y, probablemente, su humilde ser- 
vidor en casi todo.. 

Considerará V. E. lo que he dicho como la expresión 
de mi opinión íntima e individual, que encuentro correcto 
exponerle sencillamente como tal. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) John Pon- 

sonby. 

N. B. Si V. E. ha mencionado el punto a lord Dudley, 
ruégole quiera comunicarle lo que aquí digo sobre el caso, 
y hacerme saber qué ha escrito al respecto. — P. 

PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Mayo 13 de 1823. — Excmo. señor: 
Desde que tuve el honor de escribir a V. E., he recibido 
repetidas seguridades del gobernador de su determinación 
de adherir escrupulosamente a su compromiso de tratar 
sobre la base de la independencia, etc. 

Dice que no irá más allá y que está en condiciones y 
pronto para continuar la guerra. 

La generalidad aquí, tanto como el gobierno, están 
persuadidos de que S. M. I. sólo ha querido ganar tiempo 
para intrigar, con las bases que últimamente ha propuesto 
y que, habiendo fallado en su propuesta de pactar un ar- 
misticio en tierra, ahora rehusará entrar en negociaciones 
con ellos. 

Esta creencia está fundada, principalmente, en las car- 
tas del señor García de Zúñiga, el hombre de confianza 
del emperador en Montevideo y, también, en informes de 
personas próximas al monarca. 

'Confío haber convencido al gobernador que está en su 
interés entrar en negociaciones y me afirma, privada- 
mente, que, si S. M. I. envía un ministro a Montevideo, 
para encontrarse con los de la república, él no dejará. 




LA MISIÓN PONSONBY 


289 


por cualquier falta de moderación de las primeras de' 
mandas del emperador, de proseguir la discusión. Espe- 
cialmente, he trabajado este punto, porque creo que será 
muy útil, aún, abrir la negociación. 

Los amigos del gobernador, en todas partes han triun- 
fado en las elecciones. La oposición era, en realidad, dé- 
bil, aunque muy ruidosa. 

El gobernador debe este éxito, en gran parte, al apoyo 
de personas que consideran desacertado perturbar a un 
gobierno que mantiene su promesa de hacer la paz, en 
términos conocidos y estimados equitativos y seguros. Es 
en tal concepto, que el señor García ha apoyado al par- 
tido del gobernador, aunque es hostil al hombre en sí. 

Hay gran actividad en la prosecución de las hostilida- 
des. Una expedición se prepara y ha marchado, o va a 
marchar, contra las misiones portuguesas, región que se 
dice ser extremadamente rica en ganado y sin ninguna 
adecuada defensa militar. 

Otra expedición, se asegura, ha salido contra la ciudad 
de Río Grande. 

Fructuoso Rivera, el jefe sobre cuyas actividades con- 
tra su país el gobierno imperial parece haber fundado 
considerables esperanzas, ha sido perseguido y obligado a 
abandonar la provincia Oriental y parece que, ahora, se 
ocupa en corretear una provincia del Imperio. 

Tengo 1 el honor de incluir una crónica de las operacio- 
nes militares en Río Grande que, aunque inclinada a fa- 
vor de las tropas republicanas, se me afirma que, en lo 
sustancial, es exacta. No denota gran mejora en el estado 
del espíritu militar de los imperiales, ni da motivo a pre- 
sumir futuras victorias para sus ejércitos. 

Varios buques se preparan y están casi prontos para 
hacer crucero frente a los puertos brasileros- y también 
para cooperar en los planes a que he referido más de 
una vez. 

V. E. recordará que yo opinaba que las negociaciones 
de paz detendrían la conspiración, tanto aquí corno en 
Río Janeiro; en realidad, se ha paralizado, en tanto la 
paz se ha creído probable. Me entero de que las noticias 
de Río dicen que todos los conspiradores están prontos 
a obrar, cuando la señal de lanzarse les llegue de aquí, y 
tengo informes de que Dorrego está resuelto a proceder, 
así que sepa que el emperador no hace la paz. 



290 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


Creo que es cierto que pagó, hace poco, diez mil pesos 
en plata al antiguo agente, que ha seguido viviendo aquí ; 
y esa suma es considerable en este país y al presente. 

No puedo estimar, con seguridad, el poder de la acción 
revolucionaria que se prepara; pero temo que sea peli- 
grosa. El señor Gordon es mejor autoridad que yo para 
opinar sobre lo que ocurre en Río, y, como él es incrédulo 
sobre todo el asunto y como S. M. I. también lo es, y cree 
que es una creación mía, debo someterme al juicio de ellos. 

El mayor conocimiento que he adquirido de los senti- 
mientos y del carácter del gobernador, ha confirmado mi 
juicio de que él habría rechazado las proposiciones bra- 
sileras, si no se hubiera abierto camino, por esos medios 
preparatorios, que por accidente no pude encauzar. Esas 
proposiciones, ahora , en vez de ser rechazadas, han sido 
referidas por este gobierno a la consideración de los ple- 
nipotenciarios que se reunirán en Montevideo y, por tanto, 
si S. M. I. lo quiere, tendrá abierta una negociación, en el 
hecho, de acuerdo con sus propias sugestiones. 

Si S. M. I. envía un plenipotenciario a Montevideo, este 
gobierno mandará uno, o más, sin tardanza y V. E. será 
rápidamente enterado del espíritu que mueve a las partes. 

El gobierno republicano mantiene su propósito de tra- 
tar la paz sobre las bases que el gobierno de S. M. tuvo 
a bien ordenarme que pugnara por establecer. 

Falta saber en qué términos el gobierno imperial tra- 
tará ; es decir, qué significado dará a la palabra indepen- 
dencia, de la cual, pienso, que la solución depende. 

Napoleón, creo, llamó a la Confederación del Rhin, un 
estado independiente. El gobierno republicano, creo, no 
juzgará a esa independencia idéntica a la que admiten 
para la Banda Oriental. 

Si el gobierno de S. M. creyera oportuno compeler a 
las partes a sellar la paz, podría, talvez, hacerse así sin 
ninguna violencia aparente ejercida sobre la libre volun- 
tad de ninguna de las partes. Lo digo, suponiendo que 
se considere del caso llevar adelante la idea de la inde- 
pendencia. 

El gobierno republicano la sostiene. Está bastante de- 
mostrado que S. M. I. difícilmente tiene otro medio de 
herir a este país que no sea el bloqueo. Es notorio que 
las calidades que dan carácter legítimo a un bloqueo, 
faltan en el aquí establecido ; rehusándose a reconocerlo 



LA. MISIÓN PONSONBY 


291 


por más tiempo, el gobierno de S. M. obligaría a los bra- 
sileros a aceptar esa base, que el gobierno de S. M. ha 
aprobado y que es aceptada por el gobierno de Buenos 
Aires. 

Me he decidido a formular esta observación, porque yo 
veo que el bloqueo es perjudicial, en el más alto grado y 
casi exclusivamente, al comercio británico; y porque la 
continuación de la guerra arruinará, en definitiva, a los 
súbditos de S. M., que tienen grandes intereses en este 
país, y no puedo esperar que la lucha termine de otro 
modo, si S. M. I. está resuelto a quedar dueño de la pro- 
vincia Oriental. % 

En todos mis despachos, he dado a Y. E. mi juicio sobre 
el poder comparativo de los beligerantes para seguir la 
guerra y para concluirla en términos favorables a las as- 
piraciones de cada uno ; y yo no he vacilado en decir que 
los bonaerenses son los que tienen más probabilidad de 
éxito, a pesar de la enorme superioridad de los recursos 
del emperador. 

Mantengo esa opinión, sin la menor disminución en mi 
convicción sobre su validez; pero oreo correcto informar 
a V. E. de que muchas personas encaran el asunto de 
manera distinta y creen en un resultado, en resumen, 
diferente. 

Tengo el honor de acompañar una ley, aprobada en 
Córdoba, por la cual un ataque directo parece dirigirse 
al poder e influencia de este gobierno en el asunto de la 
paz. Bajo ningún concepto considero esto digno de mucha 
atención y creo que sea el fruto de alguna intriga proce- 
dente de Buenos Aires y que no producirá efecto, directo, 
ni indirecto, en una negociación seria de paz, ni en sus 
resultados. 

Tengo el honor, etc.', etc., etc. — (firmado) John Pon- 
soriby. 

A S. E. earl Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Mayo 17 de 1828. — Excmo. señor: 
el señor Fraser ha llegado de su viaje a la Banda Oriental, 
siendo portador de las cartas del general Lavalleja, de 
las cuales tengo el honor de adjuntar traducción. 



292 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Habiéndome traído, al mismo tiempo, el señor Fraser las 
seguridades del coronel Dorrego, gobernador de Buenos 
Aires, de que las proposiciones brasileras se aceptarán, 
no he tenido escrúpulo en volver a la carga y urgir a este 
gobierno, en los términos de la nota adjunta, a mantener 
su opinión. 

Por un lado, mis temores pueden posiblemente ser in- 
fundados, sólo que la desconfianza del gobierno de Bue- 
nos Aires le indujera a negarse a mandar plenipotencia- 
rios a Río de Janeiro, mientras, por otro lado, en contra- 
rio, puede que ni quieran firmar los preliminares en Mon- 
tevideo, como originariamente fué yopuesto. Pero confío 
en que, en uno u otro caso, seré excusado por haber in- 
sistido con tanta instancia para que el gobierno brasilero 
no retrocediera de sus primeras proposiciones. He estado 
ansioso, de cualquier modo, ante la posibilidad de que 
un cese inmediato de las hostilidades se malograra. Entre 
las numerosas razones británicas que pueden alegarse 
para apurar ésto, hay algunas que talvez no se le han 
ocurrido aún a Y. E. Mencionaré, por ejemplo : l.° Que 
si el bloqueo no se levanta dentro de seis semanas, todas 
las mercaderías británicas, hasta el valor, por lo bajo, de 
un millón de esterlinas, que se han ido acumulando du- 
rante los últimos dos años en el puerto de Montevideo, 
con destino a Buenos Aires, serán obligadas a pagar un 
derecho de 24 por ciento al Brasil. 2.” Además de la des- 
carga de la mercadería inglesa acumulada en Buenos Ai- 
res, el levantamiento inmediato del bloqueo permitiría a 
nuestros comerciantes transportarla — pues está invertida 
casi totalmente en cueros^- a Europa, antes que pase la 
estación para hacerlo, evitando, así, pérdidas muy consi- 
derables. 3.° También se ha lanzado un decreto para que 
inmediatamente se prepare una nueva tarifa de las adua- 
nas brasileras, fundada sobre los precios corrientes en el 
mercado, la que, si se aprobara antes de la paz y en el 
estado presente del cambio de este país, obligaría al co- 
merciante extranjero al pago de un derecho de 30 por 
ciento en lugar de 15, siendo evidente que la moneda na- 
cional no puede recuperar su verdadero valor hasta des- 
pués de terminada la guerra. Pesando estas y muchas 
otras consideraciones, que tan terminantemente deman- 
dan el cese inmediato de las hostilidades en este hemis- 
ferio, no es sino con hondo pesar que he recibido esta 
mañana la respuesta que incluyo del marqués de Aracaty. 



LA MISIÓN PONSONBY 


293 


Me confirma en la presunción de que enteré a V. E. en 
mi despacho n.° 38, del 10 de Mayo, de que el gobierno 
brasilero está engreído con la perspectiva de tomarle ven- 
taja al enemigo finalmente y, en consecuencia, se han 
valido de un pretexto injustificable para retardar el 
acuerdo preliminar. 

Por el próximo paquete, enviaré una copia de la réplica 
que me propongo dirigir al marqués de Aracaty, quien 
no sólo tergiversa mi lenguaje anterior, sino que, en mi 
opinión, desacredita completamente la mediación britá- 
nica, haciendo creer que obra de acuerdo con ella, pues, 
aun admitiendo que la nota del señor Balcarce a lord 
Ponsonby fuera un virtual rechazo de las proposiciones 
brasileras, aun así, de acuerdo con un artículo de aquellas 
proposiciones, yo sostengo, en mi capacidad de mediador 
— como repetidas veceá lo he hecho — , que son aceptadas 
por el gobierno de Buenos Aires. El marqués de Aracaty 
no tiene justificación en abusar de la franqueza con que 
le enteré de esa carta, valiéndose de ella para retirar las 
proposiciones ya a mí confiadas y sobre las cuales sigo 
creyendo que la paz puede hacerse, sin dificultad ni 
atraso. Tengo el honor de ser, etc., etc., etc. — (firmado) 
R. Gordon. 

A. S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDLEY 

Río de Janeiro, Mayo 17 de 1828. — Eixcmo. señor: 
Antes de recibir la contestación del marqués de Aracaty 
a mi nota del 14 del corriente, le adelanté un proyecto 
de despacho a lord Ponsonby, para el cual deseaba obte- 
ner la aprobación de S. M. I. Por supuesto que la men- 
cionada contestación del marqués ha inutilizado mi último 
esfuerzo ; y sólo trasmito los detalles del mismo a V. E. 
para que pueda juzgar hasta dónde estoy justificado al 
sospechar a este gobierno de mala fe en la presente cir- 
cunstancia. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 



294 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


GORDON A PONSONBY 


Río de Janeiro, Mayo 17 de 1828. — A S. E. lord Pon- 
sonby. — Excmo. señor: Aunque en manera alguna en- 
tiende el gobierno de S. M. I. que la nota del señor Bal- 
caree a V. E., del 24 de Marzo, significa la aceptación de 
las proposiciones que iban a servir de base a una conven- 
ción preliminar de paz, a firmarse en Montevideo, no 
obstante, apoyado en la autoridad de su comunicación 
a mí, y como consecuencia de las seguridades traídas, 
desde Buenos Aires, por el señor Praser, be declarado al 
marqués de Aracaty que el gobierno republicano está 
dispuesto a firmar una convención preliminar sobre la 
base de esas proposiciones, y tengo que anunciar a usted 
que S. M. I. graciosamente ha querido conceder plenos 
poderes a. . . para actuar como su plenipotenciario en 
Montevideo, autorizándolo a firmar en aquel sitio, con 
los plenipotenciarios de Buenos Aires, una convención 
preliminar de la cual forme parte el compromiso de 
S. M. I. de erigir a la Banda Oriental en estado inde- 
pendiente, la que, por lo demás, debe hallarse en estricta 
conformidad con el documento fechado el 18 de Febrero, 
que lleva la rúbrica del ministro brasilero de relaciones 
exteriores. 

S. M. I., además, se ha servido declarar que las hosti- 
lidades cesarán inmediatamente después de la firma de 
la convención preliminar, respecto a la cual, como será 
simplemente fundada sobre su imperial compromiso de 
conceder la independencia de la Banda Oriental, no se 
necesitarán mayores referencias a hacerse acá, entendién- 
dose que la categoría del nuevo estado se regulará por 
un tratado definitivo, que luego se negociará en Río de 
Janeiro. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A PONSONBY 

Río de Janeiro, Mayo 17 de 1828. — Excmo. señor: 
JVLe parece propio enviar a Y. E. copia de la correspon- 
dencia que se ha cruzado entre el marqués de Aracaty y 



LA MISIÓN PON SON BY 


295 


el infrascripto, subsiguiente al recibo de los despachos de 
V. E., llegados por el paquete “Emulous”. 

He tratado, en vano, de disuadir a este gobierno de 
proceder como si sus proposiciones del 18 de Febrero 
hubieran sido rechazadas en Buenos Aires. He llegado 
hasta declarar que, por el contrario, han sido admitidas 
como base de una convención preliminar de paz y en 
términos bien claros he culpado al gobierno del Brasil 
de mala fe, al retroceder, sin justa causa, del artículo 
que proveía la celebración de esa convención en Monte-' 
video. Tampoco dejaré de replicar a la nota de hoy del 
ministro, en términos aún más francos de desaprobación. 

Mientras que mi correspondencia ha sido inspirada en 
el sincero deseo de procurar un inmediato cese de hosti- 
lidades, desde que preveo que el traslado de las negocia- 
ciones a Río de Janeiro causará una demora de dos o tres 
meses, estoy, sin embargo, obligado a admitir que la ré- 
plica del señor, Balcarce a la de V. E. del 24 de Mayo, 
es calculada para poner en dudas al gobierno 1 del Brasil, 
y tengo la esperanza que V. E. insistirá en la necesidad 
que existe de que la república disipe cualquier mal enten- 
dido enviando, cuanto antes, un plenipotenciario a Río 
de Janeiro. 

Elstoy convencido que es nuestro deber apurar la firma 
de una convención preliminar que será seguida de un in- 
mediato cese de 'hostilidades, sin detenernos a averiguar 
nada respecto a la fecha o modo de erigir ia la Banda 
Oriental en estado independiente. Cuanto más de cerca 
examinemos este asunto, más lejos estaremos de adelantar 
los intereses de la Gran Bretaña, y sin esperanza como 
es la tentativa de traer a los beligerantes a ponerse de 
acuerdo sobre la dicha cuestión, todo tenemos que temerlo 
de ligar con ella la continua interrupción de nuestro co- 
mercio. 

No viene al caso ahora argumentar para probar de qué 
lado la buena o mala fe predomina. En mi opinión, si se 
llegara a una tregua de los hostilidades, ellas nunca se 
reanudarían y ambas partes se guiarían por los consejos 
del poder mediador para proveer medios de asegurar la 
independencia de la disputada provincia. 

Lejos de atender, al presente, dudas y cavilaciones so- 
bre el punto, repito que nuestro deber es, sencillamente, 
procurar el cese de hostilidades y dejar lo demás a la 



296 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


negociación de un tratado definitivo. El emperador sos- 
tiene su promesa de conceder la independencia a la Banda 
Oriental. Que la república, bajo este concepto, mande un 
plenipotenciario a firmar una convención por la cual S. M. 
no pueda retractarse. 

La Gran Bretaña ayudará a concertar arreglos ulterio- 
res, 'hecho que debiera considerarse, como suficiente ga- 
rantía para el más sagaz republicano u orientalista. 

He hecho todo lo posible para conseguir que la conven- 
ción preliminar se firme en Montevideo'; pero, habiendo 
fracasado, comprendo que nuestro interés en este asunto 
de ningún modo avanzará por entrar en polémicas y con- 
fío que, sin encontrar necesario comunicar la naturaleza 
de mi alegación con este gobierno, V. E. conseguirá que 
el gobierno de Buenos Aires despache, sin pérdida de 
tiempo, un plenipotenciario a Río de Janeiro. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

GORDON A PONSONBY 

Río de Janeiro, Mayo 17 de 1828. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de enviar a V. E. la narración que 
el señor Fraser hace de su misión a la Banda Oriental, 
en la que tengo el placer de decir que aquel caballero se 
ha desempeñado perfectamente. Tengo el honor de ser, 
etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 


GORDON A ARACATY 

Río de Janeiro, Mayo 21 de 1828. — Eixcmo. señor: 
Si el infrascrito, etc., etc., etc. vuelve a referir a la nota 
de S. E. el marqués de Araeaty, etc., etc., etc. del 17 del 
corriente, no es con el propósito de refutar los argumentos 
con que S. E. ha tenido a bien defender la determinación 
de S. M. I. al declinar el cumplimiento de lo que se pro- 
metió por los cinco artículos de las bases del 18 de Fe- 
brero. El infrascrito comprende toda la inutilidad de 
tal propósito; pero se ve obligado a tomar nota de la 
forma en que ciertas expresiones de su nota del 27 último 
han sido mal interpretadas por el marqués de Araeaty. 




LA MISIÓN PONSONBY 


297 


Nunca se reconoció en esa nota que el emperador tuviera 
justa razón de estar disgustado (u ofendido) por la con- 
testación dada por el gobierno de Buenos Aires, si se 
referían los términos, “no considerándola de ningún modo 
explícita y en armonía con los sentimientos que animan a 
S. M. 1.”, absolutamente a las opiniones del que firma. 
Después de dar una explicación del fundamento erróneo 
de las observaciones del señor Balcaroe, todo lo que el 
infrascrito dijo sobre esas observaciones fué como sigue: 
“No le sorprende advertir, por la nota del marqués de 
Aracatv, que S. M. I. está descontento con la contestación 
dada por el gobierno de Buenos Aires sobre el asunto de la 
pacificación, no considerándola S. M. I. de ningún modo 
explícita y en armonía”, etc. 

Al hacer uso de las últimas expresiones, el infrascrito 
someramente traducía, en su nota del 27 de Abril, el 
sentido de lo que se había alegado por el marqués de 
Araoaty, en la nota de S. E. del 25 del mismo mes, a la 
cual el infrascrito contestaba, no ciertamente con miras 
de estigmatizar al gobierno de Buenos Aires, sino, más 
bien, para explicar y disculparlo. 

En la seguridad de que el marqués de Aracaty se aper- 
cibirá de lo impropia que ha sido la construcción dada a 
las palabras usadas por el infrascrito, sólo se referirá, 
en contestación a la parte de la nota de S. E. del 17 del 
corriente que hace alusión a la intervención de los pleni- 
potenciarios de S. M. B. 

No puede dudarse, en cuanto al celo que ha impulsado 
y que continúa impulsando los esfuerzos de esos pleni- 
potenciarios, a fin de que su intervención resulte bené- 
fica a la causa de la paz. Pero, después que proposiciones 
firmadas fueron confiadas de parte del Brasil al infrasi- 
crito, como ministro mediador; después de haber sido 
trasmitidas por él a Buenos Aires y ser aparentemente 
aceptadas por el gobierno de aquel país, cuando el hecho 
había sido comunicado al gobierno del Brasil en sus va- 
rias comunicaciones del 21 y 27 de Abril y 14 y 17 de 
Mayo, el abajo firmado no se hallaba preparado a ver su 
mediación desacreditada y de cierto modo desautorizada 
por el presente abandono, por el Brasil, de cualquiera de 
los artículos de sus proposiciones originales, retirada que 
ninguna expresión, de clase alguna, del señor Balcaroe 
a lord Ponsonby, puede justificar. 



298 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


En la opinión del infrascrito es irrisorio decir, ahora, 
que se fundan favorables perspectivas en la eficacia de 
la mediación británica; ni puede él, después de lo suce- 
dido, concebir cómo al gobierno de Buenos Aires se le 
puede inclinar a reconocer la saludable 'influencia de esa 
mediación, de la manera mencionada por el marqués de 
Araeaty. 

Si las proposiciones que fueron firmadas por S. E. y 
confiadas al infrascrito el 18 de Febrero, hubieran que- 
dado en manos de los ministros mediadores de Inglaterra, 
para obrar según ellas, en vez de- ser revocadas por el 
marqués de Araeaty, por su nota del 23 de Abril, hay 
fundada razón para creer que una convención preliminar 
de paz se podría haber firmado en Montevideo en el curso 
del mes de Junio. 

Sólo resta al infrascrito el expresar sus más ardientes 
deseos por que el mismo y deseado objetivo no sea inde- 
finidamente retardado. El que suscribe, etc., etc., etc. — 
(firmado) R. Gordon. 

A S. E. el marqués de Araeaty, etc., etc., etc. 

GORDON A ARACATY 

Río Janeiro, Junio 4 de 1828. — El que suscribe, E. E. 
y P. de S. M. B., ha recibido órdenes expresas de su go- 
bierno de dirigir una formal representación a S. E. el 
marqués de Araeaty, etc., etc., etc., respecto a la actual 
ineficacia del bloqueo del Río de la Plata, por las fuerzas 
navales del Brasil. 

Al desempeñar este cometido, confía que una justa 
estimación, por parte del gobierno brasilero, de la gene- 
rosa tolerancia que ha caracterizado la neutralidad de la 
Gran Bretaña, durante el conflicto existente entre este 
país y Buenos Aires, evitará la posibilidad de cualquier 
apreciación equivocada .sobre los motivos en virtud de los 
cuales aquellas órdenes han sido impartidas. 

Recordando, también, las observaciones que, anterior- 
mente, tuvo el honor de elevar al marqués de Araeaty, 
sobre el mismo asunto, el que suscribe confía que el go- 
bierno brasilero no se sorprenderá de saber, ahora, que el 
rey, su señor, tiene la firme determinación de no consentir 
más que sus súbditos sufran, a consecuencia de un bloqueo 



LA MISIÓN PONSONBY 


299 


que no se hace efectivo y que, por tanto, es ilegítimo, por 
la irregularidad con que se practica. 

Aunque profundamente afectara a S. M. el perjuicio 
originado a una porción importante de sus súbditos, por 
el bloqueo del Río de la Plata, él no vaciló en reconocerlo, 
en tanto pareció ser una derivación necesaria del justo 
ejercicio del derecho de los beligerantes. 

S. M., como neutral, siempre ha respetado esos dere- 
chos, cuyo ejercicio ha reclamado en ocasiones anteriores 
y reclamaría otra vez; pero la generalidad debe ser la 
característica de un bloqueo y, si cierta clase de barcos 
pueden violarlo con impunidad, resulta ineficaz contra el 
beligerante y puede, por tanto, ser rechazado por el neu- 
tral. 

Las quejas de los comerciantes ingleses, han sido acom- 
pañadas, desde el principio, por informes dirigidos a 
probar que el bloqueo, que tanto daño les causaba, ni era 
bastante activo, ni uniformemente mantenido, para hacer 
incuestionable su validez. 

Pero, contrario S. M. a proceder en asunto de tanta 
trascendencia, a no ser sobre terreno firme, y resuelto a 
no rehusar a otros poderes el completo beneficio de una 
acción, cuya aplicación él siempre había reclamado en su 
propio favor, se ha abstenido de insistir sobre un punto 
sobre el cual dudas razonables podrían alentarse. 

Sin embargo, lo que al principio fué motivo de dudas, 
se ha hecho, desde entonces, cierto, y aunque es imposible 
fijar, con exacta precisión, el número de barcos que han 
eludido hasta el presente a la escuadra brasilera, sin em- 
bargo, se ha demostrado, con pruebas auténticas, que ese 
número ha sido tan grande, al extremo de hacer, en con- 
junto, inútil el bloqueo. 

No cabe la menor duda de que la fuerza empleada por 
S. M. I. es ampliamente suficiente para cumplir sus ob- 
jetivos; pero, debido a algunas causas, en cuyo examen 
no es propósito del que suscribe entrar, el comercio del 
Río de la Plata está virtualmente abierto a buques de 
ciertas condiciones y depuestos a correr cierto riesgo, y 
completamente cerrado a los barcos ingleses de comercio, 
que tienen mayor calado y navegan con más cuidado por 
prudentes consideraciones. 

La protección que el rey de Inglaterra debe a sus súb- 
ditos, no le permite resignarse al sacrificio de su comer- 



300 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ció, por una medida que no es aplicable, per igual, a la 
navegación comercial de todas clases y de tod.as las ban- 
deras. 

.S. M. respetará un bloqueo, así uniformemente soste- 
nido, pero su almirante ha recibido órdenes de proteger 
al comercio inglés contra los efectos de una parcial y, por 
tanto, injusta exclusión. 

El que suscribe, encarecidamente pide a S. E. el mar- 
qués de Aracaty que someta esta reclamación a la inme- 
diata consideración de S. M. I., no dudando que, si es la 
intención de S. M. I. continuar el bloqueo, se adoptarán 
inmediatamente medidas para cambiar su carácter pre- 
sente y hacerlo más uniformemente eficiente; y, no ocu- 
rriendo así, el almirante británico se verá en la necesidad 
de dar inmediato cumplimiento a las instrucciones que ya 
están en su poder, a fin. de obtener una justificada pro- 
tección para el comercio, tanto como para los derechos 
legales, de los súbditos de S. M. B. 

El que suscribe tiene el honor, etc., etc.', etc. — (fir- 
mado) R. Gordon. 

A S. E. el marqués de Aracaty, etc., etc., etc. 


GORDON A DUDIjEY 

Río Janeiro, Junio 6 de 1828. — Exemo. señor: No he 
demorado en poner en ejecución las instrucciones conte- 
nidas en el despacho n.° 16, de V. E., relativo al bloqueo 
del Río de la Plata, y confío que la reclamación dirigida 
a este gobierno, de la cual tengo el honor de incluir una 
copia, a la vez de recapitular exactamente las razones 
articuladas por V .E., será juzgada de acuerdo con las 
relaciones amistosas existentes entre S. M. y el emperador 
del Brasil. 

Cuando el almirante Otway retorne al puerto, me pon- 
dré en comunicación con él, a fin de concertar ulteriores 
medidas, en conformidad con la actitud que este gobierno 
pueda adoptar, a consecuencia de mi. reclamación. 

•Soy con gran sinceridad y respeto, etc., etc., etc. --- 
(firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 



LA. MISIÓN PONSONBY 


301 


GORDON A DUDLEY 

Río do Janeiro, Junio 18 de 1828. — Excmo. señor: 
Mientras que es de presumir que la representación que 
por deseo de Y. E., he hecho a este gobierno, respecto a 
la ineficacia del bloqueo del Río de la Plata, provocará 
su total abandono, es justo declarar que el sistema de 
corsarios ha llegado al colmo y que continuará así, tan 
ilegalmente mantenido por el lado de Buenos Aires. 

Sería tan fácil al Brasil prometer someterse a la ley a 
vigorizar, como se debe, sus derechos de beligerante, como 
ha sido para Buenos Aires formular promesas similares 
respecto a los corsarios. Por igual, La incapacidad de am- 
bas partes, para cumplirlo, es igualmente evidente. 

Los comerciantes británicos en ésta están exasperados 
más allá de lo imaginable, por el despojo de sus merca- 
derías, que continúa practicándose por los corsarios, casi 
a la vista de este puerto. 

De esta manera, el ‘ ‘ George Ganning” y “Eliza”, bu- 
ques mercantes, han sido detenidos y saqueados, y sus 
patrones maltratados, este último mes. El final del “Olo- 
rinda” habrá sido comunicado por el cónsul de S. M., y 
de la captura del “Néstor” ya enteré a Y. E. Si el blo- 
queo se levanta antes de que se haga la paz, este merodeo 
de los corsarios aumentará a un grado enorme y los me- 
dios y recursos de Buenos Aires para ir contra Los bra- 
sileros, se doblarán, mientras que nosotros habremos 
arrancado de manos del último la única arma eficaz que 
hasta ahora ha podido esgrimir, con buen éxito, contra 
su enemigo. 

Me tomo la libertad de someter estas indicaciones a la 
consideración de V. E., en el caso de que la guerra con- 
tinúe. 

Tengo, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Junio 22 de 1828. — Excmo. señor: 
El señor Gordon habrá informado a Y. E. de que S. M. I. 
desea entrar en negociaciones en Río de Janeiro, en vez 




302 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


de Montevideo, y yo debo hacerle saber que este go- 
bierno ha consentido. 

A fin de dar a V. E. la impresión más clara, y creo 
que la más breve, de lo sucedido aquí, adjunto un me- 
morándum de mi conversación con S. E. el gobernador, 
mi nota oficial, como resultado de ella y la respuesta del 
gobierno. 

Mi nota consiste, principalmente, en un extracto de 
una carta del marqués de Aracaty al señor Glordon, de 
cuyo extracto también le envié al gobernador una copia, 
privadamente, en portugués. 

He optado por este procedimiento, a fin de evitar toda 
responsabilidad en cuanto a la acepción del concepto 
^independencia”, que, como V. E. lo verá, S. M. I. pro- 
mete otorgar y cuya promesa la toma este gobierno como 
razón para mandar plenipotenciarios a Rio de Janeiro. 

Sé lo que aquí se entiende ser el significado de esa 
palabra, pero mucho me temo que el emperador la en- 
tienda de manera muy diferente. 

Consideré acertado mantenerme alejado, por el mo- 
mento, de esta probable dificultad, e hice todo lo posible 
para procurar un principio de negociación, lo que con- 
sidero una cosa muy útil en las presentes circunstancias. 

Las manifestaciones del* gobernador en esta conversa- 
ción conmigo, demuestran que él no está en error, en 
cuanto a las intenciones del emperador sobre un punto, 
y creo qu'e está convencido por la evidencia, emanada de 
una multitud de versiones procedentes de Rao, de que 
el gobierno brasilero piensa en cualquier cosa antes que 
en un arreglo que, bajo el nombre de independencia, de- 
jara a la provincia Oriental sustancialmente libre de 
toda intervención de la autoridad del emperador en sus 
asuntos. 

El gobernador declara haber obrado, al acceder al 
envío de la misión a Río, principalmente con el deseo de 
mostrar su deferencia a los consejos del gobierno de 
S. M. y para probarle que anhela una paz en los tér- 
minos que él considera justos y honorables; y yo debo 
agregar que él ha hecho, en efecto, todo lo que se me ha 
ordenado proponerle sobre la cuestión. 

Mis instrucciones no van más allá de recomendar la 
base sobre la independencia. Y. E. tendrá la bondad de 
observar que, en mi conversación, tomé la precaución de 



LA MISIÓN PONSONBY 


303 


dejarle entender indirectamente al gobernador que lo 
consideraba comprometido, ante el gobierno de S. M-, 
a cumplir sus promesas' y a continuar la política que él 
había autorizado al ministro mediador a comunicar a 
la otra parte que era la política del. gobierno republicano. 

Soy de opinión que el gobernador cumplirá sus com- 
promisos, a menos que el gobierno brasilero le dé una 
fácil oportunidad de escaparse de ellos. En este mo- 
mento, le. interesa hacer la paz sobre la base propuesta y 
pienso que podría rechazarla sin arriesgar su propia 
caída; pero V. E. sabe que él era violentamente contrario 
a la independencia de la Banda Oriental y con cuánta 
dificultad fué llevado a dar un abierto asentimiento a 
esta fórmula. 

La perspectiva de éxito de las operaciones militares, 
no dudo que lo entusiasmará y lo dispondrá a volver a 
sus viejas doctrinas, si puede. 

Los sucesos producidos últimamente por Fructuoso 
Rivera (hasta hace poco un desterrado y al margen de 
la ley), y el establecimiento de este hombre en el poder, 
en los sitios donde ahora está, han aliviado al gobernador 
de la presión que la política y autoridad de Lavalleja le 
impusieran; pero todavía espero que será obligado a 
hacer de la independencia de la provincia la base de su 
gestión. 

Y. E. puede estar seguro de que, lejos de estar incli- 
nado a pactar la paz sobre condiciones inferiores, este 
gobierno está preparando medidas que, si tienen éxito, 
le harán agradecer al emperador poder obtenerlas. 

La fuerza doméstica del gobierno ha aumentado con- 
siderablemente frente a sus adversarios internos, cuya 
real debilidad se ha puesto, de manifiesto en diversas 
formas, aunque ellos son, todavía, bastante activos y 
vigorosos para poder dar una ventaja decidida a cual- 
quier otro partido que pueda atacar la autoridad del 
gobierno con firmeza. 

Al presente, por lo tanto, creo que, el gobierno puede 
disponer de casi todos los recursos del país, y segura- 
mente quedan en él recursos no desdeñables. 

La fracción que acabo de mencionar, ha estado y está 
haciendo empeños para producir anarquía en el ejército 
de Lavalleja. 

El gobernador conoce el plan y sus agentes, pero no 



304 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


se puede asegurar, positivamente, que se esforzará en 
proteger a Lavalleja, a quien él teme. Sin embargo, le 
ha comunicado estos hechos a aquel general. 

El gobierno ha comprado un barco francés, que puede 
ser armado con veinte y dos cañones. Está siendo pre- 
parado como corsario. Creo que hay ahora más o menos 
veinte corsarios en el mar, después de la última pérdida 
de uno o dos, por haber encallado y caído en manos del 
enemigo. 

Se esperan considerables aumentos, para esta fuerza, 
de Norte América y, también, barcos británicos com- 
prados con este propósito. Un gran número de embar- 
caciones ha sido preparado para desembarcar tropas. 

El ejército ha sido considerablemente aumentado y el 
señor López, gobernador de la provincia de Santa Fe, 
quien manda en jefe (con Fructuoso Rivera como se- 
gundo) lo que ellos llaman el ejército del Norte, está 
destinado a ejecutar parte de un gran plan de opera- 
ciones contra el enemigo. 

Creo que el plan consiste en barrer las provincias del 
Sur del imperio, y tratar de penetrar hasta San Pablo, 
provincia que ha sido especialmente trabajada por los 
enemigos secretos del emperador, para cooperar, con los 
republicanos, en contra de su .soberano. 


Es innecesario que destaque el gran cambio que la 
conquista de las Misiones puede originar en el desarrollo 
de las negociaciones, pero confío que V. E. me dará ins- 
trucciones al respecto. 

He detenido el paquete toda la semana, esperando la 
decisión del gobierno sobre la partida de los plenipoten- 
ciarios, quienes estaban acordado que se embarcarían en 
él para Río. 

Ahora, estoy informado de que no partirán y he fijado 
para hoy su salida. 

Tengo el honor de adjuntar una copia de mi carta al 
señor Gordon, con fecha 18 de Junio, tocante a la misión 
a Río, la que puse en conocimiento del gobernador. 

Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., etc. < — 
(firmado) John Ponsonby. 

A S. E. el earl de Dudley, etc., etc., etc. 




LA MISION PON SON BY 


305 


GORDON A DUDLEY 


Río de Janeiro, Julio 12 de 1828. — Excmo. señor : Es 
muy notable que mientras he tenido que hacer presente 
a este gobierno que el bloqueo del Río de la Plata, como 
se ha llevado hasta ahora, no puede ser respetado por 
más tiempo por el gobierno de S. M., ha circulado en Río 
de Janeiro una comunicación oficial del gobierno de 
Francia, declarando la validez efectiva de aquel bloqueo. 

Tengo el honor de incluir para V. El. un diario que 
contiene el despacho del ministro de comercio francés, al 
efecto. Hasta ahora, he insistido en vano, tanto verbal- 
mente como por carta, para obtener contestación a mi 
nota del 4 de Junio. Esto- es, sin duda, atribuible a la 
confiada expectativa que se ha tenido de la llegada de 
los plenipotenciarios de Buenos Aires, con quienes el em- 
perador ha determinado, positivamente, firmar los preli- 
minares. Se anunciaron en el paquete “ Wellington”, 
que desgraciadamente ha llegado sin ellos. 

Digo “desgraciadamente”, porque las resoluciones del 
emperador pueden fluctuar, mientras que ahora están fir- 
mes a causa del pánico causado por la última insurrección 
de los alemanes y de su deseo de reconciliar a la opinión 
pública. 

V. E. sabrá, por lord Ponsonby, que los plenipotencia- 
rios deben llegar en el próximo paquete de Buenos Aires, 
y como la negociación pro paz debe, en consecuencia, em- 
pezarse a principios de Agosto, confío que V. E. aprobará 
que previamente yo no pida al almirante Otway que le- 
vante el bloqueo, pues hacerlo completamente eficiente 
está más allá del poder de la armada brasilera. 

De otro modo, el gobierno de Buenos Aires no se vería 
inducido a hacer la paz y el Brasil se hallaría a su mer- 
ced, al tratar con ellos; mientras que el conocimiento de 
que nuestro almirante debe efectivamente cumplir sus 
instrucciones, necesariamente detendrá cualquier preten- 
sión injusta, la que se sospecha pueda tener S. M. I., res- 
pecto al destino futuro de la Banda Oriental. 

No diré que el emperador no haya dado motivo a sus 
enemigos para sospechar tales intenciones y del signifi- 
cado que S. M. I. pudiera querer dar a la palabra inde- 
pendencia; pero sinceramente afirmo que, si hubieran 



306 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


llegado aquí los plenipotenciarios de Buenos Aires du- 
rante los últimos seis meses, se habrían firmado prelimi- 
nares de paz a satisfacción de todas las partes y, en con- 
secuencia, nunca podré dejar de lamentar lo suficiente 
que tanto tiempo se haya perdido en previas discusiones 
especulativas. 

Tengo, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Dudley, etc., etc., etc. 

PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Julio 12 de 1828. — Exorno, señor: El 
memorándum adjunto, sobre una conferencia mantenida 
con S. E. el gobernador, informará a Y. E. de lo prin- 
cipal de las instrucciones a que los plenipotenciarios 
deben sujetarse en Río de Janeiro. 

El gobernador se ha apartado de su anterior compro- 
miso conmigo; pero no creí bien oponerme a lo que él 
ha propuesto, aunque es evidente su intención de pro- 
curar el afianzamiento de ,su influencia sobre toda la 
provincia Oriental y su ulterior anexión a la república. 

Es innecesario molestar a Y. E. con un detalle de los 
medios que probablemente empleará el gobernador para 
llevar a cabo tal propósito; baste decir que sería por 
medio de Fructuoso Rivera, a quien él cree poder habi- 
litar para derribar al general Lavalleja, inmediatamente 
después de la conclusión de la paz que ahora él ha pro- 
puesto. 

Mi opinión es que el gobernador no tendría éxito; 
pero creo que S. M. I. debe hacer la paz en cualquier 
forma. Está demostrado que él no ha hecho ninguna 
impresión sobre este país por la guerra, que lo coloca 
en tantas dificultades y, agregaré, peligros. 

Su mejor arma, hasta ahora, ha sido el bloqueo, pero 
aún este está a punto de ser inutilizado, o muy debili- 
tado, por los establecimientos creados en Salado y Bahía 
Blanca. 

Las instrucciones ahora impartidas, contienen mejoras. 

Parecen dar una capa para disimular, un poco, el 
abandono, por parte del emperador, de la Banda Orien- 
tal ; también cubren el abandono, por el gobernador, de 
sus viejas declaraciones parlamentarias y públicas con- 
tra la • separación de la provincia Oriental de la repú- 



LA MISIÓN PONSONBY 


307 


blica y su independencia y pueden ayudarle a justificar 
sus medidas pacíficas, con más fuerza, contra los ataques 
de sus adversarios de esta ciudad. 

El partido que ha apoyado al emperador en Monte- 
video, etc., posiblemente verá en la presente fórmula una 
mayor oportunidad de mantener su influencia y, final- 
mente, el artículo que estipula el retiro del ejército re- 
publicano detrás del río Uruguay, elimina, por el mo- 
mento, toda cuestión referente a las Misiones, reciente- 
mente conquistadas, de la cual yo temía derivaran difi- 
cultades actuales y considerables. 

El despacho de V. E. (no. 5) acompañándome su des- 
pacho (no. 17), para el señor Gordon, que confirma las 
instrucciones originales del gobierno de S. M., aprobando 
la separación de la provincia en disputa del dominio de 
ambos beligerantes, pero, al mismo tiempo, reiterando el 
deseo del restablecimiento de la paz, garantirán comple- 
tamente, creo, los pasos que he dado y que espero serán 
aprobados por el gobierno de 8. M. Tengo el honor de 
saludar a Y. E., etc., etc., etc., etc. — (firmado). Fon- 
sonby. 

A S. E. el earl de Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A DUDIiEY 

(Extracto de carta.) Río Janeiro, Julio 12 de 1828. — 
Y. E. será informado por lord Ponsonby de que los ple- 
nipotenciarios llegarán en el próximo paquete procedente 
de Buenos Aires; en consecuencia, las negociaciones de 
paz se iniciarán a principios de Agosto. Confío que Y. E. 
aprobará que yo no haya ordenado previamente al almi 
rante Otway la ruptura del bloqueo, porque mantenerlo 
completamente eficiente está más allá del poder de la ar- 
mada brasilera. 

De otro modo, el gobierno de Buenos Aires no tendría 
empeño en hacer la paz y, en la negociación con él, el 
Brasil quedaría a su merced; mientras la certidumbre de 
que nuestro almirante deberá eventualmente cumplir sus 
instrucciones, necesariamente desvanecerá cualquier in- 
justa pretensión que se sospeche abrigue S. M. I. con 
respecto al destino futuro de la Banda Oriental. 


(firmado) R. Gordon. 



308 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


PONSONBY A DUDLEY 

Buenos Aires, Julio 24 de 1828. — Exemo. señor: 
Ayer entregué la carta de S. M. comunicando a S. E. 
el gobernador mi retiro de esta misión. 

Me recibió con toda la ceremonia calculada para mos- 
trar su respeto a S. M. el rey. Todas las autoridades y 
funcionarios fueron invitados y asistieron a la audiencia. 
Hubo una guardia de honor y saludos de la fortaleza, a 
mi llegada y partida. 

Dirigí una alocución a S. E., tan concisa como pude, 
dentro de lo correcto, evitando, cuidadosamente, mezclar 
la política. S. E. contestó en los términos correspon- 
dientes. 

V. E. encontrará una descripción de la ceremonia, y 
también el discurso del gobernador, en el diario adjunto, 
con una traducción del mío. 

Obedeciendo a las órdenes de S. M., presenté al señor 
Parifeih como encargado de negocios de S. M. Tengo el 
honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — (firmado). 
John Ponsonby. 

A S. E. el earl de Dudley, etc., etc., etc. 

GORDON A ABERREEN 

Río Janeiro, Agosto l.° de 1828. — Exemo. señor: En 
mi despacho n.° 63, a earl Dudley, tuve el honor de ma- 
nifestar que, en virtud de estar próximas las negociacio- 
nes de paz entre el Brasil y Buenos Aires, no creía acer- 
tado que el almirante Otway llevara a efeeto sus instruc- 
ciones, motivadas por la continuada ineficacia del bloqueo 
del Río de la Plata. 

Tengo, ahora, el honor de acompañar a V. E. una copia 
de la carta que, sobre el asunto, he dirigido al almirante 
Otway. He creído que era mi deber escribirla, desde que, 
hasta el momento presente, el gobierno brasilero no ha 
juzgado oportuno darse por informado de mi nota del 4 
de Junio. 

Al mismo tiempo, corresponderá a lord Ponsonby de- 
terminar con el almirante Otway, luego de tomar en de- 
bida consideración las perspectivas que ofrezcan las pró- 



LA MISIÓN PON SON B Y 


309 


ximas negociaciones, hasta dónde será conveniente, adoptar 
!a actitud que se recomienda en la carta adjunta. 

Tengo el honor, etc., etc., etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. lord Aberdeen, etc., etc., etc. 

GORDON A OTWAY 

Río de Janeiro, Agosto l.° de 1828. — Señor almirante: 
Como todos los días se espera la llegada de los plenipo- 
tenciarios de Buenos Aires y como puede , suponerse que 
esto lleve a una pronta terminación de la guerra, he con- 
siderado que cualesquier actitud que pueda usted tomar, 
en este momento, respecto al bloqueo del Río de la Plata, 
podría hacer peligrar el buen éxito de la negociación a 
iniciarse y frustrar, así, el objeto principal del gobierno 
de S. M. 

Al mismo tiempo, si no hubiera perspectiva de suscribir 
los preliminares hacia el fin de este mes y si la informa- 
ción que usted reciba del Río de la Plata evidencia sa- 
tisfactoriamente que el bloqueo no ha adelantado en rigor, 
a consecuencia de mi nota del 4 de Junio, no vacilo en 
manifestar que no se debe permitir, por más tiempo, que 
se intercepte el comercio británico, y que creo habrá lle- 
gado la hora de que usted haga efectivas las instrucciones 
que ha recibido, a fin de dar justa protección a nuestro 
comercio con Buenos Aires. 

Las razones que he tenido el honor de exponer más 
arriba, para aguardar, hasta fin de este mes, el resultado 
de las tratativas preliminares de paz, me inducen a acon- 
sejar que las medidas que usted crea conveniente adoptar, 
en cuanto al bloqueo, no deben hacerse públicas hasta que 
aquel momento haya llegado. 

Tengo el honor, etc. — (firmado) R. Gordon. 

A. S. E. el vicealmirante R. W. Qtway, etc., etc., etc. 

GORDON A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Agosto l.° de 1828. — Excmo. señor: 
Habiendo significado a lord Ponsonby, hace algún tiempo, 
que yo volvería a Inglaterra a fines del mes de Julio, he 
recibido noticias de S. E. de su intención de salir de Bue- 
nos Aires el 19 de ese mes, con el propósito de cumplir 
6us funciones como ministro británico ante esta corte. 



310 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Deploro muchísimo que el objeto por el cual mi per- 
manencia se prolongó en este país, no se haya coronado 
previamente a mi partida; pero no deja de satisfacerme 
el enterar a V. E. que mi ausencia, en las actuales cir- 
cunstancias, no puede ser perjudicial ial servicio de S. M., 
desde que en nada puede progresarse en sentido de la 
paz con Buenos Aires hasta la llegada de los plenipoten- 
ciarios de allí; y como lord Ponsonby llegará a Río de 
Janeiro más o menos al mismo tiempo que ellos, los be- 
neficios a esperarse de la mediación de un ministro bri- 
tánico se hallarán perfectamente asegurados con la pre- 
sencia de S. E. 

Presentaré a S. M. mi carta de retiro el 3 del corriente 
y zarparé el 5 en el buque de S. M. “Blossom”, habiendo 
presentado previamente al señor Aston, como encargado 
de negocios, hasta la llegada de lord Ponsonby. 

Tengo el honor, etc. — (firmado) R. Gordon. 

A S. E. el conde Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A BALCARCE Y GUIDO 

Río de Janeiro, Agosto 20 de 1828. — El infrascrito, 
enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de 
S. M. B., tiene el honor de acusar recibo de una carta, 
fechada el 20 de Agosto, de SS. EE. el general Balcarce 
y el general Guido, ministros plenipotenciarios de la re- 
pública de las Provincias Unidas del Río de La Plata, 
por la cual solicitan ser informados si el infrascrito, en 
su calidad oficial, puede garantir el cumplimiento de las 
condiciones que se estipularan en un acuerdo preliminar 
o tratado definitivo de paz. 

En respuesta, el infrascrito tiene el honor de comuni- 
carles que no tiene autorización de su gobierno para con- 
traer ningún compromiso de garantía de ninguna con- 
vención preliminar o tratado definitivo de paz, y se per- 
mite referir al conocimiento de S. E. el general Balcarce 
de que, cuando el infrascrito tuvo el honor y el placer 
de desempeñar la misión de representante británico en 
Buenos Aires, se hallaba en posición similar. 

El infrascrito acompaña a esta nota una carta, en res- 
puesta a ciertas preguntas formuladas por SS. EE. sobre 
la cuestión de las garantías, reales o aparentes, a esta- 
blecer para el extricto cumplimiento de las condiciones 



LA MISIÓN PONSONBY 


311 


tales como la evacuación de las fortalezas en la Banda 
Oriental, que puedan ser convenidas entre los belige- 
rantes. Eil infrascrito, etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S¡S. EE. los ministros plenipotenciarios de la repú- 
blica de La Plata. 


PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Agosto 20 de 1828. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de enterar a V. E. de mi llegada aquí y de 
que S. M. I. ha fijado el 21 del corriente para la recepción 
de la carta credencial de S. M. 

Tendré oportunidad de remitir un despacho a V. E., 
el 24, por el “Briton”, buque de S. M., y entraré al 
asunto de las negociaciones de paz pendientes. No puedo, 
por ahora, arriesgar más que mi esperanza de un favo- 
rable resultado en ese' asunto. Los plenipotenciarios de 
Buenos Aires, hasta ahora, se han conducido con gran 
prudencia y moderación y parecen haber resultado per- 
sonalmente muy agradables a los miembros indicados 
para tratar con ellos. Espero que hagan tanto como sea 
probable reciba ratificación en Buenos Aires. 

En consecuencia de la rápida y efectiva ayuda prestada 
por el vicealmirante sir Robert Otway, en tiempo de los 
peligrosos disturbios ocurridos en esta ciudad, S. M. I. ha 
manifestado gran consideración hacia ese distinguido 

S. M. I., después de mi llegada aquí, ha llamado al 
almirante a su presencia, quien me dice que nota en el 
emperador disposición a arreglar todo en conformidad 
con los deseos de nuestro soberano. 

El almirante ha hecho todo para demostrar su respeto 
por el cargo con que tengo el honor de hallarme investido 
por S. M., y tengo la seguridad que me prestará gran 
ayuda con S. M. I. en el cumplimiento de mi deber. 

Remito una copia de una carta particular mía al go- 
bernador de Buenos Aires, escrita con la esperanza de 
inducirlo a abandonar todos los planes revolucionarios 
que más o menos ha apoyado. La paz será el mejor re- 
medio para los descontentos y la más segura derrota del 
partido disconforme de aquí, pero no desperdiciaré paso 
alguno que crea necesario para ese propósito. 

El barón Mareschal me dijo que S. M. I. no cree aún 
en la existencia de ningún plan contra su gobierno e 



312 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


imagina que yo, o alguien más, inventó un cuento para 
intimidarle. Talvez la apreciación del barón, en cuanto 
a la opinión actual de S. M. I. en este punto, no sea del 
todo cierta. Creo que es de poca importancia establecerlo, 
ahora. Tengo el honor, etc., etc. — (firmado) John Pon- 
sonby. 

A S. E. lord Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Agosto 21 de 1828. — Excmo. señor: 
Fui recibido, en audiencia, esta mañana, y entregué la 
carta credencial de S. M. a S. M. I. el emperador, quien 
tuvo a bien recibirme muy cordialmente. Tengo el honor, 
etc., etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. lord Aberdeen, etc., etc.', etc. 


PONSONBY A PARISH 

Río de Janeiro, Agosto 27 de 1828. — A. S. 8. Wood- 
bine, Parish, etc., etc.!, etc. — Buenos Aires. — Señor: 
Adjunto una copia del acuerdo preliminar que ha sido 
convenido entre los plenipotenciarios de la república Ar- 
gentina y los plenipotenciarios de S. M. el emperador 
del Brasil. 

Ha habido grandes dificultades que vencer para llegar 
a feliz término, derivadas de la naturaleza misma del 
asunto ; pero eíllas han sido finalmente resueltas por la 
moderación y sabiduría de los ministros a quienes esa 
delicada misión fué confiada. 

El marqués de Aracaty me ha asegurado que su go- 
bierno ha cedido en muchos puntos de esa convención, 
accediendo a los deseos del gobierno de S. M. y él, in- 
sistentemente, me pidió que le diera seguridades de que 
el gobierno de la república confirmaría el acto de sus 
plenipotenciarios. Le contesté que yo no podía responder 
por la conducta de los demás, pero que tenía plena con- 
fianza en la buena fe de S. E. el señor Dorrego, que 
especialmente me había prometido sancionar lo que los 
plenipotenciarios de la república convinieran. 

En aquella ocasión, manifesté a S. E. el señor Dorrego 



LA MISIÓN PON SON B Y 


313 


que yo consideraba a su gobierno y a ambos beligerantes 
(que habían deseado y aceptado la mediación de S. M.), 
obligados, por un compromiso de honor, a cumplir con 
escrupulosa exactitud todos los convenios a que arriba- 
ran con el- ministro de S. M. y que cualquier desviación, 
fuere cual fuese el pretexto que se alegare, de esos acuer- 
dos, se convertiría en causa del más serio conflicto entre 
el gobierno que los violara o tratara de eludirlos y S. M. 
el rey de Inglaterra. 

El marqués se declaró satisfecho y me manifestó que 
confiaba en el gobierno republicano y que, por su parte, 
el gobierno imperial cumpliría, con la más estricta fide- 
lidad, sus compromisos. 

Ruego a S. S. que explique, detenidamente, todo esto 
a S. E. el gobernador, haciéndole notar la responsabi- 
lidad- que he contraído sobre mí, proveniente de mi ab- 
soluta confianza en su proceder, basada en el conoci- 
miento que de él he adquirido. No será necesario insistir 
demasiado, al hablarle sobre el seguro desagrado que se 
produciría entre la Gran Bretaña y Buenos Aires, si el 
gobierno republicano cay era. en la tentación de separarse 
del espíritu de sus promesas, lo que — debo advertirlo — 
sería considerado como un insulto por el gobierno bri- 
tánico, pues el señot* Borrego, con su innata perspicacia^ 
abarcará todas esas eventualidades. 

Las condiciones establecidas y adoptadas en esta con- 
vención, son de tal naturaleza que la república puede 
estar orgullosa de haberlas obtenido y el gobierno que 
ha logrado alcanzarlas merece la . eterna gratitud de su 
país. 

Puedo afirmarle, con seguridad, que el emperador 
sólo necesita la adopción de una medida muy sencilla y 
fácil para asumir una posición beligerante muy distinta 
a la mostrada, hasta ahora, en su contienda con la re- 
pública, porque, con solo gastar una pequeña parte de 
sus recursos pecuniarios está en condición de procurarse 
buenos oficiales, que puede encontrar en crecido númer 
r <>; y yo agregaré que S. M. I. está enterado de la nece- 
sidad de adoptar esa medida. 

Opino, por consiguiente, que la paz debe ser hecha 
ahora o, de lo contrario, la república tendrá que encarar 
dificultades un millar de veces mayores que las que 
hasta ahora se le han presentado. Algunos trabajos se 



314 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


han hecho aquí para convencer de que la escuadra fran- 
cesa estaba próxima a forzar el bloqueo del Plata, a 
consecuencia de las diferencias surgidas entre el gobier- 
no francés y el de S. M. I., por cuestiones relacionadas 
con fletes marítimos, etc. Debo, por lo tanto, comuni- 
carle que esas diferencias han sido resueltas y que el 
gobierno imperial ha convenido en pagar la cantidad 
pedida por Francia como compensación, etc. 

El hecho es que los franceses hacen circular los rumo- 
res que he mencionado con el fin de convertir la guerra 
entre la república y el emperador en instrumento dé sus 
propias pretensiones y S. S. observará que ha sido, desde 
el arreglo de las dificultades con Francia, que el go- 
bierno imperial ha consentido en la convención preli- 
minar y. por consiguiente, que no ha sido influenciado, 
en ningún grado, por los temores de una hostilidad fran- 
cesa para resolver sobre la continuación de la guerra. 

El emperador desea estar en los términos más amis- 
tosos con la república y nada sería más ventajoso, para 
todos que así sucediera. 

Estoy tan plenamente convencido de esto y de la firme 
opinión de nuestro gobierno sobre el particular, que to- 
mé sobre mí la responsabilidad de exhortar a los pleni- 
potenciarios, en la forma más expresiva, a aceptar ciertas 
condiciones propuestas por el gobierno imperial, de las 
que yo sabía que el emperador no desistiría, pero res- 
pecto a las que había alguna resistencia de parte de los 
plenipotenciarios republicanos. Befiero, particularmente, 
a la evacuación de las Misiones, asunto, en sí, completa- 
mente desprovisto de importancia para los intereses de 
la república, en las actuales circunstancias, pero que, 
probablemente, si hubiera sido rechazado, habría dado 
lugar a sucesos en esa región que habrían renovado la 
guerra y que, por consiguiente, era, en mi opinión, ven- 
tajoso para el bien común de parte del gobierno im- 
perial. 

Ño encuentro palabras adecuadas para expresar a S. S. 
mi opinión sobre los peligros a que la república se ex- 
pondrá, si la convención preliminar no fuera confirma- 
da ; pero S. S. conoce demasiado los sentimientos de 
nuestro gobierno y el estado de sus relaciones con la 
república, para no estar perfectamente enterado de las 
consecuencias que para esas futuras relaciones podrían 



LA MISIÓN PONSONBY 


315 


derivarse, inmediatamente, por la adopción de parte de 
la república, de nna política tortuosa. 

S. S. sabe que yo confio en el general Dorrego y, tam- 
bién, sabe cuánto deseo ver a su gobierno consolidar la 
fuerza real del país, y mi convicción de que la prospe- 
ridad de la república contribuirá a fomentar nuestros 
propios intereses y retribuirá nuestros deseos de ser los 
más fieles y firmes amigos de Buenos Aires. Por lo tan- 
to, S. S. comprenderá la intensidad de la zozobra que 
tengo de que el señor Dorrego se exponga al cierto e 
inevitable derrumbe de su propio poder en la república, 
por ser causa ostensible y marcada de los más graves 
males que a un estado en la condición en que está la 
república se le pueden acarrear. 

No es una situación como la actual, ni en asunto de 
tan inmensa trascendencia para el bienestar de un país, 
que un hombre de inteligencia ordinaria y sentido co- 
mún usaría un lenguaje de vanas cortesías; y un hom- 
bre de la alta capacidad mental del señor Dorrego, no 
dejaría de considerar tal lenguaje con el desprecio que 
se merece. 

Por consiguiente, diré que Buenos Aires es un país 
débil comparado con la Gran Bretaña y que Inglaterra 
puede perjudicar a la república más que lo que cual- 
quier otro estado puede hacerlo, si su justo resentimiento 
fuera provocado; y que, entre los naturales efectos que 
la actitud hostil de Inglaterra causaría en el pueblo de 
Buenos Aires, no sería el menor su enojo contra el autor 
de la desavenencia : y el señor Dorrego destacaría pro- 
minentemente, ante el congepto público, como ese hom- 
bre. Es, para mí, un deber muy grato de mi parte, poner 
en su conocimiento la inteligente, conciliadora y patrió- 
tica conducta de los plenipotenciarios tan acertadamente 
elegidos por S. E. el señor gobernador para llevar a la 
práctica sus prudentes y sabias instrucciones. Sus ma- 
neras corteses y correctas y la franqueza de su conducta, 
han producido honda impresión en el ánimo de los mi- 
nistros de S. M. I., han facilitado la solución de muchas 
dificultades y, estoy seguro, han puesto los fundamentos 
sobre los que la futura y permanente existencia de razo- 
nables y cordiales sentimientos, entre los dos estados, 
podría descansar, pues, en realidad, sus intereses son 
demasiado distintos para chocar y la común convenien- 


336 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


cía mantendrá esa amistosa consideración entre ambos. 

Permítome insistir ante S. S. sobre 'la necesidad de 
llevar a feliz término, cuanto antes, este asunto; nada 
más urgente. El marqués de Aracaty ha prometido en- 
viar un plenipotenciario a Montevideo, para firmar la 
ratificación, etc. Le recordaré para que la cumpla, sin 
tardanza, su promesa. 

'Piense cuántos accidentes pueden ocurrir, si se pierde 
tiempo, y qué fatal sería una renovación de las hostili- 
dades para los grandes intereses del país, que ambos tan 
vivamente deseamos ver floreciente. El gobernador está 
comprometido con nosotros a no permitir que la con- 
vención de Santa iFe destruya la obra de sus plenipoten- 
ciarios y yo sé que él tiene poder para mantener su 
promesa. 

S. S. convendrá conmigo, estoy cierto, eil que, cual- 
quier alteración que se intente introducir en este acuerdo 
preliminar, responderá al intento de destruirlo y, tam- 
bién, en que no existe la necesidad de introducir modi- 
ficación, por cuanto, todo lo que se desee hacer a ese res- 
pecto, puede realizarse al negociar el tratado definitivo 
de paz. Por consiguiente, consideraré la alteración como 
un mero pretexto y tendré cuidado de poner en conoci- 
miento del gobierno de S. M. este juicio que he formado. 

Nuestro almirante ha sido muy conciliador y ha hecho 
todo lo que nuestros amistosos anhelos han deseado. 

Confío que ahora tendrán término definitivo los dis- 
gustos entre Inglaterra y Buenos Aires, motivados por 
el asunto de las avaluaciones, etc., y que los dos países 
continuarán, hasta la eternidad de los tiempos, estimán- 
dose mutuamente y unidos por la más sincera amistad. 

Tengo el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — 
(firmado) John Ponsonhy. 

PONSONBY A ABERDEEN 


Río de Janeiro, Agosto 29 de 1S28. — Excmo. señor: 
He mencionado a V. E. las aprensiones que algunos sien- 
ten, para el futuro, por la falta de seguridad para el 
mantenimiento de la paz, en vista del poder que se dice 
tiene el emperador para renovar el bloqueo del Plata. 
Se me propuso a mí, por persona íntimamente ligada a 



LA MISIÓN PONSONBY 


317 


la misión argentina, que Inglaterra garantizara la libre 
navegación del río. 

Impedí la agitación de esa cuestión, creyendo impru- 
dente aventurar la introducción de cualquier nueva in- 
cidencia en una cuestión a dirimirse entre partidos fácil- 
mente inclinables a la sospecha. 

Creo que la renovación del bloqueo no es probable y 
sería demasiado difícil de efectuarse para que lo intente 
el emperador, después del abandono de Montevideo (ha- 
blo de la capacidad para la guerra, en este momento, de 
S. M. I.) Pero presumo que no pueda confiadamente es- 
perarse que S. M. I. nunca aprenda a aplicar sus fuerzas 
(tan superiores a las del estado argentino), de manera 
capaz de darles eficaz aplicación para producir sus na- 
turales efectos. 

Si esto se creyera probable, y si también no se tuviera 
por absolutamente improbable que la ambición de este 
país, u otras causas, produjeran una renovada agresión 
sobre los estados argentinos con esfuerzos mejor dirigi- 
dos, etc., se podría encontrar que el deseo de los argen- 
tinos por la garantía británica tendría un fundamento 
justo y que la necesidad de esa medida protectora en- 
volvería otra vez a Sud América en una situación one- 
rosa al comercio británico, y peligroso a muy esenciales 
intereses generales. 

Ya me he extendido largamente sobre la importancia 
política del Plata y la situación en que la Banda 
Oriental podría mantenerse, y cómo esos sucesos pueden 
afectar a los súbditos de S. M. y al comercio británico. 
No debo, pues, renovar el tema, pero ruego a Y. E. que 
quiera considerar esta cuestión relacionada con lo que 
anteriormente he dicho, agregando, solamente, que me 
ratifico en esa opinión. Tengo el honor, etc. — (firmado) 
John Ponsonhy. 

A S. E. lord. Aberdeen, etc., etc., etc. 


PONSONBY A ABERDEEN 


Río de Janeiro, Agosto 29 de 1828. - — Excmo. señor: 
Tengo la gran satisfacción de enviar a Y. E. una copia 
de la convención preliminar de paz que ha sido concer- 
tada y firmada por los plenipotenciarios de S. M. I. el 
emperador y los del gobierno de la república Argentina 



318 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Confía que V. E. encontrará razón para sentirse sa- 
tisfecho, en todo sentido, de ese documento y estoy se- 
guro que verá en el cese de 'las hostilidades alcanzado 
por ese medio un importante beneficio para los intereses 
comerciales de los súbditos de <S. M. 

No han sido escasas las dificultades que ha habido que 
vencer para culminar en el perfeccionamiento de ese 
acuerdo y yo he creído de mi deber usar un lenguaje 
enérgico con los que creaban obstáculos y consideré me- 
recedores de ser tratados con reprobación. 

Pienso que la persona que más apoyo prestaba a esas 
resistencias, el general Balcarce, estaba influenciado, 
principalmente, por el temor de provocar disconformidad 
en Buenos Aires y yo, en consecuencia, tomé sobre mí 
ese peso, que él temía cargar. Tengo el honor de adjuntar 
copia de las notas que dirigí a los plenipotenciarios sobre 
los puntos a que he aludido. 

El general Guido ha procedido con igual prudencia y 
habilidad en toda esta transacción. Yo me había asegu- 
rado de él, antes de dejar Buenos Aires; pero ha excedido 
a mis previsiones en la capacidad que ha desplegado en 
la tramitación de negocios delicados. Espero que llegará 
a ser un eminente y poderoso miembro del gobierno, por- 
que creo que se inclina al lado de Inglaterra y que será 
muy útil. 

Me place, también, enterarlo de la franca y juiciosa 
conducta observada por el marqués de Aracaty y el go- 
bierno imperial, lo que supongo que será debido, no en 
poco, a la influencia del emperador. Creo que, en el 
curso de la negociación, ninguna objeción que no fuera 
razonable se formuló de parte del gobierno, si se tiene en. 
cuenta el hábito de este pueblo de atribuir enorme im- 
portancia a m ( eras palabras. 

Estoy, lo confieso, sorprendido de haber encontrado 
tan poca de esa demencia en el presente caso. Al leerme 
el marqués de Aracaty el texto de la convención preli- 
minar, dijo, categóricamente, que su gobierno había ce- 
dido, en muchos puntos, solamente para demostrar su 
consideración a los deseos de ¡S. IM. 

Me pidió, insistentemente, le prometiera que el gobier- 
no de Buenos Aires ratificaría la convención, manifes- 
tándome que esperaba de mí que no se repetiría lo que 
había pasado con la convención firmada por el señor 




LA MISIÓN PONSONBY 


319 


García. Le contesté que no estaba en condiciones de ga- 
rantir por la conducta de los demás; pero que, privada- 
mente, confiaba en. la promesa del señor Dorrego en 
cuanto a la ratificación de los términos convenidos por 
sus plenipotenciarios; que yo estaba convencido de que 
el señor Dorrego, ahora, pensaba que convenía a su inte - 
rés personal concluir la paz y que yo estaba cierto de 
que él no podía rehusar su sanción a esta convención 
preliminar sin exponerse a ser derribado del gobierno de 
Buenos Aires. Agregué que yo había expresado termi- 
nantemente al señor Dorrego que, cualquier transgresión 
de su parte a los compromisos contraídos conmigo, como 
ministro del soberano mediador, plantearía los más serios 
conflictos entre el gobierno de S. M. y la república Ar- 
gentina, porque era claró constituiría una demostración 
de la mayor falta de respeto a nuestro monarca, si cual- 
quiera de los beligerantes, después de haber solicitado 
la mediación de S. M. y haberse comprometido formal- 
mente a adoptar ciertas condiciones sobre las que se fun- 
daría la restauración de la paz, cambiara esas condiciones 
e hiciera infructuosos, con su rechazo, los largos esfuerzos 
de S. M., para servir el interés de estos países. Pensé, 
por este medio, insinuar a S. E. la posición en que su 
propio gobierno debe considerarse colocado. Ya lo había 
hecho así antes, y en términos bastante enérgicos, y en- 
tonces, como en esta última ocasión, el marqués dió un 
claro asentimiento a mi dicho. 

He escrito al señor Parish, en la forma más enérgica, 
para que entere al señor Dorrego de las contingencias a 
que le expondría cualquier tergiversación de su parte y 
sobre la utilidad de pretender introducir alteraciones en 
la convención preliminar, lo que sería atribuido, por to- 
dos los que conozcan los hechos, al intento de anular lo 
acordado, ya que las negociaciones para el tratado defi- 
nitivo de paz ofrecerán oportunidades para hacer los 
cambios y enmiendas que se juzgaren convenientes para 
alcanzar una completa pacificación. 

Para ahorrarle a V. E. mayor molestia, me remito a 
mi despacho al señor Parish, adjunto. 

Creo que las negociaciones, hasta aquí, han anulado 
los esfuerzos de los descontentos y que la confirmación de 
la paz paralizará la acción de los conspiradores. Tuve, 



320 


LUIS ALBERTO DE HEK&EBA 


antes de salir de Buenos Aires, una confesión precisa del 
primer ministro de ese gobierno, sobre la existencia de 
esa conspiración; pero me negó su participación en ella, 
o un exacto conocimiento de la misma. Me prometió po- 
ner su mayor empeño para evitar que se llevara a efecto, 
y me dijo que oreía que el gobernador, sinceramente, la 
repudiaría. Opino lo mismo. Respecto al poder que ese 
partido puede tener aquí, todavía no estoy informado, 
pero piensp que no hay que temerlo, ahora, a menos que 
la desesperación no induzca a algún fanático a atentar 
contra el emperador, lo que no considero probable. Tengo 
el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — (firmado). 
John Ponsonby. 

A S. E. el earl de Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río Janeiro, Agosto 29 de 1828. — Excmo. señor: Se 
me propuso, por persona íntimamente vinculada a la mi- 
sión argentina, que Inglaterra garantiera la libre nave- 
gación del río. 

Evité que se agitara esta cuestión, considerando impru- 
dente aventurar la introducción de cualquier nueva su- 
gestión en un negociado tramitado entre partes tan fácil- 
mente inelinables a la sospecha. 

Creo que no es probable la renovación del bloqueo v 
que sería muy difícil restablecerlo, si el emperador lo 
intentara, después de la liberación de Montevideo. (Re- 
fiero a los actuales recursos de guerra del emperador.) 
Pero creo que no debe presumirse, en forma absoluta, que 
S. M. I. nunca aprenderá a usar sus fuerzas, tan supe- 
riores a las de los estados argentinos, de manera acertada 
para que rindan sus efectos naturales. 


(firmado) Jhon Ponsonby. 
PONSONBY A DORREGO 

Río de Janeiro, Agosto 30 de 1828. — A S. E. el ge- 
neral Dorrego, gobernador y capitán general de Buenos 
Aires. — Excmo. señor: Confío que V. E. me permitirá 
presentarle mis más calurosas congratulaciones por el 



T.A MISIÓN PONSONBY 


321 


resultado de las inteligentes y prudentes medidas adop- 
tadas por S. E. para devolver la paz a su país y, como 
consecuencia de esa bendición, obtener el desarrollo de 
las fuerzas vivas de Buenos Aires y su seguro avance ha- 
cia un lugar preminente entre las naciones del mundo. 

S. E. estará enterado, por los despachos e informes de 
sus plenipotenciarios, de los enérgicos pasos que he dado 
para prevenir cualquier interrupción en las negociacio- 
nes por la presencia o influencia de sospechas respecto a 
la sinceridad con que los compromisos que ellos contra- 
jeran serían cumplidos; y Y. E. sabrá, por la misma 
fuente, que yo no titubeé en responsabilizarme, en alto 
grado, de la completa sinceridad de intenciones de Y. E. 
Tomé esa muy seria actitud de acuerdo con la confianza 
que personalmente Y. E. me inspira. Estoy convencido 
de que V. E. no se apartará nunca de las seguridades 
que me dió, pudiendo V. E. estar cierto de que yo sería 
el primero en relevarle de cualquier compromiso que 
hubiera contraído conmigo, si pudiera acarrear algún 
perjuicio a su país o dañar a V. E. 

El honor y las ventajas que encierra esta convención 
preliminar, son igualmente grandes y, en mi opinión, 
sería locura exponerse a perderlos. Es más que probable 
que una dilación en la ratificación pueda ser causa de 
riesgo para ellas y, cualquier cambio en las cláusulas de 
la convención, seguramente la anularía. 

No dudo que estos hechos serán bastante conocidos por 
sus conciudadanos y que aquellos que, por enemistad ha- 
cia V. E. o para satisfacer su avaricia o su ambición 
personal, desean continuar la guerra, se esforzarán por 
obstaculizar y destruir la obra de vuestros plenipoten- 
ciarios y que dirigirán sus afanes a influir sobre la con- 
ducta de la convención de Santa Fe, como el medio mejor 
para lograr su objeto. Confío en que, si así lo hicieran, 
V. E. sabrá desbaratar sus esperanzas. 

Sé que V. E. tiene influencia personal, preponderante, 
sobre esa asamblea y que, como gobernador de Buenos 
Aires, puede ordenar a hombres que reciben de esa pro- 
vincia la importancia que tienen y apoyo pecuniario. 

Todo Buenos Aires conoce este estado de cosías y los 
enemigos, o falsos amigos de Y. E., no podrán ocultar a 
los ojos de la opinión las intrigas que se tramen en 

ii -ii 



322 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Santa Fe, o las cansas de división que pueden ser crea- 
das allí por la asamblea. 

S. M. I. ha observado una conducta aquí que, al mismo 
tiempo que pone de manifiesto su sincero deseo de paz, 
acredita una política firme, digna del jefe de una nación. 
El fué clamorosamente solicitado por algunos para que 
sometiera la convención preliminar a la consideración de 
la asamblea, antes de firmarla. El la suscribió, desaten- 
diendo el consejo que se le daba, e hizo bien. 

En la asamblea, se hubieran producido numerosas di- 
ficultades y objecciones, fundadas en cavilaciones y ba- 
gatelas que, en realidad, responderían a intrigas ema- 
nadas de un partido que persigue la caída o la desgracia 
de su soberano y que procura satisfacer sus deseos de- 
morando la paz, objeto, éste, que habrían conseguido. 
¿Por qué no procede V. E. con igual decisión? ¿Por qué 
no ratificar, en seguida, el tratado preliminar? 

Será suficiente que V. E. someta a la convención el 
tratado definitivo. La convención de Santa Fe, en rea- 
lidad, no tiene ningún interés en la convención prelimi- 
nar, ya consumada aquí. No podría, aunque quisiera, 
ayudar a Buenos Aires con el valor de un peso papel 
para continuar la guerra. No podría, tampoco, perju- 
dicar a Buenos Aires, aunque lo quisiera, si ésta sella la 
paz con el Brasil. 

El propósito de una asamblea de esa naturaleza puede 
ser el gobernar a V. E., que encontrará en ella su peor 
enemigo, si le permite intervenir en este asunto. 

Entiendo que no existe ninguna necesidad constitucio- 
nal que obligue a V. E. a comunicar la convención preli- 
minar a la asamblea de Santa Fe y me parece que, como 
S. M. el emperador — y creo que todos los jefes de go- 
bierno^ representativos — , V. E. está en completa libertad 
de ratificarla. Si la constitución estuviera sancionada, 
sería necesario someter el tratado definitivo a la apro- 
bación del soberano, o de un cuerpo legislativo, etc. ; pero 
yo considero que una medida preliminar es, en esencia, 
una cosa de índole completamente distinta. 

Y. E. fué plenamente autorizado para enviar plenipo- 
tenciarios a concertar una convención preliminar y, por 
impulso de su propia voluntad y decisión, V. E. reservó 
la ratificación del acuerdo para sí y para el gobierno de 



LA MISIÓN PON SON B Y 


323 


Buenos Aires. Por lo tanto, creo que la convención pre- 
liminar puede ser ratificada por la misma autoridad. 

Doy, pues, por establecido que S. E. no encontrará 
ninguna dificultad en la asamblea de Santa Fe, respecto 
a la ratificación de los preliminares; pero creo que ellos 
surgirán, bajo la forma de un dilema que el gobierno de 
V. E. deberá dilucidar, pues tendrá que decidir entre el 
sacrificio de un tratado, el más honorable y ventajoso 
para Buenos Aires, o el sacrificio del honor y dignidad 
de la convención de Santa Fe. Debe tenerse especial- 
mente en cuenta que la asamblea de Santa F no puede 
estar animada de los mismos sentimientos y anhelos e 
intereses que Buenos Aires. La guerra no afecta a la 
mayoría de sus miembros y probablemente ellos no serán 
contrarios a su continuación si, como es posible, algún 
sentimiento de celos por la preponderancia de Buenos 
Aires, por su fuerza y riqueza sobre las otras provincias 
de la Unión, se albergara, por acaso, en el corazón de los 
miembros de ese cuerpo. 

Sé, como lo he manifestado antes, que V. E. y el 
gobierno de Buenos Aires, pueden reprimir cualquier 
oposición real que se levantara en Santa Fe ; pero consi- 
dero de mejor política evitar la posibilidad de ser obli- 
gado a recurrir a esa asamblea. 

Temo, también, los efectos que aún un intento de 
oposición de esa parte podría tener sobre la negociación 
del tratado definitivo de paz, y cómo disminuiría, en la 
opinión del Brasil y del mundo entero, la estimación del 
poder y energía del gobierno de Buenos Aires; y, por 
último, debe considerarse si una diferencia de opinión 
sobre un asunto de tan vital trascendencia (como lo es 
esta paz) entre Buenos Aires y los representantes de las 
otras provincias, no engendraría mala voluntad y dis- 
cordias y confusiones intestinas que ha sido el orgullo 
y el honor de V. E. haber sofocado y destruido. Yo, por 
mi parte, no puedo dudar que Buenos Aires insistirá en 
el cumplimiento de los términos de la convención preli- 
minar y que V. E. se sentirá obligado e inclinado, vo- 
luntariamente, a dar efectividad al anhelo público. 

Posiblemente sería más sabio evitar el riesgo de ser 
colocado en un dilema y es preferible hacer cuanto antes 
lo que tendrá que hacerse al fin: lo que puede hacerse 



321 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


con facilidad, ahora, y quizás sea difícil más adelante. 
Ahorrar a V. E. la perplejidad de tener que decidir entre 
dos procedimientos; para la adopción de uno, tendría 
V. E. que desacreditar a una asamblea cuyo carácter 
desea mantener y, por el otro, arruinar su propio poder 
y aparecer siendo la causa de la prolongación de las pe- 
nurias de su país. 

Confío que Y. E. creerá en el sincero buen deseo por 
su prosperidad que me ha inducido a escribir esta carta, 
que me permite expresarle las seguridades de mi mayor 
consideración. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. el capitán general don Manuel Dorrego, go- 
bernador de Buenos Aires. 

PON SO NB Y A LAVALLEJA 

Río de Janeiro, Agosto 31 de 1828. — Excmo. señor: 
Creo oportuno poner en conocimiento de V. E. el hecho 
de que ha sido firmada por los plenipotenciarios de 
S. M. I. y los del gobierno de la república Argentina, 
una convención preliminar y cesación de hostilidades, 
cuyo documento se envía a Buenos Aires por el mismo 
buque que conduce esta carta a Y. E. 

No dudo que el gobierno republicano creerá oportuno 
dar su pronta ratificación a la convención, porque lo 
considero evidentemente e innegable un arreglo en el más 
alto grado honorable y ventajoso para la república, po- 
seyendo además la propiedad muy valiosa de ser también 
honorable y útil a S. M. 

Yo me congratulo de que Y. E. “se halla bien impuesto 
de mi conducta política”, y de los sentimientos porque . 
ha sido dirigida desde que tuve el honor de ser ministro 
de S. M. Británica en Sur América, y tengo la seguridad 
de que Y. E. dará crédito a lo que he dicho antes, ha- 
blando en términos generales, de la naturaleza de la con- 
vención, en cuyos detalles no entraré, por cuanto darlos 
a V. E. será la feliz prerrogativa del gobierno de la re- 
pública, haciendo, sin embargo, mención de uno o dos 
puntos. 

La independencia absoluta del país nativo de V. E. es 
reconocida y el establecimiento de su gobierno y consti- 
tución dejado absolutamente en manos de su mismo pue- 
blo. 


LA MISIÓN. PONSONBY 


325 


A la república no se le exige ningún sacrificio, ni nin- 
guna concesión. Toda la convención se halla fundada so- 
bre el principio de una pacificación sincera, y los arre- 
glos que se han adoptado para llevarla inmediatamente a 
efecto, son sólo los que han parecido necesarios a asegu- 
rar su justo y amigable cumplimiento. 

Sobre uno de estos arreglos deseo llamar la atención 
particular de V. E. Es aquel que establece la inmediata 
desocupación de las Misiones por las tropas ya sea bajo 
el mando del general López o del general don Fructuoso 
Rivera, o de cualquier otro comandante, que ahora ocupan 
militarmente esa provincia. Puedo informar a V. E. que 
si este punto no hubiese sido concedido por los plenipo- 
tenciarios republicanos, la paz no hubiera podido jamás 
realizarse. Que yo como ministro mediador lo aconsejé 
del modo más enérgico a los ministros argentinos y aña- 
diré que, si no se hubiera convenido por ellos, las esperan- 
zas de paz y la cierta segura independencia del país de 
V. E., hubiesen sido sacrificadas por una negativa. In- 
glaterra habría cesado de ser el mismo amigo que la repú- 
blica Argentina siempre ha encontrado en esa nación. 

■Considero que la evacuación de las Misiones es, en sí 
misma, muy ventajosa para la república, y particular- 
mente para la Banda Oriental. Si a las tropas de López 
o Rivera se les permite ocuparlas, tendrán el poder (y 
quizá la intención) de desbaratar las medidas adoptadas 
para el bien general. V. E. sabe con cuanta facilidad una 
soldadesca irregular puede cometer actos de hostilidad 
por los que el gobierno tiene que ser responsable, y cuán 
peligroso es para la paz que cuestiones, relativas a tro- 
pelías e injurias, nazcan entre dos estados en el mismo 
momento del. arreglo de una querella. V. E. conoce bien 
la naturaleza y el carácter de la fuerza que ahora ocupa 
las Misiones, y conoce aún más cuánto puede ser necesa- 
ria a V. E. para asegurar la obediencia debida a las ór- 
denes de una autoridad legítima y superior, tanto en lo 
político como en lo militar. 

Supongo que difícilmente puede creerse posible que el 
gobierno de Buenos Aires retarde la ratificación de la 
convención preliminar, ni que permita que alguien la 
retarde. Confío, por tanto, que se darán órdenes inme- 
diatamente para la evacuación de las Misiones. Sobre 


326 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


este punto, sólo tengo que repetir lo que antes he dicho, 
que, si las Misiones na son evacuadas, todavía habría que 
combatir por la vndepencHencia de la Bcrnda Oriental, 
Montevideo na sería evacuada par los brasileños y la 
guerra podría durar todavía por un espacio de tiempo 
indefinido. 

Presumo que el gobierno de Buenos Aires cuidará de 
que la convención de Santa Fe no destruya la grande 
obra que ha sido ejecutada. Bien conozco la importancia 
real de esa asamblea y, en común con todo el mundo, 
rehusaré dar crédito a cualquiera que pretenda que el 
retardo en la ratificación, o alteraciones en los artículos 
de los preliminares, pueda ser efectivamente interpuesto 
por esa asamblea, en oposición a loe deseos del gobierno 
de Buenos Aires. Diré francamente a Y. ;E. que, en mi 
opinión, la demora es altamente peligrosa y las alteracio- 
nes serán fatales a la paz. 

Concluiré, pues, ofreciendo a Y. E. mi más solemne 
seguridad de que firmemente creo en la sinceridad del 
gobierno imperial en esta negociación y convención, y 
confío en su fidelidad a sus compromisos, si la república 
obra de una vez con perfecta buena fe. Estoy cierto de 
que el gobierno imperial y, sobre todo, S. M. I. misma, 
cree y sabe que es su interés poner término a la guerra, 
bajo las condiciones en que ha consentido. Repito que no 
tengo duda de su sinceridad y V. E. debe advertir en el 
inmediato levantamiento' del bloqueo del Río de la Plata, 
(por cuyo acto S. M. se priva de inmediato de su arma 
más poderosa), un testimonio insospechable de que desea 
hacer la paz con sinceridad y honor. 

V. E. tiene en los negocios de su país esa gran influen- 
cia que necesariamente pertenece a los grandes servicios 
y a una habilidad reconocida. Sé que V. E. debe conocer 
el mérito y beneficios resultantes a su país del tratado; 
su influencia será puesta en acción con la prudencia y 
energía que también le pertenecen, si fuese necesario ; y 
como V. E. ha roto las cádenas de su país, debe vigilar 
cuidadosamente sobre su libertad naciente. 

Tengo el honor de asegurar a Y. E. de mi alta con- 
sideración y aprecia. — (firmada) John Ponsonby. 

A S. E. el general Juan Antonio Lavalleja, etc., etc., 
etc. 



la misión ponsonby 


327 


HOOD A LA VALLE JA 

Montevideo, 12 de Setiembre de 1828. — Excmo. señor : 
El despacho que se acompaña de lord Ponsonby, fué re- 
cibido esta mañana y se lo envío sin demora alguna por 
intermedio del general Oribe. 

Me complazco en saludar a S. E. con la más alta con- 
sideración y congratularlo por el feliz término de la 
guerra. 

Tengo el honor de suscribirme de S. E., su más hu- 
milde servidor. — (firmado) Tomás Samuel Hood. 

Excmo. general don Juan Antonio Lavalleja. 


PARISH A PONSONBY 

Buenos Aires, Setiembre 16 de 1828. — Exorno, señor : 
El paquete “Swallow”, llegado aquí anteayer, trajo el 
duplicado de la carta que V. E. me dirigió el 27 del 
pasado y el de la convención preliminar firmada ese día 
por los plenipotenciarios del Brasil y Buenos Aires. 
Acudí, sin perdida de tiempo, ante S. E. el gobernador, 
quien me manifestó que el ‘ ‘ Swallow ’ ’ sólo le había 
traído, sobre este importante asunto, una carta privada 
del general Guido, felicitando a S. E. por la satisfatoria 
conclusión de las negociaciones en Río Janeiro y decla- 
rando que los términos, en general, eran tales que no 
dudaba serían aceptados por la república. Por consi- 
guiente, tuve la satisfacción de ser el primero en tras- 
mitir al gobierno de Buenas Aires, los detalles del acuer- 
do preliminar. 

S. E. leyó, en mi presencia, la copia de^la convención, 
expresando su satisfacción, ai fin de la lectura de cada 
artículo, y, cuando la hubo terminado, me manifestó, en 
la forma más calurosa, su aprobación de todo lo estipu- 
lado y su gratitud hacia la mediación de S. M. B., a la 
que él atribuye, principalmente, el honorable convenio 
que ha sido concertado por los dos países; y solemne- 
mente me aseguró que él lo ratificaría, por parte de la 
república, tan pronto como recibiera la comunicación 


328 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


oficial de los plenipotenciarios, que lo pusiera en con- 
diciones de llenar las fórmulas necesarias. 

Rogué a S. E. que autorizara al ministro a enviarme, 
por escrito, lo que él verbalmente acababa de manifes- 
tarme, a fin de que yo pudiera despachar el paquete de 
inmediato y hacerlo conocer a V. E. para satisfacción de 
S. M. I. S. E. me prometió que así lo haría, y ahora 
tengo el honor de adjuntar una copia de la nota oficial 
que me fué dirigida en ese sentido por el gobierno, en 
respuesta a una en la que yo había incluido la copia de 
la convención que tuvo a bien 'remitirme por el “Swa- 
llow”. 

Despacho, inmediatamente, al paquete “Elizabeth” 
con esta comunicación y V. E. puede confiar en que haré 
todos los esfuerzos posibles para dar el toque final a esta 
buena obra, con la menor dilación, así que se reciban 
las notas oficiales, esperadas, de un momento a otro, por 
el “Heron” o el “Nocton”. Tengo el honor de saludar 
a Y. E., etc., etc., etc. — (firmado). Woobdine Parish. 

Setiembre 17. — Acaba de llegar el “Nocton” y el 
señor Cavia, ha desembarcado con la paz, que ha sido 
recibida con toda clase de demostraciones de público 
regocijo. El fuerte y los barcos de guerra han hecho sal- 
vas y las satisfacción por la grata nueva es general. El 
“Heron”, que conduce a los plenipotenciarios, es to- 
davía esperado. — W. P. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc.', etc., etc. 

BORREGO A PONSONBY 

Buenos Aires, Setiembre 17 de 1828. — Excmo. señor: 
Con la más agradecida satisfacción, he recibido las con- 
gratulaciones de Y. E. por el éxito de las gestiones pa- 
cificadoras y, %n respuesta a las benevolentes expresio- 
nes con que Y. E. me favorece en su carta del 30 de 
Agosto, debo expresarle a Y. E. la profunda gratitud de 
este país hacia el soberano de la Gran Bretaña, por su 
constante anhelo por el bien y prosperidad de esta re- 
pública y, también, hacia Y. E., en particular, por sus 
buenos oficios y por la sabia energía y decisión puestos 
de manifiesto en la tramitación de este tan importante 
asunto. 



LA MISIÓN PONSONBY 


329 


El nombre de S. E. quedará unido, para siempre, a la 
memoria de tan importante y esencial acontecimiento. 
La convención preliminar será en breve ratificada. Hoy 
mismo, los señores don Manuel Moreno y don Pedro Fe- 
liciano Cavia, parten para Santa Fe, donde está actual- 
mente reunida la asamblea nacional. Dentro de seis días, 
recibiré la autorización de ese cuerpo para ratificar ese 
documento y V. E. puede abrigar la plena seguridad de 
que ningún obstáculo se alzará en su camino. Esto, lo 
repito y se lo aseguro a V. E. de la manera más decidida 
y formal. La naturaleza e importancia del tratado, la 
dignidad de S. M. el emperador del Brasil y el respeto 
debido a la alta potencia mediadora, requieren que el 
acto mencionado sea revestido de toda legalidad y solem- 
nidad a fin de imprimirle, al mismo tiempo, mayor fuer- 
za y duración. 

He explicado al señor Parish, en forma más detallada, 
mis sentimientos sobre este asunto y le he reiterado, tam- 
bién, la certidumbre que tengo de que la convención 
preliminar no encontrará dificultades en el seno de la 
asamblea nacional. 

Ayer fué celebrada la paz en esta capital y solemnes 
demostraciones fueron hechas por parte del gobierno. 

V. E. puede, con absoluta confianza, garantir a S. M. 
el emperador del Brasil que la convención preliminar 
será ratificada y que la república desea sinceramente 
mantener una eterna paz con el emperador del Brasil. 
Los intereses de ambos países lo exigen, así como que 
sus respectivos gobiernos se unan, cordialmente, para 
garantir el orden social que afirme y acreciente el bien- 
estar de las dos naciones y contribuya al desarrollo de 
la civilización del continente. Soy de Y. íE. atento y Se- 
guro servidor. — (firmado). Manuel Dorrego. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 

LAVALLEJA A PONSONBY 

Cuartel General en Cerro Largo. — Setiembre 20 de 
1828. — Milord: Con mucho placer he recibido la ho- 
norable carta de V. E. de fecha 31 del pasado, cuyo con- 
tenido me instruye de la convención preliminar y cesa- 
ción de hostilidades que ha sido firmada por los pleni- 



330 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


potenciarlos de la república Argentina y los de S. M. I., 
cuyos documentos, según me lo comunica V. E., se diri- 
gen al gobierno republicano en el mismo buque que ha 
conducido la distinguida nota de V. E., para que sean 
ratificados. 

Sin embargo que V. E. tiene la bondad de instruirme 
de los principales artículos de aquel documento, espero 
por instantes que ese gobierno me comunique el todo de 
ellos y estoy firmemente persuadido que obrará gustoso 
el reconocimiento de un tratado preliminar que, haciendo 
honor a la república, obvie también la continuación de la 
guerra en que se halla empeñada, por sostener nuestros 
más sagrados derechos. 

La nación Argentina y a la vez el pueblo Oriental, se- 
rán siempre muy gratos a los buenos oficios que V. E. 
ha prodigado en representación de su gobierno, para 
mediar en este interesante negocio y desde ahora me fe- 
licito de que tendrá un puntual cumplimiento, pues no 
debe hallarse un motivo que lo impida, cuando ha pres- 
tado su intervención el excmo. señor ministro de S. M. B., 
a cuyo señor, el gobierno republicano, por diferentes mo- 
tivos, ungirá con el mayor reconocimiento por su antigua 
amistad. 

En cuanto a la desocupación de los pueblos de las Mi- 
siones, soy de opinión ique el gobierno de la república 
no trepidará en comunicar terminantes órdenes para que 
se verifique, mayormente cuando su negativa envolverá 
el que no pudiera ajustarse la paz, como Y. E. lo indica. 

Yo siento no poder dar a V. E. una contestación afir- 
mativa sobre este particular, puesto que, como digo a 
V. E., aún no he recibido la notificación que espero me 
comunique el gobierno, sobre el asunto de que se versa. 
Sin embargó, por mi opinión particular, creo que todo se 
allana rá y iS. E. será recompensado en sus servicios por 
el bien de la república, por medio de un reconocimiento 
general de los preliminares que se remitieron al gobierno 
para su aprobación. 

Concluyo esta comunicación agradeciendo a V. E., del 
modo más elevado, sus saludables insinuaciones, excitando 
mi actividad, opinión y empeño para velar por la con- 
servación de la libertad naciente del país, y puedo ase- 
gurar a Y. E. que será tan infatigable en estos principios, 



LA MISIÓN PONSONBY 


331 


como ardoroso en el rompimiento de las cadenas que lo 
oprimieron anteriormente. 

Con estos sentimientos, tengo el honor de ofrecer a 
S. E. mi sincera amistad, aprovechando la ocasión de 
saludarlo con mi más alta consideración y respeto. — 
(firmado) Juan Antonio Lavalleja. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc.', etc., etc. 


PONSONBY A ABEBDEEN 

Río de Janeiro, Setiembre 22 de 1828. — Excmo. señor: 
Tengo el honor de acompañar copia de dos cartas, una 
de las cuales fué dirigida al señor Dorrego, y, otra, al 
general Lavalleja. 

Consideré necesario tomar todas las precauciones que 
pude imaginar para que el poder ejecutivo de la repú- 
blica mantuviera firmes sus declaraciones de paz. 

Creo que las manifestaciones que le he hecho por es- 
crito al señor Dorrego, no serán mal recibidas por él y 
confío que las medidas que he tomado, consideradas en 
sentido general, facilitarán y probablemente asegurarán 
la paz, aunque el señor Dorrego tratara de oponer alguna 
oposición. Tengo el honor de saludar a Y. ;E., etc., etc., 
etc. — (firmado) John Ponsonby. 

A S. E. el cari de Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Setiembre 22 de 1828. — Excmo. señor: 
Los generales Balcarce y Guido se han embarcado con 
destino a Buenos Aires el 9 del corriente, en la balandra 
“Heron”, de S. M., y con ellos un oficial al servicio de 
S. M. el emperador, quien conduce plenos poderes para 
uno de los ministros dé S. M. en Montevideo para rati- 
ficar la convención preliminar suscrita por los plenipo- 
tenciarios de la república del Río <de la Plata y los de 
S. M. I. 

Los plenipotenciarios republicanos deseaban tener una 
nota escrita por mí, persuadiéndolos de la conveniencia 
de asentir a la evacuación, por las tropas republicanas, 
de las Misiones, que ellos pudieran comunicar a su go- 
bierno, si fuera necesario. Por consiguiente, les escribí 



332 


LUIS ALBERTO DE HEBREBA 


una nota, cuya copia adjunto, suavizando el modo y los 
términos de una nota anterior, (ya comunicada a V. E. 
con el no. 5), que, yo creo, decidió su consentimiento de 
evacuar él territorio en cuestión. 

Me es muy grato comunicar a V. E. que el general 
Gruido me ha expresado su firme convicción de que el 
gobierno de Buenos Aires ratificará, sin dilación, la 
convención preliminar; y, en respuesta a ciertas obser- 
vaciones mías, sobre la posibilidad de que se tropezara 
con dificultades para la tan necesaria terminación de 
este asunto, el general me hizo la promesa formal de 
tomar todas las medidas para inducir a su gobierno a 
cumplir fielmente con su deber, diciéndome, además, que, 
antes de su partida de Buenos Aires, había adoptado 
algunas disposiciones en el sentido aludido, para asegu- 
rar el éxito. Al expresarse así, el general hablaba con 
toda sinceridad — tengo razones para suponerlo — , y creo 
que Dorrego puede ser arrojado del gobierno, y lo será, 
si hesitara en concluir la paz iniciada. 

No molestaré a V. E. con detalles sobre el particular; 
pero me aventuraré a manifestarle que mis medidas han 
sido concertadas para obtener por la presión, si fuera 
necesario, el fiel cumplimiento de lo que Dorrego se ha 
comprometido a hacer, como parte, para el perfecciona- 
miento de la ratificación final de la convención preli- 
minar, aunque la sometiera a la asamblea de Santa Fe 
y fuese alterada o rechazada por aquel cuerpo. Tengo el 
honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. — (firmado). 
John Ponsonby. 

A S. E. el earl de Aberdeen, etc., etc., etc. 


PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Octubre 13 de 1828. — Excmo. señor: 
Los despachos del señor Parish enterarán a V. E. de todo 
lo que ha ocurrido en Buenos Aires y, por lo tanto, sólo 
molestaré a V. E. trasmitiéndole copia de una carta que 
S. E. el gobernador Dorrego me dirigió, en la cual me 
expresa su determinación de ratificar la convención pre- 
liminar y me manifiesta las razones que tiene para so- 
meterla a la convención de Santa Fe. 

Si el gobernador está en lo cierto al confiar en la co- 



LA MISIÓN PONSONBY 


333 


operación de ese cuerpo, opino que ha procedido bien al 
darle intervención en este asunto y creo que puede con- 
tar, con bastante seguridad, que asentirá a lo que él está 
resuelto a hacer. El resultado, sin embargo, puede ser 
distinto ; pero sé, por mi correspondencia privada, que 
Buenos Aires obligaría a su propio gobierno a la ratifi- 
cación, si aquél demostrara alguna vacilación en reali- 
zarla. Creo que no ¿abrá muchas dificultades o demoras 
para llegar a un tratado definitivo, si la convención 
preliminar fuera, de una vez, aprobada. 

Espero que V. E. estará satisfecho con la solución que 
este molesto y difícil asunto ha tenido. Considero que 
S. M. será por siempre reverenciado y amado, como un 
protector y benefactor de 1# república. Confío que el 
inmediato alivio dado al comercio británico, será satis- 
factorio. 

Comuniqué al marqués de Aracaty la buena inteli- 
gencia de Buenos Aires, en nota de la que adjunto copia 
y, por otra, de índole prjvada, en la que le digo que 
había recibido una carta del gobernador Dorrego pro- 
metiéndome que la convención preliminar sería ratifi- 
cada, tan rápidamente como fuera posible, y despachada 
a Montevideo. 

Entiendo que el marqués expresó su sorpresa por la 
prontitud con que Dorrego había consentido en la ratifi- 
cación y, también, su satisfacción por las buenas nuevas. 

Debo prevenir a Y. E. que surgirán dificultades, cuan- 
do se trate de la formación del gobierno de la Banda 
Oriental y cuando éste comience a actuar; pero me atre- 
veré a predecir que esas dificultades desaparecerán, siem- 
pre que los gobiernos del Brasil y Buenos Aires honesta- 
mente se abstengan de intervenir en los asuntos internos 
de la provincia y yo creo que el gobierno de S. M. B. 
podrá orientar los asuntos de esa parte de Sud Américá, 
casi como le plazca. Tengo el honor de saludar a V. E., 
etc., etc., etc. — (firmado) John Ponsonby. 

P. D. — Tengo el honor de adjuntar una copia de la 
respuesta del marqués de Aracaty a mi nota oficial, de 
fecha 10 del corriente. 

A S. E. el earl de Aberdeen, etc., etc., etc. . 



334 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


ARACATY A PONSONBY 

Habiendo S. M. el emperador y el gobierno de la 
república de las Provincias Unidas del R)io de la Plata, 
ratificado la convención preliminar de paz, firmada en 
esta corte \el 27 de Agosto último, por sus respectivos 
plenipotenciarios, el infrascrito, etc., etc., etc., se apre- 
sura a comunicar este feliz -acuerdo a lord Ponsonby, 
etc., etc., etc., para su propia información y la de su 
gobierno y, también, que el bloqueo mantenido por la 
escuadra brasilera en el Río de la Plata ha sido, en 
consecuencia, levantado. 

El infrascrito, etc., etc., etc. . — (firmado) Marqués 
de Aracaty. — Palacio, Río de Janeiro, Octubre 24 de 
1828. 

A S. E. lord John Ponsonby, etc., etc., etc. 


PONSONBY A ABERREEN 

Río de Janeiro, Octubre 27 de 1828. — Excmo. señor: 
La notificación oficial del canje de las ratificaciones de 
la convención preliminar, celebrada en Montevideo el 4 
del actual, llegó aquí el 23, por el paquete de S. M. 
“Swallow”. He recibido del ministro y secretario de 
relaciones exteriores una notificación oficial del acto, 
que adjunto. 

S. M. I. ha designado una comisión para que reciba 
las felicitaciones que llegan con motivo de la restaura- 
ción de la paz. Se me ha dicho que la convención es muy 
censurada, por muchos, en Río de Janeiro. Las personas 
cuyas opiniones son contrariadas por la paz, toman, na- 
turalmente, ese punto de vista, y fanfarronean y la con- 
denan otros muchos que no se sacrificarían para sostener 
la guerra. 

S. M. I. parece haber procedido con constancia, desde 
qüe resolvió poner fin a las hostilidades, y creo que es 
una suerte, porque una dilación habría aparejado muy 
serios trastornos. Las comunicaciones de Buenos Aires, 
trasmitidas por el señor Parish, convencerán de ello a 
V. E., si es que mis anteriores y minuciosos informes no 
lo prepararon ya a esperarlo. 



LA MISIÓN PONSONBY 


335 


De las bases de la convención, la que refiere, por ejem- 
plo, a la independencia de la Banda Oriental, es, cierta- 
mente, la única sobre la que puede ser fundada una 
posibilidad de paz duradera; pero he observado siempre, 
y así lo he manifestado en distintas ocasiones, que mucha 
confusión y desorden debe presumirse que se originarán 
allí, provocados por los partidos contendientes, etc. 

Completamente ignoro los planes de Y. E. más allá de 
lo que concierne al trabajo que se me ordenó ejecutar y 
que ya está hecho, ni puedo pretender presumir que sea 
la intención del gobierno de S. M. que su ministro aquí 
intervenga, en ningún sentido, en los asuntos del nuevo 
estado, luego que la mediación de S. M. haya cesado, lo 
que sucederá tan pronto como el tratado definitivo de 
paz sea suscripto. 

Hace mucho tiempo, enteré a Y. E. del propósito que 
abrigaba Buenos Aires de atacar al Paraguay. El señor 
Parish habrá ya comunicado a Y. E. que ese proyecto 
parece próximo a llevarse a efecto. Cuando el general 
Guido estuvo aquí, como plenipotenciario, mucho le urgí 
que tratara de evitarlo y me dijo que estaba convencido 
por mis argumentos, prometiéndome oponerse a ese plan. 
Francia es un anciano y el único apoyo de su sistema, 
que pronto debe morir con él, si continuara dispuesto a 
mantenerlo; yo opino que está deseoso de hacerlo (como 
se lo he comunicado últimamente a V.E.) y que una 
confederación para la defensa del libre comercio del 
Plata y el Paraná podría formarse, si la Gran Bretaña 
lo considerara conveniente, y que Inglaterra podría ejer- 
cer una influencia dirigente, permanente, en todos estos 
países, fundada sobre el mejor interés de sus habitantes. 

Creo que el gobierno brasilero vería con desagrado y 
celos cualquier incursión victoriosa de los republicanos 
al Paraguay y no me sorprendería si la agresión pla- 
neada motivara alguna dificultad en el arreglo de la paz 
definitiva. El levantamiento del bloqueo ha dejado en- 
teramente librada a nuestros comerciantes la custodia 
de sus propios intereses. 

Creo que la idea de requerir la garantía de S. M. para 
la libre navegación del Plata, ha sido abandonada. Si 
volviera a resurgir, de nuevo la combatiría, en el conven- 
cimiento de que, procediendo así, interpreto debidamente 
los deseos del gobierno de S. M. 



336 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Tengo el honor de incluir copia de una carta que ¡he 
recibido del señor Dorrego, como también de una que 
el general Laválleja me dirigió, en respuesta a una raía., 
una copia de la cual fué ejiviada a V. A E. junto con ¡mi 
despacho no. 7. Tengo el honor de saludar a V. E., etc., 
etc., etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. el earl de Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Diciembre 29 de 1828. — Excmo. se* 
ñor: Un buque americano llegó ayer de Buenos Aires y 
trajo el pliego que tengo el honor de adjuntar. Es una 
proclama lanzada por el general Lavalle, que ha sido 
declarado gobernador provisorio de la provincia de Bue- 
nos Aires. La mejor narración que he podido procurarme 
hasta ahora de este asunto, la he obtenido del señor Tu- 
dor, el encargado de negocios norteamericano en Buenos 
Aires ; la última fecha es de 3 de Diciembre. 

El señor Forbes dice que el general Alvear y el general 
Lavalle parecen haber ganado a los soldados recién llega- 
dos de la Banda Oriental y haber tenido buen éxito al 
lanzarse sobre el gobierno, porque Dorrego se dejó ador- 
mecer por los informes de su policía o por su confianza 
demasiado grande en su propio poder y actividad. 

Dorrego salió de Buenos Aires en la noche del 30 de 
Noviembre y fué escoltado por treinta o cuarenta perso- 
nas hasta la estancia de don (Manuel Rosas, a quien he 
descripto particularmente en mis despachos de Buenos 
Aires. 

Dicen que Dorrego alcanzó la vecindad inmediata de 
la ciudad, acompañado por Rosas y una gran fuerza, y se 
supone que la completa derrota de Lavalle debe tener 
lugar. 

Dice el señor Forbes que la gente de Buenos Aires está 
decididamente por Dorrego y que todas las personas más 
respetables también están de su lado, contra la usurpación 
militar. 

También he oído decir que un caballero que venía en 
el buque arriba mencionado, de Buenos Aires, ha dicho 
que todo el asunto ya ha pasado y que Lavalle ha fra- 
casado. 

No sé nada del señor Parish, pero me parece bien tras- 



LA MISIÓN PON SON B Y 


337 


mitir a V. E. los más exactos informes recogidos sobre 
ese asunto, que si hubiera terminado con el buen éxito 
de Lavalle y sus oficiales y soldados descontentos, ocasio- 
nará, muy probablemente, según creo, una infinidad de 
desastres en toda Sud América, incluyendo el Brasil. Yo, 
sin embargó^ doy crédito a lo que se dice de la disposición 
de la gente de la ciudad y de la campaña a favor del 
gobierno legal y creo que Dorrego logrará (si ya no lo 
ha hecho) establecer su autoridad. 

Hace largo tiempo ya, tuve conocimiento de los desig- 
nios de los generales Alvear y Lavalle y de que Rivadavia 
actuaba con ellos de acuerdo (no parece que hubiera to- 
mado una parte decidida en los sucesos) . Escribí, más de 
una vez, al señor Parish, al general Guido y a un amigo 
particular del señor Dorrego, enterándolos de lo que pa- 
saba e incitándolos a tomar precauciones. Don Julián 
Segundo de Agüero es el hombre de más peso entre todos 
los conspiradores: es un sacerdote y era primer ministro 
cuando Rivadavia era presidente de la república. Tiene 
alguna instrucción, habla bien y tiene grandes relaciones 
de familia, pero confieso que yo poco le temería en tiem- 
pos azarosos. 

Alvear, tanto como soldado y como hombre, es inferior 
al desdén. El general Lavalle tiene la reputación de ser 
un bravo soldado, pero se le tiene por débil y vanidoso. 
Tengo el honor, etc., etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A. S. E. lord Aberdeen, etc., eitc., etc. 


íí-ii 




TRATATIVAS EN 1829 




LA MISIÓN PONSONBY 


341 


PONSONBY A PABISH 

(Extracto de una carta de lord Ponsonby a W. Pa- 
rish, fechada en Río de Janeiro el 5 de Enero de 1829.) 

(Privada). — Río de Janejro, Enero 5 de 1829. ■ — 
Usted me dice que el general Gruido está dispuesto a 
volver aquí como plenipotenciario, para terminar los 
trabajos complementarios de la paz. Por- lo tanto, he 
considerado conveniente enterarlo de que yo no inter- 
vendré como ministro mediador, ni prestaré protección 
o ayuda a ninguna misión emanada del gobierno de 
Buenos Aires. En mi carácter oficial, no reconozco a 
semejante gobierno. Aunque a esa provincia le com- 
plazca complicarse con asesinos y traidores, no puede 
darles a ellos título para tratar con un estado civilizado, 
en nombre de la república Argentina: ellos pueden pre- 
tender establecer gobierno pero, con él, S. M. nada tiene 
que hacer en asuntos políticos. 

Usted queda en libertad de manifestar al señor Díaz 
Vélez que yo ignoro a |su gobierno y no cumpliré nin- 
guno de sus pedidos. ¡Si la república Argentina, por 
medio de un gobierno que legítimamente recoja la voz 
de la nación, me solicita para cualquier gestión, que esté 
dentro de los límites de mi deber, estimaré un honor 
cumplir con su ¡pedido. 

He expresado al almirante Otway mi opinión sobre 
la situación en que este servidor de ¡S. M. está colocado, 
ahora, respecto al partido que ocupa el poder en Bue- 
nos Aires. Creo que ese gobierno no tiene más derecho 
que yo para decidir un solo acto de estado y confío que 
el almirante mantendrá vigilancia para que elíos no 
echen al mar un barco de guerra. 

En mi concepto, el tratado con el Brasil no puede 
ahora ser legalmente concertado: una de las partes con- 
currentes a él está imposibilitada pro tempore y sólo la 
sanearía un acto de voluntad de la república de la 
Plata, delegando su autoridad en una u otra persona 
que tomase a su cargo las relaciones exteriores del país. 

Con el gobierno provincial de Buenos Aires, destrui- 
do por la traición, ha expirado la autoridad delegada 
para la paz. Los traidores que asesinaron a su góber- 




342 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


nante /legal, pueden, quizás, pretender, prescindiendo de 
la sanción del pueblo de La Plata, establecer un nuevo 
gobierno legal; pero, como dije antes, ese gobierno no 
podrá revivir el poder de que estaba investido el ante- 
rior. Yd. debe recordar con cuanta tenacidad el infor- 
tunado Dorrego rehusó conceder a la junta provincial la 
facultad de proceder, en general, en asuntos nacionales, 
trasmitida a su gobierno, desde la presidencia de Riva- 
davia, aunque él deseaba tenerla, derivada de sus atri- 
buciones, convo una medida temporal y necesaria. Usted 
recordará que yo me negué a reconocer tal poder en la 
junta y ,que mi conducta fué aprobada por el gobierno 
de S. M. 

No hay miás que un solo camino que Buenos Aires 
puede seguir para salvarse del descrédito y la degra- 
dación en que caerá, si apoya cualquiera de los acto6 
derivados del impuro origen del poder de los traidores, 
etc. Esa medida es la restauración, tan pronto como sea 
posible, de la vieja junta y gobierno, como existían el 
30 de Noviembre. Esa restauración hará resurgir la 
autoridad asignada al antiguo gobierno por las provin- 
cias, para tratar con las potencias extranjeras, y el tra- 
tado con el Brasil podría, entonces, ser legalmente cele- 
brado, bajo la mediación del rey de la Gran Bretaña. 
La república obtendrá, todavía, su reconocimiento por 
Inglaterra y otras naciones. 

El crédito sería en parte restaurado, demostrando al 
mundo que no está en poder de un simple puñado de 
desalmados derribar las instituciones del país y gozar 
los frutos de su traición. Se evitaría la guerra con las 
provincias y Buenos Aires sería estimada por ellas como 
una amiga, en vez de detestada como una enemiga. (Fin 
del extracto). — (firmado) John Ponsonby. 

PONSONBY A ABERDEEN 


Río de Janeiro, Enero 5 de 1829. — Excmo. señor: 
El paquete “Goldfinch” ha traido noticias sobre la de- 
sastrosa terminación de la lucha por el poder, produ- 
cida en Buenos Aires, y el señor Parish me comunica, 
en carta privada, que el señor Díaz Vélez, ministro inte- 
rino, deseaba que me garantiera que su partido está 



LA MISIÓN PONSONBY 


343 


muy anheloso de hacer plenamente efectiva la conven- 
ción firmada con el emperador y que su principal pro- 
pósito es abrir las negociaciones para la celebración del 
tratado definitivo de paz. 

He considerado de mi deber trasmitir esas manifes- 
taciones al marqués de Aracaty, pero por carta estric- 
tamente privada. 

También he enviado al marqués una “Gaceta” extra- 
ordinaria, aparecida en Buenos Aires el 30 de Noviem- 
bre de 1828, del gobierno de entonces, conteniendo copia 
de las comunicaciones que aquel había cambiado con 
Fructuoso Rivera, y la decisión de éste de mover sus 
tropas de las Misiones y trasladarlas a la provincia de 
la Banda Oriental. V. E. tendrá también conocimiento, 
supongo, de que éste ha ofrecido sus servicios al nuevo 
gobierno establecido allí. 

Espero que el señor Hood habrá enterado debidamente 
a Y. E. de los sucesos acaecidos en Montevideo y en la 
provincia. Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., 
etc. — (firmado) Ponsonby. 

A S. E. cari Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Enero 6 de 1829. — Excmo. señor: 
He dirigido al señor Parish una carta privada y, cre- 
yéndolo de mi deber, he extractado una parte que me 
hago un honor en trasmitir a V. E., porque ampliamen- 
te explica las razones de mi actitud y la línea de con- 
ducta que me considero obligado a seguir, si el gobierno 
usurpador de Buenos Aires enviara aquí algún plenipo- 
tenciario con el propósito de continuar las negociaciones 
para un tratado definitivo de paz entre S. M. I. y la 
república Argentina. 

Ya he enterado a V. E. que escribí al general Guido 
una carta, exactamente en el mismo sentido, quien, se- 
gún el señor Parish, estaba dispuesto a aceptar el cargo 
de plenipotenciario. Escribiendo como lo he hecho, pri- 
vadamente, al general Guido, he entrado, a fondo, en el 
comentario de la ruina que probablemente caerá sobre 
su país, como consecuencia del último derrocamiento de 
la constitución y del horrible asesinato del jefe legal de 
la nación, y le he sugerido el modo de desembarazarse 




344 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


de las dificultades en que Buenos Aires debe encontrar- 
se, lo que he trasmitido también al señor Parish y 
figura en el extracto de la carta que tengo el honor de 
trasmitir a V. E. 

No he titubeado, en este caso, en usar del aprecio 
personal que creo gozo en Buenos Aires para esforzarme 
en salvar a ese país de la ruina que lo amenaza, y en 
la cual, desgraciadamente, estará incluida la fortuna de 
muchos dedos súbditos de iS. M. 

He obrado, en todo, en carácter personal y el nombre 
u opiniones del gobierno de S. M. no ha sido compro- 
metido en lo más mSínimo. La importancia de la crisis 
que afecta a todas las regiones de Sud América y sud 
del Brasil, me ha hecho suponer que V. E. aprobaría 
cualquier gestión (realizada dentro de los debidos lí- 
mites) dirigida a conservar la tranquilidad de estos 
países; y estoy también convencido de que el Brasil no 
podrá escapar ileso, si la confusión general que los ame- 
naza se propagase y tomara consistencia. 

Dejaré constancia a V. E. de que estoy lejos de sen- 
tirme seguro de que Fructuoso Rivera no creará con- 
flictos; espero, sin embargo, que quedará satisfecho con 
su nombramiento, que se espera de un momento a otro, 
del principal comando del ejército de la provincia 
Oriental. Yo sé que él tiene en sus manos el hilo de la 
vieja intriga de la separación de Río Grande, del do- 
minio de S. M. I. Creo que la mayoría de los habitantes 
de las ciudades de Porto Alegre y Río Grande están 
ansiosos de levantarse contra el emperador y, aunque su 
intento ha sido impedido por la paz, todavía abrigan la 
esperanza de llevar a la práctica ese proyecto. 

La idea es formar una república, constituida con esas 
ciudades y sus territorios, la Banda Oriental, Entre 
Ríos, las Misiones y, tal vez, Corrientes. Tengo el honor 
de saludar a V. E., etc., etc., etc. — (firmado) John 
Ponsonhy. 

A S. E. earl Aberdeen, etc., etc., etc. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Enero 6 de 1829. — Excmo. señor: 
La nota de la cual tengo el honor de adjuntar copia, 
llegó demasiado tarde para que se pudiera hacer su tra- 



LA MISIÓN PONSONBY 


345 


ducción; por la misma razón, sólo puedo someterla, en 
las mismas condiciones que me llegó, a la consideración 
de Y. E. 

La importancia de la cuestión y la incapacidad en 
que me hallo, con mis actuales instrucciones, para tomar 
medidas más enérgicas de las que ya he adoptado, me 
inducen a aguardar el arribo del próximo paquete, que 
es diariamente esperado, y entonces preguntar a este 
gobierno cuáles son las proposiciones, que ellos dicen 
haber formulado, de S. M. ; y si ellos no ofrecen un 
cumplimiento incondicional a las demandas de S. M., 
responderé que presumo que mi gobierno considerará la 
actitud del gobierno imperial como equivalente a una 
denegación y que se seguirán las consecuencias ya esta- 
blecidas en mi nota del 12 de diciembre. 

También dejaré constancia, luego, de que yo no puedo 
admitir que la medida de detener los barcos brasileros, 
por violación del tratado sobre comercio de esclavos, sea 
invocada como una causa legítima para diferir la res- 
puesta definitiva a las urgentes demandas del gobierno 
británico. Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., 
etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. el earl de Aberdeen, etc., etc., etc. 


PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Enero 6 de 1829. — Exorno, señor: 
Está convenido, en la convención preliminar, que se 
negociará un tratado definitivo de paz entre S. M. I. y 
el gobierno de la república del Rio de la Plata, bajo la 
mediación de S. M. 

Y. E. ha sido informado, por mi despacho no. 1, de 
este año, y presumo que por el señor Parish también, 
que el partido ahora en el poder en Buenos Aires esta 
deseoso de entrar en negociaciones para un tratado de- 
finitivo. 

El último gobierno de Buenos Aires, es decir, el del 
señor Dorrego, fué legalmente autorizado por las pro- 
vincias de la república Argentina a dirigir las relacio- 
nes exteriores de todo el estado. 

El partido colocado ahora en el poder por la violencia 
militar, aunque ha usurpado el gobierno de la provincia, 



346 


LUIS ALBERTO BE HERRERA 


no puede ostentar el menor título para ser considerado 
como el órgano de las Provincias Unidas del Río de la 
Plata para sus comunicaciones con los países extran- 
jeros. 

V. E. recordará que, por el artículo 7.o de la conven- 
ción preliminaria, está establecido que la constitución 
sea dictada por el gobiernQ provisional de la Banda 
Oriental y, para regir en ese nuevo estado, debe some- 
terse al examen del gobierno de S. JVC. I. y el de la 
república Argentina; que ambas partes apreciarán si 
alguna cosa contiene ella contraria a la seguridad de 
una u otra, a fin de remediar el mal de acuerdo con la 
regla y la manera fijada. Es obvio que una de las re- 
feridas partes ya no existe y, si S. M. I. viera en la 
nueva constitución puntos que requieren discusión, para 
ser alterados, no sé cómo se puede mantener y observar 
el tenor y espíritu del artículo. 


Pero me parece (pie estoy estrictamente obligado por 
mi deber a evitar actuar como ministro mediador en 
cualquier procedimiento que tenga relación con el go- 
bierno usurpador de Buenos Aires, hasta que reciba 
instrucciones de V. E. 

De otro modo, parecería comprometer el nombre de 
mi gobierno en una causa que puede ser decididamente 
desaprobada por S. M. 


Una contea revolución, que restableciera la forma del 
último gobierno, restauraría, también, la legitima auto- 
ridad de este gobierno para obrar en representación de 
la república en general, a pesar de la muerte de Bo- 
rrego; y, bajo tales circunstancias, yo podría continuar 
prestando servicios a las dos partes, como ministro me- 
diador, en cuanto sea considerado útil para llegar a un 
arreglo definitivo de paz. 

Este gobierno, no me ha hecho ninguna observación, 
todavía, sobre la revolución de Buenos Aires, y como 
S. M. I. está fuera de la ciudad, creo que no se dirá 
nada antes de la partida del paquete. Tengo el honor 
de saludar a V. E., etc., etc., etc. — (firmado) John 
Ponsoriby. 

A S. E. cari Aberdeen, etc., etc., etc. 



LA MISIÓN PONSONBY 


347 


PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Enero 10 de 1829. — Excmo. señor: 
Como creo puede ser del agrado de Y. E. tener informes 
exacto» del proceder que he juzgado de mi deber adop- 
tar en la actual situación de Buenos Aires, en lo que 
a este país se refiere en cuanto a las medidas to- 
madas, o a tomarse, tendientes a la confirmación de la 
paz, aprovecho la partida para Inglaterra de un barco 
mercante inglés para enviar a Y. E. la copia de un 
despacho que he dirigido al señor Parish, donde oficial- 
mente le comunicaba que yo rehusaría intervenir, como 
ministro mediador, con cualquier persona que no estu- 
viera debidamente autorizada para actuar, aquí, en 
nombre de" la república Argentina y afirmándole, al 
mismo tiempo, que no considero al actual gobierno de 
Buenos Aires investido del poder necesario para resol- 
ver ningún asunto en nombre de la república de La 
Plata. 

También comuniqué al señor Parish que había escrito 
al contralmirante, sir Robert Otway, trasmitiéndole mi 
opinión de que el gobierno actual de Buenos Aires no 
tiene títulos para ser considerado por los servidores y 
súbditos de S. M. como autorizado para asumir, o eje- 
cutar, cualquier gestión o derecho en nombre de la 
república de las Provincias Unidas de La Plata. Me com- 
plazco en adjuntar una copia de esta carta. Tengo el ho- 
nor de saludar a Y. E., etc., etc., etc. — (firmado) John 
Ponsonby. 

P. D. — Habiendo llegado el paquete y diferida po¡r 
varios días la partida del barco mercante, he conservado 
este despácho, en su forma original, para enviarlo por el 
correo ordinario. — P. 

A S. E. earl Aberdeen, etc., etc., etc. 


PARISH A ABERDEEN 

Buenos Aires, Febrero 20 de 1829. — Exorno, señor: 
En mi despacho no. 43, del 14 del ppdo. diciembre, tuve 
el honor de poner en conocimiento de V. E. que el señor 
Díaz Velez me había trasmitido los deseos de su partido 




348 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


de cumplir, al pie de la letra, los últimos compromisos 
contraídos por la república con S. M. I. el emperador 
del Brasil y que vería con agrado que yo repitiera sus 
seguridades, a sus afectos, a lord Ponsonby. 

Consideré de suma importancia que S. B. conociera 
las pacíficas intenciones del señor Díaz Vélez y su par- 
tido, y no dejé de escribirle, privadamente, satisfacien- 
do el pedido que aquel señor me solicitaba; y, al mismo 
tiempo, trasmití a V. E. mi opinión de que, tal vez, al 
general Guido lo comisionaran para terminar las nego- 
ciaciones y que él estaba dispuesto a llenar ese cometido. 

Lord Ponsonby parece ¡haber creído que el gobierno 
provisional, sin previa autorización, pensaba asumir la 
responsabilidad de enviar un plenipotenciario a Río de 
Janeiro para concluir el tratado definitivo de paz con 
el Brasil, y como S. E. me ha escrito, así como a varias 
personas de aquí, declarando que él no se consideraría 
autorizado a tomar parte, como ministro mediador, en 
las gestiones de tal agente, y ha comunicado lo mismo, 
según entiendo, al gobierno de S. M., considero nece- 
sario dejar establecido que yo nunca pensé que de aquí 
se enviara un plenipotenciario, sin estar debidamente 
autorizado por un gobierno capaz de negociar en repre- 
sentación de toda la república. No supuse, tampoco, 
pudiera entrar en los cálenlos de S. M 1 . I. tratar con 
semejante agente, ni que el general Guido, ni ningún 
hombre de sentido común, habría aceptado esa misión. 
V. E. encontrará establecido en mi mencionado despa- 
cho no. 43, que mi conversación con el señor Díaz Yélez, 
sobre el particular, tuvo lugar cuando el gobernador, 
general Dorrego, estaba prisionero y cuando, si no hu- 
biera sido por el acto atroz que se siguió y que levantó 
a todo el país contra ellos, tal vez existía una probabi- 
lidad de que el partido victorioso pudiera establecer su 
poder, conforme a las leyes, y obtuviera, por medio de 
ana pacífica transación con las provincias, que éstas 
continuaran delegando en él su autoridad para tratar 
los asuntos externos de la nación. Tengo el honor de sa- 
ludar a V. E., etc., etc., etc. — (firmado) Woobdine 
Parish. 

A S. E. earl Aberdeen, etc., etc., etc. 



LA MISIÓN PONSONBY 


349 


ABERDEEN A PONSONBY 

£• 


Londres, Marzo 26 de 1829. — A lord John Ponsonby. 
— Exorno, señor: Con referencia al despacho de V. E. 
no. 5, comunicando que si el gobierno de Buenos Aires, 
como está ahora constituido, mandara un plenipoten- 
ciario a Río de Janeiro, con el propósito de negociar un 
tratado definitivo de paz con el Brasil, Y. E. ha deter- 
minado rehusar su intervención como ministro media- 
dor, es menester que explique los motivos por los cuales 
el gobierno de S. M. no está del todo preparado para 
aprobar esa determinación. 

No es, de ninguna manera, para atenuar la conducta 
y sucesos de la reciente revolución producida en Buenos 
Aires, ni con el deseo de efectuar un inmediato recono- 
cimiento del gobierno existente, por parte de la Gran 
Bretaña, que dirijo la presente comunicación a V. E. ; 
pero deseo recordarle que el único objeto tenido en 
cuenta por este gobierno para sancionar una interven- 
ción, de cualquier clase, de un ministro británico, ha 
sido, invariablemente, para obtener una cesación en las 
hostilidades e impedir, efectivamente, su renovación en 
el hemisferio occidental. 

Sería, por lo tanto, contradecir, en cierto sentido, 
nuestra política, si V. E. adoptase una línea de con- 
ducta que pudiese impedir el arreglo definitivo de las 
diferencias existentes entre el Brasil y Buenos Aires. 

Es más bien el gobierno del emperador don Pedro 
quien debe decidir a quién elige para negociar el tra- 
tado definitivo de paz; y nuestros buenos oficios no de- 
ben rehusarse para concurrir, bajo cualquier circuns- 
tancia, a la obra de pacificación. 

Si examinamos demasiado el carácter y autoridad de 
los diferentes gobiernos que han sido sucesivamente for- 
mados en Buenos Aires, con referencia a sus relaciones 
con las provincias linderas, y el grado de obediencia y 
apoyo dado a Buenos Aires, como estado central y me- 
tropolitano, encontraremos que a todos ellos, desde al- 
gunos años atrás, han alcanzado las mismas objeciones. 

El gobierno del general Dorrego, que ha sido recien- 
temente derribado, no forma excepción a este juicio. Su 



350 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


establecimiento constituyó, igualmente, una usurpación 
y fué el efecto, simplemente, de una revolución parcial 
y local. Ultimamente, no ha habido unión verdadera, 
entre las así llamadas “Provincias Unidas del Río de la 
Plata” y es bien sabido que la provincia de Buenos 
Aires sola ha sostenido la guerra contra el Brasil y sola 
ha soportado los gastos por ella originados. Por eso, por 
necesario que sea que el encargado de negocios de S. M. 
use de circunspección en cualquier gestión con el actual 
gobierno usurpador de esa provincia, parece que no hay 
justo motivo para que V. E. rehúse ofrecer sus buenos 
oficios en Río de Janeiro, si ellos pueden conducir a 
una paz permanente entre las partes, cuyas contencio- 
nes, si por desgracia fuesen renovadas, tienen que ser 
altamente perjudiciales a los intereses británicos. 

Por eso, ruego a V. E. que exprese estos sentimientos 
al gobierno brasilero y, también, que V. E. corrija las 
impresiones que pueden haberse derivado de sus recien- 
tes comunicaciones a sir Roberto Otway y Mr. Parish, 
en cuanto estén en desacuerdo con el tenor del presente 
despacho. Tengo el honor de saludar a Y. E., etc., etc., 
etc. — (firmado) Aberdeen. 

PONSONBY A ABERDEEN 

Río de Janeiro, Mayo 23 de 1829. — Exorno. señor: 
Me permito someter a V. E. una relación de parte de 
las negociaciones políticas en las cuales he intervenido, 
a fin de explicar, hasta cierto punto, las razones que 
guiaron mi conducta con respecto a la mediación de 
S. M. entre el imperio y la república, que no han tenido 
la aprobación de Y. E. 

La misión con que tuve el honor de ser encargado por 
S. M. fué acreditada ante las Provincias Unidas del Río 
de la Plata, de las cuales la provincia de Buenos Aires 
era, notoriamente, solo un miembro. 

El congreso, compuesto por diputados de todas las 
provincias, que, cuando llegué, estaba reunido en Bue- 
nos Aires, reconoció, de la manera más formal, la sobe- 
ranía del estado investida en la totalidad de la Unión 
y declaró su obligación de someter la constitución, en- 
tonces en proyecto, al conocimiento de todas las pro- 



LA MISION PONSONBY 


351 


vincias, haciendo de su aceptación o rechazo por ellas, 
la condición de su existencia legal o de su anulación. 

La renuncia de la presidencia de la república", por el 
señor Rivadavia, causada por dificultades políticas, 
fruto de su propia ineptitud, no fué el efecto de la co- 
acción. El congreso terminó también por muerte natu- 
ral; no por la violencia. 

La antigua junta de la provincia y ciudad de Buenos 
Aires, que había sido ilegalmente suprimida por el se- 
ñor Rivadavia, reasumió sus funciones legales, cuando 
dicha persona se retiró de su puesto, y el congreso 
expiró. 

La junta ejercía su legítimo poder, de estricta confor- 
midad con la ley y el uso, cuando eligió al señor Dorrego 
gobernador de la provincia de Buenos Aires; y fué bajo 
el apremio de la necesidad que el señor Dorrego asumió 
la autoridad de obrar, en nombre de la república Argen- 
tina, en la dirección de las relaciones exteriores del estado. 

El, sin embargo, la asumió provisoriamente y sólo hasta 
que la voluntad de las provincias se declarase en cuanto 
a la persona en quien esa autoridad debía ser delegada. 
A su debido tiempo, fué conferida a Dorrego; pero, du- 
rante el período que medió entre la toma del mando por 
el señor Dorrego y su formal investimiento con ella, por 
las provincias, yo seguí rehusándome a reconocer, por 
acto público u oficial, la existencia en su gobierno del 
derecho de representar al poder ejecutivo general de la 
república de La Plata en los asuntos exteriores, y mi 
conducta, en este sentido, fué aprobada por el gobierno 
de S. M. 

La revolución de diciembre último (1828), fué llevada 
a cabo por la violencia militar, y el asesinato del jefe de 
la nación fué perpetrado por la orden arbitraria de un 
oficial subalterno. 

Yo sabía que las provincias negarían la autoridad del 
gobierno usurpador para obrar en nombre y representa- 
ción de la república Argentina, y que ellas, tan pronto 
como les fuese posible, afirmarían sus derechos contra la 
facción de Buenos Aires, que se les había desconocido. 

El señor Díaz Yélez y su gobierno ansiaban obtener 
para sí las ventajas que podían derivarse de la aparien- 
cia de parecer reconocidos por S. M. el rey, y proyecta- 



352 


Lyis ALBERTO BE HERRERA 


ron una misión a Río de Janeiro para negociar el tratado 
definitivo de paz, bajo la mediación de S. M., que les 
habría dado oportunidad para alegar que S. M. reconocía 
en ellos el poder ejecutivo de la república. 

Yo creí prudente evitar una situación que me obligaría 
a dar, más públicamente, pasos decisivos, y escribí al se- 
ñor Parish la carta que me obliga a molestar a Y. E. con 
explicaciones. 

Algunas de las razones que me movían aparecen en la 
relación de hechos arriba mencionados; pero confío que 
me puedo permitir llamar hacia ellos, especialmente, la 
atención de Y. E. 

El nuevo gobierno de Buenos Aires era, sip disputa, 
aun como gobierno provisional, una usurpación: no pre- 
tendía ser el gobierno de la república Argentina. Yo me 
había rehusado a reconocer en el gobierno legítimo del 
señor Dorrego, de Buenos Aires, el derecho de represen- 
tar a la república, hasta que dicho derecho le fue otor- 
gado por las provincias; y mi conducta, al proceder así, 
fué aprobada por el gobierno de S. M. Si, en mi capa- 
cidad de ministro mediador, hubiese obrado de acuerdo 
con un ministro enviado por el gobierno de Buenos Aires, 
no podría sino reconocer, virtualmente, la legítima 
autoridad de ese gobierno, al ayudarlo a contratar un 
solemne compromiso con el aliado de S. M. el emperador 
del Brasil; pero, procediéndose así, habría obrado en con- 
tradicción directa con lo que había! hecho anteriormente 
y contra la conducta que había aprobado el gobierno 
de S. M. 

Hubiera sido imposible redactar un tratado definitivo 
de paz, teniendo por base la convención preliminar, sin 
afirmar como cierto un hecho que, evidentemente, no lo 
era. 

La convención preliminar, como lo he recordado, fué 
suscrita entre S. M. I. y la república Argentina: el tra- 
tado definitivo lo habría sido entre S. M. I. y el gobierno 
de Buenos Aires. 

Yo habría tenido que aceptar que el gobierno de Bue- 
nos Aires tenía un derecho, inherente, de obrar en re- 
presentación de toda la república, o que el poder de 
hacerlo le había sido delegado — ambos asertos contrarios 
a la verdad notoria - — o habría debido ayudar al gobierno 
provincial de Buenos Aires a hacer un tratado definitivo, 



LA MISIÓN PONSONBY 


353 


cuyas disposiciones, si deducidas de la convención preli* 
minar, necesariamente dispondrían de los derechos de 
toda la república de La Plata. 

Era probable que también hubiera sido instrumento, 
siguiendo esta línea de conducta, para inducir al go* 
bierno imperial a concluir un tratado con partes inca- 
paces de cumplir sus compromisos. La república Argén* 
tina seguramente no se consideraría obligada, por el ho* 
ñor o por cualquier otra razón, para dar efecto a las 
estipulaciones acordadas por una facción en Buenos Ai* 
res, que debía su poder a la caída de la autoridad nacio- 
nal; y si la oportunidad se presentara, es posible que la 
república sintiera la tentación de vengarse del Brasil y, 
en revancha del apoyo público prestado por el gobierno 
imperial a los usurpadores y traidores de Buenos Aires, 
ayudara y apoyase a los elementos desafectos de las pro- 
vincias del imperio y a los que procuran la destrucción 
de la monarquía y del monarca. 

Además de este aspecto general del asunto, por el cual 
fui influenciado, me creo particularmente obligado por 
las instrucciones secretas, de las cuales tengo el honor de 
acompañar una copia a V. E. 

Y. E. verá, por ellas, cuanto, precisamente, se me ha 
ordenado no comprometer el nombre del rey, si cualquier 
cambio se produjese en el gobierno de Buenos Aires. 

Presumo que será admitido que, a pesar de no ser más 
ministro de S. M. en Buenos Aires, todavía estoy, como 
consecuencia de la mediación, en relación con ese estado, 
en cuanto concierne a la paz, y que mi conducta — que 
he tratado de explicar — estaba directa e íntimamente 
ligada con ese asunto. 

Siento haber obrado contra la opinión que sé Y. E. 
sustenta, pero puedo asegurar que mi error no fué oca- 
sionado por descuido ni por ligereza: fué fruto de me- 
ditada consideración del caso y los defectos de mi criterio 
son, únicamente, la causa de mi equivocación. 

Felizmente, no ha causado ningún daño la parte que 
tomé; y conocía demasiado bien la situación de los ne- 
gocios y del gobierno usurpador para abrigar la menor 
aprehensión de que la guerra se reabriera. 

Estaba seguro de que el tratado definitivo no era ne* 
cesario para asegurar la continuación de la paz, por un 
largo período, y debo confesar que pienso que más pe* 

ts-ii 



354 


LUIS ALBERTO DE H ERE ERA 


ligro importaría para la estabilidad de la paz la tenta- 
tiva de negociar el tratado definitivo que cualquier otra 
solución que se adoptara. 

No vacilo en afirmar, ahora, que los súbditos de S. ¡M. 
no corren ningún riesgo de estar, otra vez, expuestos a 
los males de los que la convención preliminaria los ha 
aliviado 

Estoy seguro de que el gobierno imperial no puede 
reiniciar las hostilidades y que aún está más lejos del 
poder del gobierno de Buenos Aires hacerlo. 

No sé tanto de la situación del país, últimamente men- 
cionado, como puede saber Y. E. antes de que yo llegue 
a Inglaterra; pero, sí, creo que los actuales dirigentes 
de Buenos Aires pueden, aun en el momento actual, ha- 
ber ya sido despojados del poder o, tal vez, haber sido 
ejecutados por traición, y la junta legítima restaurada 
en su autoridad, arrebatada por la fuerza militar ; y, en 
consecuencia, que la oportunidad no se presentará de 
poner en ejecución las instrucciones de V. E., en sentido 
de que prestara al gobierno de Buenos Aires el apoyo 
de la mediación de S. M. Tengo el honor de saludar a Y. 
E., etc., etc., etc. — (firmado) John Ponsoriby. 

A S. E. earl Aberdeen, etc., etc., etc. 


PONSONBY A ABERDEEN 


Río de Janeiro, Junio 28 de 1829. — Excmo. señor. 
Siéndome necesario, a causa de mi salud, aprovechar el 
permiso, graciosamente concedido por S. M., para ausen- 
tarme por algún tiempo de mi puesto en este país, solicité 
una audiencia, a fin de ofrecer mis respetos a S. E I. el 
emperador, con motivo de ¡mi partida, y para presentar 
a S. M. al señor Aston, secretario de la legación, en su 
capacidad de encargado de negocios durante mi ausencia. 
S. M. se dignó fijar la fecha del 28 y, ese día, tuve el 
honor de despedirme y de presentar al señor Aston, en 


el carácter referido. , itn 

Mé embarcaré, por la tarde, en el buque de b. M. ^an- 
o-ues ’ ’, siguiendo inmediatamente para Portsmouth. en 
go el honor de saludar a V. E., etc., etc., etc. ( irma 


do) John Ponsonby. 

A S. E. earl Aberdeen, etc., etc., etc. 



ARÉ N D ICE 




LA MISIÓN PONSONBY 


357 


SOBRE LA EMBAJADA 7 

• • \ 

Londres, Febrero 20 de 1928. — Señor ministro : En 
confirmación de mi despacho telegráfico del 16 del co- 
rriente, tengo el honor de comunicar a vuestra excelen- 
cia que la embajada del Uruguay ante el gobierno de ,Su 
Majestad Británica ha llenado su honroso cometido, ha- 
biendo recibido reiteradas demostraciones cordiales de 
parte del gobierno y pueblo inglés. 

Por nota separada, envío a vuestra excelencia infor- 
maciones completas concernientes a la forma en que he- 
mos sido atendidos. 

S. M. el rey; S. A. R. el príncipe de Gales, el Foreign 
Office, las autoridades municipales de la ciudad de Lon- 
dres, la banca, los núcleos comerciales con afinidades en 
nuestro país y, finalmente, la prensa, todas esas autori- 
dades públicas y morales, nos han dispensado la más ge- 
nerosa acogida. El nombre del Uruguay despierta en 
todas partes interés y cariño. 

Acompaño copia de los discursos de mayor importan- 
cia oficial que he pronunciado, confiando merezcan la 
aprobación de vuestra excelencia. 

No sé si los miembros de la embajada habremos tra- 
ducido, con la necesaria eficacia, los deseos del gobierno 
de la república; en cambio, puedo afirmar a vuestra ex- 
celencia que todos rivalizaron en el anhelo de proceder 
acertadamente. 

Saludo a vuestra excelencia con mi más alta consi- 
deración. — Liéis Alberto de Herrera. 

A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores, don 
Rufino Domínguez. 



358 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


LA CEREMONIA EN EL FOREIGN OFFICE 

Londres, Febrero 21 de 1928. — Señor ministro : Como 
lo manifesté a vuestra excelencia en mi nota de fecha 
20 del corriente, la entrega del retrato de lord Ponsonby, 
que tuvo lugar el 16 del corriente, a !as cuatro de la tarde, 
en el Foreign Office, dió lugar a una sencilla y noble 
ceremonia. 

A ella asistieron, representando :al gobierno, los seño- 
res Stephen Gaselle y R. C. Craigie. 

Así se expresó el earl de Bessborough, descendiente de 
aquel ilustre hombre de estado: 

“ Señor- embajador: Es para mí motivo de orgullo y 
“ de honor pensar que un miembro de mi familia haya 
“ sido útil a vuestros compatriotas, cien años atrás, con- 
<! tribuyendo al reconocimiento, por la Gran Bretaña, de 
“ vuestra independencia. 

“ He apreciado las generosas palabras pronunciadas 
‘ ‘ por vuestra excelencia con respecto a los servicios pres- 
“ tados al Uruguay por lord Ponsonby. 

“ Dado es imaginar la gran satisfacción que él habría 
‘ ‘ experimentado, si hubiera podido adivinar que las 
‘ ‘ cordiales relaciones que concurriera a fundar, en aque- 
“ líos días, entre las dos naciones, iban a ser afirmadas 
“ tanto como lo han sido y a culminar en la estrecha 
“ amistad existente entre el Uruguay y la Gran Bretaña. 
“ como bien lo atestigua la reciente visita del príncipe 
“ de Gales a vuestro país y la de vuestra excelencia al 
“ nuestro. 

“Deploro no poseer un retrato original de lord Pon- 
“sonby, pero me permito ofrecer a vuestra excelencia 
“ la fotografía de un óleo de propiedad a un miembro 

de mi familia, como modesto testimonio del agradeci- 
“ miento de sus descendientes a vuestra excelencia y a 
“ vuestros compatriota®. ” 

Contesté en frases igualmente cordiales, recordando la 
brillante carrera diplomática de lord Ponsonby, embaja 
dor en diversas naciones de Europa, luego de haber co- 
laborado, con gran acierto y amplitud de ideas, en el 
reconocimiento de nuestra independencia, por conside- 
rarla justa y estimarla necesaria y benéfica para el porve- 
nir del continente y los intereses del comercio universal. 



LA MISIÓN PONSONBY 


359 


Como coincidencia feliz, recordé que, en 1831, lord 
Ponsonby desarrolló, en Bélgica, una acción diplomática 
similar y del mismo alcance simpático a la seguida con 
respecto al Uruguay, en 1828. 

La consagración internacional de la independencia 
belga, 4e contó entre sus más eficaces auxiliares, cum- 
pliendo las instrucciones liberales de su gobierno. 

De manera que a la autonomía de dos naciones muy 
semejantes — y el Uruguay se honra de parecerse a Bél- 
gica, en el escenario del nuevo mundo — , se asocia a la 
memoria esclarecida de lord Ponsonby, que así aumentó 
el lustre de un hombre brillante mente ligado a la histo- 
ria inglesa. 

Terminé diciendo que entregaría al gobierno el retrato 
del gran estadista, cuya memoria es como el símbolo de 
la inalterable y muy leal amistad, sellada por el tiempo 
y por el sentimiento sincero, entre Inglaterra y el Uru- 
guay» y que abrigaba la seguridad de que se le daría el 
sitio de honor que le correspondía. Al expresarme así, 
creo haber interpretado fielmente el pensamiento del 
gobierno de la república. 

Reitero a vuestra excelencia las seguridades de mi 
más alta consideración. — Luis Alberto de Herrera. 

A S. B. el señor ministro de relaciones exteriores, don 
Rufino Domínguez. 

LOS ACTOS OFICIALES 

Londres, Febrero 21 de 1928. — Señor ministro: Ter- 
minado mi cometido de embajador extraordinario y ple- 
nipotenciario, en misión especial, ante Su Majestad Bri- 
tánica, y ampliando mi nota N.° 36/828, de fecha 20 del 
corriente, tengo el honor de informar a vuestra exce- 
lencia, detalladamente, sobre las demostraciones y actos 
que tuvieron lugar durante nuestra permanencia en Lon- 
dres. 

El día viernes 10 del corriente, desembarcamos en el 
puerto de Dover, donde éramos esperados por el concejo 
municipal de la ciudad, en corporación, y cuyo presidente 
nos dió la bienvenida al pisar eil suelo británico. A esta 
primera demostración de simpatía, contesté en la forma 
y términos de estilo en tales circunstancias. 

Al llegar a Londres, dos horas después de nuestro des- 




360 


LUIS ALBERTO DE H ERR ERA 


embarque, fuimos recibidos en la estación Victoria por 
el representante del rey, delegados del Foreign Office, 
maestro de ceremonias, miembros de la prensa, de la 
“Latín- American Soeiety ” y del alto comercio con inte- 
reses en el Uruguay. 

El sábado 11, a las 12 y 1/2 p. m., tuvo lugar en el 
palacio de Buckingham la audiencia especial acordada 
por el rey para la entrega de mis credenciales y presen- 
tación de los miembros de la embajada, habiendo asistido 
a este último acto S. M. la reina. 

Terminadas aquellas ceremonias, los soberanos nos 
ofrecieron un almuerzo oficial, en el que tomaron parte 
varios miembros de la familia real, los ministros de re- 
laciones exteriores y de hacienda y altos funcionarios de 
estado y de palacio. 

S. M., en las conversaciones que mantuvo con todos 
los miembros de la embajada, recordó muy favorablemente 
su visita al Uruguay, en 1880, y su paseo a nuestra cam- 
paña, y me dió un mensaje de afectuoso saludo y recono- 
cimiento, por la misión, para el excelentísimo señor pre- 
sidente de la república. 

El domingo 12, fuimos invitados. a visitar el castillo 
real de Windsor; por la noche, ' asistimos, ocupando el 
palco de :S. iM., al teatro “Drury Lañe”. 

El lunes 13, el señor secretario de estado, sir Austen 
Ghamberlain, nos obsequió con un almuerzo oficial. En 
la tarde, fuimos invitados a concurrir a la cámara de los 
comunes y, después de haber presenciado los debates, pa- 
sarnos a tomar una taza de te en compañía de varios 
miembros de ese cuerpo. 

El martes 14, fuimos acompañados a la universidad de 
Oxford, pasando allí todo el día, siendo saludados muy 
cordialmente por el rector. Por la noche, la “Latín- Ame? 
rican Soeiety of Great Britain’* nos ofreció un banquete 
de más de cien cubiertos. Ofreció ese homenaje su pre- 
sdente, -lord Farringdon, en conceptos muy elogiosos para 
él Uruguay, cuyo texto acompaño, así como el de mi con- 
testación. 

E'l miércoles 15, depositamos una corona en la tumba 
del soldado desconocido, existente en la abadía de West- 
minster, y otra en La tumba de Canning, el célebre hom- 
bre de estado y primer ministro que obtuvo el recono- 



LA MISIÓN PONSONBY 


361 


cimiento, por el parlamento, de la independencia de las 
repúblicas sud-americanas. Se me ha manifestado que 
es ésta la primera vez que los visitantes diplomáticos de 
una de nuestras repúblicas rinden este último homenaje, 
que ha sido altamente apreciado. 

A medio día, nos recibió el príncipe de Gales, quien 
subrayó, muy afectuosamente, los amables recuerdos dé 
su visita a nuestro país. - 

Antes de retirarnos, tuvo la deferencia de invitarnos 
a pasar a una sala inmediata y de brindar en español 
— lo que marcó más la atención — por nuestro país y por 
el excelentísimo señor presidente de la república y salu- 
dando, con palabras muy corteses, a las damas de la 
embajada. 

Repliqué en los términos que juzgué oportunos, reti- 
rándonos gratísimamente impresionados. 

En seguida, pasamos a la ‘‘Mansión House”, donde 
nos recibió, en pleno, el concejo municipal de Londres. 
Almorzamos con el lord mayor, a cuyo expresivo brindis 
contesté saludando a la ciudad y a las autoridades co- 
munales. 

Por la tarde, visitamos los bancos de Londres y Sud- 
Amériea y Britisáh and South America, que tan impor- 
tante vinculación tienen en el país, pasando, luego, a 
tomar una taza de te con la firma “Glyn, Mills y Co.”, 
banqueros de nuestro gobierno en ésta, que atentamente 
nos habían invitado. 

El citado día, ofrecí un banquete de despedida, de 
ochenta y dos cubiertos, al señor ministro de relaciones 
exteriores, sir Austen Chamberlain, pronunciando el dis- 
curso cuya copia remito por separado, contestando el se- 
ñor ministro con él que acompaño y que considero muy 
elogioso para la república. 

Terminada quedó la misión. Sin embargo, el día 16,. 
se tuvo la deferencia, que estimo muy significativa, de 
entregarme, en acto oficial, en el Foreign Office, el re- 
trato de lord Ponsonby, cuya valiosa gestión diplomática, 
como mediador, contribuyó eficientemente al reconoci- 
miento de nuestra independencia. En su tumba deposité 
una corona de flores naturales. Juzgo que este recuerdo, 
muy justo, ha sido debidamente apreciado. Por nota se- 
parada, envío copia de las palabras con que el earl 



362 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Bessborough me hizo entrega del retrato, y de mi res- 
puesta. 

Debo agregar que los miembros de la embajada fueron 
condecorados con la “knight grand cross”, en distintos 
grados, .atención estimada, como se merece, por los miem- 
bros de la misión, y que, según se me ha informado 
tiene mucho relieve, pues raramente se otorga en casos 
de esta naturaleza. 

Reitero a vuestra excelencia las seguridades de mi 
más alta consideración. — Luis Alberto de Herrera. 

A S. E. el señor ministro de relaciones exteriores, don 
Rufino Domínguez. 


BANQUETE A S. E. ISIR AUSTEN CHAMBERLAIN 

Agradeciendo las atenciones recibidas por la embajada, 
en estos términos ofreció la fiesta, el doctor Herrera, al 
señor ministro de relaciones exteriores de la Gran Bre- 
taña, S. E. tsir Austen Chamberlain : 

Excelencia : La tan cordial acogida que el gobierno de 
S. M. ha dispensado a la embajada del Uruguay, obliga 
nuestro reconocimiento y confirma la tradicional amis- 
tad que a esta gran nación nos vincula. 

El recuerdo de Inglaterra se asocia al de las indepen- 
dencias en la América del Sud, no sólo por el esfuerzo 
denodado de las armas, sino también por la acción pro- 
funda de su espíritu liberal y de su cancillería. 

Por ser muy justo, fácil y espontáneo sube a los la- 
bios el elogio de aquellos descollantes y desinteresados 
servicios prestados a la caqsa de la libertad de un mundo 
naciente. 

A Canñing, primer ministro y esclarecido hombre de 
estado, adeudan estatua todas las repúblicas de nuestro 
continente. Su pensamiento, hondo y visionario, adivinó, 
antes que nadie, el significado inmenso, de consecuencias 
incalculables, que tendría la incorporación de un hemis- 
fério a la familia de las naciones. Ese ideal le enamora 
y se apodera de su brillante talento, luego de haber con- 
quistado, entero, su corazón. Solo, contra muchos, en- 
sancha, con un discurso monumental, los grandes anales 
del parlaménto británico. La historia no olvida esa pá- 
gina, escrita por y ? para el derecho ; tampoco la olvida 
nuestra gratitud, imperecedera, (hear, hear). 



LA MISIÓN PONSONBY 


363 


Así describe ese momento, que fué como un codo en la 
vida universal, el biógrafo de Canning, recogiendo la pa- 
labra de un testigo presencial : “ El efecto fué pasmoso y 
fulminante; pareció que el parlamento entero hubiera 
sido electrizado. Tierney, quien, un momento antes, se 
revolvía en su asiento, quitándose y poniéndose el som- 
brero y tomando, a menudo, grandes narigadas .de rapé, 
agitándose de un lado a otro, al extremo de gastar — yo 
creo — sus faldones, quedó como petrificado, inmóvil en 
su poltrona, con la mirada fija y la boca abierta por 
medio minuto”. 

Esta pincelada, llena de emoción, completa el cuadro 
de la formidable jornada: “Era su aspecto tan imponente 
que Mr. Canning, en ese instante, pareció haber cre- 
cido en estatura. Noté que accionaba con el brazo iz- 
quierdo. El efecto era nuevo y hermoso ; su pecho ensan- 
chóse, palpitante ; dilatadas las fosas nasales ; una expre- 
sión de noble orgullo ligeramente rizó su labio y la edad 
y los achaques en apariencia desaparecieron, disipados 
por el ardor y la juventud del genio. Sin embargo, había 
serenidad en su frente, iluminada por resplandores de 
gloria. Entonces, me evocó lo que yo había leído de los 
efectos de la elocuencia ateniense”. 

Sí : esa arrebatadora elocuencia rindió todas las vallas : 
es que la inflamaba el fuego sagrado que inmortaliza a 
quienes sufren su milagroso contagio y que emana de las 
grandes cosas en las grandes crisis, (hear, hear ). 

Después de intenso debate, Peel también se entrega y 
el vencedor, nunca más glorioso, avanza, como un ilu- 
minado, tras su quimera, sin medir obstáculos, sin sentir 
el suelo que pisa; con los ojos puestos en el futuro. 

Poco queda por hacer. El rey adhiere al hermoso pro- 
nunciamiento. Un cronista recogería su ameno comenta- 
rio: “I don’t see why I am to be the only gentleman in 
my dominions who is not to eat his christmas pudding in 
quiet ant I am determined I shall!” (laughter) . 

. Plena razón le asistía. Corrían los últimos días de di- 
ciembre: el alumbramiento de las nuevas patrias sud- 
americanas era como otra navidad del urbe, (hear, hear). 

Pero a esta gallarda memoria continental, agrega mi 
país la que proviene de la confirmación diplomática de 
su independencia, ya entonces ganada, para siempre, por 



m 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


el inextinguible amor a la libertad que en su seno alienta 
y por el heroísmo victorioso de nuestros mayores y de 
nuestra raza, (hear, hear). 

Tampoco olvida el Uruguay que un insigne plenipo- 
tenciario inglés, lord John Ponsonby, fué mediador, apa- 
sionado por el derecho, en las negociaciones que llevaron 
al feliz reconocimiento de nuestra emancipación, ya con- 
sumada e irrevocable. 

Su nombre, destacado en su patria, también es ilustre 
para nosotros. Pertenece a una estirpe de soldados, cuyas 
hazañas cantó la poesía y de estadistas de consagrada 
reputación, que prolongan hasta la actualidad su estela. 
; Aludiendo a su providencial y firme destino, de nues- 
tro país dijo lord Ponsonby, que ‘‘era como un algodón 
puesto entre dos cristales, para evitar su fractura”. Aser- 
to afortunado y también prof ético, porque el Uruguay, 
en su ascendente carrera, ha hecho honor a ese luminoso 
vaticinio de paz y de concordia, que condecoró su inf an- 
cia, siendo la fidelidad al derecho el más preciado blasón 
democrático que presentamos a la consideración de las 
naciones, (hear, hear). 

: Os invito, señores, a ponernos de pie en homenaje a 
Inglaterra, creadora inagotable, siempre fecunda, de li- 
bertades, y a brindar por S. M. el rey. (hear, hear). 

M EN LA “LATIN AMERICAN SGCIETY” 

Brindada cordialmente la fiesta, por lord Farringdon, 
áláí contestó el doctor Herrera: 

: Señor presidente, señores ministros, señores: Esta gen- 
til demostración, tan espontánea y amistosamente ofre- 
cida a la embajada del Uruguay, agrega otra impresión 
irñbór rabie a las muchas que llevamos de nuestra perma- 
heñCiá en esta ciudad de Londres, hogar inmenso y de 
inmensa historia, donde siempre encontraron amparo y 
calor la conciencia humana y el dolor de los oprimidos. 

! ‘Mis primeras palabras serán de vivo elogio para la 
‘‘‘Latín- American Society”, que tiene para nosotros el 
¡prestigio especial de agrupar a los amigos de nuestro 
continente, a quienes a £1 se sienten vinculados por el 
trabajo y, también, por el recuerdo. 

• 0í Levanto la vista y, a pesar de ser huésped en Londres, 



JjA MISIÓN PONSONBY 


365 


veo entre los caballeros reunidos alrededor de esta mesa, 
para partir con nosotros el pan de la amistad, a perso- 
nalidades que me son conocidas, como que por largos años 
han residido en mi país y participado dé nuestras ale- 
grías y de nuestras angustias. 

Luego de edificar honestamente su bien y, a la vez, el 
nuestro, ellos han retornado a la patria de origen, con 
servando, como lo acredita esta fiesta — 'que por tan no 
ble razón, me permito llamar fiesta de familia, — (hear, 
hear), memoria feliz del tiempo vivido en nuestra tie- 
rra, que tanto reclama la ayuda del brazo y del capital 
extranjeros para desarrollar ampliamente su riqueza. 

Por tanto, vosotros también sois obreros valiosos de 
nuestro progreso. Más de una vez, cruzando la linda 
campiña inglesa, he visto “cottages” con nombres nues- 
tros, “criollos”. Sé que esta palabra resuena simpática- 
mente en vuestros oídos y que ella os trae amables remi- 
niscencias. 

Sin advertirlo, señores, y sin que ningún interés per 
sonal os impulse, vosotros sois agentes muy eficaces de la 
mejor diplomacia ; es decir, de la que arranca del corazón. 

Cual nuevos argonautas, os lanzásteis a descubrir in- 
esperados campos de acción, como obedeciendo a la ben- 
dita inquietud que, antes, empujó a vuestros mayores a 
las grandes empresas marítimas. 

Gracias, en mucha parte, a vosotros, el afecto tiende 
ancho puente entre el viejo y el nuevo mundo, que tanto 
se complementan: uno, devuelve en juventud, lo que el 
Otro le presta su sabiduría, (cheers). 

Muchos beneficios adeudamos al capital europeo; pero 
a ninguno tantos como al inglés. Los hombres de negocios 
británicos tienen el mérito especial de haber creído en el 
porvenir de nuestras repúblicas, cuando todavía no está- 
bamos organizados. Ya lo estamos; pero seguimos nece- 
sitando aquel poderoso concurso, que tiene fuerza de 
palanca. 

Lo aceptamos, sin exclusivismos y sin preferencias, re- 
cordando, porque es de justicia, cuanto bueno han hecho 
entre nosotros las iniciativas y las compañías británicas. 

Destaco la singular importancia del comercio de car- 
nes. Nuestros ganados son cada día mejores en calidad. 
El Reino Unido es nuestro mayor comprador. 



866 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


La Sociedad Latino- Americana de Londres prestará un 
gran servicio, a ambas partes, afianzando y facilitando 
ese consumo. 

Señores: la influencia de Inglaterra, admirable madre 
de naciones, engendradas sin dolor y sin pena, ba sido, 
en todo tiempo, benéfica para las democracias occiden- 
tales. 

A principios del siglo pasado, sus naves rompen los 
prejuicios económicos de la época y, al establecer el libre 
comercio, muestran a aquellas jóvenes sociedades, cando 
rosas y todavía dormidas, el ancho camino que les marca 
el destino. 

Junto con el intercambio, que valoriza la propia ri- 
queza, hasta entonces muerta, ellas reciben ideas reden- 
toras, que pronto germinan hasta estallar en irresistibles 
ansias de independencia. Cien años de autonomía cuenta 
el Uruguay y por cien años se mide la inconmovible amis- 
tad que a la nación británica nos une. 

Bien sabemos la enorme y positiva colaboración que al 
progreso humano ha aportado este pueblo, que ofrece al 
universo el espectáculo permanente de sus instituciones 
sabias, en incesante perfeccionamiento y tendidas siem- 
pre, como hacia el sol, hacia la libertad. 

Desde los comienzos, hemos tenido por saludable tan 
alto ejemplo, que concurre, en mucho, a adiestrarnos en 
la práctica del derecho auténtico, que es el único modo 
de labrar la felicidad individual y colectiva de las nacio- 
nes, como bien y con justo orgullo lo abona la -soberanía 
de estas islas, las más famosas, porque sus abiertas costas 
sólo son inaccesibles al despotismo, (hear, hear). 

Antes de terminar, quiero agradecer, especialmente, los 
conceptos tan propicios para el Uruguay pronunciados 
por el señor presidente lord Faringdon. 

Es cierto : . pagamos puntualmente nuestras obligacio- 
nes y nuestros presupuestos están al día. Mucho enaltece 
a mis conciudadanos la referencia encomiástica que aca- 
bamos de oír respecto a la última jornada cívica, cuyo 
honor a todos ellos alcanza. También estimo como singu- 
lar elogio para la república el aserto del señor presi- 
dente de que entre nosotros, como en Inglaterra, la prensa 
es libre, así como el juego de las instituciones. ¡ Gran ho- 
nor parecerse bajo este aspecto a la nación histórica que 



LA MISIÓN PONSONBY 


367 


aporte tan considerable ha allegado a la evolución civi- 
lizada de los pueblos! 

Brindemos, pues, de pie, por ella, que es lo mismo que 
brindar por la libertad y por la democracia, y brindemos, 
luego, por la institución representativa que nos honra con 
su hospitalidad y que puede definirse como una prolon- 
gación de nuestras patrias en la vuestra, (cheers). 


ATENCIONES EXTRA-OFICIALES 


Londres, Febrero 29 de 1928. — Excmo. señor minis- 
tro de relaciones exteriores, don Rufino T. Domínguez. — 
Montevideo. — Señor ministro: En nota anterior, he en- 
terado a V. E. de las distintas atenciones dispensadas a 
la embajada del Uruguay, durante su desempeño oficial; 
es decir, desde el 10 al 15, inclusive, del corriente. 

Creo de mi deber comunicar, también, a Y. E. que en 
las dos semanas que permanecimos en Londres, después, 
algunos miembros de la embajada, hemos sido realmente 
abrumados por demostraciones de aprecio, dirigidas en 
esencia y, como es natural, al propio país. 

Ya al margen del protocolo, fuimos invitados a visitar 
grandes usinas, fábricas, diarios, el mercado mundial de 
carnes de Smithfield, etc., y poderosos organismos ligados 
al desarrollo de las naciones sud-americanas. El ministro 
de agricultura me dio, en su despacho, informes precisos 
sobre el asunto de la aftosa, que tanto preocupa a nues- 
tros productores, ratificados por lord Bledisloe, que 
acaba de llegar del Plata. Culminaron estas manifesta- 
ciones cordiales con un lunch ofrecido en “The River 
Píate House ’ ’, sin pretensiones de banquete — por eso 
mismo, más distinguido y expresivo — por hombres re- 
presentativos, que conocen y cariñosamente recuerdan a 
nuestro país. Al levantarnos de la mesa y en conversa- 
ción sencilla, se me manifestó que se les había ocurrido 
a aquellos caballeros, en nombre de sus compañías y como 
testimonio de consideración al Uruguay, ofrecerle al go- 
bierno nuestro un retrato, al óleo, de lord J ohn Ponsonby, 
el gran plenipotenciario inglés que fué, en 1827-28, bri- 
llante mediador en la consagración diplomática de la 
independencia nacional, ya entonces ganada por las ar- 



LUIS ALBERTO DE HERRERA 


368 


mas. Se me consultó si el gobierno aceptaría ese obsequia 
afectuoso, como signo de la tradicional amistad que nos 
une, a lo que creí del caso contestar que no lo dudaba y 
que sería para mí un honor trasmitir su noticia al señor 
presidente ; como lo haré, así que llegue, sin perjuicio de 
comunicarlo, desde luego, por nota, a Y. E. 

Saludo al señor ministro con mi más alta consideración. 
— Luis Alberto de Herrera. 


CLAUSURANDO LA MISION 

. Montevideo, 21 de Marzo de 1928. — Señor consejero: 
Tengo el agrado de acusar recibo de sus notas, por medio 
de las cuales se sirve informarme respecto de los diversos 
actos a que dió lugar la visita a Londres de la embajada 
extraordinaria acreditada por el Uruguay ante S. M. el 
rey de la Gran Bretaña e Irlanda. 

En respuesta, me es muy satisfactorio significarle la 
complacencia con que nuestro gobierno se ha impuesto 
de la información aludida que, al dar a conocer la aco- 
gida cordial dispensada a dicha misión por el pueblo y 
las autoridades británicas, permite apreciar el acierto 
con que usted supo desempeñar su delicado . cometido, 
factor importante en el éxito alcanzado por la referida 
embajada. 

Reiterándole las felicitaciones que le trasmití por mi 
telegrama del 19 de Febrero último, por la brillante 
forma en qué ha desempeñado su elevada misión, me 
complazco en saludar al señor consejero, con mi muy alta 
consideración. — Rufino T. Domínguez. 

Señor consejero nacional, doctor don Luis Alberto de 
Herrera, ex-embajador extraordinario y plenipotenciario, 
en misión especial, de la República Oriental del Uruguay 
ante Su Majestad el rey de la Gran Bretaña e Irlanda. 


Montevideo, Marzo 21 de 1928. — Excmo. señor mi- 
nistro de relaciones exteriores, don Rufino T. Domín- 
guez. — Señor ministro: Cumplo el grato deber de acu- 
sar recibo de la atenta nota de V. E. comunicándome 
que el gobierno de la república presta su alta aproba- 



LA MISIÓN PONSONBY 


369 


ción a la forma en que desempeñé la embajada, con que 
se me honrara, ante Su M; el rey de la Gran Bretaña e 
Irlanda. 

A la vez de .agradecer los cordiales conceptos con que 
el señor ministro me favorece, complázcome en reiterar 
mi reconocimiento por el honor, — superdot a mis modes- 
tos merecimientos—, que me dispensó el gobierno de la 
nación. 

Saludo a V. E. con mi mayor consideración. — Luis 
Alberto de Herrera ■. 


Montevideo, Febrero 19 de 1928. — Embajador Herre- 
ra. Londres. — Al acusar recibo de su telegrama, com- 
pláceme felicitar a vuestra excelencia por la brillante 
forma en que ha desempeñado su elevada misión. — Sa- 
ludólo. Domínguez . 


(Radio). Londfln, 5,48, 2 de Marzo.— His excellency 
Luis Alberto de Herrera. “ Cap Arcona” — Best thanks 
for your message. His Majesty’s .government were happy 
to testify in your person their sentiments of cordial 
friendship for your country. Beg you present my res- 
peets to madame de Herrera and accept expressión my 
warmest regard. — Austen Chamberla/in. 


LOS DONANTES DEL RETRATO 

Agosto 15 de 1928. — A S. E. el señor ministro de la 
Gran Bretaña, Hon. Ernest Stowell Scott C. M. G. 
M. O. Y.* — De todo mi respeto y consideración: 

Durante la embajada que el Uruguay envió a Ingla- 
terra, representada por el doctor Luis Alberto dé He- 
rrera, surgió la idea, espontáneamente, entre las socie- 
dades inglesas radicadas en el Uruguay, en la recepción 
que dieron en su honor, de hacer donación de un retrato 
al óleo de lord Ponsonby para ser colocado en la casa de 
gobierno. Como es sabido, lord Ponsonby fué el repre- 
sentante de Inglaterra que intervino en las tratativas de 
pacificación que terminaron con el tratado internacional 


* 4-11 




370 


LUIS ALBERTO BE HERR ERA 


celebrado entre el gobierno de las Provincias Unidas del 
Río de la Plata y S. M. el emperador del Brasil y que 
dió lugar al reconocimiento absoluto de la independen- 
cia de la República Oriental del Uruguay. 

El mencionado John, viscount Ponsonby, nació en 
1770 falleciendo en 1855, en Londres, y fué ministro bri- 
tánico en Buenos Aires, desde Febrero de 1826 hasta Fe- 
brero de 1828, habiéndose ocupado durante todo ese in- 
terregno en contribuir a pacificar estos países sobre la 
base sine qua non de conceder la independencia absoluta 
del Uruguay, finalidad que cristalizó en el mencionado 
convenio de 27 de Agosto de 1828, suscripto por los de- 
legados de los dos países en pugna, las Provincias Unidas 
del Río de la Plata y el imperio del Brasil. 

Las sociedades donantes son las siguientes Ferro Ca- 
rril Central del Uruguay y Compañías Aliadas, Ferro- 
Carril Midland del Uruguay, Ferro Carril Noroeste del 
Uruguay, Ferro Carril Norte del Uruguay, Compañía de 
Aguas Corrientes de Montevideo, Atlas Light and Power 
Company, dueños de los tranvías de Montevideo, Com- 
pañía Liebig, Banco de Londres y América del Sur, 
Banco Anglo Sud- Americano, — y esperan que la ceremo- 
nia de la entrega que el Foreign Office ha encargado a 
V. E. se realizará dentro de un ambiente cordial y digno 
del significado histórico que comporta la donación y que 
el gobierno se compenetrará del placer que experimentan 
esas sociedades al brindarle la oportunidad de colocar 
en la casa de gobierno la efigie de quien, usando de una 
persistencia inflexible, tuvo una participación principal 
en el episodio que consagró para siempre la absoluta in- 
dependencia del Uruguay. 

El retrato ha venido a mi consignación y tengo el gusto 
de entregarlo a Y. E. para que pueda cumplir la misión 
que le ha sido confiada por su gobierno. 

Tengo el honor de suscribirme del señor ministro muy 
atento y S. S. — Alfredo Bocage. 



LA MISIÓN PON SON B Y 


371 


DISCURSO DEL SEÑOR MINISTRO INGLES, 

AL ENTREGARLO. (1) 

Excelentísimo señor presidente: Me cabe el honor de 
entregar a V. E. el retrato al óleo de lord Ponsonby, con 
que las entidades inglesas de mayor importancia radica- 
das en el país se asocian al centenario del tratado de paz 
celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata 
y el imperio del Brasil, en el cual aquel diplomático tuvo 
una destacada actuación como representante de la Gran 
Bretaña. Las entidades inglesas dan con ello una prueba 
más de su adhesión al país donde desarrollan sus activi- 
dades y contribuyen a aumentar y difundir las buenas 
relaciones y el amable ambiente ique felizmente existen 
entre los dos países. 

No es necesario que bosqueje 1a. personalidad de lord 
Ponsonby. Ella está bien documentada en la historia de 
la negociación en que le cupo intervenir, en forma propi- 
cia, en todo momento, a la independencia absoluta del 
Uruguay. 

Me congratulo en poder ser el intermediario, por deci- 


(P , ^* n salón de recepciones de la casa de gobierno se 
realizo ayer, solemnemente, a las seis de la tarde, la ceremonia 
, / a entrega al presidente de la república, por parte del mi- 
nistro inglés en Montevideo, del retrato de lord Ponsonby, ofre- 
cí 10 por el gobierno británico al nuestro, en ocasión de la vi- 
sita efectuada a Londres por el doctor Luis Aliberto de Herrera 
y como adhesión de las entidades inglesas radicadas en nues- 
tra capital a la celebración del centenario del tratado de paz 
firmado entre las Provincias Unidas del Rio de la Plata y el 
imperio del Brasil. 


Asistieron al acto el presidente de la república, doctor Cam- 
pisrtegruy, consejero doctor Luis Alberto de Herrera, presidente 
de la cámara de diputados doctor Alfredo García Morales, mi- 
nistros de relaciones exteriores y guerra y marina, señor Do- 
mínguez y general Mendoza y Dunán, respectivamente; minis- 
tro de S. M. Británica, señor Ernest Stowell Scoitt y personal 
de la legación; jefes y oficiales del crucero "Colomfous”, secre- 
tario prosecretario y edecanes de la presidencia, introductor 
de diplomáticos y otros funcionarios de relaciones y los repre- 
sentantes de las siguientes empresas: “Oolmpañía del Ferroca- 
del Ur ' u #uay y compañías aliadas; Compañía Mid- 
land del Uruguay; Compañía del Ferrocarril del Norte del Uru- 
guay; Compañía del Ferrocarril Noroeste; Compañía de Aguas 
Corrientes del Uruguay, Compañía del Gas del Uruguay, Com- 
PfjV a r^Í » S ! de L i uz i Fuerza Matriz, propietarios de los Tran- 
TISÍaJ 31 éctr L co J de Montevideo; Compañía Liebig’s; Banco de 
L-> " drei ® vSud- América y Banco Anglo Sud- Americano. 

is. hímifr. 0 . *if Pon »onby, al óleo, atparecla rodeado poi 

las banderas británica y uruguaya, en el centro del salón. 

t?" ? n í* 1 ®, las Personas nombradas, el ministro inglés 
de 1<»28) $eU,ente di8curs ° • ( Diario del Plata”, de Agosto 27 



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LITIS ALBERTO BE HERR ERA 


celebrado entre el gobierno de las Provincias Unidas del 
Río de la Plata y S. M. el emperador del Brasil y que 
dió lugar al reconocimiento absoluto de la independen- 
cia de la República Oriental del Uruguay. 

El mencionado John, viscount Ponsonby, nació en 
1770 falleciendo en 1855, en Londres, y fué ministro bri- 
tánico en Buenos Aires, desde Febrero de 1826 hasta Fe- 
brero de 1828, habiéndose ocupado durante todo ese in- 
terregno en contribuir a pacificar estos países sobre la 
base sine qua non de conceder la independencia absoluta 
del Uruguay, finalidad que cristalizó en el mencionado 
convenio de 27 de Agosto de 1828, suscripto por los de- 
legados de los dos países en pugna, las Provincias Unidas 
del Río de la Plata y el imperio del Brasil. 

Las sociedades donantes son las siguientes Ferro Ca- 
rril Central del Uruguay y Compañías Aliadas, Ferro- 
carril Midland del Uruguay, Ferro Carril Noroeste del 
Uruguay, Ferro Carril Norte del Uruguay, Compañía de 
Aguas Corrientes de Montevideo, Atlas Light and Power 
Company, dueños de los tranvías de Montevideo, Com- 
pañía Liebig, Banco de Londres y América del Sur, 
Banco Anglo Sud- Americano, — y esperan que la ceremo- 
nia de la entrega que el Foreign Office ha encargado a 
V. E. se realizará dentro de un ambiente cordial y digno 
del significado histórico que comporta la donación y que 
el gobierno se compenetrará del placer que experimentan 
esas sociedades al brindarle la oportunidad de colocar 
en la casa de gobierno la efigie de quien, usando de una 
persistencia inflexible, tuvo una participación principal 
en el episodio que consagró para siempre la absoluta in- 
dependencia del Uruguay. 

El retrato ha venido a mi consignación y tengo el gusto 
de entregarlo a Y. E. para que pueda cumplir la misión 
que le ha sido confiada por su gobierno. 

Tengo el honor de suscribirme del señor ministro muy 
atento y S. S. — Alfredo Bocage. 


LA MISIÓN PONSONBY 


373 


Ponsonby, ejecutor feliz de las inspiraciones de Canning, 
explica el motivo fundamental del llamado que hubiéra- 
mos hecho a los residentes de la Gran Bretaña amiga, 
para celebrar juntos esta fecha tan iseñalada. 

En los actos que en estos momentos se realizan, serán 
puestos de relieve, una vez más, los hechos culminantes 
que historian la gestación de aquel tratado, y justiciera 
evocación se hará de ajquella personalidad y de todo el 
esfuerzo que en favor de nuestra causa empeñara, docu- 
mentados en brillantes legajos, que han sido ya procura- 
dos, para hacer de ellos lia más amplia divulgación pú- 
blica. 

Recibo complacido el valioso obsequio que ofrecen por 
intermedio de V. E. los dignísimos representantes de las 
entidades inglesas, y he dispuesto que dicho cuadro pase 
a ocupar su sitio de honor en el ministerio de relaciones 
exteriores, como complemento precioso de aquella prueba 
escrita que ya posee, y que constituye el retrato moral, 
perfecto y admirable, de la gran figura que recordamos. 

Debo agradecer muy vivamente a las instituciones co- 
merciales aquí representadas su amistoso gesto, y sería 
injusto que no aprovechara esta oportunidad para signi- 
carles cuanto se aprecian sus actividades incesantes para 
estrechar las relaciones, tan francas, que a ambos países 
los unen y, muy particularmente, por su participación 
indiscutible y eficaz en favor de nuestro desenvolvi- 
miento y progreso. 

En horas de incertidumbre, y cuando la suerte del país 
era un enigma, acudieron con sus capitales y energías 
para traernos las conquistas del progreso. Bien previe- 
ron, los que así procedían, que encontrarían ambiente 
propicio y la seguridad de que merecerían el apoyo ne- 
cesario para garantía de sus experiencias, y con legítima 
satisfacción contemplamos que jamás fueron defrauda- 
dos y que han contado y cuentan con el respeto y segu- 
ridades que conceden, sin distinción, nuestras leyes y pro- 
cedimientos, dictados y ejecutados siempre desde tribuna 
pública, y sin otra norma que dar amparo firme y se- 
guro a todos loe derechos, y a todos los valores integran- 
tes de nuestra riqueza, y sin otro objetivo que contem- 
plar, dentro siempre de aquel espíritu, el natural des- 
envolvimiento de los intereses nacionales. 



374 


LUIS ALBERTO DE HERRERA 


Al gobierna de Su Majestad Británica agradezco que 
haya dado a su muy digno representante, nuestro amigo 
el excmo. señor Ernest Stowell Scott, el encargo que mo- 
tiva esta ceremonia, y muy especialmente celebro las 
conceptuosas palabras emitidas para evidenciar el al- 
cance de este acto, que contribuye a fortalecer los lazos 
que nos vinculan y que demuestran, acabadamente, con 
natural halago para mi país, cuaúto interesan a la esti- 
mable colectividad inglesa los sucesos espirituales que 
consagraron nuestra independencia. 




IND.ICE 




INDICE 


Pág3. 


PONSONBY EN RIO JANEIRO 


Alvear a Canning . 



Julio 

24 

de 

1824 

i 

Hullet a Canning . 



> 

31 

» 


9 

Canning a Ponsonby . 



Febrero 

28 

» 

1826 

13 

Canning a Ponsonby • 



Marzo 

18 

» 

» 

14 

Canning a Ponsonby . 



» 

» 

» 

» 

15 

Canning a Inhambupé 



» 

» 

» 

» 

15 

Canning a Ponsonby . 



» 

» 

» 

» 

16 

Ponsonby a «Canning . 



Mayo 

26 

» 

» 

23 

Ponsonby a iCamning . 



» 

» 

» 

» 

26 

Ponsonby a ^Canning . 



» 

27 

» 

» 

27 

Ponsonby a Inhambupé 



Junio 

4 

» 

» 

28 

Ponsonby a ¿Canning . 



» 

5 

» 

» 

37 

Inham/buipe a Ponsonby 



» 

10 

» 

» 

33 

Ponsonby a Inhambupé 



» 

12 

» 

» 

43 

Ponsonby a ¡Canning . 

# 


» 

13 

» 

» 

45 

La. proposición . 



> 

» 


» 

46 

Inhambupé a Ponsonby 




15 

» 

» 

46 

Ponsonby a Canning . 



» 

18 

» 

» 

47 

Ponsonby a Inhambupé 



» 

25 

» 

» 

48 

Inhambupé a Ponsonby 



Julio 

29 

» 

» 

49 

Inhambupé a Ponsonby 




» 

» 

» 

49 

Ponsonby a Inhambupé 

. 



30 

» 

» 

50 

Inhambupé a Ponsonby 



Agosto 

7 

» 

» 

51 

Ponsonby a Inhambupé 



» 

11 

» 

» 

52 

Ponsonby a Canning . 


• 

> 

» 

» 


54 

Ponsonby a Canning . 



» 

19 

» 

>> 

60 

Canning a Ponsonby . 

• • 

• • 

» 

21 

» 


6Í 

Ponsonby a Canning . 

• • 

• 

» 

26 

» 

» 

62 

PONSONBY EN BUENOS AIRES 




Ponsonby a Canning . 



Setiembre 

24 de 

1826 

67 

Ponsoaiby a García 

. 


» 

25 

» 

» 

68 

Proyecto de bases del mediador 


> 

» 

» 

» 

6d 

Ponsonby a Rivadavia 



> 

» 


» 

76 

Ponsonby a Rivadavia 

# 9 

• 

> 

27 

> 


71 

Ponsonby a García 


• 

> 

29 

> 

» 

72 



378 


ÍNDICE 







Págs. 

Ponsonby a iCanning . 


Octubre 

2 

de 

1826 

73 

De la Cruz a Ponsonby 


> 

3 


» 

83 

Ponsonby a de la Cruz 

• . • 


9 

» 


83 

De la Cruz a Ponsonby 



10 


» 

87 

Ponsonby a Canning . 


» 

20 


» 

S7 

Ponsonby a Canning . 


» 

T> 



88 

Ponsonby a de la Cruz 

• • • 


24 

» 

» 

1*0 

De la Cruz a Ponsonby 


» 

26 


» 

96 

García a Ponsonby 



30 

» 

» 

97 

Bases de las Provincias 

Unidas . 

T> 


» 

» 

98 

Ponsonby a Canning . 



31 

» 

» 

100 

Ponsonby a Canning . 


Noviembre 

6 

» 

» 

103 

Ponsonby a de la Cruz 



» 

» 

» 

105 

Ponsonby a Gordon. 



» 

» 


106 

De la Cruz a Ponsonby 



» 

» 

» 

107 

Ponsonby a Canning . 



» 

» 

» 

IOS 

Canning a Ponsonby . 


» 

27 


» 

109 

Ponsonby a Canning . 


Diciembre 

4 


» 

111 

Gordon a Ponsonby . 



* 



112 

Canning a Ponsonby . 



23 

» 

» 

114 

Ponsonby a García. 



» 


» 

114 

García a Ponsonby . 



30 

» 

» 

116 

Ponsonby a Canning . 



» 

» 

» 

117 

Ponsonby a Canning . 



» 

» 

» 

119 

TRATATIVAS EN 1827 





Ponsonby a Gordon . 


Enero 

4 

de 

1827 

123 

Ponsonby a Canning . 



5 

» 

» 

132 

Pensionby a Gordon . 



6 

» 


133 

Canning a Ponsonby . 


:» 

20 


> 

134 

Gordon a Queluz . 


Pebrero 

4 

» 


134 

Gordon a Ponsonby . 


» 

5 

» 

» 

135 

Ponsonby a Canning . 


» 

6 

» 

» 

136 

Queluz a Gordon . 


» 

19 

» 

» 

143 

Canning a Ponsonby . 



21 


» 

144 

Ponsonby a Canning . 


» 

» 

» 

» 

145 

Gordon a Queluz . 



» 

» 

» 

145 

Gordon a Canning . 



> 


» 

146 

Ponsonby a jCanning . 


Marzo 

9 


» 

147 

Ponsonby a Canning . 



» 

» 

» 

148 

La valle ja a Trápani . 


Abril 

1.0 



149 

Parish. a Gordon . 


» 

4 



149 

Primara conferencia de 

la Cruz 






Ponsonby .... 

. 


10 

» 

» 

151 

Segunda conferencia de 

la Cruz 






Ponsonby .... 



J2 

» 


152 

Tercera conferencia de 

la Cruz 






f, Ponsonby . . . ' . 


j> 

14 



153 

De Ja Cruz a García . 


» 

19 

» 

» 

154 

Gordon a Canning . 


j> 

24 


> 

155 

Gordon a Ponsonby . 



> 

» 


156 

Canning a Ponsonby . 


Mayo 

9 



157 



ÍNDICO 


379 


Págrs 


Gordon a Oanmíig . 



Mayo 

10 

de 

1827 

158 

Gordon a Canning . 



» 

19 

» 

» 

158 

Gordon a Ponaonby 



Junio 

1.» 

» 

» 

150 

Ponsonby a Canning .. 


• • 

» 

4 

» 

» 

163 

Ponsonby a Canning . 



» 

6 

» 

» 

164 

Gordon a Canning . 




8 

» 

» 

165 

De la Cruz a Ponsonby 


• • 

» 

22 

» 

» 

169 

Ponsonby a de la Cruz 




23 

» 

» 

169 

De ila Cruz a Ponsoiiby 


. . 

/> 

24 

» 

» 

170 

Ponsonby a Gordon . 


. , 

Julio 

10 

» 

» 

171 

Olivera a Ponsonby . 



» 

» 

» 

» 

172 

Ponsonby a Canning . 


• • 


15 

» 

» 

173 

Ponsonby a Oannáng . 




» 

» 

» 

179 

Ponsonby a Canning . 


. 


» 

» 

» 

179 

Ponsonby a Canning . 


. 

» 

20 

» 


181 

Ponsonby a Canning . 


. 

» 

» 

» 

» 

187 

Canning a Ponsonby . 



/> 

» 

» 

» 

188 

Ponsonby a Canning . 



» 

22 

» 

» 

188 

Gordon a Duidlev . 


. , 

Agosto 

10 

» 

» 

190 

Gordon a Dudley . 




18 

» 

» 

191 

Canning a Ponsonby . 


. 

» 

28 

» 

» 

192 

Ponsonby a Canning . 



Setiembre 

9 

» 

» 

193 

Gordon a Duidley . 


. 


21 

» 

» 

195 

Gordon a Dudley . 


. f 

Octubre 

l.° 

» 

» 

195 

Ponsonby a Canning . 


. , 

» 

15 

» 

» 

198 

Gordon a Dudley . 


• • 


22 

» 

» 

199 

Canning a Ponsonby . 


. f 

- 

26 

» 

» 

200 

Gordon a Dudley . 



Noviembre 

10 

» 

»* 

202 

Gordon a Dudley . 




30 

» 

» 

203 

Ponsonby a Dudley 



Diciembre 

4 

» 

» 

204 

Carta de Báo Grande . 


■ • 


12 

» 

» 

207 

Ponsonby a Balcarce . 



» 

26 

» 

» 

207 

Balcarce a Ponsonby . 


. , 

» 

27 

» 

» 

208 

Ponsonby a Dudley 


. , 

» 

» 

» 

» 

208 

Ponsonby a Balcarce . 




30 

» 

» 

211 

TRATATIVAS EN 

1828 Y LA 

PAZ 




Ponsonby a Dudley . 



Enero 

1.0 

de 

1828 

215 

Ponsonby a Dudley 




2 

» 

» 

215 

Piousonby a Hood . 


. 

» 

» 

» 

» 

216 

Ponsonby a Dudiley 


. 

» 

n> 

» 


217 

Gordon a Dudley 

. 

. 

T> 

7 

» 

» 

218 

Gordon a Dudley . 


. 

» 

9 

» 

» 

220 

Balcarce a Ponsonby . 


. , 

» 

12 

» 

» 

221 

Gordon a Dudley . 




17 

» 

» 

222 

Ponsonby a Balcarce . 

. 

. # 


» 

» 

» 

222 

Ponsonby a Dudley . 




18 

» 

» 

226 

Balcarce a Ponsonby . 


• « 

» 

26 


» 

230 

Ponsonby a Balcarce . 


• 

» 

28 

» 

» 

232 

Ponsonby a Dudley 


• • 

> 

» 

» 

» 

232 

Ponsonby a Dudley 


• 

Febrero 

12 


» 

239 

Gordon a Dudley . 


• • 


13 

» 

» 

241 

Gordon a Lavalleja . 



> 

» 


» 

242 



380 


ÍNDICE 


Pág-s. 


Gordon a Ponsonby . . . 

Dudley a Ponsonby . 

Dudley a Ponsonby . 

Gordon a Ponsonby . 
Ponsonby a Balcarce . 
Ponsoníby a Gordon . 
Balearce a Ponsonby . . '. 

Ponsonby a Dudley . 

Gordon a Dudley .... 
Gordon a Dudley .... 
Iiavalleja a Gordon . 
Davalleja a Gordon . 
Ponsonby a Gordon . 
Ponsonby a Dudley . 

Gordon a Dudley .... 
Ponsonby a Dudley . 

Dudley a Gordon .... 
Gordon a Dudley .... 
Fraser a Gordon .... 
Ponsonby a Dudley . 
Ponsonby a Dudley . 

Gordon a Aracaty .... 
Gordon a Dudley .... 
Gordon a Aracaty .... 
"Gordon a Aracaty .... 
Gordon a Dudley .... 
Gordon a Duídley .... 
Ponsonby a Gordon . 
Ponsonby a Dudley . 

Gordon a Dudley .... 
Gordon a Dudley .... 
Gordon a Ponsonby . 

Gordon a Ponsonby . 

Gordon a Ponsonby . 

Gordon a Aracaty .... 
Gordon a Aracaty .... 
Gordon a Dudley .... 
Gordon a Dudley . . . 

Ponsonby a Dudley . . 

Gordon a Dudley .... 
Ponsonby a Dudley . 

Gordon a ¡Dudley . . ... 

Ponsonby a Dudley . ... 

Gordon a Aberdeen . 

Gordon a Otway .... 
Gordon a Aberdeen . . . . 

Ponsonby ,a Balcarce y Guido 
Ponsonby a Aberdeen . 
Ponsonby a Aberdeen . 
.Ponsonby a Parish 
Ponsonby a Aberdeen . . . 

Ponsonby a Aberdeen . . , . 

Ponsonby a Aberdeen . 
Ponsonby a Dorrego . 
Ponsonby a Lavalleja . . 


Febrero 

17 

de 

1828 

243 

» 

23 

» 

» 

243 

» 

» 


» 

244 

» 

24 

» 

» 

244 

Marzo 

9 



246 

» ; 

» 

» 

» 

247 

» 

10 

» 


251 

» 

» 

» 

» 

252 

» 

17 

» 

» 

253 

» 

» 


» 

254 

» 

30 

» 

» 

254 

» 

» 

» 

» 

255 

» 

31 

» 

» 

256 

» 

» 

» 

» 

258 

Abril 

2 

» 

» 

258 

» 

5 

» 

» 

259 

» 

;» 


» 

204 


11 

» 

» 

265 

» 

13 

» 

» 

266 


19 

» 

» 

274 

» 

» 


» 

275 

» 

21 

» 

» 

280 


26 


» 

281 


27 

» 

» 

282 

Mlayo 

4 

» 


283 

» 

10 

» 

» 

284 

» 

12 



285 

» 

y> 


» 

286 

» 

13 

» 

» 

288 

» 

17 

» 


291 

» 

» 



293 

» 

» 

» 

» 

294 


» 

» 

» 

294 

» 

» 

» 

» 

296 

» 

21 

» 

» 

296 

Junio 

4 

» 


298 

» 

6 

» 

» 

300 


18 

» 

» 

301 

» 

22 

» 

» 

301 

Julio 

12 

» 


305 



» 

» 

306 



» 

» 

307 

» 

24 

» 

» 

308 

Agosto 

1.0 



308 

» 




309 

» 

» 



309 


20 


» 

310 

» 

» 

» 


311 

» 

21 



312 


27 

» 

» 

312 

» 

29 


> 

316 


» 

» 

> 

317 

» 

» 

» 


320 

» 

30 



320 

» 

31 


> 

324 




ÍNDICE 


381 


Págs. 


Hood a La valle ja . 

Setiembre 

12 de 1828 

327 

Parish a Ponsonby . 

» 

16 » 

» 

327 

Dorrego a Ponsonby . 

» 

17 » 

» 

328 

Lavalleja a Ponsonby . 

» 

20 » 

» 

329 

Ponsonby a Aberdeen . 

» 

22 » 

» 

331 

Ponsonby a Aberdeen . 

» 

» » 

» 

331 

Ponsonby a Aberdeen . 

Octubre 

13 » 

» 

332 

Aracaty a (Ponsonby . 

» 

24 » 

» 

334 

Ponsonby a Aberdeen . 

» 

27 » 

» 

334 

Ponsonby a Aberdeen . 

Diciembre - 

29 » 

» 

336 


TRATATIVAS EN 1829 


Ponsonby a Parish . 

Enero 

5 de 

1829 

341 

Ponsonby a Aberdeen . 

» 

» » 

» 

342 

Ponsonby a Aberdeen . 

. . » 

6 » 


343 

Ponsonby a Aberdeen . 

» 

» » 

» 

344 

Ponsonby a Aberdeen . 


» » 

» 

345 

Ponsonby a Aberdeen . 

. . » 

10 » 

» 

347 

Parish a Aberdeen 

Febrero 

20 » 

» 

347 

Aberdeen a Ponsonby 

Marzo 

26 » 

» 

349 

Ponsonby a Aberdeen . 

Mayo 

23 » 

» 

350 

Ponsonby a Aberdeen . 

Junio 

28 » 

» 

354 


APENDICE 


Sobre la embajada 357 

La ceremonia en el Foreign Office ........ 358 

Lds aetois oficiales 359 

Banquete a S. E. Sir Austen Chamberiain 362 

En la Latín American Society” 364 

Atenciones extra-oficiales 367 

Clausurando la misión 368 

Los donantes del retrato 369 

Discurso del señor ministro inglés, al entregarlo .... 371 

Respuesta del señor presidente de la república 372 







«Casa A. Barreiro y Ramos» & A.